Las protestas en Bolivia y la necesidad de
la lucha de clase independiente
Durante varias semanas, Bolivia ha enfrentado una ola de protestas, manifestaciones y bloqueos de carreteras. La capital, La Paz, se encuentra prácticamente paralizada por los bloqueos, que durante más de cuatro semanas han provocado escasez de productos básicos y han paralizado la actividad económica. Desde principios de mayo, las protestas se han extendido a gran parte del país, involucrando a diversos sectores: pequeños productores de coca, organizaciones indígenas, pequeños comerciantes, camioneros, mineros, maestros y otros.
El gobierno ha acusado al expresidente Evo Morales y a grupos del narcotráfico de ser responsables del movimiento, lo que constituye un intento flagrante de desacreditar a los manifestantes. Si bien es cierto que los partidarios de Evo Morales se enfrentaron con la policía en La Paz tras una marcha de varios días desde el departamento de Oruro (1), el descontento con la política gubernamental se extiende mucho más allá de los pequeños productores de coca.
Los vacuos llamamientos del gobierno al diálogo, sumados a la represión de las manifestaciones (hubo al menos cuatro manifestantes muertos), no lograron frenar el movimiento: a principios de junio había alrededor de un centenar de bloqueos de carreteras, y la renuncia del presidente, seis meses después de su elección, se convirtió en una de sus principales demandas.
Rodrigo Paz, quien asumiría la presidencia en noviembre de 2025, fue elegido bajo la consigna de “capitalismo para todos”. Aprovechó el rechazo al MAS (Movimiento al Socialismo), que había estado en el poder durante veinte años (con la excepción del golpe de Estado de 2019) y estaba manchado por escándalos de corrupción, dividido entre partidarios y opositores de Evo Morales, y sobre todo, incapaz de afrontar la crisis económica más grave que el país había experimentado en décadas: el año pasado fue la primera vez que el país entró en recesión en 40 años (excluyendo el año de la Covid): inflación cercana al 20% (anual), una caída del PIB del1,6%, que el FMI prevé que alcance el 3,3% en 2026. Los beneficios de la venta de materias primas, especialmente gas, habían impulsado durante años el crecimiento económico y garantizado la paz social mediante la redistribución de una parte de estos ingresos. Pero la caída en la producción de gas provocó un fuerte descenso de estos ingresos (de más de 6.000 millones de dólares en 2014 a 1.100millones de dólares en 2024), sumiendo las finanzas del país en números rojos y desencadenando la crisis económica. Paz había prometido rectificar la situación sin recurrir a medidas de austeridad drásticas, como exigían los partidarios de extrema derecha, y procurando no afectar desproporcionadamente a las clases pobres.
Pero una vez elegido, sus promesas de campaña se desvanecieron; el nuevo gobierno, integrado por figuras de extrema derecha (como el comandante policial responsable de las masacres durante el golpe de Estado de 2019) y con el apoyo de Estados Unidos y la Argentina de Milei, inevitablemente comenzó a servir abiertamente a los intereses de las grandes empresas; implementó una política de austeridad antisocial en consonancia con las recomendaciones del FMI. Se eliminaron los subsidios a los combustibles, provocando un repunte inflacionario, sin que mejorara la calidad de la gasolina importada (2). Se eliminó el impuesto sobre el patrimonio, etc. Para satisfacer una antigua demanda de los grandes terratenientes, una ley (1720) modificó los derechos sobre la tierra para permitir la apropiación de tierras por parte de la agroindustria. Pero la promulgación de esta ley 1720 en abril provocó una reacción inesperada: estallaron poderosas protestas de organizaciones campesinas e indígenas, obligando al gobierno a derogarla parcialmente tras 24 días de movilización. Este revés impulsó la expansión del movimiento contra las medidas de austeridad del gobierno.
El movimiento fue liderado por la COB (Central Obrera Boliviana) y los sindicatos campesinos. Sin embargo, la COB no es un sindicato de clase y solo busca evitar la radicalización del movimiento. Si bien una asamblea sindical votó el 1 de mayo a favor de una huelga general, la COB se negó a implementar esta decisión; prefirió organizar grandes manifestaciones “por la democracia” y la defensa de la patria, y apoyar la demanda de renuncia del presidente, es decir, la organización de nuevas elecciones. Si bien la dirigencia de la COB no se ha atrevido hasta ahora a responder positivamente a las ofertas de diálogo de Rodrigo Paz – en varias partes del país, los manifestantes desbordaron a las organizaciones sindicales, acusándolas de intentar obstaculizar la lucha –, es evidente que buscan una manera de poner fin al conflicto de la forma menos dolorosa para el orden establecido. Si fracasan, el gobierno se está preparando para recurrir a la fuerza: ha promulgado una ley que autoriza el uso del ejército.
Para el proletariado y las masas pobres, la democracia no es más que una farsa. La crisis capitalista supone una ola redoblada de ataques antisociales y antiobreros, independientemente del gobierno de turno. Frente a estos ataques, solo una lucha decidida, basada en principios claramente anticapitalistas, puede ser efectiva. Esto implica una lucha y organización de clases independiente, para la defensa exclusiva de los intereses proletarios y no de los intereses de la “patria” o del “pueblo”, es decir, en última instancia, intereses burgueses; el interclasismo siempre implica el sacrificio de los intereses proletarios. El proletariado tiene el potencial de doblegar al poder burgués, siempre que luche desde posiciones de clase y con métodos de clase.
De este modo, puede atraer a la lucha a la pequeña burguesía y al campesinado rebeldes, en lugar de ser engullidos por un magma “popular” paralizante. Esta es la perspectiva que debe seguir, contraria a lo que defienden los diversos grupos de extrema izquierda que abogan por la democracia popular y son serviles al COB.
¡Por la lucha de clase independiente del proletariado!
¡Por la reconstitución del partido internacional de clase!
¡Por la revolución comunista internacional!
Partido Comunista Internacional, 6 de junio de 2026
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(1) Evo Morales se refugió en esta región para escapar de una condena judicial.
(2) Por razones económicas el Estado importa gasolina poco refinada que obstruye los motores.
La clase proletaria y la guerra capitalista que se libra contra ella
ES LA EXPLOTACIÓN DEL TRABAJO ASALARIADO LO QUE MANTIENE EN PIE AL CAPITALISMO
La clase proletaria es, históricamente, la clase productora, de cuyo trabajo asalariado la clase burguesa extrae la plusvalía, es decir, ese valor adicional que corresponde a las horas de trabajo diario no remuneradas al obrero (el trabajo adicional). Para lograr este resultado, la clase burguesa, al revolucionar el sistema social y económico feudal —y, en general, cualquier sistema precapitalista—, y al desarrollar los medios modernos de producción, ha desarrollado la economía capitalista, la economía mercantil. Se denomina capitalista porque se basa en un modo de producción caracterizado por la propiedad privada de los medios de producción, de cualquier medio de producción (que el marxismo ha definido como capital constante, por su propiedad de contener ya un valor que corresponde al trabajo de producción anterior, el trabajo muerto), medios de producción que recuperan vitalidad social en la medida en que se les aplica el trabajo vivo, el trabajo de los obreros por el que se les paga un salario (para el marxismo, capital variable). Además de la propiedad privada de los medios de producción, esta economía se caracteriza sobre todo por la apropiación privada de toda la producción social, apropiación conquistada con la revolución burguesa y defendida por la fuerza, desde ese momento en adelante, por el Estado burgués. Cualquier ser humano, para vivir, se ve así obligado a recurrir al mercado en el que comprar los productos-mercancía que necesita. La compraventa de todos los objetos que se producen se convierte en la relación social de la que depende la vida de todos, tanto de quienes lo poseen todo (los capitalistas) como de quienes no poseen nada (los proletarios). La clase burguesa domina la sociedad y seguirá dominándola mientras el Estado burgués y la economía capitalista se mantengan en pie. Con el desarrollo de la producción capitalista y, por tanto, del mercado de bienes materiales, se desarrolla también el mercado de la fuerza de trabajo a través de la expropiación de los campesinos pobres y empobrecidos, a través del mercado de esclavos, a través de la ruina de los estratos más débiles de la pequeña burguesía urbana que no resiste a la competencia de los productos industriales. Y se desarrolla también el mercado de los bienes inmateriales, la cultura, el arte, la ideología, que, con el tiempo, se convierten en mercancías idealmente a disposición de todos, pero que, en realidad, son instrumentos adicionales de dominio social por parte de la clase burguesa que detenta su propiedad comercial e intelectual.
