Ni un soldado, ni una bala, ni un euro por Ceuta y Melilla
La situación es como la de 2021, pero aumentada a unos límites que entonces parecían impensables. Miles de marroquíes e inmigrantes subsaharianos y de otras nacionalidades han cruzado la frontera de Ceuta en un movimiento encaminado a aparentar una especie de ofensiva desarmada sobre Ceuta. No es necesario llevarse a engaños: la acción tiene poco que ver con un desplazamiento migratorio, aunque los inmigrantes que Marruecos retiene y reprime cerca de la frontera precisamente para ser utilizados como moneda de cambio en estas situaciones, hayan sido movilizados junto a una buena cantidad de marroquíes traídos por la Gendarmería para la ocasión. Se ha tratado de un movimiento que sigue el modelo de ocasiones pasadas, en las que el Estado alauí movilizaba a todos los inmigrantes posibles para amenazar la frontera española, pero a una escala que lo aproxima notoriamente a una reedición de la Marcha Verde de 1975, en la que decenas de miles de civiles fueron utilizados para avanzar sobre el territorio español en lo que hoy es norte de Marruecos y sobre el Sáhara Occidental para anexionarlos a la corona del entonces rey Hassan II. El hecho de que apenas 24 horas después la mayor parte de las 60.000 personas que cruzaron la frontera hayan vuelto por su propio pie a Marruecos, muestra la organización real del movimiento, su carácter de amenaza simbólica sobre Ceuta y el hecho de que se trataba de una maniobra perfectamente premeditada. Como consecuencia de ella, quedan 67 muertos (hasta el momento), miles de heridos y la reveladora escena que mostraba a bandas de militares de paisano y civiles nacionalistas de todo tipo atacando no sólo a los migrantes, sino a cualquier persona de rasgos árabes, española o no, a la que se encontraban por la calle.
Si en 2021 la maniobra marroquí, menos organizada y de menor escala que la de estos días pasados, tenía una causa evidente que incluso fue reconocida por Marruecos (la ayuda por parte de España a un oficial del Frente Polisario para que se operase en el país), en este caso la motivación directa parece menos clara. La propia prensa burguesa señala al restablecimiento de relaciones comerciales con Argelia, a la que España comprará este año un 10% más de gas que el pasado. Pero seguramente este hecho es sólo la gota que ha colmado el vaso después de más de dos años en los que los vínculos económicos y comerciales del país con potencias como China o Rusia (a la que fuentes periodísticas señalan como proveedor real del gas argelino) se hayan estrechado.
En cualquier caso, sea cual sea la excusa que se airee en los próximos días, la realidad es que la situación en la frontera marroquí es crítica desde hace tiempo. Como es sabido, España mantiene desde siempre unas relaciones políticas, económicas, diplomáticas, etc., basadas en el tira y afloja. Marruecos es la actual potencia ocupante del Sáhara Occidental, una región que según la legalidad internacional aún pertenece a España y sobre la cual, en cualquier caso, pesa la exigencia de descolonización por parte de la ONU como conclusión del proceso de independencia reconocido por España, pero no por Marruecos. Aunque desde 2022 España reconoce el derecho de Marruecos sobre esta zona, el conflicto se encuentra lejos de estar cerrado. Por otro lado, Marruecos se ha convertido en las últimas décadas en socio comercial preferente de España en el norte de África ya que éste se ha convertido el principal receptor de su inversión en el exterior. Son numerosas las grandes empresas españolas que construyen y gestionan las infraestructuras del país alauí, creando una alianza de hecho que es uno de los principales vínculos entre ambos países. A esto se añade la gran importancia que Marruecos ha adquirido como gendarme de las vías de paso de la inmigración subsahariana por el Magreb, algo que le convierte en un importante socio político y militar de España en la medida en que la protección del flanco sur de la península está directamente vinculado a su acción anti inmigratoria.
Más allá de las relaciones bilaterales, que de por sí bastan para convertir la frontera de Ceuta o la de Melilla en una zona altamente inestable, la importancia de Marruecos como aliado de Estados Unidos también ha crecido durante los últimos años. Por un lado, ha sido el principal valedor en el mundo árabe de los pactos de Abraham, lanzados durante el primer mandato de Trump y que tenían como objetivo consolidar la posición de Israel en Oriente Medio frente a las potencias regionales como el propio Marruecos, Jordania, Arabia Saudí, etc., a cambio de una estabilidad política, económica y militar duradera. De esos pactos, queda poco tras guerra de Gaza de 2023, la de Irán de este año, etc. Pero la intención norteamericana de controlar la región medio oriental contando con la colaboración de aliados árabes como Marruecos, aún persiste y ha creado un vínculo muy estrecho entre EE.UU., Marruecos e Israel. De hecho, el problema del Medio Oriente, verdadero cáncer incurable del capitalismo contemporáneo, se extiende hoy hasta las estribaciones del Atlántico a través de Marruecos y su firme alineamiento con el bando imperialista americano, dando a la situación un carácter intercontinental cada vez más firme.
