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Argentina: la victoria de Milei sólo garantiza la continuidad de la miseria y el aumento de la represión para los proletarios

 

 

 

Las elecciones argentinas del pasado domingo día 19 dieron como vencedor a Javier Milei, candidato de La Libertad Avanza, que se había presentado como una especie de outsider de la política tradicional. Histriónico y bufonesco a partes iguales, Milei ha hecho de las redes sociales y sus intervenciones más que grotescas en los medios de comunicación una especie de emblema, una bandera que pretende evidenciar su rechazo incluso a las formas tradicionales de la política. Y en buena medida ha sido gracias a ello, gracias a una imagen más que a un programa, a un escándalo permanente más que a una perspectiva de gobierno a medio plazo, que ha conseguido derrotar primero a Patricia Bulrich, candidata de la derecha tradicional aglutinada en torno a la Unión Cívica Radical, y después al candidato oficialista Alberto Fernández, ex ministro de finanzas en el gobierno peronista de los últimos años.

 

Finalmente, los resultados no han sido tan extraños como la prensa quiere hacer creer: Milei contará con solo 38 escaños de 257 en el Congreso y dependerá en todo momento de formar un bloque con la derecha tradicional de Masa, Macri y Bulrich para poder aplicar su programa de gobierno. En un esquema que resulta familiar también en España, los partidos “del cambio” se apoyan en las viejas estructuras políticas, a las que sirven realmente para mantener su poder.

 

La situación en la que Javier Milei llega al poder es crítica para Argentina. Después de cuatro años de un gobierno peronista que ha garantizado la continuidad de la dinastía Kirchner (primero Néstor, presidente del país de 2003 a 2007, después su mujer, Cristina, presidenta ella también desde 2007 a 2015 y vicepresidenta con el gobierno saliente) y la estructura socio política del peronismo “de izquierdas”, corrupta hasta la médula y basada en extensas redes clientelares fraguadas con los sindicatos y otros organismos civiles, la realidad del país ha empeorado a ojos vista. Es por ello que la candidatura del Alberto Fernández, señalado por su actuación en el gobierno como uno de los responsables de tal situación, ha sido capaz de reunir en su contra tanto a La Libertad Avanza como a la parte de la Unión Cívica que controla el expresidente Macri, que ha cedido medios, dinero e infraestructura al pequeño partido “ultra-liberal”.

 

Desde el punto de vista económico, la situación es la peor que ha vivido Argentina en los últimos cuarenta años, lo cual es mucho decir. La inflación habrá experimentado, en diciembre de este año, una variación interanual del 210%; el bajo valor del peso encarece increíblemente las importaciones, fundamentales en un país que es un importador neto de productos industriales, tecnológicos e incluso agrícolas; la pobreza, en fin, ha crecido en todo el país y más del 20% de la población no alcanza a tener los productos mínimos indispensables para vivir, habiéndose reportado, en los últimos años fallecimientos de niños por hambre. Las medidas emprendidas por el gobierno peronista no han aliviado esta situación. Por un lado, la actuación del banco central colocando letras como compensación para que los bancos comerciales obtengan depósitos en pesos no ha hecho sino aumentar las tensiones inflacionarias debido a la expansión de su pasivo financiero y de los intereses que paga por él. Por otro lado, las obligaciones contraídas por el Estado con el FMI, constriñen la economía y obligan al propio FMI a señalar en su nota de julio de este año, que el país no está en condiciones de cumplir con las exigencias que impone el acceso al Servicio Ampliado del Fondo. Finalmente, la sequía, la peor en décadas, ha afectado con especial dureza a un país que basa buena parte de su economía en la exportación de productos agrícolas.

 

Ante esta situación política y económica, la aparición de Milei como una especie de figura rutilante de la política nacional, como alguien que venía de fuera de la “casta” (es profesor de economía de profesión y está ligado a la corriente austriaca, de por sí una corriente marginal dentro del propio pensamiento económico burgués) parece como el remedio radical que hacía falta. Y esto, en primer lugar, por un discurso anti casta, tan querido a los populismos de izquierda y derecha, y por la referencia al Estado profundo como el verdadero origen del malestar social, unido en este caso a una exigencia de corte ultra liberal acerca de la necesidad de reducir el propio Estado a su mínima expresión. Y en segundo lugar, por sus invectivas económicas, acerca de la necesidad de dolarizar la economía, de suprimir el propio Banco Central, de privatizar todas las empresas públicas, etc. Son estas salidas de tono respecto junto con el carácter bufonesco del personaje, las que han llamado la atención de la prensa internacional y las que han fraguado el aura de personaje providencial que el acompaña.

 

Pero ¿qué es lo que se puede esperar de Milei? Como en el resto de países donde una figura de este tipo ha triunfado (Brasil con Bolsonaro, EE.UU. con Trump, Italia con Meloni o Wilders en los Países Bajos), en primer lugar va el autoritarismo, la promesa de endurecer la ley, de perseguir el crimen y la subversión, etc. No en vano Milei, detractor del Estado en sus discursos, no ha tenido sino parabienes para la policía argentina, que, junto al ejército, tiene un larguísimo historial de asesinatos a sus espaldas. Esta llamada al orden, banderín de enganche de la pequeña burguesía que reclama paz contra la tensión social que las recientes crisis capitalistas han hecho aflorar, es la consigna principal y a ella se supedita el resto. Es por eso que, como segunda del nuevo Gobierno y más allá de las soflamas “anarco capitalistas” Milei ha puesto a Victoria Villarruel, un elemento vinculado a la extrema derecha nacional y defensora de la dictadura de Videla. También en este sentido marcha la crítica a la “casta” que el nuevo gobierno lleva en su mismo programa:  la idea de una reforma gubernamental que se base en el orden y en la mano dura es muy querida por esa pequeña burguesía que, aplastada por la gran burguesía y su Estado, fantasea con que son las tramas negras, las familias o los clanes políticos y no el implacable curso económico y social del capitalismo los que la destrozan y reducen a la miseria.

 

En segundo lugar, las reformas económicas propuestas por Milei se encaminan en el sentido de liberalizar el sector público (especialmente YPF, aerolíneas y la televisión pública) como manera de contener el gasto. En esto, el mensaje se ha suavizado nada más llegar al poder: de los excesos verbales de la campaña se ha pasado al “primero sanear, luego vender” que perfectamente puede significar no vender nunca, porque a esa “casta” que se corresponde con la alta burguesía nacional quizá no le interese hacerlo. En cualquier caso, la larga cadena de privatizaciones a la que hemos asistido en los últimos cuarenta años en todos los países capitalistas muestra que estas suponen una cesión de aquellos sectores o empresas rentables al capital nacional o internacional sin que, a medio plazo, el gasto del Estado se haya reducido en términos globales. El Estado burgués es, desde su nacimiento, el principal agente en términos de propiedad, capacidad de intervenir en el mercado, etc. del capitalismo. El incremento sistemático del gasto público, del presupuesto que consume, es un hecho inapelable que se deriva de su necesidad de intervenir en cada faceta de la vida social en el mundo burgués y no existe ni existirá un gobierno capaz de evitarlo, ni en el supuesto caso de que lo quisiera… algo que nunca sucede.

 

Respecto a los ajustes financieros, encaminados a estabilizar la situación del peso frente al dólar para, desde ese momento, poder intervenir para paliar la inflación galopante que sufre el país, se les puede augurar un éxito relativo y temporal. Si bien las medidas de liberalización cambiaria (en Argentina hay varios tipos de cambio peso-dólar, con una diferencia de varios miles entre la oficial y la, mucho más realista, del mercado negro), incluyendo todos los ajustes necesarios encaminados a reducir las obligaciones del Estado que contribuyen a depreciar el peso, pueden tener el efecto deseado, la causa de la inflación en Argentina, que es un fenómeno crónico, está en la estructura productiva del país: la relativa ausencia de una industria nacional fuerza a importar casi todos los productos elaborados y obliga a depender, como contra parte, de las exportaciones agrícolas. Los ajustes fiscales y monetarios no van a modificar esa situación y la idea de que inaugurarán una especie de círculo virtuoso que incrementará la entrada de dólares al país y que esto supondrá un bálsamo para la situación que se vive será, en el mejor de los casos, una situación sumamente frágil y que se podrá revertir en cualquier momento.

 

¿Qué se puede esperar realmente de Milei y su gobierno? Los ajustes económicos se van a realizar contra el proletariado y contra la gran masa de población empobrecida que puebla la periferia del gran Buenos Aires y del resto de grandes ciudades del país. La “disciplina fiscal” va a significar, a medio plazo, grandes exigencias a la clase obrera, que verá como el gasto recortado es el de los miserables subsidios de los que hoy malvive una buena parte de ella. Además, la reforma financiera va a encaminarse, sin duda, a la contención salarial, sobre la que se intentará contener la devaluación del peso y la inflación. Y si finalmente las reformas se encaminan hacia la dolarización de la economía, este descenso de los salarios será aún mayor porque se fijarán en dólares forzosamente a la baja.

