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   INUNDACIONES Y CAPITALISMO

  UNA REFLEXIÓN ANARQUISTA SOBRE LA INUNDACIÓN EN EL LEVANTE

  “El progreso y la catástrofe son el anverso y el, reverso de la misma moneda” H. Arendt

 

 

¿Otra catástrofe más? O es el mismo funcionamiento de la sociedad tecno industrial la que es una catástrofe (1) por sí misma. Sin lugar a duda, desde sus inicios la industrialización ha producido una sociedad ecocida y liberticida cuyas consecuencias son un mundo devastado industrialmente. Mar, tierra y aire contaminados con miles de productos químicos que hacen del mundo un lugar inhabitable, enfermo y al borde del abismo. Desde los cielos negros por contaminación del Londres, lleno de hambre y miseria, de la I Revolución industrial hasta nuestros días donde la devastación industrial alcanza cada punto del planeta.
  Lo ocurrido la semana pasada en el levante ibérico es consecuencia de la devastación del territorio por parte del capitalismo y sus asquerosos gestores tecnócratas. Lo decimo alto y claro: son unos asesinos. Extienden sus guerras militares a la guerra a todo lo vivo, con las consecuencias nefastas de cada catástrofe que acecha  nuestra vida. Han programado un mundo mecanicista y artificial donde , absolutamente, todo es reducido a intereses económicos provocando las nefastas condiciones de vida a las que somos sometidos. Los saberes antiguos, y modernos, sabían como parar las inundaciones, sabían que no había que construir al lado de las ramblas ,sabían que no había que deforestar cantidades extensas de territorio, sabían que devastar la tierra y enterrarla en cemento no detendría a la naturaleza, al revés, provocaría grandes desastres. Pero la nefasta ideología del progreso no puede parar.
¿ Cuantas veces más nos creeremos el cuento que ha sido un desastre natural? ¿Cuántas veces más pediremos explicaciones a quienes gestionan nuestras vidas?..Nosotros no tenemos nada que pedir a las instituciones porque obviamente no creemos que no estuviesen preparados para la inundación, no pensamos que sean unos inútiles, simplemente defienden unos intereses, defienden el progreso y la  vida reducida a la economía. Defienden un mundo que provoca guerras, miserias y catástrofes. No entraremos jamás en su juego que reduce todo a intereses políticos y económicos donde las vidas de las personas y de todo lo vivo nada les interesa. O alguna vez hemos escuchado a la izquierda o la derecha que el desarrollo urbanístico en el levante ibérico hay que pararlo, que la destrucción de suelos ,acequias y bosques traerían catástrofes? Para quién es útil la construcción de mega complejos hoteleros, grandes cultivos intensivos, exuberantes centros comerciales, grandes infraestructuras que permitan la movilidad de mercancías y datos…Sólo para la clase política y empresarial y los tecnócratas que diseñan nuestras vidas. Quienes mutan continuamente el mundo para que nada cambie, para no perder sus privilegios. Estos días políticos, empresarios y tecnócratas iniciarán el gran circo mediático lanzaran bravuconadas, insultos, amenazas, les caerán lágrimas de cocodrilo, encontrarán “soluciones”  para terminar lanzando bolas de barro para que nada cambie, usarán bonitas palabras de mierda  y bajo el disfraz de la neolengua un nuevo proyecto sostenible e inclusivo calmará las aguas y el mejor de los mundos posibles seguirá funcionando.
BAJO EL MANTRA DEL CAMBIO CLIMÁTICO
   El terrorismo mediático ha encontrado un gran aliado: el cambio climático. Hoy todas y cada una de las catástrofes tienen excusa. El niño no ha hecho los deberes: el cambio climático, inundaciones :el cambio climático, inflación: el cambio climático…y para acabar con el cambio climático que mejor que artificializar todas las dimensiones de la vida, digitalizar e informatizarlo todo de forma que quede bajo constante vigilancia y que los recursos o la gestión y la administración de los pobres ciudadanos estén cada vez en menos manos. Algo huele a podrido.  Con la excusa del cambio climático se está creando una nueva forma de dominación cada vez más totalitaria. Sin embargo lo ocurrido es un fenómeno meteorológico típico de estas fechas en el Levante : aire polar marítimo con viento de levante que trae lluvias torrenciales. Es la ‘gota fría’ que lleva ocurriendo durante décadas, que ahora los medios de adoctrinamiento de masas, llaman ‘Dana’.