La burguesía, que fue revolucionaria frente al modo de producción feudal y a la sociedad feudal, se ha transformado, con el desarrollo del capitalismo, en una clase conservadora y contrarrevolucionaria. Conservadora porque son la propiedad privada de los medios de producción, incluida la tierra, y la apropiación privada de la producción social lo que le permite dominar a toda la sociedad, explotar la fuerza de trabajo proletaria y los recursos naturales en todos los rincones de la tierra, enriquecerse sin límites empobreciendo y explotando a toda la población mundial. La contradicción más aguda de la sociedad burguesa radica en el hecho de que el poder del modo de producción capitalista, que permite producir enormes masas de bienes con un esfuerzo físico cada vez menor por parte de los trabajadores, se dirige exclusivamente a la producción de mercancías y, por tanto, de capital, que se convierten en los verdaderos dominadores no solo del mercado, sino de la vida de la especie humana. Pero el propio desarrollo técnico y tecnológico de la producción capitalista y su reproducción continua, junto con la producción y reproducción de las gigantescas masas de trabajadores asalariados en todos los continentes, empujan a la sociedad a liberarse de las ataduras económicas y sociales que asfixian a la inmensa mayoría de la población mundial, en beneficio aún hoy exclusivo de la clase burguesa capitalista, que constituye una minúscula minoría de la humanidad. Para mantener el dominio social sobre toda la humanidad, acaparando la mayor parte de los beneficios materiales de la gran producción industrial, la burguesía se ve impulsada a luchar contra la única fuerza social que ha demostrado históricamente no sólo plantarle cara, sino combatir su dominio político y económico para derrocarla, revolucionando de arriba abajo toda la sociedad tanto desde el punto de vista económico como social: el proletariado, la clase de los trabajadores asalariados.
Así como las mercancías no tienen fronteras, pudiendo fabricarse y venderse en cualquier parte del mundo, salvo que lo dicte la fuerza económica, política y militar de una burguesía concreta sobre las burguesías competidoras, así tampoco la fuerza de trabajo asalariada tiene fronteras, puede ser explotada en su país de origen o en cualquier otro país al que sus condiciones materiales la empujen a emigrar. El proletariado, la clase de los trabajadores asalariados, es el producto más genuino de la sociedad burguesa, porque sin la explotación de su fuerza de trabajo el capital no se valorizaría, no podría producir capitales adicionales, no podría acumularse en manos de la clase de los capitalistas. Por eso, a pesar de que el desarrollo técnico y tecnológico de la producción capitalista permitiría desde hace tiempo ponerla al servicio de toda la sociedad, de la especie humana como tal, la clase burguesa de cada país, con el fin de mantener su dominio social, se vuelve necesariamente contrarrevolucionaria, transformando su antagonismo de clase frente a la clase proletaria en un antagonismo histórico frente a toda la especie humana.
DE LA LUCHA DE DEFENSA ECONÓMICA, EL PROLETARIADO DEBE PASAR A LA LUCHA POLÍTICA CONTRA LA CLASE BURGUESA
Para salir de esta contradicción asfixiante, dramática y negativa, la historia de las luchas entre clases ha señalado objetivamente el camino: la revolución de la clase mundial de los trabajadores asalariados, de la clase que, mediante el empleo obligado de su fuerza de trabajo en los medios de producción propiedad de la clase capitalista, produce toda la riqueza social. La lucha que el proletariado lleva a cabo para defender sus intereses vitales inmediatos contiene en sí misma una contradicción, en este caso positiva. Esta lucha ha mostrado y muestra continuamente los límites en los que se desarrolla, ya que está condicionada materialmente por la relación de dependencia existente entre la fuerza de trabajo y el capital, es decir, entre el salario —el precio de la fuerza de trabajo— y el capital. Para superar la explotación capitalista de la fuerza de trabajo asalariada, el proletariado debe dar un salto cualitativo histórico, debe elevar su lucha económica inmediata al nivel de la lucha política general, es decir, superar la lucha que los capitalistas encauzan por los meandros de la relación de dependencia de los trabajadores respecto al capital, luchando en el terreno político contra la fuerza material de su dominio: el Estado burgués, que no es otra cosa que el comité de administración de los intereses capitalistas de cada burguesía nacional.
Para que los proletarios sean capaces de llevar a cabo su lucha en el terreno político general —el único terreno en el que es posible contrarrestar y vencer a la fuerza dominante burguesa—, necesitan una guía política que conozca el recorrido histórico del desarrollo social partiendo de las bases económicas, de la estructura de la sociedad, para llegar a la superestructura, a las instituciones políticas, culturales y religiosas que impregnan toda la sociedad organizándola en función exclusiva de los intereses del capitalismo, es decir, de la clase burguesa dominante. Esta guía política es el partido de clase, que representa la conciencia histórica de clase que, a través del marxismo, le permite conocer de antemano el curso histórico inevitable del desarrollo del capitalismo, sus contradicciones y su superación; conocer de antemano, basándose también en la experiencia histórica de las luchas entre clases, cuáles son los objetivos reales de la lucha de clases del proletariado, qué métodos y medios de lucha son coherentes y cuáles no, con esos objetivos, cuáles son los enemigos de clase del proletariado, que no son solo los capitalistas y los burgueses declarados, sino también toda esa masa de estratos sociales pequeñoburgueses que alimentan el oportunismo en sus múltiples disfraces. La propia historia de las luchas de clases de 1830 en Francia, de 1848 en Europa, de 1871 con la Comuna de París, de octubre de 1917 con la revolución proletaria y comunista en Rusia, y las tenaces y valientes luchas proletarias contra la guerra en los años que precedieron y siguieron a la primera guerra imperialista mundial en Alemania, en Polonia, en Hungría, en Italia, es una historia que ha demostrado la posibilidad real de que la lucha de clases del proletariado —orientada a la conquista revolucionaria del poder político, al derrocamiento con la misma violencia que el poder burgués utiliza sistemáticamente para mantenerse en pie, al establecimiento de la dictadura de clase proletaria contra la dictadura de clase de la burguesía, e integrada en el movimiento revolucionario internacional—, es la única que tiene la fuerza para cambiar de arriba abajo la sociedad actual y transformarla en una sociedad en la que la explotación de las clases proletarias y desheredadas, la opresión sistemática de los pueblos más débiles, el empobrecimiento generalizado y la reducción al hambre de una masa humana cada vez mayor, y la guerra librada con el único fin imperialista de repartirse el mundo entre las principales potencias existentes, hayan sido erradicados para siempre.
