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[recibimos y publicamos]

Así No. Sobre la deriva del movimiento ecologista. Errando en el diagnóstico, fracasando en el tratamiento

 

Nuestra sociedad se enfrenta a una grave crisis ecosocial. En 2009 un grupo de científicos estableció nueve procesos1 que regulan la estabilidad y resiliencia del sistema Tierra y que no habría que sobrepasar para garantizar el desarrollo de la sociedad. En septiembre de 2023, en apenas 14 años hemos sobrepasado la zona segura de seis de los nueve límites: el calentamiento global, la biosfera, la deforestación, los contaminantes y el plástico, los ciclos del nitrógeno y el agua dulce. Particularmente preocupantes son los puntos de inflexión, donde un pequeño aumento en la temperatura global podría dar como resultado un gran cambio en el clima. Sobrepasar esos puntos de inflexión podría desencadenar otros en cascada y algunos siguen estando poco estudiados.

 

Stockholm Resilience Centre, Stockholm University

 

El sobrepasamiento de estos límites no asegura hecatombes inmediatas, pero los científicos afirman que “en conjunto, marcan un umbral crítico para aumentar los riesgos para las personas y los ecosistemas de los que formamos parte”. Así, catástrofes ambientales, extinción de especies, escasez de agua, migraciones climáticas, ruptura de las cadenas logísticas y contracción en la producción de alimentos son síntomas, que en este momento presentes mayoritariamente en el Sur global, nos anuncian lo que será la “nueva normalidad”.

Ante la gravedad de la situación, debemos tomar medidas urgentes y radicales antes de finalizar esta década. Sin embargo, el movimiento ecologista institucionalizado, cuestionado por cientos de plataformas de base, dependiente en gran parte de subvenciones estatales o de empresas (vía fundaciones), y más preocupado por sostener su statu quo y los privilegios y prebendas de sus “profesionalizados” dirigentes, sufre una disociación cognitiva, ya que, sus respuestas, no pasan de recursos jurídicos, reuniones con los políticos y empresarios, notas de prensa o informes técnicos. Nos engañamos si pensamos que esto nos va a salvar.

Como bien advierten los científicos, “el camino hacia el desastre climático está pavimentado de estudios de viabilidad y evaluaciones de impacto”. (...)

 

El problema fundamental no es el lugar donde situar los parques de “renovables” (nunca en zonas singulares o agrícolas), sino si son realmente necesarios

En general se acepta sin cuestionar la necesidad de sembrar el territorio de sistemas de captación de energía (“renovables”) para alcanzar una descarbonización de la economía, inviable si no lleva aparejado políticas de decrecimiento, al menos en las consumistas sociedades occidentales.Sin embargo, nuestro metabolismo social es cerca de un 80 % dependiente de los combustibles fósiles y solo algo más del 20 % de la electricidad. Y las mal llamadas “renovables” solo aportan electricidad al mix energético, que en muchas ocasiones la red eléctrica actual no puede absorber, aparte de que el consumo eléctrico en el estado español lleva 15 años descendiendo, en gran parte por el declive industrial. Por lo tanto, y dado que no es posible electrificar sectores como el transporte marítimo, aéreo, terrestre pesado, agrícola, la producción industrial de cemento, acero, aluminio, etc., parece que no necesitamos más electricidad de la que producimos. Y menos para intentar producir con ella una supuesta “energía mágica”, el hidrógeno verde, una tecnología que no está desarrollada, y cuyos costes de producción y distribución son elevadísimos y no rentables en este momento (recordemos las décadas que llevamos oyendo que la fusión nuclear ya está aquí).

El despliegue de macro-renovables, que está arrasando la “España vaciada” y las zonas periféricas de otras comunidades, es perfectamente legal. Tanto la UE en diversas ocasiones, como el gobierno central, o los autonómicos, han apoyado/aprobado las normativas necesarias para sembrar estas zonas de estos proyectos. Todos los partidos del espectro parlamentario y las centrales sindicales subvencionadas están de acuerdo. Por su parte, el ecologismo oficial (el llamado G5), con línea directa con el gobierno más progresista de la historia, o bien apoya el despliegue de la eólica marina, o guarda silencio en otros casos, y en la práctica se mantiene inactivo, bajo el mantra de que es urgente descarbonizar la economía, cuestión esta cierta, , pero dejando a un lado la única posibilidad de reducir las emisiones, que es el decrecimiento. Por otra parte, las vías jurídicas para recurrir la epidemia de proyectos, aparte de ser prohibitivas económicamente para la mayoría de plataformas dado que no hay una estructura solidaria de letrados -sino que todo pasa por despachos privados-, conlleva plazos muy largos que la urgencia del despliegue no permite. Además, aunque es obvio que lo que se está implantando son sistemas energéticos centralizados (Renovable Eléctrica Industrial, REI), en manos de grandes empresas para su negocio, en lugar de sistemas descentralizados y a pequeña escala para garantizar las necesidades de la población, la ubicación de los parques en zonas muy despobladas y envejecidas condicionan y limitan la respuesta en la calle. Mientras el mundo urbano y el rural se den la espalda, y el primero solo vea lo rural como apéndice turístico y vacacional ocasional, y no como un elemento imprescindible en un futuro no muy lejano para reorganizar la existencia, la defensa de la tierra lleva las de perder.

 

Las mal llamadas “renovables” no van a frenar el calentamiento climático, al contrario, están colaborando en su aceleración. Los paneles solares y los molinos eólicos están hechos de metales, plásticos y otros compuestos químicos, elementos que han sido extraídos del suelo, transportados, transformados y acoplados. Este proceso extractivista tiene lugar fundamentalmente en nuestro patio trasero, los países el Sur, que cargan con los efectos colaterales: destrucción de hábitats, contaminación del agua, desechos tóxicos, conflictos armados, todo para intentar garantizar en el Norte el mismo nivel de consumo y despilfarro energético al que llevamos enganchados unas pocas décadas. Por lo tanto, para fabricar y poner en marcha estos sistemas se necesitan quemar grandes cantidades de combustibles fósiles, triturar montañas para conseguir “tierras raras”, para luego ser fabricados mayoritariamente lejos de nuestros países, etc., con el incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero consiguientes. Gobiernos y empresas saben que no existen suficientes materiales para su despliegue, pero siguen alimentando el negocio. Incluso hay quien defiende que la cantidad de energía utilizada para todo el proceso, más la derivada de los costes asociados a su desmantelamiento (estos sistemas duran entre 20-30 años) son inciertos y podrían ser mayores que la producida durante su vida útil. (...)

