Informe sobre el estado de la situación a 10 de agosto
En un puesto de vigilancia de incendios, al norte de la comunidad
'CAJAS DE RESISTENCIA'
Desde el Comité de Solidaridad hemos considerado hacer públicos algunos documentos en su versión íntegra y otros cuyos textos por su extensión literal o por seguridad han sido reducidos, reseñando únicamente lo que para esta ocasión se ha considerado oportuno en relación con los objetivos citados.
Así mismo recomendamos la lectura de algunas publicaciones que el Comité de Solidaridad ya ha difundido en diferentes épocas y de las cuales, en esta revista, se facilitan los títulos para que puedan ser solicitadas por quien lo considere de interés a cualquiera de lxs miembrxs activxs del Comité y que serán facilitadas gratuitamente en el más breve plazo posible.
En su trayectoria de 50 años de existencia el Comité de Solidaridad ha ido experimentando sucesivos cambios, tanto en su organigrama de funcionamiento, como en la adaptación de este a las circunstancias concretas en cada ámbito de actuación, pues siempre se ha considerado al Comité de Solidaridad como un órgano vivo, que sin perder sus objetivos fundamentales, ha ido avanzando tras el continuo análisis de su funcionalidad para la realización de los objetivos para los que fue creado: la unidad obrera; la lucha contra la represión; la solidaridad de clase, tanto económica como moral y activa con lxs represaliadxs.
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https://www.scribd.com/document/784763253/Especial-Cajas-de-Resistencia
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Transcribimos a continuación una entrevista que tuvimos la oportunidad de hacer a la Coordinadora de Trabajadores del Metal (CTM) de Cádiz. Fue durante el mes de diciembre, cuando su lucha aún estaba fresca en la memoria inmediata de todos y su fuerza aún mostraba una capacidad de arrastre sin igual. Las pocas semanas transcurridas desde entonces no le quitan, sino que le dan, más valor si cabe.
En primer lugar, querríamos preguntaros acerca de la CTM. ¿Podéis hablarnos de sus orígenes? ¿Qué le distingue de otros sindicatos o agrupaciones de trabajadores que puede haber tanto en el sector del metal gaditano como en el resto del país? Especialmente interesante sería que hicieseis hincapié en qué distingue su política sindical práctica, diaria, de la del resto de corrientes sindicales con las que convivís.
La CTM nació, en un primer momento, como CPM (Coordinadora de profesionales del metal), un colectivo formado por trabajadores del metal de Navantia, de subcontratas, eventuales. Después de ser un colectivo pasamos a ser un sindicato hace año y medio. La diferencia es que somos trabajadores, no activistas ni sindicalistas de toda la vida. Después de una vida profesional en los astilleros, decidimos formar un sindicato en el que los trabajadores decidíamos, con el protagonismo precisamente para los trabajadores.
¿Creéis que la CTM es una alternativa sindical capaz de reforzar la autonomía de los trabajadores del metal? Es decir, de facilitarles una organización capaz de romper con la política de conciliación y cesiones a la patronal de las grandes organizaciones sindicales.
Intentamos ser una alternativa al sindicalismo oficial, que nos ha llevado a la precariedad, que nos ha vendido, que no nos ha permitido ni siquiera opinar… Un sindicalismo sin trabajadores, en fin. Nos enfrentamos al modelo de subcontratación, que no nos deja prácticamente espacio para reivindicar. Es muy complicado haber organizado un sindicato de trabajadores eventuales, defendernos a nosotros mismos es bastante difícil cuando prácticamente no podemos elegir delegados ni presentarnos a los comités: se necesita un tiempo trabajado de seis meses, que a veces no lo estamos, o despiden a los delegados elegidos. Ante esta imposibilidad de tener delegados, debemos llevar la lucha por otro lado, cambiar el modelo sindical, adaptándolo a las circunstancias que necesitamos. No podemos pedir a un compañero con 3 meses de antigüedad y un contrato por obra y servicio que se eche a la calle con nosotros. Queremos ser la alternativa, pero sabemos que debe ser un trabajo a largo plazo, en el que hay que actuar de otra forma. Posiblemente sacando los conflictos de la factoría, explicando a la gente que hay salida, que aunque hayamos normalizado los incumplimientos de convenio y la pérdida de derechos no debe ser así. Una labor pedagógica que nos permite llegar a la ciudadanía con asambleas, explicando a gente que no tiene el problema de ser despedida… Y todo eso intentando cambiar el modelo de subcontratación, muy complicado por nuestros límites económicos, porque somos eventuales y muchos represaliados… Hemos llegado a hacer reuniones en las que ninguno estaba en Cádiz… Nuestras ganas de cambiar la situación son mayores que las dificultades.