Hoy, en que las luchas proletarias siguen reduciéndose a perseguir migajas económicas y sociales destinadas a desaparecer ante la primera ráfaga de crisis, ante el primer enfrentamiento interimperialista por las materias primas y las fuentes energéticas; hoy, en que el proletariado es llamado y obligado a sacrificarse por enésima vez y de manera más feroz (aunque a menudo oculto por una propaganda que tiene interés en presentar a los gobiernos burgueses siempre dispuestos a remediar los daños económicos y sociales que las propias crisis del capitalismo provocan continuamente); hoy, en que el proletariado es doblegado por las fuerzas de la conservadurismo y del oportunismo político y sindical para satisfacer los intereses de la burguesía, de su poder económico y político, en «paz» y en «guerra», y es conducido una vez más hacia el máximo de los sacrificios (el sacrificio de la vida que debe ofrecerse a la guerra general que toda burguesía está preparando a escala mundial) parece que el proletariado no tiene salida, que no tiene otra alternativa que convertirse en carne de cañón tras haber sido creado como mano de obra para ser explotada hasta la última gota de sudor y sangre.
La guerra de expolio que las potencias imperialistas más importantes llevan a cabo en todas las décadas posteriores al final de la segunda carnicería imperialista mundial, a la que, por el camino, se han sumado otras potencias con menor potencia de fuego a su disposición pero con mayores ambiciones de hacerse con una porción del mercado mundial del que depende toda economía nacional, es la demostración de que las contradicciones del capitalismo, acumuladas y agudizadas por su propio desarrollo —que debe interpretarse como una crisis periódica de sobreproducción de mercancías y capitales— no pueden ser abordadas por la burguesía sino aumentando los factores de crisis y de guerra general.
El proletariado se levantará contra la guerra burguesa, contra la guerra de expoliación imperialista, contra la carnicería mundial que se está preparando y que afectará a miles de millones de seres humanos con el único fin de mantener con vida un sistema social que conducirá a desastres cada vez más vastos, negando un futuro social de vida colectiva y de bienestar físico y espiritual que solo puede provenir de una sociedad no mercantil, no capitalista, no sometida a la explotación de la fuerza de trabajo asalariada, sino gozosa en la libre expresión de una humanidad que solo podrá caracterizar una sociedad sin clases, una sociedad comunista, una sociedad de especie.
Por muy lejana que pueda parecer la sociedad de especie, la sociedad comunista, es el propio desarrollo técnico y tecnológico del trabajo humano impuesto por el capitalismo el que crea sus bases. Desde el punto de vista de la capacidad productiva para satisfacer ampliamente las necesidades vitales y sociales de los pueblos de todo el mundo, el capitalismo ha demostrado desde hace tiempo que la posee. Pero esas necesidades vitales y sociales de los pueblos de todo el mundo no han sido consideradas en absoluto por la burguesía mundial como su prioridad; y no puede hacerlo, por muchas reformas que sea capaz de llevar a cabo en este o aquel país, por muchas promesas que se haga a sí misma tras cada crisis que sacude su economía y su sociedad, porque es hija de un sistema económico que se devora a sí mismo, un sistema económico que crea y desarrolla fuerzas productivas en cantidad para destruirlas en cada crisis. El límite del capital, dijo Marx, es el propio capital: mientras se ve impulsado a aumentar sin límites las fuerzas productivas, se ve al mismo tiempo impulsado a destruirlas para poder dar paso a nuevos ciclos de producción mercantil, a nuevos ciclos de producción capitalista. Es una espiral que solo podrá ser vencida por una fuerza social que es a la vez interna al propio capitalismo —porque es una de sus criaturas— y, por tanto, la fuerza de trabajo asalariada, y contraria al propio capitalismo —porque representa las fuerzas productivas que el capitalismo destina periódicamente a la destrucción gracias a las formas de producción constituidas por el poder político y el Estado burgués que aprisionan el desarrollo objetivo de las fuerzas productivas. Esta fuerza social está representada por el proletariado, por la clase de los trabajadores asalariados, a su vez aprisionados en el sistema de apropiación privada de la producción social. Por lo tanto, para dar a las fuerzas productivas humanas un desarrollo libre e indefinido, deben deshacerse de todas las formas sociales burguesas existentes, deben hacer saltar por los aires toda la superestructura de los estratos que forman la sociedad oficial (Manifiesto del Partido Comunista, Marx-Engels).
HAN ASESINADO EL PRIMERO DE MAYO PROLETARIO: LA REANUDACIÓN DE LA LUCHA DE CLASES Y REVOLUCIONARIA DEL PROLETARIADO MUNDIAL VOLVERÁ A CONVERTIRLO EN EL EMBLEMA DE SU EMANCIPACIÓN HISTÓRICA.
El Primero de Mayo de cada año, desde que la Internacional Socialista lo eligió como cita mundial de lucha de los proletarios de todos los países del mundo contra la sociedad burguesa, y por tanto contra el capitalismo y todas sus formas de existencia, deberá volver a ser el día mundial de la reanudación general de la lucha de clases del proletariado. El Primero de Mayo, como cualquier otra expresión histórica de la lucha de clases del proletariado (desde las asociaciones económicas clasistas de defensa inmediata hasta el partido de clase, desde las luchas revolucionarias y las revoluciones efectivamente llevadas a cabo, como en París en 1871 y en San Petersburgo en 1917, y desde la dictadura de clase proletaria dirigida por el partido bolchevique de Lenin), ha sido tergiversado, transformado por las fuerzas oportunistas y contrarrevolucionarias en una celebración de la democracia burguesa, del poder burgués, del capitalismo, y se utiliza contra el proletariado, contra sus aspiraciones sociales, contra sus tareas de clase históricas; ha sido transformado, al igual que toda lucha proletaria llevada a cabo por las fuerzas oportunistas de la colaboración de clases, en un arma de la conservación social, de la colaboración interclasista, un arma contra los proletarios de todo el mundo.
¡ Por la reanudación de la lucha de clases en todos los países !
¡ Por la reconstitución de las asociaciones económicas proletarias de clase y la lucha contra toda forma de colaboración entre las clases !
¡ Por la lucha contra la «paz burguesa e imperialista» y, más aún, contra la «guerra imperialista» !
¡ Por la reanudación de la lucha de clases a nivel mundial !
¡ Por la guerra de clases contra la guerra imperialista !
¡ Por la revolución proletaria y el comunismo, único camino para acabar con toda opresión, toda explotación, toda desigualdad, toda guerra, toda división de la sociedad en clases !
¡ Por la emancipación general de los seres humanos de su reducción a mercancías, a artículos de comercio, a carne para la explotación capitalista y para el matadero !
28 de abril de 2026
Partido Comunista Internacional
Il comunista - le prolétaire - el proletario - proletarian - programme communiste - el programa comunista - Communist Program
La sección sindical de la Confederación General del Trabajo (CGT) en SAETA Die Casting ha denunciado en una rueda de prensa celebrada ayer el despido de diez trabajadores el pasado 4 de diciembre, despidos que se producen después de aplicarse los acuerdos conseguidos tras la huelga realizada en la factoría durante los meses de junio y julio y que afectan, fundamentalmente, a trabajadores organizados en el sindicato CGT.
Según la empresa, los despidos se deben a una “baja carga de trabajo”. Sin embargo, para la organización sindical esta decisión se debe a la acción que sus trabajadores vienen realizando desde hace meses y, principalmente, a la pasada huelga.
SAETA Die Casting ha manifestado que en la planta “sobra personal”, pero ningún trabajador de otros departamentos que no secundaron la huelga de julio, como por ejemplo de oficinas, se ha visto afectado por estos despidos. Además, CGT ha recalcado que todas las personas que se han quedado sin empleo son afiliadas a la organización anarcosindicalista, lo que parece demasiada casualidad.
