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La memoria es una insurgencia frente a la falsificación, Roger Chartier.



La eliminación de los lugares de memoria, aquellos donde se han cometido crímenes, tiene como objetivo final acabar con la memoria de los hechos. Si no hay cuerpo, no hay delito, y paralelamente, la ausencia del símbolo desvanece la memoria; y eso es lo que los golpistas aprendieron y aplicaron desde un principio. La ocultación de los hechos criminales es el primer paso para negarlos. Nuestro sistema está levantado sobre un crimen fundacional, el golpe armado contra el gobierno legal republicano en julio de 1936. En su transcurso se cometieron miles de asesinatos y atropellos de todo tipo contra la población civil desarmada, lo que fundamenta de sobra la acusación por crímenes contra la humanidad de los responsables y autores.

En Valladolid, ciudad tomada por los golpistas el mismo 18 de julio, hubo escasa resistencia, y a pesar de ello los republicanos, izquierdistas y sindicalistas fueron víctimas de todo tipo de atropellos. El 10 % de la población fue muerto, represaliado o tuvo que escapar a su ejecución probable. Las ejecuciones extrajudiciales, en una cuantía superior a 1.000, se llevaron a cabo con todo tipo de precauciones. Las detenciones y paseos solían producirse por la noche; y en general, los asesinos actuaban en pueblos donde no eran conocidos. Los cuerpos de las víctimas se enterraron en lugares ocultos, en montes, en descampados, en cunetas y en general, en lugares alejados de las poblaciones, con el fin de hacerlos desaparecer. Además de los asesinatos, se produjeron miles de detenciones. Hombres y mujeres vallisoletanos pasaron años en las cárceles franquistas en este régimen, sin saber cuando los liberarían, sin saber de qué se les acusaba, y sufriendo todos los rigores de las prisiones de la época. Todos ellos son desaparecidos, personas que habitan un limbo legal, asesinados sin cuerpo y a veces sin identidad, sombras negadas por sus carceleros, por sus asesinos, por los cómplices e implicados en el sistema franquista, que necesitaba eliminarlos para imponerse con comodidad.

Y para mantener y afianzar este relato, se construyeron mitos y símbolos, que perduran hasta hoy, a la vez que se eliminaban concienzudamente pruebas, nombres, hechos y documentos. En suma, la MEMORIA de todo un país fue manipulada, tergiversada y hecha desaparecer. Dentro de este esfuerzo de tergiversación se inscribe la desaparición de los lugares de Memoria, aquellos lugares de nuestra provincia en los que ocurrieron los hechos más reseñables: las fosas del cementerio, convertidas en fosas comunes sin señalizar; la Casa del Pueblo, reconvertida en dependencias militares; el Círculo Republicano, enajenado por la Falange; las Cocheras de Tranvías, lugar de reclusión de los varones detenidos gubernativamente, hoy casino militar; la Cárcel Nueva, hoy centro cívico Esgueva, la Cárcel Vieja, que hoy conocemos como Biblioteca…En ninguno de estos lugares existe un solo signo que identifique el lugar por la función que cumplió.



ALGUNOS LUGARES DE MEMORIA EN LA CIUDAD DE VALLADOLID


PARTIDOS Y SINDICATOS

Partido Comunista: Calle Atocha (Barrio de Santa Clara). Hoy desaparecida.

CNT-AIT: Calle Francisco Zarandona. Hoy desaparecida.

Partido Socialista, UGT, Universidad Popular Pablo Iglesias: Casa del Pueblo. Calle Fray Luis de León, desaparecida (hoy dependencias militares)

Izquierda Republicana: Calle Leopoldo Cano, desaparecida (Escuela de Artes y Oficios).



LUGARES DE DETENCIÓN Y CONFINAMIENTO

Gobierno Civil
La sede del Gobierno Civil era un palacio renacentista que se organizaba alrededor de un patio de columnas. Estaba muy cerca de la Capitanía, en las cercanías de la plaza de San Pablo y frente al que hoy es Museo de Escultura. Por este lugar pasaron, en su gran mayoría, los detenidos en Valladolid y su provincia. Las torturas tenían lugar, sobre todo, en el patio interior, en el que había un pozo que todavía hoy se puede ver. Los testigos lo recuerdan con horror. Una vez identificados, se decidía su suerte. Muchos salieron de allí para ser asesinados. Otros, a las cárceles: a la Vieja, a la Nueva y a las Cocheras de Tranvías. El Gobierno Civil funcionó, por tanto, como una primera criba por la que pasaron los primeros detenidos vallisoletanos.


Cocheras de Tranvías
El número de detenciones tras el 18 de julio del 1936 aumentaba sin parar. Ocupadas en su totalidad las dos cárceles, Nueva y Vieja, los golpistas tuvieron que buscar otros lugares para el confinamiento de los prisioneros. El lugar que se les ocurrió fueron las Cocheras de Tranvías, dos naves con un patio interior en el centro, situadas en las cercanías del Arco de Ladrillo. Allí se encerraban los tranvías y estaban los talleres de reparación. Este edificio, por donde ingresaban los detenidos y al que tenían que dirigirse los familiares para saber de sus padres, hijos o hermanos, para llevarles ropa o comida, y donde les anunciaban su desaparición, existe todavía y se conserva tal y como era antaño. Hoy es propiedad del Ejército, que lo utiliza como casino y lugar de reunión. ¿Cuántos detenidos llegaron a pasar por las tristes Cocheras? Es casi imposible saberlo, pero fueron miles. La fama de las Cocheras se extiende por toda la provincia, pues es raro el pueblo que no tuvo a sus detenidos en aquel recinto. Pero además, los horrores que allí se vivieron han hecho de las Cocheras de Tranvías de Valladolid un símbolo de la represión desatada en 1936.


Cárcel Nueva 

La cárcel nueva, inaugurada por la República en julio de 1935, se convirtió paradójicamente en el destino final de muchos de sus dirigentes. Desde el mismo 18 de julio, las detenciones efectuadas por los golpistas fueron masivas. La más significativa, desde luego, fue la realizada en la Casa del Pueblo, donde más de 500 personas, hombres, mujeres, niños y ancianos, esperaban el desenlace de lo que parecía ser una intentona golpista más, parecida a la sanjurjada que ya habían vivido.
Sin embargo, todos ellos fueron desalojados de la Casa del Pueblo en la mañana del domingo 19 de julio y la mayoría ingresó en la cárcel Nueva de Valladolid, que muy pronto se llenó hasta niveles imposibles, llegando los detenidos a dormir en el patio. En la cárcel nueva estuvieron recluidas, sobre todo, las personas sometidas a juicio. De sus celdas partían para otras prisiones a cumplir las penas impuestas, o hacia el paredón.



