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Nos llaman a participar en la democracia, nos llaman a cavar nuestra propia tumba.

<<[…] no es el voto, no es el derecho de pensar ni de reunión, ni de ninguna otra de las facultades políticas que dan las leyes lo que da de comer al trabajador. El derecho de votar es un sarcasmo[…]
[…] los trabajadores no pueden seguir a los que hacen de la política su modo de vivir, sino que están dispuestos a continuar la lucha de clases, la lucha contra el capitalismo hasta hacerlo morder el polvo. >> Ricardo Flores Magón (Regeneración, 1911

Nuevamente en el televisor, la radio, en las calles, y por todos los medios posibles nos inundan con basura electoral; los politiqueros oportunistas, que se postulan como candidatos en turno, nos ofrecen la garantía de mejorar nuestras vidas a plenitud, y ya en tono, nos llaman a fortalecer la democracia, a hermanarnos como ciudadanos y ejercer el derecho del sufragio, momento mágico que consumado, nos dicen, resolverá todos nuestros problemas y supuestamente nos sacará de la miseria.
Sin embargo nuestra condición, nuestra explotación y toda la barbarie que vivimos a diario no se puede eliminar simplemente imprimiendo un voto en una papeleta; en pocas palabras es imposible terminar todas las contradicciones en el capitalismo, delegando nuestras facultades e intereses a un grupo de “expertos en la política”. Puesto que los diputados, los senadores, los gobernadores en general, cualquiera que sea su puesto: no representan nuestros intereses, representan los intereses de la burguesía, son sirvientes de la ley, la economía, y son parte de la estructura que mantiene en funcionamiento la propiedad privada, el Estado y el Capitalismo.
Pero como si no tuviéramos suficiente con el teatro de cada temporada electoral, ahora nos vienen a vender la moción de una “nueva constitución”, persuadiéndonos de elegir a quienes conformarán la “nueva Constituyente”. Otra vez quieren nuestro voto para legitimarse en el poder,  quieren que seamos cómplices de su farsa. Y a tal grado de cinismo llegan, que en las próximas elecciones para la “Constituyente” ya ha hecho aparición un grupo de ridículos que se autodenominan como la “izquierda anticapitalista”, postulando como candidato a uno de sus líderes; ¡vaya mierda! ¡Claro!, si partidos reaccionarios como el PRI o el PRD  no vacilan en adjudicarse el adjetivo de “revolucionarios” ¿Por qué no habrían de venirnos ahora con un cadáver trotskista, el cual se jacta de ser “anticapitalista”?

Pero a todo esto, ¿para qué sirven las elecciones?
Las elecciones cumplen dos funciones: re-encausar todas nuestras demandas hacia los marcos formales, donde simplemente se nos limita a aspirar y conseguir más programas sociales, más derechos, más libertades… en suma, quedarnos en el terreno de la reforma, que consiste en cambiar la forma para que en lo fundamental nada cambie. Por otro lado, las elecciones sirven para reforzar una de las tareas más importantes que la democracia siempre procura para sí misma: negar la existencia de los antagonismos de clase. Es por eso que la ideología dominante nos reduce a pueblo, a ciudadanos, para de esta manera contenernos en sus corrales civilistas, puesto que ahí sólo somos sujetos pasivos, a la vez que abandonamos nuestras verdaderas necesidades en función de leyes que se dictan en los parlamentos; que no son más que artimañas para fragmentarnos, inmovilizarnos y finalmente continuar explotándonos.
Pero toda esa realidad de la democracia, no se reduce a un momento concreto cada cierto número de años, en donde votamos. La democracia no sólo es una cuestión meramente política, es el modo de ser del Capital, y ese modo de ser se materializa en nuestras relaciones sociales, en cómo interactuamos con nuestro entorno y nuestros semejantes. Donde nuestras relaciones sólo son mediadas mercantilmente, comprando y consumiendo libremente, de igual manera somos libres de elegir entre los candidatos que se disputan en la contienda electoral, nada más normal entonces. Dejémoslo claro, la democracia es la dictadura del capitalismo, que gobierna mediante estructuras jurídicas y económicas, las cuales sustentan el régimen de clases sociales, donde el proletariado constituye la carne de explotación que alimenta y nutre la acumulación de Capital. La democracia es el dominio totalizador de la sociedad mercantil generalizada, en donde la vida humana (¡y del planeta entero!) se degrada en pos de la valorización del dinero, generando más ganancias para los dueños del Capital. La democracia es también guerra constante contra el proletariado: hambre, explotación y miseria es el día a día que padecemos. Cárcel, tortura y plomo nos depara si decidimos darle cara a este sistema que nos destruye lentamente.
No tiene caso obstinarse en reducir la dimensión del problema, enfocándolo en la mera corrupción de tal o cual político, funcionario, gobernador o presidente ¡El problema es el Estado mismo! Ya va siendo hora de entender que no existe mal menor ni mejora posible dentro de las estructuras y dinámicas del Estado-Capital. La ilusión de generar una fuerza progresista o de izquierda en el congreso parlamentario para ganar conquistas a nuestro favor y conservar las que hay, oscurece un hecho muy concreto: el sistema capitalista, como sistema de dominación mundial, cuenta con sus propias reglas y dictamina políticas conforme a las decisiones que los bloques de países/potencias (que compiten en el mercado) tejen y acuerdan. Por lo cual, cada gobierno del mundo está plegado a los mandatos que se gestan en las altas esferas.
Sin embargo, el capitalismo actualmente está en plena crisis de valorización y todos los gobiernos urgen por aplicar medidas de austeridad ante la recesión, aplicando recortes aquí y allá, concesionando territorios y privatizándolos… generando el incremento de las masas sobrantes en el mercado laboral, aunado a más precariedad, baja de salarios y el aumento de la depredación de los recursos naturales, generada por los proyectos extractivistas de compañías que han despojado violentamente a miles de proletarios de sus lugares de origen. Por todo ello, no se puede frenar desde las tribunas políticas y las reformas toda una hecatombe cuyo origen reside en la mundialidad del Capital.

