La santa madre (Iglesia) de la hipocresía
Elecciones en Castilla y León
Las elecciones contra el proletariado
España, desde principios de año, ha iniciado un periodo electoral, con diversos episodios de elecciones regionales que deberán conducir al próximo enfrentamiento por el gobierno del estado en 2027. Han coincidido elecciones autonómicas que decían darse por fecha (como las de Castilla y León), con otras que han sido adelantadas por los gobiernos regionales del PP (partido conservador) como forma de desgaste del gobierno de la nación presidido por Pedro Sánchez.
Primero han sido las elecciones en Extremadura, después en Aragón, ahora en Castilla y León y el próximo mes de junio tendrán lugar las de Andalucía. Estas comunidades autónomas están siendo actualmente gobernadas por el Partido Popular en solitario, pero con la necesaria participación de VOX. El movimiento del PP iba encaminado a soltar lastre (frente a VOX) y a minar los apoyos y el poder del partido en el gobierno, el PSOE de Pedro Sánchez. Sin embargo, la maniobra parece no estar sirviendo para lo primero. Si el PSOE ha perdido en Aragón y Extremadura, no ha ocurrido lo mismo con VOX que ha seguido aumentando sus apoyos. El PP, lejos de conseguir convertirse en la única fuerza del cambio, se hace cada vez más dependiente de la extrema derecha. Pero al menos tiene una llave para llegar a la Moncloa.
Actualmente, Castilla y León es la región más extensa de Europa. Tiene 2.248 de los 8.131 municipios españoles y por extensión ocupa el 18,6% del país, pero solo vive el 4,8% de la población. El PIB de Castilla y León supone el 4,7% del total nacional, lo que la sitúa en séptimo lugar entre todas las regiones.
En términos demográficos, es la sexta región más poblada, con casi 2,4 millones de habitantes, el 4,9% de la población total; pero es la segunda región más envejecida, solo por detrás de Asturias y hasta hace bien poco ha sido una región principalmente emigrante (300.000 jóvenes en lo que va de siglo). Solo en los últimos años parece estar cambiando ligeramente la tendencia con la venida de inmigrantes que ya suponen una parte importante de la población en ciertas ciudades y comarcas. La región, que partía en el siglo XX con niveles económicos muy por debajo de otras regiones del Estado, ha ido convergiendo en los últimos años, con este contexto de estancamiento demográfico y crecimiento económico modesto. El paro es inferior a la media española, situándose en el 8,7%.
La emigración castellana y leonesa se ha dirigido durante todo el siglo XX hacia el exterior: a América antes de la guerra, a Europa durante el franquismo... al País Vasco, Madrid y otras zonas industrializadas durante los últimos 120 años. Este es el “problema de la despoblación”, un problema que ha servido al capital español para dar vida a sus polos industriales. Un problema que ha sido la oportunidad de algunos: en los 70, 80 y 90, los pueblos que iban perdiendo población vieron el crecimiento de las propiedades de ciertos empresarios agrarios con nuevas tierras compradas a los que se iban, arrendadas a los que ya no vivían, hasta convertirse en grandes poseedores. Los agricultores que hoy dominan el campo son principalmente esta burguesía agraria que ha crecido desde el franquismo. Estos empresarios agrarios se ven inmersos en el círculo de la productividad capitalista. Desde este punto de vista, el éxodo rural tuvo efectos realmente positivos para el capitalismo: los campesinos encontraron tierras, se convirtieron en empresarios agrarios, los emigrados les vendieron las parcelas que les quedaban... la reforma agraria largamente dilatada y la concentración son ya un hecho incontestable.
En cuanto a su estructura productiva, Castilla y León destaca por un mayor peso relativo de la agricultura (5,8% vs. 2,7% en España) y la industria, tanto extractiva (6,9% vs. 4,2%) como manufacturera (15,3% vs. 11,9%), donde sobresalen las ramas agroalimentarias, de automoción y química-farmacéutica. En 2024, exportó bienes por valor de 20.010 millones de euros, lo que supone el 5,2% de las exportaciones españolas. Los principales sectores exportadores son automoción (39,3% del total), alimentación (16,5%), sobre todo carne, y productos químicos (9,7%). La industria de Castilla y León ha crecido por encima del crecimiento de otras regiones, y viene impulsada por capital autóctono (automoción y agroalimentaria), nacional (madrileño, vasco y catalán) y extranjero (principalmente europeo). Su especialización como gran área de producción energética (antes térmica, siempre hidroeléctrica, ahora también solar y eólica) la convierte en la principal productora de España... al servicio de su propia industria, pero fundamentalmente de Madrid, del País Vasco y de otras regiones circundantes.
La clase trabajadora en Castilla y en León se concentra en las zonas urbanas; en las zonas rurales (que son la mayoría) existe, en diversas formas, desde el proletariado agrícola e industrial migrante, al autóctono que trabaja en alguno de los talleres, obras o factorías de la región. Pero el peso dominante lo lleva, en la calle, el “partido agrario”. Las rebeliones en las que ha participado el proletariado de lo que hoy es la Comunidad Autónoma, que han sido importantes (1856,1905,1917,1934...), han sido salvajemente derrotadas y la represión se ha cebado sobre ella. Pero esa clase ha vuelto siempre a organizarse, a resistir y a luchar. Lo demostraron fábricas como Renault o Cyfisa en los 70. Lo demostraron, en este siglo XXI, los mineros en Cistierna (en León), los jóvenes obreros de Gamonal (en Burgos).
Los problemas a los que se enfrenta el proletariado en estas tierras son los mismos, exactamente los mismos, que en cualquier región desarrollada: la emigración, el paro, la pobreza, la muerte en accidentes de trabajo, la carestía de la vivienda, el deterioro de los servicios asistenciales y públicos (sanidad y educación), la pérdida de salario real... El problema mayor de este proletariado es el mismo que el del resto, pero acrecentado, porque es escaso y suele estar muy solo frente a todas las fuerzas del oportunismo. Necesita reconocerse como clase, luchar unido contra los diversos poderes burgueses y pequeñoburgueses que dominan en muchos pueblos y pequeñas ciudades.
Las elecciones regionales son el circo con el que los acróbatas entretienen a la población, para que el final de la función sea cómo gestionar la explotación a todos los niveles. Y esto parece ser lo que se dirime en estas próximas elecciones. Si la región sigue con la práctica del diálogo social, la concertación sindical, será la comunidad tranquila que ha venido siendo durante la época democrática... pero quizá están llegando las zozobras que en todo el mundo sacuden las relaciones entre las grandes potencias y a las mayores economías. La guerra está cerca, que no a la puerta. Y eso es lo que parece significar el papel de partidos expresamente reaccionarios y autoritarios (pro-fascistas) como es VOX.
VOX entró en el gobierno regional en las pasadas elecciones. Propuso alguna medida destinada a romper el diálogo social, oficinas antiokupación, toros y muchas banderas de España. El PP lo aceptó, hasta que el propio VOX pensó que no quería ser muleta de las políticas del PP. Porque el PP tenía claro que estaba con VOX en un gobierno que... gobernaba el PP.