A esta situación, tal y como prometió Milei en campaña, va a acompañar un endurecimiento de la represión contra los sectores organizados de la clase proletaria, aún cuando lo estén bajo la batuta de las organizaciones sindicales colaboracionistas o del peronismo. Piqueteros, huelguistas, obreros organizados en torno a cooperativas… estarán en el punto de mira continuo del nuevo gobierno que dará ejemplo con ellos para que sus medidas no sean respondidas por el resto de los proletarios. Mientras tanto, que nadie lo dude, la “casta” política, sindical, etc. permanecerá intacta, presta a tomar el relevo en el gobierno cuando Milei caiga.

 

El gobierno de Milei es otro jalón en un camino que en cierto modo comenzó en 2001, con las revueltas sociales causadas por la crisis económica y el corralito. Estas revueltas tuvieron un marcado carácter interclasista, por tanto confuso y falto de perspectiva (recuérdese la imagen del Congreso asaltado por una masa que llevaba la bandera nacional a la cabeza), pero en ellas pudo expresarse, si bien de manera muy limitada, un sector de la clase proletaria que tendía, instintivamente, a romper tanto con la dirección democrática de las revueltas como con las organizaciones tradicionales del sindicalismo oficial (CGT) y con los partidos peronistas. Estas tendencias fueron rápidamente ahogadas tanto por el esfuerzo de la represión estatal como por la política de colaboración con la burguesía que desde la izquierda oficialista hasta la extrema izquierda trotskista impusieron. El kirchnerismo, forma especialmente aberrante de ese socialismo del siglo XXI que el oportunismo blandía en aquellos años, fue la salvación de una burguesía que no lograba, hasta entonces, mantener ni uno solo de sus gobiernos. Desde entonces, tanto la crisis estructural del país como la cada vez peor situación internacional, han ido desbrozando el camino para una salida como la que hoy propone Milei.

 

Los proletarios argentinos, para los que hoy se abre un periodo dificilísimo porque la burguesía ha pasado de la política del palo (cada vez más) y la zanahoria (cada vez menos) a la amenaza abierta, podrán sacar las lecciones de esta situación sólo si rompen con la terrible influencia que el nacionalismo y el democratismo ejercen sobre ellos a través de las organizaciones oportunistas políticas y sindicales. Si combaten contra la ofensiva burguesa no encuadrados en las organizaciones que hasta el día de hoy les controlan y que sólo garantizan la derrota ante cualquier exigencia por parte del enemigo, sino con sus propios medios y métodos, con su organización independiente sobre el terreno de la lucha inmediata, buscando romper no sólo con la inercia que en el momento actual les impide reaccionar sino con la gran fuerza que representa la contrarrevolución que domina desde hace décadas.

 


23 de noviembre de 2023 

Partido comunista internacional 

(El proletario) - https://www.pcint.org/

 

 

NO somos profesionales del periodismo (y mucho menos "de la revolución"). No somos tampoco "originales" - ni lo pretendemos. Esto es un medio para la lucha, medio de contrainformación, de reflexión. Y de memoria.

Los días se pasan con escasos momentos para hacer lo que realmente deseamos y podemos. Pero somos fieles (¡debemos serlo!) a nuestra memoria, y siquiera en un instante de este tráfago, debemos recordar y extraer las lecciones de nuestro pasado, del pasado de nuestra clase, para la lucha de la clase en el presente. Esta entrada está construida de esas voces y esos ecos...  por la memoria de la clase, proletaria, anticapitalista. 




LA MEMORIA ES UN ARMA... 

 

Tal día como hoy, el 3 de marzo de 1976, en el barrio de Zaramaga (Gasteiz, EH), se escribía una importante página de la historia roja de Euskalherria y del Estado español. Roja por la sangre de nuestros caídos; y roja por la respuesta -de dignidad y lucha- de nuestra clase. 

"Cuando pronunciamos los nombres de Pedro María Martínez Ocio, Francisco Aznar Clemente, Romualdo Barroso Chaparro, José Castillo y Bienvenido Pereda no es solo para conmemorarles, sino para mantener viva esta memoria colectiva, para mantenerlos vivos en la memoria de lucha. Porque la memoria no es simple recuerdo del pasado, sino que es un arma de lucha - lucha contra el olvido, la desmemoria y la despolitización de la historiografía burguesa -, es el hilo rojo que vinvula nuestras luchas pasadas con las presentes y futuras, esa mirada hacia el pasado que nos sirve como brújula contra el presente y nos ayuda a caminar hacia el futuro. A eso sirve la memoria colectiva: no a contemplar el pasado, sino a luchar en y contra el presente.

Los caidos en la guerra de clase - al contrario que las víctimas - no mueren nunca: vivirán en la memoria y en las luchas, vivirán hasta que haya lucha, vivirán en cada lucha.
Romualdo, Pedro, Francisco, Bienvenido y José Miguel siguen viviendo y siendo la brújula que marca el horizonte (rojo) para Euskalherria [y para el Estado español]: están vivos en las luchas por los derechos de los trabajadores y en las luchas contra el trabajo asalariado". 

[InurriGorria]

 
 

Vitoria, 3 de marzo, por una memoria de clase anticapitalista:

"Tres fueron los muertos esa tarde. Y dos más a lo largo de las horas siguientes. En total, cinco obreros asesinados por la Fuerza Pública, caídos bajo los disparos. Pedro María Martínez Ocio, Francisco Aznar, Romualdo Barroso, José Castillo y Bienvenido Pereda, esos son sus nombres. Más tarde, se sumaron dos más: Vicente Antón Ferrero, en Basauri, y Juan Gabriel Rodrigo, en Tarragona, asesinados durante sendas movilizaciones de solidaridad con Vitoria. Y aún hubo otro, en Roma, abatido por los Carabinieri durante el acto de repulsa frente a la embajada española. Al balance final, además de las muertes, hay que añadir más de un centenar de heridos de diversa consideración, muchos de los cuales han sufrido las consecuencias de sus heridas durante toda la vida". 

LEER MÁS: https://valladolorentodaspartes.blogspot.com/2020/03/vitoria-3-de-marzo-por-una-memoria-de.html

 

Aquello de Vitoria había que pararlo, eran pequeños soviets que se estaban formando:

"Al final de todo el proceso, cuando vino la masacre, hubo muchas asambleas, reuniones por barrios, reuniones en iglesias, predicaciones de curas, bueno, todo un tejido que, al final, esa batalla yo creo que estaba ganada, porque fueron muchas las asambleas, los debates. Al final, pues ya lo sabéis, no podían tolerar aquello. El día 3 de marzo era huelga general, todo paralizado en Vitoria, enfrentamientos con la policía desde la mañana y, al final, no podían tolerar aquella asamblea general que celebrábamos a la tarde, la policía empieza a reprimir. Unos dentro, otros fuera, porque empieza a reprimir antes de tiempo, antes de que todos hubiéramos llegado a la asamblea general. Las comisiones representativas estábamos reunidos en otro lugar, íbamos hacia la asamblea, porque las comisiones representativas coordinábamos un poco, nos reuníamos antes para ver qué había pasado en las asambleas, etc, total, que la policía empieza a reprimir y hay 5 muertos y más de 100 heridos de bala y un montón de detenidos. Esta es un poco la historia, la síntesis de la batalla de Vitoria. Después de eso, el proceso siguiente, en el capítulo de errores de la batalla de Vitoria, de todo aquel proceso, es que, visto muy a distancia, no esperábamos los trabajadores de Vitoria que estábamos en aquella pelea que el final pudiera ser eso, a pesar de estar todos los días peleando con la policía, a pesar del desarrollo de tipo ideológico y en los debates, etc, no esperábamos que el final pudiera ser tan trágico. Y el final es que las balas, los muertos, revientan el proceso asambleario y, como no había forma, por los muertos, por los detenidos, termina el proceso autónomo, asambleario, porque las balas ahogaron las palabras y las asambleas".

LEER MÁS: Todo el poder a las asambleas: https://valladolorentodaspartes.blogspot.com/2018/03/3-de-marzo-aquello-de-vitoria-habia-que.html

 

"La clase obrera no esperaba de la Comuna ningún milagro. Los obreros no tienen ninguna utopía lista para implantarla "por decreto del pueblo". Saben que para conseguir su propia emancipación, y con ella esa forma superior de vida hacia la que tiende irresistiblemente la sociedad actual por su propio desarrollo económico, tendrán que pasar por largas luchas, por toda una serie de procesos históricos, que trasnformarán las circunstancias y los hombres. Ellos no tienen que realizar ningún ideal, sino simplemente dar suelta a los elementos de la nueva sociedad que la vieja sociedad burguesa agonizante lleva en su seno". 

(Manifiesto del Consejo General de la AIT sobre la Guerra Civil en Francia en 1871, K. Marx).

