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La clase proletaria y la guerra capitalista que se libra contra ella

 

 

ES LA EXPLOTACIÓN DEL TRABAJO ASALARIADO LO QUE MANTIENE EN PIE AL CAPITALISMO

 

La clase proletaria es, históricamente, la clase productora, de cuyo trabajo asalariado la clase burguesa extrae la plusvalía, es decir, ese valor adicional que corresponde a las horas de trabajo diario no remuneradas al obrero (el trabajo adicional). Para lograr este resultado, la clase burguesa, al revolucionar el sistema social y económico feudal —y, en general, cualquier sistema precapitalista—, y al desarrollar los medios modernos de producción, ha desarrollado la economía capitalista, la economía mercantil. Se denomina capitalista porque se basa en un modo de producción caracterizado por la propiedad privada de los medios de producción, de cualquier medio de producción (que el marxismo ha definido como capital constante, por su propiedad de contener ya un valor que corresponde al trabajo de producción anterior, el trabajo muerto), medios de producción que recuperan vitalidad social en la medida en que se les aplica el trabajo vivo, el trabajo de los obreros por el que se les paga un salario (para el marxismo, capital variable). Además de la propiedad privada de los medios de producción, esta economía se caracteriza sobre todo por la apropiación privada de toda la producción social, apropiación conquistada con la revolución burguesa y defendida por la fuerza, desde ese momento en adelante, por el Estado burgués. Cualquier ser humano, para vivir, se ve así obligado a recurrir al mercado en el que comprar los productos-mercancía que necesita. La compraventa de todos los objetos que se producen se convierte en la relación social de la que depende la vida de todos, tanto de quienes lo poseen todo (los capitalistas) como de quienes no poseen nada (los proletarios). La clase burguesa domina la sociedad y seguirá dominándola mientras el Estado burgués y la economía capitalista se mantengan en pie. Con el desarrollo de la producción capitalista y, por tanto, del mercado de bienes materiales, se desarrolla también el mercado de la fuerza de trabajo a través de la expropiación de los campesinos pobres y empobrecidos, a través del mercado de esclavos, a través de la ruina de los estratos más débiles de la pequeña burguesía urbana que no resiste a la competencia de los productos industriales. Y se desarrolla también el mercado de los bienes inmateriales, la cultura, el arte, la ideología, que, con el tiempo, se convierten en mercancías idealmente a disposición de todos, pero que, en realidad, son instrumentos adicionales de dominio social por parte de la clase burguesa que detenta su propiedad comercial e intelectual.

La burguesía, que fue revolucionaria frente al modo de producción feudal y a la sociedad feudal, se ha transformado, con el desarrollo del capitalismo, en una clase conservadora y contrarrevolucionaria. Conservadora porque son la propiedad privada de los medios de producción, incluida la tierra, y la apropiación privada de la producción social lo que le permite dominar a toda la sociedad, explotar la fuerza de trabajo proletaria y los recursos naturales en todos los rincones de la tierra, enriquecerse sin límites empobreciendo y explotando a toda la población mundial. La contradicción más aguda de la sociedad burguesa radica en el hecho de que el poder del modo de producción capitalista, que permite producir enormes masas de bienes con un esfuerzo físico cada vez menor por parte de los trabajadores, se dirige exclusivamente a la producción de mercancías y, por tanto, de capital, que se convierten en los verdaderos dominadores no solo del mercado, sino de la vida de la especie humana. Pero el propio desarrollo técnico y tecnológico de la producción capitalista y su reproducción continua, junto con la producción y reproducción de las gigantescas masas de trabajadores asalariados en todos los continentes, empujan a la sociedad a liberarse de las ataduras económicas y sociales que asfixian a la inmensa mayoría de la población mundial, en beneficio aún hoy exclusivo de la clase burguesa capitalista, que constituye una minúscula minoría de la humanidad. Para mantener el dominio social sobre toda la humanidad, acaparando la mayor parte de los beneficios materiales de la gran producción industrial, la burguesía se ve impulsada a luchar contra la única fuerza social que ha demostrado históricamente no sólo plantarle cara, sino combatir su dominio político y económico para derrocarla, revolucionando de arriba abajo toda la sociedad tanto desde el punto de vista económico como social: el proletariado, la clase de los trabajadores asalariados.

