"...difícilmente habrá una filosofía reaccionaria en que no se contenga una cierta dosis de irracionalismo"
(G. Lukacs, El asalto a la razón)
Solo unas pequeñas notas para "digerir" lo indigerible.
Las líneas políticas del nuevo ayuntamiento de Valladolid parecen estar marcadas por el retroceso social, la ideología de la derecha rancia y ultracatólica y una visión de la ciudad antigua, egoista e individualista.
El acuerdo que ha trascendido es un catálogo de los tópicos más rancios:
- Supresión de las políticas de igualdad, incluidas en las de "familia y derechos sociales" como algo totalmente residual.
- Reversión de las políticas de movilidad, favoreciendo de nuevo al vehículo privado, abogando por quitar carriles bici ya hechos y por reducir la zona de bajas emisiones al mínimo.
- Patada hacia delante del "proyecto de soterramiento" con la consiguiente paralización de pasos y túneles que ya se estaban ejecutando o se iban a ejecutar en breve.
- Apertura de una "escuela taurina" y fomento de los toros desde el área de Cultura dependiente de VOX...
Les recordamos solo un dato, antes de que nos vengan con estupideces: la abstención en Valladolid fue mayoritaria -sobre todo en las zonas obreras- y la "victoria" de las derechas es más bien cortita (y solo se ha producido en el centro y nunca en los barrios obreros del este y el norte). Los números son tozudos. Pero aún así parecen querer cambiar el rumbo de la ciudad completamente sin tener en cuenta a toda esa gente que no votamos o han votado en contra de ellos.
Empezando por el final: una escuela taurina en una ciudad que no va a los toros... porque el coso municipal jamás se llena y el museo del toro se cerró por no tener visitantes. Pero ya sabemos, lo importante no es la realidad sino la apariencia. Más allá del apoyo a la economía dependiente del toro (que tiene su importancia) el asunto está inscrito en la potenciación de la imagen de "españa": una españa tradicional, casi carlista, en la que los héroes son los toreros... el problema no es solo este, el verdadero problema llegará cuando el dinero de la cultura se quede en los toros y no llegue a otros sectores: el teatro, el cine, la música... o sí, pero solo a un teatro (casposo, ¿qué será de la programación del LAVA o del TAC?), un cine (religioso, "como debe ser y no esos izquierdistas del cine español") y la música... de Taburete o cualquier otro de los "artistas" de la cuerda. La regresión en cultura puede ser brutal... si les dejamos.
El soterramiento es, de nuevo, el gran engaño. Pero aún así nos tememos lo peor: aprobar el soterramiento llevará a muchas partes de la zona este de Valladolid al abandono progresivo a la espera de unas obras improbables y, si acaso y después de años, a otros 10 o 20 años de obras que separarían aun más a esta zona de la ciudad... solo la irracionalidad ligada a los intereses económicos de unos pocos puede defender que esta obra se hace por los barrios. La realidad es otra: la burguesía vallisoletana quiere ampliar el centro a costa de expulsarnos un poco más lejos... la inversión en infraestructuras sirve para dar soporte a sus propias empresas y para generar un negocio redondo a bancos y constructoras. O sea, "contigo avanza"... lo suyo, que es lo único importante: el interés económico de unos pocos pretende condicionar la vida de todos durante años. Pero los palmeros del soterramiento estarán felices de volver... a los años 80.
Lo mismo sucede en la cuestión de la movilidad. No estamos a favor de una zona de bajas emisiones con multas e imposiciones... pero está claro que todo el centro de la ciudad debería ser peatonal y que hay que reducir el tráfico al mínimo para reducir la contaminación si queremos, al menos, sobrevivir... Y sin embargo su discurso del coche se impone. Y de nuevo, como en los toros, es la burguesía más reaccionaria la que impone su visión y su interés económico.
Llegamos, así, a extremos de absoluta irracionalidad y falta completa de conocimiento y de sentido histórico: el nuevo ayuntamiento quiere revertir el carril bici de Isabel la Católica y afirma que junto al río "hay mucho espacio". O sea, que quien tiene miedo a pasar por un túnel pretende que los que van en bici vayan por el lado más oscuro del río ... pero eso no da miedo (con la de palos que se dan en las moreras...). Y no solo eso: el antiguo "paseo del Espolón", señoros, es patrimonio cultural e histórico de los vallisoletanos.
¿Van a cementar el paso junto al Pisuerga?
¿Las "riberas del Pisuerga bellas" que cantó Cervantes se convertirán en pistas de cemento y hormigón?
No son retrógrados sin más... SON IRRACIONALES.
Y por supuesto: Nos tendrán en frente.
Tesis sobre el Parlamentarismo presentadas por la Fracción Comunista Abstencionista del Partido Socialista Italiano
Al Segundo Congreso de la Internacional Comunista (Moscú 1920), durante la discusión de la táctica a seguir con respecto a las elecciones parlamentarias, Amadeo Bordiga presentó en nombre de la delegación de la «Fraccion Comunista Abstencionista» del Partido Socialista Italiano (la misma que poco más tarde fundara el Partido Comunista de Italia en Livorno), estas tesis que ahora rescatamos. Estas fueron rechazadas por el Congreso el cual preferirá la táctica del «parlamentarismo revolucionario» para «destruir los Parlamentos desde el interior». Desgraciadamente la historia ha demostrado que es el por el contrario el parlamentarismo quien ha largamente contribuido a destruir los Partidos Comunistas.