En este sentido, CGT ha explicado que en julio de 2025 se llevó a cabo una huelga muy dura motivada por cuestiones de seguridad, salud laboral y el reconocimiento de la penosidad. Esta movilización concluyó con un acuerdo donde quedaba muy claro que la dirección empresarial tendría que asumir el compromiso de no tomar represalias contra ninguna persona que hubiera estado ejerciendo su derecho fundamental a la protesta a través de la huelga. Así, la empresa está incumpliendo el acuerdo puesto que los despedidos pertenecen al departamento de producción y/o mantenimiento.
Este despido colectivo, como cualquiera puede ver, es un castigo y tiene una intencionalidad muy clara, que es debilitar la lucha de los trabajadores, la organización sindical, amedrentar a la plantilla y reprimir a quienes han plantado cara a los abusos, a la precariedad y a la explotación.
CGT considera que estos ceses resultan aún más indignantes si se tienen en cuenta que varios compañeros despedidos cuentan con más de 20 años de antigüedad en la empresa, incluso alguno llega a superar los 30 de servicio. Este hecho pone de manifiesto una falta absoluta de empatía y de respeto por parte de la dirección hacia su plantilla, quienes han dedicado casi toda su vida laboral al sostenimiento de SAETA Die Casting.
NOS SOLIDARIZAMOS con LOS DESPEDIDOS y manifestamos abiertamente nuestro total y absoluto apoyo en la LUCHA CONTRA LOS DESPIDOS EN SAETA y por la READMISIÓN de todos los trabajadores afectados.
ANIMAMOS a participar de las convocatorias, actos y concentraciones como la que se celebrará el próximo viernes 19 de diciembre a las 13'30h en las puertas de la Factoría situada en el Polígono San Cristóbal.
SOLIDARIDAD ACTIVA Y DE CLASE
READMISIÓN DESPEDIDOS EN SAETA
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INFORMACIONES anteriores sobre el conflicto en SAETA DIE CASTING y la PENOSIDAD:
> Paros en Saeta (17 de junio de 2025): https://valladolorenlainfoobrera.blogspot.com/2025/06/valladolid-paros-en-saeta-die-casting.html
> Con los trabajadores de SAETA (24 de junio): https://valladolorentodaspartes.blogspot.com/2025/07/con-los-trabajadores-de-saeta.html
> Basta ya de PENOSIDAD en SAETA (10 de julio): https://valladolorentodaspartes.blogspot.com/2025/07/basta-ya-de-penosidad-en-saeta.html
> Contra la penosidad en el el trabajo. El caso de Vestas: https://valladolorentodaspartes.blogspot.com/2025/11/contra-la-penosidad-en-el-trabajo-el.html
Continuando con nuestra tarea de contribuir al desarrollo y la extensión de la lucha de clases, pretendemos señalar y denunciar lo que podríamos calificar como "el enemigo interno", es decir, aquellos sindicatos, que reclamándose como parte de la clase trabajadora, son conocidos por sus prácticas antiobreras y por el mantenimiento de la "paz social" a toda costa (bonito eufemismo para denominar a la paz impuesta a lxs sometidxs, mediante toda la violencia que sea necesaria, por parte de sus opresores).
En el Estado español los dos mayores representantes de este "enemigo interno" son las estructuras sindicales de UGT y CCOO (aunque no los únicos).
Antes de entrar más a fondo en la exposición de motivos que nos lleva a adoptar este calificativo para denominar a estos sindicatos queremos hacer un ejercicio de honestidad para que nadie se llame a engaño.
Quienes elaboramos estos artículos nos encontramos dentro de una cierta "tradición", de prácticas e ideas, que se reconoce dentro de la autonomía obrera y que defiende sobre todas las cosas la independencia organizativa y política de la clase obrera.
Este principio, en el caso concreto de la cuestión sindical lleva a algunos a la negación del sindicato como institución necesaria para el desarrollo de la lucha de clases por dos razones principalmente:
1) Que, como dijo la AIT en su manifiesto inaugural, la emancipación de la clase obrera tiene que ser obra de lxs obrerxs mismxs y por ello en ciertas ocasiones la figura del sindicato, en vez de ser un motor necesario para la lucha, puede conllevar una práctica de delegación que haga que lxs obrerxs se desvinculen de los temas que les afectan directamente, lo que a la larga supondría en lugar de un motor, un freno, al promoverse la pasividad, la desmotivación y el individualismo.
2) Que la conversión del sindicato en institución mediante su integración en el aparato estatal para hacer de mediadores en los conflictos entre proletariado y burguesía, los limita en su acción al marco de la "paz social" (porque es esta misma la que legítima su posición) y los convierte, no en dinamizadores de la lucha de clases, sino en correas de transmisión necesarias para el poder dentro del sistema capitalista (la otra cara de la moneda del capataz que ejerce con gusto la función de "matón empresarial" pero en su versión sindical).
La financiación por parte del Estado de estos organismos hace imposible su independencia.
Y sin embargo, al mismo tiempo, sabemos que la lucha económica, de resistencia, de la clase trabajadora, no es una simple cuestión de formas. El sindicato integrado es igual de inerte que la asamblea cooptada por unos estalinistas.
Es, por tanto, la realidad actual de la lucha de la clase trabajadora la que nos lleva a subrayar el papel de enemigo interno de estos sindicatos vendidos.
Para ejemplificar la degradación progresiva en la defensa de los derechos de lxs trabajadorxs que llevan practicando estos sindicatos, desde su legalización en la época de la Transición hasta nuestros días, basta con tomar como ejemplo el papel que han jugado en la reciente huelga del Metal en la bahía de Cadiz.
En el marco de las negociaciones para la firma de un nuevo convenio colectivo del sector del metal, la FEMCA (patronal del metal en Cádiz) llega a un acuerdo con UGT, con la connivencia de CCOO que esta vez se ha puesto de perfil (en otras ocasiones estos papeles se intercambian).
Dicho acuerdo supone la consolidación de la pérdida de derechos laborales que han venido sufriendo lxs trabajadorxs del metal en Cádiz desde 2012, con la excusa de la crisis, en un momento donde la carga de trabajo vuelve a la Bahía por lo que se intenta su blindaje hasta 2032, periodo de vigencia de dicho convenio (demostrando que cuando a la patronal le interesa si que se pueden pactar convenios con largos periodos de vigencia). Esta pérdida de derechos viene reflejada por unos salarios a la baja (manteniendo la línea adoptada en tiempos de crisis, cuando ahora la situación ha cambiado y no se espera que vuelvan esos tiempos en los próximos años) que no garantizan el poder adquisitivo perdido en los últimos años, ninguna mejora en cuanto a seguridad o estabilidad de los puestos de trabajo y un total abandono de lxs trabajadorxs de las subcontratas que son aquellxs que más sufren la temporalidad y la precariedad, dejando un mensaje alto y claro: solo negociamos "migajas" para nuestros propixs afiliadxs, el resto nos importa entre muy poco y nada de nada. Tremendo descaro y falta de vergüenza para quienes se dicen "defensores de la clase obrera".
Este acuerdo se ha llevado a cabo a espaldas de las asambleas de trabajadorxs e incluso después, cuando estás se habían negado a someterse a tal abuso y habían empezado a movilizarse (apoyados en los sindicatos CGT y CTM), llegando a convocar una huelga indefinida que ha durado 23 largos días con protestas a diario (lo que deja bien a las claras que este acuerdo carecía del apoyo mayoritario de lxs trabajadorxs del metal). La postura de UGT y CCOO ha sido alinearse con la patronal, ninguneando a los sindicatos convocantes por una supuesta falta de representación (pese a que en los tajos, las asambleas y las calles se veía claramente lo contrario), tildando las manifestaciones de "ilegítimas" y criminalizando a lxs trabajadorxs en lucha, acusándolos de promover actos vandálicos ("poco quemamoh" para lo que merecen, a decir verdad).