Las expectativas de este bloque, el bloque conservador, parecen las mismas que en las anteriores elecciones o con muy pequeños cambios. En el otro supuesto bloque, el del PSOE, parece haber un cambio en la región y unas mejores expectativas que en las últimas elecciones en Aragón o Extremadura. Pero la llegada de VOX supone un nuevo clavo que fortifica el poder conservador. Y sin embargo la ruptura del gobierno de ambos augura que las cosas no están fáciles. Los grupos de la izquierda (IU, Podemos) y los partidos regionales (UPL) o provinciales (Por Ávila, Soria ya) pueden sacar algún procurador, pero es difícil que puedan llegar a pactar por el gobierno regional.
Porque este es el problema de estas y de otras elecciones también: la extensión del virus de la burguesía, de la mentalidad democrática y la práctica del poder democrático: el municipalismo, el provincianismo, el localismo de la burguesía local y sus intereses. Las distintas facciones del capital se pelean por el reparto del pastel... el proletariado debe aprender a pelear por sí mismo, por sus intereses como clase, fuera del politiqueo personal y electoral. Para resistir primero, antes de tener la fuerza para poner fin a este sistema que vive de la miseria, la injusticia y la explotación, los proletarios y las masas pobres tendrán que tomar el camino de la lucha de clase contra los capitalistas, sus políticos y sus lacayos de toda especie.
El terreno electoral es un terreno minado de engaños. No es por medio de la papeleta electoral que se puede resistir a los ataques de los capitalistas, y de oponerse a los intereses dominantes. El único terreno sobre el cual es posible resistir a los capitalistas es el de la lucha abierta, ¡la lucha de clase!
Con su trabajo los proletarios crean todas las riquezas de la sociedad, y por ello tienen una fuerza revolucionaria potencial inmensa. Pero para que esta fuerza pueda concretarse, los proletarios tienen que organizarse sobre bases de clase, uniéndose por encima de todos los límites de empresa, corporación, profesión, sexo, raza, religión, provincia o nacionalidad. Primero, para emprender la lucha cotidiana de defensa, y después para llegar a la terrible hora de decidir entre democracia reformista y revolución proletaria, antes de poder lanzarse a la lucha revolucionaria para abatir el poder burgués e instaurar su poder dictatorial de clase, instrumento indispensable para extirpar al capitalismo.
¡ Contra la defensa de la economía nacional, por la defensa exclusiva de los intereses de la clase proletaria !
¡ No al circo electoral, sí a la lucha de clase !
23 de febrero de 2026
Partido Comunista Internacional
Il comunista - le prolétaire - el proletario - proletarian - programme communiste - el programa comunista - Communist Program
Intento de pogromo y razias contra los inmigrantes en Torre Pacheco
Una única salida: la lucha de clase, por encima de toda división nacional, étnica o racial.
En Torre Pacheco, Murcia, después de varias semanas de supuestos incidentes violentos, siempre achacados a inmigrantes marroquíes (varios de ellos bulos propagados por grupos de extrema derecha en redes sociales) se ha asistido a un “estallido racista” en el que centenares de vecinos del pueblo, acompañados por otros centenares de elementos de extrema derecha desplazados hasta allí para participar en los disturbios, se han enfrentado a inmigrantes marroquíes, yendo a buscarles a sus barrios, apaleándoles por la calle, atacando sus establecimientos, etc. Por su parte, los inmigrantes, especialmente los jóvenes, han respondido con contundencia, enfrentándose con los manifestantes y con la policía, dejando varios heridos y algún detenido. De hecho, si se hace caso a la prensa burguesa y a las no menos burguesas redes sociales, los elementos de extrema derecha que prometían una especie de limpieza étnica exprés en el pueblo habrían pagado en sus propias carnes su bravuconería y ni siquiera la ayuda de la policía, la Guardia Civil y la cobertura mediática dada a su favor habría evitado que alguno de ellos haya sido hospitalizado.
Estos sucesos no tienen nada de espontáneos. Desde hace semanas algo similar se venía fraguando: primero fue el frustrado intento de un grupo neo nazi de concentrarse frente al centro de menores de Hortaleza (Madrid), luego las manifestaciones contra la violación de una mujer por parte de un maliense en Alcalá de Henares (también Madrid), finalmente Torre Pacheco. Y durante todo este tiempo en varios pueblos y pequeñas ciudades de España han aparecido carteles llamando a la defensa de la “seguridad ciudadana” y a “combatir” a unos supuestos agresores marroquíes… Todo tiene el tono característico de una campaña premeditada, para la cual, desde hace tiempo, se lleva buscando únicamente un pretexto con el que desencadenar algo como lo de este fin de semana pasado en Murcia.
Torre Pacheco es uno de los pueblos con menor renta per cápita de España. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, ésta era en 2022 de 9.016 euros. Un dato efectivamente muy bajo si se tiene en cuenta que es uno de los pueblos agrícolas más importantes de la Comunidad de Murcia y que tiene una próspera industria centrada en la transformación agrícola y el sector hortofrutícola (tanto productos para el consumo nacional como destinados a la exportación). ¿Cuál es la explicación para esta aparente discrepancia? Que en Torre Pacheco, como en todo el arco del Sur mediterráneo, desde Almería hasta Murcia, se concentra uno de los estratos del proletariado peor pagados del país; de manera que la pobreza estadística de la región refleja, en realidad, una fortísima polarización social, una distribución económica sustentada en que una clase poseedora, fundamentalmente medianos y pequeños agricultores propietarios de la tierra y del capital necesario para explotarla, emplea a los jornaleros a cambio de salarios de miseria y hambre. La estadística da una visión equivocada de pobreza generalizada, cuando lo que existe es miseria proletaria y riqueza burguesa.
Más allá de esto, Torre Pacheco, como el conjunto del campo español, tanto el de interior basado en la agricultura extensiva como el de la periferia donde predomina el ultra moderno cultivo de invernadero, pasa por una profunda crisis que está haciendo que muchas empresas dejen de ser rentables, como consecuencia de la entrada en el mercado mundial de nuevos productores africanos y latinoamericanos. Así, desde 2012, la superficie cultivada en el pueblo ha caído un 52%, de casi 15.000 Ha. a muy poco más de 7 mil. De acuerdo con los datos que proporciona la Consejería de Economía murciana, esta disminución del cultivo apenas ha implicado un descenso del empleo en la agricultura, que ocupa en el pueblo, aproximadamente, a 14 mil personas, también desde 2012. Pero fuera de la agricultura, los últimos años han implicado un incremento considerable del nivel de ocupación y, por lo tanto, de descenso del desempleo: un 70% más de empleo en la industria, un 45% más en la construcción y un 50% en el sector servicios. Es por ello que el paro ha caído, en el municipio, un 60%.