Al finalizar esta huelga indefinida de 9 días, ¿qué posibilidades veis de consolidar un mínimo de organización autónoma -tipo CTM- entre los trabajadores del metal? ¿Y fuera de este sector, en el resto de la Bahía de Cádiz?
Se han dado situaciones que no se habían dado hasta ahora. La conciencia lograda estos días es muy importante. Hay que trabajar mucho en organización, pensar mucho, el hecho de que seamos un sindicato muy independiente del sector del metal de Cádiz no significa que debamos estar solos, hay que ayudar a otros colectivos de clase de otros sectores y por ahí intentar que la CTM sea una alternativa. Si tenemos que sacar una conclusión de estos 9 días (y de los 2 días de huelga previos) es que los derechos de los trabajadores auxiliares y el rayo de esperanza que hemos mandado a otros trabajadores han tenido una gran relevancia.
La huelga del metal ha sido la huelga de todo Cádiz. Íbamos por la calle haciendo manifestaciones por donde queríamos, sin obedecer a la policía y en todas partes teníamos apoyo. Esta huelga da luz, no eclipsa, a ningún otro sector. Las factorías tienen mucho músculo obrero y es más fácil la huelga en ellas que en el sector servicios. Dentro que es complicado porque somos trabajadores subcontratados, pero esta fuerza debe servir como avanzadilla a otros sectores. Aunque las posibilidades de reivindicar para un subcontratado son pequeñas, son mayores que para un trabajador de la hostelería. Si algo hemos logrado es que otros sectores, en Cádiz y más allá, es que otros sectores vean que se puede hacer cosas. El pueblo de Cádiz está con nosotros y eso debemos saber trabajarlo y canalizarlo.
¿Consideráis que una huelga tan dura como la que habéis librado puede tener repercusiones más allá del sector del metal? Es decir, dado que es la primera huelga realmente contundente que se libra en años, ¿podrá tener eco fuera de vuestro sector y ser un ejemplo para romper con tantos años de horrible paz social?
Está claro que el eco y la repercusión ha sido en todo el mundo. Podríamos pasarnos el día agradeciendo a los colectivos que nos han apoyado. Nosotros somos trabajadores del metal de la provincia de Cádiz pero sobre todo somos trabajadores: tenemos claro que sólo hay una clase, sólo hay una lucha, con pequeñas batallas. La nuestra ha sido ésta: una batalla muy potente, que estamos seguros que va a marcar un antes y un después porque las condiciones de la clase obrera del metal y de cualquier otro sector son muy precarias, por lo que el trabajo no es sólo aquí, sino que se debe dar en cualquier lugar donde hay injusticias, es decir, en cualquier lugar. Y tenemos que canalizar todas estas energías, volver a pensar en la clase trabajadora como una, en el orgullo de clase, estas cosas que han sucedido estos días tenemos que ser capaces de canalizarlo, trabajarlo desde los colectivos concretos, coordinándonos porque si no lo estamos no damos la batalla que querríamos dar. Somos muchos pero debemos estar unidos y remar en una misma dirección.
