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ALGUNAS VERDADES incómodas...


Las tractoradas de los agricultores españoles contra el acuerdo de "mercosur" se repiten en estos días en nuestras ciudades. Los agricultores salen a la calle en teoría para protestar contra la política agraria de la Unión Europea (UE), que consideran perjudicial para sus intereses. Las movilizaciones, que incluyen tractoradas, cortes de carreteras y manifestaciones en las ciudades, se han extendido por todo el territorio nacional, siguiendo la estela de otros países europeos como Francia, Alemania o Bélgica.
 
Los motivos de la protesta son diversos, pero tienen un denominador común según los profesionales manifestados: la falta de rentabilidad de las explotaciones agrarias, que se ven afectadas por los bajos precios de los productos, los altos costes de producción, la sequía y la competencia desleal de las importaciones de terceros países. Los agricultores reclaman un cambio en la regulación del sector, que garantice unos precios justos, unas ayudas suficientes y unas normas sanitarias y medioambientales homogéneas.
Las organizaciones agrarias mayoritarias, Asaja, COAG y UPA, han convocado un calendario de movilizaciones para el mes de febrero, en el que piden la paralización de los acuerdos comerciales que negocia la UE con países como Nueva Zelanda, Chile, Kenia, México, India o Australia, que, aseguran, suponen una amenaza para el modelo agrario europeo. De igual forma, los agricultores exigen una flexibilización y simplificación de la actual Política Agraria Común (PAC).  

Ante estas "informaciones", la población tiende a pensar que los "pobres" agricultores y ganaderos se manifiestan porque el sector (primario) está siendo atacado y las explotaciones agrarias no pueden sobrevivir. Pero ¿es esto cierto?
 
La realidad, como siempre, parece más compleja de lo que dicen "los interesados".
El campo, tal y como es hoy en día, poco tiene que ver con la imagen del "campo" que muchos tenemos. El campo es una industria, la industria agraria. Y los agricultores no son otra cosa que "empresarios agrarios". El campesinado, en Europa, ya casi no existe. El jornalero no es el jornalero del siglo XIX, sino el peón agrario. De aquí se deriva que el "sector productivo" sea un sector totalmente dependiente de las condiciones económicas establecidas por el capitalismo internacional.
 
La realidad es que las explotaciones agrarias están sufriendo la evolución lógica en el capitalismo: una concentración creciente en pocas manos que lleva a la eliminación progresiva de los pequeños productores. ¿Es esto, acaso, algo malo en sí? Desde una perspectiva reaccionaria, desde la perspectiva pequeño burguesa que domina entre los agricultores, se denuncia esto como el fin del mundo agrario. Pero no es verdad. Lo que pasa es algo propio del capitalismo: el gran capital se come al pequeño y el pequeño burgués se mueve entre dos extremos: o crece y se vuelve gran capital (si puede) o desaparece absorbido por la dinámica del mercado y acaba perdiendo su propiedad y proletarizandóse en su caso (aunque ideológicamente estén a años luz del proletariado que tienden a engrosar).

La mayor parte de estos "pequeños y medianos agricultores" que protestan en sus tractores (que valen millones) son agricultores endeudados y totalmente dependientes del gran capital, ya porque dependan de las semillas y la compra de las multinacionales del sector, ya porque actúen a modo de franquicias, etc. Un ejemplo: el productor ganadero tiene unas instalaciones para criar cerdos, pero los cerdos se los da una gran empresa para criarlos (lechones) y la misma gran empresa se los compra una vez criados. La dependencia es total: ¿pero alguien ha visto alguna vez que los agricultores se quejen por ello? No, se quejan de que los gobiernos hacen acuerdos comerciales (porque son gobiernos al servicio de intereses comerciales imperialistas) pero se olvidan del gran capital que está detrás de todo esto.

Y qué decir de la PAC: los mismos que se quejan de las "paguitas" llevan lustros recibiendo las mayores ayudas de dinero público para un sector que sin las ayudas difícilmente sería productivo.
 
Como se ve, la realidad es que el modelo agrícola capitalista está en plena expansión. Pero contra el capitalismo no hay ni una queja por parte de los sindicatos agrarios y quienes se movilizan. Y es esto el punto central, la verdad de todo esto: mientras los agricultores sigan metidos en (y sometidos por) la rueda del capital no tienen solución posible a su situación. Solo abrazando la causa de la clase trabajadora, de la verdadera clase productiva, podría ponerse fin a esta situación: expropiación de los medios de producción y puesta a disposición de la producción social de alimentos. Esto es, COMUNISMO o barbarie.
 
 
 

 


 Desde la B. S. Antorchas, os invitamos a participar en este encuentro sobre la situación actual de las personas trabajadoras por cuenta ajena en el sector agrario este viernes 5 de julio a las 19:30h en el Lokal de Pajarillos (c/Pingüino).

Las relaciones laborales en el campo empezaron a cambiar mucho desde hace décadas. Ahora es un mercado donde los grandes fondos de inversión y la industria alimentaria controlan buena parte de la cadena alimentaria, así como las empresas de transformación y comercialización de los productos. La tierra está y estará cada vez más concentrada. Apenas aumenta la tierra trabajada, pero sí las grandes concentraciones de esta, mientras que las pequeñas explotaciones agrícolas pequeñas van en declive.

Como reflejo de la organización de la propia sociedad, la estructura y gestión de la tierra reproduce la misma escala de valores y poder entre unas personas y otras. Evidentemente, todas sus fórmulas de gestión ya sean más grandes o más pequeñas en cuanto a la tierra trabajada (propiedad y/o renta) son netamente capitalistas, creando una clase media burguesa de empresarios agrícolas. Aunque es cierto que este sector (como la gran mayoría) ha potenciado su producción debido a una progresiva mecanización y tecnificación, que han mejorado las formas en que se cultiva la tierra y se cría el ganado, aun así, hay muchas labores imprescindibles que se siguen realizando a mano por parte de trabajadores asalariados. Es en ese grupo humano donde ponemos el foco. Ese primer peldaño de la pirámide de la producción capitalista agroalimentaria en nuestro entorno más cercano, el de las personas jornaleras o trabajadores por cuenta ajena.

Las condiciones laborales fluctúan mucho, no es lo mismo la flexibilidad y garantía que en muchos casos ofrece una empresa familiar pequeña a la explotación y el abuso de las grandes empresas agrarias. El campo precisa de unos tiempos muy específicos para realizar las labores, pero la temporalidad tampoco puede ser una excusa para reducir los derechos laborales.

La patronal agraria (grande y pequeña) se aprovecha de la situación de necesidad que viven nuestros hermanos foráneos para explotarles hasta las entrañas. Pues en su precaria situación vital no buscan otra cosa que ganar dinero para sobrevivir, lo que predispone en ocasiones a tragar con peores condiciones. Pero no sólo es responsable la patronal como parte contratante (junto a los sindicatos que firman los convenios), sino que la administración juega el papel de facilitadora, como en todos los ámbitos económicos, del lado de la empresa privada a través de subvenciones, tratos de favor, reformas laborales, falta de control en el cumplimiento de la norma o estableciendo el marco legal propicio. Perpetuando de esta manera la explotación de la clase obrera migrante.