Cárcel Vieja

Debido a la extrema decrepitud de esta prisión, la República levantó una nueva cárcel y abandonó este antiguo caserón en el año 1935. El golpe de estado volvió a llenar de presos este edificio, hasta el punto de sobrepasar su capacidad y ocupar escaleras, rellanos, etc. Al principio encerraban aquí tanto a hombres como a mujeres, pero en el mes de septiembre todos los lugares de reclusión estaban repletos, y las nuevas autoridades reorganizaron las prisiones. Así, determinaron agrupar a todas las mujeres detenidas en la antigua cárcel; destinar las Cocheras de Tranvías a cárcel masculina y reservar la cárcel Nueva para la celebración de juicios, las celdas de condenados a muerte y los presos en espera de juicio. El edificio de Chancillería estaba impracticable y no reunía condiciones para albergar personas. Las estancias se llenaron y las mujeres se tuvieron que ir acomodando por los rincones disponibles. Los vecinos de la zona se despertaban durante la noche por los gritos de los centinelas durante los cambios de guardia. Dentro, centenares de mujeres apelotonadas dormían en los suelos de las celdas, los pasillos, el patio y los rellanos. Aquí estaban encerradas chiquillas de apenas 16 años junto con ancianas de 70; obreras y maestras; activistas y esposas de alcaldes; muchas de ellas, con sus niños de pecho, a los que intentaban criar. Las supervivientes nos hablan de mujeres enloquecidas por las vejaciones sufridas y los asesinatos de sus maridos, padres e hijos; de mujeres embarazadas que dieron a luz estando presas; de criaturas muertas a causa de las condiciones del cautiverio; de milicianas violadas y torturadas que después desaparecían…



LUGARES DE ASESINATOS

El mismo sábado 18 de julio de 1936, al atardecer, los golpistas comenzaron a reprimir de la manera más brutal a cuantos ciudadanos pudieran oponerse al golpe de estado. Como es sabido, muchísimos afiliados y activistas de partidos políticos y sindicatos de izquierda se habían reunido en la Casa del Pueblo de Valladolid para intentar oponerse de manera organizada, pero fueron sitiados y no tuvieron opciones de defensa.

Fuera de la Casa del Pueblo, militantes y simpatizantes del radio vallisoletano del Partido Comunista intentaron resistir desde los barrios de Delicias, Pilarica y Santa Clara, mientras los falangistas, la guardia civil y los autodenominados “Voluntarios de España” (casi todos ellos jóvenes militantes de las Juventudes de Acción Patriótica, de la CEDA), patrullaban la ciudad, deteniendo a los que se cruzaban en su camino sin unirse de inmediato a ellos.

Los afiliados a la CNT se reunieron en su sede de la calle Francisco Zarandona, donde fueron sitiados por grupos de falangistas, que encabezados por el propio Girón de Velasco, dispararon sus armas y lograron tomar el local hacia las cinco de la madrugada. Los cenetistas allí apresados lograron salir con vida y fueron sometidos a proceso. Los falangistas entraron en los locales y destruyeron todo lo que encontraron en su interior. Los testimonios refieren que arrojaron todo tipo de documentos y enseres a la calle desde las ventanas, y luego les prendieron fuego.

En las calles se desató una cacería con final de muerte. Uno de los primeros en ser detenido y asesinado fue el concejal y miembro activo del Partido Socialista de Valladolid Eusebio González Suarez, quien había intentado infructuosamente conseguir armas en el Gobierno Civil para repartirlas en la Casa del Pueblo. Fue detenido junto con su esposa e hija cuando intentaba salir de Valladolid y asesinado en los pinares de las afueras de la capital.

El resultado de esta fiebre asesina fueron docenas de cadáveres arrojados por las calles, por los descampados, por las carreteras. Reunidas en la Academia de Caballería de Valladolid, las recién creadas Milicias Ciudadanas o Milicias Patrióticas recibían armas, cascos y alguna instrucción militar; algunos curas se presentaron también para entregarles medallas y escapularios: comenzaba la construcción ideológica de La Cruzada Salvadora, aquella en cuyo nombre se podía matar con la bendición eclesial. Reunidos y detenidos la mayor parte de los oponentes, los sublevados, en plena euforia criminal, fueron arrasando calles, barrios y pueblos a la caza del oponente.

Los cuerpos de las víctimas, abandonados de cualquier manera, eran recogidos por vehículos y llevados al Depósito del Hospital Provincial, donde permanecían un tiempo no especificado, pero que podía prolongarse varios días.

Hasta allí peregrinaban padres, madres, esposas e hijos buscando a sus familiares desaparecidos, aquellos que no habían regresado al hogar, o que habían sido detenidos. En el Depósito se llegaron a reunir docenas de cuerpos amontonados a la espera de su inhumación.

Los golpistas no tenían ninguna seguridad de poder salir vencedores de aquella sublevación, y por eso mismo eran conscientes de que se estaban jugando el todo por el todo. Sabían que si eran derrotados iban a pagar caras sus acciones. Por eso mismo mataron a sus víctimas en descampados y lugares alejados de la vista de todos, abandonando los cadáveres y enterrándolos en fosas comunes, a menudo lejos del lugar en donde las víctimas habían sido detenidas.

Se trataba, en definitiva, de eliminar las pruebas del delito haciendo desaparecer los cuerpos y sobre todo, las identidades de los asesinados. Y tan bien efectuaron esta labor que a fecha de hoy, en nuestra provincia, la mayor parte de las fosas continúan en lugares ignorados por todos y su memoria se ha perdido.

A pesar de esto, los sublevados utilizaron ciertos lugares más o menos públicos para asesinar a sus víctimas, y estos lugares sí se han conservado en la memoria de los testigos, que contemplaron escenas que no olvidaron jamás.

En la ciudad de Valladolid, en la tapia situada paralelamente a la línea de ferrocarril Madrid-Irún se llevaron a cabo muchas ejecuciones y también en el Prado de La Magdalena; ya en las afueras, la Cuesta del Tomillo y los alrededores del Canal, la Cuesta de la Maruquesa, y los alrededores del Pisuerga, sobre todo en la zona de El Palero y en la de El Cabildo, lugar éste donde aparecieron decenas y decenas de cadáveres, fueron los lugares donde los franquistas cometieron sus crímenes.

Los Montes Torozos y El Montico fueron también lugares de asesinatos masivos. Se trataba de parajes situados en la línea divisoria entre municipios, en cunetas y zonas arboladas, lugares conocidos por todos, pero de difícil acceso y semiocultos en los que se asesinó y enterró a ciudadanos de la ciudad y de localidades aledañas.

Aparte estaba el Campo de San Isidro, donde los sublevados ejecutaron mediante fusilamiento a casi 500 ciudadanos, a los que previamente habían sometido a simulacros de juicio.


