LA REPRESIÓN AVANZA…
si no se la combate
La presión (y la represión) contra la clase trabajadora no solo no cesa, sino que va en aumento en los últimos años. Desde la pandemia, los precios de los bienes de primera necesidad (alimentos, transporte) no han dejado de crecer. Solo los alimentos han subido un 37% en estos últimos 5 años. La vivienda se está convirtiendo en un bien inaccesible, con subidas enormes en ciudades como Valladolid, con un acumulado de más del 25% en los últimos 6 años. El auge de las políticas de extrema derecha y de la deshumanización es otra cara de larepresión creciente. El sistema se intenta perpetuar, golpeando a diestro y siniestro contra los trabajadores a los que explota cada vez más para obtener unos beneficios en liza ante el incremento de las tensiones internacionales y la competencia extrema entre capitalistas.
Ante esta situación, aparte de asistir al enésimo intento de revitalizar el mito de la "democracia
parlamentaria burguesa" como herramienta para elcambio social hoy, observamos como principal argumento movilizador, de todos aquellos partidos, organizaciones y colectivos que se sitúan en lo que se llama la izquierda del PSOE, el llamamiento a la unidad de la izquierdapara frenar el avance del fascismo. Pero, ¿Unidad, entre quiénes? Y quizá lo más importante ¿unidad, para qué?
El actual gobierno de coalición más conocido como "el gobierno más progresista de la historia" tiene un vicio desde su origen. Por si había alguna duda de las servidumbres hacia la burguesía de partidos que se denominan de 'izquierdas", tanto para su investidura como para la aprobación de cualquier ley que se quiera promulgar fueron necesarios los votos de partidos de derecha que podemos denominar de burgueses directamente (PNV, JUNTS). Así, la capacidad transformadora delas políticas de este gobierno se encuentra limitada no por lo posible si no por lo permitido. Puede que así se explique que la medida estrella de la legislatura, las continuas subidas del SMI ha resultado una medida precaria y escasa que no ha paliado los efectos de la inflación. Lo confirman los datos macroeconómicos (los de
las grandes empresas y capitales) que arrojan cifras récords mientras que cada vez es más difícil llegar a fin de mes para la clase obrera con el salario medio.
También se explica la tibieza con la que se ha afrontado el que se ha convertido en uno de los
problemas principales para la población, que en su mayoría está compuesta por la clase trabajadora, el acceso a la vivienda. Mientras, se permite una campaña que convierte la ocupación en un tema de actualidad, promovida por intereses del sector inmobiliario, que busca blindar la propiedad privada para poder especular con ella, se promete recuperar la inversión en vivienda pública, abandonada desde hace años, y se proponen medidas de escaso impacto, porque la mayor capacidad en cuanto a normativa inmobiliaria recae en ayuntamientos y comunidades autónomas (de derechas). Y por
supuesto una herramienta como la expropiación ni se plantea porque, como ya hemos dicho, el límite no es lo posible si no lo permitido.
La presión que sufrimos se ha multiplicado, con la carestía de la vida y el estancamiento (la bajada real) del salario obrero. A esta presión se suma el aumento imparable de la represión. Las movilizaciones de los trabajadores en estos tiempos han conllevado golpes represivos de importancia que buscan aislar a los sectores combativos y anular la capacidad de lucha del proletariado.
El caso de las 6 de la Suiza supuso la detención de 6 trabajadores por realizar, simplemente,
piquetes informativos y concentraciones legalizadas. La condena a las mismas fue una condena y un aviso a toda la clase trabajadora. El reciente indulto de las 6 de la Suiza nos enfrenta a la paradoja de que "el gobierno más progresista de la historia", cuyos componentes no dudan en pedir la unidad de la "izquierda" para detener el avance de la ultraderecha, no parece tan interesado en esa unidad cuando
es movilizada para defender sus intereses de clase y extender la lucha obrera. Pese a que lo más incomprensible del caso de las 6 de la Suiza es la sentencia, este procedimiento judicial fue posible en virtud de la ley mordaza que permite actuaciones policiales que criminalizan la protesta, esa misma ley mordaza que llevamos dos legislaturas esperando a que sea derogada (parece que a los "progresistas" les cuesta lo mismo que a los fascistas renunciar al control social). Una vez criminalizada la protesta, se judicializa y se condena, solo es necesario activar el mecanismo. Cuando el caso resulta tan burdo y exagerado como este rápidamente se vuelve mediático y obliga a un gesto publicitario como es el indulto gubernamental, que implica, no lo olvidemos, admitir la comisión de un delito (en este caso desarrollar protestas sindicales), no sin antes haber pasado unos meses teniendo al menos que ir a dormir a prisión para que lo pienses la próxima vez que pretendas rebelarte.
La detención de 16 trabajadores en Puertollano, acusados de desórdenes y atentado, tras las movilizaciones y la huelga del metal en la provincia de Ciudad Real, supuso un paso más en la escalada represiva. Los compañeros están obligados a declarar este julio. La policía entró en las factorías amedrentando a todos los trabajadores y deteniendo a 16 por hechos que difícilmente
pueden ser demostrados. Pero el aviso está hecho.
Este aviso "a todo el que se mueva" se asocia a una práctica que no por habitual debemos dejar de denunciar: las listas negras y los despidos disciplinarios. Las listas negras han sido recientemente denunciadas mediante acciones diversas (concentraciones, ocupación de grúas) por los trabajadores de Navantia y las subcontratas del metal de la Bahía de Cádiz. Estas mismas LISTAS NEGRAS han sido utilizadas y aplicadas contralos huelguistas de Saeta Die Casting en Valladolid donde se
efectuaron 10 despidos a dedo que se ejecutaron sobre compañeros señalados en la última huelga que tuvo lugar en la fábrica. Las listas negras son la cara amarga de una realidad constante: los ERES y los despidos, que también son represión y de la que más nos afecta. La mentalidad burguesa se ha
instalado en buena parte de la sociedad y de la clase (y esto también es producto de la represión capitalista) y no se ven muchos de los hechos represivos cotidianos: un fin de contrato es un despido, una regulación temporal de empleo es un despido. Y todo esto se produce con la aquiescencia de los sindicatos vendidos que firman ERTES, ERES, despidos y convenios a la baja (como hemos visto recientemente en Renault).
Todos estos hechos son una pequeña parte de la presión y la represión crecientes contra la clase
trabajadora organizada. Frente a esto, la movilización debe ser constante. Pero no solo. Debemos trazar sendas de confrontación con el estado capitalista, gobierne quien gobierne. Porque ningún partido burgués defiende a la clase trabajadora. Porque todos los partidos de la burguesía están para defender el sistema capitalista.
Los trabajadores debemos organizarnos. Extender el internacionalismo, el antirracismo y la solidaridad de clase, por encima de sexos, razas, edad, origen y todas las divisiones que nos quieren imponer. Fomentar la lucha y la acción obrera, directa e independiente, con medios y métodos de clase. Crear cajas de resistencia y organizaciones permanentes contra la represión. Fomentar asambleas decisorias y dar un paso al frente:
FRENTE A LA REPRESIÓN DEL ESTADO CAPITALISTA, DE LOS EMPRESARIOS Y DE LOS PERROS QUE LES DEFIENDEN,
LA LUCHA Y LA UNIDAD DE LA CLASE TRABAJADORA.
Comité de Solidaridad de los Trabajadores. JUNIO 2026 / 334