A pesar de que se han convertido en pieza clave para el sostenimiento de las sociedades capitalistas del primer mundo, estamos viviendo la propagación de duros discursos punitivistas, criminalizadores, xenófobos y racistas no sólo entre la clase capitalista, sino aún más preocupante, entre la propia clase trabajadora. Debemos luchar y dejar de morder la zanahoria de la competitividad social, el individualismo y el nacionalismo en favor de la unidad de clase sin importar diferencias raciales, de género, de sexo o de nacionalidad.

Este encuentro es otro paso que se encamina en esa dirección. 

Salud y rebelión.

 

 

Los campesinos luchan para defender sus intereses de pequeños empresarios en su enfrentamiento con los Estados nacionales.

Los proletarios deberán luchar en todos los países contra los empresarios y los Estados burgueses.



Después de quince días de movilizaciones marcadas por los bloqueos de carreteras, por diversas manifestaciones, por la amenaza de bloquear París y por la tentativa de ocupar el mercado al por mayor de Ringins…, el movimiento de los agricultores ha acabado con el llamamiento de los principales sindicatos: FNSEA -Federación de Explotaciones Agrícolas- que representa al omnipotente lobby agrario (su presidente Arnaud Rousseau, un gran propietario es jefe de Avril, un gran grupo agroindustrial, y de una quincena de empresas) y Coordinamento Rurale, cercano a la extrema derecha. El gobierno ha satisfecho ampliamente las peticiones lanzadas por estos sindicatos, en particular el mantenimiento de la subvención fiscal sobre el gasóleo agrícola, la liquidación del plan encaminado a reducir el uso de los pesticidas que envenenan a la población, la eliminación de los vínculos ambientales y administrativos, el rápido pago de las indemnizaciones debidas por las recientes catástrofes y de los subsidios europeos, el control de los precios pagados por las grandes distribuidoras a los productores para garantizar a estos últimos cierto beneficio (ley Egalim), etc. Un tercer sindicato, la Confederation Payseanne, contraria al “agrobusiness” de la FNSEA y próxima a los “activistas de la anti globalización” ha intentado, en vano, seguir adelante con el movimiento.

Más allá de Francia, estas movilizaciones campesinas han afectado (y están afectando aún) a un buen número de países europeos: Holanda, Polonia, Alemania, Rumanía, Bulgaria, Hungría, Lituania, Letonia, Grecia, Bélgica, Suiza, Italia, España, Portugal, Eslovaquia, etc. En estos países se han reivindicado puntos específicos, pero en todas partes las reivindicaciones están ligadas a la inflación (del precio de los carburantes y de los abonos, de los fertilizantes, etc.) y a las obligaciones de reducir (un poco) el daño al medio ambiente, mientras el aumento de la competencia presiona sobre los precios de venta, reduciendo la rentabilidad de las empresas agrícolas hasta el punto de poner en peligro su supervivencia.

En particular, desde el inicio de la guerra ruso-ucraniana, la unión Europea ha eximido de impuestos a los productos agrícolas ucranianos ya que las exportaciones agrícolas son la principal fuente de divisas para Kiev; es necesario, por ello, que Ucrania tenga recursos suficientes para pagar las armas de los países occidentales y devolver los préstamos tan generosamente concedidos. Pero Ucrania, donde la producción agrícola para la exportación se lleva a cabo en empresas gigantescas con costes de producción muy bajos, mientras que la mayor parte de los campesinos sobrevive en pequeños terruños, es un coloso agrícola y el boom de sus exportaciones agrícolas hacia Europa (+176% en volumen entre 2021 y 2023) ha desestabilizado algunos sectores (aves de corral, miel y azúcar, en particular). Todavía los agricultores se lamentaban de la competencia de otros países extraeuropeos, lo que explica su oposición a los tratados de libre comercio, incluso por parte de los países europeos.

En realidad, en los periodos de dificultades económicas, la competencia aumenta y la crisis lleva al colapso de las empresas más débiles: esta es una ley del capitalismo a la cual las empresas agrícolas no pueden sustraerse. La agricultura europea se ha convertido en una de las primeras en el mundo y la primera exportadora mundial, gracias a los subsidios que recibe en el cuadro de la PAC (Política Agraria Común) o directamente de sus respectivos Estados. Estos subsidios han permitido aumentar el desarrollo capitalista de la agricultura promoviendo la concentración de la tierra y la mecanización de las empresas agrícolas. El resultado es que hoy, de media, el 29% del rédito agrícola en la UE viene de subsidios; pero esta cifra llega al 45% en Alemania, al 80% en Francia e incluso al 93% en Finlandia (fuera de la UE al 70% en Suiza y al 82% en Noruega). En Francia la cifra llega al 100% en algunos ámbitos como la cría bovina. 

Estas subvenciones masivas que normalmente mantienen a flote las explotaciones menos rentables (mientras aseguran jugosos beneficios a las más grandes) se vuelven insuficientes en caso de crisis económica o climática, como la sequía en España. Los medios de comunicación han multiplicado sus reportajes sobre las dificultades de los agricultores para obtener unos ingresos adecuados, sus exiguas pensiones, etc. (en Francia, una cuarta parte de los agricultores vive por debajo del umbral de la pobreza; en Rumanía, millones de agricultores viven miserablemente en tierras demasiado pequeñas para recibir ayudas de la PAC); pero nunca hablan de la situación de los trabajadores agrícolas, a menudo sometidos a una explotación brutal, sobre todo cuando se trata de temporeros inmigrantes.

Al igual que los proletarios, los campesinos se ven afectados por la crisis económica y son víctimas de las convulsiones del capitalismo; pero como "agricultores directos" no se oponen al capitalismo, sólo pueden defender los intereses patronales de sus empresas (reducción de las "cargas sociales", etc.), exigir el apoyo del Estado, el cierre de las fronteras y el aumento de los precios de sus productos,... todas ellas reivindicaciones antiproletarias. En el mejor de los casos, algunos de ellos defienden la perspectiva de una agricultura "otra", "no productivista", respetuosa con el medio ambiente y la salud, ¡una perspectiva tan ilusoria como la de una sociedad "con rostro humano", mientras no se destruya el capitalismo!

 Hace más de un siglo Lenin escribió: 'El campesino se mata a trabajar, más que el asalariado. El capitalismo condena al campesinado a la mayor opresión y a la ruina. No hay otra vía de salvación que la unión con los asalariados en la lucha de clases. Pero para comprender esta conclusión, el campesino debe, durante largos años, perder todas sus ilusiones sobre las consignas engañosas de la burguesía" (1). Y el campesinado sólo podrá comprenderlo si los proletarios entran realmente en la lucha para defender sus intereses de clase contra el capitalismo y todos los Estados burgueses, sin dejarse desviar por los partidarios de los sindicatos interclasistas y nacionalistas, por la instauración de una sociedad sin clases ni mercados, sin fronteras ni Estados: ¡el comunismo!