A retomar el combate de clase, por fuera y en contra de sus corrales ciudadanos
Hoy la democracia aparece cargada de relativa paz social. Pero esa paz social consiste en la generalización de la mansedumbre y la sumisión del proletariado que se ha reducido a su rol de ciudadano, abdicando de dar guerra al orden existente y permitiendo así, una tranquilidad que beneficia al desarrollo de los negocios de la burguesía. Además, tal situación no sería posible sin el poder del Estado, el cual durante décadas se ha valido de la fuerza y el terror, mediante el encarcelamiento, persecución, asesinato y desaparición masiva de militantes proletarios que en tiempos pasados enfrentaron al Capital; por tanto, la paz social no es eterna ni absoluta, sino sujeta a la agudización de las mismas contradicciones.
Los poderosos, que se regocijan en la opulencia ¿Acaso piensan que hoy los explotados están conformes con este sistema depredador y por eso creen que pueden tirarnos en la cara todas sus reformas y planes de austeridad sin que movamos un dedo? o como dice la izquierda progresista: “vamos de a poco conquistando nuestras demandas”, “más vale poco que nada”, tal patraña es una vil mentira, pues los millones de oprimidos, quienes no tenemos de otra más que sacrificarnos a diario en el trabajo asalariado o que carecemos de él mendigando en la precariedad total, lo sabemos de sobra. Pero se les olvida que aunque estamos en un periodo de contrarrevolución, no por ello nuestra clase deja de responder a los ataques del Capital; el proletariado hoy como ayer tiende a luchar, no por ideales, sino por necesidades, nuestra clase lucha porque quiere vivir realmente y vive porque está luchando. Entonces, es indispensable dejar en claro a nuestros enemigos, del color o de la denominación que se autoproclamen (a propósito de las votaciones del próximo 5 de junio), que no nos tragaremos más sus mentiras y que echaremos abajo su circo electoral, tal como nuestros hermanos en Oaxaca, Guerrero, Chiapas y Michoacán lo llevaron a cabo el año pasado con el sabotaje a los comicios.
Proletarios, hermanos y hermanas de clase: el camino de las urnas solo nos traerá más y más derrotas ¡A propagar el boicot electoral!; hoy más que nunca, es imprescindible salir a la calle, auto organizarnos y romper el aislamiento que la paz ciudadana nos impone, devolviendo todos los golpes que nos han infringido ¡Antepongamos nuestras necesidades humanas contra las de la economía! ¡A la mierda sus derechos y deberes! ¡Contra el nacionalismo, afirmemos el combate de clase, internacional e internacionalista! ¡Luchemos con todas nuestras fuerzas por fuera y en contra de las instituciones! Que no nos engañen nuevamente, hagamos pedazos su democracia y gritemos fuerte: ¡Que se vayan todos! ¡Revolución hasta el fin! ¡Comunismo o barbarie! ¡No queremos migajas, lo queremos todo y vamos a conseguirlo!