Ponga un empresario (o una ministra) al frente de su lucha. En el escenario actual se corre el peligro de centrarse en lo local, lo inmediato, y perder de vista el contexto general. En lo local, se producen colisiones entre diferentes intereses capitalistas en la explotación del territorio. Los fondos Next Generation (que pagaremos como deuda) han provocado el aterrizaje de las energéticas en zonas periféricas donde la despoblación había finiquitado la economía del comunal, y se había impuesto como única fórmula capitalista la explotación de los sectores turísticos y la agricultura y ganadería intensivas dependientes de la PAC (tampoco sostenibles ya que dependen del transporte a larga distancia en muchas ocasiones, y por tanto del petróleo). En esta colisión de intereses empresariales, cada uno lucha por sus intereses inmediatos olvidando el problema general. Solo así se entienden situaciones como la de El Bierzo, comarca de pasado extractivista, pero en la que el ecologismo oficial, el mismo que califica a la Ministra de Transición Ecológica de integrante del movimiento ecologista”, no ha dudado en aliarse con un empresario del sector turistico y agroindustrial para que dirija la movilización contra el sector energético. Ambos sectores empresariales coinciden, no obstante, en lo fundamental: evitar hablar de reducción de las emisiones de efecto invernadero, del necesario decrecimiento, o de la regeneración de la tierra para poner en marcha modelos de agricultura y ganadería basados en la restauración de ecosistemas.

Cuando se olvidan los intereses de clase y prevalecen los empresariales se entra en un terreno muy resbaladizo. Y en ese terreno han coincidido desde los ayuntamientos gobernados por los mismos partidos que han decidido que la España vaciada y las zonas periféricas de las comunidades autónomas aun industrializadas sean zonas de sacrificio, a través de la aplicación del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2021-2030, hasta las federaciones de empresarios, o los negacionistas del clima como Vox, que se han sumado a la protesta “para defender los viñedos”. Es de sentido común que los que han creado el problema no pueden formar parte de la solución. No se puede sorber y soplar al mismo tiempo. (...)

Estamos convencidos que, todo lo antedicho, ya es sobradamente conocido desde hace tiempo. Podemos seguir tapándonos los ojos, pero el problema es pretender el crecimiento infinito en un mundo con recursos finitos. O lo que es lo mismo, el problema es el capitalismo. A la vez, el sistema ha logrado convencernos de sus virtudes, para aparecer como la única solución posible de que no hay alternativa: esta es la convicción que las formas de dominación actuales han logrado diseminar por todo el cuerpo social. Es falaz que estemos condenados a vivir en el mundo en el cual vivimos.

 

 

ARBA León-Bierzo, Corriente Sindical de Izquierda–Asturies y Zamora Viva son algunos de los integrantes de la Coordinación en Defensa del Territorio

Contacto: arbaleonbierzo@riseup.net


Texto completo: https://kaosenlared.net/asi-no-sobre-la-deriva-del-movimiento-ecologista-errando-en-el-diagnostico-fracasando-en-el-tratamiento/


Otros textos anteriores sobre las movilizaciones contra la proliferación de eólicas:

> Sobre la manifestación en Ponferrada, en octubre de 2023, con el lema "renovables sí, pero no así": https://valladolorentodaspartes.blogspot.com/2023/10/ponferrada-renovables-si-pero-no-asi.html

> Sobre la manifestación central en Madrid, en octubre de 2921, con el lema "Renovables sí, pero no así" y análisis de la cuestiónhttps://valladolorentodaspartes.blogspot.com/2021/10/renovables-si-pero-no-asi.html


 

GESTIONAR. De gestión.

1. tr. Llevar adelante una iniciativa o un proyecto.

2. tr. Ocuparse de la administración, organización y funcionamiento de una empresa, actividad económica u organismo.

3. tr. Manejar o conducir una situación problemática.

 

 

 Los ministros de Medio Ambiente y Energía de la Unión Europea se están reuniendo esta semana en Valladolid "para debatir y acercar posturas" en temas como la postura de cara a la próxima Cumbre del Clima de la ONU (COP28), la "gestión" de los suelos, el agua, la biodiversidad, la basura marina, el despliegue de la energías renovables y la controvertida reforma del mercado eléctrico.

Este es el primer consejo informal de ministros que se celebra en el marco de la Presidencia Española del Consejo de la Unión Europea, y está teniendo lugar en el Museo de Arte Contemporáneo Patio Herreriano de Valladolid en estos días, del 10 al 13 de julio.  

El pasado 19 de junio los ministros de Energía fracasaron en Luxemburgo en su intento de llegar un acuerdo para que la reforma del mercado eléctrico incentive los contratos a largo plazo con generadores de energías renovables y nucleares después de que Alemania y Luxemburgo rechazasen abrir la financiación de contratos por diferencia a la plantas nucleares ya existentes por considerar que beneficia en exceso a Francia. Todos están de acuerdo en luchar... cada uno por lo suyo.

Durante el lunes, el Comisario de Medioambiente de la UE, Virginijus Sinkevicius, y la ministra Teresa Ribera han hablado de la senda a seguir para avanzar en una "gestión integrada" (bonito eufemismo) del suelo, el agua, los bosques y la biodiversidad; las medidas para reducir la basura marina; el despliegue de las energías renovables y un necesario equilibrio en su implantación, con una "gestión" territorial basada en la protección y la conservación de la biodiversidad. Los deseos parecerían buenos si no supiéramos de dónde vienen. Resulta del todo punto contradictoria la "gestión" capitalista del suelo y sus recursos con la conservación de la biodiversidad y los ecosistemas. Y eso le salta al ojo a cualquiera que no se deje engatusar por los discursos del capital (verde o de cualquier otro color).
El martes los ministros, junto al vicepresidente de la Comisión Europea para el Pacto Verde, Frans Timmermans, y la vicepresidenta española, expusieron sus expectativas de cara a la Cumbre del Clima de la ONU (COP28) que tendrá lugar a final de año en Emiratos Árabes Unidos que deberá lograr el compromiso suficiente como para que el objetivo del Acuerdo de París, de limitar el incremento global de temperatura a 1,5ºC, pueda cumplirse. Finalmente, el miércoles la energía centrará las conversaciones, con análisis sobre aspectos como la estrategia abierta para "reforzar la cadena de valor", "garantizar la seguridad" y el suministro energético. Todo eminentemente "verde", de VALOR VERDE. 



