Protestas contra las deportaciones en Los Ángeles : una advertencia sobre el futuro que la burguesía prepara a toda la clase proletaria
Desde hace varios días en la ciudad estadounidense de Los Ángeles están teniendo lugar protestas multitudinarias, a menudo violentas y con fuertes enfrentamientos con la policía, contra las redadas y las deportaciones que el Gobierno del país ejecuta a través del ICE (siglas en inglés del Servicio de Inmigración y Control de aduanas), encargado habitualmente de aplicar la política migratoria y de parte del control fronterizo. Según reporta la prensa, desde hace dos o tres días las manifestaciones se han extendido a otras ciudades, como San Diego (también en California) o Seattle (en el Estado de Washington, al norte del país) mientras que en Los Ángeles el tono de la protesta iría aumentando una vez que la Guardia Nacional y el cuerpo de marines del Ejército han sido habilitados para intervenir en la represión e incluso para contribuir a la labor del ICE en lo que a redadas anti inmigrantes se refiere.
Aunque la misma prensa se centra exclusivamente en la parte más espectacular de las protestas, buscando el morbo de las fotos y vídeos de los coches de policía quemados o de los manifestantes encapuchados, la realidad es que estas protestas no sólo están teniendo lugar en la calle y en forma de manifestaciones. La propia CNN daba noticia de paros y piquetes en algunas fábricas de Los Ángeles cuando los agentes del ICE pretendían detener a obreros en condición irregular en su interior, llegando, los trabajadores solidarios con sus compañeros, a bloquear los camiones con los que pretendían llevárselos a los centros de detención (1).
Las medidas que aplica el Gobierno norteamericano, las deportaciones masivas, el internamiento en centros de detención, la represión contra los inmigrantes que buscan pasar la frontera, el secuestro de los hijos de aquellos que vienen con su familia, etc. son instrumentos de presión que, sobre la clase proletaria inmigrante lleva aplicando la burguesía norteamericana desde hace varios años. La prensa europea, que defiende los intereses de las clases dominantes locales, ahora enfrentados a los de unos Estados Unidos beligerantes en lo que se refiere a la defensa de sus intereses nacionales contra sus “socios” europeos, quiere culpar de esta situación al gobierno Trump. Pero lo cierto es que la política represiva, las agresiones contra los inmigrantes irregulares, etc. comenzaron mucho antes del primer gobierno de Donald Trump: fue Obama quien, en plena escalada de medidas anti proletarias encaminadas a sacar al capital norteamericano de la crisis de 2008-2013, puso en el punto de mira a los inmigrantes, tanto a los que vivían de manera irregular dentro del país como a los que pretendían entrar sin visado. Fue su gobierno el que reforzó los centros de internamiento fronterizos, quien dio potestad represiva inédita hasta el momento a la policía de fronteras, etc. Trump únicamente ha continuado, publicitándola y haciéndose fuerte en ella de acuerdo con el particular estilo de gobierno que le exige su burguesía, una política que esa burguesía norteamericana considera indispensable para el control social del país.
Por supuesto, el problema de la inmigración, tomado en general, no puede entenderse exclusivamente como un problema de burgueses contra proletarios, especialmente en un país como Estados Unidos en el que la mayor parte de la burguesía y la pequeña burguesía han sido inmigrantes (evidentemente en otras circunstancias) hace aún pocas generaciones. Existe, claro, una pequeña burguesía inmigrante que vive en la ilegalidad, que está vinculada a negocios más o menos clandestinos y que también es perseguida por la política anti inmigratoria, sobre todo desde el momento en que se incentiva a los cuerpos locales del ICE para obtener un cupo mínimo de detenciones diarias. Pero esto no es lo esencial: es evidente que la represión, las detenciones, las deportaciones, etc. van dirigidas a intimidar al grueso de la inmigración que se ve obligada a vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario, que mantiene, con sus condiciones de explotación extremas, tanto la economía sumergida como la legal (una hipócrita distinción que a la burguesía sólo le importa con fines propagandísticos). La inmigración es, fundamentalmente, importación de mano de obra por parte del país receptor. Precisamente porque el mercado laboral del país de origen no es lo suficientemente amplio como para acoger a una parte de su población proletaria, que por lo tanto se convierte en «excedente», en el país de destino esta mano de obra se ve obligada a trabajar a un precio (salario) inferior al que se paga en el mercado laboral legal y regulado. La importación de mano de obra responde, por lo tanto, a una necesidad del sistema productivo del país de acogida, y su clasificación en mano de obra «legal» e «ilegal» sirve a la clase burguesa para dividir a los proletarios entre autóctonos e inmigrantes aceptados y regularizados, y exacerbar la competencia entre los propios proletarios inmigrantes, entre aquellos a los que se les permite acceder a la regulación prevista por las leyes vigentes y aquellos que son explotados aún más, pero de forma oculta a través del trabajo negro y precario; de esta manera, la competencia entre proletarios aumenta cada vez más, dando la posibilidad a los pequeños y medianos empresarios y a los grandes capitalistas de aumentar sistemáticamente la presión sobre toda la mano de obra, por lo tanto, también sobre la legal y regular.
