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CONTRA LA MANIPULACIÓN POLÍTICA
Las últimas noticias aparecidas en prensa (último cero y medios locales) sobre que "LOS VECINOS" (sic) del 29 de octubre exigen que comiencen las obras ESTÁN DANDO PÁBULO A UNA MANIPULACIÓN de gran calibre que no estamos dispuestos a tolerar.
NO defendemos al ayuntamiento -ese no es nuestro papel-, pero sí DEFENDEMOS A LOS HABITANTES Y A LXS VECINXS, A TODXS LXS VECINOS, y no vamos a hacer el juego a quienes pretenden confundir en estos momentos con manipulaciones burdas y un discurso rayano en la xenofobia y el racismo.
Estamos porque las obras se hagan bien y para eso las prisas no son buenas.
Los plazos están claros, los habitantes lo saben. Se ha comenzado por un bloque, luego se ha seguido por otro, y el resto empezarán en breve según se ha dicho. ¿Por qué ahora estas prisas?
LA SINCERIDAD ES NUESTRA HERRAMIENTA, le joda a quien le joda:
Hay gente, vecinos algunos (pero otros no) que participan de la Coordinadora contra el narcotráfico y sus alrededores, que tienen un problema con los gitanos. Nosotros no.
Tenemos un problema, y muy serio, con quien trafica con drogas duras en nuestro vecindario. Y no lo toleramos ni lo vamos a tolerar. Pero para la gente que ha convocado el problema no está en que las obras "no hayan empezado" (porque han empezado y es evidente, solo hay que pasar por Faisán o Cigüeña) sino en que no se va a producir la "limpieza" que ellos quieren. Por eso hablan de que viven "en la basura". Si realmente vivieran en el 29 de octubre, dirían que viven en la miseria, con humedades, con pobreza, sin recursos,... ¿¡pero en la basura?? ¿A qué llamáis basura? ¿A la que vosotros mismos bajáis a esas calles para que parezca más?
Hay un problema real de recogida de basura en este barrio y de falta de civismo. Cierto. Pero eso no se combate echando a la gente que no te gusta (que es lo que quieren estos), sino con educación, con trabajo, con mejores sueldos, con más servicios sociales, con más lucha y más implicación vecinal en el barrio. Y con un servicio de recogida de basura eficiente que trabaje en la Zona Este igual que en el Centro. Cosa que, la verdad, ha sido más rara que otra cosa. Porque todos sabemos que el problema real es UN PROBLEMA DE CLASE. Pero en vez de juntar a la clase, a los proletarios y excluidos, VOSOTROS SEMBRÁIS LA DIVISIÓN CON VUESTRO POLITIQUEO Y VUESTRA DEMAGOGIA de mierda.
Por eso, nosotrxs, ANTICAPITALISTAS y DESCONTENTXS DE PAJARILLOS, que hemos sido los primeros en denunciar la situación del 29 de octubre y todo lo que supone que las obras no empiecen (y así lo hicimos en junio cuando se debían aprobar los presupuestos que ahora se están empeando a ejecutar mediante un documental que muchos vecinos han podido ver a estas alturas), no apoyamos en ningún caso ni vamos a asistir a la concentración convocada mañana en la plaza mayor ni a ninguna protesta que pretenda fomentar el racismo y la división entre el vecindario. Mirad a ver en InmoEsgueva, que seguro que hay uno que os apoya.
BASURA ES EL FASCISMO. BASURA ES EL RACISMO.
BASURA ES LA MANIPULACIÓN MEDIÁTICA E INFORMATIVA.
BASURA SON LOS POLÍTICOS RECUPERADORES.
Anticapitalistas de Pajarillos
Informaciones anteriores y otros:
> Documental EN LAS AFUERAS, sobre Pajarillos y el 29 de octubre: http://valladolorenlosaudiosyvideos.blogspot.com.es/2017/06/valladolid-documental-en-las-afueras.html
> Amplio respaldo vecinal a la reforma del 29 de octubre: http://valladolorentodaspartes.blogspot.com.es/2017/06/valladolid-amplio-respaldo-vecinal-la.html> Las asociaciones discrepan sobre la rehabilitación: http://valladolorentodaspartes.blogspot.com.es/2016/02/valladolid-las-asociaciones-de.html
> Preguntas sobre la rehabilitación urbana del 29 de octubre: http://valladolorentodaspartes.blogspot.com.es/2015/10/valladolid-preguntas-sobre-la.html
> Resumen de la concentración: http://ultimocero.com/noticias/2017/09/27/los-vecinos-del-29-de-octubre-protestan-ante-el-ayuntamiento-por-el-retraso-de-las-obras-de-rehabilitacion/
¿La semilla de los huertos vecinales en Valladolid comienza a enraizar?