Los compañeros de la barricada / Parcela Mexicana 2016


Nos llaman a participar en la democracia, nos llaman a cavar nuestra propia tumba.
http://materialesxlaemancipacion.espivblogs.net/2016/06/01/nos-llaman-a-participar-en-la-democracia-nos-llaman-a-cavar-nuestra-propia-tumba/

Versión para imprimir: https://ia601501.us.archive.org/2/items/Democratik/Democratik.pdf

Elecciones: La soga en el cuello del proletariado: http://valladolorentodaspartes.blogspot.com.es/2016/05/elecciones-la-soga-en-el-cuello-del.html


Gane quien gane, La banca gana (o un poco de memoria anticapitalista contra las elecciones): http://flag.blackened.net/pdg/noticias/noticias/gane_quien_gane.htm


Contra el Capitalismo, el Estado y la Religión.

Unas palabras en torno a la ridícula visita del Papa Francisco

 

“Cuanto más se apega el hombre a la religión, más crédulo se vuelve; cuanto más crédulo se vuelve, menos sabe; cuanto menos sabe, más estúpido se vuelve; cuanto más estúpido se vuelve, más fácil es gobernarlo; cuanto más fácil es gobernarlo, mejor puede ser explotado; cuanto más se le explota, más pobre se vuelve; cuanto más pobre es, más ricas y poderosas se vuelven las clases dominantes; cuanto más poder y riquezas ellas acumulan, más pesado es el yugo sobre los hombros del pueblo.” 
Johann Most, La peste de dios.


En pocos días tendremos el “honor” de recibir a la máxima autoridad de los payasos cuyo circo reside en Roma, el Papa Francisco. Ese pusilánime que venera el pacifismo y la obediencia, pero que es en realidad el representante en turno de una de las mayores empresas de la mentira y el engaño, cómplice de guerras, misoginia y masacres que pesan sobre los desposeídos. El “sumo pontífice” viene a exaltar la fe y el orgullo nacional para mantener en pie el mito guadalupano que ha sido hasta ahora objeto de culto y devoción; dicha tarea de imbecilización en el fondo posee como misión conciliar los intereses de los explotados con los de sus explotadores.
Así una vez más la hidra de tres cabezas (Capital-Estado-Iglesia) se prepara para el show que abra bien el año, un año más de mansedumbre y domesticación, un año más para que continúe la explotación, la represión y la miseria, aquí en esta parcela capitalista llamada México -así como en el resto del mundo-. Mientras tanto la burguesía devota (al igual que aquella autoproclamada laica) se complace en apreciar durante su espectáculo espiritual- mercantil, la manera en que el esclavo asalariado acepta la opresión sin el más mínimo atisbo de rebelión; porque ellos saben muy bien que mientras el explotado continúe creyendo que gracias a dios continúa “vivo”, que gracias a ese dios puede llevarse un pan a la boca y más aún, que hay un paraíso esperándolo en “otra vida” [mientras que en la tierra apenas sobrevive, sacrificándose a diario para no perecer en este infierno] mejor para ellos, pues tienen la garantía de seguir exprimiéndonos y mantener sus ganancias en aumento. Así con la idea de dios, la burguesía puede materializar su dominio y asegurar su poder totalitario, garantizando la sumisión de aquellos trabajadores que ingenuamente se asumen como buenos cristianos.
Todo su cuento espiritual cobra sentido, pues su dios divino no es más que una falacia para justificar su opulencia, puesto que al dios que tanto se reza y rinde culto, es el dios dinero, amo y señor absoluto que mueve el mundo. Pero ante toda la barbarie, el esclavo sólo sabe agradecer por su condición de miserable, y repite: “dios sabe por qué hace las cosas”, “mi vida la deposito en las manos de dios, que se haga su voluntad”, y precisamente en esa desposesión de su voluntad, de su fuerza, de su espíritu, es donde comienzan todas sus penurias, porque el esclavo asalariado no hace más que rezar y obedecer unas leyes divinas, que en realidad son las condiciones y fuerzas materiales del capitalismo.
La religión NO es un elemento separado ni “aparte” del sistema capitalista. Desde su formación histórica, la religión ha sido siempre parte íntegra de todas las estructuras de dominación; y dicho papel sigue vigente en la sociedad de clases actual. La religión es ideología, es decir: falsa conciencia, tergiversación de la realidad. ¡Por eso ha de ser combatida! Para emanciparnos, hay que destruir el sistema capitalista en su conjunto, sus Estados, sus patrias, y ello implica también llevar a cabo una lucha tenaz contra la religión, los clérigos y cualquier culto divino. No hay que luchar por patrañas como “la libertad religiosa”, “libertad de credo” o simplemente conformarse con ser “ateo”, es necesario hacer sucumbir y pulverizar todas las estructuras jurídicas de la democracia, sus derechos y sus deberes, pues estas legitiman terrenal y “racionalmente” toda esta inmundicia.  Hay que destruir las condiciones sociales que hacen posible la existencia de la religión; es indispensable barrer la dominación del hombre por el hombre, destruyendo también toda fantasía del paraíso celestial y redención divina.

