Ucrania :
Contra el nacionalismo, por la unión proletaria de clase


¡La fuerza prima sobre el derecho!
 
Así parece lamentarse el representante francés en la ONU, el pasado 15 de marzo, ante el veto ruso a una condena (1) del referéndum (2) organizado en Crimea en pro o contra de su anexión a Rusia.
Sin embargo no es sólo en la acción rusa en Ucrania, sino en todas las relaciones entre los Estados en que se verifica este adagio. Rusia no ha respetado el tratado que había firmado con Ukrania, Estados Unidos y Gran Bretaña, el cual garantizaba las fronteras de este país de nuevo independiente a cambio de su renuncia a las armas nucleares que se encontraban en su territorio, luego de la desaparición de la URSS. Pero todos los tratados no son más que un pedazo de papel que sólo vale por el interés que tengan sus signatarios en respetarlos! El gobierno francés, tan respetuoso del derecho internacional y de la ONU, estaba más que motivado hace unos meses en atacar a Siria fuera de toda decisión onusiana, tal como lo hicieron los Estados Unidos en Irak o los europeos en Yugoslavia, Israel desde su creación, más un largo etcétera.
Los propagandistas burgueses que denuncian esta anexión de Crimea a Rusia, como «la primera anexión militar en Europa en 70 años» «olvidan» que la más grande anexión llevada a cabo en Europa después de la última gran guerra ha sido la de la RDA por parte de Alemania! Desde el hundimiento de la URSS, golpeada duramente por una crisis económica sin precedentes, las fronteras reconocidas internacionalmente y «legalmente intangibles», muchos países de la Europa oriental han sido modificados, y hasta desaparecido, algunos de manera pacífica, otros por vía armada, y por guerras donde han participado las grandes potencias. El caso de Crimea no tiene nada de excepcional...
Pero el caso de Crimea ha provocado una crisis política internacional con repercusiones de largo alcance. Los grandes Estados europeos, comenzando por Alemania, se han disgustado ante el hecho consumado y porque sus ofertas han sido rechazadas desdeñosamente por Moscú. Sin embargo, los intereses económicos de ambas partes son tan fuertes que la situación podría acarrear, no una guerra abierta entre las diversas potencias, sino una «guerra fría» como ya evocan los medias. Rusia tiene necesidad vital de vender su gas a Europa, sus bancos están muy metidos en Ucrania, y las inversiones occidentales son necesarias para desarrollar una economía todavía muy débil. Alemania no desea perder sus inversiones en el mercado ruso en el que se ha largamente implantado desde la caída de la Unión Soviética y, así como en Italia, aun cuando es menor con respecto a Polonia, no puede ignorar la importancia que representa el gas y el petróleo rusos.
Pero también Francia hace negocios en Rusia (Renault acaba de comprar la principal firma de automóviles local); y a pesar de las sanciones que el gobierno promete aplicar en su contra, no está dispuesta a renunciar a su «cooperación militar», concretamente la jugosa venta de navíos militares: Holllande afirma que los contratos establecidos se harán efectivos. Cuando son miles de millones de euros lo que está en juego, la violación del derecho internacional pasa a un segundo plano. En los Estados Unidos, grandes empresas petroleras y de otras ramas han pedido a Obama que las sanciones contra Rusia no sean aplicadas, temiendo que ello podría perjudicar sus intereses...
El «derecho» no es más que la confirmación de una correlación de fuerzas; cuando esta correlación cambia, el derecho anteriormente establecido deja de tener validez; es esta la gran lección que Putin hace recordar al mundo entero.
Esto se aplica no sólo a las relaciones entre Estados, o entre agentes económicos, sino también en las relaciones entre las clases sociales. Los enfrentamientos entre las clases no se rigen por principios de legalidad y derecho en vigor, sino según relaciones de fuerza reales. Los proletarios no deben dejarse paralizar por el derecho y la legalidad burguesas, que no tienen otro significado que su sometimiento al capitalismo. Su deber es reconstituir sus fuerzas de clase hasta confrontarlas con las de la clase enemiga, sea cual sea su nacionalidad, lengua o etnia, y cualesquiera sean las normas impuestas por la legalidad. La burguesía misma no vacila un segundo a la hora de violar su propia legalidad contra los proletarios, no titubea en utilizar fuerzas para-legales, bandas de extrema derecha y pandillas de todo género, para secundar las fuerzas de represión legales contra la represión. Por tanto, los proletarios deben organizar su propia autodefensa y no confiar en la policía y la justicia del Estado burgués.
Hoy asistimos a una ola desenfrenada de nacionalismo enarbolado por ambas partes: el gobierno provisional de Kiev, presa de múltiples dificultades y que debe solucionar gravísimos problemas (principalmente deudas) ya ha advertido sobre la necesidad de sacrificarse para levantar la economía. Para este la única solución para hacer pasar los futuros ataques anti-obreros, es jugar a la carta del nacionalismo. En este sentido la intervención rusa es una verdadera bendición para tratar de instaurar un clima de unión nacional!
Del otro lado, Putin exalta el nacionalismo ruso presentándose como el protector o liberador de rusos y ucranianos de habla rusa, mientras que en la regiones orientales, los burgueses llaman a la unión regional frente a Kiev.
Pero a la larga toda esta borrachera nacionalista no podrá ocultar los antagonismos de clase. Los proletarios ucranianos se verán obligados a luchar para vivir, como ya bastante lo han hecho en el pasado.
Entonces podrán constatar en los hechos que su enemigo no es el proletario de otra región u otra nación, sino su propia burguesía, aliada a esta o aquella potencia imperialista. Entonces las miasmas del nacionalismo se disiparán, y podrá volver a surgir la unión de clase de los proletarios contra todos los capitalistas, sus partidos, sus Estados, sus fuerzas represivas legales e ilegales, y reconstituir su partido revolucionario internacional para conducir la lucha.
Entonces una vez más se podrá oír de nuevo, en Ucrania y más allá, el grito de guerra de 1848:
¡Proletarios de todos los países, uníos!



(1) El proyecto de resolución de la ONU sobre Ucrania, apoyado por 13 países, ha sido rechazado tras el veto de Rusia y la abstención de China. (NdR)
(2) En el referéndum del 16 de marzo los crimeos responderían a dos preguntas: «¿Aboga usted por la reunificación de la península de Crimea con Rusia conforme a los derechos de la unidad administrativa de la Federación de Rusia?»; y «¿Apoya usted la restitución de la Constitución de la República de Crimea de 1992 y el estatuto de Crimea como parte de Ucrania?». Los resultados no han sido otros que el de un «sí» rotundo a la reunificación con Rusia.
 
 
Partido Comunista Internacional
16 de marzo de 2014
        www.pcint.org



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