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Esta semana se han publicado imágenes y un video con la agresión policial a porrazo limpio a unos jóvenes en el Barrio de Delicias, de Valladolid. La agresión, que según la prensa está siendo investigada internamente por el propio cuerpo nacional de policía, se produjo la pasada semana.


 

 

EL ZORRO AL CUIDADO DE LAS GALLINAS


El delegado del Gobierno en Castilla y León ha anunciado este lunes a los medios de comunicación que se está investigando en coordinación con Policía Nacional si hubo una “mala actuación policial” en una intervención el pasado jueves en el barrio de las Delicias, en Valladolid, en cuyo caso se abrirán los expedientes disciplinarios “que correspondan”.

Uno de los vecinos de la zona habría grabado la intervención, en la que hasta ocho agentes de la Policía Nacional retuvieron a unos jóvenes, de origen magrebí a los que agreden a porrazos posteriormente. En el video se aprecia como dos policías, especialmente uno de ellos, golpean con las porras a los jóvenes sin ningún tipo de provocación previa. En ese momento, los chicos no presentaban resistencia y permanecían quietos, según se ve en el vídeo. El resto de agentes se mantuvieron quietos durante los golpes que propinaban sus "compañeros".

 Los hechos sucedieron en la Avenida de Segovia, en el barrio de las Delicias de Valladolid. En el vídeo, difundido a través de las redes sociales, se escucha a uno de los agentes interpelando a los chicos con frases como: “¿Qué te pasa?”, “¡Me cago en tu puta madre!” y ¡Tú te callas!“. El mismo agente gritó a los transeúntes que pasaban por la zona: ”Tirad para allá“.

El Sindicato Unificado de Policía (SUP) ha defendido, como no podía ser menos, la actuación policial. Fuentes de esta organización policial se han justificado asegurando que han existido reiterados enfrentamientos entre bandas y que una llamada alertó de que se estaban agrediendo de nuevo con armas blancas, por lo que los agentes tuvieron que mantener la guardia. Nada de esto se desprende de las imágenes ni del video que está circulando. Las imágenes conocidas no muestran los supuestos incidentes previos y sí una ausencia total de provocación por parte de los jóvenes antes de ser agredidos repetidamente. El recurso a "las bandas" no deja de ser una cortina de humo y un espantajo que intenta justificar la violencia policial y el racismo institucional que estos hechos muestran.


LA VIOLENCIA QUE NO CESA

La brutalidad policial que acabamos de ver no es una excepción, obra de "ovejas negras" o de "elementos violentos"; es la consecuencia inevitable de la defensa del sistema capitalista; puesto que éste se basa en la explotación de la mayoría, el mantenimiento del orden burgués exige una represión constante de todos aquellos que puedan amenazar o desafiar esta explotación, de todos aquellos que representan una amenaza al menos potencial para el orden establecido. Estos hechos son una muestra de la "violencia en acto", pero la violencia en potencia y la coerción son la norma permanente y perpetua que estructura toda esta sociedad.

En períodos de prosperidad económica y de calma social, esta represión, aunque siempre presente y violenta, aparece esporádicamente. La democracia, que es el sistema político más adecuado al orden burgués porque enmascara la lucha de clases, presenta entonces un rostro pacífico y relativamente "benévolo". Pero en tiempos de crisis y de intensificación de las contradicciones capitalistas, la democracia revela su verdadero rostro al servicio exclusivo de la dominación capitalista: la represión se manifiesta abiertamente, adquiriendo un carácter sistemático, cada vez más violento y "arbitrario".

Este "giro" se manifiesta así mismo en el recrudecimiento de las medidas contra los inmigrantes y los solicitantes de asilo, señalados como chivos expiatorios por la opinión pública. Así, no es de extrañar que ante episodios de violencia policial, los voceros y defensores del sistema pongan el grito en el cielo contra los inmigrantes, justificando la violencia policial porque "algo habrían hecho".