Y A NOSOTRXS, QUÉ
 

El ayuntamiento ha destacado la normalidad de la cumbre sin darle más bola (evidentemente a parte del mismo no le gustan estos temas y prefiere irse a beber vino o a los toros): https://www.noticiasde.es/nd/castilla-y-leon/valladolid/el-ayuntamiento-destaca-la-normalidad-de-la-cumbre-y-celebra-que-valladolid-sea-sede-de-grandes-eventos/

La cumbre para la mayoría de los que habitamos en la ciudad está pasando sin pena ni gloria, más allá de la policía en la estación y el corte de las calles aledañas al evento. Por su parte, varias organizaciones ecologistas y sociales están llevando a cabo el FORO SOCIAL POR UNA TRANSICIÓN ENERGÉTICA JUSTA: https://www.ecologistasenaccion.org/evento/valladolid-foro-social-por-una-transicion-energetica-justa/. "Como organizaciones de la sociedad civil, ecologistas, de cooperación al desarrollo, juveniles, sociales y sindicales, queremos poner el foco en la necesidad de transformar el actual modelo de producción y consumo, cuanto antes, de una forma socialmente justa. Hay que reducir emisiones, combatir el cambio climático, proteger la biodiversidad, garantizando que las personas y el planeta son la prioridad, y no los beneficios de las empresas".

Para el miércoles han convocado BICICLETADA contra la retirada de los carriles bicis y por el clima a las 19'30h

En el siguiente enlace se pueden ver todas las actividades: https://elotrovalladolid.es/evento/7030

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"Para ambas vertientes, el cambio climático es una fantástica oportunidad para lanzar un único mensaje: el problema de la degradación medioambiental afecta a toda la especie humana y, por lo tanto, es toda ella la que debe responder… sin distinción de raza, sexo… ni clase social. Empresas como Endesa, gobiernos como el español o activistas sociales de todo tipo tienen un único objetivo. Unos quieren alcanzarlo precisamente mediante la actividad empresarial adornada con «responsabilidad corporativa», otros mediante límites a estas empresas… pero siempre contando con ellas y con los diferentes estados a los que encomiendan regular su actividad. En pocas palabras, existe un acuerdo absoluto en hacer un llamado «a la población» para movilizarse con el fin de que se introduzcan las reformas políticas y económicas necesarias para frenar el cambio climático". (...)
El cambio climático, que hoy está en boca de todos los políticos, periodistas, «activistas sociales», etc. es la confirmación de que el capitalismo únicamente puede garantizar que liquidará a la humanidad si no se acaba antes con él. (...)
Pese a lo que afirma  este reformismo moderno, pero que conserva la esencia de sus antecesores, la clase proletaria va a sufrir el peso de la degradación del medio natural sobre sus espaldas. La llamada «crisis ecológica» no se repartirá a partes iguales entre burgueses y proletarios. Serán estos últimos quienes padezcan la contaminación de la atmósfera, la falta de vida natural, las consecuencias del calentamiento del clima… con más intensidad, como corresponde a la clase subalterna de la sociedad. Los programas de mejora y reactivación del capitalismo ante esta llamada crisis, únicamente deben producirle terror: no sólo se le exige que padezca las consecuencias de la devastación medioambiental que provoca el capitalismo sino que también se le pide que se haga cargo de la reactivación económica con su fuerza de trabajo
". [v. https://www.pcint.org/05_Elprol/019/019_coop-25.htm ]

  


¿Reverdece el capitalismo?




Naturalmente, también la burguesía está preocupada por el calentamiento global. A fin de cuentas, los problemas de gestión político-propagandístico-administrativos que puede suponer la llegada incesante de refugiados climáticos no son cosa menor, dicho de otra manera, son cosa mayor. Tampoco se pueden menospreciar las alteraciones en el mercado que fenómenos climáticos extremos como sequías, lluvias torrenciales, incendios o terremotos puedan provocar al afectar a las infraestructuras, como el tendido eléctrico o el buen estado de las autopistas patrias. Al igual que no deja de ser preocupante el desequilibrio en la balanza comercial cuando haya que importar alimentos a mansalva de otros países, porque nuestros cultivos no dan para más por la escasez de agua con la última sequía, o por la oleada de frío que nos ha venido así como si nada del Ártico, o las lluvias torrenciales que se han llevado la mitad de las plantaciones. Que a la burguesía todo esto le preocupa, tampoco se puede negar.

Pero en el fondo todo el teatro de las Naciones Unidas y sus COP numerosísimas no sólo tienen que ver con eso. No vamos a ser muy originales, porque los capitalistas tampoco lo son: ¿qué les preocupa? La tasa de ganancia. Y va en caída desde hace al menos cincuenta años, y a cada solución que le dan sólo agravan el problema. Tampoco eso es muy original. El capitalismo no escapa de sus contradicciones, sólo las supera momentáneamente para encontrárselas redobladas a la vuelta de la esquina. Pero el caso es que la tasa de ganancia va cayendo, porque la automatización de la producción expulsa trabajo como si no hubiera mañana y cada vez hay menos sangre y sudor que explotar. Como las máquinas son más productivas, los precios bajan, así que no hay más remedio que producir muchas más mercancías para ganar siquiera lo que se ganaba antes. Siendo así, pues vidas humanas explotas menos ―al menos en la fábrica, que alguna ocupación habrá que encontrarle a esa pobre gente―, pero materias primas y electricidad, a espuertas. Además, como hay más mercancías, también hay más mercados que encontrar, por lo que camiones, barcos y aviones son enviados viento en popa a toda vela con el combustible fósil consiguiente, porque hay que atravesar medio mundo para colocar convenientemente las mercancías.

Así que si se agota el petróleo es un problemón, un problemón que sin embargo no nos llevará a ningún colapso, sino a una catástrofe capitalista cada vez más brutal. No sólo se incrementan los costes de producción y de transporte de mercancías ―en un contexto en el que la ganancia es cada vez menor, un aumento de costes es mortal―, sino que además para bajar costes tiene aún más importancia quitarse de encima la renta petrolífera que se llevan las Arabias Sauditas y las Venezuelas y despejar el campo de posibles competidores, por lo que la tensión imperialista está servida. De ahí que Estados Unidos esté reventando el suelo patrio con el fracking o que las burguesías de las mayores potencias económicas sientan un reconcome de contradicción con el tema del cambio climático, porque oyes, no hay mal que por bien no venga y cuando el Ártico se derrita hay todo un mundo por descubrir: un cuarto de las reservas petrolíferas aún no descubiertas, concretamente.

Con todo este problema, la idea de la «transición energética» ha ido tomando fuerza en los últimos años. Esta transición no tiene tanto que ver con el miedo de la burguesía al cambio climático, como a la comprensión de que el aumento del precio de los combustibles fósiles es imparable y de que la burguesía que consiga hacerse con la estructura productiva más apta a las nuevas condiciones gana la partida. Y esto no sólo porque consiga abaratar costes, obteniendo así una ventaja competitiva y una mayor autonomía geopolítica de los países productores de petróleo, gas y carbón, sino también porque quien consiga desarrollarse tecnológicamente para la nueva producción y distribución de energía podrá ser la vanguardia de un nuevo nicho en el mercado mundial, y obtener las plusganancias correspondientes. Esto, por ejemplo, es lo que mueve a Alemania a invertir grandes capitales en la obtención de energía a través del hidrógeno.