Estás practicas, modos y maneras que podemos calificar como antiobreras con toda claridad no son un caso puntual ni algo de los últimos tiempos; son la línea que vienen adoptando progresivamente los "sindicatos mayoritarios" en todos los sectores y empresas a lo largo del Estado. Se han convertido sin lugar a dudas en la correa de transmisión de los deseos de la patronal, adoptando una suerte de juego de roles en donde la patronal hace de poli malo y estos sindicatos hacen de poli bueno, para que lxs trabajadorxs acepten la precariedad como una condena inevitable bajo la ilusión del mal menor.
Es por eso que desde aquí les señalamos y acusamos de ser el "enemigo interior" y le pedimos al conjunto de la clase obrera que les niegue la representatividad que dicen ostentar cuando lleguen a acuerdos que sean perjudiciales a sus intereses sin tan siquiera consultarles.
No son los defensores de la clase trabajadora, son los mamporreros del capital.
POR LA UNIDAD OBRERA
LUCHA OBRERA Y LEGALIDAD BURGUESA
Desde la llamada transición democrática, que implantó el actual régimen que hoy padecemos en continuidad con el del general Franco, nacido de la derrota de la revolución española, los trabajadores supuestamente gozamos de unos derechos y libertades que nos permitirían defender más eficazmente —y sin enfrentarnos a graves consecuencias legales— nuestros intereses. Nada más falso.
El Estado nacido en el 78 ha tejido una maraña legislativa que de palabra nos permite defender nuestros intereses a la vez que lo impide en los hechos.
La Constitución «reconoce», la ley impide
La legislación prohíbe expresamente algunos de los instrumentos más potentes que la clase trabajadora tiene a su disposición para hacer frente a la patronal y a su aparato político e ideológico: la huelga espontánea, la huelga de solidaridad, la huelga política, los piquetes, las asambleas de huelga con voto a mano alzada.
El Real Decreto Ley de 1977 (previo, por tanto, a la propia Constitución española) impone el preaviso de huelga con al menos 5 días de antelación. Serían ilegales, por tanto, huelgas como las que espontáneamente estallaron con la primera ola de COVID, que estaba diezmando a los trabajadores, contagiados en los propios centros de trabajo. Y serían impensables huelgas ante sucesos imprevistos, como las de respuesta y duelo ante «accidentes» de trabajo.
Las huelgas de solidaridad, que además de espontáneas —frecuentemente decididas en asamblea en el momento— se realizan en apoyo de otros trabajadores en huelga y son una herramienta esencial para la extensión de la lucha, están expresamente prohibidas: la burguesía y su Estado legislan el aislamiento de las luchas obreras para derrotarlas una a una.
Las huelgas que la autoridad competente juzgue «políticas» son también directamente ilegales. Si, a pesar de los obstáculos, una lucha se extiende, saltando las barreras de empresa, sector, región... ya no tendrá enfrente a una empresa o a un sector patronal particular, sino a la clase explotadora en su conjunto, organizada en torno al Estado. La huelga —que bien puede conservar reivindicaciones puramente «económicas»— se torna así «política». Es decir: se vuelve ilegal.
Son ilegales también las huelgas que pretendan alterar los convenios colectivos. Es decir: el hecho de que los trabajadores pretendan alterar convenios colectivos firmados por terceros, sin participación de ningún trabajador del sector, es también ilegal (y esto no es un caso extraño: muchos convenios de ayuda a domicilio han sido firmados por los sindicatos decretados mayoritarios sin tener ninguna representación real, sin elecciones sindicales y sin consulta a las trabajadoras afectadas; es un simple ejemplo).
Un instrumento histórico y efectivo de las luchas de los trabajadores, la asamblea general de huelga con voto a mano alzada, que evita mucho pasteleo sindical —como el que vimos en la última huelga del metal en Cádiz— se prohíbe para el acuerdo de inicio de huelga, imponiendo el voto secreto. Los sindicatos se encargan de reproducir este fetiche de la democracia burguesa para todo lo demás, en especial para los «referéndum» de fin de huelga (que suelen ser de rendición completa).
Otros instrumentos de lucha obrera saltan directamente de las llamadas relaciones laborales al código penal: los piquetes y las ocupaciones de empresa. Los piquetes desaparecieron formalmente del código penal, pero se sigue aplicando el delito de coacciones; la ocupación de oficinas, locales, fábricas... supone el mismo delito que la ocupación de viviendas, la «usurpación».
Y por supuesto, el Estado cuenta con toda una batería legislativa para reprimir otras formas de lucha asociadas, como las manifestaciones. La «Ley Mordaza» es el ejemplo más socorrido, pero no es el único.
Con o sin ley, la lucha se abre paso
La patronal y su Estado cuentan, como hemos visto, con todo un entramado legal para impedir cualquier lucha real de los trabajadores. Sin embargo, no podemos decir que esta sea la causa de la aplastante paz social que nos ahoga mientras nuestras condiciones de vida empeoran.
En otros periodos históricos las leyes han sido igualmente duras, los obstáculos igualmente grandes y la represión aún más salvaje. Y sin embargo la clase trabajadora ha podido luchar por sus intereses, en muchos casos con éxito.
En España, la ola de huelgas de 1946-1947; la huelga general de 1951 en el País Vasco, la huelga minera de Asturias de 1962 («la huelgona»), que desencadenó huelgas mineras de solidaridad en toda España; el 10 de marzo en Ferrol, que desencadenó huelgas de solidaridad hasta desembocar en la huelga general de Vigo del 72; la «galerna de huelgas» de 1975-76... Son solo algunos ejemplos de luchas obreras reales, con métodos clasistas, en un contexto legal y represivo a priori peor que el actual.
Lo que queremos decir es sencillo: si los trabajadores queremos defender nuestros intereses de clase no nos podemos ajustar al marco legal que impone el enemigo de clase. Es necesario romperlo, sortearlo, pasar por encima, por debajo o rodearlo. Cualquier cosa, pero no aceptar sus normas, porque sus normas están hechas para aislarnos, impedirnos luchar y derrotarnos antes de empezar a pelear. El Estado democrático no es un ente neutral, es un aparato de los explotadores: no podemos esperar «justicia» de su parte. Es solo con nuestros medios, cumplan o no la legalidad burguesa, que podemos luchar de verdad. Sin ninguna garantía de victoria, pero al menos con alguna posibilidad. La aceptación de la ley es la aceptación sumisa de la derrota.
Texto extraído del Boletín LA HUELGA (https://lahuelga.info)
Cádiz: la vía de la lucha de clase
La huelga del sector del metal en la provincia de Cádiz, que incluye a todas las empresas, principalmente dedicadas a la construcción y reparación naval, en San Fernando, la ciudad de Cádiz, Puerto Real y Jerez, ha tomado una fuerza que parecía imposible, si nos atenemos a la serie de derrotas y claudicaciones sindicales con que se han cerrado huelgas similares y recientes en otras provincias.