Como en cada país que visita el representante de la Iglesia, aquí no ha sido excepción que el gobierno y los empresarios se hayan unido en santo matrimonio para montar todo este grotesco y pueril espectáculo. La clase explotadora tiene la imperiosa necesidad de reforzar esta paz social, la cual solo significa una continuidad en el embrutecimiento que toda la propaganda gubernamental y los medios de comunicación masiva realizan a diario para infundir pasividad y des-movilización.  Y de ello no nos extraña que para llevar a cabo un evento de tal magnitud, se invierta una gran suma de dinero destinada a cubrir la cuota que engrosará las arcas millonarias del Vaticano. Sin embargo, es inútil enfrascarnos en hacer apología a una de las tantas falsas críticas abundantes hoy en día; por ejemplo el exponer que “todo el dinero que el gobierno gasta en la visita del pontífice, debería ser invertido en educación, trabajo, salud y seguridad”… Dicha demanda pertenece al vil terreno reformista (y el reformismo es solamente  cambiar algo para que todo siga igual, que nada cambie en esencia). La “educación” embrutece y sirve para crear los cuadros destinados a ser la carne de explotación para el mercado; el “trabajo” es lo que nutre el amasamiento de ganancias de los empresarios, mientras  nos empobrece con más recortes, ajustes, crisis y carestía; la “salud” es el monopolio de las farmacéuticas que nos envenenan… y la “seguridad”, no es más que seguridad para el buen funcionamiento de los negocios de los poderosos, es el reforzamiento y profesionalización de los cuerpos represivos policiaco-militares que nos llenarán de balas, torturarán y encarcelarán cuando nos rebelemos contra los que nos explotan.

Al gobierno no hay nada que exigirle ni suplicarle, ni proponer nada para que éste “funcione mejor”, toda estructura gubernamental (conformada por presidentes, gobernadores, diputados, secretarios de Estado, funcionarios) vive parasitariamente,  motivo por el cual ha de ser exterminada. Para acabar con la explotación y la opresión, no se trata de “repartir equitativamente o mejor la riqueza” ni “que el rico debe dar al pobre”, hay que destruir de raíz el régimen de clases, el sistema mercantil que despoja, apropia y después imprime el sello de rentabilidad a todas las necesidades humanas. Como clase proletaria, el capitalismo nos ha privado de todo medio de reproducción de vida y por ello nos vemos condenados a subsistir mediante la explotación que nos impone el trabajo asalariado. Está claro entonces que ni rezando en la iglesia, ni votando en las urnas, ni cruzados de brazos vamos a cambiar algo, pues mientras exista el Capitalismo solo habrá más explotación, más masacres, más carestía para quienes a diario sobrevivimos precariamente para beneficiar a los amos. Por eso, sabemos bien que para acabar con todo nuestro sufrimiento no necesitamos de líderes politiqueros, dioses, santos, ni “redimirnos del pecado”. Necesitamos asumir en primer lugar que no somos ciudadanos ni clase media, somos proletarios y vivimos en el contexto histórico de la lucha de clases; y dicho antagonismo de clase es irreconciliable, por ello la lucha radical y la organización como clase proletaria a escala mundial para forjar la revolución es imprescindible, para que una vez destruida toda esta civilización de mierda, vivamos en comunidad humana, es decir, en el comunismo. Porque hoy como ayer la lucha es por la vida o por seguir manteniendo a costa de nuestras vidas a los parásitos burgueses y su cúpula religiosa, para emanciparnos del yugo del Capital, no hay reforma posible ni deseable. Luchemos entonces revolucionariamente para destruir lo que nos destruye. ¡Fuego a la iglesia y al parlamento!