Sin embargo, para realizar la transición energética es necesario acabar con el transporte basado en los combustibles fósiles, y cualquiera le dice al proletariado que no sólo su transporte cotidiano ―que necesita para moverse por esas ciudades monstruo que ha creado el capital―, sino que todos los bienes básicos van a subir de precio porque el gobierno aumenta los impuestos o retira las subvenciones al diesel y la gasolina. Al principio se intenta imponer a lo bruto, claro está, pero las protestas son incesantes. Podemos pensar en las luchas contra el gasolinazo en México en 2017, los chalecos amarillos en Francia en 2018 o la revuelta en Ecuador, en Haití o en el Líbano a lo largo de 2019. Esta subida de impuestos o retirada de subvenciones, encarecidamente recomendada por la directora del FMI durante la COP25, no está tanto dirigida a que todo el mundo deje de usar combustibles fósiles como a restringir el uso de los mismos a lo que de verdad importa: una vez más, la tasa de ganancia. En un contexto en el que posiblemente el diesel haya llegado a su pico, es fundamental redirigir los esfuerzos fósiles al transporte de mercancías, y el proletariado si tiene que ir en bicicleta a trabajar, pues que vaya, porque desde luego el coche eléctrico es un lujo para ricos.
Como decíamos, al principio se intenta hacer a lo bruto, pero con la oleada de protestas en la que nos encontramos mejor no agitar mucho el avispero. Así es como surge la idea de una transición energética con veleidades socialdemócratas. Se toma como referencia el último gran salto en la valorización capitalista, identificado con el New Deal de Roosevelt, y se le pinta de verde.
Quizá convenga recordar que el florecimiento económico de la posguerra se debió a un salto productivo sin precedentes animado por la reconstrucción tras la Segunda Guerra Mundial, es decir, al aprovechamiento económico que hizo el capital de esa auténtica matanza en nombre de la democracia. Este salto productivo fue «felizmente» acompañado de una demanda mucho mayor de mano de obra, así como de políticas que, redistribuyendo algunas migajas de las copiosas ganancias capitalistas, permitieron crear un consumo de masas y así ampliar el mercado para colocar la nueva producción de mercancías. Estos tres factores no volvieron a coincidir ya más. El siguiente salto productivo con la tercera revolución industrial no sólo no incrementó la necesidad de mano de obra, sino que la expulsó de los lugares centrales de la valorización capitalista. Es por eso que nadie, más que un  par de políticos ansiosos por tragarse su propio eslogan para el siguiente concurso electoral, se cree realmente lo de que la transición energética vaya a crear más trabajo.
De hecho, cuando la presidenta de la Comisión Europea repite machaconamente aquello de no dejar a nadie atrás, en realidad no está pensando en que las smart cities, con el grado de automatización del tráfico y de la distribución de energía que conllevan, vayan a crear más puestos de trabajo de los que eliminan, sino en cuánto (dinero) le va a costar convencer a países como Polonia de que abandonen el carbón y no le hagan competencia desleal a Alemania con sus menores costos de producción.

Así que toda la propuesta del Pacto Verde Europeo y de su hermano estadounidense, el Green New Deal, son al mismo tiempo un ejercicio de marketing político en lo que se refiere a su aspecto social y ecologista, y una tentativa de reformar la estructura productiva de Estados Unidos y Europa para adaptarse a las nuevas condiciones que impone el agotamiento de los combustibles fósiles. Si lo primero es un cebo para atraer a pegacarteles con la gorra de ecologistas, lo segundo es, sencillamente, la cuadratura del círculo: hacer que el sistema social más disipativo, más derrochador de energía y recursos en que ha vivido el ser humano, construya una economía circular en la que toda la energía venga de renovables, que el transporte esté electrificado en su totalidad, que la industria funcione aprovechando al máximo el reciclado de materiales y reutilizando sus propios residuos, y que las ciudades dejen de ser esos monstruos devoradores de energía, recursos y vidas humanas que son actualmente.

Esto no es posible. Se pueden enumerar algunos hechos concretos que lo demuestran, como la imposibilidad material de electrificar la totalidad del transporte, la dependencia que reconoce la propia UE del gas natural y de las nucleares para la misma transición energética, el poco atractivo económico para los capitales que tiene la inversión en renovables ―dada la caída de la tasa de ganancia, que no su mala voluntad―, que explica lo que está de fondo en la crisis de la eólica en Estados Unidos y Alemania, o el hecho mismo de que para mejorar sus índices de emisión de gases de efecto invernadero las grandes potencias económicas sólo puedan externalizar a terceros países las industrias más contaminantes.

Pero los hechos tienen el alcance que tienen. Más importante que dar algunos ejemplos es comprender cómo estructuralmente el capitalismo es incapaz de acabar con su naturaleza disipativa. Y no se trata, como quieren los decrecentistas, de un problema de complejidad social en abstracto. Cuando se afirma que la única sociedad sostenible sería aquella organizada por comunas autárquicas y autogestionadas, se está afirmando que la comunidad humana en un sentido mundial es imposible, que el internacionalismo sólo era una broma y que allá se las apañe cada cual en un contexto de catástrofe climática, en el que quien tiene la suerte de quedarse con las buenas tierras mejor que se arme hasta los dientes para defenderlas. Cuando uno ve el panorama preferido por los decrecentistas, casi hasta tiene ganas de quedarse con el buen orden mundial del imperialismo estadounidense defendido por alguno que otro.

En realidad, lo que afirma el decrecentismo es que la mercancía es la única forma de que la especie humana pueda relacionarse como tal. Por eso la alternativa es el intercambio mercantil o la autarquía ―una falsa alternativa, puesto que la autarquía es imposible y lleva por lógica al mismo intercambio mercantil y a la guerra como fenómenos inseparables. Sin embargo, la crisis del capital es la demostración más palpable de que la mercancía es incapaz de gestionar el grado de complejidad social al que hemos llegado.

Si el sistema capitalista es disipativo es porque los productores trabajan para un mercado anónimo que no conoce las necesidades sociales más que a posteriori, lo cual supone necesariamente producir más de lo que se consume y producir sólo para consumidores solventes. Como el sistema capitalista no produce, por tanto, para satisfacer necesidades sino para alimentar a su máquina imparable de la producción por la producción, sólo puede derrochar recursos materiales y humanos a cada vez mayor velocidad y destrucción, puesto que su agotamiento como sistema social se traduce en una permanente huida hacia adelante.