En el capitalismo ningún fenómeno social es equilibrado y pacífico y allí donde domina la ley del valor y la extracción de plusvalía aparecen todo tipo de variantes sociales sustentadas en la explotación del trabajo asalariado, sean legales o ilegales. Esto la burguesía norteamericana, cuya misma policía es poco más que una extensión de las bandas irlandesas de principios del siglo XX, lo sabe perfectamente sino que se apoya en esos sustratos sociales intermedios para mantener controlados a los proletarios inmigrantes de cuya súper-explotación viven ambos. La burguesía norteamericana necesita la inmigración irregular porque necesita la mano de obra a bajo coste que ésta proporciona. Ciertamente no tiene ningún interés en quedarse sin trabajadores, pero también necesita mantenerlos a raya. En un momento de crisis social como el que vive Norteamérica, derivado de una delicada situación internacional y de una situación interna que no hace más que empeorar desde 2008, los ataques contra el proletariado inmigrante tienen una doble función: por un lado, aterrorizan, disciplinan y encuadran a los proletarios que viven continuamente bajo la amenaza de la expulsión, de la separación de sus familias e incluso del secuestro legal de sus hijos menores de edad. Por otro lado, proporciona al conjunto de la sociedad, especialmente a las clases medias pero también a la aristocracia obrera, a la parte más rica, entre los que cala el discurso nacionalista, un chivo expiatorio del malestar social, una especie de causa común que permite dirigir el odio que debería apuntar hacia la clase dominante.
La burguesía, la clase que prometió la libertad individual por encima de todo, que decía levantarse (en su época revolucionaria) contra toda opresión en nombre de la igualdad y la fraternidad universales, sobrevive desde hace siglos gracias a la exacerbación de los odios raciales y nacionales y mediante la represión racista. Y si durante los periodos de expansión económica importa mano de obra sin parar, pero es incapaz de garantizarle ningún tipo de garantía legal a cambio de su explotación diaria, en las fases de contracción vuelve todo su arsenal político y policial contra los trabajadores irregulares, golpea selectivamente para infundir miedo y sumisión, a la vez que trata de crear un frente nacional contra ellos. Es el caso también de Estados Unidos, donde el propio gobierno que sabe perfectamente que tanto el campo como la industria del país requieren de proletarios super explotados como lo son los trabajadores irregulares para ser competitivos, pero que lanza campañas “contra la invasión” con el fin de crear un caldo de cultivo propicio para imponer condiciones laborales y sociales aún más penosas para los trabajadores sin papeles.
El gran logro de esta política de deportaciones masivas, que hoy vemos en Estados Unidos pero que mañana llegará de nuevo a Europa, con la misma crudeza, será hacer creer a los proletarios “legales”, a los que para poder ser explotados no han tenido que saltar ningún muro o jugarse la vida en una embarcación, que las leyes excepcionales, la represión y la explotación desmedida son algo que sólo padecerán los inmigrantes. Los proletarios inmigrantes viven hoy el futuro de toda la clase proletaria. La burguesía siempre necesita, para poder existir como clase, la explotación de la fuerza de trabajo. Mantener en pie el sistema capitalista de explotación de la fuerza de trabajo asalariada y preservarlo a lo largo del tiempo depende y a ha dependido siempre de lograr que los proletarios luchen unos contra otros, que entren en una competencia cada vez más intensa entre ellos, aceptando salarios cada vez más bajos, tolerando condiciones peores de trabajo, etc. en lugar de unirse y enfrentarse contra la propia burguesía. En tiempos de crisis, cuando la explotación del trabajo asalariado debe ser particularmente intensa, la burguesía trata de imponerla en primer lugar a los sectores más débiles de la clase obrera, pero el objetivo final es exigir condiciones idénticas a todos los proletarios. Al degradar las condiciones de vida y de trabajo de los sectores más explotados y evitando cualquier reacción inmediata por parte de los trabajadores mejor tratados, la burguesía prepara todas las medidas sociales y legales con las que extenderá también a las demás capas proletarias un futuro similar, con condiciones de vida y de trabajo peores que las actuales, lo que será posible gracias a la competencia entre los proletarios.
