Hecatombe de proletarios en Bangladesh: ¡capitalismo asesino!


El 24 de abril pasado "Rana Plaza", un edificio de 9 pisos situado en la periferia industrial de Dacca, capital de Bangladesh (14 millones de habitantes), se vino abajo con alrededor 3500 obreros en su interior (su número preciso no se conoce). En este edificio operaban 5 fábricas textiles, así como un banco y numerosos comercios. La cifra oficial de muertos hasta hoy pasa de 1128 (algunas fuentes contabilizan más de 1700!, NdR), la cifra de heridos no se conoce. La mayoría de las víctimas son mujeres; la mano de obra femenina constituye entre 80 y 90% de la mano de obra textil del país.
La cólera de los trabajadores, que inmediatamente exigieron el arresto y ejecución de los responsables de esta hecatombe, es tanto más grande que la víspera de la tragedia el edificio había sido evacuado a causa de crujidos y agrietamientos; pero al día siguiente los patronos obligarán a sus empleados a reanudar las labores, asegurando que no había riesgos: ¡para ellos, el riesgo a perder beneficios era mucho más importante que el riesgo de los trabajadores a perder la vida!
El propietario del inmueble, Mohamede Sohel Rana, es un rico politicastro del partido en el poder, la Liga Awami. Ante las dimensiones de la catástrofe y, sobre todo, la cólera obrera, este fue detenido e inculpado por haber construido el edificio "ilegalmente", sin permiso de construir; el rico hombre de negocios se ha defendido diciendo que centenares de instalaciones industriales se encuentran en la misma situación, en parte porque obtener un permiso de construcción toma "demasiado tiempo", ahora que la industria textil se encuentra en pleno auge; agregando que no era él sino los patrones de empresas que alquilan sus locales, quienes obligaron a los trabajadores a reemprender la actividad. El gabinete de arquitectura que realizó los planos del edificio afirmaba que este no había sido concebido para albergar talleres industriales, y al cual se le habían agregado tres pisos. Al parecer, el agregar pisos no definidos en su arquitectura es práctica común que permite reducir los costos de construcción, sin contar otros ahorros que se realizan durante su construcción...
Los medias reportan también que Rana era conocido como mafioso. Pero en realidad esta masacre demuestra una vez más que la mafia en el poder, la burguesía, es mucho más peligrosa que la que oficia en los bajos fondos. ¡Es todo el sistema capitalista, el criminal!
Un paraíso para los capitalistas, un infierno para los proletarios
Bangladesh es un país de más de 150 millones de habitantes, eminentemente agrícola, (más del 70% de su población vive en el campo), pero que desde hace unos treinta anos es testigo de un fuerte éxodo rural y una acelerada industrialización; las cifras oficiales de desempleo son bajas, pero se estima que el 40% de la mano de obra es subempleada; lo que engendra una importante emigración hacia Medio Oriente y Asia del Sudeste, aunque también hacia Europa: el 18 de abril en Grecia varios contramaestres disparaban contra una centena de inmigrantes bangladesíes que se habían reunido para exigir el pago de sus salarios, balacera que causó varias decenas de heridos! Por otra parte, el trabajo infantil se ha generalizado; también en la rama textil.
En pocos años Bangladesh se ha convertido, después de China, en el segundo país exportador mundial de trajes y vestidos; las exportaciones de productos textiles representan el 80% de las exportaciones totales del país, y este sector emplea entre 3 y 4 millones de personas que trabajan en unas 5000 fábricas. La industria textil trabaja directamente para grandes marcas internacionales o sirve de subcontratista a otros industriales, incluso chinos! Este éxito de la industria textil bangladesí en la competencia internacional se funda en la sobrexplotación de la mano de obra. El salario mínimo mensual no pasa de 38$, mientras que en otras países asiáticos con una importante industria textil este sube a 138$ como en China, 65 en la India, 67 en Vietnam, 75 en Camboya.