La burguesía es la clase que ha fusionado ideológicamente el concepto de supremacía intelectual y civil sobre todas las demás clases sociales con el privilegio "natural" de ser la clase que ha superado las condiciones de vida primitivas y bárbaras gracias a la técnica, la industria, la innovación y los descubrimientos científicos. Esta supremacía, este privilegio, se basa en un modo de producción -el capitalismo- fundado en la más moderna forma de la esclavitud: la esclavitud asalariada, en la que la mayoría de la población se ve obligada a vender su fuerza de trabajo y su cuerpo para sobrevivir: Esclavitud que arrastra tras de sí todas las formas más abyectas de las sociedades anteriores, demostrando que la sociedad capitalista, en términos de relaciones entre seres humanos, es la más deshumanizadora e inhumana de todas las sociedades de clases.

El racismo que la burguesía alberga hacia la clase proletaria, hacia la "raza" de los asalariados, explotados con el único fin de producir beneficios antes de ser desechados cuando ya no son explotables, no ha sustituido al racismo de las anteriores clases dominantes: la nobleza, el clero, los señores feudales o los esclavistas de la antigüedad, sino que se ha sumado a él.

El racismo contra los negros, como contra los judíos, los indios, los latinos y los asiáticos, tiene una larga historia. El modo de producción capitalista moderno, que ha revolucionado el mundo, tiene sus raíces históricas en Europa, en Italia, España, Inglaterra, Francia, Alemania; pueblos blancos que, con el desarrollo de la industria a gran escala, colonizaron el mundo y subyugaron a los pueblos de todos los continentes. Y mientras dure el capitalismo, también durarán los mitos del individuo, del gran jefe, del líder supremo, del capitalista hecho a sí mismo, y el racismo continuará en todas sus formas, siempre determinadas por las necesidades económicas, políticas, sociales y culturales de la época.

Para eliminar el racismo, que hunde sus raíces en la estructura económica y social de la sociedad burguesa, es necesario eliminar el modo de producción sobre el que se desarrolla, empezando no por la cultura y la "conciencia", que son meros reflejos de la estructura económica y social capitalista, sino por la lucha de clases proletaria en la que el elemento decisivo es la condición común de los asalariados, por encima de todas las diferencias de origen, sexo, raza o nacionalidad. 

La única manera de derrotar todas las formas de racismo es luchar contra la clase burguesa dominante, sea cual sea su color de piel, su raza o su país de origen, porque ella es la beneficiaria de toda opresión, de todo racismo, de toda esclavitud.

La respuesta a la agresión policial, a la brutalidad y al crimen sólo puede ser eficaz si se lleva a cabo independientemente de las orientaciones de los partidarios de la conciliación social, agentes de la colaboración entre las clases. Sólo una lucha clasista y claramente anticapitalista puede hacer retroceder al gobierno y a la burguesía movilizando a los proletarios. Esto vale tanto para la defensa contra la violencia policial como para la defensa de los salarios, la lucha contra los despidos y la represión contra los solicitantes de asilo y los sin papeles.

          Con nuestrxs hermanxs DE CLASE, contra la violencia policial y sistémica

 

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MÁS INFORMACIÓN:

- VER VIDEO: https://x.com/FonsiLoaiza/status/1818017424429744619

- https://www.elnortedecastilla.es/valladolid/varios-policias-nacionales-investigados-agredir-jovenes-magrebies-20240729182306-vi.html

 


Policías infiltrados. La peor de las traiciones


La noticia de que personas a las que conocíamos, en quien confiábamos, con quien trabajábamos conjuntamente y a quien hemos apreciado, no son quien creíamos que eran, ha conmocionado a mucha gente de nuestro entorno.

Esto significa que, para algunas personas, algunas de sus relaciones íntimas no eran lo que parecían, lo cual supone una enorme traición personal.

Hay quien no conocía a los policías infiltrados tan de cerca o quien ni siquiera ha tenido el mínimo contacto con ellos. Pero la noticia puede seguir teniendo un gran impacto: a nivel personal, grupal y en cuanto a movimiento.

Este texto pretende poner de relieve la amplia gama de impactos que puede tener descubrir de la existencia de policías infiltrados en nuestros entornos. Es evidente que cada unx de nosotrxs teníamos diferentes relaciones con los topos policiales. Además, también tenemos nuestras propias historias de vida particulares, antecedentes y personalidades diversas. Esto implica que las noticias también nos pueden afectar de manera diferente.