 

 

Otras informaciones y enlaces:

Manifestación en Gasteiz, hoy: https://twitter.com/IAGasteiz/status/1367122568352776195?s=19

Unidos por un sueño (documental): https://valladolorentodaspartes.blogspot.com/2019/03/valladolid-293-documental-vitoria-3-de.html

40 aniversario de los asesinatos del 3 de marzo: https://valladolorentodaspartes.blogspot.com/2016/03/40-aniversario-de-los-asesinatos-del-3.html

 


 

Un tsunami llamado 5G




Fuente: Grupo ETC/ Algrano


Una forma de favorecer exponencialmente las ganancias para los que fabrican y comercian objetos «conectados»


El mundo feliz del siglo XXI es un mundo conectado. Tiene refrigeradores que avisan a nuestro teléfono móvil que falta leche o se está pudriendo una lechuga –mejor aún, avisa directamente a la multinacional Amazon u otra red de ventas electrónicas que lo incluya en la entrega semanal. Pañales con chips que avisen que hay que cambiar al bebé, zapatos que miden cuántos pasos damos, ropa con chips que interactúan con teléfonos y monitorean nuestros movimientos y estado de salud, y muchas otras formas digitales y robóticas de que las cosas se comuniquen entre sí e intercambien información sobre nosotros para las empresas.
El Internet de las Cosas se trata justamente de comunicar objetos, no personas, explicó Andrés Barreda, profesor e investigador de la UNAM, en el seminario Navegar la tormenta digital, que realizaron la Red Social de Evaluación de Tecnologías en América Latina y otras organizaciones los pasados 19 y 20 de noviembre. Una forma de favorecer exponencialmente las ganancias para los que fabrican y comercian esos objetos, mientras al mismo tiempo mina la comunicación real entre seres humanos y las relaciones comunitarias que son el sustento para entender, dar significados y pensar cómo cambiar la realidad y qué necesitamos realmente (https://tinyurl.com/wxm24ec).
En esta visión de un mundo hiperconectado también nuestros cuerpos pasan a ser objetos de monitoreo, obtención de datos e intervenciones, en lo que la industria de la salud (farmacéuticas, fabricantes de dispositivos médicos, vendedores de atención médica) llaman Internet de los cuerpos.
La distopía de hiperconexión global de las cosas, cuerpos y capitales avanza a pasos acelerados, aunque por ahora la mayoría sólo vemos fragmentos. Como arañas en la red global dominan siete empresas de plataformas electrónicas: Microsoft, Apple, Amazon, Alphabet (Google), Facebook, Alibaba, Tencent. Son las que pueden gestionar los gigantescos volúmenes de datos digitales que estas nuevas formas de (in)comunicación conllevan y los sistemas de inteligencia artificial para poder lucrar con ellos. Alibaba y Tencent tienen sede en China. Las demás, en EEUU. Todas están entre las 10 empresas de mayor capitalización de mercado a escala global. Este mes Amazon superó a Walmart como el mayor vendedor minorista a nivel internacional.
Un aspecto central y clave de estos desarrollos –que avanzan sin supervisión ni regulación pública­­­– es el aumento de la conectividad electrónica. Por ello, las redes de comunicación 5G son claves y merecieron una sesión especial en el seminario aludido. El nombre se refiere a la quinta generación de comunicación electrónica y remite a las anteriores 2G, 3G y 4G, que conectan teléfonos móviles. No es apenas una actualización, sino una ruptura cualitativa en la forma de trasmisión y los impactos que tendrá, tanto económicos como ambientales y en la salud.
Con las redes 5G se pretende obtener mayor capacidad para trasmitir datos (volúmenes de 20 a 40 veces superiores), menor latencia (demora en recibir/enviar datos) y continuidad de conexión en cualquier parte.
Las redes 5G usarán ondas de transmisión milimétricas, mucho más cortas que las que están en uso, con mayor densidad, pero corto alcance. Requieren, entonces, torres de recepción/emisión cada 100 metros, que deberían ser instaladas cada 10-12 casas. Para garantizar las condiciones nombradas, la propuesta de las empresas es instalar además 20 mil sátelites de baja altura que se comunicarán con esas torres. Todo esto significa que el nivel de radiación electromagnética a que estaremos expuestos en todo el planeta, cada ser vivo y ecosistema, aumentará exponencialmente, con mucho mayor densidad de onda, durante las 24 horas del día y los 365 días del año.
Aunque existen cientos de estudios científicos que indican que las radiaciones de la telefonía móvil y wifi tienen efectos negativos en la salud de humanos y animales, incluso potencialmente muy graves como cáncer, industria y gobiernos han contestado al debate sugiriendo usar audífonos para evitar el contacto directo, conexiones por cable en escuelas, bibliotecas y otros centros públicos, apagar las fuentes de emisión en la noche, limitar tiempos de exposición, etcétera. Pero con las redes 5G los impactos se multiplicarán enormemente, ya que al estar en medio de las zonas de trasmisión entre la atmósfera y los millones de aparatos conectados todo el tiempo la radiación no será manejable de forma individual ni local.
Ariel Guzik, artista, científico, médico e inventor, quien desde su Laboratorio de Investigación en Resonancia y Expresión de la Naturaleza se ha dedicado a escuchar y dialogar con los sonidos de la naturaleza, explicó cómo las redes 5G tienen un gravísimo potencial de disrupción en el campo magnético de la Tierra, cuyas ondas son esenciales, entre otras cosas, como guía de animales migratorios y la sobrevivencia de muchas especies.
Ante la gravedad de los impactos en salud y ambiente, un grupo internacional de científicos lanzó en 2015 un llamado a Naciones Unidas para detener el despliegue de 5G, que actualmente han suscrito expertos y organizaciones de más de 200 países. (https://tinyurl.com/ujkq3rp). Pese a ello, sigue avanzando acríticamente el despliegue de 5G. Urge el análisis, debate y acciones colectivas sobre este y otros aspectos de la tormenta digital empresarial a la que estamos sometidos.



Ni twitter, ni facebook, ni whatsapp, ni ninguna de las múltiples redes sociales que nos rodean han venido para ayudar a luchar a la clase obrera. Hubo un tiempo en el que pudieron servir para informar y para informarse, pero se han convertido en un freno, una invitación al inmovilismo, a la acción directa desde el salón: firma contra ..., haz click en Me gusta... son las formas en las que hoy quieren que luchemos, lo próximo ¿manifestaciones virtuales?, ¿pancartas holográficas? ¿Manifiestos por video-conferencia? 

La conciencia de clase no se puede instalar en una aplicación en el móvil. Y ya todo lo que no aparezca en el móvil prácticamente no existe. Para muchos millones de personas es inimaginable vivir sin móvil. El móvil es ya el elemento más importante de la conciencia individualista, y lo normal es dedicarle de 5 a 6 horas diarias. El tiempo que a estas alturas deberían tener nuestras jornadas laborales si hubiéramos luchado organizadamente lo suficiente. A la vez que nos enfrascamos, cada vez más, en las modernas redes sociales, se precarizan y empobrecen nuestras condiciones laborales y nuestra vida. 

La conciencia de clase es todo lo contrario. Saber y reconocer que solamente solucionaremos nuestros problemas si los afrontamos colectiva y organizadamente. El envejecimiento de las organizaciones alternativas es preocupante, al igual que es preocupante el estado de la clase obrera, nuestra falta de potencialidad y de lucha, junto al conformismo más sedentario están acabando con la poca resistencia que presentamos ante una sociedad cada vez más cegada por lo que aparece en la pantalla del móvil, en la página de Facebook, en la frase del Twitter o en la foto del Instagram. 

Extraído de CONTRAMARCHA nº 78.


 



NUEVO GOBIERNO DEL PSOE

Tras la crisis de gobierno late la verdadera crisis política y social que la burguesía es incapaz de aplacar. El circo parlamentario y electoral sólo puede garantizar al proletariado miseria y opresión.




Han bastado unos pocos días para que el Gobierno del PP, con Rajoy a la cabeza, haya pasado de ser el garante de la estabilidad institucional en España, el gobierno de la “recuperación” económica y el campeón en la defensa de la unidad nacional a un simple deshecho del que sus propios aliados, nacionales e internacionales, se han librado sin más miramientos. Desde la sentencia del caso Gürtel toda la prensa burguesa del país, unida a todos los partidos parlamentarios a excepción del PP, esperaba la caída del presidente del Gobierno y su sustitución, rápida e indolora, por alguno de sus lugartenientes que no estuviese implicado directamente en la trama corrupta. Hasta el último momento del último día de la moción de censura se especuló con la posibilidad de que el presidente Rajoy dimitiese dando lugar al nombramiento de un nuevo gobierno por orden del Rey y sin necesidad de recurrir a que el Parlamento se viese obligado a nombrar, por su cuenta, a uno que sólo podía sustentarse en una precaria mayoría creada por el apoyo de los partidos vasco y catalán, de Podemos y del propio sector del PSOE que es crítico con Pedro Sánchez. Pero en este caso no ha sido posible, finalmente el gobierno Rajoy cayó y el PSOE no ha tenido otra opción que auparse al poder. El editorial de El País, vale decir la sección de directrices que diariamente le publica este periódico al Banco Santander y al resto de las grandes empresas industriales y financieras españolas, pasó del Rajoy debe irse al Pedro no debe tardar en irse, en tan sólo un día, el que hizo falta para comprobar que sólo mediante la intervención hasta el final del PSOE con su moción de censura podría llevar a cabo la operación de desalojo.
 