Es esta posición crítica de Marruecos como aliado extremadamente beligerante de Estados Unidos la que debe verse en el origen del asalto a Ceuta de estos días. Las tensiones por el dominio de Ceuta son, hasta cierto punto, sólo una excusa, dado que Marruecos nunca podría reivindicar su propiedad contando únicamente con sus propias fuerzas. Detrás de la maniobra consistente en lanzar a miles de civiles desarmados hacia la ciudad está la necesidad norteamericana de cortar el giro hacia China y sus aliados (entre los cuales Argelia y Rusia, por supuesto) que lleva dos años encabezando una parte significativa de la burguesía española, apoyada por el gobierno de PSOE y SUMAR, pero tras la cual se puede ver la necesidad de otras naciones mucho más poderosas, como Francia, y su necesidad de romper la excesiva dependencia respecto de Estados Unidos a la que se ven sometidos. La respuesta de un país como Italia, de por sí atrapado en una posición ambigua respecto a Estados Unidos, del que ha sido valedor histórico en Europa, lanzando sus soflamas anti inmigratorias como excusa para presionar a España, es sumamente significativa.
La frontera de Marruecos es la falla por la que se extiende la tensión imperialista para España. Tanto por los motivos históricos propios de los dos países como por el hecho de que a medida que la situación en el tablero internacional se va agravando todos los antiguos conflictos se convierten en una trinchera para el futuro enfrentamiento bélico que ya se otea en el horizonte. Los intereses imperialistas de España se manifiestan en un incipiente (y seguramente de poco recorrido) acercamiento a China y sus aliados. Así lo exigen sus necesidades económicas y su incapacidad de competir en igualdad de condiciones con sus principales rivales comerciales. Pero, en un sistema de relaciones en el que todo está vinculado y la rivalidad es tan intensa, ese giro hacia China hace estallar de nuevo los conflictos interfronterizos con Marruecos, llegándose a esta especie de “ataque” a Ceuta por parte de personas inermes que vivimos el jueves y el viernes pasados. Ésa es la parte que toca a España en el incremento de las tensiones imperialistas. Y es una muestra, para la clase proletaria, de lo que vendrá en los próximos años.
De ninguna manera puede pensarse que estemos ante una situación en la que Marruecos, y detrás de él sus aliados, sea el agresor y España la agredida. España es una potencia imperialista que lucha por imponer sus intereses en el norte de África y que actúa como gendarme mundial “protegiendo” para todas las potencias imperialistas el estrecho de Gibraltar y la vía de comercio mundial que pasa por él. Para ello, mantiene pactos con Marruecos, Argelia o Mauritania, en defensa exclusiva de los beneficios de la clase burguesa, nacional e internacional. Entre otras cosas, estos pactos incluyen la presión y la represión sobre las masas de inmigrantes desheredados que buscan en Europa un futuro del que el orden capitalista les ha privado en sus países de origen. Y en el episodio de estos días ha sido Marruecos quien ha dado el primer golpe, en tantas otras ocasiones lo ha hecho España. Nadie puede tener el valor, por lo tanto, de afirmar que Marruecos sea una suerte de régimen de sátrapas despiadados a la vez que España representa la humanidad y la civilización. En las rivalidades entre países en la era imperialista, todos los contendientes son igualmente criminales para el proletariado. Por supuesto que la socialdemocracia y el estalinismo, desde el gobierno o fuera de él, lanzarán la consigna de la España atacada por las fuerzas criminales de Marruecos (e incluso de Estados Unidos), pero la defensa de los valores democráticos a la que llaman no es otra cosa que la defensa de los intereses imperialistas españoles.
Hoy han sido masas desarmadas de civiles arrojados a su suerte por Marruecos, que ha jugado con sus vidas para hacer valer sus intereses y los de sus aliados. En el otro lado, España se ha limitado a enviar tropas de refuerzo sin órdenes de combate, si bien ha permitido a la Legión y otros cuerpos militares que están fijos en Ceuta hacer razias contra los inmigrantes y la población árabe autóctona de la ciudad. Pero en un futuro el conflicto subirá de tono. Las masas de civiles desarmados se convertirán en ejércitos que amenazarán, bien sea en Ceuta, bien en el frente oriental de Europa o en cualquier otro punto caliente para la burguesía española, los intereses de los capitalistas nacionales. Y contra esa amenaza, responderán movilizando a su propia población, a sus proletarios, para que defiendan sus exigencias económicas, políticas o territoriales.
La guerra es el futuro para los proletarios. No pasarán muchas décadas hasta que las diferentes potencias imperialistas, entre ellas España, lleguen al punto en el que sus diferencias económicas, comerciales, etc., sólo se puedan dirimir por la vía militar. Y para ello recurrirán, como ha hecho ahora la burguesía marroquí, a su población, a los proletarios, para que engrosen sus ejércitos y se lancen contra los ejércitos de proletarios armados por las burguesías rivales. No hay que mirar demasiado atrás en el tiempo para recordar las dos guerras mundiales que arrasaron Europa. ¡Pues cien veces más letales, sobre todo para la clase proletaria, serán las guerras por venir en un mundo que ha desarrollado una capacidad armamentística exponencialmente mayor que la de entonces!