1. - El parlamentarismo es la forma de representación política propia del régimen capitalista. La crítica de principio de los comunistas marxistas al parlamentarismo y la democracia burguesa en general establece que el derecho de voto otorgado a todos los ciudadanos de todas las clases sociales en las elecciones a los órganos representativos estatales, no puede impedir ni que todo el aparato de gobierno del Estado constituya el comité de defensa de los intereses de la clase dominante capitalista, ni que el Estado se organice como el instrumento histórico de la lucha de la burguesía contra la revolución proletaria.
2. - Los comunistas niegan rotundamente la posibilidad de que la clase trabajadora alcance el poder a través de una mayoría parlamentaria, en lugar de conquistarlo con la lucha revolucionaria armada. La conquista del poder político por parte del proletariado, momento en el que se inicia la obra de construcción económica comunista, implica la supresión violenta e inmediata de los órganos democráticos, y la sustitución de éstos por los órganos del poder proletario: los consejos obreros. Así pues, al estar privada la clase de los explotadores de todo derecho político, se pondrá en práctica la dictadura del proletariado, es decir un sistema de gobierno y de representación de clase. La supresión del parlamentarismo es por tanto un fin histórico del movimiento comunista. Más aún, la primera forma de la sociedad burguesa que debe ser derrocada, antes aún que la propiedad capitalista, antes aún que la propia máquina burocrática y gubernamental, es precisamente la democracia representativa.
3. - Esto es igualmente válido para las instituciones municipales y de distrito de la burguesía, y es teóricamente falso contraponerlas a los órganos gubernamentales. De hecho, su aparato es idéntico al mecanismo estatal central burgués. Tales instituciones deben ser de igual forma destruidas por el proletariado revolucionario y sustituidas por los soviets locales de diputados obreros.
4. - Mientras que el aparato ejecutivo, militar y policiaco del Estado burgués organiza la acción directa contra la revolución proletaria, la democracia representativa constituye un medio de defensa indirecta, que actúa difundiendo entre las masas la ilusión de que su emancipación puede lograrse mediante un proceso pacífico, y de que la forma del Estado proletario puede también tomar la forma parlamentaria, con derecho de participación para la minoría burguesa. El resultado de esta influencia democrática sobre las masas proletarias ha sido la corrupción del movimiento socialista de la Segunda Internacional tanto en el campo de la teoría como en el de la acción.
5. - En el momento actual la tarea de los comunistas, en su obra de preparación ideológica y material de la revolución, es, antes que nada, la de liberar al proletariado de estas ilusiones y prejuicios, difundidos entre sus filas con la complicidad de los viejos líderes socialdemócratas, y que le desvían de su cometido en la historia. En los países en los que el régimen democrático existe ya desde hace mucho, y ha echado raíces profundas en los hábitos de las masas y en su mentalidad, y no menos que en la de los partidos socialistas tradicionales, esta tarea reviste una particular importancia y se presenta en primer plano en los problemas de la preparación revolucionaria.
6. - En los tiempos en los que en el movimiento internacional del proletariado la conquista del poder no se presentaba como una posibilidad próxima y no surgía el problema de la preparación directa para la dictadura proletaria, la participación en las elecciones y en la actividad parlamentaria todavía podía ofrecer posibilidades de propaganda, agitación y crítica. Por otro lado, en los países en los que una revolución burguesa está todavía en curso creando instituciones nuevas, la intervención de los comunistas en estos órganos representativos en formación puede ofrecer la posibilidad de influir en el desarrollo de los acontecimientos, para hacer que la revolución prosiga hasta la victoria del proletariado.
7. - La revolución rusa, como primera realización de la conquista del poder por parte del proletariado, y la constitución de la nueva Internacional en oposición al social-democratismo de los traidores, han abierto el periodo histórico actual, con las consecuencias que éste tiene para la organización social burguesa. En dicho periodo histórico y en los países en los que el régimen democrático ha completado su formación desde hace tiempo, no existe, en cambio, ninguna posibilidad de utilizar para la labor revolucionaria de los comunistas la tribuna parlamentaria, y tanto la claridad en la propaganda como la eficacia en la preparación para la lucha final por la dictadura del proletariado, exigen que los comunistas movilicen a los trabajadores por el boicot a las elecciones.
8. - En estas condiciones históricas, al haberse convertido la conquista revolucionaria del poder en la cuestión principal, toda la actividad política del partido debe ser consagrada a este objetivo directo. Es necesario acabar con la mentira burguesa según la cual, todo enfrentamiento entre partidos políticos adversarios, toda lucha por el poder, debe llevarse a cabo en el marco del mecanismo democrático, a través de campañas electorales y debates parlamentarios; y esto no se podrá conseguir sin romper con el método tradicional de llamar a los obreros a las elecciones – en las cuales los proletarios son admitidos junto a los miembros de la clase burguesa – y sin abandonar el espectáculo de delegados del proletariado que actúan en el mismo terreno parlamentario que los delegados de sus explotadores.