Proletarios por el comunismo y la anarquía
Región Mexicana, Febrero 2016


Texto de la Asamblea de anarquistas por la emancipación social y de clase, publicado con motivo de la realización de una concentración en Atenas el 13 de agosto, contra el tercer memorándum.


El ascenso del partido socialdemócrata Syriza al Poder tras las elecciones de enero, se basó en gran medida en la manipulación y asimilación de una serie de luchas que lo precedieron, en el aprovechamiento de los golpes que recibieron de la represión y en el cultivo del derrotismo y la pasividad dentro de los segmentos luchadores de la población, así que el descontento y la rabia se encauzaran a la opción inofensiva de las urnas. Simultáneamente con el esfuerzo por conseguir el mayor consentimiento posible (que en gran medida logró con el comercio de esperanza y con las promesas de la mejora de las condiciones de vida, desde luego siempre en términos de delegación), consiguió también el apoyo de una parte del Capital local dándole las garantías adecuadas. En consecuencia, el objetivo principal del nuevo gobierno era restaurar la imagen y el prestigio de las instituciones y del sistema de Poder socialmente podrido, y a través del tríptico unidad social, colaboración entre las clases y paz social, neutralizar (contrarrestar, eliminar) las resistencias sociales y de clase, intentando (man)tener el máximo consenso (consentimiento) para llevar a cabo sus planes.
Tan sólo seis meses después de las declaraciones de la coalición gubernamental sobre el fin de los memorandos, proceden a la firma de un tercer memorándum, lo que significaría la intensificación de las condiciones de explotación y opresión, y más empobrecimiento para la sociedad. El descontento expresado por amplios sectores de la sociedad en contra de las políticas de austeridad debe ser radicalizo para que organicemos el contraataque social y de clase contra el Estado y el capitalismo, contra la Unión Europea, contra el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y el Capital local e internacional.
No tenemos ninguna ilusión falsa sobre el embellecimiento del Sistema.
Los oprimidos y los explotados, los estratos plebeyos de la sociedad, no esperan nada dejando su vida a todo tipo de “expertos” o autoproclamados salvadores. Los mismos trabajadores, los desempleados, los jóvenes, nativos e inmigrantes, como saben mejor sus necesidades reales, tienen que tomar la vida en sus manos, organizarse y luchar, sin jerarquías e instituciones, en todos los lugares de trabajo y los espacios públicos. Porque el único camino para la abolición de la explotación y la opresión son las luchas sociales y de clase auto-organizadas, la ruptura total y el derrocamiento del Estado y del capitalismo.

Luchas sociales y de clase por la revolución social, por la anarquía y el comunismo.

Asamblea de anarquistas por la emancipación social y de clase


Hoy 11 de diciembre se cumple un año del asesinato de nuestro compañero anarquista-insurreccional Sebastian Oversluij “Angry”.
Angry fue asesinado de varios tiros en la cabeza y tórax mientras se disponía a realizar una expropiación a una sucursal bancaria en la comuna de Padauel Santiago en $hile.
A un año de su muerte queremos hacerle un pequeño homenaje dedicándole un hermoso poema escrito por Stella Díaz Varín al que, para la ocasión, hemos cambiado el nombre de “Dos de noviembre” por el de “onze de diziembre”.

ONZE DE DIZIEMBRE

No quiero
que mis muertxs descansen en paz.
Tienen la obligación
de estar presentes,
vivientes en cada flor que me robo,
a escondidas,
al filo de la medianoche
cuando los vivos al borde del insomnio
juegan a los dados
y enhebran su amargura.
Los conmino a estar presentes
en cada pensamiento que desvelo.
No quiero que lxs míxs
se me olviden bajo tierra.
Lxs que allí lxs acostaron
no resolvieron la eternidad
No quiero
que mis muertxs me los hundan,
me los ignoren,
me los hagan olvidar,
Aquí o allá
en cualquier hemisferio
Lxs obligo a mis muertxs
en su día.
lxs descubro, lxs trasplanto,
lxs desnudo
lxs llevo a la superficie,
a flor de tierra
donde está esperándolos
el nido de la acústica.


En memoria de Angry y de todxs lxs asesinadxs en esta Guerra Social que nos toca vivir...