Hoy la clase proletaria permanece presa de su burguesía. Décadas de sumisión a la política de colaboración entre clases que le ha impuesto el oportunismo socialista, estalinista y post-estalinista, la ha vuelto presa fácil del discurso nacionalista, de la supuesta “defensa de la patria”, del odio al “inmigrante invasor”… Y se hacen oír entre el silencio generalizado las consignas patriotas y militaristas a la vez que reaparecen las bandas nacionalistas con el objetivo de imponer el orden en las calles.
Pero la clase proletaria puede ser contenida dentro de los límites del respeto al orden burgués de manera temporal, nunca definitiva. Sus intereses se encuentran en un plano diametralmente opuesto a los de la clase burguesa y si, durante un tiempo, parece que ambas han podido convivir en paz (siempre haciendo caer la parte del león de este “pacto” sobre los hombros del proletariado), la realidad de un mundo en el que los obreros son esclavos de los patrones, se mostrará de manera sangrante tarde o temprano.
Mañana la burguesía exigirá al proletariado que muera en nombre de la patria, cruel eufemismo que siempre esconde la realidad del sacrificio a mayor gloria del beneficio económico. Pero con ello mostrará su verdadera cara y evidenciará que, en el mundo capitalista, los proletarios son sólo carne de cañón que explotar en tiempos de paz y a la que destruir en tiempos de guerra. La clase proletaria deberá, entonces, volver a levantar la bandera del internacionalismo proletario, la del rechazo a participar en la carnicería imperialista y de la negativa a cualquier solidaridad nacional con su burguesía. Sólo tras de ella, sólo defendiendo en todos los frentes sus verdaderos intereses de clase, podrá librarse del horror y la destrucción de millones de vidas que la clase de los capitalistas ya está preparando hoy.
Los proletarios, ante los acontecimientos de estos días y los que vendrán en un futuro inmediato, no tienen nada que defender en Ceuta y en Melilla. La lucha por ambos enclaves, como la lucha por el control del estrecho de Gibraltar o de Canarias, sólo le interesa a la clase burguesa española, que es quien los necesita para mantener su estatus quo en la lucha contra el resto de potencias imperialistas. Por ello, además del discurso nacionalista, además del odio al inmigrante, de la retórica que se emplea “contra el invasor”, los proletarios deben rechazar cualquier tipo de alianza con la burguesía nacional, deben rechazar cualquier sacrificio que se les exija para defender los intereses territoriales del capitalismo patrio y volver la vista hacia su verdadero enemigo, que es quien hoy les comienza a azuzar en vistas a una movilización mayor que no será pacífica y que les exigirá que sacrifiquen su vida y la de sus hijos.
¡Por la reanudación de la lucha de clase!
¡Contra el militarismo burgués, opongamos la fuerza del internacionalismo proletario!
¡Viva el internacionalismo y la solidaridad proletaria contra todos los imperialistas!
¡Por la revolución comunista mundial!
1 de agosto de 2026
Partido Comunista Internacional
Il comunista - le prolétaire - el proletario - proletarian - programme communiste - el programa comunista - Communist Program
www.pcint.org
37 inmigrantes muertos en la valla de Melilla, cientos más heridos
ESPAÑA APUNTA, MARRUECOS DISPARA
De acuerdo con los últimos recuentos que proporcionan las ONGs, el número de inmigrantes muertos el viernes al intentar entrar en España llega ya a 37. Marruecos, y España detrás de él, afirma que son muchos menos, pero las imágenes que han llegado a los medios de comunicación, en las que se puede ver cadáveres apilados como en una escena bélica, muestran una realidad que contradice la versión del gobierno alauí.
Según estas mismas ONGs 2.000 inmigrantes, en su mayor parte de origen subsahariano, intentaron saltar la valla de seguridad que separa Melilla de Marruecos el viernes por la mañana. Estos inmigrantes llevaban semanas esperando en el lado marroquí de la frontera, en los bosques de la zona, para intentar alcanzar España por la parte más viable, la que toca con el barrio chino de la ciudad. En el momento del salto, la Gendarmería marroquí utilizó material antidisturbios contra ellos, obligándoles a retroceder y haciéndoles caer en una hondonada que actúa como defensa natural de la frontera. Según caían los inmigrantes, los policías continuaban disparando contra ellos provocando la masacre. Además de aquellos que fallecieron inmediatamente por los golpes que recibieron con botes de humo lanzados a bocajarro o por la caída en el desnivel, a los muertos hay que sumar los que perdieron la vida asfixiados bajo los cuerpos de sus compañeros.