TODO BAJO CONTROL
  La maquinaria mediática y política ya ha sido puesta en marcha. Hablar de todo menos de la causa del problema es el mantra a seguir. La izquierda que si la culpa es de la derecha y asi consigue no hablar un problema de la que es responsable si a esto le añadimos la mediática aparición de un grupo de nazis ya está el trabajo excelentemente terminado. La inundación es culpa de los nazis y el cambio climático. Fin de la historia. Que decir de la derecha lo mismo pero al contrario, la culpa de todo es de la izquierda y de grupo radicales de extrema izquierda. Mientras miles de personas en condiciones de mierda. Políticos, empresarios y tecnócratas preparando su próximo ataque a la vida con el cual maximizar beneficios.
 Hemos visto como en reiteradas catástrofes son el ejército y la policía los encargados de racionalizar la vida cotidiana. Son la autoridad al mando. Así en ningún momento nada puede estar fuera de control. Se produce un control absoluto del espacio y el tiempo. A las órdenes de los  tecnócratas, militares y policías han negado los impulsos de apoyo mutuo y solidaridad entre vecinas y otras gentes venidas de fuera, la represión se multiplica en situaciones de catástrofes y emergencia, así hemos visto como han sido llevadas a las cárcel varias personas después de varios saqueos. Personas que no tenían nada que comer y beber. A quién le guste la  democracia hay van dos tazas llenas. Igualmente han negado la ayuda venida de otras provincias tanto de “voluntarios” como de recursos materiales y comida, todo debe estar perfectamente controlado , trazado y monitorizado, que nada quede fuera de su gestión. Por otro lado aceptar la autogestión, el apoyo mutuo y la solidaridad seria quedar en evidencia ya que mucha gente, es posible, se diese cuenta de que no necesita ni al Estado, ni al Capital ni su mierda de vida mediada por la economía y la tecnología para vivir.  Debemos estar preparados para catástrofes venideras y conocer todos los movimientos de nuestros enemigos de forma que nos ayude a reflexionar y proyectar unas ideas y unas prácticas más allá de los límites y cauces democráticos.
 Insistimos, en este pequeño texto escrito con algunas prisas, que no son “desastres naturales”  sino que es el capitalismo y la devastación del territorio y de formas de vida precapitalistas quienes causan estas catástrofes. Sólo la destrucción del capitalismo y del sistema tecno industrial acabarán con estas y otras catástrofes. Por la anarquía.




CHIMPANCES DEL FUTURO, MADRIP, NOVIEMBRE 2024

 

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(1) Cuando hablamos del mundo como catástrofe nuestro objetivo no es asustar a quién nos lea, simplemente analizar la realidad para poder actuar sobre ella, la administración del miedo es lo que persiguen de los medios de comunicación y sus dueños. Quiénes en tiempo real, gracias a las nuevas tecnologías de la comunicación, son capaces de sincronizar los sentimientos y emociones de millones de personas creando una opinión sobre la “evidencia” de sus informaciones, emociones que se transforman en un grito mudo de la población contemplando estupefactos la catástrofe ante sus pantallas.

 

 

PARA LOS PROLETARIOS

LA ÚNICA SOLIDARIDAD ES LA DE CLASE


La burguesía ha mostrado una vez más que es absolutamente incapaz de evitar la muerte y la destrucción en su sociedad. Centenares de muertos, millones de euros de infraestructuras básicas destruidas, la ayuda que no llega a muchos lugares (sobre todo, a los barrios obreros más golpeados), etc. Todo esto vuelve a demostrar por enésima vez la inutilidad de una clase social que sólo es capaz de grandes lamentaciones mientras se prepara para llenarse los bolsillos con el negocio de la reconstrucción.

Toda la burguesía, desde los empresarios y sus políticos, a la burocracia estatal y las cúpulas sindicales, son culpables de los muertos que ha dejado el temporal en Valencia, Albacete, Cuenca o Jaén. Sobre todos ellos cae la responsabilidad de no haber evacuado la región cuando ya era evidente que la tragedia era irremediable. La patronal porque no quiso parar el trabajo; la burocracia estatal, los altos responsables de la Administración y la mafia política porque impusieron la decisión de no parar la actividad productiva; finalmente, las cúpulas sindicales y todo el cuerpo burocrático que regula el mundo del trabajo porque se plegaron, como siempre, ante la decisión de la patronal.

Si el día 29 por la mañana se hubieran dado instrucciones de no salir de casa, de cerrar las empresas y de esperar en lugares seguros, hoy estaríamos hablando de una situación infinitamente menos grave. Pero en la cabeza de la burguesía (sea grande o pequeña) solo cabe la idea del beneficio, caiga quien caiga y sin importar las consecuencias.


Los proletarios no pueden esperar nada que no venga de los proletarios mismos. El Estado capitalista, tan eficaz a la hora de combatir la lucha de los trabajadores y cualquier conato de disidencia política, se ha mostrado incapaz tanto de prevenir un desastre anunciado desde hacía días como de socorrer a los afectados. No es solo la ineptitud personal de muchos de sus dirigentes, sino su propia naturaleza y la propia función del estado burgués.

“Proteger la vida de los trabajadores”, en palabras de la ministra de trabajo -tan responsable como cualquiera de sus colegas de profesión- no es ni será nunca la finalidad del Estado y podemos decir, de hecho, que este ha cumplido, en relación a lo acontecido, escrupulosamente su función: defender el beneficio empresarial, el retorno de las inversiones, la rentabilidad, la propiedad privada… caiga quien caiga.

La catástrofe no han sido tanto las lluvias como la actuación anterior y posterior de la burguesía y su Estado. Hoy decenas de pueblos no tienen luz ni agua ni comida. Mientras en los pueblos obreros del sur de Valencia quedan niños a los que no les llegan alimentos, la burguesía ya ha desplazado a sus cuerpos represivos, policía y Guardia Civil, para proteger sus propiedades de los proletarios necesitados que necesitan alimentarse. La prensa habla de saqueadores y de la necesidad de mano dura. Se cuentan por decenas los detenidos y encarcelados. Para la represión no faltan infraestructuras.


Miles de personas se están dirigiendo, con lo poco que tienen, a ayudar a los damnificados, con comida y agua, intentando limpiar… Donde la burguesía se muestra incapaz y criminal, aparece la fuerza de una humanidad que se niega a ser aplastada.