En un futuro no muy lejano, los vientos de la guerra volverán a soplar sobre las grandes naciones capitalistas. Entonces, la clase proletaria, ya sea autóctona o extranjera, tendrá que afrontar con toda su dureza la realidad de un mundo en el que su perspectiva es ser carne de cañón, explotada brutalmente en tiempos de paz y masacrada en tiempos de guerra. Entonces, la burguesía exigirá sacrificios impensables y, para imponerlos, utilizará esta competencia, esta rivalidad entre proletarios, esta costumbre de los proletarios que disfrutan de una mejor situación social de colaborar con la burguesía.
Para evitarlo, la clase proletaria solo tiene un camino: la lucha de clases, la defensa intransigente de sus intereses, contra toda forma de «unidad nacional», contra toda forma de frente unido con su propia burguesía en nombre de orígenes, etnias o religiones comunes...
Esta lucha de clases implica la ruptura con la política de colaboración con las clases dominantes, la ruptura de la solidaridad con sus políticas nacionalistas basadas en la represión de los sectores más débiles del proletariado. Sin duda, los acontecimientos de Los Ángeles no pondrán fin, por sí solos, a décadas de aceptación de la política de colaboración interclasista, pero muestran que la única alternativa existente para el proletariado de todos los países es luchar en defensa de los intereses exclusivos del proletariado, rompiendo drásticamente con la costumbre de mendigar un salario de miseria a la pequeña o gran burguesía.
NOTAS:
(1) https://cnnespanol.cnn.com/2025/06/12/eeuu/video/ice-redadas-coches-sector-carnico-ush-trax
14 de junio de 2025
Partido Comunista Internacional
Il comunista - le prolétaire - el proletario - proletarian - programme communiste - el programa comunista - Communist Program
¡Solidaridad con los proletarios y los jóvenes rebeldes de Nueva Caledonia!
Iniciados el 13 de mayo, los disturbios y enfrentamientos terminaron el día 20 con un duro balance: 6 muertos (entre ellos 3 jóvenes canacos asesinados por las milicias «caldoches»), centenares de heridos y detenidos, numerosos incendios en edificios oficiales (edificios municipales, comisarías de barrio) y otros, y el saqueo de comercios en la gran Numea, la capital que, con más de 180.000 habitantes, concentra dos tercios de la población de Nueva Caledonia. Como en el resto de la isla, continuaron los bloqueos en los barrios y en las vías de comunicación, mientras la actividad económica seguía paralizada.
Estas revueltas se desencadenaron por la movilización de las organizaciones independentistas contra las reformas constitucionales, decididas por el gobierno para «descongelar» el electorado («congelado» tras los acuerdos de Numea), que aumentaría en unas 25.000 personas, presentes en la isla desde hace al menos 10 años, lo que tendría como efecto aumentar el número de electores no canacos, potencialmente hostiles a los independentistas. Hay que saber que los canacos sólo representan el 41% de los 270.000 habitantes de la isla, frente al 24% de «europeos» («caldoches»), mientras que el resto de los habitantes pertenecen a diversas etnias oceánicas, asiáticas o a ninguna en particular.
La movilización contra la reforma está dirigida políticamente por el FLNKS (Frente Canaco y Socialista de Liberación Nacional, que agrupa a las principales organizaciones independentistas) y organizada por la CCAT (Célula para la Coordinación de Acciones sobre el Territorio), iniciada por militantes del FLNKS y la USTKE (Unión de Sindicatos Canacos y Trabajadores Explotados). Se tradujo, en particular, en huelgas y grandes manifestaciones en Numea y el resto del territorio el pasado mes de abril (20. 000 personas según los medios de comunicación, frente a un número comparable de caldoches «lealistas»). El CCAT llamó entonces a bloqueos de carreteras el 13 de mayo -la víspera de la votación en la Asamblea Nacional de la ley de descongelación del electorado-, mientras que las acciones en el resto del territorio siguieron siendo, en general, pacíficas. Fue en Numea donde se produjo una auténtica explosión social: los jóvenes manifestantes descargaron su rabia contra todo lo que representase un sistema que les aplasta, prometiéndoles sólo pobreza, explotación, paro y racismo.
Por su parte, tras haber desbordado a las fuerzas del orden, las autoridades políticas permitieron que se organizaran milicias para defender las ricas propiedades de los caldoches contra la ira de los alborotadores.