El Campo de San Isidro

La ciudad de Valladolid se extendía hacia el este formando el barrio de San Isidro. Era un barrio obrero, de casas molineras, limitado por las vías del tren. La calle que hoy conocemos como Avenida de Juan Carlos I era una carretera conocida por los vallisoletanos como “Camino de Casablanca”. Hacia el este, la carretera de Soria arrancaba directamente de la Plaza Circular, saliendo por las llamadas “Puertas de Tudela”, hoy desaparecidas. Era sobre todo una zona de arrabal donde proliferaban las fincas agrícolas y las casas de labor. La zona presentaba unas elevaciones de terreno, una sucesión de cerros conocidos como los Altos de San Isidro.

En uno de estos Altos se encuentra la ermita del mismo nombre, un lugar bien conocido por los vallisoletanos, que acudían (como siguen haciendo hoy) a celebrar la Romería del 15 de mayo. Al otro lado de la carretera de Soria, en otro Alto, se encuentra el Cuartel de la Guardia Civil que es una construcción moderna. Y ya en dirección a Villabáñez, en otro Alto donde hoy encontramos el colegio Narciso Alonso Cortés, existían unas cascajeras naturales que surtían de este material a las constructoras vallisoletanas.

En conjunto, la zona era conocida como Campo de San Isidro, y fue el lugar escogido por los sublevados para ejecutar a los condenados a muerte tras juicio sumarísimo.

¿Por qué escogieron precisamente este lugar? Se trataba de una zona donde se realizaban maniobras militares y presentaba condiciones ventajosas en cuanto a seguridad. Estaba bien comunicado, pero a la vez, lo suficientemente alejado del núcleo de la ciudad como para evitar posibles problemas de orden público. La zona, bastante desolada, era fácilmente controlable. El paredón, situado en un desmonte, podía ser rodeado por las fuerzas armadas, que hubieran podido impedir cualquier conato de respuesta.

La conducción de los reos se efectuaba con enormes medidas de seguridad. No hacían falta, pues no hubo resistencia. Estas ejecuciones públicas eran seguidas por gran cantidad de vallisoletanos que acudían en grupo, ascendiendo por los desmontes al amanecer para contemplar el espectáculo. Es muy duro aceptar que estas gentes encontraran en el asesinato de sus convecinos una diversión; pero así fue, y muchos son los testimonios que lo confirman.

Mientras, los familiares y amigos de las víctimas permanecían en sus casas, sin ánimo ni valor para presenciar el asesinato. Desde los barrios aledaños, San Isidro, Pajarillos y Pilarica, se oían las descargas de fusilería y los vecinos, aterrados, iban contando los tiros de gracia para saber el número de ejecutados en aquella madrugada. Tras los fusilamientos, los cuerpos eran trasladados en camionetas hasta el cementerio municipal, donde normalmente eran enterrados en una fosa común. De esta manera fueron asesinadas casi 500 personas, condenadas a muerte en juicios celebrados fuera de la legalidad. El primer fusilamiento tuvo lugar en la madrugada del 29 al 30 de julio, y la víctima fue el doctor José Garrote Tebar, médico y concejal socialista que había sido sometido a Consejo de Guerra dos días antes, el lunes 27 de julio, y que fue el primer condenado a muerte por los sediciosos.





FUENTES y OTRAS INFORMACIONES:

Este artículo resume parte de un artículo de Orosia Castán, donde también se habla de los lugares de trabajos forzosos (como el Colegio Cristo Rey o la Granja José Antonio). Para leerlo completo: http://www.represionfranquistavalladolid.org/?Los-Lugares-de-la-memoria-en-Valladolid

Represión en los barrios de Valladolid (Pilarica y Pajarillos): http://valladolorenlabiblioteca.blogspot.com/2011/09/represion-en-los-barrios-de-valladolid.html

Sobre el Campo de Tiro de San Isidro: http://valladolorentodaspartes.blogspot.com/2018/11/valladolid-fuera-cuarteles-de.html

Sobre el Cementerio del Carmen de Valladolid: “La mayor fosa de fusilados del franquismo”: https://valladolorentodaspartes.blogspot.com/2017/09/valladolid-la-mayor-fosa-de-fusilados.html

https://valladolorentodaspartes.blogspot.com/2017/07/valladolid-memoria-historica-de-la.html

La memoria histórica institucional (no es memoria): https://valladolorentodaspartes.blogspot.com/2010/12/tres-anos-de-memoria-historica.html


 

Un mundo que ya no

 

Hay veces en las que te paras a mirar este sistema y te llega una sensación extraña. La sensación se parece a la que tienes en un sueño, cuando la sucesión de las cosas se produce con un absurdo que resulta a la vez desconcertante y natural. En un momento de lucidez te dices que no tiene sentido que las cosas ocurran así y titubeas, pero los acontecimientos se suceden a toda velocidad y sólo puedes adaptarte, decirte que debe de ser así, que si el resto actúa con normalidad es que sin duda debe de ser normal y que ya se te pasará ese desconcierto que te llega al estómago.

No es por azar si durante la oleada revolucionaria que se abre en 1917 aparece el mecanismo del extrañamiento en las vanguardias artísticas. Tampoco lo es el que muchos de los que lo pondrán en marcha, como Maiakovski, Einsenstein o Brecht, vinculen su actividad directamente a las esperanzas de la revolución mundial. Este mecanismo, que consiste en romper la inercia en que el receptor asume la información que le va llegando, en dislocarle y generar en él una sensación de extrañeza frente a lo que observa, se utilizó en un intento de sacarle de la pasividad y cambiar su mirada: prepararla, podría decirse, para ver el nuevo mundo que estaba naciendo.

Algo semejante ocurre en los momentos de crisis. La absurda normalidad del capital se resquebraja y por momentos nos golpea la idea de que hay algo que no está bien. Que no está bien de raíz, en lo profundo de su lógica. La crisis que ha detonado la pandemia es un claro ejemplo, porque enfrenta de manera radical nuestra integridad física con los intereses de la economía: una economía que, al desmoronarse, se vuelve cada vez más brutal y perversa.

Cuando era ya evidente que el COVID había aterrizado en Europa, y cuando las noticias que llegaban de China dejaban pocas dudas del desarrollo exponencial de los contagios y su potencia catastrófica, la burguesía industrial del norte de Italia lanzó una campaña contra el confinamiento con la consigna #YesWeWork. Unas semanas más tarde, un vídeo mostraba el desfile interminable de camiones militares sacando cadáveres de Bérgamo. Ya no cabían más en el cementerio de la ciudad.

#YesWeWork es una buena consigna para describir el absurdo antihumano del capital. No se trata de un mero gesto de cinismo, aunque lo sea. No expresa solo el profundo desprecio que la burguesía tiene por las vidas de quienes explota. Eso ya lo sabíamos. Es una consigna apropiada porque al recuperar el Yes We Can de Obama da voz al delirio de una clase dominante desorientada, consciente de que las costuras del capitalismo están saltando y, sin embargo, incapaz de dar otra respuesta que la huida hacia adelante, caiga quien caiga. #YesWeWork es su particular ejercicio de coaching: si el capitalismo se está desmoronando, hay que poner buena cara y esforzarse más. Todo es una cuestión de actitud.