Pero la ayuda, la solidaridad en general, no es suficiente. Mientras miles de personas no saben qué será de ellas mañana, mientras las familias proletarias lo han perdido todo, la lucha de la burguesía no cesa: media Valencia se ahoga, pero la otra media sigue trabajando, sigue obligada a presentarse en sus puestos de trabajo, a llenar los almacenes con una comida que es necesaria a sólo unos kilómetros pero que se sigue vendiendo. La clase burguesa y todos sus sirvientes siguen presionando para que los proletarios, la clase obrera que ha sido quien ha sufrido mayoritariamente este drama, no levante la cabeza.


Las organizaciones obreras deberían haber ordenado el cese de la producción el mismo 29 de octubre para evitar la catástrofe. Deberían haber convocado, posterior e inmediatamente, una huelga general, al menos en toda la región de Valencia, para asegurar que bienes y servicios imprescindibles se dirijan a quienes lo necesitan de verdad. Deberían haberse cerrado todas y cada una de las empresas y dedicar todos los recursos a la ayuda a los afectados. Y deberían haber organizado directamente tanto las labores de rescate como la incautación y reparto de los bienes necesarios allí donde se encuentran: almacenes y centros comerciales.

Un movimiento obrero capaz de hacer esto es lo que necesitamos, a la vista (por enésima vez) de la nulidad de una clase social caduca, la burguesía, y sus instituciones.

Es bonito ver a personas llevando comida, pero los supermercados de buena parte de las regiones afectadas siguen llenos, mientras en Torrent, Picanya o Paiporta la Guardia Civil custodia armada los centros comerciales.

La patronal, el Estado, las organizaciones sindicales vendidas, imponen la paz social, que en este caso es, más que nunca, la muerte de los trabajadores. A ello los proletarios debemos responder con la fuerza de nuestra lucha, con la verdadera solidaridad: LA SOLIDARIDAD DE CLASE.


CONTRA SUS CATÁSTROFES, LUCHA DE CLASE


Algunos proletarios hartos de serlo




 

 El único responsable del catastrófico aluvión en el Levante es el capitalismo


 

Casi 100 muertos, decenas de desaparecidos, miles de viviendas destruidas, familias que han perdido lo poco que tenían para subsistir… Víctimas innecesarias de una “tragedia” completamente predecible y evitable. Sólo en el mundo capitalista, donde la muerte de niños tiene menos importancia que unas horas de trabajo pueden tener lugar sucesos como los de ayer en Valencia.

Una gota fría es un fenómeno meteorológico habitual en el Mediterráneo y regular en la costa levantina desde que se tienen registros históricos. Consiste en un súbito enfriamiento, al tocar tierra, del aire caliente procedente del mar. Al suceder esto, el agua en estado gaseoso pasa bruscamente a líquido y se precipita con mucha violencia sobre la tierra. Como se sabe, algo normal en estas fechas del año, algo que la población de la zona conoce muy bien, algo para lo que las autoridades están preparadas (o deberían) porque lo afrontan con bastante frecuencia… Y sin embargo el centenar largo de muertos que con toda certeza se esperan muestra que, una vez más, el potencial destructivo de las inclemencias naturales se ve acrecentado exponencialmente por el sistema capitalista.
Porque Valencia no es sólo la región de la gota fría sino también una de las regiones del país donde la urbanización desaforada del territorio y la consiguiente destrucción de los parajes naturales que hacían de canalizador natural de este tipo de fenómenos ha sido más notable en los últimos años. ¿Cuántas urbanizaciones construidas en el último siglo no llevan el nombre “Rambla de…”? ¿Cuántas calles que se llaman “Torrent”?, indicativo de cómo la búsqueda sin fin de beneficio no ha respetado ni los accidentes naturales directamente vinculados a la gota fría, al empuje destructor del agua y al resto de fenómenos asociados a aquella. 

La propia ciudad de Valencia creció en torno a un río al que, en época capitalista, contradiciendo los conocimientos adquiridos desde los inicios de la vida sedentaria (siguiendo los cuales nunca se construyó más allá del punto que rompía las aguas de la antigua laguna, justo donde hoy está la catedral y, a su alrededor, la ciudad medieval) rodeó hasta el punto de urbanizar todo el espacio de crecimiento natural de éste. Lo mismo ha sucedido en tantos y tantos pueblos cercanos: la necesidad insaciable de suelo para construir, producir y especular ha llevado a edificar barrios y polígonos industriales justo donde es sabido que no debe hacerse. Las consecuencias las hemos visto esos días, pero no hay que irse muy lejos en el tiempo para encontrarse con sucesos similares. En 1957, el 14 de octubre y por las mismas causas que lo sucedido ayer, el río Turia que cruza la ciudad se desbordó anegando los barrios inmediatos y dejando 81 muertos. Este acontecimiento llevó al Estado a desviar el río y sacar su cauce fuera de la ciudad. Ayer la naturaleza mostró que puede más que todas las decisiones burocráticas salidas de la cabeza enferma de la burguesía y arrasó de nuevo el cauce antiguo y los barrios de 1957.  En 1987, el 3 de noviembre, un poco más al sur, en la comarca de La Safor, otra riada destruyó el pueblo de Oliva. Pocos años antes, en 1982, la rotura de la presa del pantano de Tous arrasó la cuenca del Júcar matando a 8 personas. En menos de un siglo y sólo teniendo en cuenta los sucesos más graves, ésta es la realidad, “impredecible” e “imposible de prevenir”, según las autoridades.