9. - La práctica ultraparlamentaria de los partidos socialistas tradicionales ya ha difundido demasiado la peligrosa concepción de que toda acción política tenga que consistir en las luchas electorales y en la actividad parlamentaria. Por otra parte, la repulsa del proletariado hacia esta práctica de traición ha preparado el camino a errores sindicalistas y anárquicos, que niegan todo valor a la acción política y a la función del partido. Por eso, los Partidos Comunistas no obtendrán nunca un amplio seguimiento divulgando el método revolucionario marxista, si su trabajo directo por la dictadura del proletariado y los Consejos obreros no se asienta en el abandono de todo contacto con el engranaje de la democracia burguesa.
10. - La grandísima importancia que se atribuye en la práctica a la campaña electoral y a sus resultados, el hecho de que, por un periodo bastante largo, el partido consagre a ésta todas sus fuerzas y sus recursos, sean humanos, de prensa o de medios económicos, contribuye, cualquiera que sea el discurso en los mítines y las proclamas teóricas, por un lado, a reforzar la impresión de que se trate de la verdadera acción central para conseguir los fines del comunismo, y por otro lado, lleva al abandono casi completo del trabajo de organización y preparación revolucionaria, dando a la organización del partido un carácter técnico que de hecho contrasta con las exigencias del trabajo revolucionario tanto legal como ilegal.
11. - En los partidos que se han pasado a la III Internacional por decisión mayoritaria, el hecho de seguir desarrollando la acción electoral impide la necesaria decantación de los elementos socialdemócratas, sin la eliminación de los cuales la Internacional Comunista faltaría a su cometido histórico y dejaría de ser el ejército disciplinado y homogéneo de la revolución mundial.
12. - La misma naturaleza de los debates que tienen por escenario el parlamento y los otros órganos democráticos, excluye toda posibilidad de pasar de la crítica de la política de los partidos adversarios a una propaganda contra el principio mismo del parlamentarismo, a una acción que traspase los límites del reglamento parlamentario; al igual que no es posible obtener el mandato que da derecho a la palabra si se rechaza el someterse a todas las formalidades establecidas por el procedimiento electoral.
El triunfo en los enfrentamientos parlamentarios siempre y solamente estará en función de la habilidad en el manejo del arma habitual de los principios en los que la institución se basa y las sutilezas del reglamento, al igual que el triunfo de la lucha electoral se decidirá siempre y solamente por el número de votos o escaños obtenidos. Cualquier esfuerzo de los partidos comunistas por dar un carácter distinto a la práctica del parlamentarismo no podrá impedir que fracasen las energías gastadas en este trabajo de Sísifo, y que la causa de la revolución comunista reclama sin demora en el terreno del ataque directo al régimen de la explotación capitalista.
Madrid: Maquinaria de guerra electoral contra el proletariado
Las elecciones a la presidencia de la Comunidad de Madrid se han presentado como una especie de plebiscito sobre las diferencias existentes entre el gobierno central y el de esta comunidad y, a partir de estas, como un enfrentamiento entre las pretendidas diferencias entre la gestión que ambas instituciones han realizado, cada una en sus ámbitos, de la pandemia Covid-19 y sus consecuencias económicas, políticas y sociales. De un lado, el bloque de gobierno madrileño, con el Partido Popular en primer lugar y flanqueado por los ultras de Vox y el centro derecha de Ciudadanos. Del otro lado, el bloque de izquierdas conformado por PSOE, Más Madrid y Podemos.
Entre los primeros, el Partido Popular madrileño ostenta el poder en uno de los últimos territorios con proyección nacional del PP y, en cierta medida, es la barrera que separa a este partido de hundirse en una más que probable crisis de descomposición, toda vez que la Comunidad de Madrid ha estado bajo su mando durante los últimos 26 años y en ella se ha desarrollado buena parte de su estructura nacional, sus vínculos con los sectores de la burguesía que han apoyado sus gobiernos, sus fuentes de financiación, etc. Por su parte Ciudadanos, un partido que en los últimos años ha servido como comodín para cubrir un espectro electoral de centro derecha deshecho por los casos de corrupción imputados al PP, culminará con su probable salida del parlamento regional un lento mutis por el foro que comenzó con su fracaso como mascarón de proa de las corrientes constitucionalistas en las elecciones catalanas de 2017. Finalmente, Vox es una escisión del Partido Popular reflotada precisamente ante el fracaso de la operación Ciudadanos y que aglutina sin disimulos a ultraderechistas junto a las corrientes derechistas más duras que durante décadas cohabitaron con los liberales y los demócrata-cristianos en el PP, y ejerce precisamente como fuerza de estas corrientes para imponer su criterio desde fuera al PP.
En el bloque de izquierdas, el PSOE todavía controla buena parte de los votos obreros de la periferia madrileña y habla sin tapujos de reeditar en Madrid la coalición gubernamental que salió de las elecciones generales de 2019 sumando a ella a Más Madrid. Este último partido es básicamente un conglomerado de arribistas sin otro criterio político que mantener cierto volumen de votos entre la pequeña burguesía profesional que padece las consecuencias de una presión económica cada vez mayor para mantener su status quo regional. En último lugar Podemos trata de reverdecer la posición como verdadero partido de la izquierda popular que pudo tener desde 2014 hasta 2017 y que, desde luego está muy comprometido por sus dos años en el gobierno nacional.