La sucesión de acontecimientos, muy resumidamente, ha sido la siguiente: cuatro años después de la firma del último convenio colectivo del sector (firma que se logró por parte de CC. OO y UGT in extremis, colocándose contra buena parte de los trabajadores, que lo rechazaron abiertamente), la tensión acumulada en las factorías, precisamente como resultado de ese último convenio colectivo, de la implantación del sistema de fijos discontinuos como vía para el despido rápido, etc., había ido en aumento. De cara a la negociación, los principales sindicatos (UGT primero, seguido de CC.OO. y de CGT) convocaron una huelga de dos días. El fin era evidente: permitir que los trabajadores, especialmente aquellos que se han radicalizado más a lo largo de los últimos años y que han engrosado las filas de CGT, de la Coordinadora de Trabajadores del Metal (CTM) o, en algunos casos, del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), desfogasen parte de la rabia contenida, como si se tratase de dos jornadas de lucha destinadas a aliviar la tensión. Después de esa huelga parcial, con preaviso y perfectamente adecuada a las necesidades de la patronal, en el guion esperable estaba el paripé de la negociación: UGT -primer convocante- representando “tensos encuentros” con la patronal de las empresas del sector (las grandes empresas, como Navantia, tienen convenio propio y están excluidas). Como parte del circo, se firma un preacuerdo la madrugada del domingo y se presenta a los trabajadores el lunes por la mañana con el fin de que entren ese mismo lunes a trabajar. Pero en este punto se ha roto la baraja: buena parte de los trabajadores (según la prensa burguesa, aquellos que trabajan en la bahía de Cádiz) ha rechazado el preacuerdo y ha decidido continuar con la huelga y, con la cobertura legal de CGT -cuya sección del metal se ha negado a desconvocar la convocatoria de huelga- , han continuado con los paros, esta vez de manera indefinida y sin que ni la patronal ni el gobierno tengan la certeza de que van a poder pararlos a su antojo, como han hecho habitualmente, gracias a la labor de los grandes sindicatos colaboracionistas.
Las reivindicaciones iniciales de los trabajadores del metal eran estas:
• Cumplimiento íntegro del convenio para todo trabajador y trabajadora del sector.
• Regulación justa del contrato “fijo discontinuo”.
• Imposibilidad de trabajar dentro de las factorías bajo convenios diferentes a los del metal.
• No a los impagos constantes.
• Coeficiente reductor para la jubilación anticipada.
• Vigilancia y prohibición de las listas negras.
Para entender correctamente su alcance, es necesario tener en cuenta que el sector del metal en Cádiz lo compone una miríada de pequeñas y medianas empresas que prestan servicios para las grandes empresas del sector (Navantia, Airbus, Dragados Ofshore, etc.). Esta fragmentación de las llamadas “empresas auxiliares” es consecuencia de la progresiva descapitalización que emprendió la industria del metal hace cuarenta años, entonces enucleada en torno a las grandes empresas estatales: al proceso de privatización le acompañó el fenómeno de la externalización, por el cual las empresas principales prescindían de la mano de obra y el capital necesario para realizar tareas que podían subcontratarse en función de la carga de trabajo que existiese. De esta manera, a día de hoy, en una misma obra, trabajando en la construcción de un solo barco, puede haber al mismo tiempo muchas empresas, cada una de las cuales tiene a un grupo de trabajadores realizando determinadas tareas. Esto, en la práctica, ha supuesto la estratificación de la masa proletaria que antes contrataba una única empresa y la desvinculación de los diferentes oficios dentro del sector, con lo que el problema para los trabajadores se agudiza porque muchas empresas, con el fin de disminuir los salarios, se acogen a convenios colectivos que no son los del metal (con la excusa de que la tarea particular que realizan así lo exige). De esta manera, no sólo hay diferentes trabajadores de diferentes empresas, sino que, legalmente, en una sola obra puede haber una división “industrial” total.
Durante décadas ésta ha sido la gran fuerza de la burguesía. Ante la crisis prolongada del sector del metal (que comenzó en los años ´80 y que a lo largo de las dos décadas siguientes implicaría una profunda reestructuración de la industria, de los métodos de trabajo, etc., con la amenaza de la deslocalización, de la competencia coreana o de cualquier otro chantaje pendiendo siempre sobre la cabeza de los trabajadores), la estrategia siempre fue rebajar los costes salariales mediante la división y el consiguiente debilitamiento de lo que antaño fue una clase proletaria fuerte y combativa. Primero lo logró dividiendo entre jóvenes y mayores, favoreciendo la salida de estos últimos con buenas prejubilaciones, mientras despedía o imponía condiciones mucho peores a los primeros. Luego fue la división por empresas: las que se mantuvieron dentro del Estado (participadas total o parcialmente por la SEPI) y las que se privatizaron. Una vuelta de tuerca más: desmembración de las grandes empresas y traslado de la carga de trabajo a otras, auxiliares, en las que las condiciones de trabajo están muy por debajo de las grandes. Finalmente, la última gran baza de la patronal y del Estado ha sido la introducción de la figura contractual del llamado “fijo-discontinuo”, generalizada por la ministra de trabajo de Sumar, Yolanda Díaz, en la reforma laboral de 2022. Con esta forma de contratación las empresas logran vincular a los trabajadores y mantenerlos a su disposición, ahorrándose los costes de los despidos, de la nueva contratación, etc., y consiguen además contar con bolsas de empleo que utilizan según su necesidad en cada momento.
Esta descripción de la situación de Cádiz puede valer para cualquier porción local del sector del metal que se quiera examinar: Ferrol, Vigo, País Vasco, Valladolid, Valencia… en todas partes la dinámica ha sido la misma y el resultado, por lo tanto, casi idéntico: un proletariado dividido, tanto en los aspectos legales como en lo que se refiere a las condiciones laborales; y una patronal que, valiéndose de las organizaciones sindicales tricolores, que a lo largo de los años han sancionado esta situación, se apoya en la relativa paz social comprada entre los trabajadores de las empresas principales (aquellos que tienen unas condiciones algo menos malas), para imponer una explotación brutal a los proletarios de las auxiliares.
Pero la situación de Cádiz es especialmente dura. Fuera del sector del metal, la provincia de Cádiz es un desierto laboral: se trata de una de las provincias con más paro de España, con una tasa de pobreza por encima de la media de España, con un entorno industrial prácticamente inexistente… No es por casualidad que toda la región ha visto crecer una estructura criminal dedicada al contrabando de drogas con Marruecos, que emplea a centenares de jóvenes que, de otra manera, no conocerían otra cosa que el hambre. En Cádiz, además de los barrios obreros que aplauden a los huelguistas que se manifiestan por ellos, también existen barriadas y pueblos donde los vecinos protegen a los miembros de los clanes criminales de la Guardia Civil, porque con las mafias al menos pueden comer.
Esta situación ha actuado de presión extra sobre los trabajadores del metal, especialmente sobre los empleados de las empresas auxiliares que van y vienen del paro (ahora del “fijo indefinido”) y que siempre tienen la amenaza de entrar en las listas negras por negarse a trabajar en determinadas condiciones, por no ser lo suficientemente dóciles, o por el simple capricho del encargado de turno. El ejército industrial de reserva con el que la clase burguesa presiona a los proletarios ocupados -temporal o permanentemente- es un instrumento de orden y pacificación de primer rango, y en manos de la clase burguesa siempre sirve para disciplinar a los proletarios que conviven con la amenaza del hambre para ellos y para sus familias.
Esta situación es la que ha llevado a la tabla reivindicativa que plantearon los trabajadores del metal tanto en las asambleas convocantes de la huelga como en los dos sindicatos que la han hecho posible, CGT y CTM.
Dichas reivindicaciones plantean una cuestión básica pero intolerable para la patronal, pública y estatal: la unidad, es decir, la igualdad en las condiciones de trabajo, el fin de la fragmentación laboral, el NO a la discriminación y NO a la represión. Porque a lo largo de los últimos años en la industria del metal de Cádiz se ha visto madurar a un sector proletario dispuesto a luchar y a asumir las necesidades que la lucha plantea. Ya en 2021, cuando el anterior convenio colectivo se firmó con la ayuda inestimable de las tanquetas antidisturbios del PSOE y de Podemos, la lucha que CC.OO. y UGT traicionaron amenazaba con desbordarse, tanto por la negativa de algunos trabajadores a aceptar los acuerdos, como por su esfuerzo en sacar el conflicto de las factorías y movilizar a toda la clase proletaria de Cádiz. Entonces, una desconocida CTM estuvo a la cabeza de la protesta y de las tentativas por romper la paz social impuesta por los sindicatos colaboracionistas. Pero finalmente estos, apoyados por todo el arco de la izquierda parlamentaria, impusieron la vuelta al trabajo en condiciones penosas.