Así como las mercancías no tienen fronteras, pudiendo fabricarse y venderse en cualquier parte del mundo, salvo que lo dicte la fuerza económica, política y militar de una burguesía concreta sobre las burguesías competidoras, así tampoco la fuerza de trabajo asalariada tiene fronteras, puede ser explotada en su país de origen o en cualquier otro país al que sus condiciones materiales la empujen a emigrar. El proletariado, la clase de los trabajadores asalariados, es el producto más genuino de la sociedad burguesa, porque sin la explotación de su fuerza de trabajo el capital no se valorizaría, no podría producir capitales adicionales, no podría acumularse en manos de la clase de los capitalistas. Por eso, a pesar de que el desarrollo técnico y tecnológico de la producción capitalista permitiría desde hace tiempo ponerla al servicio de toda la sociedad, de la especie humana como tal, la clase burguesa de cada país, con el fin de mantener su dominio social, se vuelve necesariamente contrarrevolucionaria, transformando su antagonismo de clase frente a la clase proletaria en un antagonismo histórico frente a toda la especie humana.

 

DE LA LUCHA DE DEFENSA ECONÓMICA, EL PROLETARIADO DEBE PASAR A LA LUCHA POLÍTICA CONTRA LA CLASE BURGUESA

 

Para salir de esta contradicción asfixiante, dramática y negativa, la historia de las luchas entre clases ha señalado objetivamente el camino: la revolución de la clase mundial de los trabajadores asalariados, de la clase que, mediante el empleo obligado de su fuerza de trabajo en los medios de producción propiedad de la clase capitalista, produce toda la riqueza social. La lucha que el proletariado lleva a cabo para defender sus intereses vitales inmediatos contiene en sí misma una contradicción, en este caso positiva. Esta lucha ha mostrado y muestra continuamente los límites en los que se desarrolla, ya que está condicionada materialmente por la relación de dependencia existente entre la fuerza de trabajo y el capital, es decir, entre el salario —el precio de la fuerza de trabajo— y el capital. Para superar la explotación capitalista de la fuerza de trabajo asalariada, el proletariado debe dar un salto cualitativo histórico, debe elevar su lucha económica inmediata al nivel de la lucha política general, es decir, superar la lucha que los capitalistas encauzan por los meandros de la relación de dependencia de los trabajadores respecto al capital, luchando en el terreno político contra la fuerza material de su dominio: el Estado burgués, que no es otra cosa que el comité de administración de los intereses capitalistas de cada burguesía nacional.

Para que los proletarios sean capaces de llevar a cabo su lucha en el terreno político general —el único terreno en el que es posible contrarrestar y vencer a la fuerza dominante burguesa—, necesitan una guía política que conozca el recorrido histórico del desarrollo social partiendo de las bases económicas, de la estructura de la sociedad, para llegar a la superestructura, a las instituciones políticas, culturales y religiosas que impregnan toda la sociedad organizándola en función exclusiva de los intereses del capitalismo, es decir, de la clase burguesa dominante. Esta guía política es el partido de clase, que representa la conciencia histórica de clase que, a través del marxismo, le permite conocer de antemano el curso histórico inevitable del desarrollo del capitalismo, sus contradicciones y su superación; conocer de antemano, basándose también en la experiencia histórica de las luchas entre clases, cuáles son los objetivos reales de la lucha de clases del proletariado, qué métodos y medios de lucha son coherentes y cuáles no, con esos objetivos, cuáles son los enemigos de clase del proletariado, que no son solo los capitalistas y los burgueses declarados, sino también toda esa masa de estratos sociales pequeñoburgueses que alimentan el oportunismo en sus múltiples disfraces. La propia historia de las luchas de clases de 1830 en Francia, de 1848 en Europa, de 1871 con la Comuna de París, de octubre de 1917 con la revolución proletaria y comunista en Rusia, y las tenaces y valientes luchas proletarias contra la guerra en los años que precedieron y siguieron a la primera guerra imperialista mundial en Alemania, en Polonia, en Hungría, en Italia, es una historia que ha demostrado la posibilidad real de que la lucha de clases del proletariado —orientada a la conquista revolucionaria del poder político, al derrocamiento con la misma violencia que el poder burgués utiliza sistemáticamente para mantenerse en pie, al establecimiento de la dictadura de clase proletaria contra la dictadura de clase de la burguesía, e integrada en el movimiento revolucionario internacional—, es la única que tiene la fuerza para cambiar de arriba abajo la sociedad actual y transformarla en una sociedad en la que la explotación de las clases proletarias y desheredadas, la opresión sistemática de los pueblos más débiles, el empobrecimiento generalizado y la reducción al hambre de una masa humana cada vez mayor, y la guerra librada con el único fin imperialista de repartirse el mundo entre las principales potencias existentes, hayan sido erradicados para siempre.