Democracia o fascismo, comunismo o libertad, ese es el tono grandilocuente con el que ambos bloques quieren presentar las elecciones madrileñas como una prueba de fuego para el conjunto del país y como una muestra de la oposición irreconciliable entre ambos bloques. Las amenazas de muerte, el abandono de los debates, etc., cumplen con esa función, mientras los mitos de la “libertad” o el antifascismo se esgrimen de nuevo en los mítines. Por su parte la prensa, verdadero altavoz de unos partidos que apenas tienen militancia propia y que por sus propios medios pasarían desapercibidos, se esfuerza a diario por presentar las elecciones como una crisis de la democracia que sólo uno de los dos bloques puede solventar: la libertad de Ayuso contra el traidor Sánchez, para los medios de la derecha, o los derechos sociales que abanderaría la coalición izquierdista contra los ultras de Vox y PP, para los medios de “izquierdas”.
Pero esta crisis de la democracia no es real, no existe. La democracia, en todas sus formas, es el sistema que el conjunto de la clase burguesa utiliza para gobernar a la clase proletaria y al resto de clases subalternas. En ella, lo esencial no es la victoria de uno u otro partido, pese a que cada uno represente intereses de un sector específico de la burguesía y la pequeña burguesía, sino imponer en el proletariado la creencia de que el Estado de clase burgués es realmente un instrumento neutral mediante el cual defienden los intereses generales. Y, por lo tanto, que la competición electoral, la representación parlamentaria, los diferentes gobiernos que surgen de esta, etc., pueden representar de manera total o parcial los intereses individuales o colectivos de los “ciudadanos”. Esta ilusión cumple la función de desmovilizar a una clase proletaria que debido a la posición que ocupa en la sociedad burguesa, se ve continuamente empujada a luchar, a resistir las agresiones que continuamente padece contra sus condiciones de vida. La ficción de un Estado que representa a todas las clases sociales y que es capaz de armonizar sus intereses tiene como objetivo que la clase proletaria abandone cualquier atisbo de lucha en defensa de sus propios intereses y busque amparo en ese Estado que realmente pertenece, de manera exclusiva, a su enemigo de clase. Es por ello que tanto PP-VOX-Ciudadanos como PSOE-Más Madrid-Podemos ponen todo su empeño en salvaguardar, en primer lugar, la necesidad de fortalecer la democracia a través del voto a su bloque. Ambos se acusan mutuamente de querer acabar con la democracia, bien sea transformándola en una dictadura “bolivariana” o en una “fascista”.
Esta confrontación tan melodramática, estos aspavientos tan vistosos que se hacen en favor de un Estado que estaría al borde de su ruptura, responden en realidad a una tensión social larvada que requiere altas dosis de propaganda democrática para no salir a la superficie. La verdadera crisis social, la que afecta a la clase proletaria con especial dureza desde que comenzó la pandemia, tiene una fuerza muchísimo mayor que el teatro que se representa en la campaña electoral.
Es una crisis basada en dos aspectos fundamentales: en primer lugar en una crisis económica de gran escala que, precipitada por las medidas tomadas para la contención de la pandemia, ha hecho crecer la miseria entre amplios estratos proletarios hasta niveles desconocidos en las últimas décadas. Así, al paro, mal tapado por ahora con los ERTEs, a la falta de ingresos de buena parte de las familias obreras que ya antes padecían situaciones terribles, se suma un colapso de los resortes básicos de la sanidad, la asistencia social, etc., que ha contribuido a empeorar drásticamente las condiciones de vida de la parte más débil del proletariado. Por otro lado, las medidas que la burguesía en su conjunto ha tomado tanto para amortiguar el efecto de la pandemia como para reflotar la economía, se han cargado directamente sobre los hombros de este proletariado exhausto. Desde los ERTEs que ha permitido aplicar sin restricciones el gobierno de PSOE y Podemos y que han dejado en el limbo a centenares de miles de trabajadores que ven cómo su sueldo se reduce cada vez que la empresa para la que trabajan decide prescindir de ellos “por causas objetivas”, hasta la absoluta libertad dada a los grandes y pequeños negocios para abrir sus puertas mientras miles de proletarios enferman cada día acudiendo a su puesto de trabajo, pasando por una represión policial a la que se ha dado carta blanca. Todas las corrientes políticas que concurren a las elecciones madrileñas, a excepción de Más Madrid, han tenido responsabilidad en gobiernos de uno u otro nivel durante el último año. Todos han ejercido como fieles defensores de los intereses de clase de la burguesía, disciplinando al proletariado, obligándole a ir a trabajar durante lo más crudo de la pandemia, promoviendo de una manera u otra una legislación que anula los derechos de reunión, circulación, etc., mientras se imponen medidas draconianas para garantizar la producción.