Pero por debajo de nombres, siglas y acontecimientos esperpénticos, late una verdadera crisis política y social que, desde hace ocho años, dificulta la gobernabilidad del país impidiendo el funcionamiento “normal” de las instituciones y trayendo un sobresalto detrás de otro. La crisis económica que desde 2007 a 2014 asoló el país es la responsable de esta ingobernabilidad y hoy la precaria recuperación que es ensalzada por todos los grupos políticos, la prensa y las mismas instituciones del Estado como recompensa a los sacrificios que la clase proletaria se ha visto obligada a hacer, hereda tanto unos fundamentos económicos extremadamente débiles como un ámbito político difícilmente estabilizable.
La burguesía lucha. Lo ha hecho, históricamente, contra las clases feudales, aristocráticas y eclesiásticas que taponaban su acceso al poder una vez los fundamentos del capitalismo estaban lo suficientemente desarrollados. Entonces, las crisis económicas, crisis causadas por el agotamiento de las relaciones sociales feudales que constreñían el modo de producción mercantil/capitalista sirvieron de acicate para que la burguesía colocase bajo su bandera a la clase proletaria, que junto al campesinado acabo haciendo de ariete en los sucesivos asaltos al poder aristocrático. De esta primera lucha, todas las burguesías pasaron inmediatamente a una de nuevo tipo: aquella que le enfrenta desde entonces tanto con otras burguesías que compiten con ella (por mercados, recursos, beneficios y, en definitiva, por el dominio del propio poder nacional y el predominio en el ámbito internacional) como con la clase proletaria, a la que el capitalismo en todas y cada una de sus fases, de la mercantil a la imperialista, sólo ha traído un tipo de miseria y un grado de explotación siempre creciente. La burguesía siempre ha prometido paz, siempre se ha hecho garante de la estabilidad y ha colocado en su bandera la consigna de la paz…Pero jamás, jamás ha sido capaz de proporcionar algo que no sea enfrentamientos, guerra, destrucción y muerte. Guerras, comerciales larvadas o abiertamente declaradas, encaminadas a aplastar a sus competidores y rivales, para hacerse con su botín y someterlos, han sido la constante de la vida sobre el planeta desde que la burguesía ocupo el lugar de clase dominante. Destrucción de recursos de riqueza, y sobre todo, de mano de obra sobrante cada vez que las crisis económicas, infinitamente más intensas que aquellas del régimen feudal precedente lo han hecho necesario. Enfrentamiento continuo en una sociedad en la cual las clases contradicciones sociales, lejos de desaparecer, se acentúan a cada momento.
 
Es sobre este magma de guerra continuada, de guerra sucia larvada o abierta que se asientan los fenómenos superficiales de la sociedad, incluso los más accesorios, que nunca pueden explicarse desde el punto de vista de la lucha de ideas u hombres porque responden a fuerzas de alcance mucho mayor como son los potentísimos movimientos de las clases sociales en lucha. Si España se ha vuelto un país difícilmente gobernable con los métodos que venían siendo habituales desde 1975, si la propia unidad del país ha vuelto a ponerse en cuestión desbaratando el pacto institucional de 1978 o si el hasta ayer régimen parlamentario bipartidista ha reventado, las causas están en la verdadera crisis social que corre por sus arterias.
 
Desde 2007, la crisis económica supuso la puesta en cuestión del equilibrio constitucional del país. La drástica caída del beneficio capitalista, que se llevó por delante al “milagro español”, lanzó a la lucha a todas las facciones de la burguesía española, que movilizaron todas sus fuerzas para garantizarse su cuota de mercado frente a las rivales. Para quien no lo recuerde, baste señalar que el inicio de la “cuestión catalana” no está en el “nacionalismo” histórico, sino en la negativa por parte del Estado central de conceder a Cataluña un régimen tributario similar al de País Vasco. La emergencia de corrientes políticas como la CUP, el referéndum o la intervención del gobierno central mediante el artículo 155 son episodios de una batalla librada únicamente en torno a quién se queda con los réditos extraídos de la explotación de la clase proletaria.
 
En un primer momento el gobierno del Partido Popular fue la respuesta impuesta por el conjunto de la burguesía a una situación de crisis y emergencia: la necesidad de obedecer a los dictados de las principales potencias imperialistas, que tenían en España buena parte de sus inversiones internacionales, obligó a un “gobierno fuerte” que, además, pudiese dar una respuesta contundente a los esporádicos brotes de respuesta por parte de la clase proletaria a las medidas anti obreras que fueron impuestas. Pero esta respuesta tuvo eficacia durante apenas cuatro años: el incremento de la tensión social, las fuertes tendencias centrífugas auspiciadas por la burguesía y la pequeña burguesía catalana, la necesidad de incluir a nuevas corrientes políticas representantes de la pequeña burguesía urbana en las instituciones como manera de reforzar el dominio ejercido sobre la clase proletaria… dieron lugar a la fragmentación política que, en las elecciones de 2016, impidió la formación de un gobierno estable en un Parlamento que no tenía fuerza ninguna y sin el que se ha gobernado desde entonces. El precario equilibrio del gobierno surgido tras las segundas elecciones de 2016, capitaneado por el PP y apoyado por Ciudadanos, ha constituido el intento de la burguesía financiera y aquella ligada a la exportación de capital, de imponer una fuerte tendencia centralizadora contra todas las resistencias “periféricas” que las diferentes burguesías locales presentaban, tanto en el ámbito de la lucha autonómica como en el terreno municipal de las grandes capitales españolas. Pero, desde hace varios meses, era evidente que el Partido Popular había fracasado a la hora de encabezar esta corriente, entre otras cosas debido a su incapacidad para movilizar las fuerzas necesarias para hacerlo visto su descrédito judicial. La llamada “operación Ciudadanos”, movimiento auspiciado con el objetivo de llevar al gobierno al “patriota” Albert Rivera y su improvisado grupo de parlamentarios, parecía que iba a tener un éxito fulgurante dada la complicidad con la que contaba entre el estamento judicial, la prensa, etc. Pero, naturalmente, las mismas fuerzas en liza a las que esta operación buscaba dejar fuera de juego, han respondido con un frente unido que ha logrado ganar la partida y, por el momento, imponer un gobierno socialista sustentado por la mayoría parlamentaria pero sin ninguna fuerza. No se trata, de ninguna manera, de una victoria “progresista” o “contra la alta burguesía”, como vaticinaba Pedro Sánchez hace dos años, sino de un resultado simétrico al que se buscaba con el ascenso de Ciudadanos al gobierno: todos ceden, el PSOE gobierna y la experiencia de décadas al frente del Estado puede dar lo que los apoyos no permiten.

 
Los proletarios no pueden esperar nada bueno de este cambio de gobierno. Si el gobierno del PP había recrudecido las leyes represivas contra ellos, el PSOE a buen seguro que las mantendrá. Si el gobierno del PP puso en marcha las reformas laborales y de las pensiones que han traído el marco legal para el brutal empobrecimiento de los trabajadores que hemos visto en los últimos años, el PSOE no moverá un dedo para revocarlas. Es más, a buen seguro el PSOE capitaneará o preparará el medio para que otro capitanee las nuevas medidas anti proletarias que la débil “recuperación” económica exige. La estabilidad que promete el PSOE es la estabilidad que requieren los capitalistas para hacer sus negocios obteniendo de estos el máximo beneficio posible. Si el gobierno llega a consolidarse, lo hará sobre las espaldas de los proletarios y en la medida en que pueda garantizar a la burguesía el marco político que necesita para imponer sus exigencias. Si no llega a hacerlo, este interregno únicamente servirá para preparar el campo a quien si esté en condiciones de dar esas garantías.
 
La farsa democrática vuelve a poner toda su maquinaria en marcha. Si dos años de Podemos en el Parlamento y cinco de candidaturas de Unidad Popular en ayuntamientos y Comunidades autónomas estaban mostrando a la clase proletaria la inutilidad de cualquier intento de politiqueo parlamentario, ahora vuelve a patrocinarse de nuevo la gran esperanza blanca de la regeneración democrática, un gobierno socialista que limpiará la instituciones y restablecerá a la democracia como garante de la paz social. Pero el que la burguesía deba recurrir cada vez con más frecuencia a este tipo de maniobras, el que todos los partidos que dicen representar a los proletarios deban plegarse cada vez con más frecuencia ante juegos que de ante mano se muestran inútiles, indica que, lentamente, el margen de maniobra con el que el engaño democrático y electoral cuenta va desgastándose.
 
Mientras en España la crisis de gobierno ocupaba todas las noticias, la Unión Europea avisaba de que respondería a los aranceles impuestos por EE.UU. con los suyos propios, continuando una guerra comercial que enfrenta a las principales potencias imperialistas, China incluida. Indudablemente se avecinan tiempos difíciles en los que la clase proletaria será llamada a participar junto a su burguesía en la defensa de los intereses nacionales, de la economía de la patria y del Estado. Para ello el juego democrático cumplirá el papel de engatusar a los proletarios, en apartarles del terreno de la lucha de clase en defensa de sus intereses para llevarles al redil de la colaboración interclasista. La crisis social que se manifiesta en la crisis parlamentaria pronto exigirá nuevos sacrificios a la clase trabajadora y los gobiernos progresistas y sus amigos serán, con toda probabilidad, los encargados de imponerlos.
Frente a esto, el proletariado sólo tiene una vía: abandonar cualquier esperanza en que las vías democráticas y la colaboración entre clases pueda darle alguna solución a una situación cada vez peor, retomar el terreno de la lucha clasista, comenzando por el más inmediato, la defensa de sus condiciones de supervivencia, en el puesto de trabajo y en los barrios que habita. En esta lucha, la clase proletaria no tendrá aliados. No vendrán a socorrerla los “ayuntamientos del cambio” ni los gobiernos progresistas, sólo su lucha decidida, que parta del terreno más concreto e inmediato, pero que debe ser capaz de elevarse al rango de la lucha política, de la lucha contra el conjunto de la burguesía, puede colocarse en una perspectiva de victoria de la lucha de clase y revolucionaria.