El
Ayuntamiento y las asociaciones de vecinos ‘La Unión’, de Pajarillos, y
‘Los Comuneros’, de La Victoria, han firmado un acuerdo para la
oficialización de los huertos ecológicos que los vecinos llevan tiempo
autogestionando. Tras el 15 M, algunxs vecinxs de Valladolid se lanzaron a okupar huertos ecológicos autogestionados en parcelas que el Ayuntamiento tenía abandonadas. En principio, estas iniciativas surgieron un poco en varios barrios (La Rondilla, Pajarillos, La Victoria, Parquesol...).En algunos de estos barrios la iniciativa venía comandada por las asociaciones de vecinos.
Sigue la noticia en prensa:
"Es el caso de ‘Los Comuneros’, de La Victoria, y de ‘La Unión’, de Pajarillos, que este jueves han firmado convenios con el Consistorio para legalizar los huertos y darles rango oficial. Unos acuerdos, que tienen dos años de vigencia y que autorizan al vecindario a ocupar unos solares abandonados para crear huertos urbanos de carácter comunitario y con diferentes actividades sociales, educativas o culturales.
“Con esta firma formalizamos una situación que tenía que haberse hecho hace mucho tiempo”, ha explicado María Sánchez, concejal de Medio Ambiente, quien considera que ambas asociaciones realizan una labor social y ecológica “encomiable”.
La edil ha puesto de relieve que la labor vecinal en estos huertos ecológicos “va más allá” del autoconsumo y la agroecología, sino que realizan una labor educativa y social en los barrios. “Es una forma de hacer ciudad desde los propios vecinos”, ha matizado Sánchez, que ve en esta firma como “símbolo del nuevo Ayuntamiento para acercar posturas con los colectivos y personas que trabajan de manera desinteresada y altruista por la ciudad”.
Una situación que también reconoce Santiago Campos, de la ‘Huerta sin puerta’ de la Asociación de Vecinos ‘Los Comuneros’ al afirmar que con esta firma “nos sentimos un poco más Ayuntamiento y el Ayuntamiento se siente un poco más vecino”.
Y es que con este convenio se reconoce el trabajo de los desinteresados hortelanos durante años, así como la conversión de espacios abandonados en lugares de encuentro entre vecinos. “Se fomenta la convivencia vecinal”, ha afirmado, además de que demuestra que “tenemos capacidad de autogestionar y de actuar para mejorar el espacio urbano”.
Los convenios acuerdan que los vecinos deben velar por el cuidado y correcta conservación del solar, asegurándose de adoptar todas las medidas de seguridad que sean necesarias para garantizar la seguridad de las personas y del material y las que fueren requeridas de acuerdo a la normativa vigente.
Mientras que las obligaciones del Ayuntamiento se circunscriben a facilitar una toma de agua de riego, con el compromiso de los usuarios de utilizarlo con eficiencia.
Como ha explicado María Sánchez, la idea es que estos convenios se hagan también efectivos con las asociaciones de vecinos de Rondilla, Villa del Prado y del barrio Belén. En el caso de las dos últimas, los terrenos que ocupan son propiedad de la Diputación, en el primer caso, y de la Universidad de Valladolid, en el segundo. Por ello, desde el Ayuntamiento mandará este convenio firmado hoy para ver si ambas administraciones aseguran esa utilización ecológica de los terrenos.
A su término, los vecinos de ambos barrios se comprometen a dejar expeditos los solares en el plazo de un mes.
[NdR]
Siempre nos quedará la huerta...
Más allá de la repugnante glorificación de la ciudadanía, la democracia y lo bonito que es todo, debemos denunciar este proceso públicamente por lo que nos atañe y por lo que en él, o en paralelo, se ha desarrollado desde hace un tiempo. La práctica de la okupación de terrenos y solares para huertas colectivas (o parques socializados) es extensa y se viene extendiendo más desde la crisis "griega"... por eso es importante subrayar lo que supone esta legalización en términos de derrota.