¿Habéis seguido las recientes huelgas del metal en La Marina y en Alicante? ¿Podéis decirnos unas palabras sobre ellas?
Primero nuestra solidaridad con estos conflictos y con cualquier otros. En la medida de lo posible, estamos para aportar nuestro granito de arena. En el caso de la Marina (Vigo), sabemos que es algo muy parecido a lo que ha sucedido en la provincia de Cádiz, que han venido desmantelando la industria desde los años ´80 y han dejado sólo bares y sector servicios. Esto es muy negativo para la economía de cualquier lugar porque dedicarse sólo a servicios es muy difícil, algo que se ha visto ahora con la pandemia, pero también por los propios trabajadores. La hostelería, etc. son trabajos mal pagados, con incumplimientos a la orden del día. Con respecto a los compañeros de Alicante, es un conflicto por el convenio colectivo de las pymes… Eso es muy complicado, porque aunque lo tenemos un poco más sencillo que en la hostelería, el modelo de subcontratación es muy complicado… Ahí es donde tenemos que trabajar de manera conjunta, en problemas comunes, intentar atacar el modelo, que no sólo nos perjudica por la eventualidad y la inseguridad, sino porque imposibilita la reivindicación por carga de trabajo y convenios: estamos muy divididos, con empresas principales y sus comités de empresa haciendo sindicalismo por unos cuantos, con unas plantillas que tienen condiciones más o menos aceptables pero con unos cumplimientos de convenios totales y, luego, unos trabajadores de contratas con los que se incumple el convenio, con derechos diferentes, salarios distintos… Una clase obrera dividida. Esto pasa en Cádiz, en Alicante y en todo el Estado, evidentemente tenemos que buscar soluciones comunes.
Según la CTM, una política sindical que realmente sea de clase, que defienda exclusivamente los intereses de los trabajadores, ¿qué puntos básicos debe tener?
Una de las cosas que tenemos claro es que el mensaje que lanzamos es muy importante, pero el mensajero, los trabajadores, somos más importantes: no podemos subcontratarlo. Un sindicato es un grupo de trabajadores organizado y no podemos olvidarnos de este hecho. Evidentemente hay que tener abogados o asesores, pero somos los trabajadores quienes tenemos que tomar las decisiones. A partir de aquí, tenemos que remontar 30 años de no-sindicalismo, de sindicalismo comercial y de una falta de conciencia creada por estos… Mañana, si llamamos a los trabajadores no van a aparecer todos sin más, hay una gran desconfianza hacia los sindicatos pero debemos hacer ver que nosotros somos soldadores, electricistas, pintores… Y con ello debemos crear confianza. Por supuesto, siendo lo más honrado posible, defendiendo la conciencia de clase como elemento principal y a largo plazo. Los trabajadores debemos volver a un sindicalismo puro, ceñido a las circunstancias. En nuestro caso es la subcontratación y debemos partir de este hecho, que es una dificultad para luchar y salir a la calle. Con estas circunstancias debemos realizar un trabajo de fondo, orientado a cambiar el modelo de subcontratación pero siempre, la clave, es que lo hagamos los trabajadores.
Una pregunta sobre la historia de las luchas del metal en Cádiz. Es obvio que el sector del metal tiene un inmenso peso a nivel nacional en lo que se refiere a las movilizaciones, si no como el de la minería en el norte muy parecido… Sin embargo la impresión que se tiene es que después de 40 años de luchas durísimas, la derrota ha sido la tónica, si no a corto sí a largo plazo. ¿Es esto cierto? Si es así, ¿por qué?. ¿Podéis hacer una valoración, aunque sea muy esquemática, de estos años de movilizaciones? ¿Cómo se ha llegado a esta situación en la que existe un altísimo índice de temporalidad, subcontratación, salarios tan bajos, etc.?