 
¡Contra el circo electoral y cualquier gobierno burgués, sea este conservador o progresista!
¡Por la reanudación de la lucha de clase!
¡Por la reconstitución del partido comunista internacional!


Partido Comunista Internacional (El Proletario)
4 de junio de 2018
       www.pcint.org










8 DE MARZO, DÍA DE LA MUJER PROLETARIA
LA HUELGA ES UN MÉTODO PARA LUCHAR CONTRA LA CLASE BURGUESA, NO UN ACTO SIMBÓLICO DE “UNIDAD FEMENINA” ENTRE MUJERES EXPLOTADAS Y MUJERES EXPLOTADORAS.
SÓLO LA LUCHA DE CLASE DA A LOS PROLETARIOS DE AMBOS SEXOS LA OPORTUNIDAD DE EXTIRPAR LAS RAÍCES DE LA EXPLOTACIÓN Y LA OPRESIÓN.

En la sociedad capitalista, la mujer proletaria ocupa un lugar especialmente difícil. Por un lado sufre, al igual que los proletarios varones, la explotación vinculada al trabajo asalariado. Desde hace al menos cincuenta años, la mujer proletaria en España ha sido arrojada al mercado laboral, como consecuencia del incremento del tamaño del capital productivo y del consiguiente descenso de los salarios. La fuerza de trabajo femenina ocupa, desde entonces, el mismo papel que la fuerza de trabajo masculina: mano de obra que explotar durante los periodos de bonanza económica y a la que arrojar al basurero cuando las crisis cíclicas del capitalismo la vuelven sobrante. Con el agravante de que esta fuerza de trabajo femenina se enfrenta a condiciones especialmente duras de explotación: ocupa los trabajos peor remunerados, con las peores condiciones de trabajo, sufriendo la precariedad y la inestabilidad de manera continuada… En todo ello no hay ningún misterio, los patrones no “odian” a las mujeres, no les deparan esta situación por el hecho de no ser hombres ni con el fin de perpetuar su situación de subordinación social. El capital, sencillamente, sigue la línea de menor resistencia, sobreexplota la mano de obra femenina porque de esta manera logra extraer mayor plusvalía, utilizando una fuerza de trabajo que resulta ser más maleable y a la que su condición social le vuelve más débil. En este hecho, no hay ningún matiz moral, las bases materiales de la explotación son leyes universales que rigen para la fuerza de trabajo proletaria independientemente de su sexo y, en el caso de la mujer, el que estas rijan con una dureza especialmente lacerante se debe al papel que la sociedad burguesa, desde antes que la mano de obra femenina apareciese masivamente en el mercado de trabajo, ha reservado siempre a la mujer: es esta situación de especial debilidad la que la vuelve una presa fácil de las exigencias del capital y estas, a su vez, consolidan esa situación.
Por otro lado, a la vez que ya no existe prácticamente ninguna mujer proletaria que pueda librarse de las exigencias laborales y, teóricamente, la sociedad burguesa la ha incorporado como miembro de pleno derecho a la obligación de resultar productiva y útil para la empresa, la economía nacional, etc. en el ámbito doméstico la mujer continúa sufriendo la peor parte. Mientras que las leyes que sujetaban a la mujer al hogar y le obligaban a sacrificar su vida a este han sido abolidas, esta “emancipación” se da sólo sobre el papel. En la realidad, la vida cotidiana de millones de proletarias sigue atada a las tareas domésticas, al mantenimiento del hogar, al cuidado de los hijos, etc. y padecen estas duras obligaciones una vez que ha concluido su jornada laboral, en la cual han sido explotadas hasta el último minuto por patrones, hombres y mujeres, que son los primeros en repetir el mantra de la “igualdad de condiciones y oportunidades”.
La mujer proletaria padece la explotación capitalista exactamente igual que lo hacen los hombres, con el agravante de tener que soportar condiciones de trabajo más duras y penosas. Además, después del trabajo, padece el sometimiento cotidiano a las exasperantes tareas del hogar. Y, para dar la puntilla a esta insoportable situación, sufre cotidianamente la violencia de una sociedad en la que es la mercancía más barata y que por tanto le depara todo tipo de vejaciones, incluso las más duras, llegando al asesinato, en el seno de la familia. Y todo esto después de décadas de “avances en los derechos de la mujer”, después de reformas legales que han vuelto a cada mujer un ciudadano equiparable a cada ciudadano varón, después de martillear incesantemente que con la incorporación de la mujer al trabajo se acabaría la opresión que sufría, después de elogiar a las mujeres que han “triunfado” al estilo de Ana Patricia Botín y ponerlas como ejemplo para las mujeres obreras. El capitalismo ha demostrado, tomando la situación de la mujer como referente, que dentro de su mundo ninguna opresión desaparecerá jamás de manera definitiva, porque las bases para el resurgir continuo de estas las da el propio modo de producción, basado en la explotación del trabajo asalariado y en la apropiación privada de los frutos de este trabajo.

Y ante esta realidad, que no hay manera de rebatir ¿cómo responden aquellos que enarbolan la bandera de la lucha por la emancipación de la mujer? ¿Qué proponen quienes han llamado a una especie de “paro nacional femenino” el día 8 de marzo, convocando en él a proletarias y a burguesas, es decir, a quienes padecen esta situación y a quienes se benefician de ella?
Por su parte, los grandes sindicatos, CC.OO. y UGT, han llamado tan sólo a un paro de dos horas pactado con las empresas. Una convocatoria en favor de la “igualdad entre hombres y mujeres” y “contra la violencia machista”, según declaraciones de Unai Sordo, el secretario general de CC.OO., que “marcará un antes y un después”. Para lograr estos objetivos pretenden un cambio en la situación que padece la mujer a través de “las políticas públicas, desde los Presupuestos Generales del Estado, desde las leyes y la cultura, con un nuevo concepto hegemónico de igualdad".

Para estas organizaciones la “igualdad”, que cifran entre otras cosas en la “desaparición del techo de cristal que impide que las mujeres accedan a los puestos directivos en las empresas”, es decir, en que también las mujeres puedan llegar a organizar la explotación del proletariado masculino y femenino, se logrará mediante un paro simbólico de dos horas que debe forzar al Estado y a la burguesía a cambiar de rumbo y acabar con la explotación y la opresión de la mujer proletaria. Fieles a su línea de defensa a ultranza de la conciliación entre proletarios y burgueses, la única alternativa que proponen a la mujer proletaria es la confianza en que las instituciones burguesas, la “cultura” y las “leyes”, vayan a mejorar su situación. Ni una palabra de la situación real que padecen las proletarias, en la que estas instituciones, estas leyes y esta cultura, todas ellas armas en manos de la clase burguesa que las utiliza para perpetuar su dominio social, son el principal enemigo que se encuentran cotidianamente. Ni una palabra, tampoco, de la necesidad de que la proletaria luche junto al proletario, tanto en el terreno laboral contra el patrón que reproduce sistemáticamente esta opresión, como en el terreno social, donde la sociedad burguesa se ensaña cotidianamente con la proletaria reduciéndola al papel de un subalterno social útil únicamente para ser explotada y reproducir la fuerza de trabajo que será explotada mañana. Y si no dicen ni una palabra de esta realidad, es porque el sindicalismo oportunista, que ha hecho de la defensa de la economía empresarial y nacional su bandera, juega el papel de fuerza de contención contra las reacciones proletarias que se rebelan contra esta situación. Son estos sindicatos de concertación quienes se encargan de la gestión de la fuerza de trabajo en el día a día de cualquier empresa, a ellos corresponde “cuidar” de los proletarios como los burgueses “cuidan” de las máquinas. Suya es, por lo tanto, la responsabilidad de que los bajos salarios, las jornadas de trabajo extenuantes, las condiciones de trabajo aberrantes… exigidas por la patronal, puedan imponerse. De la misma manera que en los puestos de trabajo llaman a las mujeres proletarias a aceptar las condiciones de trabajo impuestas en nombre de las necesidades de la empresa, llaman ahora a un “paro” simbólico de dos horas buscando que estas mismas proletarias confíen en que la burguesía y su Estado se apiadarán de ellas.
En lo que toca a las dos centrales anarcosindicalistas (CNT y CGT), a pesar de convocar una huelga “general de 24 horas”, se sitúan detrás del movimiento feminista y de CCOO y UGT, nadando entre las aguas del reformismo clásico y de un radicalismo verbal que no se corresponde con su prácticamente nula labor en los puestos de trabajo. Hacen suyas las consignas y “recomendaciones” generales, sin organizar mínimamente las exigencias prácticas que se corresponderían con su grandilocuencia radical, pretendiendo que con la sola diferencia del color que quieren pintar pueden transformar la convocatoria en algo diferente. Apuntando en sus panfletos a la alianza criminal entre patriarcado y capital y a otras consignas características de la moda del momento, pero sin hacer ningún tipo de diferencia entre ellos y el movimiento feminista interclasista y sin cuestionar, en ningún caso, la validez de esta convocatoria desde un punto de vista mínimamente clasista.