Lo que se ha producido con estas legalizaciones, ni más ni menos, es el final de un proceso que en algunos momentos pudo aportar algo al tejido subversivo y anticapitalista en Valladolid. La recuperación de estos espacios mediante su legalización antecede a su liquidación definitiva. Más allá de que sigan funcionando dos, cuatro o cuatro cientos años lo que ya no son es una práctica autogestionada y comunal frente al capitalismo y su crisis.
La represión pudo con las okupaciones para centros sociales, durante un tiempo... pero la integración, la legalización, acaba con ellos definitivamente:
"Una idea terrible, que no nos deja dormir por las noches, ronda por nuestras cabezas. Y es que en algunos casos las okupaciones sean permitidas antes que desalojadas para que la gente esté concentrada en un lugar, ya que si estuviese dispersa sería más difícil de controlar. Puede ser una forma de tener a la gente tranquila permitiéndole un lugar donde reunirse, que la 'peña' se contente con un espacio... y poder desahogarse los fines de semana al mismo tiempo que se crea la ilusión de estar resistiendo". [Todo lo que pensaste sobre la okupación y nunca te atreviste a cuestionar. Contra la legalización de los espacios okupados].
Igual que sucedió en ciertos ejemplos en la Argentina, con el proceso de legalización de las okupaciones de fábricas que pasaron de ser herramienta de lucha a elementos de integración en el capital y domesticación de lxs trabajadores; igual que sucedió en Italia con la legalización de espacios okupados, igual... con esto de los huertos "autogestionados"...
"A nosotrxs nos parece que las distintas okupaciones, sobre todo en las grandes ciudades, no deben buscar los favores de los partidos ni la asimilación por las leyes pues esto no conlleva más que la legitimación del poder para-institucioal que nada tiene que ver con la autogestión y su desarrollo".
Que la economía y la política vayan a la par es algo elemental. La consecuencia lógica de tal relación es que la política real ha de ser fundamentalmente económica: a la economía de mercado corresponde una política de mercado. Las fuerzas que dirigen el mercado mundial, dirigen de facto la política de los Estados, la exterior, la interior y la local. La realidad es ésta: el crecimiento económico es la condición necesaria y suficiente de la estabilidad social y política del capitalismo. En su seno, el sistema de partidos evoluciona de acuerdo con el ritmo desarrollista. Cuando el crecimiento es grande, el sistema tiende al bipartidismo. Cuando se detiene o entra en recesión, como si obedeciera a un mecanismo homeostático, el panorama político se diversifica.
El capital, que es una relación
social inicialmente basada en la explotación del trabajo, se
ha apropiado de todas las actividades humanas, invadiendo
todas las esferas: cultura, ciencia, arte, vida cotidiana,
ocio, política… Que hasta el último rincón de la sociedad se
haya mercantilizado significa que todos los aspectos de la
vida funcionan según pautas mercantiles, o lo que es lo mismo,
que cualquier actividad humana es gobernada por la lógica
capitalista. En una sociedad-mercado de éstas características
no existen clases en el sentido clásico del término (mundos
aparte enfrentados), sino una masa plástica donde la clase del
capital -la burguesía- se ha transformado en un estrato
ejecutivo sin títulos de propiedad, mientras que su ideología
se ha universalizado y sus valores han pasado a regular todas
las conductas sin distinción. Esta forma particular de
desclasamiento general no se traduce en una desigualdad social
menguada; bien al contrario, es mucho más acentuada, pero
incluso con el aguijoneo de la penuria ésta se percibe con
menor intensidad y, por consiguiente, no induce al conflicto.
El modo de vida burgués ha inundado la sociedad, anulando la
voluntad de cambio radical. Los asalariados no quieren otro
estilo de vida ni otra sociedad esencialmente diferente; a lo
sumo, una mejor posición dentro de ella mediante un mayor
poder adquisitivo. El antagonismo violento se traslada a los
márgenes: la contradicción mayor radica más que en la
explotación, en la exclusión. Los protagonistas principales
del drama histórico y social ya no son los explotados en el
mercado, sino los expulsados y quienes se resisten a entrar:
los que se sitúan fuera del “sistema” como enemigos.
