17 de marzo, huelga general en el País Vasco y Navarra :
Lucha de clase frente a todo tipo de nacionalismo, localismo o corporativismo
El próximo 17 de marzo, los sindicatos ELA, LAB, Steilas, Hiru y Etxalde han convocado una huelga general en el País Vasco y Navarra para exigir que el salario mínimo interprofesional se sitúe, en ambas comunidades autónomas, en 1.500 euros.
Esta reivindicación es doblemente engañosa y peligrosa para la clase proletaria del País Vasco, de Navarra y del resto del país. En primer lugar, la exigencia de que se fije un salario mínimo especial para las dos comunidades en que se convoca el paro, implicaría que se concediese a los gobiernos de ambas el derecho a hacerlo, es decir, que se transfiriesen las competencias necesarias para ello desde el gobierno central a los entes autonómicos. Es evidente que se trata de una exigencia que, más que en defensa de las condiciones de vida y de trabajo de los proletarios vascos y navarros se dirige a reforzar el frente común con las burguesías locales vasca y navarra, siempre en liza con el Estado central para apuntalar y ampliar las prerrogativas legales adquiridas. De hecho, una reivindicación del tipo se coloca en la estela de la última ronda de concesiones que el Estado español está realizando tanto a las comunidades de País Vasco y Navarra como a Cataluña y a las puertas de un cambio sustancial del régimen de financiación autonómica que, con toda probabilidad, implicará la extensión del modelo de concierto fiscal que rige en las primeras primero a Cataluña y, después, posiblemente, a otras comunidades.
En segundo lugar, el simple hecho de enarbolar este tipo de reivindicaciones que buscan dividir a los proletarios por su lugar de origen o de residencia, que tienen como objetivo reforzar las diferencias que existen entre los trabajadores de País Vasco y Asturias o entre los de Navarra y La Rioja, colocan a los trabajadores para los que se exige esta ventaja comparativa como apéndices de su propia patronal: el objetivo a lograr sólo puede ser mantener un estatus superior al del resto del proletariado que queda vinculado a las exigencias que la burguesía local impone a la central y, en todo caso, a las necesidades de la primera. Todo un pacto de solidaridad nacional que aboca a los trabajadores a la defensa de la economía vasca y navarra como manera de mantener una situación privilegiada.
Por supuesto, la reivindicación no se logrará. Ninguno de los sindicatos convocantes tiene fe de ningún tipo en ello y simplemente se trata de movilizar a un proletariado que en los últimos años está dando muestras de ser capaz de luchar en defensa de sus verdaderos intereses de clase para que se sume al proyecto regionalista de su patronal, su Parlamento y su burguesía. Pero aún con muy escasas posibilidades de éxito, el simple hecho de que los sindicatos vascos y navarros lancen una convocatoria de este tipo, que sin duda cuenta con la aquiescencia de las autoridades y de los empresarios, ya tendrá un efecto completamente negativo entre los proletarios. Y veremos a la llamada “mayoría sindical vasca”, que de alguna manera pretende ser una alternativa al sindicalismo de concertación de los grandes sindicatos CC.OO., UGT o CGT, imponer no una huelga de clase, sino una movilización por la unidad nacional y en defensa de los intereses inmediatos y generales del empresariado vasco. Todo un entrenamiento para cuando, llegado el momento, los proletarios sean llamados a hacer otro tipo de sacrificios por la economía patria.
Ante los intentos de estas organizaciones (y de aquellas de la izquierda parlamentaria y extra parlamentaria) que les hacen el juego, de vincular la defensa de las condiciones de vida de los proletarios al triunfo de una u otra política burguesa, en este caso de consolidar la descentralización también en el ámbito de la legislación laboral, resulta igualmente peligroso oponer un modelo centralizador y anti autonomista. Si las competencias en materia de Seguridad Social y trabajo continúan en manos del Estado central… ¡estarán igualmente en manos de la clase burguesa! Poca o ninguna importancia tiene que la burguesía explotadora sea española o euskaldún. Los proletarios no pueden depositar ninguna confianza en el enemigo de clase. Sólo su lucha, el enfrentamiento sobre el terreno inmediato -en defensa del salario, de la reducción de la jornada de trabajo, contra la nocividad en las empresas, contra los despidos, etc.-, que es donde se enfrenta tanto con la patronal de la Ikurriña como con la de la rojigualda, tiene algún valor a la hora de imponer sus verdaderas exigencias de clase. La centralización o la descentralización, la confederación o el Estado unitario… son cuestiones que no tienen ninguna importancia para los trabajadores. Pero no porque la cuestión política, la cuestión del Estado (con su legislación, su ordenamiento territorial, etc.) le deba resultar indiferente (¡todo lo contrario!) sino porque en los términos en los que se plantea el enfrentamiento entre esa burguesía vasca que tiene como aliados a ELA, LAB, etc. y la burguesía española… la victoria de ninguno de los dos bandos podría reportarle ningún tipo de beneficio. Tanto la consigna nacionalista, hoy aguada en formas de descentralización de tipo confederal, como la consigna de la unidad nacional son llamamientos que sus diferentes enemigos de clase lanzan para tratar de vincularlos a su campaña de guerra inter-burguesa.
