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Sobre la carnicería
de Niza
¡No
a la unión nacional!
¡No
a las guerras imperialistas!
¡Lucha
de clase para acabar con la mortífera sociedad del capital!
Los responsables del
gobierno francés, cuando se difundió la noticia de la masacre de
decenas de personas en Niza, según ellos mismos admitieron, no
tenían idea de la motivación del autor; sin embargo lanzaron
inmediatamente un llamamiento a la “unión nacional” para
sostener la “guerra” contra “el terrorismo islámico”. En
declaraciones a la televisión durante la noche, el presiente
Hollande ha declarado que Francia había “reforzado aún más
sus acciones en Siria y en Irak”
El mismo gobierno
subrayaba de esta manera una reacción de causa y efecto entre los
atentados terroristas en Francia y la intervención militar
imperialista en Irak y Siria (y en Libia). Desde 2014 las fuerzas
aéreas francesas participan en los bombardeos efectuados en Irak por
la coalición directa de los Estados Unidos mientras un cierto número
de soldados están presentes sobre el terreno; desde septiembre de
2015, la aviación militar francesa toma parte en los bombardeos en
Siria. Según una organización no gubernamental, los bombardeos
aéreos de la coalición en estos dos países habrían causado, en 6
meses (desde diciembre de 2015 hasta mayo de 2016), de 1.100 a 1.560
civiles muertos1
Por otro lado, desde hace
varios meses, los comandos de las “Fuerzas Especiales” francesas
están “activos” de manera más o menos clandestina, en los
combates en Siria y en Libia, junto a los militares americanos y
británicos (¿y acaso también de otros países?)
El gobierno afirma querer
reforzar precisamente esta intervención militar en Medio Oriente, y
utiliza cínicamente la emoción causada por la carnicería de Niza
para asegurarse la legitimidad y el apoyo por parte de la población.
Casi todos los medios de comunicación le han apoyado multiplicando
las declaraciones bélicas; la propaganda se apoya sobre la
instigación del nacionalismo, que ha llegado a un punto sin
precedentes durante la Eurocopa de fútbol.
Denunciar las
intervenciones militares del imperialismo francés, rechazar los
llamamientos a la unión nacional con los capitalistas y el Estado
burgués, oponerse a cualquier tentativa de dividir a los proletarios
según su nacionalidad, raza o religión, manifestar la solidaridad
con las luchas de los trabajadores sin papeles y de los inmigrantes:
estas son las exigencias elementales de la lucha de los
proletarios contra la guerra política, económica y social que lleva
a cabo el gobierno por cuenta de los patrones y del capitalismo
nacional e internacional.
El capitalismo,
cualquiera que sea su nacionalidad, no se mueve sino por los sórdidos
intereses burgueses y su política exterior imperialista no es otra
cosa que la continuación de su política anti proletaria interna.
Dar credibilidad al Estado burgués y a sus representantes políticos
para tener una “protección” contra el terrorismo –ya se trate
de la obra de tal o cual fuerza medio oriental o de individuos
desequilibrados- coloca al proletariado en la situación de
permanecer pasivo como carne de cañón dejando su suerte en las
manos de aquellos que viven de su explotación y que son sus enemigos
de clase
Lo que demuestran las
carnicerías de Niza o de Orlando (Estados Unidos), los atentados de
París o de Bruselas, es que en los mismos países imperialistas más
ricos y potentes –aquellos que dominan y saquean impunemente el
planeta- el sistema político democrático burgués cada vez es menos
capaz de impedir la explosión de las crecientes contradicciones
internas del capitalismo y la manifestación de la violencia que se
encuentra en la base de todas las relaciones sociales. Los mitos
ideológicos burgueses del progreso social, de la libertad, de la
igualdad y de la fraternidad, cada vez esconden con mayor dificultad
la realidad opresiva de la sociedad capitalista, asesina y
explotadora, cuya ley fundamental de búsqueda del beneficio se
traduce inevitablemente en el desprecio de la vida humana. Este
desprecio se encuentra no sólo en la represión policial, en las
intervenciones militares de los Estados y en los bombardeos de las
ciudades, sino en la violencia terrorista de los múltiples grupos
reaccionarios. Y se encuentra también en las relaciones entre los
individuos y en el interior de los cuatro muros del hogar.