 

Partido comunista internacional (El proletario) - www.pcint.org/

- 09 de febrero de 2024

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NOTA: 

(1) Cfr. Lenin, El trabajo infantil en la hacienda campesina, 12 junio 1913, Opere, vol. 19, p. 449.

 

 

 

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ALGUNOS TEXTOS SOBRE EL CAMPO Y LA CUESTIÓN AGRARIA publicados anteriormente:

> Intensificación agraria vs intensificación comunista:https://valladolorentodaspartes.blogspot.com/2023/06/el-campo-como-fabrica.html?m=1



OTROS TEXTOS:
> La cuestión de la tierra a lo largo del desarrollo de la lucha de clase del proletariado español: https://www.pcint.org/05_ElPC/ElPC_55/55_tierra-spana.htm

 

 

BASTA YA DE EXPLOTACIÓN LABORAL

EN EL CAMPO



La estructura general de la tierra es el resultado de años de liberalismo y caciquismo previos tras la derrota del movimiento libertario y revolucionario de las primeras décadas del siglo pasado por parte de la burguesía nacional e internacional. El campo ha dejado de ser “el campo”, el campo es una industria. La persona asalariada es la misma en el campo que en la ciudad: seis meses en Renault, tres meses en la fresa.

Existen muchas empresas familiares actuales, cuya previa generación colaboraba con el franquismo (razón por la que heredaron o compraron dichas tierras), así como grandes casas de títulos nobiliarios y gran poder económico de índole caciquil. Como reflejo de la organización de la propia sociedad en clases, la estructura y gestión de la tierra reproduce la misma escala de valores y poder entre unas personas y otras. Aunque evidentemente, todas sus fórmulas de gestión ya sean más grandes o más pequeñas en cuanto a la tierra trabajada (propiedad y/o renta) son netamente capitalistas, creando una clase burguesa de empresarios agrícolas.  

Como evidencian diferentes estadísticas y medios, con el paso del tiempo la tierra está y estará cada vez más concentrada. Apenas aumenta la tierra trabajada, pero si las grandes concentraciones de esta, mientras que las explotaciones agrícolas pequeñas van en declive. Ello se debe a la rentabilidad, la competitividad y la falta de relevo generacional.

Debemos detenernos en el primer peldaño de la pirámide de la producción capitalista agroalimentaria en nuestro entorno más cercano, el de las personas jornaleras, o campesinas que se decía antes, ahora somos peones agrícolas (en su mayoría) con contratos de obra y servicio (en extinción) y/o fijos discontinuos, pero pocos indefinidos dada la gran demanda de mano de obra temporal que se requiere en el mundo agrario, no así tanto el ganadero.

 

No hay organización obrera de ningún tipo en el sector agrícola de nuestro territorio. La sindicación brilla por su ausencia dada la gran temporalidad. Sólo se ha desarrollado una fuerte organización empresarial del sector (ASAJA, etc.). Es considerado un trabajo duro, precario y mal pagado que ningún padre o madre recomienda a su hija o hijo. Ese factor y la escasa combatividad de sus protagonistas asalariadas impide la negociación de un convenio digno, pero debemos exigir cualquier medida que redunde en unas mejores condiciones laborales en el sector agrario.

Las condiciones laborales fluctúan mucho, no es lo mismo la flexibilidad y garantía que en algunos casos ofrece una empresa familiar pequeña a las jornadas inhumanas de grandes empresas agrarias. Se puede cotizar por jornadas reales o por meses completos. En el primer caso el salario está sujeto a las horas que se trabajen, si no trabajas no cobras, pero en el segundo caso sería una modalidad de contrato ordinario con sus vacaciones y demás. Por desgracia, el primero es el más extendido. Por tanto, debemos exigir que se equiparen las dos fórmulas de cotización, o que se derogue la cotización por jornadas reales puesto que en ella no se contemplan horas extras ni se cobran pluses por festividades y las bajas así no existen, legalizando de facto el trabajo a destajo. Se extingue el contrato o te quedas en casa sin trabajar y sin cobrar. Cierto es que el campo precisa de unos tiempos muy específicos para realizar las labores, pero la temporalidad tampoco puede ser una excusa para reducir los derechos laborales. 

 

Actualmente es la población migrante la que soporta estos trabajos, la patronal agraria (grande y pequeña) suele aprovecharse de su situación de necesidad y de su escasa capacidad de reivindicación para explotarles hasta las entrañas. En algunos casos, la existencia de mafias de tráfico de trabajadores es evidente, como en el campo de Huelva. En otros, se han creado empresas de servicios agrarios a modo de ETT (Empresa de Trabajo Temporal), que tiene el mismo funcionamiento sólo que es legal. Donde el servicio se cobra más caro al agricultor que si les contratase ella misma y donde el trabajador también cobra menos, puesto que esa empresa se lleva parte de lo que le cuesta al uno y de lo que le paga al otro. Existen otros métodos como los convenios internacionales (Marruecos, Rumanía…) para traer a las personas exactas que se necesitan en un tiempo concreto y cuando terminan vuelven para su tierra. Estos contratos en origen son también denunciables y suponen la legalización de la ultraexplotación.

Cabe decir que la parte femenina migrante es muy alta, si no mayoritaria en estos curros, una tremenda fatalidad que se extiende a otros curros similares como el de la limpieza y los cuidados, duros y de baja cualificación que nadie prefiere realizar si pueden elegir otro mejor… El ministerio de trabajo del gobierno progre actual prometió acabar con la precariedad en el campo dentro del marco de su novedosa reforma laboral, pero lo único que ha hecho es intensificar un poco las inspecciones, previo aviso claro, (fiel a su estilo de perdona-vidas de los empresarios) con el objetivo de que todas las trabajadoras estén dadas de alta en la seguridad social. Ellos a lo suyo, a recaudar y las condiciones laborales les importan un bledo. 

En el campo, en la limpieza, en los cuidados, en el transporte, en la hostelería… Es una vergüenza cómo se desarrollan este tipo de trabajos considerados duros y detestados por el españolito de a pie y ver que a nadie le importa. De este modo, al factor de clase, se suman la nacionalidad y el género, lo cual es usado por algunos discursos políticos rancios tanto de izquierda como de derecha para pedir la regularización inmediata de las migrantes dado que hay una falta de mano de obra en ciertos sectores.

Esta situación, lejos de desaparecer, avanza hacia su crecimiento y potenciación, pues se está produciendo un cambio de modelo en el campo europeo unido al escaso relevo generacional en el sector agrícola, lo que aboca a la venta de las tierras de cultivo y la intensificación de la concentración en el sector. Un mercado donde los grandes fondos de inversión y la industria alimentaria tienen su parte del pastel, así como en el resto de la cadena alimentaria: transformación y comercialización.