Pero la actitud de la burguesía, por fuerza, está orientada en el sentido del propio capital. Y el capital tiene un sentido de vía única, consistente en superar sus crisis agravando las condiciones que harán estallar las siguientes. Lo que muestra de fondo la situación sanitaria, económica y social que estamos atravesando es que el capital se encuentra en un callejón sin salida, encerrado en un modo de funcionamiento que está agonizando y que sin embargo no puede abandonar.

Porque en última instancia lo que se está desmoronando es la propia mercancía. El hecho de que las relaciones sociales se organicen en torno al dinero, midiendo la cantidad de trabajo que cada productor ha gastado para poder exigir un equivalente, esa lógica misma, la lógica del valor y del capital, se está rompiendo por dentro. La producción de bienes materiales, la acumulación concentrada de conocimiento humano, la potencia productiva de nuestra sociedad es tal hoy en día que sencillamente esta forma de organizar el trabajo social pierde su sentido.

Expresión de ello son el desempleo estructural, que no deja de crecer, y la ingente cantidad de dinero sin valor, de capital ficticio, de endeudamiento generalizado de la sociedad. En Europa, se calcula que para 2030 se habrán perdido más del 20% de empleos por la automatización, algo que la crisis que ha detonado la pandemia sólo está acelerando. Muchos de los puestos de trabajo que se están perdiendo en esta crisis económica no van a regresar. Ante este hecho, la Unión Europea obliga a que sus ayudas sean destinadas a la digitalización, y lo hace con todo el sentido. Inserta en el corazón de la dinámica capitalista, la automatización de la producción es incuestionable. La única forma de no dejarse arrollar por ella es correr en su misma dirección.

Pero esa dirección es catastrófica. Si no hay trabajo que explotar, tampoco hay ganancias. Solo el crédito permite un poco de aire, y es precisamente lo que lleva dando oxígeno al capitalismo desde los años 70. La propia burguesía reacciona confusamente ante ello. Así, en 1976 al primer ministro francés se le ponían los pelos de punta al ver cómo la deuda pública ascendía al 16% respecto al PIB. Uno de sus sucesores, François Fillon, afirmaba en 1998 que Francia estaba en situación de quiebra con un 68%. Cuando en abril de 2020 ésta apuntaba con llegar al 120%, un diputado de su mismo partido declaraba que la única solución a la quiebra es que Francia se endeude. Y no sólo Francia. Para enfrentar la profunda crisis que está estallando, la Fed, el Banco de Inglaterra y el BCE han dado vía libre al endeudamiento estatal y privado. El mensaje es claro: la única receta económica de este sistema enfermo, tanto de la izquierda como de la derecha, es tirar la pelota hacia adelante.

Esto necesariamente conlleva una pérdida de valor del dinero. Pero la crisis económica es tan profunda que la Fed ha abandonado toda política de control de la inflación y mantendrá el flujo imparable del dinero —aunque qué dinero ya, sino un creativo ejercicio de contabilidad— para evitar los riesgos de deflación.

Pero que el dinero y el trabajo asalariado dejen de tener sentido no implica ni que esta sociedad colapse por sí misma, ni que transitemos gradualmente a otro tipo de sistema. Bien al contrario, la huida hacia adelante del capital se parece a la de aquellos altos mandos de la marina alemana que, en 1918, convencidos de la derrota y deseosos de salvar su honor, mandaron a los marineros de Kiel a un ataque suicida contra la flota inglesa. Yes, we work. En medio de una pandemia que ha alcanzado largamente el millón de muertos —según cifras oficiales—, la máquina del trabajo sigue funcionando. Y es una máquina de matar.

En España, el desconfinamiento se hizo con una campaña publicitaria orquestada en todos los medios de comunicación del país con un solo objetivo: hemos ganado, todo va bien, abran las terrazas, consuman y sobre todo sirvan las copas, que llegan los alemanes. Apenas un mes y medio después del final del confinamiento la curva de contagios volvía a ascender a toda velocidad. Para salvar el turismo, se rechaza cualquier medida de prevención real y en su lugar se dan algunas medidas de maquillaje: mascarilla obligatoria, prohibido fumar en la calle, máximo de reunión a grupos de diez. A partir de septiembre, como en tantos otros sitios del hemisferio norte, la vuelta a clase se hace presencial y en mitad del caos. Los propios políticos, de izquierdas y derechas, lo explican: todos los alumnos se van a contagiar, los profesores por tanto también y —va de suyo— algunos morirán. Pero sin aparcar a los niños en la escuela, los padres y las madres no pueden seguir haciendo funcionar la máquina del trabajo asalariado. Después del personal sanitario y los trabajadores esenciales —para el capital— con el primer confinamiento, los profesores son la siguiente hornada en la venta de carne de cañón.

Esto no va a parar. En primer lugar, porque la aparición del coronavirus era la crónica de una matanza anunciada. Producto característico de la relación del capital con la naturaleza, las condiciones que han hecho emerger esta pandemia sólo pueden empeorar: cuanto más fuerte es la crisis del valor, más salvaje es su consumo de energía y recursos naturales, menos miramientos puede tener la producción con la destrucción de los hábitats naturales, más miseria social se genera, más se debilita el sistema inmune de nuestra especie, más crecen las megalópolis, más forzados se ven los Estados a reducir el gasto sanitario para dedicarlo a la deuda y la represión. Como un cáncer en su fase terminal, el capital se descontrola y alcanza todos los órganos de un cuerpo social enfermo.

En este contexto, no hay que sorprenderse porque el Estado burgués se comporte como un Estado burgués. Reprime: naturalmente. Su función es garantizar que el flujo de mercancías y trabajadores continúe con la mayor normalidad posible. Si eso supone 200 muertos diarios en cada país —el equivalente a un avión lleno de pasajeros que se estrella todos los días—, es un precio que está más que dispuesto a pagar. Si eso supone penalizar el espacio privado en que se tejen lazos de solidaridad y apoyo mutuo, lo hará. Si aumenta las multas, los juicios, si tiene que mandar a la policía para aplastar las protestas contra el hambre, no tiene más que firmar. Para eso los capitalistas le rinden su tributo. La izquierda y la derecha, sus bailes parlamentarios, sus chivos expiatorios, sus malabarismos para que el colapso sanitario no se convierta en un colapso funerario con cadáveres ardiendo en las calles, todo eso no es más que el telón de fondo de una obra de teatro macabra.