Para
huir de este engranaje infernal de muerte y de intervenciones
militares, que desembocará fatalmente en una tercera guerra mundial
si no se le liquida antes, es trágicamente utópico intentar
reformar el capitalismo. Desde que existe, el capitalismo no ha
dejado nunca de precipitar a la humanidad en guerras y catástrofes
cada vez más mortales. Solamente los traidores o los vendidos a la
burguesía pueden hacer creer en una “democratización” de la
dictadura capitalista y en una “pacificación” de las relaciones
internacionales.
La única solución está
en la guerra de clase contra el capitalismo, en la revolución
proletaria internacional para instaurar el poder de los oprimidos y
de los explotados –la dictadura del proletariado- fase
transitoria necesaria para poner fin a la sanguinaria sociedad del
capital y para avanzar, en perspectiva, hacia el comunismo, la
sociedad sin guerras ni opresiones, sin mercado ni dinero, sin clases
ni Estados.
Para que esta situación
sea posible, el proletariado deberá recorrer la vía de la lucha de
clase: la vía de la lucha y de la organización para la defensa
exclusiva de sus intereses inmediatos y, a largo plazo, en oposición
frontal a los intereses de las clases poseedores y con completa
independencia respecto de las fuerzas y de las instituciones ligadas
de una manera u otra a la conservación social.
Sólo la reorganización
en clase, y por tanto en partido (el Manifiesto Comunista),
le permitirá luchar victoriosamente contra los capitalistas y sus
Estados y dejar de ser la víctima predestinada de las rivalidades
destructoras y de las mortales contradicciones burguesas. La
reorganización del proletariado en clase le dará también la
posibilidad de arrastrar a la lucha anticapitalista al menos a una
parte de los estratos arruinados por la crisis, intoxicados por la
degeneración de la sociedad actual y sujetos a participar en las
peores desviaciones reaccionarias, proponiendo el objetivo no
ilusorio sino concreto de la lucha por una sociedad finalmente
humana.
Por lejana que pueda
parecer hoy esta perspectiva, es la única realista.
¡Por la reanudación
de la lucha de clase proletaria!
¡Abajo la sociedad
del capital, viva la revolución comunista mundial!
17 julio 2016
Partido comunista internacional
1
Ver
http://airwars.org/news/international-airstrikes-and-civilian-casualties-in-iraq-and-syria-december-2015-to
may-2016. Si la mayor parte de los bombardeos ha sido obra de
los americanos (p. ej: en Irak 5850 bombardeos), los aliados de la
coalición no se quedan atrás: 761 bombardeos británicos y 670 por
parte francesa en Irak.
Hace mucho que Charlie Hebdo no nos hacía reír, hoy nos hace llorar
quartierslibres
de: https://borrokagaraia.wordpress.com/2015/01/08/charlie-hebdo/
Son las doce menos cuarto en este siglo. Estamos en un punto de inflexión histórico de la islamofobia y su consecuente racismo en Francia y mas ampliamente en Europa. La lectura extremadamente simplista de los medios de comunicacion en este 7 de enero del 2015 va a resumirse e imprimirse en muchos cerebros como « ataque mortal de unos musulmanes contra un periódico ‘de izquierdas’ ». Esto va a desestabilizar y poner del revés muchos posicionamientos políticos. El miedo, la rabia, la tetania, la incomprensión y el pánico moral van a dejar en muchas personas mucho espacio para que el odio se instale.
Más allá de los parámetros de oportunidad militar que han podido justificar la elección de este periódico por este comando, este ataque corresponde a una lógica y a una visión política de los takfiríes (conocidos en francés como tak-tak): Precipitar el enfrentamiento y la radicalización de fracciones importantes de la población. Charlie Hebdo beneficia de un capital simbólico pero importante en la izquierda: Éste todavía se considera antirracista y encarna la « libertad de expresión » entre muchas personas. No ha sido atacado ni Le Figaro, ni Le Minute [dos periódicos abiertamente de derechas, n. de la T]
Los takfiríes saben que si el dique antirracista de izquierdas salta, entonces es Europa entera la que bascula en el desencadenamiento de una violencia racista simbólica y física en la cual los musulmanes son las primeras víctimas. En este escenario los guerreros tafkiríes que fantasmean con ser defensores del Islam esperan que la población musulmana entonces violentamente oprimida, irá a buscar protección en ellos. Un poco como los sionistas siempre dispuestos a instrumentalizar las olas de antisemitismo para justificar la existencia del Estado de Israel y que la población judía oprimida se refugie en ellos, pues esto es lo mismo; los takfiríes necesitan que el Islam esté oprimido para conquistar el corazón de lxs creyentes.