Nosotros tenemos los tres astilleros de Navantia abiertos, por la lucha de los ´80. El objetivo era cerrarlos y desindustrializar la zona. Al cabo de los años, con el modelo de subcontratación, marcado por Europa, se ha ido desmantelando poco a poco. Pero con la lucha de los ´80 se logró que no se despidiese a nadie. Respecto a aquellas, las de ahora han tenido algunas diferencias. Aunque estas han sido muy de calle, muy contundentes, y con el apoyo de toda la ciudadanía, han sido protagonizadas por trabajadores de las subcontratas. Antes eran huelgas de los trabajadores de las empresas principales. Ahora es muy complicado: hay unos trabajadores de las principales, privilegiados entre comillas, y unos trabajadores de las subcontratas muy precarizados. A esto se suma un sindicalismo que no mira por los derechos de todos los trabajadores. Esto nos ha debilitado, precisamente porque nos ha llevado a no luchar, porque cuando se luchaba no se perdían puestos de trabajo. Claro, cuando se luchaba en la calle, lo que dicen con violencia… Luego, poco a poco fueron desapareciendo las empresas porque se firmó la paz social y se impuso un sindicalismo que adormeció a los trabajadores. Pero cuando se ha luchado, se ha sacado bastante rédito.
Un par de preguntas más concretas sobre la huelga. ¿Con una subida salarial tan exigua como la que al final pactaron CC.OO. y UGT, que además decís que es probable que no se respete, ¿aguantarán los trabajadores? ¿Creéis que volverán a la calle?
Está claro que salimos a la calle porque los convenios no se cumplen. Está recién firmado el acuerdo y ya no se cumple, se ha despedido a trabajadores por luchar. Los trabajadores ahora estamos más fuertes. Podría parecer que el hecho de haber sido empujados a volver a las factorías nos iba a debilitar, pero la gente está fuerte. Ahora hay que hacer un trabajo sindical fuerte para que la próxima ocasión nos pille con más fuerzas, sobre todo en organización y en conciencia de clase. Se volverá a la calle con más fuerza e inteligencia que ahora.
A todos nos sorprendió como, en lo que parecía lo más duro de la huelga, CC.OO. y UGT dieron orden de volver al trabajo y, con engaños, malas artes, etc. lograron que se hiciera. Vosotros por vuestra parte, continuasteis con la convocatoria. ¿Qué pensáis que hizo que esta vuelta al trabajo tuviese lugar? ¿Por qué los trabajadores no quisieron, o seguramente no pudieron, continuar con la huelga?
Es una pregunta muy difícil porque tiene muchas ramificaciones. Lo primero que no tenemos representación real, de comité… En Sevilla se estaba negociando, por parte de nuestros representantes legales, que no reales, una subida salarial y en Cádiz estábamos precisamente en la calle por cosas como que no se negociaba lo que queríamos que se negociase, porque hay incumplimientos continuos del convenio… Porque si en Sevilla se negocia 30 euros de subida salarial en Cádiz había compañeros con 400 por debajo del convenio. Era imposible que se firmase lo que pedíamos nosotros porque no se estaba negociando. El acuerdo se firmó por la noche, a las diez y media se llamó a los delegados, a los suficientes para darle validez legal a la firma. No se hizo asamblea, la huelga acabó sin asamblea, como en los últimos convenios. Con una representación sindical que no existe de madrugada se llamó a los trabajadores para incorporarse al puesto de trabajo, sin dejarnos capacidad para reaccionar… Aunque CGT tenía una papeleta de huelga abierta, nosotros decidimos entrar con los trabajadores. Se había hecho un gran trabajo y, habiendo trabajadores que sufrían una gran presión, no podíamos dividir a los trabajadores. Se había estado en los piquetes, con mucha fuerza, pero no queríamos crear una pelea entre los propios trabajadores. Estábamos de acuerdo con mantener la huelga como CGT, pero no llamamos a mantener la huelga porque era necesario un punto y aparte, volver en otro momento, con otras condiciones, estudiando mejor las condiciones en que nos movemos, sobre todo el nulo blindaje de los trabajadores.