Los pocos cientos de inmigrantes que lograron saltar la valla, si bien corrieron mejor suerte que aquellos que cayeron muertos o gravemente heridos, tuvieron que enfrentarse a la Guardia Civil y a los gendarmes marroquíes a los que se permitió entrar (ilegalmente de acuerdo a la legislación española) para ayudar a reprimir, capturar y devolver a los inmigrantes. No llegaron a ser asesinados, como sucedió al otro lado de la valla, pero sufrieron las palizas de los policías de ambos países: esta es la verdadera solidaridad que existe entre los mercenarios a sueldo de ambos Estados, para los que no existe ninguna restricción a la hora de ensañarse contra jóvenes que llevan meses, si no años, de una agotadora travesía en la que la falta de agua y alimentos adecuados les han dejado agotados.
Después de la masacre, el gobierno español se ha apresurado a alabar la acción de las fuerzas represivas españolas y marroquíes, elogiando por boca de Pedro Sánchez la operación policial contra la “violencia” de los inmigrantes: 37 muertos, para el gobierno y el Partido Socialista, son un buen resultado ante la “crisis migratoria” para la que durante años pidieron una solución “humanitaria”. Por parte de Unidas Podemos, la otra pata del “gobierno más progresista de la historia” ha tomado la contundente decisión de exigir… una investigación judicial para aclarar lo sucedido, es decir, para ver si los muertos han sido asesinados legal o ilegalmente. Finalmente, la ministra de Trabajo y súper candidata de la próxima coalición de izquierdas, Yolanda Díaz, ha enviado su muy sentido pésame a las familias de los muertos apenada sin duda por su trágico fin. Esta es la realidad de un gobierno que, a cargo como está de gestionar los intereses inmediatos y generales de la clase burguesa, constituye la principal garantía para el mantenimiento de la política represiva contra los inmigrantes que pretenden encontrar una vida mejor, huyendo del hambre y la miseria de sus países de origen, en el “paraíso” europeo. Mañana, cuando los medios de comunicación cumplan con su cuota de sensacionalismo en este tema y se pueda pasar página, volverán a clamar contra el avance de Vox, el éxito de la extrema derecha y la amenaza del fascismo…
Más allá de la política represiva que todos los gobiernos burgueses, de izquierdas o de derechas, mantienen en la frontera con Marruecos, estos muertos son la consecuencia directa del giro en política exterior que el gobierno ha realizado en los últimos meses: azuzado por la carestía de fuentes de energía que provoca la guerra de Ucrania y el cese parcial del suministro de gas ruso a Europa, el gobierno español se ha sumado a la doctrina norteamericana que fija en Marruecos el principal aliado occidental en el área del Magreb, dándole un apoyo que le permite desarrollar sus intereses políticos, económicos y militares en la región en detrimento de Argelia. Para ello, en abril de este año reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhrara Occidental apoyando su proyecto de autonomía para la región, algo que implica reconocerle el derecho a disponer de este territorio como si formase parte del país, dejando de lado el proyecto de referéndum de autodeterminación planteado por naciones unidas y aceptado por España hasta entonces. Esto supone que España renuncia a sus derechos como potencia administradora del Sáhara Occidental y reconoce como legal la ocupación marroquí iniciada en 1.975 a cambio de que Marruecos permita el acceso al gas natural bombeado a través del gasoducto que pasa por su territorio.
Con esto, la situación queda de la siguiente manera: Europa obtiene una fuente suplementaria de Gas Natural, que se suma a la ya menguada vía rusa y a la argelina (que, si no se bombea directamente a España, pasará por Italia) mientras que se alinea con la política exterior de EE.UU. en la región norte africana. Marruecos se ve reforzado como fuerza regional de primer nivel, extendiendo su control definitivamente sobre el Sáhara Occidental y garantizando con ello su victoria frente a la ofensiva del Frente Polisario. Finalmente, España cumple con su papel de mediador entre las grandes potencias y cede sus derechos como antigua potencia colonial, ve afectadas sus relaciones comerciales y su tradicional buena relación con Argelia y toma partido por Marruecos en el conflicto latente que hay en el Magreb entre este país y Argelia, pero obtiene tanto una fuente segura de energía como los servicios del país alauí como policía fronterizo. La llamada “frontera sur”, que separa a Europa de África y que tiene en Marruecos un punto clave, se ve fortalecida con la garantía policial de un país que, como es sabido, no tiene muchos miramientos con las masas de inmigrantes que usan su territorio como última parada antes de entrar en Europa.
Las consecuencias de este nuevo reparto de la influencia imperialista en el área del Magreb son evidentes: si hace poco más de un año el Estado marroquí abrió las vallas de Ceuta para permitir que los inmigrantes retenidos en la frontera entrasen en España, dando lugar a una intervención militar española en la zona, el pasado viernes asesinó a decenas de inmigrantes que intentaban pasar. España recibe con ello el justo precio por su cambio de rumbo en cuestiones internacionales, el peligro inmigrante queda contenido por la acción represora de las fuerzas policiales magrebíes y la Guardia Civil puede limitarse a mirar desde lejos. Los muertos son la pieza cobrada por la diplomacia europea y española, como lo son los miles de inmigrantes reprimidos en las fronteras libias o turcas, donde existen verdaderos campos de concentración cuya función es taponar el paso a la inmigración africana y asiática. Ante el recrudecimiento de las tensiones imperialistas, el empeoramiento de la situación económica y el arreciar de los vientos de guerra, Europa, en este caso a través de España, se blinda contra unas masas de inmigrantes que la burguesía ve como un peligro potencial para la estabilidad económica y social de sus países.