Cuatro años después, la situación había madurado hasta tal punto que la anterior minoría fácilmente reprimible y ninguneable, arrastró tras de sí a miles de proletarios, impuso la continuidad de la huelga y el rechazo a la política de colaboración entre clases que propugnan UGT y CC.OO. Y no sólo eso, lo ha hecho con la reivindicación explícita de la unidad y la solidaridad con los proletarios que se encuentran en peores condiciones, rechazando explícitamente -como hizo el representante de CGT en la asamblea del lunes 23- cualquier modelo dual de contratación y trabajo, e imponiendo estas exigencias mediante la huelga y la movilización continua.
Por su parte, UGT, que encabezaba el comité de huelga, firmó un preacuerdo que suponía una nueva soga en el cuello de los trabajadores: partiendo de un “contrato para los jóvenes” que permitiría a las empresas pagar un 25% menos a los nuevos trabajadores y pasando por un plus de toxicidad a cobrar en siete años, para acabar por una actualización salarial que no llega a cubrir la pérdida de salario real de estos últimos años… De lo que se trata, tanto para UGT (o CC.OO., que finge no aceptar el acuerdo para jugar la baza de la radicalidad, y mantenerse, así, como interlocutor válido) como para la patronal, es garantizar un acuerdo de paz social que permita a las empresas asumir sin contratiempos el incremento de la carga de trabajo que se prevé para los próximos años. No en vano el convenio colectivo que se quiere imponer se prolongaría ¡hasta 2032!
En el convulso contexto económico y político que se avecina, con un plan de rearme generalizado para las grandes potencias imperialistas ya en ciernes, la patronal del metal y sus aliados oportunistas ven una posibilidad de negocio que ningún burgués rechazaría. Y para aprovecharla, necesitan garantizarse una mano de obra dócil que permita los márgenes de beneficio que hagan rentable la inversión necesaria.
Para los proletarios del metal de Cádiz la vía, por una vez, se ha mostrado clara: sólo los medios y los métodos propios de la lucha de clase sirven para vencer en la lucha que, inevitablemente, se debe librar contra la burguesía. El chantaje habitual en las últimas décadas (carga de trabajo a cambio de peores condiciones laborales), que siempre se ha traducido en la política sindical conciliadora del “ante todo, defensa del puesto de trabajo” se ha revelado como una trampa que ha sumido a los trabajadores en niveles de precariedad inauditos. Y es por ese lado por el que ha comenzado su respuesta: siendo conscientes del gran momento que puede vivir la clase burguesa a su costa, con unas expectativas de negocio tan prósperas… se han negado a aceptar la amenaza habitual y han impuesto una huelga indefinida hasta vencer. No sólo eso, sino que la han impuesto con los métodos propios de la lucha proletaria: piquetes, saltos, asambleas unitarias y abiertas a otros sectores de trabajadores, manifestaciones ilegales para tratar de unir al resto de la población obrera de la ciudad, solidaridad con los detenidos, etc.
Por el momento, su capacidad para romper con UGT y CC.OO., que son los órganos de contención que la burguesía utiliza habitualmente como primera línea de su defensa contra la lucha obrera, les ha dado una fuerza capaz de obligar a la patronal a, como mínimo, ceder en sus exigencias más inmediatas. Pero esto no significa que el camino haya quedado libre de obstáculos. Más allá de las grandes organizaciones del oportunismo político y sindical, existen otras fuerzas que tienden a desviar a los proletarios de la vía de la lucha de clase. Esa segunda línea de contención, formada por la extrema izquierda clásica, que ya aparece en las manifestaciones y en los piquetes buscando una notoriedad que les confiera influencia, y por algunos sectores del llamado “sindicalismo alternativo”, también supone una fuerza anti proletaria que se ejercerá llegado el momento.
El ejemplo de los trabajadores del metal de Cádiz muestra no sólo que (¡por supuesto!) la clase proletaria es una fuerza viva, sino que la lucha de clase fuera del aparato legal de la burguesía, contra la política de conciliación social, contra el oportunismo sindical, etc., puede y debe revivir allí donde las condiciones de vida de los proletarios caen y caen por exigencias de la economía capitalista. Ese es el ejemplo que estos trabajadores han dado: la burguesía y su Estado siempre van a estar contra los proletarios, y la única manera de poder siquiera pensar en vencerlos es la práctica de la verdadera lucha de clase, la que no tiene en cuenta sino las necesidades de los proletarios, la que no recurre a la negociación sin lucha, la que no pacta la paz social como requisito previo para los acuerdos, la que se enfrenta a la represión con la fuerza que le da la unidad de clase.
¡Por la recuperación de la huelga como arma de la lucha de clase del proletariado tanto para las reivindicaciones inmediatas como para las generales!
¡Por la reorganización clasista del proletariado!
¡Por la defensa intransigente de la lucha de clase proletaria!
24 de junio de 2025
Partido Comunista Internacional
Il comunista - le prolétaire - el proletario - proletarian - programme communiste - el programa comunista - Communist Program
www.pcint.orgManifestaciones espontaneas contra la policía en Los Ángeles: oponerse y combatir las expulsiones y despidos masivos de trabajadores
Las redadas policiales de las últimas semanas para detener a trabajadores inmigrantes y expulsarlos del
país forman parte de un ataque contra todos los trabajadores de Estados Unidos. No pueden permanecer
indiferentes ante las reacciones y manifestaciones espontáneas que la población mayoritariamente
proletaria del barrio Paramount de Los Ángeles ha llevado a cabo en los últimos días.
Al igual que los despidos de la noche a la mañana en los servicios públicos [los trabajadores federales], la burguesía estadounidense, bajo la dirección del equipo Trump que eligió, está intensificando sus ataques abiertos contra el conjunto de la clase obrera del país. Esto ocurre en un momento en el que la inflación vuelve a aumentar, haciendo así bajar los salarios en todos los sectores. Y en un momento en que la desaceleración de la economía, agravada por las políticas anti-obreras del gobierno de Trump, anuncia despidos en todos los sectores y una mayor explotación para los que conservan su empleo.
Las manifestaciones espontáneas del 6 y 7 de junio en Los Ángeles para oponerse a la redada policial y a las detenciones de jornaleros que buscaban trabajo en un taller de herramientas son una primera reacción que todo proletario debe saludar y con la que debe solidarizarse. Pero si se quedan como están, serán rápidamente derrotados por la represión que la burguesía norteamericana ya ha empezado a utilizar.
Apenas dos días después de los primeros enfrentamientos con la policía, el gobierno decidió enviar a la
guardia nacional y a los marines contra los obreros. La represión estatal es sólo un aspecto del peligro al que se enfrentan. El otro es la recuperación de su lucha por parte del aparato del Partido Demócrata y su desvío hacia las urnas y el campo electoral. Seamos claros, la izquierda demócrata y la derecha trumpista trabajan juntas para desviar a los trabajadores de su lucha. Una es el yunque y la otra el martillo.