Hemos podido constatar que los trabajadores de la rama textil son mayoritariamente mujeres, jóvenes, venidos de la provincia a causa de la miseria y el hambre que allí se sufre. En regla general reciben una paga 30% menor que la de los hombres. El horario legal es de 8 horas diarias, pero cuando hay importantes pedidos, este se prolonga hasta diez horas y a 7 días por semana! Sin duda que existen reglamentos y medidas de seguridad laborales pero, tanto como las leyes sociales, las mismas no son respetadas; en todo el país los inspectores del trabajo no son más que varias decenas, y, cada vez que una orden de inspección se decide, el propietario de la fábrica es advertido antes que los inspectores visiten las instalaciones! Además, las "Zonas de Producción para la Exportación" son exceptuadas de la aplicación de las leyes sociales; lo mismo prevalece en la actividad económica que se desarrolla en el sector llamado "informal", que constituye el 80% de la economía bangladesí.
Una estricta política anti-obrera reina en el país; para ser constituido, un sindicato debe recibir la aprobación del patrón y la huelga no es legal, sino luego de una largo proceso de "conciliación" con los capitalistas, además del voto favorable y secreto de al menos 75% de la totalidad de los trabajadores. Las autoridades tienen el derecho de prohibir las huelgas y apresar sin procedimiento judicial a los huelguistas, en caso de atentar contra el "interés nacional"; las huelgas están totalmente prohibidas en el transporte, la banca, en las empresas extranjeras, etc.
La represión (detenciones, despidos, asesinatos) contra los trabajadores es general, incluso contra aquellos que sólo piden el respeto de los derechos que la ley acuerda. En caso de huelgas o "indisciplina laboral", etc., la ley prevé condenas a trabajos forzados. Cuando las huelgas, incluso "legales", estallan, los patronos no vacilan en recurrir al lock-out y a los despidos, cosa que ya ocurrió en la capital, en 2011, en tres textileras donde se desencadenó una huelga por el pago de salarios, resultado: 6600 trabajadores despedidos (2).
El resultado de estas condiciones infrahumanas es el número de "accidentes de trabajo" mortales – accidentes que en realidad son asesinatos, puesto que son la consecuencia inevitable la reducción de los gastos que los patronos hacen sobre todo lo que podría hacer que el trabajo sea menos peligroso; en efecto, proteger a los trabajadores pesa de manera intolerable en los "costos de producción": ¡producir a bajo costo mata!
En la misma zona industrial de Dacca, en noviembre del año pasado, un incendio costó la vida de ciento diez personas: los patronos habían cerrado con llave las salidas y obligar a los proletarios a continuar la labor. Ya en junio de 2010, el derrumbamiento de edificios construidos improvisadamente y atestados de máquinas había matado a 35 personas, 18 en febrero de 2006, 75 en abril de 2005, etc., todos en la metrópolis Dacca. Según las estadísticas, una obrera textil muere cada diez días.
Ante el escándalo de los accidentes repetidos, diversas organizaciones humanitarias y sindicatos colaboracionistas internacionales se empeñan desde hace años en tratar de convencer gentilmente a las grandes empresas de distribución occidentales a incitar a sus proveedores y al gobierno bangladesí de respetar ciertas reglas sociales y de seguridad elementales para los trabajadores. Y han cantado victoria cuando varias de las grandes sociedades (El Corte Inglés, Benetton, Lidl, Marks&Spencer, H&M, Carrefour, Loblaws, etc.) firmaron, el 15 de mayo, bajo los auspicios de la OIT, un acuerdo sobre un programa de reformas sociales y de inspección de la seguridad del trabajo para los proveedores (3).
Para saber el valor real de estos acuerdos, hay que hacer notar que los mismos son regularmente renovados desde los años 90 del siglo pasado, sin que estos se traduzcan en efectos positivos en cuanto al mejoramiento de la situación de los proletarios; qué pensar cuando dos de las empresas que se encontraban en Rana Plaza habían pasado con éxito una auditoria de la seguridad laboral (4)! "Expertos" citados por un gran cotidiano explican que no hay que esperar cambios espectaculares en la industria textil en Bangladesh o en otro país, a causa de "la corrupción, de los intereses en juego y de los consumidores occidentales que son favorables a un cambio en las condiciones de trabajo, pero no quieren pagar más caro por sus playeras". Según estas afirmaciones, los “consumidores occidentales” – es decir los proletarios occidentales – son en parte responsables de las condiciones de vida bestiales que los capitalistas de Bangladesh y de otros países infligen a sus proletarios! Pero es que acaso son los proletarios occidentales quienes han decidido deslocalizar la producción a países con bajos salarios – no son más bien los capitalistas occidentales?