No pretendemos vender soluciones fáciles sobre qué respuesta se tiene que dar, pero sí aportar información básica para reconocer las formas en que nos podemos sentir después de un suceso como este. A la vez que ofrecer nuestro reconocimiento, validación y apoyo a las personas afectadas.

También agradeceríamos cualquier aportación sobre cómo podemos ofrecer un mejor apoyo sobre este tema.


  1.  ¿Qué repercusiones puede tener para nosotrxs el descubrimiento de policías infiltrados?

Puede afectarnos de varias maneras. Para muchas personas, la noticia representa una pérdida (de fe, de confianza, de amistad...). Al igual que con otras formas de pérdida, como un duelo, el fin de una relación, la disolución de un colectivo o cuando se acaba un proyecto, podemos pasar por una serie de etapas. En este sentido, nuestros sentimientos cambiarán a medida que pase el tiempo, transitando diferentes estados emocionales.

Podremos identificar:

-Sentir tristeza, ganas de llorar
-Sentir vacío, entumecimiento, apatía
-No creer realmente lo que ha ocurrido
-Sentir enfado, con los infiltrados, contigo mismx o con tus amistades por no haber sospechado. O, si sospechaste o sospechasteis, por no haber hecho nada al respecto.
-Sentir una carga de responsabilidad, cuestionarse a unx mismx y nuestras acciones, o responsabilizar de lo ocurrido a otras personas.
-Sentir vergüenza o culpa.
-Sentir ansiedad o miedo por el futuro. O preocupación por lo que pueda saber ahora la policía sobre ti.

Con la noticia de estas traiciones generalizadas y la conciencia de que, probablemente, haya más policías encubiertos en nuestros movimientos, también puede ser difícil generar confianza con en el resto de la gente. Es posible que desconfiemos lxs unxs de lxs otrxs y, sobre todo, de las personas nuevas que llegan a nuestros espacios. Puede que tendamos a encerrarnos en nuestras propias organizaciones o, incluso, que nos hayamos alejado por completo de la actividad política.

También podemos sentirnos disconformes con la manera en que algunas personas estén abordando lo sucedido. Por ejemplo, hablando con los medios de comunicación y emprendiendo acciones legales; o por no estar haciendo este tipo de cosas. Esto puede generarnos aún más división. Debemos entender que estas respuestas nos afectarán de distinta forma y que lxs compañerxs que estaban en el entorno más cercano de los infiltrados puede tener necesidades y deseos diferentes de quien los conocían menos.

También pueden invadirnos otros sentimientos más positivos, que también son normales y están genial. Por ejemplo, puedes alegrarte de que se haya conseguido descubrir a los infiltrados, de que la noticia haya trascendido a los medios de comunicación o de que se hayan hecho públicas las tácticas de la policía.


  1. ¿Qué podemos hacer?

Los sentimientos que experimentamos son normales: es importante aceptarlos y ser amables con nosotrxs mismxs. Esto puede significar tomarse un tiempo de descanso o buscar tiempo para relajarse. Al igual que ante cualquier tipo de situación estresante, es importante mantener prácticas saludables: hacer ejercicio, alimentarse adecuadamente e intentar dormir lo suficiente. Si notas que te está costando confiar en la gente, ten cuidado: puedes llegar a aislarte. Piensa si hay alguien con quien puedas hablar de cómo te sientes. Es posible que otras personas estén sintiendo lo mismo que tú en algunas ocasiones. Intenta pasar tiempo en compañía, quizás realizando actividades livianas. Sobre todo, permítete gritar y llorar cuando lo necesites.

Mucha gente fue engañada por Marc, Dani, Ramón... y otros policías infiltrados. Tenemos que entender que no es nuestra culpa. Eran personas con un entrenamiento profesional que llevaban una doble vida y trabajaron duramente para engañar y ganarse la confianza de la gente. Ten cuidado con los pensamientos del tipo "debería" o "tendría que": "debería haberme dado cuenta", "tendría que haberlo sabido" o "debería haber levantado sospechas". Intenta tratarte de forma justa. ¿Qué le dirías a una persona a la que quieres si pensara así?