El gobierno decretó el estado de emergencia (con el apoyo del PS, fiel a su larga tradición de represión colonial, incluso en Nueva Caledonia, en nombre del restablecimiento del «orden republicano») y envió refuerzos a la isla; el ministro de «Justicia» emitió una circular en la que pedía que se aplicaran «las sanciones más severas contra los alborotadores y los saqueadores», tomando como modelo la represión de los disturbios en los barrios proletarios de Francia en junio de 2023. Las autoridades francesas acusaron al CCAT, denunciado como «pequeño grupo mafioso que comete asesinatos y saqueos», de ser responsable de los sucesos, poniendo a 10 de sus dirigentes bajo arresto domiciliario(1).
Sin embargo, el CCAT protestó diciendo que nunca había llamado a la insurrección, como se le acusa, sino sólo a acciones pacíficas, y el 14 de mayo llamó a «todos nuestros jóvenes a retirar los bloqueos». El día 15, en una conferencia de prensa, el FLNKS declaró que «denunciaba los abusos cometidos», lanzó un llamamiento para que se levantaran los bloqueos y afirmó su apoyo «a los dirigentes de las empresas y a sus asalariados»; el clima deletéreo actual, añadió, «no puede justificar que se ponga en peligro la paz y todo lo que se ha construido», y concluyó anunciando que respondería positivamente a las propuestas de consulta del Presidente de la República.
Pero estas buenas palabras no bastaron a los jóvenes alborotadores que continuaron los enfrentamientos.
Después de los acuerdos de Matignon en 1988 y de Nouméa en 1998, una burguesía canaca, que ha prosperado a la sombra del Estado, no quiere poner en peligro sus conquistas y por eso quiere «evitar que la calle tome el relevo» (declaración del presidente del grupo de representantes electos de la Union Calédonienne-FLNKS, 14/5). Pero para los proletarios, nada ha cambiado realmente en 30 o 40 años, y la sociedad caledonia sigue profundamente marcada por su pasado colonial.
Las desigualdades sociales son evidentes: en 2022, la tasa de desempleo era del 15,5% para los canacos, frente al 8,3% para los no canacos, y el 72% de los que tienen empleo trabajan sólo a tiempo parcial y sus empleos son a menudo no cualificados, el 80% son obreros o empleados: el resultado es que el nivel de vida medio de los canacos es sólo la mitad del de los no canacos.
LA IMPORTANCIA DE NUEVA CALEDONIA PARA EL IMPERIALISMO FRANCÉS
Convertida en colonia francesa en 1853, Nueva Caledonia se utilizó primero para deportar prisioneros (entre ellos comuneros como Louise Michel) y convertirla en colonia de colonización, a pesar de las revueltas de los pueblos indígenas.
Pero fue la explotación del níquel, del que la isla contiene una cuarta parte de las reservas mundiales, lo que hizo de Nueva Caledonia un bien preciado para el capitalismo francés, que, gracias a ella, protagonizó un boom económico a finales de los años sesenta y convirtió la producción de este metal en el corazón económico del territorio: el sector emplea a cerca del 20% de los asalariados y suministra la mayor parte de sus exportaciones. Pero hoy está en crisis, como consecuencia de la caída de los precios (-45% en 2023) y el encarecimiento de la energía. Las grandes empresas que han ganado dinero con su explotación no quieren absorber las pérdidas; el gigante suizo Glencore ha cerrado su fábrica del norte (KNS) y ha anunciado su abandono, lo que supondría el despido de más de 1.700 personas, mientras que las fábricas del sur (SLN y Prony) corren el riesgo de quebrar. El Estado anunció un «pacto del níquel», rechazado sobre todo porque exigiría grandes inversiones cuando sus finanzas están bajo mínimos.
Los proletarios de estas empresas se encuentran en una situación difícil de resistir: el SGTI-NC, principal sindicato de esta industria, ha convocado una huelga general en la industria para el 25 de enero, ¡pero sin parar la producción y de acuerdo con la organización patronal de subcontratistas! Está claro que los proletarios no pueden contar con una organización tan colaboracionista, ¡cuyo objetivo es integrarse en las discusiones en curso con los accionistas! En Nueva Caledonia, como en todas partes, sólo una orientación de clase independiente puede permitir arrancar concesiones a los capitalistas y al Estado.
En la actualidad, ya no es el hundimiento de la industria del níquel lo que motiva a París y determina su política, sino sus nuevas ambiciones imperialistas en la región Indo-Pacífica. Se prevé que esta vasta región se convierta cada vez más en escenario de crecientes rivalidades entre las grandes potencias y, por tanto, de amenazas, pero también de oportunidades para el imperialismo francés. La presencia francesa en Nueva Caledonia es una carta importante que Francia no tiene intención de abandonar, ya que pretende presentarse en la región como una potencia con una vasta «zona económica marítima», aunque actualmente no disponga de estructuras militares a la altura de sus pretensiones.
