Cuatro años después del desalojo y derribo del centro social Kukutza, 19 personas van a ser juzgadas por desórdenes.
Del 14 al 16 de septiembre, 19 personas serán juzgadas en Bilbao
acusadas de desórdenes públicos en el marco de las protestas por el
cierre y derribo,
en septiembre de 2011, de Kukutza III, el centro social que, durante 13
años, fue espacio para colectivos y vecinos del barrio bilbaíno de
Recalde. La mayoría se enfrenta a penas de 18 meses de cárcel, pero para
algunos de ellos la Fiscalía pide hasta cuatro años y medio de prisión.
Éste será el segundo juicio por las protestas en defensa del centro
social.
El pasado febrero, las 23 personas detenidas dentro del edificio
por agentes de la Ertzaintza fueron absueltas del delito de usurpación
del que las acusaba la Fiscalía –uno de ellos fue condenado a tres años y
medio de cárcel por atentado a la autoridad y la sentencia está
recurrida–.
A la mayoría de estas 19 personas la Ertzaintza las acusa de quemar
contenedores y de haberles arrojado objetos durante las protestas del
viernes 23 de septiembre de 2011. Sin embargo, según señala el abogado,
todos ellos fueron detenidos a las 17h, media hora antes de que
comenzara la manifestación que terminó con varias decenas de
contenedores quemados en el barrio de Recalde.
“Fueron los que tuvieron
la mala suerte de tropezar y caerse, y la policía los cogió”.
Como únicas pruebas, Iñaki Carro, abogado de los encausados y de la Oficina de Okupación de Bilbao, explica que sólo se cuenta con el testimonio policial y los atestados, escritos ocho horas después de las detenciones.
“Con ellos quieren dar un escarmiento, porque buena parte del barrio se
atrevió a intentar defender por primera vez en Bilbao un centro ocupado
frente a su desalojo”, dice.
“La versión oficial de la Consejería de Interior es que se intentó
desalojar Kukutza y hubo una respuesta muy violenta, pero eso es contar
la historia por el final –señala Carro–. Es importante saber lo que pasó
el miércoles para entender qué pasó el viernes”.
El 21 de septiembre de 2011, a primera hora de la mañana, comenzó el
desalojo de Kukutza III. Durante las seis horas que duró, la policía
cargó contra todo aquél que se acercó a la zona. “
La poca gente
que intentó concentrarse cerca de Kukutza fue disuelta a pelotazos, a
pesar de que la orden de los altos mandos era desalojar evitando que se
produjera cualquier incidente”, explica el abogado, que estuvo
presente durante las tres jornadas de protesta. Los propios agentes de
la Ertzaintza rompieron el cordón policial para perseguir a los
manifestantes, porra en mano. En esas seis horas,
los servicios médicos atendieron al menos a 103 personas a las que la policía había atacado.
Se presentaron medio centenar de denuncias por lesiones contra agentes
de la Ertzaintza, pero todas fueron archivadas con el argumento de
que no se había podido identificar a los policías agresores, menos una,
en la que las imágenes aportadas como prueba documental sirvieron para
identificar al policía que propinó una patada a una chica. Los medios de
comunicación criticaron la violencia policial que se vivió durante la
jornada, que terminó con una manifestación, esa misma tarde, a la que
acudieron alrededor de 7.000 personas, y que acabó con una nueva carga.
Cuatro años después de que se derribara Kukutza, el solar donde se alzaba el edificio sigue vacío
Al día siguiente, el debate siguió siendo la violencia policial.
Continuaron las manifestaciones contra el cierre del centro social y,
también, contra la actuación policial. Varios grupos parlamentarios en
el Gobierno vasco mostraron su rechazo e incluso desde algún sindicato
de policía se condenó la violencia desplegada el día anterior.
Cuando el viernes 23 de septiembre se dio la orden para derribar el
edificio, la actuación de la policía siguió en la línea de los días
anteriores. “La Ertzaintza cargó contra cualquier grupito de gente que
viera, pero ahora, seguramente, siguiendo órdenes”, explica Carro. “La
instrucción era liarla tanto que se pudiera justificar la violencia
policial del miércoles anterior”, añade. La actuación policial, unida a
la imagen de la grúa derribando el edificio de Kukutza, hizo, según
señala el abogado, que la gente desatara su rabia, no contra personas,
sino contra mobiliario urbano, como contenedores.
13 años de centro social
“
Kukutza cambió mucho desde que se ocupó hasta sus últimos días.
Al principio el barrio estaba un poco ajeno al proyecto, era un espacio
muy grande y costó mucho tiempo acondicionarlo”, explica Josu, que
participó en la asamblea del centro social a través de su grupo de
escalada. “Cuando entramos estaba lleno de jeringuillas. El edificio
llevaba muchos años abandonado”, dice.
En 1998, un grupo de jóvenes de Recalde decidió poner en marcha
Kukutza III. “Por esa época prácticamente no había gaztetxes (centros
sociales)”, señala Josu. El edificio elegido fue la fábrica de Cerezo,
dedicada oficialmente a la producción de máquinas ordeñadoras de leche,
con partes importadas desde Colombia. “La mercancía que llegaba estaba
llena de droga para distribuir en Bilbao. En el local encontraron el
mayor alijo, de 260 kilos de cocaína”, recuerda Josu. El propietario de
la fábrica se fugó del país dejando, desde 1991, el edificio abandonado.
“Con el tiempo, se empezó a sumar más gente del barrio. El espacio
consiguió tener un ambiente muy familiar”. Cada día, cientos de personas
acudían a
Kukutza
para algunas de las actividades que acogía el espacio, desde yoga hasta
un taller de mecánica, biblioteca, librería, taller de serigrafía o de
teatro y circo… Actividades de ocio y cultura que, hasta ese momento,
no proporcionaba ningún espacio en un barrio abandonado por la
Administración. “El recorrido de Recalde traía un poco de eso consigo,
ha sido muy difícil conseguir equipamiento para el barrio. Para
conseguir que pusieran una línea de autobús tuvieron que secuestrar un
autobús; el centro de día también se consiguió a base de protestas.
La historia de las carencias del barrio está muy ligada a la apertura de Kukutza, se ocupó como una reivindicación. Era
un barrio abandonado pero con mucha vida en las calles, y la gente
tenía que volcar sus inquietudes en proyectos”, explica Josu.
Poco tiempo antes de la ocupación, la constructora Cobisa se hizo con
el edificio en una subasta judicial, pero, según señalan desde la
asamblea de Kukutza, hasta 2011 –cuando se ordenó el desalojo– en ningún
momento mostraron intención de hacer nada en el edificio.
Cuatro años después de que se derribara el edificio, el solar donde se alzaba sigue vacío.
“Supuestamente se iba a construir un edificio de viviendas, pero no
sabemos qué ha sido de ese proyecto”. Desde la asamblea señalan que
fue el Ayuntamiento de Bilbao el que impulsó el fin del centro social.
“Estratégicamente para el Ayuntamiento era necesario acabar con
aquello –dice Josu–. El hecho de que hubiera un espacio que moviera a
tanta gente y que cubriera las necesidades que no cubría el
Ayuntamiento, y de manera gratuita, molestaba. También que era una
fábrica de alternativas, de Kukutza salieron cooperativas, era un
laboratorio de experiencias en el que muchos colectivos buscaron la
manera de gestionarse y sostenerse. Fue una importantísima herramienta
de lucha”.