Esta crisis social, que inevitablemente transforma el país en un polvorín potencial, requiere un sobre esfuerzo por parte de todas las facciones burguesas para que los elementos esenciales del control social se mantengan incólumes. Y de entre ellos la defensa de la democracia es el primero. Pablo Iglesias se sentaba junto a Grande Marlaska en el Consejo de Ministros mientras este permitía a la policía disparar con fuego real a los manifestantes de Linares. Ahora clama contra el fascismo. Ayuso retiró el servicio de comedor escolar a los estudiantes de las familias proletarias más pobres durante los peores días de la pandemia. Ahora carga contra el gobierno por crear las llamadas colas del hambre.
El bloque de la derecha, que se promete como ganador, defiende sin tapujos los intereses de los grandes y pequeños empresarios garantizando que levantará todas las restricciones comerciales impuestas por motivos sanitarios, garantizando que estos tendrán mano de obra que explotar aún sin medidas para proteger su salud. Con ello se convierte en el adalid de la inmensa capa de la pequeña burguesía profesional de la ciudad, de los cuadros medios de las grandes empresas afincadas en ella y de los pequeños comerciantes que les surten de servicios de hostelería, hospedaje, etc., a los que promete, además, una política de abierta hostilidad contra el resto de comunidades autónomas. Su programa es abiertamente anti proletario y exige, sin ambigüedades, que la clase obrera se pliegue a las necesidades de la pequeña y gran burguesía local que necesita reactivar el flujo económico. Pero con ello lo único que hace es cumplir, a escala local, lo que PSOE y Podemos ya han hecho a escala nacional: sobre estos dos partidos ha recaído la responsabilidad de obligar a los proletarios a ir al trabajo, a usar un transporte público atestado, a permanecer encerrados en casa mientras les despedían o les reducían el sueldo. Las necesidades específicas de una región como la madrileña, que vive de explotar a los proletarios locales pero también de expoliar a las clases medias de las regiones cercanas, imponen una política más agresiva en lo referente a la supresión de las restricciones, pero la lógica es exactamente la misma que la seguida por el gobierno central a lo largo del último año.
Por su parte, el bloque de izquierdas promete mejoras en la sanidad, medidas de “salvamento económico”, e incluso una “banca pública madrileña”. Todo ello poco creíble para una gran mayoría de la clase proletaria que les ha visto actuar durante un año en su contra. Son estos partidos y sus políticas anti proletarias los que han abierto las puertas a la extrema derecha representada por VOX. Son ellos quienes han cumplido perfectamente con su labor de represión de la clase obrera y han reforzado con ello a una pequeña y gran burguesía que no ve delante de ella a ningún enemigo y que, por lo tanto, tiene plena confianza en poder imponer sus exigencias sin necesidad de adornarlas con algún tipo de ropaje “social”.
La maquinaria de guerra electoral apunta directamente al corazón de la clase proletaria. Su objetivo es garantizar el sometimiento de esta a la política de la colaboración entre clases que, en estos momentos, únicamente significa sacrificio continuo del proletariado en favor de las necesidades de la clase burguesa. Sobre este terreno, la labor del oportunismo PSOE-Podemos a lo largo del último año ha logrado ya imponer las peores restricciones a los proletarios y ha dejado el camino abierto a que las corrientes abiertamente anti obreras, que defienden sin tapujos este sacrificio, controlen el gobierno regional.
La defensa de los intereses proletarios, inmediatos y futuros, no pasa ni pasará nunca por la "lucha electoral" que el sistema democrático burgués ha instituido para desviar y engañar a las masas. Los proletarios poseen objetivamente una gran fuerza social porque constituyen la clase que produce toda la riqueza social; riqueza de la que la clase burguesa se apropia enteramente obligando a los proletarios a vivir con un salario miserable, a someterse a condiciones de existencia cada vez más inciertas y precarias, a vivir día a día sin poder contar con un futuro próximo ni para ellos ni para sus hijos. La clase burguesa condena a los proletarios a sacrificar sus vidas en favor del beneficio capitalista, tanto en la paz como en la guerra, mientras que el sistema democrático funciona como una caja de compensación en la que dirigir todas las tensiones sociales generadas constantemente por las contradicciones de esta sociedad.
Pero la presión que lentamente se va acumulando en el subsuelo social no puede aliviarse mediante artificios de este tipo. El tiempo que la burguesía gana con este tipo de circos únicamente le garantiza que la explosión, cuando llegue, será mayor. La clase proletaria deberá, llegado ese momento, volver al camino que marca su lucha de clase, revolverse tanto contra sus enemigos abiertos como contra sus falsos amigos. El combate pasará a librarse, en ese momento, lejos del show electoral: será sobre el campo abierto del enfrentamiento entre clases donde se dirima la verdadera crisis social.
La lucha de clases es el único recurso real con el que pueden contar los proletarios. De las elecciones burguesas y del sistema democrático que en el fondo sólo responde a los intereses de la clase burguesa dominante, los proletarios no tienen nada que ganar: como esclavos asalariados se les pide que voten su condena a la esclavitud asalariada de por vida.
¡Contra la farsa electoral!
¡Por la reorganización clasista del proletariado!
¡Por la lucha de clase proletaria!
26/04/2021 - Partido Comunista Internacional (El Proletario) - www.pcint.org
FRENTE A LAS ELECCIONES:
DESOBEDIENCIA, ABSTENCIÓN Y SOLIDARIDAD.