La realidad de los acontecimientos del día 29 es que tanto los gobiernos locales como los autonómicos y el nacional estaban alertados de lo que podía suceder. No sólo lo sabían porque son conscientes (¡no hay meteorólogo que no lo sea!) que en otoño el riesgo en estas zonas es máximo, sino también porque desde hacía al menos dos días los servicios de previsión estaban alertando de lo que podía suceder. Pero ni la experiencia de las últimas décadas ni estas advertencias fueron suficientes: el coste, única realidad para el capitalista, de paralizar la actividad productiva, evacuar a las personas y minimizar los riesgos humanos es mucho menor que la gravedad de la destrucción. En primer lugar porque en el capitalismo una vida humana nunca tendrá ni la mitad de valor que el capital invertido o el beneficio que se puede sacar de él. Y en segundo lugar porque el capitalismo no sufre por la destrucción sino que crece en ella y por ella, tiene en las catástrofes un impulso vital de primer orden: donde un proletario ve miseria y muerte, un capitalista ve posibilidades de negocio, rentabilidad elevada y poca competencia. Es esto lo que explica que ayer, después de que las propias autoridades llegasen a dar la alarma (a las 8 de la tarde, cuando desde las 6 ya era evidente que la jornada sería trágica) multitud de empresarios de la región obligasen a sus trabajadores a presentarse en el puesto de trabajo, bajo amenaza de despido, para cumplir con el turno de noche. Es esto lo que explica por qué los dueños de las grandes superficies comerciales de las afueras prohibieron, cuando las inundaciones ya habían comenzado, que los trabajadores abandonasen sus puestos de trabajo y, luego, cuando la catástrofe amenazaba, los servicios de emergencias no se movilizasen para sacarles de ahí: ni una vida vale lo que las ventas de unas horas, piensa cualquier burgués.

Esto debe tenerse claro, debe recordarse ahora que políticos, artistas, empresarios y toda la ralea de siervos de la burguesía van a comenzar con sus quejidos por los muertos: la mayor parte de los muertos son proletarios y han perdido la vida porque no pudieron refugiarse, porque tenían que trabajar pese a las advertencias en contra por parte de los servicios de prevención. Porque la burguesía es capaz de mantener en pie carísimas infraestructuras, decenas de miles de instalaciones productivas, lugares para el turismo, etc. pero no puede proporcionar una ayuda de emergencias básica ante un peligro conocido y más que probable como la gota fría de estos días.

Por parte del gobierno, del autonómico y del nacional, comienza ahora el show democrático de la polémica y el ataque parlamentario: entre ambos culparán al rival para que el proletariado acepte que es obra de la terrible derecha fascista o de la izquierda criminal. La realidad es que ambos trabajan única y exclusivamente para la burguesía, tanto en el PCE como en el PSOE como en el PP: todos ellos son culpables de los muertos de ayer.
Pronto aparecerán también los nuevos curas de la “religión climática” a explicarle a los proletarios que la responsabilidad de estos sucesos no hay que achacársela a la burguesía en su conjunto, sino a unos cuantos empresarios que con su modelo productivo atrasado, basado en el carbón y el petróleo y no en las energías verdes, propician el cambio climático. Y desde sus púlpitos, convenientemente jaleados por la prensa, van a proponer la enésima política de colaboración entre clases con el único objetivo de frenar la catástrofe climática que nos espera.

Pero la realidad es que estas supuestas tragedias, que mejor pueden calificarse como masacres, no desaparecerán mientras no lo haga el modo de producción que las crea. Mientras no desaparezca un sistema, el capitalismo, que encuentra más beneficio en la muerte, en la destrucción y en la reconstrucción que en la prevención, no desaparecerán las causas que amplifican cualquier fenómeno natural hasta el punto de hacerlo letal para el ser humano. Mientras no desaparezca una clase social, la burguesía, que ha sido capaz de conquistar la tierra y el espacio para el comercio, de poner en marcha la más avanzada tecnología productiva, pero que no es capaz de convertir en seguras las ciudades en que habita la mano de obra proletaria, estas situaciones, en esta misma zona y dentro de no mucho tiempo, volverán a tener lugar. Y mientras no desaparezcan los agitadores y propagandistas que pretenden mejorar, reformar, cambiar lo necesario del capitalismo y tienden a los proletarios la exigencia de confiar en la democracia y la colaboración con al burguesía para lograrlo, la clase proletaria tendrá frente a sí no sólo a su enemigo natural, la burguesía, sino a todo un ejército de colaboradores de esta que lucharán para mantener a los trabajadores como víctimas en cualquier circunstancia.

Mañana los proletarios enterrarán a sus muertos y pedirán porque una catástrofe similar no tenga lugar de nuevo. Mientras, la burguesía canalizará a través de su Estado los miles de millones que le permitirán no sólo reanudar, sino ampliar la producción en las instalaciones destruidas y hacer crecer sus negocios con la reconstrucción.

La clase proletaria, que hoy parece estar desaparecida, política y organizativamente, de la vida social, que da la impresión de que únicamente puede poner los muertos en catástrofes como esta, lleva consigo la única posibilidad de superar la miseria del mundo capitalista y el drama que la acompaña continuamente.  Ella padece el mudo burgués tanto en las catástrofes como en la paz cotidiana, tanto en las riadas como en el trabajo, donde aporta miles y miles de muertos cada año para sacar la producción adelante. Pero por el mismo motivo, porque está en el centro del mundo capitalista, porque tiene la producción de toda la riqueza social en sus manos, porque constituye la mayor parte de la población en todos los países, puede deshacerse de la clase burguesa y aniquilar su mundo, abriendo la puerta a un futuro donde la verdadera abundancia, el verdadero equilibrio del ser humano en tanto ser natural con el medio, llegue por fin. Ése es, sin duda, el futuro, ésa es la verdadera fuerza (hoy sólo potencia, mañana real) de la clase proletaria. Pero para alcanzar ese futuro, para mostrar su verdadera fuerza, debe retornar al terreno de la lucha de clase, debe combatir contra las clases enemigas, tanto en lo que se refiere a la defensa de sus intereses inmediatos, los relacionados con la supervivencia más elemental, como en el enfrentamiento político general contra el dominio político y social de la burguesía.