Por su lado, el “movimiento feminista”, el conjunto de grupos de los que realmente ha partido la convocatoria, han llamado a una huelga “laboral, estudiantil, de consumo y de cuidados”. En ella han llamado a participar a todas las mujeres, independientemente de su condición social, es decir, independientemente de la clase social a la que pertenezcan y de la posición que ocupen en la explotación del trabajo asalariado masculino y femenino, pero no a los hombres, a quienes llaman a “hacerse cargo de los cuidados” o “cumplir con los servicios mínimos”. Para ello han contado con la colaboración tanto de la prensa, que les dedica, sobre todo en algunas televisiones, una sección diaria, como de las instituciones, partidos políticos parlamentarios, Ayuntamientos, etc.
Mientras que la convocatoria sindical ha intentado salvar los muebles aparentando algún carácter “obrero”, la que ha partido desde las corrientes feministas ni tan siquiera intenta esconder que se trata de una llamada a la colaboración entre clases, a la unión de mujeres explotadas y explotadoras en nombre de un interés común, que no puede ser otro que la perpetuación de la explotación del proletario y de la proletaria. Y aunque para ello utilicen el término “huelga”, con el fin de movilizar al mayor número de proletarias posibles, lo cierto es que llaman a un paro nacional en el que la más mínima perspectiva de lucha clasista está completamente excluida. Es por ello que la “huelga” es “laboral”, entendiendo por tal no al ámbito laboral de las trabajadoras de la limpieza, de las conserveras, del hogar o de la industria pesada, sino el ámbito laboral de las profesionales y de la pequeña burguesía empresarial. Es por ello, también, que la “huelga” es estudiantil, pescando en las aguas revueltas de un estrato social netamente pequeño burgués y que es caldo de cultivo de todas las corrientes falsamente extremistas que pretenden sustituir al proletariado en su papel histórico. Y, finalmente, es por ello que la “huelga” es “de cuidados y de consumo”, conceptos completamente absurdos que únicamente tienen como fin crear una suerte de identidad común entre burguesas y proletarias (¡Ana Patricia Botín, en estos términos, también podrá secundar la “huelga”) y que pretende mostrar que la explotación y la opresión no la sufren únicamente las mujeres proletarias, sino que sería “transversal” a toda la sociedad.

Con la convocatoria de esta falsa huelga, las corrientes pequeño burguesas de las que se vale la burguesía para inocular el veneno de la colaboración entre clases en el cuerpo social del proletariado, pretenden clavar una pica en Flandes: pretenden que la huelga deje de ser un arma en manos de la clase proletaria para enfrentarse a su enemigo de clase, a la burguesía que conforman hombres y mujeres mancomunados por el hecho de dominar conjuntamente al proletariado, para convertirse en un acto simbólico, cívico, exento de cualquier rastro de lucha de clase con el cual lograr sembrar, aún más, la confusión entre los proletarios. La huelga dejaría así de ser expresión de la fuerza organizada de la clase obrera para convertirse en una consigna de unidad interclasista a la que deben responder proletarios y burgueses por igual.

La burguesía sabe bien que estas corrientes ultra reaccionarias, que traen consigo no sólo unas directrices políticas para fomentar la colaboración entre clases en detrimento de la lucha proletaria, sino también una concepción teórica encaminada a combatir ideológicamente a la clase proletaria, tienen una gran utilidad. Contribuyen a sembrar confusión, a desmoralizar, a agotar en todos los sentidos, a la clase proletaria. Constituyen una medida de profilaxis que se aplica para prevenir que suceda precisamente todo lo contrario a lo que estas corrientes políticas proponen: que el proletariado abandone el terreno de la colaboración entre clases, que luche de manera intransigente en defensa de sus intereses, colocando siempre en un primer plano aquellos de quienes padecen especialmente la opresión burguesa, como las mujeres proletarias, que señale al capitalismo y a cualquier régimen burgués como el enemigo a vencer. Y que para ello haga uso de sus armas históricas de lucha, entre las cuales la huelga ocupa un lugar excepcional, capaz de mostrar tanto la fuerza de la clase organizada como de evidenciar que la lucha librada únicamente sobre el terreno laboral no basta para liquidar las raíces de la explotación y la opresión.
Apoyándose en estas corrientes anti proletarias la burguesía espera debilitar lo suficiente a la clase proletaria como para que, llegado el momento en el que esta se vea obligada a luchar en defensa de sus intereses inmediatos y generales, le sea imposible romper los límites que la política de colaboración entre clases que las organizaciones tradicionales del oportunismo imponen, y todavía encuentre más obstáculos que le desvíen del camino de retorno a su lucha de clase.

La lucha de clases no la crea el proletariado, sino el propio capitalismo, que no puede existir sin agravar cada vez más las condiciones en las que millones de proletarios subsisten. Contra este inexorable determinismo social, la burguesía levanta sus barreras, pone en juego a todos sus aliados, acrecienta la presión social mediante ideologías y movimientos reaccionarios con el fin de frenar o detener por el mayor tiempo posible la reacción proletaria.
Pero pese a ello, el proletariado, la clase en cuyo objetivo histórico se sintetiza el fin de todas las opresiones, sean estas de raza, sexo, edad… representa una fuerza histórica cuyo desarrollo se puede volver más lento, pero jamás parar definitivamente. Y con este desarrollo barrerá tanto las bases materiales que dan lugar a la violencia, la discriminación, como todas sus consecuencias.

¡Por el retorno a la lucha de clase del proletariado de ambos sexos!
¡Por la defensa intransigente de sus condiciones de existencia y de lucha!
¡Por la reconstitución del Partido Comunista!

Partido Comunista Internacional (El Proletario)
www.pcint.org


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[NdR: como medio autónomo tenemos nuestra propia posición sobre el tema pero queremos recoger los diversos textos que nos han hecho llegar. Y no son tantos, porque parece que algunxs piensan que al pensar críticamente no somos de "su cuerda". Sentimos decir, a todxs, que somos de nuestra propia cuerda: la lucha de clase independiente.
Recogemos aquí otros textos que hemos considerado de interés para que las posturas en torno a esta "huelga" queden reflejadas:]

 CNT CONVOCA OFICIAL Y PÚBLICAMENTE LA HUELGA DE 24 HORAS PARA EL 8 DE MARZO: https://www.cntvalladolid.es/cnt-convoca-oficial-y-publicamente-la-huelga-feminista-de-veinticuatro-horas/ 

http://nosotras.cnt.es/wp-content/uploads/2018/02/Gu%C3%ADa%20Derecho%20a%20Huelga%208M.pdf


VÍDEO DE CNT: MIL MOTIVOS PARA IR TODOS Y TODAS A LA HUELGA FEMINISTA: https://www.cntvalladolid.es/video-mil-motivos-para-acudir-todas-y-todos-a-la-huelga-feminista/

CGT CONVOCA HUELGA GENERAL DE 24H EL 8 DE MARZO:
http://www.cgt-cyl.org/2018/02/cgt-convoca-huelga-general-el-8-de-marzo/

8 DE MARZO, DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA:
http://valladolorinternacionalista.blogspot.com.es/2018/03/8m-dia-internacional-de-las-mujeres.html

8 DE MARZO, DÍA DE LA MUJER PROLETARIA, NO DE LA EMPRESARIA Y LA BANQUERA QUE LA EXPLOTAN: http://encuentrocomunista.org/articles/8-de-marzo-dia-internacional-de-la-mujer-trabajadora-no-de-la-empresaria-la-banquera-y-la-politica-que-la-explotan/

FEMINISMO PROLETARIO Y COMUNISMO REVOLUCIONARIO:
https://borrokagaraia.wordpress.com/2018/01/19/feminismo-proletario-y-comunismo-revolucionario/

LOS PROGRES Y EL TRABAJO DOMÉSTICO:
https://ateneoproletariodevallekas.blogspot.com.es/2018/03/los-progres-y-el-trabajo-domestico.html?spref=tw&m=1


ALGUNAS REFLEXIONES EN TORNO AL 8M DE 2018:
http://valladolorinternacionalista.blogspot.com.es/2018/03/panfleto-algunas-reflexiones-en-torno.html


8 DE MARZO CONTRA EL CAPITAL [Folleto]:
http://proletariosrevolucionarios.blogspot.com.es/2018/03/8-de-marzo-contra-el-capital-folleto.html







“Aquello de Vitoria había que aplastarlo (…) eran pequeños soviets que se estaban gestando y había que extinguirlos”

