22 de marzo: Marchas de la dignidad. 

El proletariado no puede esperar del capitalismo otra cosa que explotación y miseria. Sólo en la reanudación de la lucha de clase se encuentra la esperanza de un mañana sin cadenas.




Seis años de crisis capitalista han provocado una situación cada vez más catastrófica para la clase trabajadora. Los salarios han caído estrepitosamente, el desempleo ha aumentado hasta colocarse prácticamente en una cuarta parte de la población activa, el nivel de vida de los proletarios ha bajado hasta niveles que parecían olvidados desde hace décadas, las colas en los centros de caridad son cotidianas en los barrios obreros… La burguesía responde a la crisis aumentando la explotación de los proletarios, incrementando las jornadas de trabajo por salarios cada vez menores, arrojando a la indigencia a capas cada vez más amplias de los trabajadores. En muchos casos es la misma supervivencia física de los proletarios la que se pone en cuestión.
El capital vive de la extorsión de la plusvalía, lo que significa que requiere la explotación del trabajo para generar una tasa de beneficio suficiente como para poder competir en el mercado contra sus rivales nacionales e internacionales. En momentos de bonanza económica la consecución del beneficio a partir del tiempo de trabajo no remunerado a los proletarios parece llevarse a cabo de una manera relativamente benigna, al menos para algunos estratos del proletariado: la industria necesita obreros, los trabajadores están empleados y su supervivencia garantizada, si bien de manera precaria y siempre sometida a las fluctuaciones del mercado, de las necesidades contingentes de cada empresa, al despotismo patronal, etc. Si el desempleo nunca elimina, si los ritmos de trabajo siempre aumentan y si los salarios son bajos en comparación con el aumento del coste de la vida, esto parece ser algo relativamente poco importante ante el hecho de que durante un determinado periodo los proletarios al menos pueden vender su fuerza de trabajo para sobrevivir en la medida en que la burguesía requiere de ella. Pero la misma naturaleza del capital, que necesita cada vez mayores incrementos en la tasa de plusvalía extraída a los proletarios para producir mercancías más competitivas que los competidores compensar la caída del beneficio, lleva a la crisis capitalista como fin inevitable de cada periodo de alza económica. Llegado un punto en que la sobreproducción generalizada no puede ser ya absorbida por el mercado, ni siquiera la explotación más bestial de la fuerza de trabajo compensa la caída del beneficio, la industria entra en crisis, los réditos de la producción no llegan ni a cubrir los costes de producir, las empresas cierran y los proletarios son arrojados al desempleo en una auténtica labor de destrucción de la mano de obra que sobra.
La frecuencia de las crisis, su inevitabilidad, no puede ocultar lo que realmente supone: los proletarios pierden su única manera de subsistir en la sociedad del capital y del trabajo asalariado que es la venta de su fuerza de trabajo, y caen en las manos de la caridad. Durante un largo periodo esta caridad ha estado representada por el estado providencial, que a través de los impuestos con que grava al proletariado, que constituye la mayoría de la población en los países del capitalismo desarrollado, puede proporcionar unos servicios públicos de asistencia social que permiten, por un lado, mantener con vida a la clase proletaria para que pueda ser explotada de acuerdo a las necesidades del capital y, por otro, evitar la intensificación de la tensión social que la crisis social crea. El Estado cumple, siempre, la función de administrar los intereses del conjunto de la clase burguesa: regula el mercado del trabajo no pudiendo regular el mercado de las mercancías y de los capitales, interviene con medidas económicas y financieras tratando de garantizar que la tasa de beneficio se mantenga, defiende al capital nacional en su guerra de competencia con el capital de otros países en la búsqueda de nuevos mercados…
Pero también se encarga de mantener la paz social que los capitalistas necesitan para que sus negocios se mantengan estables y sin sobresaltos. Esta labor represiva la realiza por dos vías, la abierta y la soterrada. La primera consiste en el control y el ataque abierto a los intentos del proletariado, o de determinadas capas de este, de luchar contra su enemigo de clase. De manera natural esta vía se hace más evidente cuando la situación objetiva de caída en la miseria de los proletarios se vuelve más evidente. Pero junto con este método, el Estado dispone de fuerzas de control social más sutiles y por ello más eficientes: el despliegue de todo un mecanismo de amortiguadores sociales que dosifican la pobreza, que garantizan unos mínimos recursos para los trabajadores desempleados de manera que se conserve la esperanza de poder remontar la situación en que se encuentran, etc…  hace las veces de una fuerza de integración social, de una vía para la colaboración entre clases que da lugar a la ilusión de que se puede regresar a una situación idílica en que la burguesía podía garantizar la existencia de los proletarios. De esta manera la destrucción de las condiciones de existencia de la clase proletaria se presenta como consecuencia no de las fuerzas materiales que rigen la existencia del capitalismo sino como fruto de la mala voluntad de determinados sectores de la burguesía, más interesados en aumentar sus beneficios que en repartir estos en un clima de concordia social al que se debería regresar.
Durante décadas el crecimiento económico y la actividad de los partidos y de los sindicatos oportunistas han propiciado una creciente colaboración entre clases como. sometiendo cada vez más a la clase proletaria a la clase burguesa Tanto las fuerzas políticas al servicio de la burguesía que predominan entre el proletariado, que van desde el PCE hasta sus satélites de la extrema izquierda, como las organizaciones sindicales que se encuentran perfectamente ensambladas en el aparato estatal de la burguesía, han basado toda su política en demostrar a la clase trabajadora que era posible la convivencia entre proletarios y capitalistas, que existía un interés común en la defensa de la producción de mercancías, de la economía nacional y del país, gracias al cual la crisis y la miseria se convertirían en un pasado olvidado.
Hoy la crisis económica destruye a marchas forzadas la base de esta política de colaboración entre clases. El llamado Estado del bienestar se esfuma: todos los recursos económicos que la burguesía extrae del proletariado se deben emplear en garantizar el mantenimiento del beneficio y no queda nada que se pueda dedicar a mantener las supuestas grandes conquistas, como son llamadas la educación pública o la sanidad, garantizadas por el Estado, eso sí, a través de los impuestos aplicados sobre la clase proletaria. Ante esta situación el oportunismo político y sindical, que basa su fuerza en la cohesión social y tiene como objetivo que esta no desaparezca, es decir, que el proletariado no se enfrente a la burguesía sobre el terreno de la lucha de clase, llama  a los proletarios a exigir a la burguesía que retorne a la política del llamado bienestar, que vuelva a garantizar que todos los proletarios puedan ser explotados y que se presten de nuevo los servicios sociales que hacían posible esta explotación. Pero este camino no se puede transitar. La colaboración entre clases, la paz social, se rompe en primer lugar porque la burguesía ya no puede colaborar y debe adoptar una posición abiertamente beligerante contra el proletariado, de manera que pueda someter por la fuerza a este a sus intereses, ahora más exigentes que nunca.