Después de años de lucha, organización, propaganda y agitación, el 15 de Noviembre de 1922 en Guayaquil-Ecuador, el proletariado de esa época (ferroviarios, cacahueros, panaderos, astilleros, tipógrafos, albañiles, cocineras, lavanderas, etc.) impone la huelga general y toma el control de la ciudad (se habla incluso de “el Soviet o Consejo Obrero de Guayaquil”). Pero a la burguesía (agroexportadores, banqueros, industriales) le aterra que toda esta “chusma” sublevada vaya por más, y el mismo día manda a reprimirla brutalmente con su jauría policial y militar. La jornada de lucha se trastoca en masacre (más de 1000 muertos), el terror del Estado burgués tiñe de sangre proletaria las calles y las aguas del puerto principal, mientras “las blancas y delicadas manos aplauden desde sus balcones” la vuelta a su “calma” burguesa. Tal fue “el bautizo de sangre del proletariado” en este país. Pero más que por la fuerza de nuestro enemigo de clase, esta fatal derrota se debió a las propias debilidades de nuestra clase proletaria en ese momento: falta de autonomía y beligerancia frente al gobierno y, sobre todo, falta de radicalidad o de ruptura con el programa socialdemócrata (incluidas sus versiones “socialista” y “anarquista”), al mismo tiempo que falta de ruptura con el sindicalismo, con el patriotismo y con la religión, y finalmente falta de dirección revolucionaria, armamento y ofensiva.

El contexto mundial de aquella época era de crisis capitalista, guerra imperialista y revuelta proletaria, así como lo vuelve a ser el contexto mundial actual, con la importante diferencia de que en ese entonces la crisis no era tan generalizada y catastrófica como la de ahora y que existía un masivo y potente proletariado revolucionario internacional e internacionalista que, en cambio, hoy todavía no existe o, mejor dicho, todavía es débil. Por lo tanto, las lecciones dejadas por las luchas de nuestros hermanos de clase de ayer son válidas y útiles para los proletarios en lucha de hoy día y de todas partes. En nuestro caso, una de esas lecciones es -en palabras de uno de sus propios protagonistas- que “el 15 de noviembre de 1922 el proletariado aprendió a conocer quiénes son siempre sus enemigos mortales”. En efecto, tanto ayer como hoy nuestros enemigos siguen siendo los mismos: empresarios, banqueros, políticos (de derecha y de izquierda), militares, policías, curas, jueces, periodistas, sindicalistas... Pero no como grupos o personas en particular, sino como agentes de las relaciones de explotación y dominación capitalistas, de esta inhumana y asesina sociedad mundial de la mercancía, el dinero, el trabajo asalariado, el Capital y su Estado: nuestros mortales enemigos de siempre.

Hoy en día en este país, junto a la burguesía, dos enemigos más se destacan: el gobierno y los sindicatos. Este gobierno, por más que diga ser “revolucionario”, “socialista” y hasta “de los trabajadores”, en realidad es -como todo gobierno- el guardián y el administrador de la explotación y la normalidad capitalistas, de la dictadura democrática y ciudadana del Capital sobre nuestra clase, el proletariado. De hecho, este 15 de noviembre del 2014 hace un mitin-show para anunciar públicamente su “paquete de reformas” al código de trabajo, es decir su ajuste a este clásico instrumento de control y explotación capitalistas sobre la clase trabajadora para, a su vez, ajustarnos, explotarnos y someternos más. No cabe duda de que este gobierno progresista es burgués y enemigo del proletariado. Por si fuera poco, usurpa esta fecha histórica de nuestra clase para cínicamente intentar distorsionar y hasta vaciar su contenido proletario y anticapitalista; para espantar el solo recuerdo de revolución social proletaria, ese fantasma que no ha dejado de recorrer el mundo entero: el comunismo, la anarquía. Lo peor es que si lo hace es porque aquí y ahora el proletariado aún brilla por su ausencia en tanto fuerza autónoma como para hacerle una guerra de clases y de memorias real. Y si algún momento nuestras protestas como clase llegaren a salírsele de las manos y amenazar su poder –que es el poder estatal del Capital-, este gobierno no dudaría en reprimirnos de similar forma que hace 92 años.