 

Recordemos que en este sector no se producen balas, móviles o cosméticos, sino alimentos, lo más importante en la escala de necesidades básicas vitales de la humanidad. Por tanto, se debe defender su producción y un cambio en la producción y gestión, que ahonde en las condiciones de reparto y tenencia. Es necesaria una mejora de las condiciones laborales de la gente asalariada de dicho sector. Mientras estos curros considerados inferiores pero que en verdad representan la base de la sociedad (como tantos otros) no se dignifiquen, reflejándose en las condiciones, salario y demás, hasta que no llevemos a cabo una lucha de clase con y por ellas solidariamente, hasta que no seamos conscientes de que nada importan las diferencias de cultura, nacionalidad, sexo… la dictadura del capital frente a la clase trabajadora.

Para ello debemos generar un movimiento activo, internacionalista y antirracista, que luche para lograrlo, atacando a la vez el racismo y la xenofobia que impiden un apoyo amplio de la clase obrera, así como presionando a empresarios y gobiernos (regional y estatal) para provocar cambios en el estatus quo que siempre perjudica a las mismas personas, denunciando estos abusos, señalando a los responsables y apoyándonos entre nosotros. 


  • Eliminación de la cotización por jornadas reales.

  • Eliminación de las horas extras.

  • Medidas de prevención e incentivos para TODOS los trabajos que se realizan al aire libre a partir de 30 oC. A partir de 35 ºC, no trabajar. Máximo ocho horas/día.

  • Catorce pagas anuales con sus correspondientes vacaciones. Salarios dignos.

 

 

 Otoño 2023 

Comité de Solidaridad de los Trabajadores


 



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INFORMACIONES SOBRE EL SECTOR AGRARIO: 

> El campo como fábrica: https://valladolorentodaspartes.blogspot.com/2023/06/el-campo-como-fabrica.html

> El campo y sus miserias: https://valladolorentodaspartes.blogspot.com/2022/08/el-campo-y-sus-miserias.html

> MEMORIA: Organizaciones agrarias durante la transición: https://archivodelatransicion.es/archivo-organizaciones/movimientos-sociales-jornaleros


EL CAMPO COMO FÁBRICA. 
Intensificación agraria vs intensificación comunista


La agricultura y la ganadería, la domesticación de plantas y animales para su uso por la humanidad, están en el origen de algunas de las más profundas transformaciones de la historia, como el paso de las sociedades de cazadores-recolectores (necesariamente nómadas y con una densidad de población muy baja) a las sociedades agrarias origen del Estado. No solo eso: cada modo de producción tiene su propia agricultura, con sus especificidades técnicas y sobre todo sociales.

Hasta el primer tercio del siglo XX la agricultura se mantuvo con métodos tradicionales, esencialmente los mismos que en la Edad Media. Básicamente, en el plano técnico, un empleo masivo de fuerza de trabajo (antes sierva, ahora asalariada), tracción animal en todas las operaciones agrarias y muchas de transformación. El antiguo señor (nobleza o clero) era ya en el primer tercio del siglo XX capitalista, por mucho que el origen de su capital estuviera en modos de explotación precapitalistas.

La intensificación agraria, particularmente la ultraintensificación de los últimos 20 años, convierte el campo en una sucesión de fábricas (aunque subsistan aún formas de explotación arcaicas), algo que es observable a simple nivel paisajístico en muchas comarcas de Iberia, de los invernaderos almerienses al viñedo manchego, de los frutales de Aragón a las plantaciones tropicales malacitanas o las fresas onubenses.

El “campesino” no es más que el pequeñoburgués dependiente completamente del gran capital para su producción agraria: mantiene formalmente la propiedad de la tierra y la maquinaria, recibe las subvenciones europeas, explota directamente la fuerza de trabajo necesaria, pero está atado (incluso contractualmente, en el caso de los ganaderos) a la industria y las comercializadoras, que fijan el precio y las condiciones de entrega.

La industrialización de la agricultura, por las características mismas de la actividad (dependencia del suelo, de la tierra, aunque haya intentos de sustraerse a esta dependencia como el cultivo hidropónico -en bolsas de sustrato artificial inerte, en el que se aportan los nutrientes disueltos en agua de riego - o las macrogranjas de cerdos de varias plantas) tiene unos límites internos que no son fácilmente superables.

 



La industrialización de la agricultura tiene varias fases o aspectos:

-Mecanización. Introducción de los tractores y cosechadoras, inicialmente volcados en la producción cerealística, eliminando la necesidad de jornales en las tareas de labrar la tierra, sembrar, abonar y cosechar.

-Intensificación química: generalización de los abonos compuestos, herbicidas y fitosanitarios (insecticidas, fungicidas, acaricidas, nematicidas, etc.).

-Intensificación genética: búsqueda de variedades o híbridos, ya sea mediante métodos tradicionales de selección a escala industrial, bien mediante ingeniería genética, mejor adaptados a los procesos industriales bien del cultivo (mecanización, uso de herbicidas) bien de la comercialización (transporte, refrigerado en cámaras, embalaje, etc.)

-Intensificación “climática”: hablamos de la creación artificial de un microclima apto para el cultivo intensivo en un área determinada. Lo que llamamos “invernaderos”. Mediante el cierre plástico se crea una atmósfera de mayor temperatura y humedad que el exterior circundante. Obviamente requiere de riego adicional, en determinadas ocasiones calefacción y toda una serie de técnicas que buscan optimizar la producción de las variedades cultivadas (incluyendo aporte adicional de CO2). Esta intensificación del cultivo bajo plástico, la más obvia y aberrante a nivel ambiental (siendo paradigmático el caso de Almería, Campo de Cartagena, etc.) no ha podido sustraerse aún al empleo de mano de obra, siendo patente la explotación salvaje a la que son sometidos proletarios de todo el mundo en los invernaderos del Sur de Europa.

-Intensificación hídrica: o, en otras palabras, puesta en regadío. Desde los años 50 del siglo pasado la superficie regada en España se ha triplicado, a la vez que se ha ido pasando sucesivamente del tradicional riego ‘a manta’ o por inundación al riego por aspersión y de ahí al goteo. Esto ha ido acompañado, como es lógico, de unos cambios tecnológicos que nos llevan de norias, albercas, acequias…a bombas de gasoil o eléctricas (últimamente alimentadas cada vez más por placas solares que proliferan en los campos), conducciones de plástico y hormigón (como el espantoso acueducto del trasvase Tajo-Segura) y, por último, la modificación de la propia estructura física de los cultivos para adecuarlos al riego y la mecanización.