No entraremos en una nueva normalidad. Seguirá siendo la misma normalidad del capital, cada vez más catastrófica y salvaje. Pero al igual que la propia crisis, los movimientos de lucha venían de antes y la pandemia sólo puede funcionar como catalizador. A finales de 2018 se inicia con los chalecos amarillos en Francia una oleada de luchas a nivel internacional que se extenderá a lo largo del siguiente año. Se suceden las revueltas de Sudán y Haití. Poco después llega Hong Kong, que paraliza el país durante semanas y pone en riesgo la gobernabilidad de ese bastión de los juegos del hambre donde se disputan de las distintas potencias imperialistas. El otoño de 2019 concentrará potentes enfrentamientos en Líbano, Irak, Ecuador. En Líbano e Irak las protestas hacen caer al primer ministro, en Ecuador obligan a cambiar la sede del gobierno. Si a principios de octubre Sebastián Piñera presumía ante los medios de la estabilidad de Chile en una Latinoamérica convulsionada por los enfrentamientos de clase, apenas unas semanas después, con las calles del país ardiendo, cambiará el tono: «estamos en guerra contra un enemigo poderoso, implacable», que su propia esposa describirá como una «invasión alienígena» que les sobrepasa.

Aún cuando un tercio de la población mundial se encuentra confinada, en mayo de 2020 estalla la ira en Estados Unidos por el asesinato de George Floyd. Unos días después la revuelta se ha extendido por todo el país, y no hay confinamiento ni estado de alarma que consiga pararla. Los manifestantes llegan hasta la Casa Blanca y Trump corre a refugiarse en el búnker, como apenas un año antes lo hacía Macron en el punto más álgido del movimiento de los chalecos amarillos. En agosto regresa el Líbano y poco después Bielorrusia, donde una oleada de huelgas fabriles se suma a las mayores movilizaciones desde la caída de la URSS. En los momentos en que esto se escribe, Nigeria está ardiendo.

Nos ha tocado vivir los estertores de un mundo absurdo. Presa de su propia agonía, el capital nos pide que sacrifiquemos nuestras vidas y la de nuestros seres queridos por seguir alimentando una máquina que ni siquiera se sostiene. Desempleo, deuda, incendios, pandemias, depresión: ese es el horizonte de una vida sin sentido, de un sistema social sin sentido por el que nos piden dejar hasta la última gota de sangre. Moral de victoria, lo llaman, y ni la propia burguesía consigue convencerse.

En todo sueño, hay una pugna entre la normalidad y el desconcierto. Llegado un punto, la herida se abre y sólo nos queda una alternativa: mantenernos en él o despertar. Toda crisis es un comienzo. Así, cuando los altos mandos alemanes quisieron enviar a los marinos de Kiel a una muerte segura, acabaron provocando una revolución. En aquel momento la lógica de este mundo se había quebrado.

 

Grupo Barbaria : 

https://barbaria.net/2020/11/02/un-mundo-que-ya-no/

 


 


 




Crisis del CoronavirusLA BURGUESÍA LLAMA A LA UNIDAD NACIONAL:  
LOS PROLETARIOS PAGAN LA CUENTA



Después de cinco semanas desde el decreto del Estado de Alarma por parte del gobierno de PSOE-Podemos, los proletarios pueden sacar una lección muy clara sobre el curso de la “lucha contra la pandemia”: todas las medidas tomadas, desde el confinamiento de toda la población hasta la reanudación de la producción sin condiciones de seguridad para los trabajadores, pasando por la presión policial y militar en la calle, están dirigidas a obligarles a aceptar sin rechistar las exigencias de la clase burguesa.

En un primer momento, cuando los datos proporcionados por el sistema sanitario indicaban que los contagios aumentaban en España mucho más rápido de lo que se había previsto, las medidas de prevención se negaron sistemáticamente a los proletarios en el puesto de trabajo. En todas las empresas, pequeñas, medianas y grandes, los patrones se negaron sistemáticamente a aplicar medidas profilácticas mínimas, contraviniendo incluso las indicaciones de los propios médicos. En ese momento, el gobierno todavía repetía una y otra vez que el Coronavirus era “una gripe fuerte”, es decir, que no era necesario imponer medidas especiales. Cuando, a los pocos días, la realidad mostraba un contagio masivo provocado sobre todo por el tránsito al puesto de trabajo, por la utilización del transporte público, etc., la respuesta de gobierno y de la patronal consistió en negar que fuese necesario dar Equipos de Protección Individual a los trabajadores. Así, como en cualquier situación, la burguesía trata de minimizar los costes, ya sean estos salariales o sanitarios y siempre lo hace a costa de la salud y la propia vida de los proletarios.

En un segundo momento, cuando la extensión de los contagios por todo el país ya había vuelto evidente que era imposible contener el virus, la respuesta de gobierno y patronal fue evitar a cualquier precio que la actividad económica del país se paralizase. Se instó a las empresas a facilitar el “teletrabajo”, una medida a la cual prácticamente sólo se pueden acoger los cuadros medios de las empresas , no los obreros que debían presentarse en el puesto de trabajo. Se diseñó un sistema de “trabajos esenciales” entre los cuales, a excepción de los vinculados al pequeño comercio, estaban básicamente todos aquellos que agrupaban a cierta cantidad de proletarios: automoción, metal, construcción, servicios de limpieza, alimentación… ¡incluso los repartidores de comida a domicilio! etc. Mientras se imponía el confinamiento a la población mediante el Estado de Alarma, se obligaba a los trabajadores a acudir a su puesto de trabajo; es decir, mientras la policía y el ejército tomaban la calle, se imponía el trabajo obligatorio.

Después… el cierre “total” de la economía nacional. La industria en su totalidad, la construcción y el comercio debieron parar durante dos semanas para evitar que las unidades de cuidados intensivos del sistema de salud  colapsasen. Una medida  que llegó tarde, que se ha cobrado el retraso en forma de centenares de muertos… ¡y que se derogó apenas quince días después sin que la epidemia haya remitido!


Mientras todo esto sucede, más de tres millones de proletarios han sido obligados a acogerse a Expedientes de Regulación Temporal de Empleo que implican una reducción al 75% del salario que se percibía y que pueden transformarse en despidos definitivos al cabo de seis meses, ya que el Ministerio de Trabajo ocupado por Podemos ha modificado la ley para abrir esta posibilidad. Además, centenares de miles de despidos llevados a cabo en los primeros días del Estado de Alarma, la no renovación de contratos, etc. Como consecuencia de esto, los propios economistas burgueses prevén que el desempleo pueda alcanzar más del 20% de la población activa en los próximos meses, una situación que nunca se había vivido. Por otro lado, mientras la burguesía imponía estas medidas para proteger sus negocios, el Estado impuso un durísimo Estado de Alarma que implica que la población que no deba ir a trabajar no puede moverse de su domicilio si no es para ir a satisfacer las necesidades más básicas. En virtud de este Estado de Alarma, que algunos juristas han criticado por inconstitucional, se ha impuesto el control policial absoluto sobre las calles hasta el punto que, a mediados del mes de abril, se han puesto más de medio millón de multas por violar el confinamiento… algo que puede significar simplemente salir a comprar dos veces al día o contestar mal a un policía cuando exige la documentación. Según estos cálculos, aproximadamente el 2% de la población (excluyendo ancianos y niños) ha sido sancionada de alguna manera durante estas últimas semanas.