Sólo una comunidad humana orgánica puede relacionarse orgánicamente con la naturaleza. Sólo una sociedad compleja, organizada mundialmente, puede estar a la altura de los retos que impone la catástrofe climática. Para eso no basta con combatir los eslóganes políticos de la burguesía que esconden la misma explotación de siempre, sino también aquellas visiones que nos proponen esperar a la caída de un sistema que, de morir, morirá matando. Somos poco originales, es verdad: la única alternativa real es la revolución o la extinción de la especie.


 barbaria.net
http://barbaria.net/2020/02/17/reverdece-el-capitalismo/

Lxs compañerxs del Grupo Barbaria realizaron recientemente una reunión sobre el tema, de la que nos envían este interesanre AUDIO "Sobre el pacto verde europeo":
http://barbaria.net/2020/02/17/audio-sobre-el-pacto-verde-europeo/


COP25 NO: Ni en Chile, ni aquí Ni en ningún lugar




¿Por qué no aceptamos la cumbre climática?


1. No queremos asesinos en nuestra ciudad

La cumbre será presidida por la Ministra de Medioambiente de Chile, Cristina Schmidt. El gobierno de España está colaborando estrechamente con Chile para organizar esta cumbre, a la cual asistirá obviamente el presidente Piñera.

Han sido muchas las imágenes que nos han llegado a través del Atlántico de asesinatos, agresiones, violaciones y detenciones por parte de las fuerzas de seguridad del Estado Chileno hacia el pueblo insurgente, esto sin mencionar las causas que han llevado a la gente a enfrentar este conflicto. No aceptamos acoger a asesinos como Piñera y su gabinete de gobierno. Pero tampoco aceptamos a Bolsonaro que ampara y ejecuta la destrucción del Amazonas tratando de aniquilar a los pueblos originarios que aún habitan su territorio; ni las políticas descaradamente racistas de Trump… No aceptamos que los dueños del mundo vengan a Madrid a lavar sus manos manchadas de sangre. Ellos son los primeros responsables de la devastación de este planeta, y sabemos que no podemos esperar ningún cambio o salvación que venga de su mano.



2. Nos solidarizamos con el pueblo chileno y todas las comunidades indígenas del territorio que sufren la opresión del Estado Chileno


La cumbre estaba pensada para tener lugar en Chile, y se ha cambiado de emplazamiento a última hora debido al enorme estallido social que está viviendo el país. Hay que tener poca vergüenza para simplemente trasladar la cumbre y seguir con sus agendas políticas y de paso mitigar el señalamiento internacional mientras el territorio chileno arde y sus calles se llenan de sangre. La crisis climática y la crisis social no son cosas desconectadas. Los líderes del mundo no se hacen cargo de estas problemáticas, porque son fruto de sus propias políticas e intereses. Que una cumbre global se pare debido al levantamiento de la gente de Chile, sólo sería una mínima consecuencia de esta situación, de la cual por supuesto el mundo debe hacerse cargo. Porque no podemos seguir con la normalidad mientras las desigualdades sociales se agrandan y la tierra se muere a merced del expolio capitalista. Hace tiempo que la normalidad paró en Chile. La nuestra no puede continuar impasible, el COP25 tampoco.




3. El cambio climático está en nuestras manos


Los políticos se llenan la boca con el cambio climático para obtener legitimidad y rédito electoral. Mientras tanto, el Capitalismo es global, y arrasa con el territorio, imperturbable. Los intereses políticos llevan a las grandes potencias a chocar y hacen imposible llegar a acuerdos globales en muchas materias, además de que los intereses políticos van siempre ligados de los de las grandes empresas y su propio beneficio económico. Mientras tanto, el modelo capitalista está profundamente arraigado y hace imposible un cambio real que no pase por trastocar profundamente el sistema económico y político global. El cambio que requiere esta situación de emergencia climática es profundo.


Necesitamos una ruptura radical que deseche el modelo social, político y económico vigente. Podemos esperar a que este cambio venga milagrosamente de alguna cumbre o parlamento, pero probablemente esto sea lo más parecido a esperar a la muerte. Es urgente tomar la acción por nuestra propia mano, señalando y atacando directamente a las empresas y organismos que están devastando la tierra. El cambio sólo puede venir desde abajo, de la mano de la autoorganización y la acción directa sin esperar a que sean otros los que tomen la decisión.




¿Qué podemos hacer frente a esto?


La historia de las contra cumbres ya es amplia, y además bastante ilustrativa. La lucha puede tomar muchas formas distintas, pero todas debemos ir a una en contra de esta situación. Ahora más que nunca, se hace obvio cómo el cambio social y el cambio climático van de la mano. Es una gran oportunidad para interseccionar nuestras luchas y medir fuerzas, en un contexto de creciente malestar y conflicto social. El Estado Español ha tenido un gesto muy valiente al convocar un evento así con tan poca antelación, ayudando a Piñera a escapar un poco de su foco mediático. Nosotras no podemos pasar por alto el contexto que esto lleva detrás. En solidaridad con las rebeldes de Chile y contra la devastación de la tierra a manos de gobiernos y empresas, nos toca actuar. Animamos con esto a todos los colectivos y organizaciones comprometidos con el cambio social y en defensa de la tierra, a empezar a preparar la contra cumbre. Es momento de que los colectivos empecemos a proponer movilizaciones y acciones, así como vemos fundamental que en los espacios liberados se gestione alojamiento para el apoyo desde otros lugares. La desidia y la pasividad han dominado el contexto social y político en el Estado Español mucho tiempo tras los últimos estallidos sociales de hace años, la política parlamentaria ha jugado con nosotras  mientras permanecíamos atentas a periódicos y pantallas, esperando el gran cambio prometido sin obtener nada más que precariedad en nuestras condiciones de vida y trabajo. Es hora de volver a encontrar la ilusión en las calles y en la lucha.







[comunicado de CNT Valladolid ante la convocatoria global por el clima del 27 de septiembre 2019]


La CNT Valladolid y sus afiliadas somos plenamente conscientes del desastre ecológico y medioambiental que enfrenta nuestra sociedad y que amenaza nuestra salud y calidad de vida en el mejor de los casos o nuestra misma supervivencia como especie en el peor de ellos.
Del mismo sabemos que el desastre medioambiental en ciernes tiene su origen en el productivismo industrial irracional del modelo socioeconómico capitalista neoliberal del que somos víctimas en todos los aspectos, que abarcan desde la explotación laboral que sufrimos para su desarrollo, hasta las enfermedades, cánceres y dolencias que sufrimos derivados del coste medioambiental y para la salud de dichas actividades cuando se desarrollan primando satisfacer el beneficio económico en lugar del bienestar social.

Seña de identidad propia de este productivismo industrial capitalista son el despilfarro de los recursos naturales, tanto energéticos como de materias primas, la emisión de agentes contaminantes dañinos y la generación de vastas cantidades de residuos de difícil gestión, entre otros.Todo ello sin tener en consideración las consecuencias medioambientales.