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Artículo de colaboración para Borroka Garaia da!. Autor: Agintea Hausten
[Todo el poder a la Asamblea. Vitoria 3 de Marzo de 1976. Likinianoren altxorra 14. Likiniano Elkartea. Digitalizado por Agintea Hausten]
«El mejor elogio lo hizo Fraga sin querer: “aquello de Vitoria había que aplastarlo porque estaba dirigido por dirigentes que manipulaban a la clase trabajadora y eran pequeños soviets que se estaban gestando y había que extinguirlos”»
(74 páginas)
Prólogo:
Antes de nada dos preámbulos: tengo una sentimiento agridulce ante esta situación. Me llama la atención que haya gente después de casi 25 años que tenga interés en saber qué pasó en Vitoria hace tanto tiempo. He contado esta historia miles de veces y casi creo que no sabré contarla y referir detalles que son fundamentales. De todas formas, estamos varios de Euskadi y luego, el que tenga interés en ampliar cosas, pues bueno, ellos pueden ampliar y decir más cosas. También, otro detalle que yo quiero referir en esta situación es que se me hace muy difícil contar la historia de Vitoria ahora, después de tantos años. Yo pienso que la historia de Vitoria es la historia del manual, es el manual de la autonomía obrera pero lleno de montones de contradicciones que yo tendría que reflejar y seguramente no sabré contar en este momento. Y luego, como para mí es una historia sentida, vivida, formó parte de mi vida de una forma muy vital y me afectó mucho, pues bueno, para vosotros no sé la importancia que tiene, yo casi, ahora, desde fuera y desde lejos, me parece que es un rollo, entonces trataré de contar muy esquemáticamente lo que a mí me parece hoy mismo que hay que recordar de Vitoria.
La huelga de Vitoria se resume en muy poquito: una huelga que dura dos meses o más, que empezó al día siguiente de reyes y que terminó el 3 de marzo con la masacre. Una huelga que tuvo unos antecedentes que no se conocen mucho y que resumo en lo siguiente: en las fábricas, 10 o 15, al final del año 75 había una serie de gente inquieta, luchadores todos en la clandestinidad, que pertenecíamos a esas fábricas y que nos juntábamos en el monte, en la clandestinidad, elaborando una plataforma reivindicativa totalmente inocente. Esa plataforma reivindicativa se resumía más o menos en 5000 o 6000 pesetas de aumento lineal, muy importante, 40 horas semanales, en caso de accidente y enfermedad el 100%, jubilación en algunas fábricas a los 60 años, y poco más, muy elemental esa plataforma. Con la particularidad de que era una plataforma unitaria, esos representantes de empresas que nos juntábamos en el monte éramos del metal fundamentalmente, pero también de la construcción, de artes gráficas, de la madera, muy unitaria; no había eso que después vino con los sindicatos: los del metal, los de la construcción, convenios distintos, no, era todo en conjunto.
Después de reyes se presenta la plataforma en las distintas fábricas y estalla la huelga. La primera reacción de las empresas es cerrar las empresas porque no podían tolerar…esa plataforma que presentábamos estaba envuelta en dos ingenuidades: no al vertical y, por lo tanto, comisiones representativas elegidas por la asamblea porque la primera ingenuidad era todo el poder a la asamblea, por lo tanto, rechazo de todas las formas de organización que había hasta entonces; y la segunda ingenuidad era la centralidad de la clase obrera, nos sentíamos orgullosos, creíamos que la clase obrera iba a transformar la sociedad, en aquel entonces, partíamos de esa ingenuidad y, como lo creíamos, pues desarrollábamos toda esa teoría que después se manifestó en las asambleas. Esa plataforma que al principio era muy inocente, que empezó con unas reivindicaciones de tipo económico, luego se iba modificando, ampliando, corrigiendo, porque en dos meses y pico da para muchísimo, y hay muchas contradicciones, peleas y batallas. Esa plataforma pasaba luego a declinar la reivindicación económica y pasaba a ser una reivindicación más de tipo político, porque la primera batalla que se plantea y que es la que hace durar la huelga, es que las empresas cierran, se niegan a negociar, porque no podían tolerar…quienes tenían que negociar era lo que siempre había existido en el franquismo: los jurados de empresa, etc, la organización aquella vertical, y no podían tolerar que hubiera otra forma de organización que imponíamos los trabajadores. Entonces, esa consigna pasaba a ser el eje fundamental de la plataforma.
Inmediatamente empiezan los despidos a distintos trabajadores, detenciones, entonces esa consigna, ningún detenido, ningún despido, pasaba a ser la consigna fundamental de la plataforma y el resto ya no tenía sentido. Y tercera cuestión que quiero añadir: esa plataforma que empezó inocentemente siendo reivindicativa de aumento de sueldo, 40 horas, y después se convertía en reivindicación política porque chocábamos con el sistema y desafiábamos al sistema, al franquismo, que era su final y su agonía, se convertía también en una reivindicación y en una plataforma ideológica porque en dos meses y pico, con asamblea por la mañana en cada barrio, se hacían, como era clandestino, en las parroquias, en las iglesias. Por la mañana había cada asamblea de cada empresa que estaba en huelga y a la tarde había asamblea general de todas las empresas que estaban en huelga. Durante dos meses y pico ese proceso daba para cambiar la cabeza y la mentalidad de los trabajadores que estábamos viviendo todo aquel proceso. Todo eso además, acompañado de batallas campales, porque casi todas las tardes, después de la asamblea de conjunto pues había manifestación, etc, y, por lo tanto, batalla campal con la policía durante mucho tiempo, o distintas formas de protesta, de manifestación, lo que fuera.
Entonces lo económico, lo político, lo ideológico, se convierten en una unidad que se va desarrollando, y aquella clase trabajadora, inocente, en Vitoria, entonces, era una clase trabajadora joven, fundamentalmente de gente emigrada de toda españa y no baketeada en batallas anteriores, era virgen en alguna medida, esa batalla que se da contra la patronal, contra el gobierno, de imponer nuestros propios delegados y de decir cómo nosotros queríamos llevar adelante aquel proceso, esa batalla también se da en la clase trabajadora y en las asambleas. Hay todo un debate, unas luchas, unas peleas muy grandes, primero entre los trabajadores para imponer que la forma fundamental de la organización era la asamblea, todo el poder a la asamblea y nada más que a la asamblea. De tal forma que las asambleas generales que había por las tardes, de 5000 o 6000 personas, eran inmensas, la asamblea general no podía decidir si antes, en las asambleas individuales de cada fábrica, no se había acordado; y cuando había que tomar una postura, si no había unanimidad de las asambleas individuales cada mañana sobre ese tema, que lo coordinábamos a través de las comisiones representativas, si no había unanimidad se prolongaba el debate, de tal forma que queríamos todo el poder a la asamblea pero desde abajo, no desde arriba, porque una asamblea de 5000 personas es enorme, y ahí tenían fundamentalmente voz y dirigismo los dirigentes, aunque no se quisiera y se estuviera en contra de eso.
La primera batalla que se da en todo ese proceso es imponer las comisiones representativas. Segunda batalla que se da: al final se vence y las empresas tienen que empezar a negociar las plataformas que se presentaban con las comisiones representativas y tienen que empezar a recibirlas. Pero la segunda batalla es que cuando nosotros nos reuníamos con la empresa, la comisión representativa, que era sólo portavoz, los empresarios no podían tolerar que nosotros allí no podíamos decidir nada. Hacían una oferta y nosotros decíamos: ” vale, vamos a la asamblea y a ver qué decide la asamblea”, -“no, no, no, pero ustedes tienen que decidir ahora, digan sí o no, tienen que ser ejecutivos, tienen que decidir”, -“no, no, no, no podemos decidir nada, somos meros portavoces, tenemos que volver a la asamblea”. Otra vez otra batalla, todo un proceso. Tercera batalla que podríamos resumir: llega un momento en que la plataforma inicial reivindicativa no tiene mucho sentido, habíamos perdido mucho más que lo que íbamos a conseguir, ya no tenía sentido. Se acentúa la batalla de tipo ideológico: “señores, ¿por qué pasa esto?”, el debate en las asambleas se convierte en debate de tipo ideológico. ¿Por qué la patronal se cierra? ¿Por qué el estado no cede? ¿Por qué la policía nos reprime? ¿Qué somos los trabajadores, qué tenemos en la cabeza, qué pensamos? Aquí hay toda una batalla también, y es un poco volver a la ingenuidad que os decía antes, de creer que la clase trabajadora es el centro y que tenía que dirigir el proceso. Hay todo un trabajo en los barrios, hay todo un trabajo con las mujeres, de ahí nace la asamblea de mujeres de Vitoria, hay todo un trabajo con los estudiantes, etc. Y la sensación que yo tengo ahora, después de tantos años, es que habíamos ganado al pueblo de Vitoria.
Al final de todo el proceso, cuando vino la masacre, hubo muchas asambleas, reuniones por barrios, reuniones en iglesias, predicaciones de curas, bueno, todo un tejido que, al final, esa batalla yo creo que estaba ganada, porque fueron muchas las asambleas, los debates. Al final, pues ya lo sabéis, no podían tolerar aquello. El día 3 de marzo era huega general, todo paralizado en Vitoria, enfrentamientos con la policía desde la mañana y, al final, no podían tolerar aquella asamblea general que celebrábamos a la tarde, la policía empieza a reprimir. Unos dentro, otros fuera, porque empieza a reprimir antes de tiempo, antes de que todos hubiéramos llegado a la asamblea general. Las comisiones representativas estábamos reunidos en otro lugar, íbamos hacia la asamblea, porque las comisiones representativas coordinábamos un poco, nos reuníamos antes para ver qué había pasado en las asambleas, etc, total, que la policía empieza a reprimir y hay 5 muertos y más de 100 heridos de bala y un montón de detenidos. Esta es un poco la historia, la síntesis de la batalla de Vitoria. Después de eso, el proceso siguiente, en el capítulo de errores de la batalla de Vitoria, de todo aquel proceso, es que, visto muy a distancia, no esperábamos los trabajadores de Vitoria que estábamos en aquella pelea que el final puedira ser eso, a pesar de estar todos los días peleando con la policía, a pesar del desarrollo de tipo ideológico y en los debates, etc, no esperábamos que el final pudiera ser tan trágico. Y el final es que las balas, los muertos, revientan el proceso asambleario y, como no había forma, por los muertos, por los detenidos, termina el proceso autónomo, asambleario, porque las balas ahogaron las palabras y las asambleas.
Aquí está algún compañero con el que dialogaba amigablemente que el final lo veíamos muy difícil y que casi no sabíamos qué alternativa plantear cuando íbamos a las asambleas. Ese proceso asambleario es como una bola de nieve que va creciendo y cuando no hay injerencias, porque esa batalla se ganó al principio, ni de partidos políticos que mangoneaban y que pretendían dirigir, dirigentes de partidos políticos que estaban en la clandestinidad por ser dirigentes políticos y por el famoso leninismo y por ser la vanguardia de los partidos, querían estar en las comisiones representativas pero se les negó: “no, tú no estás porque eres de un partido político o porque seas vanguardia, tú estás si te elige la asamblea de tu fábrica y, si no, no estás”. Esa batalla costó pero se ganó al principio. Ese proceso, al final se trunca y cuando vienen las balas que silencian todo y viene la cantidad de detenidos, pues se termina ese proceso.
Con el final trágico no hay ninguna negociación. Económicamente las empresas conceden todo lo que habíamos pedido pero sin negociar absolutamente nada. Incluso los convenios que vinieron los años siguientes fueron los mejores convenios de la historia de la clase obrera en Vitoria como consecuencia de aquella lucha que vino antes. Otro detalle importante es que en ese proceso se creó una caja de resistencia potente, enorme, que iba ayudando a la gente que no podía y que, además, esa caja de resistencia, a los que luego fuimos a la cárcel y a muchos que eran de las comisiones representativas y los buscaba la policía y habían desaparecido y estaban ocultos durante meses, esa caja de resistencia les pagó el sueldo aunque estuvieran en la cárcel o no fueran a trabajar en todo el tiempo. La caja de resistencia se convirtió en una caja potente y fuerte porque la conciencia de los trabajadores en ese momento era consciente y sabía lo que hacía. Readmitieron a todo el mundo, etc.
Al final, diría, por unir un poco el tema de la autoorganización, el poder asambleario, la autonomía obrera, etc, etc, a mí me tocó, y es una experiencia muy bonita, me tocó, y a otros compañeros que están aquí, cinco meses de cárcel hasta que cayó el gobierno de Arias y vino el gobierno de Suárez y salimos los primeros con la amnistía famosa que vino. Porque estábamos acusados de subversión contra el estado o no sé qué cosas, al final no hubo juicio ni nada y salimos. Yo empecé a leer en la cárcel la revolución de Kronstad que aplastó Trotski allá en Rusia. Empecé a leer la Comuna, empecé a leer cosas de Panenkov, los teóricos sobre la autonomía, los consejos obreros, etc. Los que participábamos en aquel proceso estaban llenos de contradicciones porque en las comisiones representativas había de todo, gente de todos los partidos políticos que en ese momento estaban en la clandestinidad, del PC y no PC, los de la izquierda del PC, otra gente que estábamos en contra de los partidos, que no creíamos en ellos, y estaba otra gente virgen, obreros cualquiera que fueron ganados desde el principio por aquel proceso y ese proceso fue el que desarrolló un poco la conciencia y lo que vino después.
Después de ese proceso, al año siguiente, en el aniversario del 3 de marzo, hubo una asamblea en el polideportivo, en Vitoria, estábamos 8000 personas con un debate fortísimo y enfrentamientos entre los trabajadores, entre asamblea o mítin. Aquellos dirigentes o parte de los dirigentes que habían estado en las comisiones representativas y que luego ya veían que venían los partidos políticos y la situación que se venía, defendían “sí, sí, por supuesto, la asamblea, claro, pero aquí hay ahora que desarrollar un mitin porque van a venir elecciones y bla, bla,..” ; mientras que había otros que éramos más ingenuos. Esa asamblea, que era muy grande, se dividía en mitad y mitad, los trabajadores desconcertados porque de repente, a un año vista, había dirigentes que no eran tan defensores del movimiento asambleario y de aquella forma de organización, sino que empezaban ya con la vanguardia que ellos tenían en la cabeza, que era la del partido, y tenían que hacer un mitin donde iban a hablar una serie de oradores; esto para explicar un poco el proceso y la degeneración después de aquella batalla. A los dos años, al segundo aniversario, también hubo otra batalla muy fuerte; lo que yo recuerdo es que los trabajadores estaban perplejos mitad a mitad, había muchos trabajadores que habían vivido aquel proceso y seguían apostando por que aquella forma de organización seguía siendo válida, era la mejor y no había porqué cambiarla. Pero había otra serie de trabajadores que habían estado en Alemania, con partidos polítcos detrás, y que decían, “no, pero es que aquí ya tenemos que ser civilizados como en Europa: sindicatos, partidos, etc. No puede ser que para conseguir cualquier cosa tengamos que volver a la batalla de Vitoria”. Y sí, sí, la asamblea no la negaba nadie en teoría, claro, pero “no, tenemos que ir a otras formas de organización” y ya venían todas las campañas “vote al obrero tal, al obrero cual” que había tenido prestigio en aquella batalla, pero para tal partido, para tal otro. Los trabajadores, desconcertados, teníamos que seguir con aquella forma de organización dando un salto ideológico muy grande. Yo entendía aquel proceso, yo había vivido en Argentina y sabía lo corrupto que era el sindicato de la CGT en Argentina, y los chanchullos; pero para los trabajadores me parecía que era un salto saltar de la dictadura, sin ninguna libertades ni formas de organización democráticas, etc, saltar a una forma de organización asamblearia, autónoma, me parecía que era un salto muy grande que los trabajadores tenían que dar en su propia conciencia, en su propia cabeza, y muchos no podían superarlo y había la ofensiva de lo que ahora vemos, de este tipo de democracia, todos los partiditos de izquierda, etc, y bueno, ese proceso ya lo conocemos todos.
El movimiento asambleario aquel duró años y años. Después se burocratizó porque a los dos años se convirtió en coordinadora de las comisiones representativas de las fábricas, pero ya era una especie de camuflaje, reivindicándose del movimiento asambleario pero era ya una forma de organización burocrática. El movimiento asambleario, autogestinario y autónomo, no fue exclusivo. Hubo movimientos sobre todo a nivel de profesores, institutos, pasó a ser una forma de organización de las luchas de los barrios que fueron también muy importantes, de las asociaciones de vecinos, el movimiento en sí contagió a todos los sectores de la sociedad y no fue exclusivo del movimiento obrero. Y duró años y fue coleando hasta llegar a hoy, que mi sorpresa es que hoy haya gente que entonces, en lo de Vitoria, no había nacido y que se reclame del movimiento autónomo y que quiera saber algo de aquello que vivimos nosotros, que ya somos los últimos mohicanos de todo aquel proceso y que pensamos que casi nadie tendría que preguntar por aquello y que casi es un movimiento de la prehistoria. El mejor elogio del movimiento obrero de Vitoria lo hizo Fraga, que era el ministro del interior entonces, que lo de Vitoria lo pilló en Alemania, pero vino a Vitoria a ver a los enfermos en los hospitales, pero los trabajadores no le recibieron, lo echaron; pero el mejor elogio lo hizo Fraga sin querer: “aquello de Vitoria había que aplastarlo porque estaba dirigido por dirigentes que manipulaban a la clase trabajadora y eran pequeños soviets que se estaban gestando y había que extinguirlos”. Y nada más, no os canso más.