Esto significa que los proletarios, los jóvenes alborotadores y las masas canacas se enfrentan a un enemigo decidido: no se le puede derrotar siguiendo los métodos y objetivos de las organizaciones independentistas que sólo buscan negociar un compromiso con el imperialismo francés, sino sólo mediante la lucha revolucionaria anticapitalista, junto a los proletarios de la metrópoli que tienen en sus manos la fuerza potencial para doblegarlo.
¡Solidaridad con los proletarios y los jóvenes revoltosos de Nueva Caledonia!
¡No a la represión!
¡Abajo el imperialismo francés!
¡Por la reanudación de la lucha de clases revolucionaria y el internacionalismo proletario!
FUENTE: https://www.pcint.org/ [La traducción es nuestra]
Publicamos el comunicado del S, Serge, el compañero herido en la manifestación contra el megaembalse en Sainte-Soline, traducido por BARBARIA. Recordamos que al principio de su convalecencia, la prensa burguesa hizo conocer que Serge había sido clasificado como clase S (potencial terrorista) por los servicios de inteligencia franceses
Hola a todo el mundo:
Me llamo Serge y fui gravemente herido, como muchos otros, en la manifestación contra el megaembalse de Sainte Soline el 25 de marzo de 2023. Fui alcanzado en la cabeza por una granada, probablemente disparada contra mí por un gendarme equipado con un lanzagranadas Cougar. Sufrí una grave herida en la cabeza que me puso en una situación de urgencia absoluta, situación agravada por el hecho de que se bloqueó el acceso de los servicios de emergencia para atenderme durante la manifestación. Tras un mes en coma inducido y seis semanas en cuidados intensivos, me trasladaron a una unidad de neurocirugía y luego a un centro de rehabilitación. En estos momentos, noto enormes progresos en mi capacidad para moverme, comer y, simplemente, hablar y pensar. Va a ser un camino muy largo, pero estoy decidido a darlo todo, a luchar por recuperar lo que tenía, tanto física como mentalmente. Evidentemente lo hago por mí, pero también porque creo que negarse a ceder, negarse a dejarse aplastar por la maquinaria represiva, es una necesidad política en un momento en que los gobiernos apuestan por el terror y por nuestra pasividad.
En primer lugar, quiero dar las gracias a todas las personas que, en aquel campo de minas me llevaron a cuestas, me cogieron de la mano, me protegieron, me prestaron primeros auxilios (ralentización de la hemorragia, masaje cardíaco, intubación, etc.) y, sencillamente, me mantuvieron con vida. También quiero dar las gracias al personal sanitario que, en todo momento, se ha ocupado de mí y siguen ayudándome a recuperar mi cuerpo y mi mente. No puedo sino haceros saber de la alegría loca que sentí cuando salí del coma y vi la solidaridad masiva que se había expresado: asambleas, textos, grafitis, donaciones, música, acciones y diversos mensajes de compañeras y compañeros de todo el mundo. El eco de vuestras voces y el rugido de las calles nos ayudaron a mi familia y a mí a seguir adelante. Por todo ello, quiero daros las gracias a todas y todos. Habéis sido increíbles.
Todo esto nos recuerda que es vital que ninguna paliza, ningún encarcelamiento, ninguna mutilación, ningún asesinato pase desapercibido para las fuerzas del orden social capitalista. Mutilan y asesinan tan a menudo que no se puede decir que tenga nada de accidental, hace parte de su función. Demasiadas historias en todo el mundo nos recuerdan que no hay expresión más verdadera que “ACAB”. Todos los policías son unos verdaderos cabrones. Son y seguirán siendo los lacayos de la burguesía. Protegen sus intereses y garantizan, por ahora, su continuidad.
La única perspectiva para la clase capitalista es el deterioro de nuestras condiciones de vida a escala masiva, y todo el proletariado, aquí y en todas partes, lo está experimentando actualmente con amargura. Frente a las luchas que libramos para frustrar este funesto destino, han optado claramente por aumentar drásticamente la represión, tanto mediante nuevas leyes represivas como dando carta blanca a las fuerzas del orden, como en Sainte Soline. Debemos tomar nota de ello y promover colectivamente la idea de que está fuera de lugar participar en una lucha sin una protección eficaz y sin capacidad de resistencia. No somos mártires.