También es característico de este irracional sistema productivo el crecimiento constante e insostenible de la producción de bienes; superfluos en unos casos y en otros enfocados a un uso individualizado y NO colectivo, lo cual maximiza el número de unidades vendibles producidas y por tanto los beneficios empresariales (este es el caso, por ejemplo, de los coches para el transporte). Todo ello sin atender el coste en las ingentes cantidades de recursos energéticos y materias primas necesarias, resultando un sistema del todo ineficiente.

Del mismo modo y con objeto de alimentar de forma continuada en el tiempo los beneficios empresariales se implanta la máxima capitalista de fabricar bienes no fiables o poco robustos con una vida de utilización limitada de forma que deban ser sustituidos o renovados cíclicamente reportando nuevos beneficios económicos a la estructura capitalista y atrapándonos en jornadas de trabajo sin fin que esclavizan nuestra existencia.


El desastre medioambiental incluye, entre otras cosas:
  • contaminación desenfrenada derivada de métodos extractivos ecocidas de los recursos naturales y materias primas, abarcando desde el fracking a la minería a cielo abierto sin control que destruyen el entorno y los acuíferos que le dan vida
  • la deforestación y destrucción directa de hábitats naturales por el fuego o por la maquinaria, para implantación de pastos o intereses especulativos de la construcción y el turismo
  • implantación de cementerios de residuos tóxicos y vertederos de los bienes desechados que resultan en focos de enfermedades y contaminación ambiental, química, etc.
  • el uso intensivo de los vehículos de motor de combustión en nuestras ciudades cuyos gases contaminantes deterioran nuestra salud
  • la sobreexplotación y contaminación de los hábitats marinos
  • los vertidos y emisiones industriales descontrolados de contaminantes destructores del entorno
  • el gasto energético necesario para la sobreproducción característica de este sistema
Todas estas actividades, muchas de ellas desarrolladas en condiciones insalubres y de explotación, destruyen la salud de los trabajadores que las realizan y la de los habitantes del entorno directamente afectado, especialmente en países con legislación ambiental y laboral más laxa donde nuestras empresas desarrollan su actividad sin restricciones.

Debemos huir del discurso que culpabiliza a las trabajadoras y a nuestros supuestos excesos de consumo a nivel individual, puesto que no somos gestores de este modelo productivo, ni se nos consulta sobre cómo, qué y en qué cantidades o condiciones producir, o que legislación y limitaciones medioambientales disponer, sino que más bien se nos bombardea mediáticamente y se nos educa cotidianamente para asumir y hacer un uso intensivo de este sistema productivo. Por tanto, somos más bien víctimas tanto en el ámbito laboral como en el de consumidor con graves consecuencias para nuestra salud y la del medioambiente.

Existe también una clara voluntad de achacar muchos de estos desastres al clima, un ente abstracto y variable por su propia naturaleza mediante el que se pretende hacer explicar cosas como el fin de la biodiversidad obviándose la contaminación y agresión directa al medio ambiente de nuestra actividad industrial capitalista, el verdadero problema y origen de todo. Cuando el clima es culpable la responsabilidad directa de las empresas y gobiernos contaminadores y destructores de los hábitats naturales y el medio ambiente parece difuminarse.

Una tesis que obvia intencionadamente tanto el verdadero origen del problema como la destrucción generada por los factores que hemos comentado anteriormente. Mucho se esfuerzan los medios de comunicación en orientarnos hacia lo que debemos pensar y en qué modo actuar, escondiendo la instrumentalización del movimiento verde en pos de sus intereses de clase, ya sean estos un cambio tecnológico en ciernes, rentable para determinados sectores empresariales, o posibilitar la limitación de la actividad industrial de potencias competidoras emergentes cuya desarrollo se basa en las tecnologías sucias de las que ya hicimos uso intensivo nosotros.

Así se explica la intervención de poderosas agencias de relaciones públicas, e incluso de formaciones políticas, en la fabricación de estados de opinión y dirigismo del movimiento. O incluso asistimos al anuncio de cierres patronales de “entidades comprometidas” de cara a la huelga del clima.

Cuando entre los actores que incitan a la protesta y a la acción se encuentran también los mismos que son responsables o cómplices del desastre ambiental, es nuestro deber cuestionar sus verdaderas intenciones y exigir transparencia, compromiso sincero y acciones directas sobre la verdadera raíz del problema.



 







[MADRID] BLOQUE ANARQUISTA EN LA MANIFESTACIÓN CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO 27S

 

   - Viernes 27 de septiembre.
   - A las 18:00h.
   - En la Cuesta de Moyano, Atocha, Madrid.

 

+ Información sobre la convocatoria en Valladolid:
https://elotrovalladolid.es/evento/5958

 


CHARLA-DEBATE: “El problema del cambio climático desde una perspectiva anarquista”


 - El sábado 6 de abril.
 - A las 18:30h. En el CSOA La Gatonera, C/Valentín Llaguno, 32 <M> Oporto.
 - Después de la charla habrá cena vegana, conciertos (Reprise, Hábiles Dementes, Breaking Band) y a continuación pinchada punk, ska y mucho más!




“El problema del cambio climático desde una perspectiva anarquista”

 

Desde finales del siglo XIX , coincidente a su vez con el asentamiento del desarrollo industrial, se evidenció cómo las actividades humanas generaban emisiones de efecto invernadero y cómo éste podría cambiar el clima. Sin embargo, el sistema estaba dirigiendo sus inversiones en el desarrollo de diversas tecnologías y nuevos campos de mercado. De manera que la problemática ambiental suponía un obstáculo para un capitalismo voraz, por lo que fue silenciado.

Actualmente vivimos en un sistema de dominación en el que la dependencia de la tecnología ha llegado hasta los aspectos más íntimos y dicho desarrollo ha supuesto a su vez un incremento de problema haciendo más evidente el cambio climático.

¿Porqué actualmente es un tema presente? ¿Por qué ahora los partidos políticos hacen campañas incluyendo el ecologismo? ¿Porque se está potenciando la aplicación de nuevas tecnologías como forma de solución del problema?

Desde los sectores más rancios hasta los sectores más de izquierdas tratan de poner como agente con capacidad de solución del problema al Estado y a las nuevas tecnologías, sin embargo, son el desarrollo de éstas las que han generado la situación actual. Es por ello, que como anarquistas es necesario que ampliemos la vista a la raíz del problema en lugar de reproducir los discursos procedentes de las grandes instituciones y empresas tecnológicas que solo buscan reafirmarse.