¡Proletarios!Seis años de crisis económica no sólo han traído de nuevo la miseria para la clase trabajadora. Seis años de crisis económica han mostrado los esfuerzos que los agentes de la burguesía en el seno de la clase proletaria llevan a cabo para que esta no reanude su lucha de clase. Tres huelgas generales, cientos de ellas parciales e incontables manifestaciones y conflictos locales dirigidos por ellos han revelado que los objetivos y los métodos que imponen al proletariado son completamente ineficaces para enfrentarse a burguesía. Los llamados partidos obreros (PSOE, PCE, etc.) y la izquierda extra parlamentaria que marcha a su cola junto con los sindicatos colaboracionistas, no defienden ahora ni lo han hecho nunca, los intereses de la clase proletaria. Si cabe alguna duda acerca de esto basta con ver los resultados de las luchas en que los obreros han participado bajo su dirección, tanto de las grandes luchas nacionales como de los pequeños conflictos parciales.
La función de estas fuerzas políticas y sindicales es mantener al proletariado encadenado a la burguesía, garantizar que se cumplen las exigencias de esta a costa de cualquier sacrificio necesario y, naturalmente, defender sus privilegios sociales con los cuales los burgueses les han comprado. Pero, como es normal, a lo largo de los últimos años la evolución de una situación cada vez más penosa para el proletariado junto con la experiencia extraída acerca de la inutilidad de la lucha llevada a cabo por los objetivos y con los medios del reformismo y del colaboracionismo político y sindical, han ido contribuyendo a cierta maduración de algunos sectores del proletariado. Las recientes huelgas en los servicios de limpieza en ciudades como Madrid o Alicante, la huelga indefinida de los trabajadores de Panrico en Catalunya o el mismo conflicto en el barrio de Gamonal en Burgos, muestran que el proletariado, cuando lucha en defensa exclusiva de sus intereses de clase y lo hace con medios y métodos que se oponen por completo a los utilizados por las fuerzas del colaboracionismo entre clases, puede vencer.