Pero nuestra fuerza tiene poco que ver con el campo de batalla. Nuestra fuerza reside en nuestro número, nuestro lugar en la sociedad y el mundo mejor al que aspiramos. Frente a algunas organizaciones de dirigentes y burócratas que querrían llevarnos de vuelta a casa una vez que se hayan ganado su poltrona a costa nuestra, necesitamos mil formas de organizarnos desde la base por y para la solidaridad concreta, para las y los compañeros del movimiento pero también, y quizás sobre todo, para todas aquellas y aquellos que se unirán a los movimientos revolucionarios del futuro.
¡Fuerza a las y los compañeros actualmente en la mira de los Estados!
¡Viva la Revolución!
Nos vemos en las luchas.
El S
16 de junio de 2023
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| Homenaje a los fallecidos (pza Mayor Valladolid) | |
Las protestas por la gestión de los incendios se suceden en Castilla y en León:
bomberos y peones forestales de la Junta han realizado una Marcha nocturna el pasado sábado 30 de julio en Valladolid en homenaje silencioso a los compañeros fallecidos. > https://elpais.com/espana/
> https://elpais.com/espana/
Algunas notas sobre la "gestión" de los incendios
"¿Limpiar el monte"? "¿Apagar los incendios en invierno?" Todo eso está muy bien, pero no puedes sustituir los efectos sobre la vegetación de millones de personas con unas cuantas cuadrillas de trabajadores precarios, por muy bien diseñado que esté el trabajo, que la mayoría de las veces no lo está.
Lo que todo esto demuestra es que las condiciones en las que se producen los grandes incendios forestales tienen más que ver con los cambios económicos generados por el capitalismo en un siglo en el medio rural que con el cambio climático y otras explicaciones por el estilo. Porque las sequías y veranos extremadamente cálidos son habituales y recurrentes en todo el Mediterráneo. No se pueden basar las previsiones y dispositivos en que nunca habrá una sequía larga ni una ola de calor salvaje; porque eso va a pasar sí o sí, antes o después.
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| Homenaje de los Bomberos forestales a los fallecidos |
Vivan los violentos de Linares
¡Contra el desempleo, la miseria y la represión policial, que estalle la rabia proletaria!
Linares, un pueblo de Jaén con aproximadamente 60.000 habitantes es un ejemplo perfecto de la realidad que se sufre en miles de barrios y pueblos obreros de todo el país. Según el Instituto Nacional de Estadística, casi un 45% de la población está en paro, lo que le coloca a la cabeza del listado de municipios por tasa de desempleo. Por otro lado, 1.200 familias tienen que recibir algún tipo de ayuda económica por la situación de pobreza extrema que padecen. Aunque históricamente la región de Linares-La Carolina ha sido una zona industrial importante, primero por los asentamientos mineros en los que hasta mediados del siglo XX se extraía plomo y, después, por el establecimiento en la zona de la empresa metalúrgica Santa Ana, antecedente de la automovilística Santana Motor y que llegó a emplear a casi 4.000 obreros en su momento de mayor producción, la zona se ha “reconvertido al sector terciario”, es decir, toda la industria ha desaparecido y, a parte de las pocas cooperativas agrarias que existen, el único empleo posible para la población es en el pequeño y gran comercio. Desde que en 2011 la empresa Santana Motor, que había sido puesta bajo propiedad pública de la Junta de Andalucía en 1995, después de que Suzuki, principal accionista de la empresa, optase por dejar de producir sus vehículos en ella, Linares se ha convertido en un exportador de inmigración: el número de habitantes, de nuevo según el INE, ha caído un 6% en la última década como consecuencia de la huida sobre todo de los jóvenes que están en edad de trabajar y que no encuentran empleo en la localidad.
La crisis económica que ha seguido a la pandemia de la Covid-19 ha agravado la situación: una de las pocas grandes empresas que todavía están instaladas en la localidad, El Corte Inglés, ha anunciado que cerrará su centro del pueblo en marzo ante la bajada drástica de las ventas desde hace un año. Hace tan sólo un mes, la prensa local daba la noticia de una nutrida manifestación de vecinos del pueblo a las puertas de estos grandes almacenes con el objetivo de apoyar a la plantilla y criticar la trágica situación por la que pasa el pueblo. Esta manifestación se sumaba a la manifestación en vehículos del pasado 7 de febrero, realizada con las mismas reivindicaciones, y, más lejanamente, a la gran manifestación de septiembre de 2017 contra la decadencia económica de la región.
¿Qué respuesta han recibido los proletarios de Linares después de sus protestas pacíficas y sus llamadas al diálogo con las instituciones nacionales y autonómicas? La represión más dura y contundente.