Para algunxs de nosotrxs, no es la primera vez que se ha quebrantado nuestra confianza. La noticia puede ser especialmente difícil de asimilar si te recuerda a experiencias difíciles del pasado o si hay otros momentos de tu vida en los que te has sentido amenazadx. Si esto te está poniendo las cosas especialmente difíciles, intenta encontrar a alguien con quien hablar de ello.

Si conoces a alguien que se haya visto afectado por la infiltración policial, intenta entender que puede estar experimentando cualquiera de las emociones enumeradas anteriormente y dale espacio para que se exprese y comparta sus sentimientos. Pregúntale qué necesita y respeta sus deseos en cuanto a cualquier acción legal, política o mediática que desee emprender. Probablemente no haya una única respuesta correcta sobre cómo responder en estos casos, pero es importante no aislarnos aún más, aunque no estemos de acuerdo con las tácticas del resto. Tenemos que encontrar el equilibrio entre tener un debate abierto y llegar a acuerdos colectivos sobre cómo dar una respuesta a lo ocurrido y permitir la privacidad a quien la necesite. Algo difícil de conseguir cuando se trata de un tema tan emotivo y que afecta a personas de todo el mundo.

La realidad es que la policía persigue a los movimientos políticos y disidentes. Eso supone un riesgo para nuestra propia seguridad, tanto en el presente como de cara al futuro. Sin embargo, es valioso sopesar los riesgos y los beneficios de las medidas de seguridad que tomemos. Esto también depende de lo que estemos haciendo y de la naturaleza del grupo del que formemos parte o la tarea que estemos realizando. La mayoría de las personas con las que nos cruzamos no son espías de la policía. Una cultura de la sospecha puede tener un impacto más negativo en nuestros movimientos que el hecho de que la policía tenga información privilegiada.


  1. ¿Qué recursos de apoyo conocemos?

Si tú o alguien de tu entorno estáis sufriendo angustia como resultado de la infiltración policial, puede ser útil hablar con alguien que no sea de tu círculo más íntimo. Ir a terapia o recibir acompañamiento psicológico puede ser útil. Sin embargo, puede resultar complicado encontrar ayuda acudiendo a servicios y recursos más convencionales, a quien puede resultarles difícil comprender tus circunstancias o entender tu nivel de compromiso en el activismo. 

Unx buenx terapeuta no debería caer en el juicio y debería ser capaz de ayudarte independientemente del contexto.  Sin embargo, esto no siempre ocurre.

Desde Heura Negra conocemos algunas organizaciones y profesionales de confianza que pueden dar apoyo terapéutico y emocional si lo necesitas, tanto a nivel individual como colectivo (algunos de estos recursos suelen tener un coste económico, lo cual sabemos que puede ser una limitación que se ha de tener en cuenta). Podemos ayudarte poniéndoos en contacto.

Esta propuesta también va dirigida a las personas que dan apoyo a las personas afectadas más directamente. Es importante cuidar a quienes cuidan. Así que, si esto te interpela, no dudes en escribirnos si también lo necesitas.

Puedes contactarnos por correo electrónico, escribiendo a heuranegra@riseup.net

Cuidémonos entre nosotres todo lo que nunca lo hará el estado.

(A)



Autoría original: Activist Trauma Support: https://www.activist-trauma.net/assets/files/ats_police_infiltrators.pdf

Traducción y adaptación por Heura Negra


Más informaciones:

> Nuevo caso descubierto en Madrid
(https://www.elsaltodiario.com/policia/identifican-una-agente-policia-infiltrada-movimientos-sociales-madrid),

> Contra el espionaje sin escrúpulos: 




CONVOCATORIA A TODOS LOS PROYECTOS AFINES CONTRA EL ESPIONAJE SIN ESCRÚPULOS

 

El pasado lunes 30 de enero nos enterábamos a través del semanario La Directa de una infiltración de un agente de la Policía Nacional en nuestros círculos. Una de sus estrategias para conseguir estatus y
confianza fue la explotación de vínculos sexoafectivos, mostrando la repugnante cara de un Estado que engaña, manipula y agrede abiertamente.