En la charla analizaremos la problemática del cambio climático, la falacia del desarrollo sostenible y sobre como ni el estado ni las distintas tecnologías podrán revertir el problema que ellos mismos han
creado.


                    contratodanocividad.espivblogs.net

¿Movilizarse para “salvar el clima” 
o luchar para acabar con el capitalismo?


     

En los últimos meses un cierto número de países se han visto envueltos en la movilización de los jóvenes sobre la cuestión del cambio climático. Una joven sueca de 15 años, Greta Thunberg, ha lanzado la iniciativa de huelgas estudiantiles y protestas “por el clima” cada viernes frente al parlamento de Estocolmo. Este movimiento se ha difundido, después, al extranjero. Ha tenido un eco particularmente fuerte en Suiza (18 de enero, 8.000 estudiantes se manifestaron en Lausana, 22.000 en toda Suiza) y en Bélgica (75.000 manifestantes en Bruselas el 21 de febrero): en estos dos países el número de jóvenes manifestantes no tiene precedentes en los últimos años... También ha habido eventos importantes en Alemania, en Australia, etc.


Sobre la estela de las movilizaciones en estos y otros países, se ha anunciado una “huelga global por el clima” por parte de la asociación “Youth for climate”, a la que pertenece Thunbeg (1). ¿Qué pensar de estas movilizaciones?
Las declaraciones del movimiento se dirigen a los Estados llamándoles a “asumir sus responsabilidades”; En Bélgica las movilizaciones se basan en el calendario de las elecciones europeas. Greta Thunberg ha sido recibida por Macron, congratulándose con Merkel que la ha invitado al foro de Davos (Suiza) donde se han reunido los mayores capitalistas y los líderes más influyentes del mundo. En Francia, el Ministro de educación Blanquer ha decidido organizar, el 15 de marzo, “en todas las escuelas superiores de Francia” debates sobre el medio ambiente, etc.; y en Italia, el presidente de la República Mattarella, uniéndose a las palabras del Papa Francisco pronunciadas a comienzos de este año (“los Estados se empeñan en el calentamiento global”), prevé: “Estamos al borde de una crisis climática global. Hay acuerdos internacionales, pero hasta ahora son insuficientes”.
Estos ejemplos muestran que este movimiento no es mal visto por los líderes burgueses. ¿Y por qué debería serlo?
Se critica la “inacción de las autoridades públicas”, es decir, de los “adultos”, no se pone en discusión la organización política y económica de la sociedad, contando, al contrario, con las estructuras políticas existentes para que actúen, llamándolas, incluso a las multinacionales, a movilizarse por el clima. Ignorando del todo la existencia de las clases sociales y la lucha de clase, este movimiento se fía de la buena voluntad y la conciencia de la gente para “preservar la humanidad”. No comprende que en el actual modo de producción, el capitalismo, ¡cuenta con preservar los beneficios! No son ni la incapacidad ni la irresponsabilidad de los gobiernos las que crean los desastres en el medio ambiente, sino la loca carrera hacia el beneficio que ninguna empresa capitalista puede evitar, y a la cual ningún Estado burgués puede dar la espalda. Es una triste utopía creer y hacer creer que las huelgas en las escuelas superiores y las manifestaciones periódicas, aún si cuentan con numerosos participantes, o las discusiones con los líderes del mundo, con portavoces “conmovedores”, podrán cambiar esta realidad.

¿SALVAR EL PLANETA??


Los ambientalistas, jóvenes o no tanto, sostienen por su parte que es necesaria una acción urgente para “salvar el planeta” (2), esta “emergencia” es avanzada para justificar el uso de cualquier medio a su disposición –es decir, los medios puestos a disposición por el propio sistema político burgués. En realidad el planeta no está, obviamente, amenazado por el cambio climático: incluso si la temperatura aumentase algunos centenares de grados, el planeta estaría allí.
¿Acaso quieren hablar de la especie humana? Aun así, la humanidad, nacida en las regiones tropicales o subtropicales, podría soportar un aumento de la temperatura.
A lo largo de su historia, el planeta ha sufrido significativas variaciones de temperatura. No sólo ha habido épocas mucho más cálidas, sino también épocas mucho más frías. Periodos de glaciaciones, que han durado desde 50 a 100.000 años, separados por periodos interglaciales que han durado de 10 a 20.000 años, se han sucedido desde hace al menos 60 millones de años. Las causas de estas variaciones climáticas no son conocidas. Actualmente nos encontramos, desde hace aproximadamente 15.000 años, en un periodo interglacial.
El calentamiento, en la historia milenaria de la tierra, ha tenido efectos importantes para la humanidad; no solo le ha permitido migrar hacia zonas que antes estaban heladas, sino sobre todo ha permitido el nacimiento y el desarrollo de la agricultura y, por lo tanto, la sedentarización de la población. El crecimiento demográfico que siguió a ella llevó al nacimiento de las primeras civilizaciones, un fenómeno que se verificó a la vez en todo el mundo. Es de señalar que este calentamiento no estuvo exento de variaciones, con periodos un poco más cálidos y otros un poco más fríos (3).
Pero la peculiaridad de la fase de calentamiento actual viene dada por el hecho de que es en gran medida el resultado no de la “actividad humana” en general, como dicen los medios de comunicación, sino del propio desarrollo capitalista. Además de la destrucción ambiental, la producción capitalista ha comportado la emisión de gas de “efecto invernadero” (4) en cantidades importantes que influencian al clima global provocando un aumento del calentamiento en curso.


LA BROMA DE LOS ACUERDOS POR EL CLIMA ENTRE ESTADOS
En tanto que los líderes de la mayor parte de los países del mundo han acabado por aceptar los límites a las emisiones de estos gases, durante las conferencias internacionales sobre el clima existentes desde los años ´70 (la famosa “COP”). Los expertos, en fin, les han convencido de que si se llega a un cierto aumento de grados, el calentamiento global provocará crisis económicas, guerras, migraciones de poblaciones, etc. Por lo tanto, para ellos, no es el planeta o la humanidad los que están amenazados, sino el buen funcionamiento del capitalismo.
Esto explica la firma en 2015 de los acuerdos de París, en la COP 21, y acciones similares, y no la improvisada preocupación por preservar la naturaleza por parte de los líderes burgueses. Los ambientalistas lamentan justamente que los acuerdos tomados en 2015 en la COP son insuficientes y no vinculantes; por otro lado, como sabemos, los Estados Unidos con Trump se han retirado del acuerdo. Mientras el calentamiento climático, un fenómeno mundial, requiere una respuesta unitaria a nivel global, los Estados no logran alcanzar ni un mínimo de acuerdo y así los acuerdos verbales suscritos no son respetados nunca (5). En consecuencia, durante la COP 24 del pasado diciembre en Polonia, los participantes han renunciado a fijar tareas precisas.
Fundamentalmente, no hay nada de sorprendente en la política de los Estados burgueses: los capitalistas no aceptarán, sin más, medidas que aunque les beneficien a largo plazo, a corto plazo les implican obstáculos para sus beneficios.
Por lo que respecta al gobierno de Trump, este ha comenzado una política agresiva de revitalización de la potencia económica americana; no podía y no puede, no ceder a las peticiones de los sectores capitalistas, como el del petróleo, el carbón y otras industrias, que encuentran intolerable limitar o controlar su producción (6). Esta es la demostración rampante de que es ilusorio que el capitalismo pueda autorregularse por el bienestar de la humanidad.