Estas son las cifras oficiales, que sirven para mostrar, tomando como aproximación los datos de empleo, que la economía de Torre Pacheco padece dos influencias contrapuestas: por un lado, un ajuste entre sectores productivos que caracteriza desde hace años a buena parte del campo español, que hace poco rentable la pequeña producción agraria y que está liquidando empresas de este sector cada año. Por otro lado, una recuperación de la producción no agraria desde los niveles de la crisis de 2012 y como consecuencia, un aumento del empleo y de la consiguiente importación de trabajadores, vía inmigración legal y/o ilegal. Es una situación generalizada en todo el país: la recuperación económica, la supuesta “bonanza” capitalista, no se produce sin desequilibrios. Aparecen las fricciones entre sectores productivos que se reflejan en enfrentamientos entre diferentes estratos burgueses y pequeño burgueses. Por otro lado, la exigencia por parte del capital de una mano de obra muy barata, que padece unos salarios que son los únicos que permiten la rentabilidad de la inversión realizada, incrementa las tensiones sociales porque la burguesía logra aumentar así la competencia entre proletarios, dirigiendo hacia ese fin todos sus esfuerzos y recursos, propagando los enfrentamientos, dando cobertura a todas las corrientes nacionalistas, racistas y xenófobas… con el fin no de expulsar a esos inmigrantes, a los que tanto necesita, sino de disciplinar a los nuevos proletarios y hacer caer sobre ellos el peso del malestar social que el propio desarrollo capitalista genera.
¿Se quiere una explicación acerca de la violencia de estos últimos días? Ahí se tiene. La burguesía, sobre todo una burguesía como la española que históricamente sólo ha logrado mantener las bases de su competencia en el mercado internacional gracias a los bajísimos salarios del proletariado al que explota, requiere mano de obra importada con el fin de garantizar esos bajos salarios. La importa en contingentes legales o ilegales y, dentro del país, la priva de cualquier derecho, excepto el de ser explotada.
En los puntos más crueles y abyectos de este proceso, separa a niños de sus padres, encierra a menores con adultos, da vía libre a las organizaciones criminales dedicadas a la trata de blancas, a la extorsión y al asesinato para que hagan negocio… En definitiva, trata a los inmigrantes como animales. ¿Se extraña alguien, después, de cualquier tipo de violencia? Un solo grupo social es culpable: la burguesía, clase criminal por excelencia. Y esto vale tanto para la burguesía española, que hacina, reprime, maltrata y asesina a los proletarios migrantes como para cualquier otra, particularmente la marroquí, que desde hace décadas trata de mantener un control estricto sobre sus “súbditos en el extranjero” desarrollando un amplio sistema de espionaje y represión a través de las mezquitas y los elementos de la pequeña burguesía comerciante: ambas juegan un papel en el mercado de la explotación proletaria.
Los sucesos de Torre Pacheco han sido buscados y casi programados. Porque incluso en los momentos de relativo auge económico, de cierta -limitadísima- estabilidad, el capitalismo sólo puede existir creando desorden, caos y sufrimiento. Necesita este tipo de situaciones, estas razias alentadas y televisadas, para, por un lado, dejar salir la presión que se genera irremediablemente en su sociedad y que se trata de encauzar siempre hacia cualquier forma de violencia contra los proletarios; mientras por otro lado, necesita utilizar ese enfrentamiento, esa violencia, para disciplinar y someter por el miedo a los miles de nuevos proletarios que llegan a España para ser explotados en el campo y en la ciudad. Torre Pacheco les muestra su destino: trabajar en condiciones penosas y estar siempre sometidos a que, con cualquier excusa, se desencadene la violencia contra ellos. En este caso, ha sido una violencia “popular” (la de los hijos de la pequeña burguesía), pero siempre, en toda ocasión, es la violencia institucional y policial. Y esta política no es propia de uno u otro sector de la burguesía.
Toda la clase burguesa está de acuerdo con ella y la promueve jugando su correspondiente papel en su desarrollo. Los grupos nacionalistas tipo VOX y sus satélites callejeros, azuzan abiertamente los intentos de pogromos. Pero el gobierno de coalición PSOE – SUMAR deja hacer, permite la movilización de los grupos de extrema derecha, se niega a enviar a la policía y, cuando lo hace, les ordena reprimir a los inmigrantes que se defienden y no a los fascistas que pretendían “cazarles”. La confluencia, e incluso la coordinación técnica, entre todas las fuerzas de la burguesía es un hecho: los sucesos de Torre Pacheco no habrían tenido lugar si el Ministerio del Interior de Grande Marlaska (del PSOE), el mismo que ha mandado detener a más de 25 obreros del metal en Cádiz, no lo hubiera querido.
Los sucesos de Torre Pacheco se parecen, como dos gotas de agua, a los que tuvieron lugar en El Ejido hace 25 años. Entonces, un caso de violencia similar al de la semana pasada desencadenó días de persecuciones de trabajadores magrebíes, incendios de sus casas, intentos de asesinato… todo bajo la expectación cómplice de las autoridades, que también entonces veían necesario dar una lección a un proletariado al que querían enseñar qué significa realmente “convivir”. Pero entonces, hace 25 años, los proletarios de El Ejido y parte del Campo de Níjar respondieron con una fuerza que nadie esperaba: convocaron una huelga salvaje en toda la zona, abandonaron los puestos de trabajo y cortaron de raíz la violencia, al menos temporalmente. A la agresión que sufrían por parte de la pequeña burguesía local, dueña de tierras, fábricas y comercios, respondieron con el arma proletaria por excelencia: la huelga.
Por supuesto, la victoria de los trabajadores no fue permanente. Pararon las razias, cierto, pero la violencia siguió y sigue presente. Periódicamente llegan noticias de incendios de campamentos de chabolas donde viven los trabajadores, de violaciones a mujeres migrantes, de palizas a jóvenes… todos ellos actos de disciplinamiento ejercidos por la burguesía local para sembrar el terror sobre las masas proletarias.
Los proletarios de Torre Pacheco, como los de todas partes, ya sean nacionales o extranjeros, sólo tienen una vía para afrontar sucesos como los de estos días: la lucha de clase. Esta lucha significa reconocer que existen unos intereses comunes, por encima de raza, nacionalidad, sexo, edad… que unen a toda la clase trabajadora: la necesidad de resistir al capital, de imponerse ante sus exigencias, que siempre serán de más explotación y peores condiciones de vida. Pero también significa entender que la solidaridad de clase, el rechazo a colaborar con la clase burguesa dominante, con la patronal, con sus partidos, con sus fuerzas represivas, es un deber al que el proletariado nativo, el que disfruta de unas condiciones económicas y sociales mejores que sus hermanos de clase inmigrantes, no puede negarse. No puede (¡no debe!) solidarizarse en ningún caso con los intereses de “su” burguesía, no puede hacer frente común con “sus” empresarios, contra aquellos trabajadores que se encuentran en peores condiciones, esperando con ello mantener una situación algo mejor a costa del sufrimiento del resto de proletarios.
Lamentablemente, esta política de colaboración entre clases ha sido moneda común para el proletariado durante demasiado tiempo. Es por ello que algunos proletarios llegan a secundar las consignas racistas y xenófobas, en las que ven la continuación de esa solidaridad interclasista, de movilización junto a elementos de otras clases sociales, a las que están tan habituados. Es por ello, también, que la clase burguesa teme al proletariado migrante, que engrosa las filas de la clase trabajadora española pero que no disfruta de las ventajas de esa colaboración que se ha dado durante décadas: eso le hace más susceptible de revolverse contra las consecuencias de la explotación salvaje que padece y dar ejemplo de cuál es la vía al retorno de la lucha de clase.