La sociedad de masas es una sociedad uniformizada, pero tremendamente jerarquizada. La cúspide dirigente no la conforma una clase de propietarios o de rentistas, sino una verdadera clase de gestores. El poder deriva pues de la función, no del haber. La decisión se concentra en la parte alta de la jerarquía social; la desposesión, principalmente en forma de empleo basura, precariedad laboral y exclusión, se ceba en la parte más baja. Las capas intermedias, encerradas en su vida privada, ni sienten ni padecen; simplemente consienten. Sin embargo, cuando la crisis económica las alcanza, las tira hacia abajo. Entonces, dichos estratos, denominados por los sociólogos clases medias, salen de ese inmovilismo que era basamento del sistema de partidos, contaminan los movimientos sociales y toman iniciativas políticas que se concretan en nuevas formaciones. Su finalidad no es evidentemente la emancipación del proletariado, o una sociedad libre de productores libres, o el socialismo. El objetivo es mucho más prosaico, puesto que no apunta más que al rescate de la clase media, o sea, a su desproletarización por la vía político-administrativa.
La expansión del capitalismo, geográfica y socialmente, comportó la expansión de sectores asalariados ligados a la racionalización del proceso productivo, a la terciarización de la economía, a la profesionalización de la vida pública y a la burocratización estatal: funcionarios, asesores, expertos, técnicos, empleados, periodistas, profesiones liberales, etc. Su estatus se desprendía de su preparación académica, no de la propiedad de sus medios de trabajo. La socialdemocracia alemana clásica vio en esas nuevas “clases medias” un factor de estabilidad que hacía posible una política reformista, moderada y gradual, y desde luego, un siglo más tarde, su ampliación permitió que el proceso globalizador llegara al límite sin demasiadas dificultades. El crecimiento exponencial del número de estudiantes fue el signo más elocuente de su prosperidad; en cambio, el desempleo de los diplomados ha sido el indicador más claro de la desvalorización de los estudios y, por lo tanto, el termómetro de su abrupta proletarización. Su respuesta a la misma, por supuesto, no adopta rasgos anticapitalistas, ajenos completamente a su naturaleza, sino que se materializa en una modificación moderada de la escena política que reaviva el reformismo de antaño, centrista o socialdemócrata, pomposamente denominada “asalto a las instituciones”.
La clase media se halla en el centro de la falsa conciencia moderna por lo que no se contempla a sí misma como tal; para ella su condición es general. Todo lo ve bajo su óptica particular exacerbada por la crisis, sus intereses son los de toda la sociedad. Sociológicamente, todo el mundo es clase media; sus ideólogos se expresan en el lenguaje de cartón piedra de Negri, Gramsci, Foucault, Deleuze, Derrida, Baudrillard, Bourdieu, Zizek, Mouffe, etc. Para ellos el “gran acontecimiento”, la quiebra del régimen capitalista, es algo que nunca sucederá. La revolución es un mito al que conviene renunciar en aras de una contestación realista a la crisis que fomente la participación ciudadana a través de las redes sociales, o sea, la cacareada “dialéctica de contrapoder”, no que impulse el cambio revolucionario. Políticamente, todo el mundo es ciudadano, o sea, miembro de una comunidad electrovirtual de votantes, y en consecuencia, ha de apasionarse con las elecciones y las nuevas tecnologías. Cretinismo ideológico posmoderno por un lado, cretinismo parlamentario tecnológicamente asistido por el otro, pero cretinismo que cree en el poder. Su concepción del mundo le impide contemplar los conflictos sociales como lucha de clases; para ella aquellos son simplemente un problema redistributivo, un asunto de ajuste presupuestario cuya solución queda en manos del Estado, y que por consiguiente, depende de la hegemonía política de las formaciones que mejor la representan. La clase media posmoderna reconstruye su identidad política en oposición, no al capitalismo, sino a “la casta”, es decir, a la oligarquía política corrupta que ha patrimonializado el Estado. Los otros protagonistas de la corrupción, banqueros, constructores y sindicalistas, permanecen en segundo plano. La clase media es una clase temerosa, espoleada por el miedo, por lo que busca hacer amigos más que enemigos, pero ante todo busca no desequilibrar los mercados; la ambición y la vanidad aparecerán con la seguridad y la calma que proporciona el pacto político y el crecimiento. Al constituirse como sujeto político, su ardor de clase se consume todo ante la perspectiva del parlamentarismo; la contienda electoral es la única batalla que piensa librar, y ésta discurre en los medios y las urnas. En sus esquemas no cabe la confrontación directa con la fuente de sus temores y sus ansias -el poder de “la casta”- ya que sólo pretende recuperar su estatus de antes de 2008, reforma que pasa por la despatrimonialización de las instituciones, no por su liquidación.