¡El responsable de todas las catástrofes es el capitalismo!

¡Sólo la lucha de clase del proletariado puede acabar con sus “tragedias”, barriéndole del mapa!

¡Por la reanudación de la lucha proletaria!

¡Por la reconstitución del partido comunista, internacional e internacionalista!



30 de octubre, 2024.

Partido Comunista Internacional

Il comunista - le prolétaire - el proletario - proletarian - programme communiste - el programa comunista - Communist Program

www.pcint.org



 

Murcia: trece muertos en el incendio de unas discotecas ¿Una tragedia inevitable?

 

 

 

El pasado domingo día 1 de octubre trece personas murieron en el incendio de tres locales de discoteca situados en el polígono Las Atalayas, en Murcia. Siguiendo lo que cuenta la prensa el incendio se originó en una de las discotecas, que estaba a su vez dividida en dos locales diferentes, y de allí se extendió a las demás. En pocos minutos las llamas consumieron todo el material inflamable acumulado en las salas, el tejado de una de ellas colapsó y esto, unido a las características de este tipo de locales, cerrados, con grandes aglomeraciones, etc. convirtió las discotecas en un infierno del que estas trece personas no lograron salir con vida.

 

Después de la tragedia, vienen las plañideras a darse golpes en el pecho por tan terrible desgracia. Todas las autoridades locales, autonómicas y estatales dan muestras ostentosas de solidaridad u ofrecen, como el presidente de la Región de Murcia, López Miras, “todos los servicios de la Región” a los afectados. Mientras, por otro lado, culpan directamente de lo sucedido a la empresa propietaria de los locales e inician la correspondiente ofensiva legal para mostrar que la responsabilidad del suceso recae exclusivamente en ella.

Pero la propia prensa evidencia que la culpa de lo acontecido está tanto en la empresa como en esas “autoridades”. Según el diario El País, existen dos versiones enfrentadas. Por un lado, el Ayuntamiento de Murcia afirma que el local donde comenzó el fuego, si bien llevaba abierto desde 2008 acometió hace unos años obras de tal envergadura que le hicieron perder su licencia de apertura porque la seguridad no estaba garantizada en eventos como el del pasado domingo. Por lo tanto, la empresa propietaria del local estaba incurriendo en un delito al mantener el local abierto, dar fiestas en él, etc. La causa del incendio estuvo, según el Ayuntamiento, en este incumplimiento de la ley por parte de los dueños y sobre ellos debe recaer la culpa de lo sucedido. Por su parte, la empresa propietaria afirma que sí contaban con licencia de apertura para el local, pero que esta se ha quemado en el incendio.

 

Es evidente que la empresa tiene un interés directo en afirmar que existía una cobertura legal adecuada para la apertura del local y que, por lo tanto, al no infringirse la normativa municipal, sea cual sea la causa del fuego, existe una responsabilidad compartida con las autoridades municipales al menos ante un posible fallo de seguridad. De ahí el decir que la licencia existe pero que se ha quemado: se trata de defenderse ante un hecho agravante que puede determinar la responsabilidad penal en el suceso.

Por parte del Ayuntamiento se trata de centrar la cuestión en la inexistencia de la licencia. Pero en el fondo esto es algo trivial. En primer lugar porque, como todo el mundo sabe, las condiciones de seguridad que es necesario cumplir para obtener una licencia de apertura no garantizan que no pueda producirse un incendio como el que tuvo lugar el domingo. ¿Cuántos edificios y locales con la documentación legal en regla han ardido sin que la previsión exigida a los dueños por los ayuntamientos haya sido suficiente para evitarlo? Las medidas de seguridad exigidas son mínimas. Para las autoridades se trata, sobre todo, de no entorpecer el establecimiento y la marcha de las empresas, de no obligarles a inversiones “desmedidas” en seguridad que reducirían el atractivo de abrir un negocio porque incrementarían los costes.

En segundo lugar, aún en el caso de que la falta de licencia de apertura pueda considerarse un factor determinante del incendio, porque fuese la falta de medidas de seguridad la que llevó a que el Ayuntamiento la retirase… ¿por qué se permitía que el negocio aún estuviese abierto? Según la prensa, fue en enero de 2022 cuando el Ayuntamiento anuló la licencia previamente existente. Casi dos años después ¿por qué los técnicos o la policía municipal no habían clausurado aún el local? Porque de la misma manera que la obtención de una licencia de apertura no exige prácticamente nada a los dueños de este tipo de negocios, la falta de ella tampoco les obliga.

El Ayuntamiento, claro, ha anunciado que abrirá una investigación con el fin de averiguar por qué el local seguía abierto pese a carecer de licencia… Pero ¿acaso alguien en su sano juicio puede creer que se trata de un misterio? Hoy en día hasta el más pequeño ayuntamiento del país dispone de una capacidad de control inmensa. Los ayuntamientos controlan a la policía local y cuentan con el apoyo de la Nacional y de la Guardia Civil. Tienen medios de registro impensables hace pocas décadas, sistemas de seguimiento de personas y actividades, redes de videovigilancia extendidas por todo el territorio… Como representantes del Estado se encargan de velar por la función represiva de este y cuentan con recursos casi inagotables para ello. Pensar que el Ayuntamiento de una gran ciudad como es Murcia no ha tenido los recursos suficientes para cerrar un local que incumplía la normativa municipal es algo completamente absurdo.