Modificación de la propia estructura física de los cultivos, sí. Es en esta última etapa donde nos encontramos. Particularmente llamativo es el cambio paisajístico a que ha dado lugar en lugares como la Mancha, donde los paisajes habituales hace 20 años dominados por viñedos de cepas bajas (podadas ‘en vaso’), campos de cereal y pequeños olivares tradicionales (olivos a tres pies) han dado paso a interminables extensiones de viñas en espaldera, guiadas por kilómetros y kilómetros de alambres; a campos de cebada, cada vez menos, regados por gigantescos pivots; a olivares primero a un solo pie (lo que facilitaba una primera mecanización artesanal de la recolección) y posteriormente a los llamados olivares en superintensivo: en espaldera, en regadío y con una vida útil efímera, ridícula si la comparamos con los olivares tradicionales centenarios.



 

El proceso de intensificación descrito ha provocado profundas transformaciones en el campo y estas a su vez han acelerado el proceso de intensificación. La más notable de estas transformaciones es la desaparición del campesinado como clase independiente, y muy particularmente los campesinos pobres. Impelidos a la búsqueda de rentabilidad y empujados por una feroz competencia, los pequeños propietarios de tierras hubieron de abandonar la actividad agraria, proletarizándose totalmente. Sus tierras, mantenidas en algunos casos como “ayuda” a la economía familiar asalariada (viñas, azafrán…); en muchos otros, abandonadas tras la migración a las ciudades o vendidas directamente a campesinos más económicamente capaces de hacer frente a las inversiones necesarias para la mecanización y la progresiva mecanización. Estos campesinos más pudientes, fuertemente subvencionados por la Unión Europea en su búsqueda de “profesionalización del sector”, con líneas de crédito a su disposición por parte de las cajas y bancos, han podido afrontar la “modernización” de la actividad agrícola, acaparando en sus manos cada vez más hectáreas y convirtiéndose en una burguesía agraria pequeña y mediana, con todas las taras ideológicas que la burguesía arrastra.

La desaparición (casi completa) del campesinado como clase por el proceso de intensificación agraria y la mecanización de cada vez más procesos ha supuesto obviamente una drástica reducción del proletariado rural, hasta su desaparición en muchas zonas (aquellas donde la actividad está totalmente mecanizada, como las cerealistas). Sólo en aquellas actividades donde aún es necesaria una mano de obra abundante (y barata, dada la escasa capacidad de la pequeña burguesía para incrementar salarios sin que peligre su propia existencia, dependiente como es del gran capital comercial) subsiste en cierto número un proletariado agrícola relativamente concentrado: frutas, ajos, invernaderos de hortalizas, envasado de verduras y, cada vez menos, olivar y viña.

La última de estas modificaciones viene con el aterrizaje de fondos de inversión (https://elpais.com/economia/negocios/2022-12-31/los-fondos-son-los-nuevos-terratenientes-del-campo-espanol.html). Los escasos restos de campesinado pobre y sobre todo la pequeña burguesía agraria que no ha sido capaz de soportar las crecientes necesidades de inversión venden sus tierras a estos fondos, que obviamente no emplean las tierras en cultivos de baja rentabilidad o tradicionales como podría ser el cereal de secano (que a la escasa rentabilidad por hectárea le suma una fuerte dependencia del tiempo atmosférico), sino que se vuelca en aquellos que, tras una fuerte inversión inicial, les ofrece una rentabilidad asegurada (viña y olivar intensivo, frutos secos…)

 

Una agricultura cada vez más antihumana

La agricultura que estamos tratando de describir, como parte de todo el tejido productivo del capitalismo, no puede sino mostrar las mismas señas de identidad del capitalismo en su fase actual, la del imperialismo y una ya muy evidente decadencia como sistema.

No puede sino revelar asimismo las mismas contradicciones de este capitalismo “decadente”, que ya existían en el primer capitalismo pero que hoy se muestran en toda su crudeza. Hablamos de la contradicción, primeramente, entre las necesidades del propio capital (la acumulación, el “valor valorizándose”) y las de la humanidad como especie.

A nivel ideológico, el capital y sus hombres no pueden sino referirse a las necesidades humanas como pretendida justificación a su actividad (los agricultores, la burguesía agraria, serían “los que nos dan de comer”), cargada en muchas ocasiones de abierta nocividad; pero un rápido vistazo a la realidad productiva del campo español deja al descubierto que no se trata de “darnos de comer” sino de matarnos de sed y envenenarnos si es necesario para que el ciclo de acumulación de capital continúe.


ideología en vena

 

Un solo ejemplo, la viña. Y es un buen ejemplo porque es un subsector que ha sufrido una intensificación tremenda en los últimos 30 años.

De los casi 10 millones de hectolitros de vino producidos en España anualmente, tres cuartas partes se dedican a la exportación. Esto ya nos dice algo: no “nos dan de comer” ni de beber, sino que en todo caso le dan de beber a otros porque en la división internacional del trabajo una de las partes que le tocan al capital español es vender vino.

Para producir esos 7 millones de hectolitros destinados a exportación se necesitan, al menos, 1050 Hectómetros cúbicos de agua. El consumo de 5 años de una ciudad como Madrid. Y, curiosamente, la mayoría de esta producción se radica en comarcas con acuíferos sobreexplotados, comarcas secas, áridas o semiáridas.

En muchas de estas zonas, a la vez que se aumenta constantemente la superficie de regadío, se producen constantemente restricciones en el consumo de agua potable; bien porque ya no es potable (https://www.encastillalamancha.es/planeta-rural/un-85-del-agua-subterranea-del-guadiana-esta-en-contaminada-por-quimicos/), bien porque directamente ya no hay (https://www.europapress.es/castilla-lamancha/noticia-familias-negocios-campo-calatrava-rozan-hartazgo-falta-agua-potable-normalizan-convivir-garrafa-20230118085820.html).

Dicho de otro modo: hay agua para que unos señores hagan su negocio exportador pero no hay agua para que la gente beba, se lave la cara o cueza unos garbanzos.

Si además sabemos que la mitad de ese vino destinado a exportación se vende a 0.40€, menos que el agua embotellada, el asunto ya sobrepasa lo grotesco. Esto significa que cada litro de agua destinado a la producción de vino malo para la exportación se “vende” (en forma de vino) a 0,20 céntimos de euro. Mientras los ríos desaparecen, las lagunas se secan y la gente no tiene agua limpia para beber.

La contradicción es evidente.

 

Intensificación capitalista e intensificación comunista

La breve descripción que hemos acometido de la creciente intensificación agrícola bajo un capitalismo en crisis permanente y azuzado por la siempre presente necesidad de valorizar capital en un entorno de feroz competencia, con las graves consecuencias que tiene a nivel ambiental y humano, no sería completa sin intentar ver las posibilidades que la mecanización, la intensificación y las capacidades técnicas ofrecen a la humanidad si (y solo si) logramos liberarnos de los imperativos capitalistas de rentabilidad mercantil. Esto es: las posibilidades que tendríamos como especie una vez la economía mercantil quede abolida y superada, dada la capacidad técnica y tecnológica ya existente y por desarrollar en un futuro emancipado.