Hoy, en que las luchas proletarias siguen reduciéndose a perseguir migajas económicas y sociales destinadas a desaparecer ante la primera ráfaga de crisis, ante el primer enfrentamiento interimperialista por las materias primas y las fuentes energéticas; hoy, en que el proletariado es llamado y obligado a sacrificarse por enésima vez y de manera más feroz (aunque a menudo oculto por una propaganda que tiene interés en presentar a los gobiernos burgueses siempre dispuestos a remediar los daños económicos y sociales que las propias crisis del capitalismo provocan continuamente); hoy, en que el proletariado es doblegado por las fuerzas de la conservadurismo y del oportunismo político y sindical para satisfacer los intereses de la burguesía, de su poder económico y político, en «paz» y en «guerra», y es conducido una vez más hacia el máximo de los sacrificios (el sacrificio de la vida que debe ofrecerse a la guerra general que toda burguesía está preparando a escala mundial) parece que el proletariado no tiene salida, que no tiene otra alternativa que convertirse en carne de cañón tras haber sido creado como mano de obra para ser explotada hasta la última gota de sudor y sangre.

La guerra de expolio que las potencias imperialistas más importantes llevan a cabo en todas las décadas posteriores al final de la segunda carnicería imperialista mundial, a la que, por el camino, se han sumado otras potencias con menor potencia de fuego a su disposición pero con mayores ambiciones de hacerse con una porción del mercado mundial del que depende toda economía nacional, es la demostración de que las contradicciones del capitalismo, acumuladas y agudizadas por su propio desarrollo —que debe interpretarse como una crisis periódica de sobreproducción de mercancías y capitales— no pueden ser abordadas por la burguesía sino aumentando los factores de crisis y de guerra general.

El proletariado se levantará contra la guerra burguesa, contra la guerra de expoliación imperialista, contra la carnicería mundial que se está preparando y que afectará a miles de millones de seres humanos con el único fin de mantener con vida un sistema social que conducirá a desastres cada vez más vastos, negando un futuro social de vida colectiva y de bienestar físico y espiritual que solo puede provenir de una sociedad no mercantil, no capitalista, no sometida a la explotación de la fuerza de trabajo asalariada, sino gozosa en la libre expresión de una humanidad que solo podrá caracterizar una sociedad sin clases, una sociedad comunista, una sociedad de especie.

Por muy lejana que pueda parecer la sociedad de especie, la sociedad comunista, es el propio desarrollo técnico y tecnológico del trabajo humano impuesto por el capitalismo el que crea sus bases. Desde el punto de vista de la capacidad productiva para satisfacer ampliamente las necesidades vitales y sociales de los pueblos de todo el mundo, el capitalismo ha demostrado desde hace tiempo que la posee. Pero esas necesidades vitales y sociales de los pueblos de todo el mundo no han sido consideradas en absoluto por la burguesía mundial como su prioridad; y no puede hacerlo, por muchas reformas que sea capaz de llevar a cabo en este o aquel país, por muchas promesas que se haga a sí misma tras cada crisis que sacude su economía y su sociedad, porque es hija de un sistema económico que se devora a sí mismo, un sistema económico que crea y desarrolla fuerzas productivas en cantidad para destruirlas en cada crisis. El límite del capital, dijo Marx, es el propio capital: mientras se ve impulsado a aumentar sin límites las fuerzas productivas, se ve al mismo tiempo impulsado a destruirlas para poder dar paso a nuevos ciclos de producción mercantil, a nuevos ciclos de producción capitalista. Es una espiral que solo podrá ser vencida por una fuerza social que es a la vez interna al propio capitalismo —porque es una de sus criaturas— y, por tanto, la fuerza de trabajo asalariada, y contraria al propio capitalismo —porque representa las fuerzas productivas que el capitalismo destina periódicamente a la destrucción gracias a las formas de producción constituidas por el poder político y el Estado burgués que aprisionan el desarrollo objetivo de las fuerzas productivas. Esta fuerza social está representada por el proletariado, por la clase de los trabajadores asalariados, a su vez aprisionados en el sistema de apropiación privada de la producción social. Por lo tanto, para dar a las fuerzas productivas humanas un desarrollo libre e indefinido, deben deshacerse de todas las formas sociales burguesas existentes, deben hacer saltar por los aires toda la superestructura de los estratos que forman la sociedad oficial (Manifiesto del Partido Comunista, Marx-Engels).

