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¡No a la agresión estadounidense contra Venezuela!
¡No a la dominación imperialista estadounidense sobre América Latina!
¡Unidad del proletariado contra el imperialismo y todos los Estados burgueses!


 

Al momento de escribir esto, desconocemos si Estados Unidos cumplirá sus amenazas e invadirá Venezuela. Pero el cierre del espacio aéreo venezolano, la incautación de un petrolero y las sanciones económicas ya constituyen una agresión contra este país, igualmente el asesinato en alta mar de casi 100 presuntos narcotraficantes a manos de una pesada artillería aérea y fluvial concentrada en las costas venezolanas es un acto de guerra, y reivindicado como tal por el gobierno estadounidense: la “guerra contra las drogas”.

La agresión contra Venezuela, orquestada bajo los auspicios del eterno aspirante al Premio Nobel de la Paz, Donald Trump, forma parte de un resurgimiento de la agresión del imperialismo estadounidense hacia América Latina: amenazas de enviar tropas a México, de adueñarse del Canal de Panamá, despliegue de soldados en Ecuador, amenazas contra el gobierno colombiano, flagrante interferencia en las elecciones de Honduras y Argentina, uso de aranceles para intentar influir en la política interna brasileña, etc.

Esta agresividad se expresa también a expensas de sus “aliados” (Canadá, Europa, etc.) y hacia países de todo el mundo. Sin embargo, en el caso de América Latina, la dominación estadounidense tiene una larga historia que se remonta a la Doctrina Monroe que, desde 1823, definió esta región del planeta como la salida natural (un “patio trasero”, un “coto de caza”) del imperialismo estadounidense, excluyendo a otras grandes potencias. Esta doctrina ha servido para justificar las innumerables intervenciones políticas, económicas y militares de Estados Unidos con el fin de mantener y aumentar su dominio; recordemos su irremplazable apoyo a las “dictaduras gorilas” de las décadas de 1960 y 1970 (como el golpe de Estado en Chile, organizado bajo los auspicios del Premio Nobel de la Paz Henry Kissinger). Hoy en día, Washington la reivindica oficialmente (la "Doctrina Donroe", un corolario trumpiano de la "Doctrina Monroe").

El pretexto utilizado es la lucha contra las drogas (un pretexto también utilizado contra Canadá y China), pero lo cierto es que se trata de restaurar la primacía estadounidense en la región y, como en 1823, contrarrestar la creciente influencia de las potencias imperialistas rivales, en este caso de China. En tan solo pocos años, China se ha convertido en el principal socio comercial de Sudamérica y está multiplicando sus inversiones para aumentar aún más su cuota de mercado y su acceso a las materias primas esenciales para su crecimiento económico. Según las últimas cifras (junio), el 90% del petróleo venezolano (400 mil barriles de petróleo al día) se exportaba a China, compensando con creces el cierre de los mercados estadounidense y europeo tras las sanciones estadounidenses.

Frente al chavismo, las grandes potencias, en primer lugar Estados Unidos, nunca han dejado de actuar como lo que son: potencias imperialistas. Sanciones económicas, sanciones militares, presiones diplomáticas, campañas mediáticas sobre los “derechos humanos”: estas son sus armas habituales. Hablan de “lucha contra la droga”, de “defensa de la democracia” o de “derechos humanos”, pero estas palabras se refieren al deseo de controlar el acceso a una de las mayores reservas petroleras del mundo; a la protección de los intereses directos de empresas como Chevron y otros grupos; y, en definitiva, a la defensa de la posición dominante de Estados Unidos en su “patio trasero” latinoamericano.

Venezuela sirve como campo de juego de los diversos imperialismos en competencia; la población trabajadora, por su parte, actúa como fuerza económica, social y potencialmente militar.