SÓLO LA DESTRUCCIÓN DEL CAPITALISMO ACABARÁ, AL MISMO TIEMPO, CON LOS ATAQUES AL CLIMA Y AL MEDIO AMBIENTE, CON LA MISERIA, LA OPRESIÓN Y LAS MASACRES CONTINUAS CON LAS QUE SALPICA TODA LA HISTORIA
Los jóvenes ecologistas que se manifiestan para “salvar el clima” no se preocupan de la explotación, de la opresión y de la precariedad que sufren los proletarios y las masas desheredadas del mundo. Tienen la suerte de vivir en una sociedad que no conoce directamente la guerra o las situaciones de extrema pobreza. Se puede, por lo tanto, entender que sean fácilmente captados por la ideología democrática dominante para la que no existe oposición de clase y para la cual la sociedad actual es la única posible y los movimientos pacíficos de opinión los únicos medios para obtener resultados haciendo presión de manera delicada sobre “los que deciden”.
Pero ni el antagonismo entre las clases, ni la miseria y la opresión están ausentes en las opulentas sociedades europeas. Los jóvenes, al menos aquellos que provienen de las clases asalariadas, se darán cuenta tan pronto entren en el mundo del trabajo. Con toda probabilidad, la preocupación profunda por este futuro está en la base de sus actuales movilizaciones, más que por el clima.
De cualquier modo, frente a la implacable realidad de la explotación capitalista, los jóvenes entenderán que no hay otra solución a todos los males de esta sociedad que la destrucción de este modo de producción. Descubrirán que la lucha para resistir a los continuos ataques del capitalismo, la lucha para combatir sus crímenes de cualquier tipo, no puede ser una lucha “común a todos”, una lucha por intereses aparentemente “generales”, sino que sólo puede ser una lucha de clase, la lucha del proletariado: porque es la clase de aquellos que no tienen nada que perder, de aquellos que no tienen ningún interés que les ligue a la supervivencia del capitalismo. El proletariado es la única clase en condiciones de acabar con el capitalismo y abrir la vía a un futuro sin clases y sin Estados, el comunismo, en el cual la humanidad vivirá en armonía con la naturaleza.
Una vez se den cuenta del impasse que representa el reformismo ecologista interclasista, podrán empeñarse con todos sus compañeros de clase en la lucha por la revolución comunista internacional.


PARTIDO COMUNISTA INTERNACIONAL - 13/03/2019

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(1) En Francia, los estudiantes y las organizaciones estudiantiles UNEF, FAGE, UNL, FIDL, SOLIDARIES, MRJC, Scouts de Francia, etc. llaman a esta huelga: una curiosa unanimidad que no se vio cuando se trataba de oponerse a la reforma escolar de Blanquer.
(2) Ver por ejemplo las declaraciones de Redfoz, la organización juvenil del PTB (Partido del Trabajo Belga): “Estas son medidas radicales de las cuales tenemos necesidad si se quiere salvar nuestro planeta. Imponer normas a los mayores contaminadores... Hoy y no mañana”. Ver https://fr.redfox.be/climat_solutions_individuels_ou_collectives. Imponer límites de polución para salvar el planeta: raramente el reformismo ha sido tan estúpido.
(3) La última glaciación, llamada “pequeña era glacial”, duró caso 500 años, desde aproximadamente 1350 hasta 1850 y se extendió por todo el planeta. Fue posterior al “optimum climático medieval” que tuvo lugar al inicio del año mil, cuando las temperaturas eran más altas que ahora. Hubo también un «optimum romano» que duró algunos siglos.
(4) El “efecto invernadero” permite al planeta conservar el suficiente calor irradiado por el Sol para ser habitable. El planeta Marte tiene una atmósfera demasiado fina para producir un efecto invernadero suficiente y las temperaturas son extremadamente bajas (-60º de media); mientras Venus, con una atmósfera más densa, conoce un efecto invernadero que lleva a una temperatura media, en el suelo, de 470º. Por eso ambos planetas son inhabitables.
(5) El informe del “Observatorio sobre el clima y la energía” publicado el pasado otoño, muestra que Francia, que tenía sobre todo un papel de primer orden a la hora de asumir tareas específicas para reducir las emisiones de gas invernadero en la COP 21, no las ha respetado. No es un caso aislado: los otros países europeos, los Estados Unidos, Brasil, Rusia, China, etc. están en igual situación.
(6)  Son estas empresas capitalistas, como la petrolera ExxonMobil, las que financian los estudios en EE.UU. que cuestionan el problema del calentamiento global. Cfr. Latribune.fr 16/16/2016

Valladolor no admite comentarios
La apariencia como forma de lucha es un cancer
El debate esta en la calle, la lucha cara a cara
Usandolo mal internet nos mata y encarcela.
Piensa, actua y rebelate
en las aceras esta el campo
de batalla.

si no nos vemos
valladolorenlacalle@gmail.com















ARCHIVO

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Contrainformacion internacional

Anticarcelario / contra la sociedad cárcel

"Las prisiones son una parte más de la esencia represiva de todo Estado, no hay que olvidar la parte que nos toca a lxs que aún seguimos en la calle.

No podemos ver las cárceles como algo ajeno a nuestras vidas, cuando desde temprana edad hemos sido condicionadxs a no romper las normas, a seguir una normalidad impuesta; el castigo siempre está presente para lxs que no quieren pasar por el aro.

En el trabajo, en la escuela... domesticando y creando piezas para la gran máquina, piezas que no se atrevan a cuestionar o que no tengan tiempo para hacerlo.

Hemos sido obligadxs a crecer en un medio hostil donde es dificíl desarrollar nuestros propios deseos.

La rebeldía brota de algunxs, otrxs simplemente se acomodan en la mierda, tapando sus frustraciones con lo que le dan quienes antes les despojaron de todo. O viendo sus problemas como algo aislado, único y personal.

Para lxs que no tragan o no se adaptan al gran engaño ahí tienen sus cárceles, reformatorios, psiquiatrícos ... creados por los que no quieren ver peligrar las bases de su falsa paz.

No podemos ignorar la lucha de lxs compañerxs presxs.

Su lucha es nuestra lucha."