 

HAN ASESINADO EL PRIMERO DE MAYO PROLETARIO: LA REANUDACIÓN DE LA LUCHA DE CLASES Y REVOLUCIONARIA DEL PROLETARIADO MUNDIAL VOLVERÁ A CONVERTIRLO EN EL EMBLEMA DE SU EMANCIPACIÓN HISTÓRICA.

 

El Primero de Mayo de cada año, desde que la Internacional Socialista lo eligió como cita mundial de lucha de los proletarios de todos los países del mundo contra la sociedad burguesa, y por tanto contra el capitalismo y todas sus formas de existencia, deberá volver a ser el día mundial de la reanudación general de la lucha de clases del proletariado. El Primero de Mayo, como cualquier otra expresión histórica de la lucha de clases del proletariado (desde las asociaciones económicas clasistas de defensa inmediata hasta el partido de clase, desde las luchas revolucionarias y las revoluciones efectivamente llevadas a cabo, como en París en 1871 y en San Petersburgo en 1917, y desde la dictadura de clase proletaria dirigida por el partido bolchevique de Lenin), ha sido tergiversado, transformado por las fuerzas oportunistas y contrarrevolucionarias en una celebración de la democracia burguesa, del poder burgués, del capitalismo, y se utiliza contra el proletariado, contra sus aspiraciones sociales, contra sus tareas de clase históricas; ha sido transformado, al igual que toda lucha proletaria llevada a cabo por las fuerzas oportunistas de la colaboración de clases, en un arma de la conservación social, de la colaboración interclasista, un arma contra los proletarios de todo el mundo.

 

¡ Por la reanudación de la lucha de clases en todos los países !

¡ Por la reconstitución de las asociaciones económicas proletarias de clase y la lucha contra toda forma de colaboración entre las clases !

¡ Por la lucha contra la «paz burguesa e imperialista» y, más aún, contra la «guerra imperialista» !

¡ Por la reanudación de la lucha de clases a nivel mundial !

¡ Por la guerra de clases contra la guerra imperialista !

¡ Por la revolución proletaria y el comunismo, único camino para acabar con toda opresión, toda explotación, toda desigualdad, toda guerra, toda división de la sociedad en clases !

¡ Por la emancipación general de los seres humanos de su reducción a mercancías, a artículos de comercio, a carne para la explotación capitalista y para el matadero !

 

28 de abril de 2026

 

 

Partido Comunista Internacional

Il comunista - le prolétaire - el proletario - proletarian - programme communiste - el programa comunista - Communist Program

 

 

Se prohíbe todo salvo ir a trabajar.

Más allá de distopías orwellianas: ¡La economía capitalista!



Desde que la pandemia fue “declarada”, en marzo de este año, entre el gobierno central y los diferentes gobiernos autonómicos (es decir, entre el nivel general y el local del Estado) se han tomado las siguientes medidas:

-Un Estado de Alarma, que implicó la absoluta prohibición de abandonar el domicilio, excepto para cubrir las necesidades más perentorias.

-Un Estado de Alarma “suavizado”, en el que se restringió el movimiento de la población a unas pocas horas diarias.

-Un Estado de “nueva normalidad” (decimos estado porque fue legislado como tal), que potestaba a las autoridades para tomar las medidas restrictivas que considerasen oportunas, y cuando lo considerasen conveniente.

-Confinamientos selectivos de pueblos y barrios, casi permanentes como en Íscar y Pedrajas (el confinamiento más largo) o temporales, con Madrid como ejemplo más lacerante: se llegó al despropósito de “sellar” los barrios proletarios de la ciudad dejando libertad de circulación a los habitantes de los barrios burgueses.

-Un “toque de queda”, es decir, la prohibición de circular por la noche a partir de las 22 horas (en Castilla y León) o las 24:00 horas en diferentes ciudades y regiones del país (Madrid, Valencia...). [Finalmente hasta las 23:00 con el nuevo estado de alarma, dejando una hora de margen a las comunidades que quieran adelantarlo a las 22h].

- Y de acuerdo a la prensa, otro Estado de Alarma con nuevas medidas restrictivas que el consejo de ministros aprobó el domingo 25 de octubre.