Esta vez tocan municipales, autonómicas y europeas. Apenas un mes
después del bombardeo parlamentario para la participación en el circo
electoral, volvemos a ser llamados a las urnas, esta vez para elegir
alcaldes, presidentes autonómicos y eurodiputados. Decimos que volvemos
a ser llamados a las urnas por no decir que vuelven a chantajearnos con
la idea de que si no colaboramos votando vienen los malos y sea cual sea
el partido que te hable siempre acusará a su supuesto rival político de
ser infinitamente malo y que nos traerá una nueva crisis que te hará
caer en la mas absoluta miseria.
Decimos que son supuestamente rivales porque sabemos que por lo único
que compiten es por ver quién se coloca en mejor posición para aplicar
las mismas políticas, las mismas políticas que después de mas de 40 años
convenciendo a la clase trabajadora para legitimar un sistema de
representación participando de sus elecciones han llevado a los
electores a unas diferencias sociales cada vez mas grandes, a una
desigualdad económica entre las clases populares y esa misma clase
política imposible de reducir.
Llama la atención que no sólo es la clase política la que intenta
movilizar a las masas para participar de la jornada electoral sino que
es también el empresariado el que reclama la importancia de la
participación, ante lo cual, salta a la vista que los representante
políticos elegidos han estado, están y estarán a su servicio,
continuando con la implantación de unas leyes cada vez mas lesivas a la
clase obrera.
La constante propaganda recibida para participar que hemos recibido
durante los últimos meses es solo una de las patas del control que
ejerce el estado sobre sus súbditos y cuando esto no llega ponen en
marcha la represión y la imposición y por sorteo somos designados para
la organización de dicha jornada obligando a los “afortunados y
afortunadas” a estar en la mesa electoral bajo penas de multas
económicas o de prisión si optan por desobedecer y no participar de un
sistema que no creen ni participativo ni representativo de los intereses
de la clase trabajadora.
Desde CNT Zamora, animamos a NO participar del circo electoral, ya bien
sea no votando o desobedeciendo la imposición del Estado a organizar la
jornada en una mesa electoral. Desde CNT Zamora creemos que las
decisiones que atañen a los y las trabajadoras deben ser tomadas por
ellos y ellas mismas de igual a igual, deben ser debatidas de forma
horizontal organizándonos en asamblea y no permitiendo que desde un
congreso, un parlamento o un ayuntamiento se nos dirija en función de la
empresa o los intereses de turno.
La única forma de plantar cara al sistema es la autoorganización desde
abajo, negándonos a participar de la jornada electoral porque solo la
ABSTENCIÓN ACTIVA Y LA DESOBEDIENCIA es lo que nos puede llevar a romper
las desigualdades.
Queremos manifestar nuestro apoyo y brindar nuestra organización a toda
aquella persona que decida desobedecer el próximo 26 de mayo porque cada
vez somos más los que decidimos no formar parte de las elecciones de
una manera u otra y solo la solidaridad y el apoyo mutuo podrá hacer
frente a la represión que intentará ejercer el Estado a través de sus
partidos políticos o su sistema judicial.
EL PRÓXIMO 26-M DESOBEDIENCIA, ABSTENCIÓN Y SOLIDARIDAD.
--
FEDERACIÓN LOCAL DE SINDICATOS DE CNT ZAMORA.
[ http://www.pcint.org/01_Positions/01_04_es/190509_elecciones-europeas.htm ]
Por tercera vez, en el breve plazo de tres años, se han convocado elecciones generales en España. Después de que el gobierno del PSOE, en minoría en el Parlamento y el Senado y por tanto dependiente de alianzas extremadamente frágiles para gobernar, no fuese capaz de sacar adelante los presupuestos generales del Estado durante el pasado invierno, una nueva crisis parlamentaria ha dado como resultado la disolución de las Cortes y la puesta en marcha de otro circo electoral en el que, de nuevo también, todos los voceros y propagandistas de uno u otro signo político repiten hasta la náusea que “todo está en juego”.
Ahora que el bipartidismo está roto (mentira: únicamente el PP y el PSOE tienen opciones reales de gobernar y el resto de partidos aspiran sólo a ser, si acaso, sus muletas) y que un coro de nuevos partidos ha irrumpido en la escena (nueva mentira: a la izquierda del PSOE sólo hay un refrito de la antigua Izquierda Unida y a la derecha del PP una escisión del mismo PP y un viejo partido regional) la democracia española avanza por derroteros completamente inéditos, según afirman los voceros del periodismo hooligan político que los Florentino Pérez y los Roures pusieron en marcha hace unos años como acompañamiento de sus nuevas marcas políticas.