La receta aplicada por la burguesía y su gobierno está clara: en el puesto de trabajo presión para que no se pare la actividad y extensión de la reglamentación y del control internos, y para aquellos empleos que no son “imprescindibles” despidos y ERTEs; en la calle, represión policial indiscriminada para imponer un régimen de terror. Un verdadero experimento social que, desde la declaración de la pandemia, ha mostrado la verdadera fuerza de la burguesía y su Estado para imponer sus exigencias apoyándose en la presión continua sobre los proletarios en su puesto de trabajo, su barrio e incluso su propio domicilio.

El objetivo de estas medidas, de acuerdo a los voceros de la burguesía, era evitar que el sistema sanitario se colapsase convirtiendo una enfermedad relativamente poco mortal en una catástrofe debida a la falta de los medios necesarios para curar a los pacientes. De esto también debe extraerse una dura lección acerca de la naturaleza asesina del capitalismo: desde que los primeros casos de Coronavirus fuesen reportados por China en diciembre era evidente que el virus podía extenderse por el resto del mundo, dados los fortísimos vínculos productivos y comerciales que unen al país asiático con todos los países, que tienen en él una parte esencial de su inversión productiva y a un cliente de primer orden. Sin embargo, no se tomó ninguna medida de prevención. Todas las órdenes que ahora repiten los medios de comunicación sin cesar, tales como la “distancia social”, la higiene en el puesto de trabajo y en casa, etc. podían haberse tomado ya en enero de este año… pero el miedo a una reacción adversa por parte de la población unido a la nula capacidad de la burguesía para garantizar medidas de salubridad mínima (que siempre cuentan como un coste en su sistema productivo) propiciaron la extensión de la pandemia y la falta de adecuación del sistema sanitario de todos los países cuando esta llamó a sus puertas. Es más, las medidas de prevención que finalmente se tomaron no han evitado el colapso del sistema sanitario. Si este colapso no se ha producido es porque se ha forzado a buena parte de los contagiados a pasar la enfermedad en su casa y sin la atención médica necesaria. Miles de personas con síntomas han visto cómo se les negaba la entrada en los hospitales, donde sólo se ha atendido a pacientes con neumonías críticas ignorando otras posibles reacciones al virus. Y decenas de miles de ancianos han sido abandonados a su suerte en las residencias donde han sido confinados a la fuerza, impidiendo que los servicios sanitarios se hiciesen cargo de ellos y forzando así la muerte de miles de ellos. Las medidas de contención han tenido una buena parte de cálculo para señalar a qué parte de los enfermos se podía dejar morir: el “aplanamiento de la curva” se ha logrado permitiendo la muerte de la población considerada prescindible.

Si la burguesía ha gestionado esta crisis de la única manera que puede hacerlo, es decir, dejando caer el peso de la recuperación económica futura sobre las espaldas de los proletarios, permitiendo la muerte de miles de personas a las que no resultaba económico salvar, obligando a los propios obreros a ejercer como agentes de contagio en sus puestos de trabajo, maltratando al personal sanitario al que se ha engañado primero y ninguneado después, en el terreno de la propaganda también ha hecho lo único que puede: llamar a la clase proletaria, que supone la mayoría de la población, a hacerse cargo del esfuerzo necesario, a apoyar las medidas antiproletarias que, una tras otra, se han ido imponiendo, a ceder su salario, a renunciar al trabajo, a pasar hambre en las regiones más deprimidas del país… en nombre de la solidaridad nacional, del “esfuerzo común”, de la unidad del país. Anima a aplaudir a los policías que mantiene en la calle para reprimir a la población, a aceptar con resignación la supresión de las libertades que se consideraban intocables, a prestarse voluntario para el desarrollo de medidas de control tecnológico… La lucha contra el coronavirus se ha planteado como una guerra… y efectivamente se han tomado medidas propias de un Estado de Guerra contra la población.


La clase proletaria debe aprender esta dura lección. La burguesía no sólo es incapaz de garantizar la salud de la población, no sólo es incapaz de evitar que un virus que ella misma ha definido como una gripe se lleve la vida de miles de personas… sino que, además, resuelve la crisis social que la situación plantea redoblando la presión que ejerce cotidianamente sobre los proletarios. A la carencia de servicios médicos capaces de garantizar la supervivencia de los estratos más vulnerables de la población, la clase burguesa responde suspendiendo los derechos constitucionales, sacando al ejército a la calle para garantizar que la población no pueda moverse de sus domicilios y que, sin embargo, la vida económica del país se mantenga lo más normal posible.

La respuesta que cientos de proletarios dieron al comienzo de la crisis sanitaria, en forma de paros espontáneos, no ha sido suficiente para parar la ofensiva de la patronal y el gobierno. Esta respuesta fue rápidamente suprimida por la acción conjunta de patronal y sindicatos, que unieron sus fuerzas para evitar que se generalizase. Como sucedió en el País Vasco, donde los industriales llegaron a meter a la Policía Autonómica para que disolviese las protestas que tenían lugar en sus fábricas mientras el conjunto de los sindicatos se negaban a generalizar los paros llamando a la solidaridad al resto de proletarios. Como ha sucedido también con los riders que se manifestaron en Madrid, contraviniendo la ley para tratar de frenar el recorte en sus salarios y que fueron perseguidos por la policía nacional ante la pasividad de las organizaciones sindicales que han hecho oídos sordos ante sus exigencias. La fuerza de los proletarios, habituados durante largas décadas a la paz social, parecería completamente anulada. La situación de miedo que se extiende y el aislamiento al que nos someten en las casas y en los centros de trabajo no da muchas esperanzas. Para salir de esta situación, de la crisis que viene y de las que vendrán, para evitar que la clase burguesa imponga sus exigencias siempre y en todo lugar, reduciendo sus condiciones de vida al nivel más bajo posible, la clase proletaria deberá revertir esta situación, retomando su lucha independiente, volviendo a habituarse a luchar sin confiar en otras fuerzas que en las suyas, deberá retomar su tradición de lucha clasista y enfrentarse al enemigo, tanto sobre el terreno inmediato de las reivindicaciones económicas como en el terreno general de la lucha política. Únicamente así puede mantener la esperanza y no pagar con su vida las consecuencias del infernal modo de producción capitalista.

¡No al Estado de Alarma!
¡Viva la lucha de los proletarios que se han enfrentado a sus patrones en defensa de sus condiciones de vida!
¡Por el retorno a la lucha de clase!