Nuestro total rechazo a estos hechos como colectivo ya ha sido expresado a través de nuestra manifestación popular en el barrio de Sant Andreu del Palomar y nuestro único comunicado donde se expresan las ideas de nuestro espacio. Pero este problema no solo atañe a La Cinètika como
centro social, sino a todos los centros sociales y movimientos populares de este Estado.

Sabemos que la práctica de la infiltración y espionaje es habitual en cualquier Estado existente y bajo cualquier fuerza política a cargo, pero eso no nos exime de protestar por un sistema injusto, opresor y que no mide por igual las libertades de las personas. El uso de las fuerzas represivas debe encontrarnos de frente, como oposición frontal a su poder ilegítimo de espiarnos, controlarnos y manipularnos.

Es por eso que convocamos a todas las organizaciones y colectivos afines que comparten nuestra preocupación a una manifestación colectiva el sábado 4 de febrero a las 17h en Jardinets de Gràcia en Barcelona.
Hacemos extensiva esta convocatoria a todos los grupos que quieran hacer la suya propia en sitios que no sean de esta ciudad.

Queremos hacer hincapié en la importancia de entender este problema como un problema de Estado y no un caso aislado. Por este motivo os adjuntamos también los carteles de nuestra manifestación vacíos y abiertos a cambios para que podáis uniros a nuestra campaña organizando vuestra propia convocatoria.

Contra el espionaje sin escrúpulos: solidaridad sin límites.


La Cinètika.

 

 

MÁS INFORMACIÓN SOBRE EL CASO DE INFILTRACIÓN DESTAPADO:

> https://directa.cat/un-agent-de-la-policia-espanyola-sinfiltra-a-lesquerra-independentista-i-al-moviment-pel-dret-a-lhabitatge/

> https://www.elsaltodiario.com/el-salto-twitch/caso-policia-infiltrado-movimientos-sociales-barcelona

> https://kaosenlared.net/catalunya-cinco-querellas-de-activistas-contra-el-policia-infiltrado/


Cultura de la seguridad - www.culturadelaseguridad.noblogs.org

Sobre el descubrimiento de un nuevo infiltrado policial
https://culturadelaseguridad.noblogs.org/post/2023/02/03/sobre-el-descubrimiento-de-un-nuevo-infiltrado-policial/

Para descargar: https://culturadelaseguridad.noblogs.org/files/2023/02/Sobreinfiltracionculturaseguridad.pdf

Entradas:
“Ladran, luego cabalgamos”: A propósito del descubrimiento de un nuevo infiltrado policial
https://culturadelaseguridad.noblogs.org/post/2023/02/03/ladran-luego-cabalgamos-a-proposito-del-descubrimiento-de-un-nuevo-infiltrado-policial/
Aportes sobre la infiltración y la delación: definición, nuestro contexto, la cuestión jurídica, casos anteriores y reflexiones: https://culturadelaseguridad.noblogs.org/post/2023/02/03/aportes-sobre-la-infiltracion-y-la-delacion-definicion-nuestro-contexto-la-cuestion-juridica-casos-anteriores-y-reflexiones/


 

Vivan los violentos de Linares

¡Contra el desempleo, la miseria y la represión policial, que estalle la rabia proletaria!

 

 

Linares, un pueblo de Jaén con aproximadamente 60.000 habitantes es un ejemplo perfecto de la realidad que se sufre en miles de barrios y pueblos obreros de todo el país. Según el Instituto Nacional de Estadística, casi un 45% de la población está en paro, lo que le coloca a la cabeza del listado de municipios por tasa de desempleo. Por otro lado, 1.200 familias tienen que recibir algún tipo de ayuda económica por la situación de pobreza extrema que padecen. Aunque históricamente la región de Linares-La Carolina ha sido una zona industrial importante, primero por los asentamientos mineros en los que hasta mediados del siglo XX se extraía plomo y, después, por el establecimiento en la zona de la empresa metalúrgica Santa Ana, antecedente de la automovilística Santana Motor y que llegó a emplear a casi 4.000 obreros en su momento de mayor producción, la zona se ha “reconvertido al sector terciario”, es decir, toda la industria ha desaparecido y, a parte de las pocas cooperativas agrarias que existen, el único empleo posible para la población es en el pequeño y gran comercio. Desde que en 2011 la empresa Santana Motor, que había sido puesta bajo propiedad pública de la Junta de Andalucía en 1995, después de que Suzuki, principal accionista de la empresa, optase por dejar de producir sus vehículos en ella, Linares se ha convertido en un exportador de inmigración: el número de habitantes, de nuevo según el INE, ha caído un 6% en la última década como consecuencia de la huida sobre todo de los jóvenes que están en edad de trabajar y que no encuentran empleo en la localidad.

