... desde Villalar, 
por el internacionalismo proletario y la lucha anticapitalista:



"Entre 1900 y 1930 se produjo una importante industrialización que repercutió sobre todo en las zonas urbanas, destacando los núcleos más concentrados como Barcelona, Madrid, Valencia.

En Castilla, cuya población estaba muy reducida, encontramos también núcleos importantes de obreros agrupados en los sindicatos socialistas (Ugt y sindicato del campo, en Valladolid por ejemplo). Sin embargo, Cataluña y País Vasco son los dos polos principales de la industria y el desarrollo capitalista, lo que impulsa a sus burguesías a una defensa de la identidad nacional. El componente obrero que surgirá en los años 60 en el país vasco, que dará forma a los sectores socialistas, marxistas y obreristas cercanos a ETA y el MLNV, impulsó luchas proletarias de primer nivel con una tendencia internacionalista muy fuerte, que han servido de ejemplo para los proletarios de todo el norte peninsular.

En las batallas de Euskalduna o la ofensiva contra los empresarios vascos hubo momentos de verdadera lucha proletaria, pero su encauzamiento posterior principalmente nacionalista ha generado la derrota subsiguiente. La represión atroz sufrida por los hablantes euskaldunes y el proletariado emigrado al país vasco, generó la confluencia de estas dos caras en una sola respuesta antirrepresiva, en la que el movimiento proletario llevó la voz cantante (jornadas de Vitoria).

Sin embargo, el desarrollo posterior, con la derrota del movimiento obrero internacional en todos los frentes y la continuación de una política represiva de nuevo cuño por parte del Estado central abocaron al movimiento de los trabajadores vascos al callejón del nacionalismo. El internacionalismo característico de los años 70 y 80, en el que los atentados contra las fuerzas represivas eran saludados por los trabajadores de todas las regiones del estado español, solidarios con sus hermanos del País Vasco, dio paso a la formación de los frentes nacionalista español y nacionalista vasco en los 90 y así, hasta hoy.

Justamente, por esto, lo que nosotros combatimos son las falsas conclusiones que extraen grupos de la izquierda y la extrema izquierda, sea la de negar a priori que exista una “cuestión nacional” todavía irresuelta en época imperialista, sea contrariamente el aceptar la visión pequeño burguesa y democrática para la cual la opresión de una nacionalidad respecto de otra nacionalidad más fuerte debe ser considerada por parte del partido del proletariado, y por el mismo proletariado, como una prioridad respecto a la lucha proletaria contra cualquier tipo de nacionalismo y cualquier burguesía.

Reconocemos el derecho de todas estas nacionalidades a la autodeterminación, pero este reconocimiento de la autonomía o de la autodeterminación de la “nacionalidad” castellana, gallega, vasca o catalana, desde el punto de vista del progreso histórico, no representa ningún avance revolucionario, ni burgués ni, mucho menos, proletario.

Desde el punto de vista de la lucha de clases en España cuando se produce una cesión al nacionalismo, se reniega de la lucha de clase proletaria. La cuestión “castellana” o “catalana” tiene peso solo porque está puesta como factor de contraste interburgués debido a la concurrencia que los burgueses se hacen siempre incluso en los límites de su propio país y, elemento cierto y no secundario, como un factor de concurrencia entre proletarios. Y exactamente contra esta división los proletarios debemos luchar, para no caer en la trampa del nacionalismo, o del chovinismo español, y ciertamente sin “defender” la causa de un eventual federalismo estatal.

Nuestra lucha contra el nacionalismo burgués no se atenúa en el periodo imperialista, sino que se acentúa más porque la clase dominante burguesa, sea del país más fuerte o sea del país sometido a presión económica y financiera por parte de los grandes trust financieros mundiales y los grandes países imperialistas (presión que conserva aspectos de colonialismo incluso en ausencia de ocupación militar), es una clase que utilizará siempre el arma ideológica del nacionalismo para hacer adherirse a su propia lucha y a sus propios intereses nacionales a la masa proletaria y de trabajadores pobres: ideológicamente la burguesía tiene la fuerza que le otorga el monopolio político y económico y los límites que el propio modo de producción capitalista le impone, del que depende al ciento por ciento. Estos límites están fijados por el antagonismo de clase que opone los estratos superiores de la burguesía nacional a la masa asalariada y trabajadora que forman objetivamente la base de la explotación capitalista del trabajo.