En todas estas situaciones, tomadas como decimos por uno u otro de los niveles estatales, hay dos constantes: prohibición de reuniones y limitación de la circulación. Y, para garantizarlo, el despliegue masivo de policía, Guardia Civil, ejército y reaccionarios de balcón varios. Es decir, estamos ante medidas que implican un incremento del poder del Estado para controlar la vida diaria de las personas, para prohibir discrecionalmente derechos fundamentales que hasta ahora parecían intocables.

Desde el Estado se afirma que son medidas inevitables para salvar la situación de crisis sanitaria que se vive en todo el país, que son las únicas posibles, que el propio ordenamiento jurídico del país fuerza a ellas, si se quiere evitar la extensión de los contagios.

Pero, seis meses después del inicio declarado de la circulación del virus por España, ¿qué tenemos?

  • Miles de contagios diarios, centenares de muertos en los hospitales y residencias de ancianos.

  • El colapso total de la atención primaria, con graves problemas de personal, cansancio y ultraexplotación.

  • Un sistema sanitario que se ha derrumbado como un castillo de naipes, miles de muertes asociadas a otras patologías diferentes del virus pero que se producen por la falta de medios médicos que venía de lejos y se ha agudizado con la pandemia.

    Todo esto, después de haber pasado casi tres meses, en los que el Estado se ha empleado a fondo para impedir la movilidad: que ni siquiera los niños pudiesen salir a la calle. Esta semana que entra, más de mil personas morirán mientras el Estado afirma que está haciendo todo lo necesario.

¿Cuál es el problema? Básicamente que el Estado no está tomando ninguna medida sanitaria. Todos sus esfuerzos van dirigidos hacia la imposición de un sistema represivo reforzado por todas las prerrogativas legales que tiene en su mano (y las que no, se las inventa, visto que muchos juristas comienzan a hablar de extralimitación en la “libertad” con que los gobiernos autonómicos están tomando para imponer cierres perimetrales, toques de queda, etc.).


En la sociedad capitalista, la mayor parte del tiempo se dedica o bien al trabajo o bien a la educación para el trabajo. La mayor parte de la población, el proletariado, sacrifica casi toda su vida a la producción de mercancías. Parece razonable pensar que es en esta actividad que consume casi todas las fuerzas sociales donde deberían imponerse medidas sanitarias para impedir la propagación del virus. Y, sin embargo, es precisamente aquí, en los centros de trabajo, en las fábricas, en las oficinas, en los colegios e institutos, donde no se ha tomado absolutamente ninguna medida.


El gobierno central y sus secuaces autonómicos mienten: no ha habido confinamiento domiciliario, ir al trabajo era obligatorio si no se estaba despedido o en ERTE; no ha habido confinamiento perimetral, las salidas laborales eran prácticamente las únicas permitidas; no hay toque de queda, todos los trabajos nocturnos siguen siendo obligatorios; no hay medidas de distanciamiento social o higiene personal, en ninguna empresa ningún empresario está en condiciones de respetarlas sin que esto afecte a la producción.


A la población, mejor dicho, a la clase social que constituye la inmensa mayoría de la población, el proletariado, se le han impuesto una serie de medidas coercitivas para disciplinarle, para hacer caer sobre él el peso de la crisis económica y social creada por la pandemia. Ninguna medida de las tomadas ha tenido otro objetivo que el de controlar a esta parte de la población que se ve afectada por el desempleo, la miseria y el hambre que el colapso de las economías ha traído. Este es el verdadero secreto de la crisis del coronavirus.

Hay quienes, no se sabe si desde la candidez más absoluta, afirman que el Estado podría tomar medidas para atajar la pandemia: rastreadores, cuarentenas, etc. Por supuesto que todo esto se podría hacer, claro. Pero basta con observar un momento las consecuencias para saber por qué nunca se hará. Según las estimaciones que da el Ministerio de Sanidad, entre uno y tres millones de personas se han contagiado en España a día de hoy. Aceptemos, siguiendo a este mismo Ministerio, que el “confinamiento” de marzo-junio fue eficaz y que el grueso de los contagios se ha producido después. Pongamos ahora que por cada contagiado, contamos cuatro contactos (una cifra baja) a los que habría que rastrear y poner en cuarentena. Pues bien, tendríamos que aproximadamente doce millones de personas habrían estado inmovilizadas a lo largo de los últimos meses. Es el equivalente a tres cuartas partes de la fuerza laboral española. El coste en horas de trabajo habría echado a pique la economía. Por eso, ni el gobierno central ni el autonómico, ni el PP, ni el PSOE, ni Podemos, ni el PNV ni ningún representante de la burguesía va a tomar medidas sanitarias para controlar la pandemia. Porque el precio a pagar por hacerlo es demasiado alto. El coste de la sanidad pública no es nada comparado con el coste de restringir la producción a los niveles que exigiría la contención de la pandemia.