Pero, ¿qué significan realmente estas nuevas elecciones? Aún sin dejarse arrastrar por las campañas publicitarias y por los recursos de marketing político, es imposible pasar por alto que la situación en España está muy lejos de ser normal, si por normalidad entendemos los casi cuarenta años de alternancia pacífica en el poder de PSOE y PP. De hecho, la situación es tremendamente anómala si tenemos en cuenta que el ordenamiento jurídico y político posterior a la Constitución de 1978 se diseñó como copia actualizada del sistema de cambio político de finales del siglo XIX y principios del XX: en este caso, una gran socialdemocracia levantada con los marcos del Bundesbank y los dólares de la Reserva Federal y una amplia derecha que aunaba tanto a los sectores ultras del Régimen de Franco como a las pequeñas burguesías regionales, se disputaron el poder durante varias décadas alternándose para llevar a cabo, en primer lugar, las medidas más acuciantes de modernización económica del país y, después, aquellas que permitiesen a la burguesía nacional competir con sus rivales extranjeros. Este equilibrio, basado en un sistema de turnos naturales, en los que un partido abandonaba el gobierno cuando se volvía incapaz de gestionar la creciente tensión social a que había conducido su política, parecía el más adecuado para un país en el que la burguesía se había negado durante décadas a aceptar incluso las más mínimas reformas sociales que tan buen resultado, en el sentido de apaciguar a los proletarios, habían dado en otros países. Fue un equilibrio surgido del pacto social que realizaron todos los sectores de la burguesía y la pequeña burguesía después de la muerte de Franco, cuando la crisis capitalista mundial de mediados de los años ´70 arrasaba los principales países europeos y americanos… y ha durado, precisamente, hasta que una nueva crisis económica ha golpeado con dureza similar. Fue en ese momento cuando las fuerzas sociales que permanecieron adormiladas durante décadas emergieron con energía renovada. Y fue también entonces cuando se fraguó la crisis política que vivimos hoy y en nombre de la cual se llama de nuevo al voto.
A la derecha, la aparición de Ciudadanos, un partido político que comenzó su existencia circunscrito prácticamente a las ciudades de Cataluña como representante de una pequeña burguesía local, profesional y “cosmopolita” que salía perjudicada por el enfrentamiento entre el gobierno catalán y el gobierno español, como gran fuerza nacional organizada en pocos meses como alternativa a un Partido Popular desgastado por los escándalos de corrupción, es una muestra de la agitación y del malestar que reina entre la pequeña burguesía de prácticamente todas las grandes ciudades españolas, en las que el partido de gobierno (PP o PSOE) ha tomado, durante los últimos diez años, las medidas necesarias para resguardar de la crisis a la burguesía local dejando de lado a los sectores pequeño burgueses que han visto sus negocios hundirse, su nivel de vida caer y, sobre todo, el riesgo de no poder mantener el estatus privilegiado que han ostentado durante tanto tiempo. El “problema catalán” ha dado a esta pequeña burguesía local una proyección nacional, ejemplificando en la incapacidad del gobierno del PP para acabar con las corrientes nacionalistas, todos los males que para esta clase deben ser solucionados.
Más a la derecha aún, la escisión del Partido Popular, dirigida por Santiago Abascal, ha recogido al sector típicamente ultra que tuvo en el PP, hasta hace unos años, una casa que compartir con otros sectores más moderados. Una tupida red de altos funcionarios del Estado, militares de carrera, mandos de la policía, etc., junto con otros elementos patrocinados por la burguesía rentista (la antigua aristocracia reconvertida en parásitos del Estado) han vuelto al enfrentamiento abierto y explícito no sólo contra las fuerzas nacionalistas de Cataluña sino contra el propio Partido Popular y el ordenamiento constitucional de 1978. Este partido, Vox, lejos de ser una corriente de tipo fascista, como se ha apresurado a gritar el conjunto de la izquierda parlamentaria y extra parlamentaria, es una reacción típicamente nacionalista y ultra conservadora que se ha precipitado a la arena política no para imponer su programa, sino para espolear a las otras dos fuerzas de la derecha a ser más duras: les proporciona una fuerza de choque electoral, parlamentaria, mediática… e incluso callejera para llegar allí donde no podían llegar. Es significativo ver cómo organizaciones policiales como Jusapol, creadas bajo la protección de Ciudadanos para organizar a miembros de los tres cuerpos de la Policía como fuerza de presión, han orbitado rápidamente hacia Vox en un exquisito reparto de tareas. Vox no es una amenaza fascista, su programa electoral es exponente de las exigencias más rudimentarias y básicas de la burguesía y como tal representante de la burguesía que se ha animado a hacer explícitas sus exigencias, muestra a los proletarios la cara más dura del enemigo de clase… pero esto no es nada que cuarenta años de democracia no hayan mostrado abiertamente.
A la izquierda, la implosión de Podemos en varios grupos separados, la fragmentación de la corriente de izquierdas fraguada en 2014 y la definitiva convergencia con el PSOE, que después de ser el enemigo a abatir es el hermano al que ayudar contra el “fascismo” de la derecha, es el final lógico para este tipo de formaciones. Entre 2013 y principios de 2014, el periodo de movilizaciones más intensas contra la crisis económica, el esfuerzo combinado de las grandes corporaciones mediáticas e importantes industriales, puso en marcha la marca electoral Podemos, aupándola desde la marginalidad extra parlamentaria hasta los Ayuntamientos de Madrid, Barcelona y Cádiz. La tensión social se recondujo hacia el juego electoral: unos pocos escaños en el Congreso y alguna victoria local sirvieron para desalojar las calles y recuperar la confianza en el juego democrático. Cuatro años después, la clase proletaria sigue soportando sobre sus espaldas el peso de la recuperación económica, los grandes Ayuntamientos en manos de Podemos y sus aliados locales siguen siendo las grandes corporaciones regionales de la gran burguesía, que hace sus negocios con la seguridad de quien sabe que velan por sus intereses día y noche, incluso los aspectos más llamativos de estos negocios, los pelotazos urbanísticos y la reestructuración urbana que necesitan los nuevos tipos de empresas siguen su curso sin interrupciones… mientras que los partidos “del cambio” se han convertido en depredadores voraces que se han adaptado rápidamente al juego político de “la casta”.