Los proletarios del País Vasco y de Navarra han dado buenos ejemplos de lucha en los últimos años. El caso de Tubacex, en 2021, donde una huelga contra los despidos concitó la solidaridad y la organización de buena parte de los proletarios de la fábrica y fue ejemplo para trabajadores de otras muchas empresas y regiones, fue muy significativo. Como lo ha sido el de los trabajadores de Mercedes de Álava, que ya durante los primeros días de la pandemia dio ejemplo negándose a trabajar sin las medidas de seguridad necesarias. De hecho ambas fábricas, Tubacex y Mercedes, vuelven a afrontar conflictos ahora, en un ejemplo claro de que el proletariado debe luchar siempre y en todo momento, porque el enemigo que tiene enfrente siempre y en todo momento tiene dispuestas sus armas contra él. La lucha de clase, la que se libra en defensa de los intereses de los proletarios y sin vincular estos a ningún frente común con otras clases sociales, con la patronal, con la casta política, etc. es la única garantía, aún cuando sea muy débil, de lograr una victoria. La huelga prevista para el 17 de marzo va en contra de este espíritu de lucha… de hecho va encaminado a encarrilarlo por la vía muerta de la solidaridad entre clases.
Los proletarios del País Vasco han sido, históricamente, un ejemplo para los proletarios del resto del país. En sus acerías y en sus minas surgieron algunas de las luchas más fuertes de comienzos del siglo XX y, con ellas, los esfuerzos organizativos, tanto sobre el terreno sindical como sobre el político, de la clase trabajadora, que a través de ellos dio su contribución al resto de proletarios de otras regiones. Sin necesidad de irnos muy lejos, la huelga en la empresa Laminación de Bandas en Frío, que duró desde el 30 de noviembre de 1966 hasta el 15 de mayo de 1967, fue un revulsivo fundamental tanto para que los jóvenes proletarios que llenaban las fábricas del desarrollismo español se lanzasen a la lucha como para que los diferentes medios de enfrentamiento empleados (hojas de agitación diarias, comités y asambleas, ocupaciones de los locales del sindicato vertical…) se tomasen como algo común y necesario, difundiéndose con ellos formas organizativas que impulsarían las luchas del periodo.
Las décadas de derrota y desorganización que ha padecido la clase proletaria, la integración de sus organizaciones de clase (que tan sólo de manera embrionaria aparecían en los años de la huelga de bandas) de una manera u otra en el Estado, el virus democrático inoculado para justificar el evidente retroceso en sus condiciones de vida… y en el caso vasco y navarro el peso de un nacionalismo, pacífico y violento, que ha respondido a las necesidades de la clase burguesa vasca y española de esterilizar las fuerzas proletarias. Todo ello ha dado lugar a un terrible limbo de paz social en el que la burguesía impone continuamente sus dictados y los trabajadores deben resignarse a aceptarlos. En este política del trágala la divisa nacionalista, en cualquiera de las formas que ha adoptado, ha resultado de gran ayuda para neutralizar cualquier tipo de respuesta independiente de clase, sobre todo entre los estratos más avanzados del proletariado vasco.
El localismo, el corporativismo, el nacionalismo de cualquier tipo… siempre son armas en manos de la clase burguesa. Fomentan la competencia y el enfrentamiento entre proletarios, poniendo en el lugar de la solidaridad de clase, la unidad entre patrones y trabajadores. La forma democrática moderna, consolidada en la estructura autonómica del Estado y que se presenta como un avance frente a la centralización de décadas anteriores, cumple el mismo papel. Esto tanto la clase burguesa como sus aliados políticos y sindicales que llaman a los proletarios a movilizarse en su defensa, lo saben bien. Como bien saben que, cimentando la solidaridad interclasista de hoy, preparan a los trabajadores para los sacrificios que mañana les exigirán.
¡Contra todo tipo de nacionalismo! ¡Contra cualquier forma de solidaridad entre clases!
¡Por la solidaridad y la unidad de los proletarios de todas las regiones y países!
¡Por la lucha de clase intransigente!
¡Por la reconstitución del Partido Comunista, internacional e internacionalista!
24 de febrero de 2026
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