Pese a algunos delirios decrecentistas que sueñan con volver al arado con mulas y siega manual, es evidente que la mecanización de la agricultura supuso un gran avance. Sin embargo, constreñida por la propiedad privada, la competencia y la búsqueda de rentabilidad, las técnicas que posibilitan simultáneamente una gran producción (dando satisfacción a las necesidades de alimentación), la conservación de los recursos (agua, el propio suelo, la diversidad vegetal y animal, tanto silvestre como cultivada) y la liberación de los trabajos más pesados es irrealizable bajo el capitalismo.

Las miras ciegas, siempre puestas en la rentabilidad a corto plazo, del capitalismo son incapaces de pensar qué es necesario producir y cómo es necesario producirlo para poder seguir produciéndolo mañana. Se produce lo que se vende, y se produce más si se vende bien (como ejemplifica perfectamente el “boom del pistacho”), de la manera que sea necesaria para ello; si en el proceso se desecan, contaminan, salinizan acuíferos; si se destruye el suelo fértil, si se produce una nitrificación más que excesiva, si se ocasiona una erosión aberrante que imposibilita el cultivo…tanto peor para el que venga detrás.

 

​ 

maquinaria agrícola adaptada al monocultivo y la gran propiedad


En cambio: en una sociedad basada en la propiedad colectiva de los medios de producción (incluida, obviamente, la totalidad de las tierras), con un conocimiento preciso de las necesidades de la población (algo que es perfectamente posible tener hoy) y una capacidad tecnológica hoy constreñida por la propiedad y la competencia, es perfectamente posible producir aquello que es necesario producir, con el mínimo trabajo humano posible, en el lugar donde sea necesario y del modo menos destructivo posible. Los gigantescos monocultivos de hoy en día (concentración de capital para la máxima rentabilidad) son impensables en un futuro emancipado como impensables son las gigantescas megaurbes, y solo sería necesario adaptar y mejorar la maquinaria que el capitalismo creó acorde a sus necesidades, sustituyéndola por maquinaria acorde a las nuevas necesidades.

Es fácil pensar sin caer en la ensoñación utópica que los paisajes en mosaico, tan queridos por los ecólogos del paisaje y tan en riesgo por la agricultura del capitalismo decadente, resurgirán. Que la “alimentación de proximidad”, que hoy en día no puede ser sino un concepto esnob para pequeñoburgueses con complejo de culpa, se hará una realidad palpable. Que la “agroecología”, que hoy no puede ser sino un modelo experimental antieconómico, encontrará su lugar a gran escala en la nueva sociedad. Que se desarrollarán tecnologías hoy en pañales, como la captación de agua atmosférica. Que ecosistemas hoy destruidos por la voracidad del capitalismo, serán restaurados y recuperados, porque tan necesario humanamente hablando es un tomate como un río, un pan de a kilo y un bosque.


 
EL CAMPO Y SUS MISERIAS

 

[...] Tierra , tierra de pinares, tierra de solares, / tierra de ejemplares, el pino piñonero ya no da dinero, /  aquí los que se forran son todos los ajeros, / trabajamos mas horas que Paquito lechero [...]

 Tierra de Pinares, Monóxido.

 
 

En la zona de Tierra de Pinares (Segovia norte y Valladolid sur), así como en cualquier comarca rural del estado español, la estructura general de la tierra es el resultado de años de liberalismo y caciquismo previos y tras la derrota revolucionaria del movimiento libertario y revolucionario de las primeras décadas del siglo pasado. Hay diferencias entre la mitad sur y la mitad norte, donde se aprecia una diferencia en la tenencia del terreno, dado que en la primera se desarrolla mayoritariamente el latifundismo y en la segunda el minifundismo, lo que se traduce en grandes y pequeños propietarios respectivamente. Familias cuya previa generación colaboraba con el franquismo (razón por la que heredaron o compraron dichas tierras) y grandes casas de títulos nobiliarios y gran poder económico de índole caciquil. Ello provocó que en el sur se desarrollara de manera más extendida un modo de vida jornalero, de lo más bajo en la escala social pero con gran tendencia a la organización insurreccional y más tarde revolucionaria mediante huelgas, motines y ocupaciones de tierras.


La pequeña propiedad proporcionaba un modo de vida algo más modesto, pero también pobre, era un complemento a otras actividades económicas (de tipo comunal por ejemplo) para poder subsistir. Economías familiares de subsistencia que con el tiempo, cuando su posición se mejore y el capital les vuelva empresarios agrarios, gozará de trabajadores temporales y/o fijos como en la actualidad.

La gran propiedad siempre ha mantenido un cierto carácter señorial (aunque no estrictamente) en donde unas personas trabajan para otras con cierta dependencia y una diferencia de renta abismal.

Como reflejo de la organización de la propia sociedad, la estructura y gestión de la tierra reproduce la misma escala de valores y poder entre unas personas y otras. Podríamos hablar de los precios de los productos, de los costes de producción para la labor agrícola, de los abusos de la cadena de producción alimentaria, de la extensión de la tecnología, del poder de los intermediarios y las cadenas de distribución, del sindicalismo agrario de autónomos, de la relación entre el mundo agrícola y el medio natural, de las macrogranjas, de la racionalidad en el uso del agua, de la pantomima de las interprofesionales agroalimentarias, del segundo trasvase del río Cega al acuífero de la comarca del Carracillo debido a la sobreexplotación del regadío, de los chanchullos entre las grandes empresas agrarias y de transformación con la Junta de CyL[1], del verdadero significado de los sellos de garantía y calidad alimentaria para repartirse el pastel entre los 5 empresarios de turno gracias al beneplácito de sus colegas del gobierno regional, de la transición del campesino al empresario agrario… pero no, en este caso vamos a detenernos en el primer peldaño de la pirámide de la producción capitalista agroalimentaria en nuestro entorno más cercano (y lejano), el de las personas jornaleras o campesinas que se decía antes, ahora somos peones agrícolas (en su mayoría) con contratos de obra y servicio (en extinción) y/o fijos discontinuos, pero pocos indefinidos dada la gran demanda de mano de obra temporal que se requiere en el mundo agrario, no así en el ganadero. Sobre el contrato de fijo discontinuo en un texto anterior hablamos sobre sus características fiscales[1].