El concepto de “ciudadanía” ofrece
un sucedáneo identitario allí donde la comunidad obrera ha
sido destruida por el capital. La ciudadanía es la cualidad
del ciudadano, un ente con derecho a papeleta cuyos
adversarios parece que no sean ni el capital ni el Estado,
sino los viejos partidos mayoritarios y la corrupción, los
grandes obstáculos del rescate administrativo de la clase
media desahuciada. La ideología ciudadanista, a la vanguardia
del retroceso social, no es una variante pasada por agua del
obrerismo estalinoide; es más bien la versión posmoderna del
radicalismo burgués. No se reconoce ni siquiera de boquilla en
el anticapitalismo, al que considera caducado, sino en el
liberalismo social de corte más o menos populista. Esto es así
porque ha tomado como punto de partida la existencia degradada
de las clases medias y sus aspiraciones reales, por más que se
apoye en las masas en riesgo de exclusión, demasiado
desorientadas para actuar con autonomía, y asimismo en los
movimientos sociales, demasiado débiles para creer y mucho
menos desear una reorganización de la sociedad civil al margen
de la economía y del Estado. En ese punto, el ciudadanismo es
hijo putativo del neoestalinismo fracasado y de la
socialdemocracia obstruida. El programa ciudadanista es un
programa de advenedizos, extremadamente maleable y tan
políticamente correcto que da arcadas, ideal para arribistas
frustrados y aventureros políticos en paro. Los principios no
importan; su estrategia es conscientemente oportunista, con
objetivos únicamente a corto plazo, perfectamente compatibles
con pactos que el día antes de las elecciones hubieran sido
considerados contra natura.
En ningún programa ciudadanista figurarán la socialización de los medios de vida, la autogestión generalizada, la supresión de la especialización política, la administración concejil, la propiedad comunal o la distribución equilibrada de la población en el territorio. Los partidos y alianzas ciudadanistas se proponen simplemente un reparto de ingresos que amplíe la base mesocrática, es decir, pugnan por unos presupuestos institucionales que detengan las privatizaciones, eliminen los recortes y reduzcan la precariedad laboral, sea por la creación de pequeñas empresas, o por la cooptación de una mayoría subempleada de titulados en las tareas administrativas, intenciones que no son nada rupturistas. No llegan a la arena política como subversivos sino como animadores; lo de cambiar la constitución de 1978 no va en serio. Todavía no han puesto el pie en el ruedo y ya exhiben realismo y moderación a raudales, enarbolando la bandera monárquica y tendiendo puentes a la denostada “casta”. Son conscientes de que una vez consolidados como organizaciones y en posesión de un capital mediático suficiente, el paso siguiente será una gestión de lo existente más clara y eficaz que la anterior. Ninguna medida desestabilizadora les conviene, pues los líderes ciudadanistas han de demostrar que la economía se desenvolverá menos críticamente si son ellos quienes están al timón de la nave estatal. Forzosamente han de presentarse como la esperanza de la salvación por la economía, por eso su proyecto identifica progreso con productividad y puestos de trabajo, o sea, es desarrollista. Persigue entonces un crecimiento industrial y tecnológico que cree empleos, redistribuya rentas y aumente las exportaciones, bien recurriendo a reformas del sistema impositivo, bien a la explotación intensiva de los recursos territoriales, incluido el turismo. Lo de menos es que los empleos sean socialmente inútiles y respondan a necesidades auténticas. El realismo económico manda y completa al realismo político: nada fuera de la política y nada fuera del mercado, todo para el mercado.
El relativo auge del ciudadanismo, con sus modalidades nacionalistas, viene a demostrar el deficiente calado de la crisis económica, que lejos de sacar a la luz las divisiones sociales y sacar a la luz las causas de la opresión, dando lugar a una protesta consciente y organizada que se plantee la destrucción del régimen capitalista, ha permitido a otros disimularlas y oscurecerlas, gracias a una falsa oposición que lejos de cuestionar el sistema de la dominación lo apuntala y refuerza. Una crisis que se ha quedado a mitad de camino, sin desencadenar fuerzas radicales. No obstante, las crisis van a continuar y a la larga sus consecuencias no podrán camuflarse como cuestión política y terminarán emergiendo como cuestión social. Todo dependerá del retorno de la lucha social verdadera, ajena a los medios y a la política, recorrida por iniciativas nacidas en los sectores más desarraigados de las masas, aquellos que tienen poco que perder si se deciden a cortar los lazos que les atan al destino de la clase media y bajan de su carro. Pero dichos sectores potencialmente antisistema hoy parecen agotados, sin fuerzas para organizarse autónomamente, incapaces de erigirse en sujeto independiente, y por eso el ciudadanismo campa a sus anchas, llamando suavemente a la puerta de los parlamentos y consistorios municipales para que le dejen entrar. Esa es la tragicomedia de nuestro tiempo.