La guerra del gobierno de Maduro contra el proletariado y las masas explotadas de Venezuela

Venezuela no es un país socialista ni una excepción milagrosa al capitalismo global. Es un país capitalista dependiente, inserto en una gestión subordinada dentro de la jerarquía imperialista, conforme a la ley de desarrollo desigual y combinado. Este desarrollo se ha construido a partir de un capitalismo rentista. Los ingresos petroleros, captados por el Estado, se redistribuyeron de manera inestable y posteriormente fueron devorados por la crisis y las sanciones. El chavismo representó, durante una fase, una forma particular de dominación burguesa, es decir:

uso de los ingresos petroleros para otorgar reformas parciales a familias pobres (programas sociales, subsidios, etc.);
– construcción de un bloque de poder en torno al aparato de Estado, al ejército, a una nueva burguesía y a algunas pequeñas burguesías bolivarianas;
–revestimiento ideológico: discurso socialista, anti imperialista de palabra, culto al jefe, mito bolivariano.

Este régimen nunca ha puesto en tela de juicio la producción mercantil, el trabajo asalariado ni la dominación de clase.

Cuando la crisis de la renta, el colapso económico y las sanciones se combinan, las concesiones se evaporan: inflación, pérdida de salarios y pensiones, pérdida de empleos, éxodo de trabajadores. Aquí no se trata del colapso del socialismo: es el colapso de un capitalismo nacionalista basado en la renta, que ha utilizado, sí, un lenguaje de izquierda para encuadrar mejor a los explotados.

El gobierno Maduro, que se jacta de un renovado crecimiento económico, en realidad está librando una verdadera guerra de clase contra el proletariado en conjunto con la organización patronal Fedecámaras. A los salarios de miseria, las pensiones miserables, la inflación galopante (que, según el FMI, se piensa que alcance el 548% para 2025), a las medidas pro-empresariales y el fin de los convenios colectivos, se suma la represión contra los proletarios que protestan, encarcelando a cientos de ellos. Entre tanto, el jefe de Estado está organizando una supuesta “Asamblea Constituyente Obrera” para “refundar, transformar y organizar el movimiento obrero”, es decir, para establecer el control estatal sobre los sindicatos y regimentar al proletariado, dándole una vuelta más a la cuerda con que ya lo tiene amarrado.

Los proletarios en Venezuela no tienen nada que ganar al unirse a la defensa de la patria, como exige el gobierno Maduro. Deben luchar para obtener aumentos salariales, pensiones y prestaciones sociales acordes con la inflación, oponerse a los despidos y a la represión, y lograr la posibilidad de organizarse independientemente del Estado burgués.

Pero la lucha no debe llevarse a cabo desde la perspectiva de una “democracia real”, como pretenden las direcciones sindicales (1), ni por la defensa de ”nuestros intereses nacionales”, como afirman organizaciones “anti capitalistas” (2): los proletarios no tienen intereses nacionales comunes con otras clases de la nación, sino intereses internacionales, de clase, comunes con los proletarios de todos los países; no deben suplicar a la burguesía una verdadera democracia – es decir, la coexistencia sin choques entre varias clases sociales, de explotadores y explotados –, sino más bien aspirar a derrocar el poder de los explotadores burgueses y establecer su poder anti democrático: el poder del proletariado y los explotados.

La oposición de derecha pro-imperialista, liderada por María Corina Machado, activista de extrema derecha galardonada recientemente con el Premio Nobel de la Paz, no es en absoluto una solución para los trabajadores venezolanos. De llegar al poder, la señora Machado continuaría con las mismas políticas antisociales de Maduro, a la vez que ampliaría las privatizaciones y abriría todavía más el país a las inversiones estadounidenses y de otros países.

En todo caso, pasar de Maduro a una oposición pro-imperialista no significa abandonar el capitalismo: simplemente implica cambiar los gestores burocráticos, el estilo de discurso y los protectores internacionales.