¡Solidaridad de clase entre proletarios, nacionales y extranjeros!
¡Contra las razias y la violencia burguesa de todo tipo, una única vía: la lucha de clase!
13/07/2025
Partido Comunista Internacional
- Il comunista - le prolétaire - el proletario - proletarian - programme communiste - el programa comunista - Communist Program
Las estadísticas de accidentes laborales nunca están completas, pero no creemos que lo importante sean los datos completos, sino destacar LA SANGRÍA QUE VIVE NUESTRA CLASE a diario.
En el avance enero-noviembre del año pasado (2024) se puede ver cómo el número de accidentes laborales (con o sin baja) el año pasado fue de más de 1 millón. Esto supone, según sus datos, un aumento del 0,6 % respecto al año anterior.
Si, según las cifras oficiales, la población asalariada española se situó en 21.857.900 asalariados, al menos 1 de cada 21 trabajadores ha sufrido un accidente en el año pasado en el trabajo o yendo al mismo (1/21). De este total de accidentes, la mitad fueron con baja. 6 en el trabajo por 1 in itinere.
El número total de muertes en el trabajo fue de 796 (con un ligero repunte respecto al año anterior), y el número de accidentes graves también subió ligeramente hasta los 4000. Por sexos, siguen siendo los varones los que más accidentes sufren (un 71% por un 29% las mujeres). Sin embargo, en las cifras in itinere estos datos de sexos se igualan e incluso es mayor el número de mujeres afectadas que causan baja por el mismo.
Por comunidades autónomas, donde más población asalariada existe (Andalucía, Cataluña, Madrid) es donde más accidentes se producen. En total en Castilla norte y en León se han producido el pasado año 24.776 accidentes laborales con baja (de los cuales 22.969 asalariados), situándose por detrás de Galicia como la 8ª comunidad con más accidentes (una cifra muy similar a la de la Castilla sur, por cierto). Las muertes en el periodo de 2024 fueron 39.
Por el tipo de lesión, los sobreesfuerzos, los golpes y choques, los cortes y golpes de objetos punzantes, los accidentes de tráfico representan algunas de las principales formas de lesionarse, provocando dislocaciones, esguinces, distensiones, heridas leves o profundas, fractura de huesos, quemaduras o congelaciones, lesiones múltiples, lesiones internas invisibles, ahogamiento, asfixia, etc. Los infartos y derrames cerebrales en el trabajo están a la orden del día y no son raros los atrapamientos y amputaciones, las caídas o los golpes y colisiones de diverso tipo.
Por sectores donde más accidentes se siguen produciendo son la industria manufacturera y la construcción, con mayor mortalidad en la construcción y en el transporte y logística. La construcción presenta un índice de 493 accidentes cada 100.000 trabajadores, aunque sigue siendo muy alto es algo menor que el de las industrias extractivas pero mayor que el de los saneamientos y suministros de agua (los tres sectores más destacados). Por debajo de estos sectores con mayor incidencia de accidentes con baja o mortales, se encuentran la industria manufacturera, el trabajo agrícola y el transporte y la logística y almacenamiento que en este aspecto ha crecido mucho en los últimos años.
Asumiendo que hoy el trabajo asalariado está regido por las normas que la burguesía y los empleadorxs han ido tejiendo a lo largo de los años, aceptando el pacto que implica la firma de un contrato de trabajo, en el mejor de los casos, en el que intercambiamos nuestra fuerza de trabajo por dinero.
Hacemos un llamamiento a toda la clase trabajadora, asalariada, por cuenta propia o sumergida de que el trabajo es para vivir, que no podemos permitir que los trabajadorxs perdamos la vida por los beneficios de los empresarixs y accionistas, que lamentablemente tenemos que vender nuestro tiempo de vida para poder llevar esa vida que a duras penas podemos pagar y engordar, con ello, las cuentas corrientes de los dueños de las fábricas y oficinas.
Ante la sangría de todos los años de trabajadorxs muertxs, gravemente heridxs y con secuelas que la administración laboral y sanitaria no reconoce ni trata como tal. Ante la deriva liberal del todo vale por los beneficios, NOSOTRXS lxs proletarixs, lxs encargadxs de que todo funcione, se fabrique, construya, cultive y llegue a su destino, debemos tomar la iniciativa no solo en la lucha y la denuncia, si no en la autoprotección como conjunto de trabajadorxs, como clase obrera ante esta tendencia que solo genera muerte y miseria.
NO TE ARRIESGUES EN EL CURRO.
Cuando subes donde no tenías que estar, cuándo haces labores para las que no te han formado, cuando prolongas jornadas interminables a la intemperie, conduciendo o bajo condiciones extremas, estás poniéndote en peligro por los beneficios de los capitalistas.
CUÍDATE A TI Y A TUS COMPAÑERXS.
Partiendo de la base de que somos de una misma clase, el termino compañerx, adquiere un valor añadido más allá del color de nuestros buzos, cuida a tus compañerxs de clase, a tus compañerxs de trabajo y a los que puedas ver por la calle. Un obrerx muertx o herido es uno de nosotrxs muertx o heridx.
PLANTAOS ANTE EL PELIGRO EN EL TRABAJO Y LOS RECORTES EN SEGURIDAD.
La legislación laboral en seguridad e higiene permite en determinadas situaciones la adopción de medidas de paralización del trabajo en condiciones de peligro inminente, no es suficiente como queda claro con casi 800 muertos al año, la presión del grupo y el apoyo del resto de la clase y sus herramientas como la huelga y el sabotaje harán que cambien las cosas: se trabaja seguro o no se trabaja.
NO TE DEJES PRESIONAR. ÚNETE, UNÍOS, UNÁMONOS POR Y PARA NOSOTRXS.
El conjunto de la clase afectada por la misma problemática tiene que tomar la iniciativa por la autoprotección tanto si es apoyando a un solo compañero obligado a ejercer su labor con o en peligro, como denunciando a un empresario que presiona a los trabajadores. Si tocan a unx respondemos todxs.
NO MÁS TRABAJADORXS MUERTXS. TODXS JUNTXS, TODXS EN CASA.
No hay ninguna justificación para que un trabajador se ponga en peligro, ni los plazos, ni los costes, ni pandemias ni siquiera el cambio climático y sus danas, incendios y vendavales: los beneficios cuestan vidas
Abril 2025 - Comité de Solidaridad de los Trabajadores.
Sobre la “huelga general” de Valencia el 29 de mayo
La huelga es un arma de lucha de la clase proletaria, no un reclamo publicitario para la política parlamentaria
El próximo día 29 de mayo, las organizaciones sindicales CGT, CNT y COS han convocado una “huelga general” en la Comunidad Valenciana con el objetivo de hacer dimitir al presidente de la Generalitat, Carlos Mazón, por su actuación durante las inundaciones del pasado mes de octubre y por la política de reconstrucción seguida durante los meses posteriores.