La crisis económica que ha seguido a la pandemia de la Covid-19 ha agravado la situación: una de las pocas grandes empresas que todavía están instaladas en la localidad, El Corte Inglés, ha anunciado que cerrará su centro del pueblo en marzo ante la bajada drástica de las ventas desde hace un año. Hace tan sólo un mes, la prensa local daba la noticia de una nutrida manifestación de vecinos del pueblo a las puertas de estos grandes almacenes con el objetivo de apoyar a la plantilla y criticar la trágica situación por la que pasa el pueblo. Esta manifestación se sumaba a la manifestación en vehículos del pasado 7 de febrero, realizada con las mismas reivindicaciones, y, más lejanamente, a la gran manifestación de septiembre de 2017 contra la decadencia económica de la región.

¿Qué respuesta han recibido los proletarios de Linares después de sus protestas pacíficas y sus llamadas al diálogo con las instituciones nacionales y autonómicas? La represión más dura y contundente.

Como es sabido, el pasado viernes 12 de febrero, dos policías nacionales de paisano golpearon salvajemente a un vecino del pueblo y a su hija menor de edad. Rápidamente la mecha prendió. Miles de vecinos del pueblo, especialmente vecinos jóvenes, acudieron a los juzgados para protestar por lo sucedido y exigir castigo para los culpables. La respuesta de la policía no se hizo esperar: los agentes que estaban presentes cargaron contra los manifestantes, disparando salvas al aire, golpeando a cualquiera que pasase por la calle… mientras esperaban la llegada de antidisturbios de refuerzo de Granada y Jaén. Una vez estos hicieron acto de presencia, el pueblo se convirtió en un campo de batalla. Las imágenes que han salido a la luz, difundidas sobre todo por redes sociales, dan idea de lo sucedido: la Policía Nacional disparando con fuego real, coches de paisano de los que se bajan agentes de la policía secreta para dar una paliza y detener a algunos jóvenes, disparos con balas de goma a bocajarro… Una verdadera demostración de fuerza contra un pueblo básicamente proletario que vio en la violencia policial la gota que colmaba el vaso de décadas de frustración y pobreza. Por su parte, los manifestantes no se dejaron arredrar: en varias ocasiones los policías tuvieron que retroceder, uno de sus coches ardió, etc. Aunque a día de hoy todavía quedan dos jóvenes ingresados en el hospital por los disparos con arma de fuego que hizo la policía, la victoria ha sido de los proletarios que salieron a la calle: la fuerza y la determinación que mostraron su capacidad para combatir el enésimo de los agravios a los que la burguesía y su Estado les someten a diario, ha dado ejemplo. La rabia proletaria, la respuesta espontánea pero contundente que dieron a la policía, fuera de los estériles cauces democráticos y pacíficos mediante los cuales se desmoraliza y rinde a quienes se ven arrastrados a ellos para luchar, ha mostrado la fuerza que la clase proletaria puede llegar a tener.

 

Después de la crisis económica de 2007-2013, que disparó el desempleo, hizo descender los salarios, etc.; después de la crisis sanitaria y social causada por la pandemia, que ha supuesto más de lo mismo, reduciendo a la pobreza extrema a centenares de miles de proletarios por todo el país y frente a la más que segura crisis que las economías de todo el mundo ya empiezan a mostrar, estas escenas de la guerra de clases van a hacerse cada vez más comunes.

Se trata de estallidos espontáneos, de una tensión que sube rápidamente como la espuma para luego descender como si nada hubiera pasado, quedándose como mucho en imágenes de disturbios violentos que no parecen dejar nada tras su finalización. Pero se trata de pequeños jalones de una lucha de clase que hoy es subterránea pero que tarde o temprano emergerá a la superficie.