Las tareas de los proletarios de Estados Unidos y otros países imperialistas

Los proletarios de los países imperialistas deben oponerse a las campañas contra Venezuela, así como a las que golpean a otros países; las sanciones económicas, los bloqueos, la presión diplomática, las intervenciones “humanitarias” o las operaciones militares forman parte del arsenal utilizado para establecer o fortalecer la dominación imperialista sobre los países más débiles con el fin de obtener ventajas de todo tipo. La dominación imperialista debe combatirse sin vacilación, no en nombre de la engañosa ideología democrático-burguesa de la igualdad de las naciones y el respeto al “derecho internacional”, sino porque esta dominación fortalece al enemigo de clase y dificulta la lucha proletaria en los países imperialistas, al facilitar la corrupción de ciertos estratos de la llamada “aristocracia obrera”. Cualquier debilitamiento del poder de la burguesía imperialista es un factor positivo en el antagonismo de clase con ella; al mismo tiempo, cualquier debilitamiento del imperialismo alivia la presión sobre los proletarios de los países dominados, quienes siempre son las primeras víctimas de las acciones imperialistas. La solidaridad de clase con los proletarios de los países dominados es, por lo tanto, un imperativo de la lucha proletaria en los países imperialistas y no un vago deber moral de caridad humanitaria.

Los proletarios de los países imperialistas, y en particular los proletarios estadounidenses, deben demostrar esta solidaridad, no solo negándose a participar en la campaña contra Venezuela, denunciando la retórica sobre la lucha contra las drogas, la democracia y los derechos humanos, que solo sirve para camuflar los sórdidos intereses imperialistas, sino también oponiéndose a las medidas gubernamentales contra los inmigrantes legales e ilegales, venezolanos y otros. Recientemente, cientos de miles de inmigrantes, incluidos 600.000 venezolanos, han perdido su derecho a permanecer en Estados Unidos, lo que los condena a la clandestinidad (3). La solidaridad con los proletarios inmigrantes es esencial para fortalecer a todo el proletariado contra una burguesía que no duda en usar la fuerza para defender sus intereses tanto dentro como fuera de sus fronteras.

Frente a las crecientes tensiones entre Estados, a la crisis económica, a las sanciones, a la miseria y a la amenaza de guerra, el proletariado no tiene más que un camino: el de la lucha internacional de clase. Esto implica ningún apoyo táctico” al gobierno Maduro, ruptura total con todos los frentes comunes con la burguesía, ya sean patrióticos, democráticos o “anti imperialistas”; el rechazo de todos los campos burgueses: Maduro, la oposición liberal, los gobiernos imperialistas, los bloques regionales; emprender la reanudación de la lucha de clase independiente de los partidos y sindicatos defensores del orden burgués; el trabajo por la reconstitución de un movimiento comunista internacional que unifique las luchas de los proletarios de Venezuela, de las Américas, de Europa, de África y de Asia.

Ni las amenazas de Washington, ni los discursos patrióticos de Caracas, ni las promesas de la oposición burguesa pueden ofrecer una salida a los explotados. Todos estos campos defienden la propiedad privada, el trabajo asalariado, la competencia generalizada entre empresos y Estados, es decir, las bases mismas de la explotación capitalista.

Los proletarios de Venezuela deben negarse a morir por la patria; los proletarios de Estados Unidos y de Europa deben negarse a apoyar sus sanciones, sus flotas, sus bases militares. En todas partes, se trata de retomar el hilo roto de Liebknecht, de Lenin y de los primeros dos años de la III Internacional: el enemigo principal, para cada proletario, se encuentra en su propio país: su propia burguesía y su propio Estado. Solo uniendo sus luchas por encima de las fronteras, sobre la base de un programa comunista de destrucción del capitalismo y de la sociedad de clases, podrán los trabajadores de Venezuela y del resto del mundo salir de la trampa mortal en la que las burguesías en competencia intentan encerrarlos.



Partido Comunista Internacional, 20/12/2025 - www.pcint.org

 

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  1. Ver acuerdo sindical unitario del 12/12/25: https://correspondenciadeprensa.com/?p=51016

  2. Ver la “declaración unitaria” contra la agresión imperialista del 3/10/2025, firmada por Marea Socialista, Patria para Todos, Partido Socialismo y Libertad, Liga de Trabajadores por el Socialismo, Revolución Comunista: https://www.laizquierdadiario.com.ve/Basta-de-agresion-imperialista-a-Venezuela-Fuera-tropas-de-Trump-del-Caribe-y-de-America-Latina