Esta convocatoria no puede ser tomada, de ninguna manera, como un intento de movilización real del proletariado valenciano. En primer lugar porque ya el mismo lanzamiento del llamado a la huelga, circunscrito únicamente a la Comunidad Valenciana, como si el resto de la clase obrera no tuviese ningún interés en lo que sucede, siguiendo la política provinciana y chovinista que acepta las divisiones burguesas incluso dentro de un mismo país como algo a respetar, tiene un objetivo meramente efectista: continuar con la idea de una “tragedia valenciana”, de un hecho singular y aislado que no tiene mayor importancia para el resto del proletariado.
En segundo lugar, porque evidentemente ninguna de las tres organizaciones convocantes tienen fuerza suficiente como para convocar una movilización de este tipo, ni siquiera limitándola a los confines de la Comunidad Autónoma. Ninguna, de hecho, tiene esperanza de que su llamamiento tenga repercusión más allá de los liberados sindicales y de algunos simpatizantes más o menos estrechos. De nuevo, cuentan con la repercusión mediática no ya para sacar a los trabajadores de sus puestos de trabajo, sino para ganar unos minutos en las noticias y presentar su jornada como un éxito.
Finalmente, porque ni siquiera las secciones sindicales de las organizaciones convocantes se plantean hacer ningún tipo de fuerza en el sentido de imponer la huelga. Para CGT, CNT y COS se trata de un acto simbólico, no de una convocatoria de lucha, y no tratarán de romper los límites de la convocatoria formal.
Esta “huelga” se suma a la ya larga serie de aquellas convocadas con el único interés de generar algo de ruido mediático, arrastrar a sectores sociales no proletarios (como los estudiantes de universidad, principalmente) siempre susceptibles de participar en estas movilizaciones y dar a sus convocantes la pátina de radicalidad que el distanciarse de las grandes organizaciones CC.OO. y UGT les permite: las “huelgas feministas” del 8 de marzo, la “huelga por Palestina” del pasado mes de septiembre… son los ejemplos que anteceden a este engendro.
Las inundaciones que arrasaron la zona sur de Valencia el otoño pasado fueron una de las mayores catástrofes que han tenido lugar en la historia reciente de España. Pero no fueron una “tragedia”, no fueron algo inevitable de lo que no se podía escapar… Desde hace cientos de años se sabe de la fuerza de las riadas en la zona, de la importancia de fenómenos meteorológicos como la gota fría y de las consecuencias que la construcción desaforada de viviendas, urbanizaciones, etc. así como del asfaltado de las ramblas o de la proliferación de un inmenso parque automovilístico tendrían como potenciador de los efectos desastrosos de esos eventos naturales. El culpable de lo sucedido no fue el clima, pero tampoco fueron ninguno de los políticos, altos cargos, etc., involucrados en la gestión de los acontecimientos: fue la burguesía en su conjunto, que ha creado en el sur de Valencia una auténtica trampa mortal para los proletarios que hacina en los pueblos de la zona y que, llegado el momento de la riada obligó a mantener el ritmo normal de trabajo a todos los empleados. Mazón, su gobierno, la oposición y todos los agentes sociales que intervinieron (e intervienen todavía) en retrasar la alarma o en la reconstrucción posterior, son culpables en cuanto miembros de esa clase burguesa que es criminal en su conjunto y de la que no se puede separar ni a grupos, ni a facciones ni a individuos para señalarlos como más responsables o más asesinos que el resto.
CGT, CNT y COS tienen el objetivo declarado de favorecer un cambio de gobierno en la Comunidad Valenciana, tratando de que éste pase de las manos de Mazón y el Partido Popular a algún tipo de coalición amplia que incluya a PSOE y a partidos de la izquierda parlamentaria como Compromis. Quieren, por lo tanto, un cambio de cara que alivie la presión, que dé la impresión de que unos nuevos gestores, más a la izquierda, serán suficientes para mejorar las terribles condiciones de vida que padecen los habitantes (mayoritariamente proletarios) de los pueblos devastados.
Hoy sabemos que después de la riada del 29 de octubre, después de la destrucción y el caos que causó el agua al desbordarse de las ramblas que atravesaban los pueblos de la región, fue cuando empezó la verdadera pesadilla para sus habitantes. Tanto el gobierno local como el nacional les dejaron aislados, permitiendo que los agonizantes acabasen de morir, que las infecciones cundiesen, etc. para garantizar, antes de intervenir, que podían controlar el peligro social que implicaba un desastre de esta magnitud. Fueron únicamente los voluntarios, miles de personas de Valencia y de otras ciudades, quienes acudieron a ayudar a los vecinos que vivían en una verdadera zona de guerra. Porque, que se recuerde esto, mientras que en Paiporta tantos y tantos luchaban por salir de la mezcla de fango y residuos tóxicos que anegaba el pueblo, a pocos kilómetros, en Valencia, la vida seguía su curso normal. Mientras en pueblos como Benetusser faltaba el agua potable y los víveres más básicos, en Valencia los supermercados hacían negocio como de costumbre. La policía se dedicaba a controlar a los voluntarios en vez de a socorrer a los heridos.
La respuesta que la clase proletaria debió dar en ese momento, la única válida, hubiera sido la convocatoria inmediata de una huelga general e indefinida para forzar a la burguesía a hacerse cargo de la ayuda inmediata a los damnificados con todos los recursos a su disposición. Pero, evidentemente, tanto las grandes organizaciones sindicales como las pequeñas, entre las cuales CGT, CNT y COS, prefirieron mantener la habitual política de paz social a cualquier precio y mantener a los trabajadores en sus casas. Se conformaron con promover esa versión humanitaria pero igualmente perniciosa de la colaboración entre clases que fueron las columnas de voluntarios. En ellas, dirigiendo a los proletarios que sentían a flor de piel la necesidad de la solidaridad de clase a hacer el trabajo que la burguesía no quería hacer, consumieron las mejores fuerzas del momento. Mientras Valencia funcionaba a pleno rendimiento, los jóvenes hacían lo que podían para hacerse cargo de la ayuda, el ejército acampaba a las afueras de la zona, siempre más pendiente de su función de guardián que de intervenir en favor de la población.
La huelga es un arma de lucha de la clase proletaria. Es una de las más elementales, pero también una de las más efectivas. Con ella puede golpear directamente en el bolsillo de la patronal, puede dañar a sectores enteros de la burguesía e imponer sus exigencias. Pero para que sea así, debe dirigirse hacia la consecución de reivindicaciones realmente clasistas, que tengan como fin la defensa de las condiciones de vida y lucha de la clase proletaria. Las “huelgas” como las que veremos el próximo 29 de mayo son otro instrumento más para favorecer la colaboración de clase, para presentar un interés común entre el proletariado y los sectores progresistas de la burguesía. Sirven para educar al proletariado en la defensa de un falso interés común con la clase dominante y en la creencia de que son los medios parlamentarios y democráticos los únicos en los que puede confiar para obtener una mejora en su existencia.
Las condiciones de vida de los proletarios de las zonas afectadas por la riada han sufrido un duro golpe. Miles de despidos, trabajo negro, etc., se suman a las dificultades vitales más básicas como conseguir regularmente alimentos o agua o al hecho de que cientos de niños no pueden ir todavía a la escuela con normalidad, a que no haya centros de salud, etc.