 

El Estado burgués es capaz de sancionar, perseguir, reprimir, etc. a través de una gran variedad de medios. Su fuerza coactiva es cada vez mayor y se desarrolla en todos los planos: desde el seguimiento individualizado de los ciudadanos hasta la contención de masas en grandes eventos. Y esta capacidad represora siempre creciente se justifica afirmando que tiene la función de proteger a la población, de evitar catástrofes, ya sean provocadas (atentados, etc.) o naturales. 

¿Dónde queda esa protección cuando han muerto trece personas en una discoteca que no debería estar abierta, según las propias afirmaciones del Ayuntamiento? En ningún sitio: el Estado burgués, el Estado de la clase capitalista que se presenta como garante del bien común, es absolutamente incapaz de cumplir con las funciones que dice tener. Bajo su férula no dejan de producirse, una y otra vez, catástrofes como la de Murcia. Y esto no sólo porque existen funcionarios corruptos y empresarios corruptores capaces de falsear una licencia o de hacer la vista gorda cuando esta no existe, sino porque el propio Estado, en cualquiera de sus niveles, por sistema, no va a actuar contra la burguesía, no va a entrometerse en sus negocios, no va tocar sus fuentes de ingresos. Y da igual el caso que sea, el riesgo que implique o las consecuencias que pueda tener: el Estado burgués no existe para eso, no tiene esas funciones. Como mucho reaccionará ante la catástrofe, dirigirá medios y recursos a los afectados (lo que habitualmente es otro tipo de negocio patrocinado, esta vez, directamente, por él), pero nada más. 

La visión del Estado como un ente colocado por encima de los intereses particulares, capaz de modular (o reprimir) los excesos egoístas de cualquier individuo o empresa, de dar una visión general que se sobreponga a los abusos que se pueden cometer… sencillamente es mentira.

 

Hace pocas semanas hubo lluvias torrenciales en la zona ubicada entre el sur de Madrid y el norte de Toledo. Como es sabido, los servicios de emergencia utilizaron una señal de radio para lanzar un mensaje de alarma a través de los teléfonos móviles de la población e instarles a no salir de sus casas. Mientras hacían esto, las lluvias arrasaron parte de algunos pueblos de la zona y se llevaron puentes y casas que estaban construidas en antiguos cauces de ríos y arroyos secos desde hace décadas. Murieron dos personas. Las “autoridades” eran plenamente conscientes de que en la zona donde se estaban produciendo las lluvias existen multitud de construcciones que vuelven a estas potencialmente peligrosas por la formación de riadas, efectos balsa, etc. Pero en lugar de evacuar, desplegar los recursos disponibles para prevenir riesgos para la población… lanzaron un mensaje de alarma y dejaron que las cosas corrieran su curso. Atemorizar, reprimir, etc.: esas son funciones del Estado burgués. ¿Evacuar un pueblo o cerrar una discoteca? Los costes son, en su terrible contabilidad, mayores que los beneficios. El dinero vale más que cualquier vida humana.

 

El sistema capitalista, donde la ley del valor, la maximización del beneficio y el incremento de las ganancias son la única regla que se aplica en todo momento, provoca el peligro. Se levantan discotecas (que de por sí constituyen un riesgo inmenso para los clientes) porque es necesario canalizar la frustración y el agotamiento que produce la vida bajo el capitalismo hacia un consumo “reconstituyente” basado en la evasión. Las discotecas generan un beneficio inmenso a sus propietarios vendiendo alcohol, drogas, etc. y facilitando una especie de estado de trance a los clientes gracias a la música y las luces. Este beneficio no se le va a negar a ningún empresario en nombre de la seguridad, los requisitos necesarios para la apertura, etc… Y a la consecuencia de esto, en forma de incendio como el de Murcia, se le llama catástrofe, cuando se trata en realidad, de una consecuencia hasta normal de las cosas bajo el orden capitalista.

 

3 de octubre de 2023

 

 

Partido Comunista Internacional

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Gota fría en el Levante:
Los ríos y las ramblas se desbordan pero es el capitalismo el que anega la vida