Hay hombres que luchan un dia y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.
En estos días, hemos recibido duras noticias... Se nos ha muerto Gaspar, compañero infatigable del Comité de Solidaridad de los Trabajadores; ha muerto también Paco Baticón, compañero cenetista de tantas ocasiones (por encima siempre de tantas diferencias también)... nuestra compañera no se va pero ya no está... y todo nos nubla y nos jode y son tantas tantas lass tristezas que nos han estado acompañando y nos acompañan en estos tiempos... Pero en todo hay que seguir: LUCHAR. VIVIR. Y recordarles. Como siempre decimos, pero ahora más que nunca, EL MEJOR HOMENAJE es CONTINUAR LA LUCHA. Hasta el final.
A Gaspar y a Paco, seguramente, los conocimos en la misma ocasión (o en una parecida), en aquellas reuniones todavía clandestinas, reuniones de "seguridad", que se realizaban en un local de una parroquia o en algún espacio al efecto, siempre discreto, siempre especial. Las reuniones las convocaba el Comité de Solidaridad de los trabajadores de Valladolid, comité nacido en Fasa Renault que a lo largo de los 80 y 90 se fue acercando a los movimientos sociales de los que formábamos parte.
Nosotros éramos solo unos adolescentes radicalizados que pensábamos que pintando un banco estábamos iniciando la revolución, por lo menos. Allí aprendimos mucho, muchísimo, sino todo. Cuestiones de organización, de seguridad, la verdadera solidaridad de clase, la manera de movernos, de actuar, la forma de vivir y de luchar.
En esas reuniones estaba también Paco Baticón, recientemente fallecido. Paco era de CNT, pero siempre estuvo allí, siempre participó de aquellas reuniones junto a los compañeros del Comité. Por encima de la ideología de cada cual estaba la lucha de clase, la unidad de la clase obrera en su combate contra el patrón, la policía, contra los capitalistas. No recuerdo las fechas de aquellas reuniones, pero corrían los años 90 y los chavales (punkis) nos dedicábamos a intentar okupar una casa... y allí estaban "los viejos", nuestros mayores, para apoyarnos y solidarizarse con cualquier lucha y causa que se moviera. Y ahí han seguido estando hasta ayer mismo, cuando la enfermedad o la muerte se les ha llevado.
Una de las últimas veces que vi a Gaspar, estuvimos repartiendo panfletos en las puertas de montajes en Renault. Gaspar, de gran cuerpo, gran bigote y gran alegría, lo que antes se decía un campechano de verdad (hasta que apareció el Juancarlos campechano, volviendo negativo lo que siempre fue un valor de la persona). Gaspar, con su vino tinto y su voz. Gaspar con su compañía y su claridad... ese Gaspar que a la vuelta del reparto nos contaba los sabotajes que hacían "los mayores" (sus mayores) cuando él entró en Renault. Y esto es lo importante: somos puntos de una gran historia, somos los pequeños filamentos que forman el gran hilo rojo de la historia.
Porque la lucha de la clase trabajadora está hecha de hilos rotos que se anudan unos a otros para formar ese hilo rojo. Porque a Gaspar sus mayores le pasaron la antorcha... como él (y otros tantos como él, a los que desde aquí mandamos nuestro calor y nuestro amor revolucionario) nos la pasaron a nosotros y nos la han seguido pasando cada vez que colaboraban o repartían o pegaban carteles o saltaban... junto a nosotros, los que entonces éramos jóvenes. Y que ahora intentamos pasar la misma antorcha... en este mundo cada vez más complicado, más loco, más represivo... pero también (aunque no podamos verlo) más cerca del final por el que todos hemos luchado: la revolución social, la abolición de la sociedad de clases, la propiedad privada y el trabajo asalariado.