Estos inmigrantes, huyendo de la situación de auténtica miseria que viven en sus países, son empujados hacia las fronteras europeas cada vez con más intensidad. Sufren el trato de las mafias, la presión de las policías de todos los Estados, que los quieren muertos como en Marruecos o esclavos como en Libia, y si finalmente logran entrar en Europa, alcanzan no el bienestar soñado sino una vida como mano de obra barata y desechable en cualquier momento, bajo la presión continua de las fuerzas represoras, con la amenaza de la cárcel en forma de CIEs o de la expulsión a los países que se prestan a recogerlos y mantenerlos en campos de refugiados a cambio de una compensación económica que paga la UE. Y esto sucede tanto en la frontera de España como en la de Grecia o en la de Estados Unidos con México.
Las masas de inmigrantes quieren entrar en los países del llamado primer mundo. Y realmente son necesarias para una burguesía necesitada de mano de obra barata y explotable sin los condicionantes que la legislación social y laboral de los países capitalistas desarrollados mantiene para sus proletarios nativos, pero lo son siempre y cuando lleguen correctamente disciplinadas. Siempre y cuando entren en Europa o Estados Unidos sabiendo qué son (proletarios a explotar), qué se espera de ellos (sumisión y aceptación de cualquier cosa que se les exija) y cuál puede ser su destino (la cárcel, la deportación o la muerte) si desobedecen.
Pero estas medidas no les detendrán. El hambre y la pobreza les obligan a emigrar para vivir. Y tal y como huyen de su destino en sus países de origen, traen consigo materialmente la fuerza de la rebelión, orientada hoy a lograr un pase para Europa o Estados Unidos, pero que podrá dirigirse, mañana, con otras condiciones de lucha del proletariado nativo, hacia la lucha de clase. Ellos, que no tienen nada que perder pero que tienen la fuerza para sacudirse las cadenas con que pretender someterles, podrán dar, en un futuro no muy lejano, una contribución decisiva, a base de fortaleza y rebeldía, al proletariado occidental para escapar de la intoxicación democrática y colaboracionista, hermanándose en una única lucha. Esto es lo que realmente teme la clase burguesa de todas las naciones.
¡Solidaridad con los trabajadores inmigrantes!
¡Por la unidad de clase del proletariado, más allá de razas, nacionalidades, sexo o edad!
¡Por el retorno de la lucha de clase!
Partido Comunista Internacional (El Proletario) - www.pcint.org - 25-06-2022
¡No a la militarización de Ceuta y Melilla!
¡Solidaridad con los inmigrantes reprimidos por el ejército y la policía!
Durante el pasado lunes 17 y hoy martes 18, casi 8000 inmigrantes han cruzado la frontera que separa Ceuta del territorio marroquí y han entrado en España. Ante esta situación, auspiciada por el Estado marroquí, que ha utilizado a su policía para provocar este movimiento de personas, la respuesta del gobierno ha consistido en la militarización de las ciudades de Ceuta y Melilla, a las que ha desplazado un contingente militar que se ha desplegado sobre todo en la zona de El Tarajal apostando en la playa sus vehículos blindados como si se tratase de una invasión armada.
Una vez que los militares han comenzado a reprimir a la masa humana que intentaba cruzar a nado alrededor del espigón que separa Ceuta de Marruecos en esta zona, han logrado retener a miles de inmigrantes, trasladarlos a zonas de detención y devolverlos a Marruecos al momento, es decir, han aplicado las famosas devoluciones en caliente que nunca han parado, ni con el gobierno del Partido Popular ni con el gobierno socialista.
A última hora del día 18, la situación parece haber vuelto a la normalidad: la policía marroquí ha vuelto a cerrar su lado de la frontera y ya prácticamente nadie intenta cruzarla pero miles de inmigrantes siguen presos en manos del gobierno español que no ha aclarado qué piensa hacer con ellos. Desde algunas organizaciones no gubernamentales se afirma que no se ha llamado a la asistencia jurídica gratuita a la que tienen derecho los inmigrantes detenidos, así que todo hace pensar que también serán devueltos a Marruecos por la vía rápida.
El presidente Sánchez ha viajado a las dos ciudades autónomas junto con el ministro del interior Grande-Marlaska. Desde allí ha afirmado que no permitirá que se viole la soberanía territorial española y que defenderá la integridad nacional a cualquier precio con un discurso inusualmente claro al respecto de la situación que se vive en Ceuta y Melilla desde hace años.
Por su parte, el gobierno de Marruecos ha llamado a consultas a su embajadora en Madrid después de que esta, una vez se hubo reunido con las autoridades españolas, dejase entrever que el movimiento migratorio alentado por Marruecos es una respuesta ante el apoyo prestado por las autoridades españolas al líder del Frente Polisario, Brahim Gali, que fue admitido en un hospital de La Rioja para tratarse por Coronavirus.