Partido Comunista Internacional (El Proletario) - www.pcint.org                                 
19 de abril de 2020



Manifestación de Riders en Madrid - abril 2020







Que vuelvan las huelgas. Que proliferen las okupaciones. Que lleguen los saqueos 


La crisis del Covid-19 ha vuelto a poner de relieve que este mundo les pertenece porque nos los arrebatan. 
Los ricos y poderosos saldrán más reforzados de ella, aupados por el Estado. Y nosotros, más pobres de lo 
que ya éramos antes. Y si lo éramos, es porque había ricos. La crisis solo intensifica estos procesos.

Nos lo arrebatan todo por que hay propiedad privada, propiedad de la tierra, de la vivienda, del espacio… 
Y en base a ese derecho de propiedad, regulado por el Estado, nos obligan a pagar por lo más básico: 
(comida, vivienda…) y nos obligan a trabajar para ellos si queremos dinero para sobrevivir. ¿Qué hacen 
sino millones de trabajadores yendo a trabajar en pleno confinamiento? Y mientras, haciendo equilibrios, 
escuchando a políticos y periodistas hablar de moderación, unidad y responsabilidad con un horizonte 
de desahucios, despidos e incertidumbre, porque la crisis sanitaria se irá, pero las condiciones de 
explotación y miseria a las que se nos someten prevalecerán y aumentarán exponencialmente. 
Crisis sanitaria que deja otra pregunta: ¿Alguien cree que a Amancio Ortega o Esperanza Aguirre 
van a negarles una cama en la UCI si pillan el virus? Pues eso.

No podemos volver a la normalidad, ya no la habrá. El Poder se está preparando para lo que vendrá después. 
Hagámoslo nosotros: huelgas de alquileres, huelgas en los curros y en los centros de estudios, 
huelga salvaje, por encima de partidos, sindicatos y estructuras anquilosantes. Y tomemos, no esperemos, 
okupemos las propiedades vacías que son pasto de la especulación capitalista de inmobiliarias, bancos 
y fondos de inversión. Tejamos redes de solidaridad y apoyo mutuo.

Y hagámoslo sabiendo que el Estado ya está preparado con miles de militares, policías, cámaras 
y drones para proteger el orden, para proteger la propiedad y el trabajo, porque la autoridad es un 
garante de los explotadores para continuar sometiendo a los explotados. Tomaremos las calles, 
no olvidamos, no perdonamos, no habrá gobierno, urna, voto, militar, policía, periodista o juez 
capaz de contener la epidemia de rabia y revuelta. De nosotros depende devolverles el golpe. 
Saquea a los ricos.













Este texto fue publicado anteriormente en 

MADRID: CUARENTENA CITY: http://valladolorenlabiblioteca.blogspot.com/2020/03/madrid-cuarentena-city.html






Nos hacemos eco de dos textos escritos por lxs compañerxs del GRUPO BARBARIA sobre la epidemia de coronavirus y sus consecuencias.


"El coronavirus ha desnudado al rey: las contradicciones del capital son vistas y sufridas 
en toda su brutalidad. Y el capitalismo es incapaz de gestionar la catástrofe 
que se deriva de estas contradicciones, porque sólo puede escaparse de ellas 
resolviéndolas momentáneamente para que estallen con mayor virulencia más tarde".





LAS PANDEMIAS DEL CAPITAL
Es difícil escribir un texto como este ahora. En el contexto actual, en el que el coronavirus ha quebrado ―o amenaza con hacerlo pronto― las condiciones de vida de muchos de nosotros, lo único que deseas es salir a la calle y prenderle fuego a todo, con la mascarilla si hace falta. La cosa lo merece. Si la economía está por encima de nuestras vidas, tiene sentido retrasar la contención del virus hasta el último momento, hasta que la pandemia es ya inevitable. También tiene sentido que cuando ya no se puede parar el contagio y hay que perturbar ―lo mínimo imprescindible― la producción y distribución de mercancías, seamos nosotros a los que se despide, a los que se fuerza a trabajar, a los que se sigue confinando en cárceles y CIEs, a los que se les obliga a elegir entre la enfermedad y el contagio de los seres queridos o a morirse de hambre en la cuarentena. Todo esto con los vítores patrios y el llamamiento a la unidad nacional, con la disciplina social como el mantra de los verdugos, con los elogios al buen ciudadano que agacha la cabeza y calla. Lo único que deseas en momentos como este es reventarlo todo.
LEER EL TEXTO COMPLETO : http://barbaria.net/2020/03/20/las-pandemias-del-capital/






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FRENTE A LA SAGRADA FAMILIA DEL CAPITAL, DEFENDAMOS NUESTRA VIDA A TRAVÉS DEL ANTAGONISMO SOCIAL.

En este artículo pretendemos afrontar las cuestiones que se desprenden del actual estado de alarma que ha decretado el gobierno de Pedro Sánchez en España, junto a las medidas que ha anunciado el martes 17 de marzo. Vivimos en tiempos de profunda crisis social, una crisis sanitaria que, al mismo tiempo, se combina con una crisis económica, de cambio climático, psicológica, política, etc. En realidad estamos ante la crisis de un mundo que esta empezando a colapsar, que está agotando su tiempo histórico: es el mundo del capital. Es la crisis del capital.  


¿Unidad nacional? ¿En defensa de quién?
Se nos dice que la enfermedad y el contagio no conoce de clases, de ideologías, de razas, que ataca a todos por igual y que tenemos que reaccionar juntos, con unión, con disciplina social, como españoles, porque somos miembros de una gran nación. Todos los partidos políticos están unidos. Más allá de las diferencias de matices por necesidades de márketing político, sindicatos, empresarios y bancos defienden las medidas del gobierno. Todos a una, porque estamos en el mismo barco, nuestra patria, contra un enemigo común, el coronavirus. No nos vencerá, nos dicen. Al final de estos meses todo volverá a la presunta normalidad de antes, a la normalidad del capital. Pedro Sánchez repite con obsesión, cada poco tiempo, que esto es solo una crisis coyuntural.

La burguesía está asustada.
Tiene miedo.
Y tiene razones para ello.