No seamos hipócritas. Charlie Hebdo no es un amigo político. Desde hace años, se ha desviado al campo del pensamiento dominante y participa en el desarrollo de una islamofobia de izquierdas. En cambio, NADIE puede ni debe alegrarse de la ejecución de estxs periodistas. Nada puede justificar este acto en el contexto actual de Francia. Pero este ataque no debe hacer callar tampoco las críticas que se pueden hacer a Charlie Hebdo y a la prensa en general acerca de su línea de redacción y su humor islamófobo.
Hoy día, hacer la guerra en el salón de prensa de Charlie Hebdo es como lo que fue en su día el atentado en la estación de trenes de Bolonia. Es un acto de terror para desorientar.
A cuenta de este acto, complotismo e islamofobia van a prosperar. El ataque contra Charlie Hebdo permite la toma como rehenes de millones de personas de confesión musulmana en Francia y en Europa.
Los únicos ganadores en este ataque son los reaccionarios de todo tipo, islamófobos a la cabeza. Y enfrente, los tafkiríes (que quieren el repliegue de una comunidad musulmana heterogénea) se frotan las manos. Este ataque, es un candado que sirve para ponernos entre la espada de los takfiríes y la pared del neo-liberalismo.
Las múltiples sensibilidades presentes en los barrios van a hacer frente a, encima, tener que elegir entre el adoctrinamiento en la causa nacional, o la marginalización y la criminalización.
Todas las condiciones que puedan permitir la llegada de una catástrofe ya están reunidas, y eso nos da miedo.
El Partido « Socialista » ha liquidado durante años a cualquier oposición de izquierdas, y sobre todo aquella que intentaba construírse desde los barrios populares. Esto ha contribuído a dejar terreno libre a todo lo peor que se pueda imaginar en materia de nihilismo. Porque más allá de la línea reaccionaria, lo que marca este tipo de acción, es el impass político, económico y social en el cual Europa se encuentra en cada crisis económica. El nihilismo de una parte de los nuestros prospera sobra la miseria que siembran los gobiernos capitalistas en Europa.
Lo que ha pasado este 7 de enero, es la posibilidad (ofrecida por los takfiríes a aquellos que nos oprimen) de cortar los hilos de la solidaridad y de destruír una comunidad de destino entre creyentes y no-creyentes. Es la posibilidad de condenar cualquier cosa en función de su creencia o de sus facciones.
Los rodeos que han servido de propaganda a los peores reaccionarios, las « llamadas al orden republicano y la unidad nacional », a la « laicidad », a la « libertad » de expresión, a la democracia parlamentaria como bastión frente a la « barbarie del enemigo interior », etc… nos caen encima como una fuerte ola del mar. En este contexto la cantinela del simplismo en el cual la « izquierda culpable » ha hecho pruebas con la inmigración y lxs musulmanxs corre el riesgo de bascular en personas con uso de razón en el campo del odio del ‘otro’.
La población que vive en Francia se encuentra arrinconada en este contexto de crisis económica entre la pared neoliberal que sólo le da soluciones a nivel individual, y la espada reaccionaria que habla de orígenes culturales o biológicos para que las clases populares compitan. Lo único que tenemos que hacer es conservar la línea que nos permitirá salir de esta trampa: Esto es, luchar colectivamente por la justicia económica y social. Si estamos entre la espada y la pared, hay que parar al herrero. En este período oscuro nos tenemos que inspirar de lo que pasa en otras partes del mundo como por ejemplo en Kurdistán, arrinconado entre el imperialismo occidental y los reaccionarios del Estado Islámico. Aquí como allá, tenemos la posibilidad de crear condiciones para nuestra liberación.
Valladolor no admite comentarios
La apariencia como forma de lucha es un cancer
El debate esta en la calle, la lucha cara a cara
Usandolo mal internet nos mata y encarcela.
Piensa, actua y rebelate
en las aceras esta el campo
de batalla.
si no nos vemos
valladolorenlacalle@gmail.com