¡Proletarios!El camino de la reanudación de la lucha de clase será duro y doloroso, lleno de derrotas y retrocesos. Pero es el único a través del cual la clase trabajadora puede enfrentarse realmente contra la burguesía y salir victoriosa. Enfrentarse con la burguesía, con la clase de los capitalistas y con sus intereses e una vía obligada para el proletariado si quiere librarse del peso de la explotación y de las condiciones de esclavitud a las que el capitalismo le constriñe cada día y durante toda la vida. Entre los obstáculos que aparecerán uno de los primeros será el recambio del oportunismo político y sindical, el surgimiento de pretendidos partidos y sindicatos alternativos que portan viejas posiciones reformistas y falsamente radicales pero sistemáticamente dependientes de la legalidad, de la democracia y de las categorías económicas y sociales burguesas que hoy predominan y controlan a los proletarios en los centros de trabajo y en la calle. Estas nuevas agrupaciones adoptarán formas aparentemente más radicales, pero su contenido seguirá siendo el mismo: escamotear a los ojos del proletariado la alternativa de la lucha clasista a favor de nuevas fórmulas de cohesión entre clases. Cobrarán fuerza porque la burguesía los necesita como recambio a los partidos y sindicatos tradicionales a medida que estos se vayan desgastando por la fuerza de los hechos. Pero esta fuerza no consistirá en otra cosa que en su capacidad para mantener el control sobre la clase proletaria en función de la conservación social. Ni en su programa, ni en sus reivindicaciones generales o particulares se diferenciarán en nada respecto a aquellos de sus antecesores en el cargo: tratarán, como estos, de desviar el impulso a la lucha hacia ilusiones acerca de un capitalismo más benigno con la clase trabajadora.
 

¡Proletarios!La dignidad reivindicada por todas las fuerzas de conservación social, abiertamente reformistas y colaboracionistas o mimetizadas por el izquierdismo de fachada, no es sino una forma moral con la cual esconder la realidad de la esclavitud salarial en la cual sobreviven, y lo hacen malamente, todos los proletarios. Inclinarse a la dignidad del esclavo nunca ha ayudado a liberarse de la esclavitud, únicamente ha ilusionado al esclavo con poder superar su propia condición únicamente con su pensamiento. Para combatir contra las condiciones de esclavitud modernas impuestas al proletariado por el capitalismo, el proletariado debe partir del reconocimiento de su propia condición de esclavo asalariado entendiendo la causa en las relaciones sociales y de producción capitalistas y luchar contra la clase burguesa que representa, impone y difunde con cualquier medio estas relaciones sociales y de producción.
La lucha de clase es, en primer lugar, la vía para defenderse efectivamente de los ataques de la burguesía. Mediante esta defensa, si es llevada a cabo mediante medios y métodos clasistas, la lucha por objetivos inmediatos y parciales se convierte en una escuela de guerra que entrena a la clase proletaria para la lucha política. En esta, bajo la dirección del partido comunista revolucionario que posee “la comprensión clara de la trayectoria, las condiciones y los resultados últimos y generales del movimiento proletario”, el proletariado lucha por abatir el poder de clase de la burguesía, por destruir su estado de clase e imponer su propia dictadura para hacer frente a los contraataques del enemigo. En esta lucha política, el proletariado tiene como objetivo final la transformación socialista de la sociedad, la abolición de un mundo basado en la propiedad privada y el trabajo asalariado. El proletariado no lucha por obtener ningún tipo de “dignidad” para su clase, sino para destruir las mismas clases sociales, para implantar la sociedad de especie en que la explotación del hombre por el hombre haya desaparecido para siempre.

¡Proletarios!Por la defensa intransigente de las condiciones de existencia de la clase proletaria.
Por la reanudación de la lucha de clase a gran escala.
Por la reconstitución del Partido Comunista, internacional e internacionalista.

16 de marzo de 2014.
                                                  
Partido Comunista Internacional (El Proletario)  
www.pcint.org

Il Comunista-Le Prolétaire-Programme Communiste-Proletarian-El Proletario-El Programa Comunista

Valladolor no admite comentarios
La apariencia como forma de lucha es un cancer
El debate esta en la calle, la lucha cara a cara
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Piensa, actua y rebelate
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de batalla.

si no nos vemos
valladolorenlacalle@gmail.com















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"Las prisiones son una parte más de la esencia represiva de todo Estado, no hay que olvidar la parte que nos toca a lxs que aún seguimos en la calle.

No podemos ver las cárceles como algo ajeno a nuestras vidas, cuando desde temprana edad hemos sido condicionadxs a no romper las normas, a seguir una normalidad impuesta; el castigo siempre está presente para lxs que no quieren pasar por el aro.

En el trabajo, en la escuela... domesticando y creando piezas para la gran máquina, piezas que no se atrevan a cuestionar o que no tengan tiempo para hacerlo.

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Para lxs que no tragan o no se adaptan al gran engaño ahí tienen sus cárceles, reformatorios, psiquiatrícos ... creados por los que no quieren ver peligrar las bases de su falsa paz.

No podemos ignorar la lucha de lxs compañerxs presxs.

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