Este tipo de movimientos por parte de Marruecos son muy comunes: periódicamente afloja la vigilancia que ejerce tanto sobre las verjas que separan Marruecos de España como sobre los inmigrantes, buena parte de ellos subsaharianos que viven durante meses en territorio marroquí esperando poder pasar a España, y provoca situaciones en las que la policía y la Guardia Civil española se ven desbordadas. Se trata de maniobras que el Estado alauí lleva a cabo para reafirmar su posición como gendarme del paso a Europa para los centenares de miles de inmigrantes que intentan huir de sus países cada año: a cambio de ejercer este papel, cuya importancia intenta poner de relieve con este tipo de provocaciones, recibe cuantiosas sumas de dinero, concesiones en otros ámbitos de la política internacional, etc. Durante los últimos años la situación se ha ido tensando cada vez más: al cierre de los pasos fronterizos le siguió el bloqueo a las miles de trabajadoras que pasan a diario la frontera para comprar y vender mercancías, con lo que se condena a la miseria a todas las familias que viven de este comercio. La situación creada por la pandemia mundial únicamente ha logrado agravar este panorama, en medio del cual las presiones tanto del Estado marroquí como del español no hacen sino crecer.
La militarización de Ceuta y Mellia tiene como objetivo no tanto controlar un paso de inmigrantes, algo que perfectamente podía haberse hecho con refuerzos policiales, sino mostrar una posición firme frente a las “provocaciones” marroquíes. El discurso humanitario del gobierno español no puede esconder la tensión que existe entre los dos Estados, que mantienen desde hace cuarenta años una calma tensa siempre en riesgo de ruptura y sobre la que planea el control tanto de zonas estratégicas del Norte de África como de los pasos marítimos del Mediterráneo y el Atlántico, así como la continuidad de la soberanía española sobre Ceuta y Melilla. Las concesiones hechas por España a Marruecos buscan evitar que el conflicto de baja intensidad que se vive en la frontera, especialmente con la inmigración como moneda de cambio, pase a ser una situación más grave y para ello se transfieren continuamente fondos al Estado alauí, se le da carta blanca para imponer sus intereses en el Sáhara, etc.
Por su parte Marruecos es una potencia regional de primer orden en el Norte de África y constituye una especie de tapón que controla una parte de los flujos migratorios subsaharianos y que es capaz de evitar el desarrollo del peligro terrorista tipo ISIS que amenazaría de cerca a los países europeos. Como hemos dicho, cobra un precio por llevar a cabo estas funciones y cuando la situación se le vuelve ligeramente hostil, presiona con abrir la válvula de la inmigración.
En medio de esta situación, los inmigrantes marroquíes y subsaharianos son simplemente una moneda de cambio entre ambos estados. Después de recorrer miles de kilómetros, dejando atrás su tierra y su familia y después de caer bajo el control de las redes criminales que controlan los pasos por el Sáhara hacia la costa Norte africana, los inmigrantes subsaharianos quedan bajo el dominio de las fuerzas armadas marroquíes, que les reprimen con dureza, limitando sus movimientos, hacinándoles en bosques de los que no les permiten salir si no le conviene a Marruecos para presionar a España. Y si finalmente consiguen saltar la valla que separa Marruecos de Ceuta o de Melilla, se encuentran con las fuerzas represivas del Estado español que, o bien les encierran en los centros de internamiento de inmigrantes (los tristemente célebres CIEs) o les deportan directamente y sin el procedimiento legal adecuado.
Las masas desheredadas de África, que padecen en su tierra las consecuencias del control de estas por parte de las principales potencias imperialistas y de los gobiernos autóctonos aliados a estas, se encuentran, al huir, con que las mismas potencias que les mantienen en situación de guerra permanente y extienden la miseria a cada lugar de sus países, ejercen toda la presión posible sobre los estados magrebíes del Norte para que controlen los flujos migratorios y ejerzan de policía fronteriza a gran escala. El precio de esta política anti inmigratoria es la multiplicación de las muertes en los pasos fronterizos, marítimos o terrestres, de Canarias, Marruecos, Túnez, Sicilia, etc.
En España tanto la represión contra los migrantes como el despliegue del ejército en las fronteras ha corrido a cargo de la coalición progresista PSOE-Podemos. Demostración evidente de que los intereses nacionales, de entre los cuales están en primer lugar tanto el control fronterizo como el control de la población inmigrante, están por encima de cualquier gobierno es que esta coalición ha continuado exactamente con la misma política que llevó a cabo el Partido Popular durante sus gobiernos. Los ministros de Podemos y del PCE, que se escudarán sin duda en que conforman la minoría de la coalición de gobierno, siguen exactamente la misma senda que los ministros del Opus Dei del anterior gobierno popular.