El Estado es la máquina en manos de la clase burguesa que esta utiliza para imponer su control sobre el proletariado y otras clases subalternas. El Estado se comporta como lo que es, el instrumento de su amo. No tiene funciones sanitarias, en la medida en que su principal objetivo es garantizar que la clase burguesa siga disfrutando de su posición predominante y de sus privilegios y toda medida sanitaria entra en contradicción con este objetivo. Por lo tanto, lo único que puede hacer es tomar medidas represivas durísimas que tienen una doble función: por un lado, es cierto, moderan algo (muy poco como hemos visto) el ritmo de los contagios (decimos moderan el ritmo, no eliminan, es decir se asume que la mayor parte de la población se va a contagiar antes o después) y esto permite ir tirando con una sanidad prácticamente destruida. Por otro lado, imponen una situación de absoluto control de la población, especialmente de la población proletaria, que permite que las medidas económicas que se van tomando en favor del capital y contra los trabajadores, sean aceptadas sin que la tensión social se desborde de inmediato.


El gran miedo de la burguesía, su desvelo de cada noche, no es la pandemia ni la crisis económica que esta ha traído. Es la clase proletaria, que va a pagar con su vida sus consecuencias, pero que (esto lo sabe bien la burguesía) tiene la fuerza suficiente como para barrer el sistema capitalista de la faz de la tierra. Es por esto que en vez de médicos, hemos visto al ejército. En vez de hospitales, se han reabierto los CIEs. Y así un largo etcétera. Hasta ahora el gobierno de PSOE y Podemos han gestionado bien la situación (con el apoyo inestimable de toda la izquierda parlamentaria, incluyendo a Bildu que, quién le ha visto y quién le ve, apoya el despliegue del ejército en Euskadi con el Estado de Alarma). Han desplegado toda la retórica izquierdista posible, han movilizado a todos sus secuaces políticos y sindicales, y con ello han logrado imponer todas las medidas anti proletarias que la burguesía ha necesitado. ¿Las empresas se paralizan? ERTEs, y los proletarios pagan con el 25% de su salario el mantenimiento de estas. ¿Despidos sin parar? Ingreso Mínimo Vital como propaganda, que además se paraliza, y todos los sindicatos aplaudiendo al gobierno progresista. Y suma, y sigue.

La clase proletaria ha permanecido paralizada porque el gobierno progresista ha sabido canalizar la tensión hacia los gobiernos autonómicos, en manos del PP o de otras formaciones, ha agitado el coco del fascismo dándole una cancha a Vox que de ninguna otra manera hubiera soñado con tener. Ahí están, como espantajo, los cuatro fascistas descerebrados que protestan bajo el grito de “libertad”, para que la masa de la población piense que lo correcto es aceptar las medidas restrictivas de este gobierno que “vela por nosotros”. Muchos proletarios siguen confiado en un gobierno que les lleva, como hizo el del PP hace diez años, a la miseria.


Pero esta situación no puede mantenerse. Mientras las colas del paro aumentan, las familias acuden a Cáritas a pedir comida, las empresas despiden con ERTEs casi permanentes... los proletarios no podrán estar eternamente callados. Ahora, se implanta el toque de queda y un nuevo estado de alarma: Todo queda prohibido, salvo trabajar. Reuniones prohibidas, movimientos limitados, restricciones y multas… ¿Cuánto más debemos esperar?



 



No somos héroes. Somos explotados, somos explotadas.

 

Recopilación de paros, huelgas y conflictos varios en los centros de trabajo bajo estado de alarma.

Por la extensión del conflicto. Por la solidaridad y la acción directa.
El trabajo no ha parado a pesar de la pandemia del coronavirus. Desde el comienzo del confinamiento los trabajadores y trabajadoras de todo el mundo hemos sido y seguimos siendo golpeados duramente por las decisiones que empresas y gobiernos toman sobre nuestras vidas. Sea porque tenemos que acudir a nuestros puestos de trabajo por ser considerados esenciales, sea porque trabajos que no lo son mantengan su actividad, sea porque hayamos sido despedidos y despedidas o porque un ERTE sea la solución de muchas empresas, sea como sea, somos quienes sufrimos una de las tantas consecuencias agravadas por la pandemia: la dominación del trabajo asalariado. Dominación que ya sufríamos antes de la aparición del coronavirus por la mayor pandemia, el capitalismo.