En efecto, a través de observaciones de este género muy difundidas, los burgueses no sólo buscan ocultar su total y plena responsabilidad en los crímenes de su régimen, sino que tratan también de oponer a los proletarios de diversos países. Si permanecen pasivos, los proletarios están condenados a sufrir este tipo de manipulaciones burguesas.
La solución es la lucha. Pese a las condiciones particularmente difíciles, a pesar de la represión omnipresente, pese a la "policía industrial" puesta en plaza para controlarlos, las obreras y obreros en Bangladesh muestran a sus hermanos de clase de Occidente que es posible luchar y lograr victorias, aun cuando estas victorias sean parciales y, siempre inevitablemente, se corrompan bajo el capitalismo.
Desde el anuncio de la hecatombe, decenas de miles de trabajadores de Dacca paralizaron sus actividades, bloqueando las rutas, exigiendo el enjuiciamiento y la encarcelación de los culpables, así como también el mejoramiento de sus condiciones. Pero los patronos del sector textil responderán con el lock-out, mientras que el gobierno enviará a la policía.
Sin embargo, para calmar la cólera obrera, el gobierno se ha visto obligado a anunciar un aumento del salario mínimo y el reconocimiento del derecho de los trabajadores a sindicalizarse. Por supuesto que estas promesas no serán respetadas, pero los proletarios, que ya han demostrado su combatividad en el pasado reciente, no se dejarán engañar tan fácilmente.
En primavera de 2006, decenas de miles de proletarios de casi 4000 textileras entrarán en lucha. Tres obreros serán asesinados por la policía, con centenas de heridos y presos. En 2007, la ley de emergencia fue declarada para asegurar el orden capitalista. En primavera de 2012, miles de trabajadores de la rama textil volverán a la lucha por aumentos de salario y contra la represión; movimiento que termina con el saldo de un centenar de trabajadores arrestados, y un millar de heridos. El 16 de julio, varios vigilantes privados abrirán fuego contra una manifestación de obreros exigiendo aumentos de salario, ocasionando 3 muertos y 35 heridos. En el mismo período, durante un conflicto social en otra empresa textil, Aminul Islam, el responsable de una organización sindical, moderada por demás, fue secuestrado y torturado hasta la muerte por los servicios de seguridad.
A pesar de la represión, los proletarios bangladesíes han logrado algunas victorias: en 2006, obtendrán un aumento del salario mínimo de 18%; rápidamente anulado por la alta inflación que se desató, lo que volvió a provocar otras luchas.
Nadie puede dudar que los proletarios se dejarán engañar mediante vagas promesas. Y nadie debe dudar tampoco que contra el carácter salvaje de su explotación, la lucha será difícil. Esta lucha deberá dirigirse inevitablemente contra la totalidad del sistema capitalista y no solamente contra algunos patronos individuales por muy rapaces que sean; una lucha que deberá fijarse como finalidad última la destrucción del capitalismo, y no su perfeccionamiento o humanización como así desearían las ONG, el Papa y las organizaciones caritativas.
Lo que necesitan los proletarios de Bangladesh, no es la compasión de los "consumidores" occidentales, sino que los proletarios de los grandes países occidentales salgan a luchar como ellos, contra este sistema criminal del cual también son víctimas; es cierto que la explotación que estos últimos sufren es menos brutal, pero esta es bien real; las condiciones de trabajo son menos aterradoras, pero allí también la vida de los trabajadores cuenta menos que la salud financiera de las empresas; testigo de ello son las 6300 personas que mueren cada día en el mundo producto de accidentes de trabajo o de enfermedades profesionales, incluyendo a los países capitalistas más "desarrollados" (6). Casi al mismo tiempo que ocurría la hecatombe en Bangladesh, una explosión en una fábrica de fertilizantes ocasionaba la muerte de 14 personas en Estados Unidos. En el más grande país capitalista del planeta, 4500 trabajadores mueren cada año debido a "accidentes de trabajo" y otros 50 mil mueren por enfermedades profesionales. Estas terribles cifras ilustran la verdadera guerra social que llevan a cabo todos los países capitalistas contra los proletarios.
Si quieren poner fin a esta guerra permanente que se libra contra ellos, los proletarios del mundo entero no tienen otra solución que lanzarse a la guerra de clase contra el capitalismo, llevando a la práctica el viejo eslogan siempre actual:
¡Proletarios de todos los países, uníos!