La responsable de esta situación es la clase burguesa que, incapaz de hacer otra cosa que amplificar las catástrofes naturales convirtiéndolas en verdaderos dramas sociales, tiene siempre el ojo puesto en el negocio que supondrá la reconstrucción y no en la ayuda a los necesitados. Pero no es la única responsable. Sus aliados, sus agentes que imponen sus exigencias y consignas entre la clase proletaria, que trabajan por desviar la rabia y el impulso a la lucha y la solidaridad ante estas situaciones hacia exigencias de “cambio de gobierno” o cuestiones parlamentarias, son igualmente culpables. Contra ambos, contra la burguesía y sus socios, deberá levantarse la clase proletaria si quiere poner fin a la verdadera catástrofe que rige el mundo: el capitalismo
26 de mayo de 2025
Partido Comunista Internacional
Il comunista - le prolétaire - el proletario - proletarian - programme communiste - el programa comunista - Communist Program
CONTRA LA ESPECULACIÓN Y LA GENTRIFICACIÓN.
APOYA AL CSO LAS VETADES
Últimamente, estamos viviendo un repunte en la tensión de un problema que afecta históricamente a la clase trabajadora: el acceso a una vivienda digna.
Esta situación se debe, principalmente, a que la burguesía lleva ya varios años generando y alimentando una nueva burbuja inmobiliaria, promoviendo y priorizando la vivienda como propiedad, frente a la vivienda como necesidad (y por tanto como “derecho”, como así recoge la Constitución del Estado Español), buscando con ello la defensa de sus intereses económicos y creando al mismo tiempo la división entre la clase trabajadora: entre quienes sí han podido acceder a una vivienda en propiedad y quienes no han podido (y, previsiblemente, ya nunca podrán).
Dentro de las maniobras puestas en práctica por la burguesía especuladora está el uso de los medios de comunicación de masas, demonizando y generando un estado de alarma inexistente contra la principal herramienta de acción directa que tienen lxs obrerxs para solucionar el problema que amenaza nuestra propia subsistencia ante la pasividad de las instituciones: la okupacion.
De las diversas formas de okupacion existentes parecen “preocuparles” especialmente aquellas que, además de servir como solución al problema habitacional, proponen un uso social del espacio, creando comunidad, y difundiendo y promoviendo prácticas contra el sistema capitalista y su sociedad individualista y mercantilizada.
Llevamos muchos años viendo como se desalojan numerosos proyectos de “centros sociales” (okupas y/o gaztetxes) en Euskal Herria (principal referente de este movimiento a nivel estatal) muchas de las cuales tenían décadas de existencia y plena integración en el tejido social del lugar en el que se encontraban. Lo mismo pasa y ha pasado a lo largo de todo el Estado, ya que en muchas ocasiones este tipo de proyectos suponen un escollo y una herramienta de resistencia contra los proyectos de gentrificación y especulación en diversas ciudades.
Recientemente, en Barcelona, el espacio conocido como Los Blokes Fantasma se ha visto bajo amenaza de desalojo, tras 40 años de abandono del inmueble, cuya construcción quedó inconclusa y con deudas a proveedores y trabajadores, y los posteriores 31 años de okupacion.
Además el pasado 29 de abril el CSO Vetades, situado en el barrio de Carabanchel desde hace 10 meses, sufrió un desalojo extrajudicial y por tanto totalmente ilegal.
El barrio de Carabanchel, históricamente un barrio obrero, viene sufriendo en los últimos años un proceso gentrificador basado en la construcción de viviendas de lujo y galerías de arte elitistas como la situada frente al CSO Vetades. La propiedad del inmueble que okupa el centro social fue adquirido por un entramado de empresas pantalla y fondos de inversión propiedad de Saïd Salim Hajel, “empresario” que, desde Luxemburgo y a través de este entramado, se dedica a la especulación inmobiliaria salvaje en España y Portugal (para el capital no existen fronteras).
Tras su adquisición inició un proceso judicial contra lxs okupantes que resultó en una sentencia favorable a estos últimos. Dicha sentencia fue recurrida y lxs integrantes del centro social estaban a la espera de un segundo juicio; pero, mientras llegaba este segundo proceso, la propiedad, que también había adquirido los inmuebles aledaños al del centro social, inició las obras, ocasionando desperfectos en el inmueble okupado y generando vibraciones que hacían temer por la integridad del edificio a lxs okupantes, además de continuas amenazas por parte de los obreros de derrumbar el edificio, con la gente dentro si fuera necesario.
En este escenario, el 29 de abril a la 13.20 aproximadamente, se incendió el edificio por causas desconocidas, ante lo que lxs okupantes tuvieron que salir del inmueble, afortunadamente, sanas y salvas. Los bomberos apagaron el fuego e impidieron a toda persona el acceso al edificio, mientras que la policía acordonaba la zona despejando toda la calle, siendo, verbal y físicamente, violentos, tanto con lxs habitantes como con las personas que vinieron a apoyarles o cualquier vecinx que intentaba pasar por allí, tras lo cual varias personas necesitaron atención sanitaria y 2 personas fueron detenidas sin razón aparente. Tras mucho negociar se permitió a lxs habitantes acceder al inmueble, de unx en unx, escoltadxs por 2 bomberos y un policía, previa identificación, para recoger los enseres que pudieran llevar en sus brazos y en un tiempo muy limitado.
Pocos minutos después, los operarios contratados por la propiedad accedían al edificio, pese a que el jefe de bomberos lo había acordonado, y comenzaron a soldar y tapiar puertas sin ningún permiso y ante la pasividad de la policía, que solo se dedicaba a mantener a distancia a lxs habitantes, siendo cómplices necesarios de la ejecución de un desalojo extrajudicial y completamente ilegal. Posteriormente a la retirada de los bomberos y los efectivos policiales y al tapiado del edificio, este se encuentra controlado por los secuaces de una “empresa” de desokupación, sin que se haya permitido a lxs okupantes la recuperación de los enseres personales que aún están en el edificio.
Junto a todo esto los integrantes de este proyecto han tenido que sufrir una campaña de difamación y acoso por parte de diversos medios de comunicación que les tildaban de “cuartel de la mafia okupa” y les acusaban, tanto a ellxs como a otros centros que mostraron su solidaridad con ellos, de “actividades sospechosas” y de intimidar a lxs vecinxs sin pruebas ni fundamento alguno.
Creemos que la difusión de este tipo “operaciones policiales” y la contestación frente a las campañas de difamación y manipulación informativa a proyectos que buscan construir una alternativa colectiva a esta sociedad capitalista de miseria y muerte es una manera de poner en práctica las mejores armas que tiene la clase obrera contra sus enemigos: el apoyo mutuo y la solidaridad de clase.
Así mismo, os invitamos a apoyar la okupación como la principal arma de acción directa de lxs trabajadorxs ante la especulación inmobiliaria y la pasividad institucional.
10, 100, 1000 Centros Sociales.
Por las necesidades humanas, contra las exigencias del capital.