Como dijeron los compañeros que huían tras la "derrota" de la Comuna de París: hemos sido vencidos, NUNCA DERROTADOS. Porque mientras la antorcha pasa, de una generación a otra, de unas manos proletarias a otras manos proletarias, la LUCHA VIVE, nada termina. El movimiento que supera el orden existente crece y se desarrolla.... hasta realmente superar el mundo del capital y el estado.
D.E.P.
GASPAR, PACO, hermanas, hermanos...
¡tenemos un mundo nuevo en nuestros corazones, y está creciendo en este instante!
Estado de alarma permanente en el trabajo
La pandemia de la Covid-19 ha dejado dos cosas completamente claras:
1) El capitalismo, un modo de producción basado en la succión de plusvalía a la clase proletaria que no entiende de barreras ni humanas ni medioambientales cuando se trata de incrementar el beneficio, es incapaz de garantizar la salud de la población, ni local ni mundialmente.
2) La única respuesta que son capaces de dar los Estados, cualquiera que sea el color del partido gobernante, para luchar contra una situación crítica como la vivida, es incrementar la presión y la represión sobre la clase proletaria, es decir, sobre la mayor parte de la humanidad, que es precisamente la que sufre con mayor dureza las consecuencias de este tipo de situaciones catastróficas.
De China, donde se inició la pandemia, a Estados Unidos, de Europa a África o a América Latina, el escenario ha sido exactamente el mismo: una vez comenzó a extenderse el virus y, con ello, a verse sus consecuencias terroríficas sobre la población que padecía una salud más deteriorada por el paso de los años, las enfermedades y, sobre todo, la pobreza, los Estados responsables de la salud pública adoptaron una estrategia en dos fases. La primera consistió en negar la gravedad de la situación. Todos podemos recordar, aquí en España, al responsable del centro de emergencias sanitarias, máxima autoridad en lo referente a medidas de prevención, decir que en el país apenas veríamos cuatro o cinco casos de la enfermedad. O al presidente de Brasil reírse de los miles de muertos de su país diciendo que la Covid-19 sería en cualquier caso una “pequeña gripe”. A la hora de pasar por esta fase ha dado exactamente igual que países con características sumamente parecidas ya estuviesen padeciendo la enfermedad a gran escala: el Estado español miró hacia otro lado cuando el Norte de Italia estaba siendo asolado por el virus, los Estados Unidos ignoraron todas las advertencias provenientes de China, etc. La segunda fase, que entró en juego una vez que la pretendida “normalidad” había quedado borrada del mapa, consistió en agudizar al máximo los mecanismos represivos con los que cuenta cada Estado. Algo que sólo tiene sentido en un mundo donde la clase dominante, la burguesía, dueña y señora de los medios de producción y de la riqueza social, tiene mucho más miedo a las clases subalternas, especialmente a la clase proletaria, que a cualquier enfermedad o catástrofe “natural”. En vez de rehabilitar hospitales, contratar servicios médicos, crear puestos de enfermería, etc. el Estado comienza por imponer medidas de control de la población: el confinamiento, el aislamiento de ciudades y el Estado de Alarma son diferentes modalidades de este control.
Su fin es tan sólo parcialmente el de preservar la salud de la población: durante meses se ha ido echando leña al fuego y, cuando el incendio es incontrolable, se prohíbe respirar para no intoxicarse con el humo. La verdadera salud, aquella que el capitalismo no puede garantizar, está basada en la prevención, en la atención inmediata al enfermo pero también en el cuidado del sano para que no enferme. Todo aquello que ningún Estado de ningún país ha hecho. Las medidas de excepción, como en España el Estado de Alarma y el confinamiento, son la constatación de que los sistemas sanitarios, esos en que se invierten millones de euros y con los que se justifica el mal llamado “Estado del bienestar”, se vienen abajo ante una situación realmente grave tal y como lo hace un castillo de arena en cuanto lo toca el agua. Se confina a la población, se saca al ejército a la calle, se llenan los barrios de policías ejerciendo de verdaderos matones, se multa a una buena parte de la población… ¿Acaso estas son medidas de salubridad? No, es represión pura y dura encaminada a reforzar al máximo la fuerza de un Estado que no es capaz de gestionar la salud pública y puede ver cómo se colapsan las grandes ciudades en las que se almacena la mano de obra, que teme la crisis social que puede derivarse de la pandemia. En cualquier caso, si son ciertas las cifras provisionales de mortalidad que estiman diferentes medios de comunicación (de 40 a 50 mil personas), todas estas medidas muestran su incompetencia en la medida en que no han podido evitar que muera el 1% de la población española durante los tres meses que estuvieron vigentes.