El saldo de cinco días de gota fría en la zona de la Costa Mediterránea que va desde Málaga hasta Valencia es el siguiente: 6 muertos, varias ciudades y pueblos inundados, millones de euros en desperfectos materiales, el ejército (la Unidad Militar de Emergencias, pero también la legión y los llamados boinas verdes) desplegado por toda la zona afectada… Otra catástrofe que tiene poco de natural y mucho de consecuencia de la lógica infernal del capitalismo, que prima beneficio, rentabilidad económica y proyección a corto plazo frente a las necesidades humanas, tanto individuales como colectivas.
Los medios de comunicación, apoyados en informes exquisitamente científicos de meteorólogos y estudiosos del medio ambiente, no paran de afirmar que la tragedia ha venido exclusivamente del cielo, que este tipo de lluvias torrenciales si, por un mal azar, no cesan en un par de días, se convierten en verdaderas trombas dada la orografía de la zona levantina… Y citan decenas de ejemplos de situaciones similares con las que intentan evidenciar que esta zona de España está condenada a la tragedia cada vez que la lluvia tiene a bien aparecer de esta manera.
Pero lo cierto es que hay una distancia inmensa entre las lluvias torrenciales y las muertes y destrozos que hemos visto en los últimos días: estos son consecuencia inevitable de aquellas, son consecuencia de la mala planificación hidrográfica, de la construcción intensiva de todo el litoral mediterráneo, del abandono de las tareas de limpieza y mantenimiento de los cauces de los ríos y ramblas, de la absoluta ignorancia acerca de leyes naturales básicas… En pocas palabras, son consecuencia del desarrollo del modo de producción capitalista, de su dominio despótico sobre la naturaleza y los hombres.
Utilizando el mismo argumento que usan los medios de comunicación y las instituciones locales y nacionales, podemos echar la vista atrás para comprobar que riadas, trombas e inundaciones son algo que aparece regularmente en la zona del Levante. En Valencia, en 1951, más de ochenta personas mueren por el desbordamiento del río Turia; 1973, desbordamiento de la Rambla de Nogalte, en Murcia, 13 muertos; 1982, “pantanada de Tous”, mueren 40 personas en la Vega Baja; 1989, nuevo desbordamiento del Segura que arrasa las localidades próximas a su desembocadura; 2012, cinco muertos por inundaciones en la zona de Murcia y Almería… Se saca, de inmediato, una conclusión: todo el desarrollo productivo y tecnológico del que presume a diario la burguesía no es capaz de evitar las muertes en el Levante  a causa de las lluvias torrenciales. Se puede decir que las inundaciones en el arco que va de Almería a Valencia se conocen desde que hay registros históricos y que el capitalismo y su clase dominante, la burguesía, únicamente ha heredado un problema que es imposible de resolver porque está en la propia naturaleza de la región levantina. Pero en este argumento, que es el que utilizan todos y cada uno de los defensores tanto del propio capitalismo como de su Estado como único garante de la seguridad de las poblaciones que están bajo su control, se olvida que las lluvias torrenciales y las riadas nunca han sido tan mortíferas como en los últimos doscientos años, precisamente desde que el desarrollo económico y social de la zona se corresponde con la implantación del modo de producción capitalista y, con ello, los problemas hidrográficos son afrontados con su lógica, mezcla de esfuerzos técnicos inviables y desinversión en todo aquello que no es inmediatamente rentable.

La gota fría, a la que en España se le da el nombre técnico de DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos), consiste en la presencia en zonas altas de la atmósfera de una masa de aire con temperatura y presión mucho más bajas de lo habitual. Esta masa, si tiene cerca de ella otra de iguales características, se asocia a ella y ambas comienzas un movimiento de rotación conjunto que, en el caso de la zona levantina, implica la entrada de aire extremadamente húmedo desde el Mediterráneo, aún caliente por el verano, a tierra firme. Una vez aquí, el aire húmedo se enfría y descarga en forma de lluvias torrenciales. Un fenómeno que se repite regularmente, dando lugar a lluvias intensas en los meses de septiembre y octubre en la zona de Valencia, Alicante y Murcia, y que en principio no debería ser catastrófico, como no lo es en otras regiones del mundo donde sucede también periódicamente.
Pero en la zona del Levante se da la circunstancia de que la peculiar orografía, caracterizada por la existencia de cursos de agua que permanecen secos habitualmente pero que se vuelven torrenciales cuando las precipitaciones aumentan, hace que las lluvias asociadas a la gota fría se canalicen por estas ramblas y atraviesen huertas y poblaciones con un gran nivel de agua, desbordándose continuamente. Estos desbordamientos tampoco deberían ser algo especialmente agresivo para el ser humano: la agricultura nace y se desarrolla en el creciente fértil mesopotámico, utilizando técnicas básicas de hidrografía para aprovechar los lodos que dejan los desbordamientos fluviales, algo similar a lo que sucedió en el Antiguo Egipto o en la zona del río Amarillo en China… El ser humano sabe convivir y sacar provecho de estos fenómenos naturales. Pero, de nuevo, a esta situación se suma un factor más: las vaguadas fluviales, es decir, aquellas zonas horadadas por el curso de los ríos y que constituyen su zona de crecimiento máximo, han sido pobladas y urbanizadas precisamente como consecuencia del aprovechamiento de los recursos fluviales desde épocas remotas. Es bajo el capitalismo, con el desarrollo urbano a partir del siglo XVIII, que en Valencia y en otras zonas al sur de la ciudad, que estas vaguadas fluviales son totalmente urbanizadas franqueándose los límites naturales que la propia tradición de la zona imponía. Y esto sucede en todas las poblaciones atravesadas por ramblas y ríos de curso intermitente, llegando a construirse incluso en los propios cauces de estos. Creado el problema, la burguesía se inventa la solución y comienza la construcción de diques que superan el nivel natural del río creando una especie de barrera para evitar que los desbordamientos llegasen a las ciudades. La primera industria de la construcción saca beneficio de la resolución de un problema que ella misma había causado, iniciando una lógica terrible que todavía continúa hoy. Pero el paso de los ríos por cauces urbanos cada vez más encajonados entre construcciones, hace que todo lo que arrastran desde su nacimiento en las montañas se vaya depositando en estas zonas urbanas y el propio cauce se eleva de tal manera que los diques artificiales se vuelven inútiles o contraproducentes y el alcantarillado contribuye a las inundaciones de las zonas urbanas.
Si a esto se le suma la construcción de presas para crear pantanos que proporcionen reservas de agua a los grandes núcleos de población del Levante, el desvío artificial de ríos, etc. se ve cuál es la naturaleza de la “prevención” capitalista: buscar soluciones a muy corto plazo que incrementan el peligro potencial a largo plazo. Por eso, de acuerdo con los registros de las confederaciones hidrográficas del Levante registran menos riadas desde comienzos del siglo XX pero mucho más virulentas y letales. Las grandes ciudades construidas en cuencas fluviales, la urbanización de los propios cauces, la falta de limpieza, la utilización de las ramblas para las obras de las autopistas, la construcción de presas y diques que aumentan la presión hídrica y disparan el riesgo de riadas… No son fenómenos naturales, no tienen nada que ver con la gota fría… Pero tampoco son fenómenos “humanos” en abstracto: son fenómenos que caracterizan al modo de producción capitalista, un modo de producción basado en la apropiación privada de la riqueza social, en la explotación del trabajo asalariado, en la destrucción de la naturaleza…
 