 

 


 

Lo que va mal puede ser aún peor


A raíz de la victoria de Bolsonaro en Brasil ha aumentado la presencia del mensaje fascista en la red. La sola noticia de la victoria electoral ha hecho que todos los medios escriban sobre el proyecto fascista de Bolsonaro. Los comentarios, retuits, comparticiones, etc, han multiplicado mas aún su presencia, porque la red socialmente funciona así.
Si una persona difunde un mensaje y hay algo que motive la interacción la respuesta lógica es que se multiplique su eco por lo menos a 7 personas mas, el ratio que explicó Mark Zuckerberg movía Facebook en sus inicios.
Las versiones nativas de red social ayudaron en este sentido al desarrollo de los movimientos sociales. Facebook y twitter tuvieron bastante culpa del nacimiento del #15M.
Las redes sociales actualmente ya no son ‘puras’, están intervenidas para filtrar, controlar y explotar datos en beneficio de intereses que no son los nuestros. Las Inteligencias Artificiales pueden usar algoritmos para manipular la información y crear FakeNews.
No olvidemos que las IAs se crean usando algoritmos diseñados partiendo de minería de datos en BigData, por tanto se las puede vencer usando tecnología social inversa. Si el ratio de difusión es 1/7 el de censura social es 7/1. Sería muy interesante conocer esos algoritmos para parar el fascismo mediante acciones programadas. No los conocemos… quizás los ingenieros con valores sociales puedan ayudar algo, pero mientras tanto podemos hacer muchas cosas con ingenio social inverso que no requiera de Ingeniería. Con un poco de ingenio humano e inteligencia colectiva se puede vencer a una IA que no es capaz de hacer nada sin nosotros.

Usar la red existente con nuestros propios fines

Veamos el caso de la provocación de VOX y Ciudadanos en Altsasu (Navarra). Organizaron un mitin de dos partidos en competencia que colaboraban en una acción de provocación que permitiera introducir un proceso de odio y división social en una zona muy unida por la injusticia judicial del caso de los jóvenes de Altsasu 2.

La respuesta ha sido ejemplar:
  • Tocaron las campanas para avisar al pueblo como lo hacían para avisar de la peste,
  • Les plantaron una montaña de mierda en el lugar del mitin,
  • Se prepararon para identificar a los provocadores y evitar cualquier respuesta violenta,
  • Llamaron a concentrarse a toda la población en otro lugar para expresar su rechazo.
El resultado:
  • Se concentraron cuatro gatos. Los líderes fascistas, rodeados de policía y prensa en un lugar vacío, hablaron solo para ellos.
  • El mensaje precocinado 'respondiendo a las piedras que les habían tirado', fracasó porque estaban solos.
  • Un provocador fue identificado, retenido pacíficamente y entregado a la policía.
  • La prensa del sistema, lista para ejecutar su parte en la acción fascista, queda sin margen de acción.
  • La población de Altsasu sabe lo sucedido y está preparada para que no vuelvan a intentarlo.
  • La derecha local no se atrevió ni a aparecer.
Han fracasado porque les han aislado socialmente.

Cuando alguien emite un mensaje fascista en la red nuestra tendencia natural es la respuesta negativa, comentario y difusión de su noticia con nuestro comentario esperando que nuestra red social actue igual. El resultado es que el mensaje fascista se multiplica 1/7 por nuestro comentario y así sucesivamente.

Esperanza Aguirre, tecnológicamente bien asesorada, decía ‘No importa que hablen mal de mi…, el caso es que hablen mucho’. Eso es lo que están haciendo VOX, Ciudadanos y el PP.

Nosotros como humanos que somos hablamos mucho y difundimos su mensaje, igual que el de Bolsonaro, porque en la Pirámide de Maslow 2 la defensa es una prioridad básica. De ésta forma, intentando lo contrario, estamos colaborando a su plan de difusión del fascismo, igual que en el pasado contribuimos a crear el #15M.

Un método de tecnología social inversa

Para detener el mensaje en la red hay que hacer como en Altsasu, aislarles usando la tecnología de esta para que funcione 7/1. ¿Cómo hacerlo?... Cuando alguien de nuestra red difunda un mensaje que consideremos fascista podemos informar de que el perfil que lo emite es un portador al que conviene aislar con @prefiltroll X nuestros seguidores sabrán que hay que hacer Unfollow/bloqueo/silenciar de forma que la respuesta nativa 1/ aislará al portador si generar comentarios ni RTs ni compartición alguna de su mensaje. Para evitar el castigo injusto, venganzas etc solo es preciso fijar en una fuente confiable las normas de referencia:
Elementos que nos permitan identificar claramente y no confundir las FakeNews y provocaciones intencionadas de las personas que simplemente se dejan llevar o están siendo manipuladas.
Contenidos y prácticas que nos permitan educar e informar correctamente sin difundir el mensaje fascista cuando se trate de alguien manipulado.
Simbología y normas a utilizar claras y fáciles de seguir.

 

Transparencia e inteligencia colectiva para la colaboración

Está demostrado que en la red las buenas prácticas y la información correcta siempre sobrevive y obtiene mejores resultados. De esto pueden contarnos mucho los Community Managers, pues hagámoslo para derrotar a la máquina de manipulación masiva. Linux, la tecnología Open Source, está triunfando en la red hasta el punto de que su principal opositor Microsoft se ha hecho fan de ella. Quienes tienen mas años recordarán que hicimos los drivers del hardware con tecnología inversa porque los fabricantes no facilitaban la información.
Están usando algoritmos de psicología experimental para ingeniería social. Como cualquier código humano es ‘hackeable’. Pongamos ‘tecnología Altsasu’ a trabajar como tecnología social inversa contra el fascismo.


Fuente:  http://confederac.io/acciones/parar-el-fascismo-en-la-red


[NdR: nos resulta de interés esta reflexión más allá de que pensemos que la LUCHA ESTÁ EN LA CALLE y que interné en sí mismo es una herramienta del sistema, que solo debemos usar de un modo muy concreto. Que cada cual saque sus propias conclusiones]

Valladolor no admite comentarios
La apariencia como forma de lucha es un cancer
El debate esta en la calle, la lucha cara a cara
Usandolo mal internet nos mata y encarcela.
Piensa, actua y rebelate
en las aceras esta el campo
de batalla.

si no nos vemos
valladolorenlacalle@gmail.com















ARCHIVO

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Contrainformacion internacional

Anticarcelario / contra la sociedad cárcel

"Las prisiones son una parte más de la esencia represiva de todo Estado, no hay que olvidar la parte que nos toca a lxs que aún seguimos en la calle.

No podemos ver las cárceles como algo ajeno a nuestras vidas, cuando desde temprana edad hemos sido condicionadxs a no romper las normas, a seguir una normalidad impuesta; el castigo siempre está presente para lxs que no quieren pasar por el aro.

En el trabajo, en la escuela... domesticando y creando piezas para la gran máquina, piezas que no se atrevan a cuestionar o que no tengan tiempo para hacerlo.

Hemos sido obligadxs a crecer en un medio hostil donde es dificíl desarrollar nuestros propios deseos.

La rebeldía brota de algunxs, otrxs simplemente se acomodan en la mierda, tapando sus frustraciones con lo que le dan quienes antes les despojaron de todo. O viendo sus problemas como algo aislado, único y personal.

Para lxs que no tragan o no se adaptan al gran engaño ahí tienen sus cárceles, reformatorios, psiquiatrícos ... creados por los que no quieren ver peligrar las bases de su falsa paz.

No podemos ignorar la lucha de lxs compañerxs presxs.

Su lucha es nuestra lucha."