  3. El 7 de noviembre, la Corte Suprema de Estados Unidos confirmó la decisión de la administración Trump, tomada a principios de este año, de revocar el estatus legal de más de un millón de migrantes, incluidos 605.000 venezolanos, 330.000 haitianos, 170.000 salvadoreños, 101.000 ucranianos, 51.000 hondureños, etc. https://www.uscis.gov/save/current-user-agencies/news-alerts



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OTROS TEXTOS sobre la agresión estadounidense contra Venezuela:

> Fuera Trump de América latina y el Caribe (UIT-CI): http://valladolorinternacionalista.blogspot.com/2026/01/fuera-trump-de-america-latina-y-el.html

> Contra la agresión imperialista norteamericana (PCInt): http://valladolorinternacionalista.blogspot.com/2026/01/venezuela-contra-la-agresion.html




 

Protestas contra las deportaciones en Los Ángeles : una advertencia sobre el futuro que la burguesía prepara a toda la clase proletaria

 

 

Desde hace varios días en la ciudad estadounidense de Los Ángeles están teniendo lugar protestas multitudinarias, a menudo violentas y con fuertes enfrentamientos con la policía, contra las redadas y las deportaciones que el Gobierno del país ejecuta a través del ICE (siglas en inglés del Servicio de Inmigración y Control de aduanas), encargado habitualmente de aplicar la política migratoria y de parte del control fronterizo. Según reporta la prensa, desde hace dos o tres días las manifestaciones se han extendido a otras ciudades, como San Diego (también en California) o Seattle (en el Estado de Washington, al norte del país) mientras que en Los Ángeles el tono de la protesta iría aumentando una vez que la Guardia Nacional y el cuerpo de marines del Ejército han sido habilitados para intervenir en la represión e incluso para contribuir a la labor del ICE en lo que a redadas anti inmigrantes se refiere.

Aunque la misma prensa se centra exclusivamente en la parte más espectacular de las protestas, buscando el morbo de las fotos y vídeos de los coches de policía quemados o de los manifestantes encapuchados, la realidad es que estas protestas no sólo están teniendo lugar en la calle y en forma de manifestaciones. La propia CNN daba noticia de paros y piquetes en algunas fábricas de Los Ángeles cuando los agentes del ICE pretendían detener a obreros en condición irregular en su interior, llegando, los trabajadores solidarios con sus compañeros, a bloquear los camiones con los que pretendían llevárselos a los centros de detención (1).  

Las medidas que aplica el Gobierno norteamericano, las deportaciones masivas, el internamiento en centros de detención, la represión contra los inmigrantes que buscan pasar la frontera, el secuestro de los hijos de aquellos que vienen con su familia, etc. son instrumentos de presión que, sobre la clase proletaria inmigrante lleva aplicando la burguesía norteamericana desde hace varios años. La prensa europea, que defiende los intereses de las clases dominantes locales, ahora enfrentados a los de unos Estados Unidos beligerantes en lo que se refiere a la defensa de sus intereses nacionales contra sus “socios” europeos, quiere culpar de esta situación al gobierno Trump. Pero lo cierto es que la política represiva, las agresiones contra los inmigrantes irregulares, etc. comenzaron mucho antes del primer gobierno de Donald Trump: fue Obama quien, en plena escalada de medidas anti proletarias encaminadas a sacar al capital norteamericano de la crisis de 2008-2013, puso en el punto de mira a los inmigrantes, tanto a los que vivían de manera irregular dentro del país como a los que pretendían entrar sin visado. Fue su gobierno el que reforzó los centros de internamiento fronterizos, quien dio potestad represiva inédita hasta el momento a la policía de fronteras, etc. Trump únicamente ha continuado, publicitándola y haciéndose fuerte en ella de acuerdo con el particular estilo de gobierno que le exige su burguesía, una política que esa burguesía norteamericana considera indispensable para el control social del país.