Aquí es donde toda esta lógica terrible del confinamiento, el Estado de Alarma, etc. como medida sanitaria se viene abajo. ¡No se ha evitado la catástrofe! ¡La sanidad pública ha colapsado! ¡El “exceso” de muertes este año se mide en decenas de miles de personas! Las medidas han resultado casi inútiles porque en ningún caso han ido encaminadas a atajar el problema. Aun admitiendo la dureza que la situación imponía, en todo momento se tuvo un cuidado extremo en que la crisis sanitaria no interfiriese en la economía. Se ha confinado a la población, se ha demostrado un especial salvajismo hacia los niños y personas con minusvalía, se ha permitido una hecatombe en las residencias de ancianos, pero… ¿se ha paralizado la producción? No. ¿Se ha cortado de raíz con el foco de infección que es el transporte público que se utiliza para ir al trabajo? Tampoco. Porque, con la excusa de los trabajos esenciales, que incluyen un espectro tan amplio que va desde los supermercados hasta el sector de la logística, es decir, desde el suministro de alimentos hasta el reparto a domicilio de una televisión, casi todos los trabajadores empleados en algo que no fuese el pequeño comercio han tenido que ir a trabajar.
El trabajo es la principal actividad diaria, la que consume casi todo el tiempo de cualquier proletario, por tanto el lugar de trabajo es donde la posibilidad de infectarse se dispara, donde más contacto con otras personas hay. Es, por ejemplo, donde se sabe que se generalizan los brotes de gripe cada otoño. Cabría esperar que los centros de trabajo hubiesen sido el principal objetivo del confinamiento, que en España de hecho se ha llevado a cabo bajo el paraguas del Estado de Alarma, una figura constitucional dedicada tanto a pandemias… como a huelgas. Pero no ha sido así. A la población se la ha confinado en su tiempo libre. Se ha prohibido pasear, visitar a los familiares o jugar en la calle. Pero no se han prohibido las aglomeraciones en el Metro de Madrid, Barcelona o Bilbao. No se han cerrado las empresas cuya planta productiva no podía garantizar condiciones de salubridad mínimas. No se han cerrado los talleres textiles de Alicante, que hacinan a decenas de proletarios en condiciones ya de por sí anti higiénicas…
Este es el resumen del Estado de Alarma y el confinamiento: ampliación excepcional de los poderes represivos del Estado, control en los sectores estratégicos de la economía y garantía de que la mano de obra acudirá a ellos. Así, vimos cómo en los primeros días de la pandemia en España se obligaba a los proletarios del sector de la automoción y el metal a acudir a sus fábricas pero se les prohibía hacer huelga, llegando a entrar la Ertzaintza en alguna factoría vasca para reprimir un conato de paro.
Cuando la salud se puede proteger sin causar un gran daño a la economía, la burguesía no tiene inconveniente en hacerlo. Cierra bares, pequeños comercios, etc. sin pestañear. Cuando su fuente de ingresos se pone en riesgo por las medidas sanitarias, entonces no hay salud que valga. Se ha multado por llevar en la bolsa de la compra productos que la Guardia Civil no consideraba imprescindibles, o por bajar con los niños a tirar la basura. Pero se ha permitido que el gran centro de logística de Amazon para el sur de Europa, el que está en Madrid, permaneciera abierto.