La clase proletaria lleva décadas habituada a las políticas de colaboración con la burguesía dirigidas por los partidos y sindicatos llamados obreros y justificadas por unas concesiones, cada vez menores, que la propia burguesía da a determinados sectores del proletariado como compensación por el agravamiento generalizado de las condiciones de existencia de la mayor parte de los proletarios. En Linares conocen la historia perfectamente: con la crisis capitalista de los años ´70, la industria de la automoción, que era el principal sostén del pueblo, dejó de ser rentable en términos económicos. La burguesía local, nacional e internacional era perfectamente consciente de los graves problemas sociales que el cierre de las empresas de la zona hubiera supuesto y adoptó una política de liquidación por etapas: periódicamente se despedía a una parte de los trabajadores, por lo general los más jóvenes, en forma de no renovación de contratos, limitación de la producción, etc. En estas ocasiones, el golpe se circunscribía a un pequeño sector de proletarios mientras se ponía en marcha una serie de amortiguadores que mantenían la tensión en niveles aceptables: subsidios de desempleo, prejubilaciones, etc. Llegado el punto en que incluso estas medidas fueron insuficientes, fue el propio Estado el que asumió el desmantelamiento de la industria, nacionalizando la empresa principal Santana Motor, y corriendo con los gastos de su cierre por fases: mientras que los proletarios de las industrias auxiliares iban al paro, la ilusión de un “plan de reindustrialización”, de una recuperación o cualquiera de estos cuentos, se mantenía porque el empleo no se liquidaba de golpe y las organizaciones oportunistas políticas y sindicales (PCE e Izquierda Unida, CC.OO. y UGT) gestionaban la lenta agonía de los trabajadores que aún quedaban con empleo. Finalmente, fueron los propios trabajadores de Santana Motor, a los que la Junta de Andalucía había hecho responsables de la empresa, los que acabaron votando por su cierre en 2005, poniendo fin a una muerte anunciada desde hacía 20 años.

Hoy, cuando todas estas medidas de conciliación y dilación del conflicto han mostrado sus resultados, la propia burguesía tiene poco margen de maniobra. Los recursos con los que antaño financiaba esos amortiguadores sociales con los que podía aspirar a mantener la paz social se han agotado o están a punto de hacerlo. No hay vías de negocio alternativas con las que hacer fantasear a los proletarios que aún conservan su empleo. La realidad de pueblos y barrios enteros degradados como consecuencia del paro y la pobreza en aumento es un hecho y, junto a ella, el incremento de la presión que se ejerce sobre los proletarios, en forma de violencia policial, delincuencia consentida por las autoridades para aterrorizar a la población, etc. es también innegable.

Situaciones como la vivida en Linares no van a acabar de golpe con décadas de colaboración entre clases, no van a liquidar sin más la influencia que todas las corrientes anti obreras políticas y sindicales tienen entre los proletarios. Pero, al mostrar de manera evidente el conflicto real que atraviesa a toda la sociedad burguesa, al ejemplificar en la violencia policial la situación real que padecen los proletarios y al obligar a estos a defenderse rompiendo con todos los corsés democráticos y pacifistas con los que durante décadas han sujetado su cuerpo social, suponen sacudidas que contribuirán a resquebrajar el andamiaje social y mostrar claramente la necesidad de una lucha de clase ya no espontánea, no limitada a la respuesta a un agravio particular, sino abierta, organizada y generalizada.

En Linares ha tenido lugar un verdadero estallido social. Los medios de comunicación, los portavoces de los gobiernos local, autonómico y nacional, los jueces, las organizaciones policiales… Todos aquellos que han pasado por alto que la policía entró a matar en el pueblo para restablecer el orden, llaman ahora a los jóvenes obreros de Linares a mantener la calma, a entender que todo ha sido un error, unas “manzanas podridas” en un cesto limpio por lo demás… Pero los proletarios, de Linares y del resto de pueblos y ciudades, pueden tener una cosa clara: a medida que la crisis económica y social crezca, a medida que la burguesía ponga sobre la mesa sus exigencias en forma de agresiones contra las condiciones de existencia de los proletarios y sobre todo si estos responden a estas luchando, la represión de todo tipo va a acrecentarse. Tanto sobre el plano mediático como sobre el político o el judicial, la clase burguesa tiene cada vez más necesidad de romper cualquier tipo de respuesta o resistencia que los proletarios puedan oponer, porque es la propia burguesía la que ya no tiene dudas acerca de si estos proletarios saldrán a la arena a luchar, sino que simplemente duda acerca de cuándo lo harán y si podrá contenerlos con las armas de que dispone.