Pero más allá de la continuidad con esta política, que es la que impone la clase burguesa, la militarización de Ceuta y de Melilla tiene que ver con la demostración por parte del Estado de que el orden, en cualquiera de sus aspectos, se impondrá con fuerza y sin vacilaciones allí donde haga falta. No ha pasado ni un mes desde el fin del Estado de alarma, cuando el gobierno ha vuelto a sacar al ejército a la calle enseñando a quien quiera ver que de ahora en adelante el Estado burgués no va a tener problema ninguno en solucionar este tipo de problemas de la manera más expeditiva posible.
Los proletarios tienen mucho que aprender de las lecciones que este último año está poniendo encima de la mesa. La movilización con la excusa de la pandemia, el confinamiento forzoso, el despliegue de la policía en las grandes ciudades de la manera más intimidatoria posible, la prohibición de desplazamientos, reuniones, etc. y ahora la militarización de las fronteras muestran que el Estado burgués no tiene repararos en emplear toda la fuerza de la que dispone a la hora de afrontar cualquier situación que ponga mínimamente en riesgo el orden social.
Los sacrificios que, sin duda alguna, la burguesía exigirá a los proletarios en España irán acompañados de medidas represivas fortísimas. De la misma manera que se ha podido ver al presidente del Gobierno utilizar el mismo discurso militarista que suele utilizar el presidente de Ceuta, veremos a todas las fuerzas del Estado volverse contra la clase proletaria con el mismo discurso que hoy utiliza la extrema derecha. Si los proletarios no aceptan sin rechistar las medidas que con toda seguridad se impondrán a partir de septiembre (reforma de las pensiones, reforma laboral, etc.) la respuesta de la clase burguesa no será tan condescendiente como pudo ser hace diez años con el movimiento 15M. Hoy la situación social es mucho más tensa, incluso para esta burguesía, y su margen de maniobra mucho menor en consecuencia. El endurecimiento del Estado, el auge de la extrema derecha, el desarrollo por parte del gobierno de izquierdas de medidas punitivas contra la población, forman parte de un ensayo con el que la burguesía saca músculo y muestra a los proletarios el futuro que les espera si no toleran cualquier medida que les venga impuesta para favorecer la recuperación de la economía nacional.
Frente a esto, la clase proletaria debe sacar las lecciones oportunas. Debe romper con la ilusión de que la política de colaboración entre clases que defienden especialmente los partidos como Unidas Podemos, PSOE, Esquerra Republicana o Bildu, representa una posibilidad para sortear los males propios de la sociedad capitalista. Sólo la lucha de clase, en defensa de sus propios intereses, a través de medios y métodos clasistas, puede darle a la clase proletaria una mínima posibilidad de victoria frente a la tremenda fuerza que la burguesía está dispuesta a utilizar contra ella.
¡Fuera los militares de las fronteras!
¡Solidaridad de clase con los inmigrantes retenidos por el Estado español!
¡Por el retorno del proletariado al terreno de la lucha de clase!
Partido Comunista Internacional (El Proletario)
18/05/2021.
[MADRID] Ante la militarización de la frontera en Ceuta: CONCENTRACIÓN - viernes 21 mayo 19H, Tso de Molina
¡NI CIES NI FRONTERAS NI NACIONES!
La situación en Ceuta es el resultado de las tensiones entre los estados español y marroquí, mostrando la auténtica cara del capitalismo y los estados como traficantes de nuestras vidas. El sistema no tiene
escrúpulo alguno en edificar alambradas y checkpoints, levantar muros y cárceles para personas migrantes como los CIES, campos de refugiados regidos por dura bota militar, y todo ello rodeado de la más alta tecnología, custodiada por cuerpos policiales y, cuando se tercie, militares. Nada como la democracia para gestionar el racismo y la xenofobia. Todo ello para regular el flujo de capital humano, es decir, la población forzada a desplazarse en las rutas migratorias mundiales, fruto de las guerras, la represión y la miseria de las que los estados y el capitalismo son directamente responsables. Sin olvidar la imperante necesidad de la clase empresaria de obtener una mano de obra barata a la que explotar.
Este caldo de cultivo, de tensión imperialista entre los estados, es ideal para el nacionalismo, y en consecuencia, para la extrema derecha. Estas fuerzas intentar inculcar el odio entre las personas pobres y explotadas contra sus hermanos y hermanas de otros regiones para que no identifiquemos a nuestro auténtico enemigo, que no es otro que el sistema. Por su parte, el gobierno progresista hará lo de siempre, proteger los intereses del capital y mercadear con las vidas de las personas migrantes.
Hacemos un llamamiento a salir a la calle, en solidaridad con las personas migrantes, y sobre todo, con sus luchas. Porque hemos visto como se rebelaban en motines en los CIES. Porque hemos visto como se rebelaban en los campos donde les tienen encerradxs en Canarias, y resistían a la represión policial con la vergonzosa complicidad de Cruz Roja. Porque hemos visto como las trabajadoras temporeras, muchas migrantes, se enfrentaban a sus patrones y a las condiciones de explotación en plena pandemia. Porque hemos visto como los chavales, deshumanizados y tildados de MENAS, se defendían con uñas dientes frente a ataques fascistas. Porque hemos visto como se generan redes de apoyo mutuo y solidaridad frente al acoso policial en las redadas racistas. Porque nos une el odio a la policía y sus constantes abusos contra todxs nosotrxs, que se dan tanto aquí como en la frontera de Ceuta.