La gota fría no desaparecerá jamás. Como no desaparecerán tantos y tantos fenómenos naturales y climatológicos con los que el ser humano ha debido vivir a lo largo de su historia y contra los que ha luchado para defender la vida de la especie. Lo que debe desaparecer es el capitalismo, que no sólo se ha demostrado incapaz de evitar los daños humanos que provocan estos fenómenos, pese a todo el desarrollo económico, productivo, tecnológico, etc. que ha traído, sino que los ha aumentado, incrementando continuamente los factores de riesgo, poniendo en peligro a las poblaciones que habitan estas regiones, permitiendo que se repitan periódicamente las “catástrofes”. Y sólo la clase proletaria está en condiciones de enviar, de una vez por todas, al infierno a este sistema de la catástrofe.
Como escribimos ya en los años ´50 del siglo pasado, al respecto de unas inundaciones que, también entonces, se llevaron por delante vidas y bienes ante la “estupefacción” de los burgueses y sus voceros:
 
“También el inmenso río de la historia humana tiene sus inundaciones irresistibles y amenazantes. Cuando la ola sube, se lanza contra los dos terraplenes que la constriñen: a la derecha la conformista, de preservación de las formas existentes y tradicionales; y a lo largo de ella salmodian en procesión sacerdotes, policías y gendarmes patrulleros, maestros parlanchines y narradores de mentiras oficiales y de escolástica de clase.
La orilla izquierda es la reformista, y los "populares", los artesanos del oportunismo, los parlamentarios y los organizadores progresistas se asimilan a ella; intercambiando insultos a través de la corriente, ambas procesiones pretenden tener la receta para que el poderoso río pueda continuar su camino forzado y encauzado.
Pero en los grandes giros la corriente rompe todos los frenos, sale de su lecho y "salta", como saltó el Incluso el inmenso río de la historia humana tiene sus inundaciones irresistibles y amenazantes. Cuando la ola sube, baja contra los dos terraplenes que la fuerzan: a la derecha la conformista, de preservación de las formas existentes y tradicionales; y a lo largo de ella saludan en procesión a sacerdotes, policías y gendarmes patrulleros, maestros parlanchines y narradores de mentiras oficiales y de escolástica de clase.
La orilla izquierda es la reformista, y los "populares", los artesanos del oportunismo, los parlamentarios y los organizadores progresistas se asimilan a ella; intercambiando insultos a través de la corriente, ambas procesiones pretenden tener la receta para que el poderoso río pueda continuar su camino forzado y encauzado.
Pero en los grandes giros la corriente rompe todos los frenos, sale de su lecho y "salta", como saltó el Po a Guastalla y el Volcán, en una dirección inesperada, abrumando a las dos sórdidas bandas en la imparable ola de la revolución subversiva de cada antigua forma de terraplén, dando forma a la sociedad como a la tierra una nueva cara.”
 


(1) Se refiere a las inundaciones del Polesine en 1951. En ellas buena parte del territorio de Rovigio  y Venecia, en el Este de Italia, quedaron anegadas. Aproximadamente cien personas murieron en estas inundaciones.
 
 
Partido Comunista Internacional (El Proletario)
15 de Septiembre de 2019
www.pcint.org


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La apariencia como forma de lucha es un cancer
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Contrainformacion internacional

Anticarcelario / contra la sociedad cárcel

"Las prisiones son una parte más de la esencia represiva de todo Estado, no hay que olvidar la parte que nos toca a lxs que aún seguimos en la calle.

No podemos ver las cárceles como algo ajeno a nuestras vidas, cuando desde temprana edad hemos sido condicionadxs a no romper las normas, a seguir una normalidad impuesta; el castigo siempre está presente para lxs que no quieren pasar por el aro.

En el trabajo, en la escuela... domesticando y creando piezas para la gran máquina, piezas que no se atrevan a cuestionar o que no tengan tiempo para hacerlo.

Hemos sido obligadxs a crecer en un medio hostil donde es dificíl desarrollar nuestros propios deseos.

La rebeldía brota de algunxs, otrxs simplemente se acomodan en la mierda, tapando sus frustraciones con lo que le dan quienes antes les despojaron de todo. O viendo sus problemas como algo aislado, único y personal.

Para lxs que no tragan o no se adaptan al gran engaño ahí tienen sus cárceles, reformatorios, psiquiatrícos ... creados por los que no quieren ver peligrar las bases de su falsa paz.

No podemos ignorar la lucha de lxs compañerxs presxs.

Su lucha es nuestra lucha."