[actualizado / recibimos y publicamos]
Primero de mayo
Agitación proletaria contra el capitalismo
Ni por la democracia ni por ningún estado
Es ampliamente conocido que el primero de mayo se ha convertido en una fecha más en el calendario de las festividades del Estado, donde se nos induce a celebrar "la fiesta del trabajo" mediante desfiles obsoletos y ceremonias encabezadas por demagogos profesionales —políticos y sindicalistas— que vociferan monsergas decadentes desde sus tribunas. Sin embargo, aunque nuestro enemigo de clase —la burguesía— haya conseguido tergiversar e institucionalizar el sentido de esa fecha significativa para la clase trabajadora internacional, eso no significa que haya logrado suprimir el espíritu de la revuelta de Haymarket de 1886.
El fantasma del comunismo, el viejo topo resurge en cada ocasión que el proletariado sale a la calle a confrontar el orden del Capital. Ecuador, Colombia, Chile, Argentina, Irán, Hong Kong, Kenia, Grecia… son solo algunos de los ejemplos de la combatividad demostrada por nuestra clase en los últimos años. Esto es el germen de lo que apenas comienza, pero el capitalismo y su democracia por obvias razones no permitirán que les pongamos en jaque, por eso inmediatamente nos reprimirán con leyes mordaza y cuerpos represivos cada vez más profesionalizados, todo con el propósito de que permanezcamos ciudadanizados, dóciles autómatas respetuosos de las leyes y de su moral, para ser funcionales a sus designios.
Hoy la burguesía, a través de sus facciones de izquierda y derecha, busca persuadirnos con patrañas a tomar partido por "una batalla cultural entre globalistas y nacionalistas", pero esa batalla es solo una falacia, un falso antagonismo, un callejón sin salida, un carril de ideologización que sirve para encuadrarnos en la defensa de los intereses del capitalismo: ya sea defendiendo una nación, peleando para morir en sus guerras, exigiendo reformas, acudiendo a las urnas a votar o asimilando falsas alternativas progresistas para “hacer más inclusivo” este sistema… olvidándonos así de nuestros verdaderos intereses históricos. ¡Desengañémonos! La única lucha que nos concierne al proletariado es la de clase contra clase, contra nuestros enemigos de siempre: el sistema capitalista sustentado en el Estado, la patria, la democracia, el trabajo asalariado, el dinero y la mercancía.
Al final de cuentas, todos los capitalistas exhortarán a quienes vivimos en carne propia la miseria (trabajadores o desempleados) a unirnos y sacrificarnos en nombre del progreso y el desarrollo económico, porque —dicen— “eso nos beneficiará a todos por igual”. Pero sabemos de antemano que ese progreso y desarrollo que tanto obsesiona a los burgueses solo significa más acumulación de capital en sus cuentas bancarias para ellos; mientras que para nosotros solamente significa más podredumbre y mierda: más precariedad, más explotación, más gentrificación, más desplazamiento, más segregación, más incertidumbre… y en el peor de los casos, ser masacrados en las guerras, como en Ucrania, Yemen, Palestina, Sudán o el Congo.
De nada sirve vanagloriarse de "los derechos laborales y conquistas sociales obtenidas mediante la lucha" si permanece vigente un modo de producción que puede darse el lujo de reducir o quitar esos "derechos y conquistas" cada que le sea conveniente para su funcionamiento. En cada crisis, austeridad o reajuste, la burguesía implementará planes para desechar todo lo que supuestamente tenemos gracias a “la legalidad”… por consiguiente seguir apostando a luchar bajo la cobertura de los derechos y las “libertades” que nos brindan las instituciones democráticas, es condenarnos al continuo fracaso y la peor derrota posible.
Es por eso que hoy más que nunca, se hace imprescindible asumir la perspectiva de revolución mundial, agitando por la extensión de las luchas proletarias y la generalización de las revueltas en todos los continentes… Involucrándonos y apoyando en la realización de las tareas que implica el combate de clase, en el que es indispensable la coordinación de la acción directa, la solidaridad con los represaliados, la expropiación, la organización de ollas comunes, la toma de espacios para las necesidades de la lucha y las redes de ayuda mutua.
Contra todos los oportunistas y estafadores de siempre: afirmemos nuestra autonomía y ruptura contra y fuera de partidos políticos y sindicatos de todo color. Los proletarios debemos confiar en nuestras propias fuerzas e instinto de clase, reapropiándonos de nuestra memoria histórica, haciendo también uso del balance y las armas de la crítica. Agitando y luchando permanentemente hasta la realización de nuestro único programa histórico: el derrocamiento definitivo del Capitalismo y el Estado, dando paso a la comunidad humana sin clases sociales ni dinero.
Contra la Contra
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| Manifestación en Valladolid |
> CRÓNICA del 1º de mayo en Valladolid (CNT): https://www.cntvalladolid.es/1-de-mayo-2025-frente-al-negocio-de-la-guerra-lucha-obrera/
> PARTIDO COMUNISTA INTERNACIONAL - EL PROLETARIO: Han enterrado el 1º de mayo en el pantano de la colaboración de clases: http://valladolorinternacionalista.blogspot.com/2025/04/pcint-comunicado-1-de-mayo.html
> [PCI - ICP] Hoja Primero de Mayo 2025: Capitalismo es caos, derroche y destrucción: https://www.pcielcomunista.org/index.php/es/hojas/1111-capitalismo-es-caos-derroche-y-destruccion
Ante el apagón del 28 de abril:
La burguesía garantiza la explotación de los proletarios, no su vida.
Todavía es pronto para saber si el apagón que sufrió la práctica totalidad del país ayer día 28 fue consecuencia de un ciber ataque, de una maniobra de guerra híbrida como la que venía anunciando la burguesía europea desde hace meses, o de un fallo en las instalaciones (red y generadores) de magnitud nunca antes vista.
Durante los primeros momentos del apagón, la primera hipótesis tuvo más fuerza: incluso el presidente de la Junta de Andalucía apareció en la prensa asegurando que esa era su convicción y medios de comunicación como La Sexta se aprestaron a difundir esta versión de los hechos. A medida que transcurría la tarde y sin que el Gobierno nacional dijese nada claro, fue la hipótesis de la avería, del fallo a gran escala, la que ganó fuerza. A última hora de la noche del 28 esta parecía ser la versión si no oficial sí oficiosa y a ella se añadía una explicación, también sin confirmar, que habla de una debilidad estructural de la red eléctrica española agravada por las condiciones que la inclusión de las energías renovables como fuentes generadoras de electricidad estarían imponiendo. Ya durante la mañana del 29 Red Eléctrica y el Gobierno señalan esta como la única causa posible.
La burguesía no es una clase especialmente amiga de la verdad. Es un hecho que vive en guerra continua, la mayor parte de las veces soterrada y a veces abierta, y que se comporta siempre, tanto contra el enemigo externo como contra su propia población, contra la clase explotada, el proletariado, al que siempre considera como un enemigo interno potencial, siguiendo las normas de la guerra. La mentira, el engaño, el bulo… son sus armas de guerra en el terreno de la información y por ello no se puede tener ninguna confianza en las noticias que va filtrando, sobre todo en los primeros momentos.