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La apariencia como forma de lucha es un cancer
El debate esta en la calle, la lucha cara a cara
Usandolo mal internet nos mata y encarcela.
Piensa, actua y rebelate
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Anticarcelario / contra la sociedad cárcel

"Las prisiones son una parte más de la esencia represiva de todo Estado, no hay que olvidar la parte que nos toca a lxs que aún seguimos en la calle.

No podemos ver las cárceles como algo ajeno a nuestras vidas, cuando desde temprana edad hemos sido condicionadxs a no romper las normas, a seguir una normalidad impuesta; el castigo siempre está presente para lxs que no quieren pasar por el aro.

En el trabajo, en la escuela... domesticando y creando piezas para la gran máquina, piezas que no se atrevan a cuestionar o que no tengan tiempo para hacerlo.

Hemos sido obligadxs a crecer en un medio hostil donde es dificíl desarrollar nuestros propios deseos.

La rebeldía brota de algunxs, otrxs simplemente se acomodan en la mierda, tapando sus frustraciones con lo que le dan quienes antes les despojaron de todo. O viendo sus problemas como algo aislado, único y personal.

Para lxs que no tragan o no se adaptan al gran engaño ahí tienen sus cárceles, reformatorios, psiquiatrícos ... creados por los que no quieren ver peligrar las bases de su falsa paz.

No podemos ignorar la lucha de lxs compañerxs presxs.

Su lucha es nuestra lucha."