La salud, para la burguesía y su Estado es algo importante… hasta cierto punto. Su primer objetivo, del que depende su propia existencia, es garantizar la producción de mercancías y capitales, hacerlos circular… vigilar porque las leyes de hierro de la economía no se rompan. A este objetivo, le sigue el control de la población, especialmente del proletariado, la imposición de una disciplina cuartelaria con la que se prohíbe todo, excepto trabajar. El miedo, continuamente propagado por la prensa, radio y televisión, contribuye a reforzar la represión. Durante varios meses no hubo información, ni sanitaria, ni social, ni política… sólo consignas lanzadas desde el Estado y los medios de comunicación e impuestas en la calle por la policía.
La burguesía ensaya y aprende. Sabe que las consecuencia de su dominio se manifiestan en situaciones como esta: incapacidad para garantizar la vida humana, sacrificio de los más débiles… Pero también sabe que es de ellas de las que saca buena parte de su fuerza. En ellas ensaya sus formas de gobierno. Con ellas llama a la población a la obediencia, a seguir las normas impuestas, a aceptar una jerarquía en la que la propia vida ocupa el último escalón. Las futuras crisis, sanitarias, económicas y sociales, pondrán a prueba lo aprendido… por la burguesía y por el proletariado.
ASAMBLEA LABORAL,
Valladolid, 14 de agosto de 2020.
Vitoria 3 de marzo UNIDOS POR UN SUEÑO,
viernes 29 de marzo de 2019 - 19h
BIBLIOTECA SUBVERSIVA ANTORCHAS -
Lokal de Pajarillos (Valladolid)
Un documental que quiere plasmar los hechos acaecidos a consecuencia de las huelgas de Vitoria-Gasteiz del año 1976, narrados por sus propios protagonistas. Que pretende ser un documento más para conservar la memoria histórica de lo sucedido, para evitar que caiga en el olvido, así como denunciar la impunidad existente a día de hoy sobre el tema. Y que quiere también destacar la vigencia de aquella lucha, y la pervivencia de aquellos sueños por alcanzar una sociedad nueva y mucho más justa.
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Informaciones sobre los sucesos del 3 de marzo de 1976 en Vitoria publicadas en años anteriores:
> [2018] 3 de marzo: "Aquello de Vitoria había que pararlo... eran pequeños soviets que se estaban gestando: https://valladolorentodaspartes.blogspot.com/2018/03/3-de-marzo-aquello-de-vitoria-habia-que.html
> [2016] 40 años de los asesinatos de Vitoria: https://valladolorentodaspartes.blogspot.com/2016/03/40-aniversario-de-los-asesinatos-del-3.html
> LIBRO: TODO EL PODER A LA ASAMBLEA, Vitoria 3 de marzo: https://aginteahausten.wordpress.com/2018/02/26/todo-el-poder-a-la-asamblea-vitoria-3-de-marzo-de-1976/
> Documental: https://www.youtube.com/watch?v=4ux5KOIK9qg
Biblioteca Subversiva Antorchas (Valladolid)
12 de abril, jueves, 20'00h.
Charla - Presentación del...
Dossier "por el combate en el ámbito laboral" por Asamblea Laboral Permanente
PROYECCIÓNES y DEBATES:
Bahía de Pasaia
Pasaiako Badia
Xabier Otamendi, Yuri Agirre, Erik Aznal (Euskal Herria, 2017) [67 min]
2 de marzo, viernes, 20'00h.
Más información: http://valladolorenlosaudiosyvideos.blogspot.com.es/2017/12/documental-bahia-de-pasaia.html
The Antifascists
16 de marzo, viernes, 20'00h.
Más información: Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=KPare1-fHXM
Documental: https://www.youtube.com/watch?v=XYHnd4boUoM
BIBLIOTECA SUBVERSIVA ANTORCHAS
(Lokal de Pajarillos, Valladolid)