En las elecciones del próximo 28 de abril no está en juego un cambio radical de la situación política, económica y social del país. No serán unas “elecciones constituyentes” como ha dicho el líder de Podemos ni una “reconquista” como quiere el jefe de Vox. Más allá de los diferentes programas políticos, de las estridencias mediáticas de cada una de las corrientes que compiten por el voto, hay un denominador común para todas ellas: la defensa de la nación, de la democracia, del sistema electoral y parlamentario. La fragmentación de la izquierda y la derecha en diferentes tendencias refleja tanto las dificultades por la que la burguesía pasa a la hora de organizar sus tendencias como un inmenso esfuerzo por su parte para mantener la estabilidad básica en torno al orden democrático.
El principal foco de tensión, del que se alimentan todos los demás en la sociedad capitalista, es el que existe como consecuencia del enfrentamiento continuo entre la clase proletaria y la clase burguesa. Ante la crisis económica, ante la inestabilidad de las formas constitucionales y políticas, la burguesía en su conjunto lanza una consigna: democracia. El voto, las elecciones, el Parlamento, el respeto a la legalidad, la colaboración entre clases representada por el Estado de derecho, la defensa de la economía nacional, ese es el programa único del conjunto de la burguesía. En la medida en que logra imponérselo a la clase proletaria, que consigue forzarla a dejar de lado la lucha por sus intereses de clase, tanto en el terreno económico más inmediato como en el terreno general de la lucha política, la burguesía (toda la burguesía arropada por sus clases satélites) vence.
El nacionalismo de grupos como Vox, el nuevo “patriotismo” de Podemos, el independentismo de los partidos regionalistas vasco y catalán, llama a los proletarios a unirse en un frente único con la burguesía en defensa de los intereses nacionales, es decir, llama a los proletarios a soportar todos los sacrificios y todas las exigencias que los intereses nacionales les imponen. Y lo hace sobre la base de la participación democrática, de la colaboración electoral entre clases… ¿Frente al “independentismo” racista e indentitario? ¡Democracia! ¿Frente al nacionalismo tradicionalista español? ¡Democracia! ¿Frente al fascismo?... ¡Más democracia!
Mientras que los proletarios acepten este terreno, la burguesía respira tranquila, la democracia es, por el momento, la garantía de su dominio de clase. Y mañana, cuando la tensión social latente comience a salir a la superficie, cuando estas escaramuzas entre corrientes burguesas se transformen en enfrentamientos a una escala mayor, este hábito de participación democrática, de confianza en las instituciones, le será muy útil a la clase burguesa, que logrará debilitar la necesaria reanudación de la lucha de clase proletaria recurriendo ya no a la participación democrática sino a la defensa y salvaguardia de la democracia misma. Con el circo electoral permanente, la burguesía no sólo disipa la tensión social hoy, sino que agudiza la parálisis del cuerpo social proletario, que se hará especialmente aguda cuando la próxima crisis económica vuelva infinitamente más violentas las exigencias que la burguesía le imponga. Entonces, quizá sí, deba recurrir a métodos de gobierno extremadamente autoritarios, deba suprimir realmente las libertades que hoy tolera, deba, en fin, convertir a los proletarios en carne de cañón en cualquier enfrentamiento interburgués. Y para todo ello, el adoctrinamiento democrático, electoral y parlamentario de los últimos cuarenta años le será de gran ayuda.
En el esperpento electoral de estos años, los proletarios no deben ver otra cosa que todas las fuerzas de la clase enemiga coaligadas para imponerle el respeto al Estado burgués, su legalidad y sus instituciones. Cuanto más se habla de democracia, cuando más intensos son los llamados a la participación electoral, más necesita la burguesía que el proletariado se olvide de sus verdaderas necesidades, que sólo pueden ser satisfechas mediante la lucha de clase, para dar su apoyo, en forma de defensa de un candidato u otro, al orden capitalista. Así sucedió en 1978, cuando la crisis económica mundial forzó a la burguesía parapetada durante varias décadas detrás de Franco, a establecer un régimen parlamentario que pudiese facilitar la colaboración entre clases. Y así sucede hoy, cuando una crisis aún más fuerte, ha barrido el orden de entonces.
Para los proletarios de hoy y de mañana sólo hay un dilema: o se acepta el juego democrático y se fortalece con ello el dominio de la clase burguesa, o se lucha sobre el terreno de clase.
¡Por el retorno de la clase proletaria al terreno de la lucha de clase, antidemocrática, antiparlamentaria y antielectoral!
¡Por la reconstitución del partido comunista internacional e internacionalista!
20 de abril de 2019
Partido Comunista Internacional (El Proletario)
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