Está claro que, se trate de un ataque o de un accidente, la situación creada por el apagón supone un riesgo potencial para la propia clase burguesa, una amenaza para sus negocios, para la gestión de sus infraestructuras, para la defensa nacional, para el control que ejerce sobre el proletariado, etc. ante la que se comporta con las armas propias de la guerra.
Pero, sea cual sea la realidad detrás del black out de ayer, éste evidencia que la burguesía es una clase incapaz de garantizar la seguridad de la población, especialmente la de la clase proletaria que constituye la inmensa mayoría de ésta. La guerra, que es consustancial a la propia existencia del mundo capitalista y que ahora se coloca en un horizonte no muy lejano como guerra generalizada siguiendo la estela de las dos grandes carnicerías imperialistas del siglo XX y de la miríada de enfrentamientos entre potencias localizados en determinadas regiones del mundo (sudeste asiático, amplias regiones de África, la antigua Yugoslavia o la Ucrania de hoy en día), es una amenaza bien real para la vida de los proletarios. Y son los intereses de la clase dominante, interesada siempre en extender sus mercados, en controlar cada vez más áreas de influencia, en enfrentarse a sus rivales económicos, etc. los que están detrás de esta amenaza, porque, llegado a cierto punto, el enfrentamiento arancelario, comercial, etc. deriva en un enfrentamiento armado que requiere de los proletarios que sean su carne de cañón, tanto para batirse en el frente de guerra como para soportar las consecuencias de todo tipo que tiene el enfrentamiento.
Pero la vida de los proletarios también está continuamente amenazada en tiempos de paz. El mundo capitalista es esencialmente un mundo de violencia y destrucción. Todas las supuestas conquistas de la civilización burguesa, toda su espléndida vida económica y social… está continuamente salpicada por dramas que causa precisamente esa civilización y una esa vida económica, que tienen como única razón de ser la búsqueda desaforada de beneficios, el sacrificio de todo aquello que sea necesario para aumentar la tasa de ganancia, con tal de garantizar la explotación de la clase proletaria, cuyo trabajo es la única fuente de verdadera riqueza. Hace unos meses, las riadas que arrasaron el sur de Valencia dejaron un espectáculo de desolación que mostró la realidad de la vida proletaria en el capitalismo. Ayer fue un apagón que no por limitado dejó de causar importantes daños… ¿qué será mañana? No podemos saberlo, pero sí que, de una manera u otra, las tragedias, perfectamente evitables, volverán a darse. Y que serán los proletarios quienes pagarán con su vida y su salud las consecuencias.
Para entender esto basta con ver qué ha sucedido el día después del gran apagón. Sin que la propia burguesía, sin que su Estado, su ejército o sus servicios de inteligencia hayan sido capaces de determinar aún la causa del black out, es decir, sin que todavía sea posible saber si se va a repetir o no, la orden dada ha sido clara: vuelta inmediata al trabajo, reanudación sin dilaciones de la actividad productiva… con o sin seguridad la explotación de la fuerza de trabajo proletaria debe continuar su marcha. El día después de un evento como el padecido, cuando es imposible saber si la llamada normalidad está restablecida, la industria ya funcionaba a pleno rendimiento, las construcciones reanudan su marcha, el transporte y el comercio continúan como si nada hubiera pasado. Esto significa que el propio día 28, cuando ni siquiera se habían resuelto los problemas más inmediatos causados por el apagón, las empresas, públicas y privadas, ya estaban ordenando a sus trabajadores que el día siguiente deberían ir al trabajo… ¡sin saber tan siquiera si se podría circular o los riesgos que comportaría el transporte público!
Esto significa un peligro innegable para la clase proletaria. Sin duda el día 28 el número, de por sí altísimo, de accidentes laborales se habrá disparado. Los heridos y aún los muertos en el trabajo o en el camino de vuelta a sus casas habrán aumentado como consecuencia del apagón, aunque evidentemente los medios de comunicación no hablarán nunca de ello. Ordenar la vuelta al trabajo el día 29 implica asumir que la situación pueda repetirse y, con ello, poner en juego la vida de los trabajadores.
En esta tarea de disciplinar a los proletarios la burguesía no ha estado sola. Las organizaciones políticas y sindicales, las corrientes oportunistas que dicen representar a los proletarios (entre ellas las primeras la socialdemocracia y el estalinismo que forman la coalición de gobierno) han permanecido mudas frente al peligro que supone la repetición de sucesos como los de ayer. Los sindicatos colaboracionistas, habituados a imponer las exigencias de la patronal entre los proletarios, en lugar de responder a la orden de vuelta al trabajo con la consigna de huelga hasta que se garantizasen las condiciones de seguridad mínimas, han dado un ejemplo de su verdadera naturaleza anti proletaria aceptando el juego macabro de la burguesía. Detrás de ellos, por supuesto, han ido las organizaciones sindicales alternativas (CGT, CNT, LAB, etc.) que únicamente han emitido comunicados lastimosos exigiendo… “la defensa de lo público”
Los proletarios deben aprender de esta situación: ni la burguesía es capaz de evitar el caos que su propio orden social, encaminado únicamente ha incrementar sus ganancias y su poder a costa de la vida de los proletarios, ni los llamados “agentes sociales”, supuestamente encargados de garantizar al menos las condiciones mínimas para que los proletarios puedan ser explotados, ven en ellos algo más que mano de obra que explotar, la fuente de sus beneficios, sobre la que toda la sociedad se levanta y que es sacrificada tan pronto como es necesario. El día 28 por la tarde, en un momento en el que aún no se sabía si los niños, los ancianos o los enfermos podrían comer caliente los próximos días, se pudo ver a la policía desplegarse en los barrios proletarios de las grandes ciudades para evitar disturbios y saqueos. Antes que proporcionar siquiera alimentos de emergencia para los más vulnerables, se garantizó que el ejército intervendría para imponer el orden. Todo ello auspiciado por el gobierno de PSOE y PCE y con el apoyo explícito de las organizaciones sindicales.
Este es el futuro que la burguesía depara a los proletarios. Hoy ha sido un apagón, ayer un temporal o una pandemia… mañana seguramente una guerra a gran escala. Es la realidad de la vida en el mundo capitalista la que pone a los proletarios, cotidianamente, en la obligación de luchar si quieren romper con esta dinámica criminal. Hoy la burguesía todavía es capaz de circunscribir los efectos de los daños que crea su sistema a sectores restringidos del proletariado, pero mañana, cuando esa guerra que hoy ya se intuye entre de golpe en el escenario de la historia, será toda la clase la que se enfrentará al dilema de dejarse matar o luchar.
Pero para luchar, para poder siquiera empezar a luchar, deberá salir del marasmo que décadas y décadas de una política de colaboración entre clases, de estar sometida a los designios de la burguesía, para volver al terreno del enfrentamiento directo, de la lucha clasista, contando únicamente con sus propias fuerzas… precisamente las que hoy parecen dormidas pero que en un futuro, quizá no muy lejano, volverá a hacer temblar el mundo.
29 de abril de 2025
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