Seguimos produciendo bajo unas condiciones míseras de seguridad, con mascarillas que no protegen apenas, si es que las dan y no las tiene que llevar el trabajador, sin guardar la distancia de seguridad recomendada, mientras seguimos sufriendo accidentes o muertes en el trabajo. Nos jugamos la salud y la vida. Pero ante esta situación cientos de trabajadores tanto en el Estado español como en otros países del mundo se han levantado contra los explotadores en momentos puntuales de la pandemia. Aquí se recogen algunos casos en los que los trabajadores y trabajadoras  han exigido mejoras en sus puestos de trabajo, han parado la producción en sus empresas o declaran jornadas de huelga para
enfrentar la miseria a la que nos condena el Estado y el capital.

En España, trabajadores de diferentes empresas se han rebelado mediante plantes o huelgas ante la falta de medidas de seguridad tomadas frente al coronavirus:

Desde comienzos del Estado de alarma…

Valladolid, 16 de marzo. En Iveco los y las trabajadoras de esta fábrica, donde se producen vehículos, paran de trabajar para exigir el cierre de la misma por la falta de medidas de seguridad frente al
coronavirus y en vista de que otras fábricas de la misma empresa han cerrado.

Vitoria, 16 de marzo. Trabajadores y trabajadoras de la fábrica de Mercedes paran la producción mediante una concentración frente a la cadena de montaje exigiendo su paralización total y no parcial ante el coronavirus.

Rubí-Barcelona, 17 de marzo. Unos 600 trabajadores y trabajadoras de la fábrica Continental, dedicada a la automoción, paran la producción concentrándose en la puerta y negándose a trabajar ante la falta de gel hidroalcohólico y  mascarillas.

Ciudad Real, 17 de marzo. En la fábrica de Vestas, que produce aspas para molinos eólicos, unos 800 trabajadores protestan improvisadamente plantándose y parando la producción ante las insuficientes medidas de seguridad sanitaria tomadas por la empresa.

Illescas-Toledo, 17 de marzo. Una gran parte de trabajadores y trabajadoras de Airbus no acude a la fábrica a trabajar por falta de medidas preventivas ante el coronavirus.

Zaragoza, 17 de marzo
.  Los operarios de Balay en Montañana paran la producción, ante las amenazas de la empresa, por la falta de gel desinfectante y mascarillas.

Jerez, 17 de marzo. Trabajadores y trabajadoras de Correos denuncian que trabajan sin medidas de seguridad para protegerse del coronavirus. 

Vigo, 18 de marzo. Los trabajadores y trabajadoras de una oficina de Unísono, dedicada a call centers, abandonan su puesto de trabajo por la falta de medidas de seguridad frente al coronavirus. La empresa amenaza con sancionar a quien no acuda a trabajar.

Asturias, 18 de marzo
. Trabajadores del astillero de Armón se plantan por la falta de medidas de seguridad ante el covid-19. En numerosas empresas aumentan las denuncias de trabajadoras y trabajadores por el mismo problema en la región.

A Coruña, 22 de marzo
. Empleados y empleadas de Zara exigen mascarillas, guantes y gel desinfectante.

Barcelona, 23 de marzo. Repartidores y repartidoras de Glovo denuncian trabajar sin protecciones frente al coronavirus.

Madrid, 25 de marzo
. Convocan huelga indefinida a partir del 30 de marzo en Airbus por no considerar suficientes la medidas de seguridad adoptadas por la empresa. Son 120 las personas contagiadas en esta planta de Getafe, 101 las que están de baja por presentar síntomas y 430
las que están en cuarentena sin síntomas.

Álava, 26 de marzo. Convocan huelga indefinida en Aernova Aeroestructuras por la falta de medidas de seguridad frente al coronavirus.

Algeciras-Cádiz, 1 de abril. Cerca de 1.800 trabajadores y trabajadoras del puerto de Algeciras no acuden a su puesto de trabajo durante varias horas ante la negativa de las empresas estibadoras de pagar pluses.

Madrid, 14 de abril
. Convocan una segunda huelga en Airbus por la reapertura de las plantas de Getafe, Madrid capital, Illescas y Albacete, continuando con la falta de medidas de seguridad para los
trabajadores.