La ideología que deriva de la propiedad privada y de la apropiación privada del producto del trabajo no puede entender la libertad sino como libertad de explotación de los recursos humanos y naturales, por eso la libertad burguesa es un fetiche y una añagaza porque se deriva del sometimiento económico, social, político y militar de las grandes masas proletarias y de trabajadores pobres. Pero la burguesía vive de la concurrencia con la otra burguesía, sea desde el punto de vista estrechamente económico, sea desde el punto de vista político-militar, y el nacionalismo responde ideológicamente a la defensa de los intereses particulares, nacionales, de la clase dominante burguesa.

Como la economía capitalista se organiza en empresas, el límite objetivo que cada fábrica o empresa presenta respecto a la economía nacional y mundial, así la superestructura política burguesa está organizada a partir de los estados nacionales, con sus fronteras defendidas militarmente. El desarrollo del capitalismo anda sobre estas dos piernas: la empresa y la economía nacional, pero al mismo tiempo su propia crisis deriva de su tendencia a superar y a destruir los límites nacionales en el marco del mercado mundial.

La superación de este estado de cosas no puede provenir de la clase burguesa puesto que se destruiría a sí misma, sino que debe venir de mano del proletariado y de su revolución.
El nacionalismo caracteriza a la burguesía que oprime y a la burguesía que es oprimida por otra burguesía más fuerte, dando origen al fetichismo de un “derecho” considerado “natural” de los pueblos radicados históricamente en determinado territorio con una determinada lengua; así, en la fase histórica de la expansión capitalista en el mundo, es un arma ideológica que sirve para mantener al proletariado sometido a los intereses de los estratos burgueses superiores, arma ideológica que se desarrolla tanto con la democracia como con la abierta dictadura militar o fascista.


La respuesta política de la clase proletaria, como sabemos, es el internacionalismo:

Esta respuesta pasa necesariamente por la lucha que el proletariado está llamado a llevar a cabo en el ámbito nacional, pero con perspectiva supranacional, o mejor, inter-nacional. Por eso el partido proletario de clase elabora, en su desarrollo histórico, las diversas tácticas de lucha, tácticas dirigidas a empujar al movimiento proletario de lucha a través de acciones y objetivos que refuercen la solidaridad de clase y, por ello, el internacionalismo, verdadero antídoto contra el nacionalismo burgués.


[Fragmento una charla-debate sobre la Cuestión de las nacionalidades en el estado español, realizada por un compa del PCint, en 2012 en Valladolid).

Valladolor no admite comentarios
La apariencia como forma de lucha es un cancer
El debate esta en la calle, la lucha cara a cara
Usandolo mal internet nos mata y encarcela.
Piensa, actua y rebelate
en las aceras esta el campo
de batalla.

si no nos vemos
valladolorenlacalle@gmail.com















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Contrainformacion internacional

"Las prisiones son una parte más de la esencia represiva de todo Estado, no hay que olvidar la parte que nos toca a lxs que aún seguimos en la calle.

No podemos ver las cárceles como algo ajeno a nuestras vidas, cuando desde temprana edad hemos sido condicionadxs a no romper las normas, a seguir una normalidad impuesta; el castigo siempre está presente para lxs que no quieren pasar por el aro.

En el trabajo, en la escuela... domesticando y creando piezas para la gran máquina, piezas que no se atrevan a cuestionar o que no tengan tiempo para hacerlo.

Hemos sido obligadxs a crecer en un medio hostil donde es dificíl desarrollar nuestros propios deseos.

La rebeldía brota de algunxs, otrxs simplemente se acomodan en la mierda, tapando sus frustraciones con lo que le dan quienes antes les despojaron de todo. O viendo sus problemas como algo aislado, único y personal.

Para lxs que no tragan o no se adaptan al gran engaño ahí tienen sus cárceles, reformatorios, psiquiatrícos ... creados por los que no quieren ver peligrar las bases de su falsa paz.

No podemos ignorar la lucha de lxs compañerxs presxs.

Su lucha es nuestra lucha."