Como es sabido, el pasado viernes 12 de febrero, dos policías nacionales de paisano golpearon salvajemente a un vecino del pueblo y a su hija menor de edad. Rápidamente la mecha prendió. Miles de vecinos del pueblo, especialmente vecinos jóvenes, acudieron a los juzgados para protestar por lo sucedido y exigir castigo para los culpables. La respuesta de la policía no se hizo esperar: los agentes que estaban presentes cargaron contra los manifestantes, disparando salvas al aire, golpeando a cualquiera que pasase por la calle… mientras esperaban la llegada de antidisturbios de refuerzo de Granada y Jaén. Una vez estos hicieron acto de presencia, el pueblo se convirtió en un campo de batalla. Las imágenes que han salido a la luz, difundidas sobre todo por redes sociales, dan idea de lo sucedido: la Policía Nacional disparando con fuego real, coches de paisano de los que se bajan agentes de la policía secreta para dar una paliza y detener a algunos jóvenes, disparos con balas de goma a bocajarro… Una verdadera demostración de fuerza contra un pueblo básicamente proletario que vio en la violencia policial la gota que colmaba el vaso de décadas de frustración y pobreza. Por su parte, los manifestantes no se dejaron arredrar: en varias ocasiones los policías tuvieron que retroceder, uno de sus coches ardió, etc. Aunque a día de hoy todavía quedan dos jóvenes ingresados en el hospital por los disparos con arma de fuego que hizo la policía, la victoria ha sido de los proletarios que salieron a la calle: la fuerza y la determinación que mostraron su capacidad para combatir el enésimo de los agravios a los que la burguesía y su Estado les someten a diario, ha dado ejemplo. La rabia proletaria, la respuesta espontánea pero contundente que dieron a la policía, fuera de los estériles cauces democráticos y pacíficos mediante los cuales se desmoraliza y rinde a quienes se ven arrastrados a ellos para luchar, ha mostrado la fuerza que la clase proletaria puede llegar a tener.
Después de la crisis económica de 2007-2013, que disparó el desempleo, hizo descender los salarios, etc.; después de la crisis sanitaria y social causada por la pandemia, que ha supuesto más de lo mismo, reduciendo a la pobreza extrema a centenares de miles de proletarios por todo el país y frente a la más que segura crisis que las economías de todo el mundo ya empiezan a mostrar, estas escenas de la guerra de clases van a hacerse cada vez más comunes.
Se trata de estallidos espontáneos, de una tensión que sube rápidamente como la espuma para luego descender como si nada hubiera pasado, quedándose como mucho en imágenes de disturbios violentos que no parecen dejar nada tras su finalización. Pero se trata de pequeños jalones de una lucha de clase que hoy es subterránea pero que tarde o temprano emergerá a la superficie.
La clase proletaria lleva décadas habituada a las políticas de colaboración con la burguesía dirigidas por los partidos y sindicatos llamados obreros y justificadas por unas concesiones, cada vez menores, que la propia burguesía da a determinados sectores del proletariado como compensación por el agravamiento generalizado de las condiciones de existencia de la mayor parte de los proletarios. En Linares conocen la historia perfectamente: con la crisis capitalista de los años ´70, la industria de la automoción, que era el principal sostén del pueblo, dejó de ser rentable en términos económicos. La burguesía local, nacional e internacional era perfectamente consciente de los graves problemas sociales que el cierre de las empresas de la zona hubiera supuesto y adoptó una política de liquidación por etapas: periódicamente se despedía a una parte de los trabajadores, por lo general los más jóvenes, en forma de no renovación de contratos, limitación de la producción, etc. En estas ocasiones, el golpe se circunscribía a un pequeño sector de proletarios mientras se ponía en marcha una serie de amortiguadores que mantenían la tensión en niveles aceptables: subsidios de desempleo, prejubilaciones, etc. Llegado el punto en que incluso estas medidas fueron insuficientes, fue el propio Estado el que asumió el desmantelamiento de la industria, nacionalizando la empresa principal Santana Motor, y corriendo con los gastos de su cierre por fases: mientras que los proletarios de las industrias auxiliares iban al paro, la ilusión de un “plan de reindustrialización”, de una recuperación o cualquiera de estos cuentos, se mantenía porque el empleo no se liquidaba de golpe y las organizaciones oportunistas políticas y sindicales (PCE e Izquierda Unida, CC.OO. y UGT) gestionaban la lenta agonía de los trabajadores que aún quedaban con empleo. Finalmente, fueron los propios trabajadores de Santana Motor, a los que la Junta de Andalucía había hecho responsables de la empresa, los que acabaron votando por su cierre en 2005, poniendo fin a una muerte anunciada desde hacía 20 años.