En nuestra zona (como en tantas otras) el oficio de jornalero/a siempre ha sido muy común en las zonas rurales, ya que el sector primario ha sido el más importante a nivel rural (en esta zona se puede añadir el oficio de resinero). Tanto a nivel de paisanas dedicadas al oficio como migraciones interregionales dentro del estado. A principios del siglo pasado fue un sector organizado en sindicatos y muy combativo sobre todo en el sur y levante peninsular (UGT y CNT respectivamente con la filiación mayoritaria), puesto que en el centro y norte tenía más peso el sindicalismo católico. El primero intentó crear puntos de ruptura para materializar las ideas anarquistas y socialistas de colectivización de la tierra a través de huelgas y ocupaciones de tierra, conflictos que chocaban con la represión. En nuestra región, muchas de las personas encarceladas por el franquismo tenían de oficio el de jornalera[2]. El franquismo es el último régimen español que reprimió duramente esas prácticas y en la actualidad ya no es así tampoco, no hay organización obrera de ningún tipo en el sector agrícola. La sindicación brilla por su ausencia dada su gran temporalidad. Es considerado un trabajo duro, precario y mal pagado que ningún padre o madre recomienda a su hija o hijo. Ese factor, impide la negociación de un convenio de sector u otro tipo, pero debemos exigir cualquier medida que redunde en unas mejores condiciones laborales.

Las condiciones laborales fluctúan mucho, depende del empresario (pequeño agricultor/a, empresa agraria, grandes sociedades de plantación y transformación…) para el que trabajes. No es lo mismo la flexibilidad y garantías que en algunos casos ofrece una empresa familiar pequeña a las jornadas inhumanas de grandes empresas agrarias (en el Carracillo tenemos varios ejemplos que todo el mundo conoce). Pero la regulación laboral es la misma en ambos casos bajo el paraguas del Sistema Especial de Trabajadores Agrarios por Cuenta Ajena. Se puede cotizar por jornadas reales o por meses completos. En el primer caso el salario está sujeto a las horas que se trabajen, sino trabajas no cobras, pero en el segundo caso sería una modalidad de contrato ordinario con sus vacaciones y demás. Para los periodos de actividad establece una base de cotización mínima en el peor de los casos de 1.166,70 euros/mes. Para los periodos de inactividad establece un tipo de cotización opcional del 11,50% sobre su base[3]. Por tanto, debemos exigir que se equiparen las dos fórmulas de cotización, o que se derogue la cotización por jornadas reales puesto que en ella no se contemplan horas extras ni se cobran pluses por festividades y las bajas así no existen, se extingue el contrato o te quedas en casa sin trabajar y sin cobrar. Cierto es que el campo precisa de unos tiempos muy específicos para realizar las labores, pero la temporalidad tampoco puede ser una excusa para reducir los derechos laborales. No somos autónomos, así que no se nos puede exigir esa parte de autoexplotación.

Pero una cosa es lo que dice la ley y otra lo que hagamos, por eso las jornadas varían, muchas son muy largas y sin apenas tiempo de descanso, solo el justo para no desfallecer. Los salarios son de miseria, desde 4 €/h hacia arriba, pero no mucho más, pero cuando la jornada es a destajo el sueldo varía en función de la producción que hagas. Así que ni hablemos de trabajar con estas olas de calor sin ningún tipo de prevención, como afirman lxs compañerxs que trabajan en los campos de Huelva, a cuyas condiciones habitacionales de mierda (chavolismo), falta de suministros básicos (agua, luz), jornadas extenuantes, trabajos a destajo, muchos en B…[4] se suman las altas temperaturas con que deben desempeñar su trabajo[5]. En nuestro entorno cercano contamos con las situaciones que se dan en la zona del Carracillo y aledaños, donde se da el cultivo de multitud de hortícolas y sobre todo la fresa (cuyo consumo de agua es brutal, lo que ha conllevado problemas de abastecimiento de agua del acuífero de dicha zona), donde se dan casos similares entre los trabajadores del campo. En muchos casos viven hacinados en barracones y naves al lado de la empresa hortícola de turno (vete a saber cómo están, hay cierto hermetismo en el asunto) y en otros casos más extremos viven en campamentos en medio del pinar sin agua corriente y durmiendo al raso o en alguna nave del entorno viviendo a escondidas. Decimos vivir por decir algo, porque a esta pobre gente poco le da el día para vivir.

Actualmente es la población migrante la que soporta estos trabajos, la patronal agraria (grande y pequeña) se aprovecha de su situación de necesidad y de su escaso nivel reivindicativo para explotarles hasta las entrañas. Pues en su precaria situación vital no buscan otra cosa que ganar dinero para sobrevivir. En algunos casos, la existencia de mafias de tráfico de trabajadores es evidente, son los que se encargan de suministrar al empresario el número de trabajadoras que demanden en los tajos llevándose un tanto por ciento correspondiente. En otros, se han creado empresas de servicios agrarios a modo de ETT (Empresa de Trabajo Temporal), que tiene el mismo funcionamiento sólo que es legal. Existen otros métodos como los convenios internacionales (Marruecos, Rumanía…) para traer las personas exactas que se necesitan en un tiempo determinado y cuando terminan vuelven para su tierra, ya no hace falta ni que residan aquí.

Cabe decir que la parte femenina migrante es muy alta, sino mayoritaria en estos curros, una tremenda casualidad que se extiende a otros curros similares como el de la limpieza y los cuidados, duros y de baja cualificación que nadie prefiere realizar si pueden elegir otro mejor.

El ministerio de trabajo del gobierno progre actual prometió acabar con la precariedad en el campo dentro del marco de su novedosa reforma laboral, pero lo único que ha hecho es intensificar un poco las inspecciones previo aviso claro, (fiel a su estilo de perdona-vidas de los empresarios) con el objetivo de que todas las trabajadoras estén dadas de alta en la seguridad social. Ellos a lo suyo, a recaudar y las condiciones laborales les importan un bledo.

En el campo, en la limpieza, en los cuidados, en el transporte, en la hostelería… Es una vergüenza cómo se desarrollan este tipo de trabajos con total impunidad considerados duros y detestados por el españolito de a pié y ver que a nadie le importa. De este modo, al factor de clase, se le suma el de la nacionalidad y el de género en muchos casos, creando nacionalidades de primera, de segunda, de tercera… lo cual es usado por algunos discursos políticos rancios tanto de izquierda como de derecha para pedir la regularización inmediata de los migrantes dado que hay una falta de mano de obra en muchos sectores, sectores de mierda que nadie quiere cubrir claro, porque unas podemos elegir mientras otros no. Una desfachatez en toda regla hablar de este modo, pues evidencia un puro interés económico y no una sincera solidaridad entre personas que se apoyan entre sí. Que el poder adopte estos discursos y los practique no nos sorprende, pero que las personas de abajo que pertenecen a una misma clase (obrera) los defiendan, da cuentas de cuán perdida esta la gente gracias al gran poder de des-información del estado y el mercado que necesariamente debemos combatir si queremos provocar algún cambio en contra de este mercantilismo de vidas.

Mientras estos curros considerados inferiores pero que en verdad representan la base de la sociedad no se dignifiquen, reflejándose en las condiciones, salario y demás, hasta que no se lleven a cabo los cambios legislativos oportunos, hasta que no les veamos realmente como compañeras de clase sin importar su cultura, nacionalidad, género… la dictadura del capital vence una vez más sobre la clase trabajadora. Hasta que la mierda no nos llegue un día al cuello no nos daremos cuenta de su importancia.