Hacemos un llamamiento para salir a la calle contra las guerras y la tensión imperialista entre los estados y su macabro juego geopolítico,
Hacemos un llamamiento a salir a la calle contra el repunte militar de la frontera en Ceuta y el estrecho.
Un llamamiento a salir a la calle contra las fronteras y el capitalismo que las necesita.
¡Solidaridad y lucha!
¡Ni guerra entre pueblos, ni paz entre clases!
Convoca: Algunas solidarias internacionalistas
Viernes 21 de mayo. 19H. Tirso de Molina. <M> Tirso de Molina
Ante la militarización de la frontera en Ceuta:
CONCENTRACIÓN:
¡Ni guerra entre pueblos, ni paz entre clases!
¡NI CIES NI FRONTERAS!
Convoca: Algunas solidarias internacionalistas
Denuncia ante la Fiscalía Genral del Estado por la muerte de 14 personas que intentaban llegar a las costas de Ceuta desde Marruecos
Un grupo de ONG entre las que se encuentra Saltando Charcos hemos presentado una denuncia penal ante la Fiscalía General del Estado para que abra una investigación y que se depuren responsabilidades tras la muerte de 14 personas mientras intentaban alcanzar a nado las costas de Ceuta desde Marruecos.
Remolcados hasta Marruecos
Iniciativas para la Inserción Social y Laboral
PRIMERO.- El pasado día 6 de Febrero, unas 300 personas migrantes, todas ellas de origen subsahariano, trataron de acceder a España. Estas personas intentaban acceder a la playa de “Tarajal” aprovechando la marea baja provistos de flotadores neumáticos, chalecos salvavidas y rudimentarios chalecos hechos con botellas de agua para evitar el hundimiento. Según el relato proporcionado por los supervivientes, cuando se encontraban en el agua, funcionarios de la Guardia Civil apostados en la playa de Ceuta han comenzado disparar material antidisturbios entre otros balas de goma, de fogueo y gases lacrimógenos.
Uno de los supervivientes (...) Cuenta con precisión como salieron unas 300 personas,
que habían preparado la entrada con salvavidas y neumáticos para flotar, que salieron sobre las 1:00 de su campo y llegaron a “la desviación” –como conocen ellos el acceso a la frontera- sobre las 7 de la mañana. Que él fue de los primeros en entrar en el agua. Refiere que “la tentativa comenzó sobre las siete de la mañana” cuando se encontraba cerca de la playa española y la Guardia Civil comenzó a lanzar pelotas de humo y gases lacrimógenos.
Inicialmente las balas “de caucho” según las describen los supervivientes, se lanzaban al aire, disparaban arriba, pero al ver que seguían entrando personas en la zona española, que seguían avanzando, que en el mar había muchas personas, han comenzado a
lanzarlas al agua.
Este superviviente narra como él mismo fue golpeado por una bala en la espalda y por otra en la cabeza. Cuando salió del agua una mujer Guardia Civil – a la que podría reconocer si volviera a verla- le obligó a ponerse de rodillas golpeándole con las defensas de goma. Estos golpes le causaron lesiones en la boca, dientes y el muslo. Mientras estaba detenido en la playa vio las balas de goma impactar contra las cabezas y flotadores de tres de sus
compañeros y como con posterioridad otros guardias civiles lanzaban también gases lacrimógenos, señalando que “el gas te termina matando”, dado que dificulta la respiración, aturde y entonces los heridos “bebían agua” en referencia a que perdían el conocimiento y
se ahogaba en el mar. (...)
Con posterioridad él junto con otras personas que fueron arribando a la costa fueron devueltas por la misma puerta y entregados a la policía marroquí. Una vez ya en territorio marroquí vio como iban sacando los cadáveres en la playa. Los cuerpos estaban en el lado marroquí. Los iban sacando del agua otros compañeros que estaban en la playa y que sabían nadar. Este testigo explica que había un barco de la guardia civil en el agua. A bordo de ese barco una persona, con un palo largo, iba empujando a los heridos, supervivientes y cadáveres al lado marroquí, para evitar que alcanzaran la costa española, explicando como si insistían en dirigirse a la costa española “te golpeaba en la cabeza”. (...)
otros siete, procedentes de Camerún y Costa de Marfil en la morgue Rincón.
Dos de los supervivientes, han acudido el sábado 8 de Febrero de 2014 a las morgues de los hospitales con la finalidad de poder reconocer los cuerpos de sus compañeros y avisar a las familias. (...)
(...) Otros cinco cadáveres quedaron en el mar. Uno de ellos llegó a la costa ceutí por efectos de las mareas el día 8. Cuatro de ellos hallados el día 9 junto al espigón de Ceuta. A resaltar que desde el día siete ambas autoridades conocían de la existencia de estos
cuerpos en el agua, pero no habían procedido a su rescate".