Madrid, 16 de abril. Los “riders” de la empresa Globo protestan por la reducción de recogida de 2,5 a 1,2 euros por recogida. Una manifestación con decenas de motos y bicicletas recorre algunas calles de la ciudad en pleno estado de alarma. Trabajadores y trabajadoras de esta y otras empresas de reparto convocan una huelga internacional para el día 22 de abril.

Zaragoza, 14 de abril.
Una decena de trabajadores de Telepizza son sancionados con 20 días de empleo y sueldo por negarse a trabajar sin equipos de protección individual referentes al coronavirus. Como respuesta se convoca huelga para el día 18 de abril.

En otras partes del mundo los trabajadores y trabajadoras le plantan cara a esta situación usando una de las herramientas de los explotados: la huelga.

Italia, 23 de marzo.
Obreros y obreras de diferentes regiones de Italia, como Lombardía o Lazio, convocan huelga ante la falta de medidas de seguridad frente al coronavirus.

Zimbabue, 25 de marzo. Trabajadores y trabajadoras médicos anuncian una huelga  para denunciar  la falta de medios de protección para tratar el coronavirus. Las enfermeras dejan de trabajar hasta que se cumplan sus demandas.

Camboya, 25 de marzo
.  Cerca de 1000 trabajadores y trabajadoras del sector textil, hacen huelga y protestan a las puertas de la fábrica de Canteran Apparel por el impago de su salario.

Staten Island, EEUU, 30 de marzo. En Amazon convocan huelga para exigir el cierre de la planta y su desinfección, también para que los trabajadores cobren.

Malaui, 16 de abril.
Huelga de los trabajadores sanitarios del hospital Central Reina Isabel para exigir al gobierno la contratación de más sanitarios, la revisión de su salario y denunciar la falta de recursos frente al coronavirus.

Ecuador, 17 de abril. Decenas de trabajadores y trabajadoras de Glovo se concentran a las puertas de la oficina de la empresa con sus motos exigiendo medidas de protección contra el coronavirus y denunciar que no se estén respetando las tarifas acordadas hacía unos meses.

Estados Unidos, 21 de abril. Trabajadores y trabajadoras de 71 almacenes de Amazon van a la huelga durante los próximos días a causa de la mala gestión del coronavirus por parte de la empresa.

Argentina, 22 de abril. Más de cien trabajadores y trabajadoras de la empresa frigorífica Penta cortan el puente Pueyrredón para exigir la re-admisión de 240 empleados despedidos y el pago de los salarios de hace un mes.

Argentina, Perú, Guatemala, España, Costa Rica, 22 de abril. Riders de diferentes empresas como Glovo o Uber, llaman a huelga internacional para denunciar la explotación laboral a la que están sometidos.

¡Por el conflicto de los y las explotadas contra los explotadores en todo el mundo! 



Valladolor no admite comentarios
La apariencia como forma de lucha es un cancer
El debate esta en la calle, la lucha cara a cara
Usandolo mal internet nos mata y encarcela.
Piensa, actua y rebelate
en las aceras esta el campo
de batalla.

si no nos vemos
valladolorenlacalle@gmail.com















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Contrainformacion internacional

Anticarcelario / contra la sociedad cárcel

"Las prisiones son una parte más de la esencia represiva de todo Estado, no hay que olvidar la parte que nos toca a lxs que aún seguimos en la calle.

No podemos ver las cárceles como algo ajeno a nuestras vidas, cuando desde temprana edad hemos sido condicionadxs a no romper las normas, a seguir una normalidad impuesta; el castigo siempre está presente para lxs que no quieren pasar por el aro.

En el trabajo, en la escuela... domesticando y creando piezas para la gran máquina, piezas que no se atrevan a cuestionar o que no tengan tiempo para hacerlo.

Hemos sido obligadxs a crecer en un medio hostil donde es dificíl desarrollar nuestros propios deseos.

La rebeldía brota de algunxs, otrxs simplemente se acomodan en la mierda, tapando sus frustraciones con lo que le dan quienes antes les despojaron de todo. O viendo sus problemas como algo aislado, único y personal.

Para lxs que no tragan o no se adaptan al gran engaño ahí tienen sus cárceles, reformatorios, psiquiatrícos ... creados por los que no quieren ver peligrar las bases de su falsa paz.

No podemos ignorar la lucha de lxs compañerxs presxs.

Su lucha es nuestra lucha."