Hoy, cuando todas estas medidas de conciliación y dilación del conflicto han mostrado sus resultados, la propia burguesía tiene poco margen de maniobra. Los recursos con los que antaño financiaba esos amortiguadores sociales con los que podía aspirar a mantener la paz social se han agotado o están a punto de hacerlo. No hay vías de negocio alternativas con las que hacer fantasear a los proletarios que aún conservan su empleo. La realidad de pueblos y barrios enteros degradados como consecuencia del paro y la pobreza en aumento es un hecho y, junto a ella, el incremento de la presión que se ejerce sobre los proletarios, en forma de violencia policial, delincuencia consentida por las autoridades para aterrorizar a la población, etc. es también innegable.
Situaciones como la vivida en Linares no van a acabar de golpe con décadas de colaboración entre clases, no van a liquidar sin más la influencia que todas las corrientes anti obreras políticas y sindicales tienen entre los proletarios. Pero, al mostrar de manera evidente el conflicto real que atraviesa a toda la sociedad burguesa, al ejemplificar en la violencia policial la situación real que padecen los proletarios y al obligar a estos a defenderse rompiendo con todos los corsés democráticos y pacifistas con los que durante décadas han sujetado su cuerpo social, suponen sacudidas que contribuirán a resquebrajar el andamiaje social y mostrar claramente la necesidad de una lucha de clase ya no espontánea, no limitada a la respuesta a un agravio particular, sino abierta, organizada y generalizada.
En Linares ha tenido lugar un verdadero estallido social. Los medios de comunicación, los portavoces de los gobiernos local, autonómico y nacional, los jueces, las organizaciones policiales… Todos aquellos que han pasado por alto que la policía entró a matar en el pueblo para restablecer el orden, llaman ahora a los jóvenes obreros de Linares a mantener la calma, a entender que todo ha sido un error, unas “manzanas podridas” en un cesto limpio por lo demás… Pero los proletarios, de Linares y del resto de pueblos y ciudades, pueden tener una cosa clara: a medida que la crisis económica y social crezca, a medida que la burguesía ponga sobre la mesa sus exigencias en forma de agresiones contra las condiciones de existencia de los proletarios y sobre todo si estos responden a estas luchando, la represión de todo tipo va a acrecentarse. Tanto sobre el plano mediático como sobre el político o el judicial, la clase burguesa tiene cada vez más necesidad de romper cualquier tipo de respuesta o resistencia que los proletarios puedan oponer, porque es la propia burguesía la que ya no tiene dudas acerca de si estos proletarios saldrán a la arena a luchar, sino que simplemente duda acerca de cuándo lo harán y si podrá contenerlos con las armas de que dispone.
Por su parte, la clase proletaria debe extraer de este tipo de estallidos las lecciones que le permitan ir más allá. La clase burguesa en su conjunto puede matar de hambre a un pueblo entero, puede, por las exigencias que le impone la economía capitalista de la que ella no es otra cosa que un agente, condenar al desempleo a decenas de miles de proletarios y puede, como respuesta a la rabia que se acumula, dar rienda suelta a su policía para que imponga el orden a base de fuego. Y por ello, es la clase proletaria la que debe asumir el envite. Debe plantear la lucha en los mismos términos en los que le viene dada: si la burguesía defiende sus intereses, el proletariado debe hacerlo también. Si la burguesía, llegado un punto, no tiene nada que ofrecer ni negociar, el proletariado tampoco. Si la burguesía emplea toda su fuerza contra quienes le presentan un mínimo de resistencia, el proletariado debe ser capaz de desarrollar su propia fuerza, que es la de la organización, la de la lucha por la defensa de sus intereses de clase por encima de cualquier división de sexo, raza, edad, etc. Si la burguesía dispone de la policía, los medios de comunicación, la Justicia, etc. como herramientas de lucha, el proletariado debe encontrar las suyas propias: la solidaridad de clase, la defensa de los sectores más débiles, la organización permanente. Si la burguesía, en fin, se presenta como una clase con unos intereses únicos y monolíticos que impone mediante su dictadura de clase, cualquiera que sea la forma que esta adopte la clase proletaria debe ser capaz de superar también la lucha inmediata y espontánea y salir al terreno de la lucha política, de la lucha por la conquista del poder, por la destrucción del Estado de clase burgués y la implantación de su propia dictadura de clase, ejercida a través del Partido Comunista, internacional e internacionalista, de acuerdo a una doctrina y un programa que son los del marxismo revolucionario.
Partido Comunista Internacional (El Proletario)
17 de febrero de 2020
http://www.pcint.org/01_Positions/01_04_es/210217_violentos-linares.htm