Sólo hay dos vías paralelas para hacer frente con eficacia a la represión y las deportaciones: la primera es organizar las mayores manifestaciones y concentraciones posibles en los barrios y buscar la solidaridad activa, e incluso la participación masiva, de los trabajadores de las empresas de los barrios para oponerse a la policía y paralizar su acción. Esta lucha contra la represión y la deportación será mucho más eficaz si las manifestaciones callejeras están respaldadas por acciones de huelga de los trabajadores. Además, los trabajadores y los barrios de otras ciudades del país deberían emprender acciones similares siempre que sea posible, porque las deportaciones masivas no sólo afectarán a los trabajadores californianos.
Oponerse a la deportación de inmigrantes, así como a los despidos en el sector público y otros sectores,
puede permitir a los proletarios del país reagruparse y establecer una línea de defensa contra los ataques
actuales y los graves que se avecinan a medida que la clase dominante y su Estado se preparan para la
guerra generalizada y nos hacen pagar por ella. Es en este terreno “de clase”, el de los trabajadores y sus intereses, y no en el de la defensa de los derechos democráticos o de otro tipo, donde es posible resistir a la ofensiva de la burguesía norteamericana. Es también en el terreno de los aumentos salariales en todos los sectores, industriales o no, sindicales o no, de trabajo legal o no, donde el conjunto de la clase obrera puede y debe reagruparse.
¡No a las detenciones y deportaciones! ¡No a los despidos! ¡Aumento general de los salarios al ritmo de la inflación!
Sólo hay una “comunidad”: la de los trabajadores asalariados, sea cual sea su pasaporte, color de piel, sexo o lengua.
Para resistir a los ataques y frustrar la represión de la policía y el ejército :
- ¡no quedarse aislados!
- ¡buscar la solidaridad en cada barrio!
- manifestaciones y concentraciones masivas, ¡todos juntos, todos unidos!
Il GIIC, 11 de junio de 2025
Las estadísticas de accidentes laborales nunca están completas, pero no creemos que lo importante sean los datos completos, sino destacar LA SANGRÍA QUE VIVE NUESTRA CLASE a diario.
En el avance enero-noviembre del año pasado (2024) se puede ver cómo el número de accidentes laborales (con o sin baja) el año pasado fue de más de 1 millón. Esto supone, según sus datos, un aumento del 0,6 % respecto al año anterior.
Si, según las cifras oficiales, la población asalariada española se situó en 21.857.900 asalariados, al menos 1 de cada 21 trabajadores ha sufrido un accidente en el año pasado en el trabajo o yendo al mismo (1/21). De este total de accidentes, la mitad fueron con baja. 6 en el trabajo por 1 in itinere.
El número total de muertes en el trabajo fue de 796 (con un ligero repunte respecto al año anterior), y el número de accidentes graves también subió ligeramente hasta los 4000. Por sexos, siguen siendo los varones los que más accidentes sufren (un 71% por un 29% las mujeres). Sin embargo, en las cifras in itinere estos datos de sexos se igualan e incluso es mayor el número de mujeres afectadas que causan baja por el mismo.
Por comunidades autónomas, donde más población asalariada existe (Andalucía, Cataluña, Madrid) es donde más accidentes se producen. En total en Castilla norte y en León se han producido el pasado año 24.776 accidentes laborales con baja (de los cuales 22.969 asalariados), situándose por detrás de Galicia como la 8ª comunidad con más accidentes (una cifra muy similar a la de la Castilla sur, por cierto). Las muertes en el periodo de 2024 fueron 39.
Por el tipo de lesión, los sobreesfuerzos, los golpes y choques, los cortes y golpes de objetos punzantes, los accidentes de tráfico representan algunas de las principales formas de lesionarse, provocando dislocaciones, esguinces, distensiones, heridas leves o profundas, fractura de huesos, quemaduras o congelaciones, lesiones múltiples, lesiones internas invisibles, ahogamiento, asfixia, etc. Los infartos y derrames cerebrales en el trabajo están a la orden del día y no son raros los atrapamientos y amputaciones, las caídas o los golpes y colisiones de diverso tipo.
Por sectores donde más accidentes se siguen produciendo son la industria manufacturera y la construcción, con mayor mortalidad en la construcción y en el transporte y logística. La construcción presenta un índice de 493 accidentes cada 100.000 trabajadores, aunque sigue siendo muy alto es algo menor que el de las industrias extractivas pero mayor que el de los saneamientos y suministros de agua (los tres sectores más destacados). Por debajo de estos sectores con mayor incidencia de accidentes con baja o mortales, se encuentran la industria manufacturera, el trabajo agrícola y el transporte y la logística y almacenamiento que en este aspecto ha crecido mucho en los últimos años.
Asumiendo que hoy el trabajo asalariado está regido por las normas que la burguesía y los empleadorxs han ido tejiendo a lo largo de los años, aceptando el pacto que implica la firma de un contrato de trabajo, en el mejor de los casos, en el que intercambiamos nuestra fuerza de trabajo por dinero.
Hacemos un llamamiento a toda la clase trabajadora, asalariada, por cuenta propia o sumergida de que el trabajo es para vivir, que no podemos permitir que los trabajadorxs perdamos la vida por los beneficios de los empresarixs y accionistas, que lamentablemente tenemos que vender nuestro tiempo de vida para poder llevar esa vida que a duras penas podemos pagar y engordar, con ello, las cuentas corrientes de los dueños de las fábricas y oficinas.
Ante la sangría de todos los años de trabajadorxs muertxs, gravemente heridxs y con secuelas que la administración laboral y sanitaria no reconoce ni trata como tal. Ante la deriva liberal del todo vale por los beneficios, NOSOTRXS lxs proletarixs, lxs encargadxs de que todo funcione, se fabrique, construya, cultive y llegue a su destino, debemos tomar la iniciativa no solo en la lucha y la denuncia, si no en la autoprotección como conjunto de trabajadorxs, como clase obrera ante esta tendencia que solo genera muerte y miseria.
NO TE ARRIESGUES EN EL CURRO.
Cuando subes donde no tenías que estar, cuándo haces labores para las que no te han formado, cuando prolongas jornadas interminables a la intemperie, conduciendo o bajo condiciones extremas, estás poniéndote en peligro por los beneficios de los capitalistas.
CUÍDATE A TI Y A TUS COMPAÑERXS.
Partiendo de la base de que somos de una misma clase, el termino compañerx, adquiere un valor añadido más allá del color de nuestros buzos, cuida a tus compañerxs de clase, a tus compañerxs de trabajo y a los que puedas ver por la calle. Un obrerx muertx o herido es uno de nosotrxs muertx o heridx.
PLANTAOS ANTE EL PELIGRO EN EL TRABAJO Y LOS RECORTES EN SEGURIDAD.
La legislación laboral en seguridad e higiene permite en determinadas situaciones la adopción de medidas de paralización del trabajo en condiciones de peligro inminente, no es suficiente como queda claro con casi 800 muertos al año, la presión del grupo y el apoyo del resto de la clase y sus herramientas como la huelga y el sabotaje harán que cambien las cosas: se trabaja seguro o no se trabaja.
NO TE DEJES PRESIONAR. ÚNETE, UNÍOS, UNÁMONOS POR Y PARA NOSOTRXS.
El conjunto de la clase afectada por la misma problemática tiene que tomar la iniciativa por la autoprotección tanto si es apoyando a un solo compañero obligado a ejercer su labor con o en peligro, como denunciando a un empresario que presiona a los trabajadores. Si tocan a unx respondemos todxs.
NO MÁS TRABAJADORXS MUERTXS. TODXS JUNTXS, TODXS EN CASA.
No hay ninguna justificación para que un trabajador se ponga en peligro, ni los plazos, ni los costes, ni pandemias ni siquiera el cambio climático y sus danas, incendios y vendavales: los beneficios cuestan vidas
Abril 2025 - Comité de Solidaridad de los Trabajadores.