Por ello debemos generar un movimiento organizado activo que luche para lograrlo, atacando a la vez al racismo y la xenofobia que impide un apoyo amplio de la clase obrera, así como presionando a empresarios y gobiernos (regional y nacional) para provocar cambios en su estatus quo que siempre perjudica a las mismas personas. Denunciando estos abusos, señalando a los responsables y apoyándonos entre nosotras.

 

¡NO A LA EXPLOTACIÓN LABORAL, NI EN EL CAMPO NI EN NINGÚN SITIO!

¡NATIVA O EXTRANJERA LA MISMA CLASE OBRERA!

 

 

Exigimos las siguientes medidas para frenar esta situación:

       1.    Salarios más justos.

       2.    Condiciones de vivienda y abastecimiento dignas.

       3.    Derogación de la cotización por jornadas reales.

       4.    14 pagas anuales.

       5.    Altas temperaturas como factor de riesgo laboral.

       6.    Máximo 9 h/día de trabajo.

       7.    Retribución de horas extras (mínimo 50%) y festividades (mínimo 70%).

       8.    Medidas de prevención e incentivos para TODOS los trabajos que se realizan al aire libre a partir de 30 oC.

       9.    Descansos dignos.

       10.  No trabajar a partir de 35º C.

 

 Jornaler@s en LUCHA  

https://tierradepinaresantifa.blogspot.com/2022/08/laboral-el-campo-y-sus-miserias.html


Informaciones de clase

20 al 31 de octubre de 2016



Industria


TRABAJADORES DE ISOLUX PROTESTAN ANTE EL PARLAMENTO DE GALICIA CONTRA LOS 32 DESPIDOS
Trabajadores de Isolux-Corsanhan protestado ante el Parlamento de Galicia, coincidiendo con la sesión de constitución de la Cámara, contra el expediente de regulación de empresa (ERE) que plantea el grupo, y que supondrá, de acuerdo con las previsiones de la compañía, 32 despidos en la comunidad gallega, de una plantilla de 42 personas.



ASTIGARRAGA AUTO VUELVE A LA HUELGA INDEFINIDA
La dirección plantea un ERE de extinción después de retirar el 30 de septiembre el que planteó anteriormente



CONTRA EL AJUSTE Y LOS DESPIDOS, TRABAJADORES MARCHARON POR EL CENTRO DE MORÓN
En un acto multitudinario, los trabajadores de Morón reunidos en los gremios organizaciones políticas, sociales y estudiantiles se manifestaron en las calles de nuestra ciudad contra el ajuste y los despidos.



TRABAJADORES DE INDAR BEASAIN APRUEBAN PAROS Y JORNADAS DE HUELGA
Han convocado paros los días 27 y 28 de octubre y días de huelga del 2 al 4 de noviembre para reclamar el desbloqueo de las negociaciones.



UN PEQUEÑO SINDICATO EN ZARDOYA OTIS PONE CONTRA LAS CUERDAS AL BUFETE QUE DISEÑÓ LA REFORMA LABORAL DEL PP
Los trabajadores de la multinacional Zardoya OTIS en Mungia (Bizkaia) consiguen una resolución histórica del Tribunal Supremo: la empresa deberá readmitir a sus compañeros despedidos y reabrir su planta en ese municipio.






Servicios

DECENAS DE TRABAJADORES RECLAMAN A LA PATRONAL DEL COMERCIO EN ARRECIFE EL "DESBLOQUEO" DE LA NEGOCIACIÓN
Decenas de trabajadores del sector del comercio se han concentrado en la calle Real de Arrecife. Movilizados por CC.OO., buscaban con la protesta "presionar" a la patronal del sector para que "desbloquee" la negociación del convenio colectivo del sector, en el que aseguran que les están "dando largas



CONVOCAN HUELGA EN ALICANTE EN EL 60% DE LAS LÍNEAS DE TRANSPORTE ESCOLAR
CC OO y UGT presionan por el puesto de mil trabajadores.



LOS EMPLEADOS DE AFEMA SIGUEN EN HUELGA POR UNA “SOLUCIÓN DEFINITIVA”
El jueves 20 de octubre volverán a manifestarse ante la torre PROP.



UGT, CCOO Y SA CIFRAN EN 65 % EL SEGUIMIENTO DE HUELGA Y DENUNCIAN UNA MANIPULACIÓN DE LOS TRABAJADORES DE LA LIMPIEZA DE FCC EN ZARAGOZA
Los sindicatos UGT, CCOO y SA cifran en un 65 % el seguimiento de los paros realizados por los trabajadores de la limpieza viaria, recogida y transporte de residuos urbanos de FCC en Zaragoza y denuncian la "manipulación" de los datos de participación por parte de la empresa y de las organizaciones no convocantes.





Sector agrario

LA HUELGA DE LA VID PARALIZA LA PRODUCCIÓN DE LAS BODEGAS DEL JEREZ
Sindicatos y Fedejerez coinciden en el alto seguimiento en los trenes de embotellado.





Sector postal 






Sector público
INFORMACIONES SOBRE LA HUELGA EN LA ENSEÑANZA PÚBLICA (26 de octubre):





 

Valladolor no admite comentarios
La apariencia como forma de lucha es un cancer
El debate esta en la calle, la lucha cara a cara
Usandolo mal internet nos mata y encarcela.
Piensa, actua y rebelate
en las aceras esta el campo
de batalla.

si no nos vemos
valladolorenlacalle@gmail.com















ARCHIVO

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Contrainformacion internacional

Anticarcelario / contra la sociedad cárcel

"Las prisiones son una parte más de la esencia represiva de todo Estado, no hay que olvidar la parte que nos toca a lxs que aún seguimos en la calle.

No podemos ver las cárceles como algo ajeno a nuestras vidas, cuando desde temprana edad hemos sido condicionadxs a no romper las normas, a seguir una normalidad impuesta; el castigo siempre está presente para lxs que no quieren pasar por el aro.

En el trabajo, en la escuela... domesticando y creando piezas para la gran máquina, piezas que no se atrevan a cuestionar o que no tengan tiempo para hacerlo.

Hemos sido obligadxs a crecer en un medio hostil donde es dificíl desarrollar nuestros propios deseos.

La rebeldía brota de algunxs, otrxs simplemente se acomodan en la mierda, tapando sus frustraciones con lo que le dan quienes antes les despojaron de todo. O viendo sus problemas como algo aislado, único y personal.

Para lxs que no tragan o no se adaptan al gran engaño ahí tienen sus cárceles, reformatorios, psiquiatrícos ... creados por los que no quieren ver peligrar las bases de su falsa paz.

No podemos ignorar la lucha de lxs compañerxs presxs.

Su lucha es nuestra lucha."