(1) C.f. The Wall Street Journal, http://online.wsj.com/article/SB10001424127887324715704578479231065424630.html
(2) Ver Informe sobre Bangladesh de la Confederation Internationale des Syndicats (ITUC/CSI), Ginebra, 24-26/9/2012 
(3) C.f. http://www.industriall-union.org/fr/nous-avons-reussi-avancee-mondiale-avec-la-signature-par-les-marques-de-laccord-sur-la-securite-dans. Los industriales de la rama textil también se han congratulado por este acuerdo...
(4) The Wall Street Journal 24/4/2013. La asociacion radicada en Bruselas responsable de la inspección fue fundada hace una década por empresas europeas como Adidas, Hugo Boss, etc.
(5) Los Angeles Times, 25/4/2013. http://articles.latimes.com/2013/apr/25/world/la-fg-bangladesh-collapse-20130426
(6) Cf http://www.ilo.org/global/topics/safety-and-health-at-work/lang--fr/index.htm

Partido Comunista Internacional
20 de abril de 2013
www.pcint.org

Valladolor no admite comentarios
La apariencia como forma de lucha es un cancer
El debate esta en la calle, la lucha cara a cara
Usandolo mal internet nos mata y encarcela.
Piensa, actua y rebelate
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Contrainformacion internacional

"Las prisiones son una parte más de la esencia represiva de todo Estado, no hay que olvidar la parte que nos toca a lxs que aún seguimos en la calle.

No podemos ver las cárceles como algo ajeno a nuestras vidas, cuando desde temprana edad hemos sido condicionadxs a no romper las normas, a seguir una normalidad impuesta; el castigo siempre está presente para lxs que no quieren pasar por el aro.

En el trabajo, en la escuela... domesticando y creando piezas para la gran máquina, piezas que no se atrevan a cuestionar o que no tengan tiempo para hacerlo.

Hemos sido obligadxs a crecer en un medio hostil donde es dificíl desarrollar nuestros propios deseos.

La rebeldía brota de algunxs, otrxs simplemente se acomodan en la mierda, tapando sus frustraciones con lo que le dan quienes antes les despojaron de todo. O viendo sus problemas como algo aislado, único y personal.

Para lxs que no tragan o no se adaptan al gran engaño ahí tienen sus cárceles, reformatorios, psiquiatrícos ... creados por los que no quieren ver peligrar las bases de su falsa paz.

No podemos ignorar la lucha de lxs compañerxs presxs.

Su lucha es nuestra lucha."