Por su parte, la clase proletaria debe extraer de este tipo de estallidos las lecciones que le permitan ir más allá. La clase burguesa en su conjunto puede matar de hambre a un pueblo entero, puede, por las exigencias que le impone la economía capitalista de la que ella no es otra cosa que un agente, condenar al desempleo a decenas de miles de proletarios y puede, como respuesta a la rabia que se acumula, dar rienda suelta a su policía para que imponga el orden a base de fuego. Y por ello, es la clase proletaria la que debe asumir el envite. Debe plantear la lucha en los mismos términos en los que le viene dada: si la burguesía defiende sus intereses, el proletariado debe hacerlo también. Si la burguesía, llegado un punto, no tiene nada que ofrecer ni negociar, el proletariado tampoco. Si la burguesía emplea toda su fuerza contra quienes le presentan un mínimo de resistencia, el proletariado debe ser capaz de desarrollar su propia fuerza, que es la de la organización, la de la lucha por la defensa de sus intereses de clase por encima de cualquier división de sexo, raza, edad, etc. Si la burguesía dispone de la policía, los medios de comunicación, la Justicia, etc. como herramientas de lucha, el proletariado debe encontrar las suyas propias: la solidaridad de clase, la defensa de los sectores más débiles, la organización permanente. Si la burguesía, en fin, se presenta como una clase con unos intereses únicos y monolíticos que impone mediante su dictadura de clase, cualquiera que sea la forma que esta adopte la clase proletaria debe ser capaz de superar también la lucha inmediata y espontánea y salir al terreno de la lucha política, de la lucha por la conquista del poder, por la destrucción del Estado de clase burgués y la implantación de su propia dictadura de clase, ejercida a través del Partido Comunista, internacional e internacionalista, de acuerdo a una doctrina y un programa que son los del marxismo revolucionario.

 

 

Partido Comunista Internacional (El Proletario)

17 de febrero de 2020

www.pcint.org


http://www.pcint.org/01_Positions/01_04_es/210217_violentos-linares.htm




Valladolor no admite comentarios
La apariencia como forma de lucha es un cancer
El debate esta en la calle, la lucha cara a cara
Usandolo mal internet nos mata y encarcela.
Piensa, actua y rebelate
en las aceras esta el campo
de batalla.

si no nos vemos
valladolorenlacalle@gmail.com















ARCHIVO

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Contrainformacion internacional

Anticarcelario / contra la sociedad cárcel

"Las prisiones son una parte más de la esencia represiva de todo Estado, no hay que olvidar la parte que nos toca a lxs que aún seguimos en la calle.

No podemos ver las cárceles como algo ajeno a nuestras vidas, cuando desde temprana edad hemos sido condicionadxs a no romper las normas, a seguir una normalidad impuesta; el castigo siempre está presente para lxs que no quieren pasar por el aro.

En el trabajo, en la escuela... domesticando y creando piezas para la gran máquina, piezas que no se atrevan a cuestionar o que no tengan tiempo para hacerlo.

Hemos sido obligadxs a crecer en un medio hostil donde es dificíl desarrollar nuestros propios deseos.

La rebeldía brota de algunxs, otrxs simplemente se acomodan en la mierda, tapando sus frustraciones con lo que le dan quienes antes les despojaron de todo. O viendo sus problemas como algo aislado, único y personal.

Para lxs que no tragan o no se adaptan al gran engaño ahí tienen sus cárceles, reformatorios, psiquiatrícos ... creados por los que no quieren ver peligrar las bases de su falsa paz.

No podemos ignorar la lucha de lxs compañerxs presxs.

Su lucha es nuestra lucha."