Por su parte, los sindicatos (todos sin excepción) no son más que los mercaderes o negociadores de la explotación de nuestra fuerza de trabajo frente a la patronal y el Estado. Siempre lo han sido y lo serán. Muestra irrefutable de ello es que este 19 de noviembre hacen una nueva marcha para “rechazar” –entre otras cosas- las “enmiendas constitucionales” y las reformas gubernamentales al código de trabajo, exigiendo en cambio un código dizque “de y a favor de los trabajadores”, es decir un látigo legal más flexible y suave de la explotación capitalista, de la esclavitud asalariada, a la cual ni la nombran, mucho menos la critican ni la combaten. Como siempre, “luchan” contra los efectos pero nunca contra la causa o la raíz de todos los males que padecemos los proletarios: el capitalismo. “Luchan” sólo por derechos, reformas, migajas de quienes nos explotan y oprimen. Así acorralan, desvían y anulan las reivindicaciones y protestas proletarias. Y asimismo si éstas llegaren a desbordarlos, los sindicatos (y partidos y frentes de izquierda) harían todo lo posible para apagar la lucha proletaria autónoma. Son bomberos, reformistas, oportunistas, contrarrevolucionarios... Los sindicatos también son enemigos del proletariado, por tanto hay que romper con ellos y tratarlos como tales.

Proletarios: la experiencia del pasado y del presente nos demuestra que, para satisfacer nuestras necesidades e intereses de clase, debemos luchar por fuera y en contra de los gobiernos, los partidos y los sindicatos, de manera independiente o autónoma, por todo y hasta el fin, más allá y en contra de toda frontera y nacionalidad. En estos momentos, nuestros hermanos de clase que luchan en México, Chile, Brasil, Medio Oriente, Grecia... hacen lo que pueden al respecto y así tensan el hilo histórico-mundial de la lucha proletaria contra el capitalismo. Nuestra memoria histórica, nuestro programa revolucionario, nuestra solidaridad de clase, nuestra organización autónoma, nuestra acción directa: han sido, son y serán nuestras mejores armas.

Proletarios/as:

15 de Noviembre: ¡Ni perdón ni olvido, ni paz social ni amnesia histórica:
guerra de clases y guerra de memorias!

¡Ni gobierno ni oposición, ni derechas ni izquierdas:
ambos son nuestros enemigos de clase!

¡Ni leyes ni “derechos” ni reformas!
¡Ni representantes ni intermediarios!

¡Organicémonos y luchemos por nuestras necesidades humanas
de manera directa, autónoma y radical,
afuera y en contra de sindicatos, frentes y partidos!

¡Reapropiémonos de nuestro programa revolucionario histórico:
Abolición de la propiedad privada, el trabajo asalariado, la mercancía,
el Capital, las clases, el Estado, las patrias, las razas, las religiones!

¡Por la ruptura y la revuelta proletaria, aquí y en todas partes!
¡Por la revolución comunista y anárquica mundial!

Proletarios Revolucionarios

Quito-Ecuador, Noviembre 2014



Valladolor no admite comentarios
La apariencia como forma de lucha es un cancer
El debate esta en la calle, la lucha cara a cara
Usandolo mal internet nos mata y encarcela.
Piensa, actua y rebelate
en las aceras esta el campo
de batalla.

si no nos vemos
valladolorenlacalle@gmail.com















ARCHIVO

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Contrainformacion internacional

Anticarcelario / contra la sociedad cárcel

"Las prisiones son una parte más de la esencia represiva de todo Estado, no hay que olvidar la parte que nos toca a lxs que aún seguimos en la calle.

No podemos ver las cárceles como algo ajeno a nuestras vidas, cuando desde temprana edad hemos sido condicionadxs a no romper las normas, a seguir una normalidad impuesta; el castigo siempre está presente para lxs que no quieren pasar por el aro.

En el trabajo, en la escuela... domesticando y creando piezas para la gran máquina, piezas que no se atrevan a cuestionar o que no tengan tiempo para hacerlo.

Hemos sido obligadxs a crecer en un medio hostil donde es dificíl desarrollar nuestros propios deseos.

La rebeldía brota de algunxs, otrxs simplemente se acomodan en la mierda, tapando sus frustraciones con lo que le dan quienes antes les despojaron de todo. O viendo sus problemas como algo aislado, único y personal.

Para lxs que no tragan o no se adaptan al gran engaño ahí tienen sus cárceles, reformatorios, psiquiatrícos ... creados por los que no quieren ver peligrar las bases de su falsa paz.

No podemos ignorar la lucha de lxs compañerxs presxs.

Su lucha es nuestra lucha."