Argelaga,
30 de abril de 2015.
[Valladolid] SOBRE el uso del espacio público...CULTURA de Cortijo... o de cómo convertir las ideas alternativas en oficiales y oficialistas
Recibimos y publicamos.
LAS CALLES NO SON DE NADIE
SU USO ES COSA DE TODAS
Las calles no son de nadie, su uso es cosa de todas. Los espacios públicos no deberían ser, incluso por definición, un lugar de exclusividad y manipulación.
Algunas de las que pasamos nuestro tiempo en el asfalto de esta ciudad nos preguntamos hasta qué punto una institución pública, un negocio o un individuo pueden ser capaces de hacerse con el control de los espacios que todas necesitamos y queremos utilizar. Nos lo cuestionamos cada vez que los cuerpos policiales interrumpen la creatividad de un músico para decirle “aquí no se puede tocar sin permiso”. Otra vez la represión del “orden” contra
la cultura. Otra muestra mal entendida de un “civismo” que persigue las chancletas, la música en directo o los espectáculos improvisados, bajo delirios de control, “estética” y pretensiones económicas en base a sanciones (poderoso caballero Don Dinero, ya se sabe).
Iniciativas como el Teatro de Calle o los conciertos en la calle del Día de la Música nos hacen pensar en porqué el simple hecho de que sea algo realizado al aire libre y en un espacio público tiene que ser un motivo ocasional y anunciado. Sabemos que, pese a las normativas locales, se pueden encontrar grupos de personas que no dejan frenar sus ganas de pasar un buen rato por unas restricciones estúpidas; sin embargo no debería tratarse de algunas de nosotras. Algunas de las que pasamos nuestro tiempo en el asfalto de esta ciudad nos preguntamos hasta qué punto una institución pública, un negocio o un individuo pueden ser capaces de hacerse con el control de los espacios que todas necesitamos y queremos utilizar. Nos lo cuestionamos cada vez que los cuerpos policiales interrumpen la creatividad de un músico para decirle “aquí no se puede tocar sin permiso”. Otra vez la represión del “orden” contra
la cultura. Otra muestra mal entendida de un “civismo” que persigue las chancletas, la música en directo o los espectáculos improvisados, bajo delirios de control, “estética” y pretensiones económicas en base a sanciones (poderoso caballero Don Dinero, ya se sabe).
Todas tenemos la posibilidad de disfrutar de la calle, de mostrar nuestras inquietudes y dar rienda suelta a la expresividad que alcanza un estatus especial cuando se torna en arte. Los versos en las paredes, las diálogos teatrales en las plazas y los acordes en las avenidas nos parecen una muestra humana de una ciudad viva y unos individuos que se muestran sin tapujos como lo que son, existencias sociales que necesitan expresarse y relacionarse en los lugares que siempre han sido concebidos para ello. A los intelectuales se les cae la baba elucubrando sobre las ágoras griegas de la Antigüedad y lo que han supuesto para la cultura mientras miran para otro lado cuando en las calles del lugar en el que habitan se reprimen las manifestaciones espontáneas del diálogo que entrañan el arte y la cultura.
La desobediencia es el camino cuando las leyes y sus agentes atienden a argumentos sin sentido. Sólo con acciones se producen los cambios. Es nuestra responsabilidad el no dejarnos amedrentar cuando ideamos un evento en la calle para nuestro disfrute y el de las demás, sin tenernos que conformar con programaciones aprobadas y restringidas.
La calles de nadie, la libertad nuestro anhelo,
la cultura el alimento para nuestras mentes .
También enlazamos el siguiente interesante blog en el que se cuestiona la gestión cultural oficialista a día de hoy, todo ello, aprovechando la llegada del TAC a Valladolid.
http://culturadecortijo.
En ella podeis descargaros el fanzine
y si os gusta, comentad y difundid.
Valladolor no admite comentarios
La apariencia como forma de lucha es un cancer
El debate esta en la calle, la lucha cara a cara
Usandolo mal internet nos mata y encarcela.
Piensa, actua y rebelate
en las aceras esta el campo
de batalla.
si no nos vemos
valladolorenlacalle@gmail.com