Por supuesto, el problema de la inmigración, tomado en general, no puede entenderse exclusivamente como un problema de burgueses contra proletarios, especialmente en un país como Estados Unidos en el que la mayor parte de la burguesía y la pequeña burguesía han sido inmigrantes (evidentemente en otras circunstancias) hace aún pocas generaciones. Existe, claro, una pequeña burguesía inmigrante que vive en la ilegalidad, que está vinculada a negocios más o menos clandestinos y que también es perseguida por la política anti inmigratoria, sobre todo desde el momento en que se incentiva a los cuerpos locales del ICE para obtener un cupo mínimo de detenciones diarias. Pero esto no es lo esencial: es evidente que la represión, las detenciones, las deportaciones, etc. van dirigidas a intimidar al grueso de la inmigración que se ve obligada a vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario, que mantiene, con sus condiciones de explotación extremas, tanto la economía sumergida como la legal (una hipócrita distinción que a la burguesía sólo le importa con fines propagandísticos). La inmigración es, fundamentalmente, importación de mano de obra por parte del país receptor. Precisamente porque el mercado laboral del país de origen no es lo suficientemente amplio como para acoger a una parte de su población proletaria, que por lo tanto se convierte en «excedente», en el país de destino esta mano de obra se ve obligada a trabajar a un precio (salario) inferior al que se paga en el mercado laboral legal y regulado. La importación de mano de obra responde, por lo tanto, a una necesidad del sistema productivo del país de acogida, y su clasificación en mano de obra «legal» e «ilegal» sirve a la clase burguesa para dividir a los proletarios entre autóctonos e inmigrantes aceptados y regularizados, y exacerbar la competencia entre los propios proletarios inmigrantes, entre aquellos a los que se les permite acceder a la regulación prevista por las leyes vigentes y aquellos que son explotados aún más, pero de forma oculta a través del trabajo negro y precario; de esta manera, la competencia entre proletarios aumenta cada vez más, dando la posibilidad a los pequeños y medianos empresarios y a los grandes capitalistas de aumentar sistemáticamente la presión sobre toda la mano de obra, por lo tanto, también sobre la legal y regular.

En el capitalismo ningún fenómeno social es equilibrado y pacífico y allí donde domina la ley del valor y la extracción de plusvalía aparecen todo tipo de variantes sociales sustentadas en la explotación del trabajo asalariado, sean legales o ilegales. Esto la burguesía norteamericana, cuya misma policía es poco más que una extensión de las bandas irlandesas de principios del siglo XX, lo sabe perfectamente sino que se apoya en esos sustratos sociales intermedios para mantener controlados a los proletarios inmigrantes de cuya súper-explotación viven ambos. La burguesía norteamericana necesita la inmigración irregular porque necesita la mano de obra a bajo coste que ésta proporciona. Ciertamente no tiene ningún interés en quedarse sin trabajadores, pero también necesita mantenerlos a raya. En un momento de crisis social como el que vive Norteamérica, derivado de una delicada situación internacional y de una situación interna que no hace más que empeorar desde 2008, los ataques contra el proletariado inmigrante tienen una doble función: por un lado, aterrorizan, disciplinan y encuadran a los proletarios que viven continuamente bajo la amenaza de la expulsión, de la separación de sus familias e incluso del secuestro legal de sus hijos menores de edad. Por otro lado, proporciona al conjunto de la sociedad, especialmente a las clases medias pero también a la aristocracia obrera, a la parte más rica, entre los que cala el discurso nacionalista, un chivo expiatorio del malestar social, una especie de causa común que permite dirigir el odio que debería apuntar hacia la clase dominante.

La burguesía, la clase que prometió la libertad individual por encima de todo, que decía levantarse (en su época revolucionaria) contra toda opresión en nombre de la igualdad y la fraternidad universales, sobrevive desde hace siglos gracias a la exacerbación de los odios raciales y nacionales y mediante la represión racista. Y si durante los periodos de expansión económica importa mano de obra sin parar, pero es incapaz de garantizarle ningún tipo de garantía legal a cambio de su explotación diaria, en las fases de contracción vuelve todo su arsenal político y policial contra los trabajadores irregulares, golpea selectivamente para infundir miedo y sumisión, a la vez que trata de crear un frente nacional contra ellos. Es el caso también de Estados Unidos, donde el propio gobierno que sabe perfectamente que tanto el campo como la industria del país requieren de proletarios super explotados como lo son los trabajadores irregulares para ser competitivos, pero que lanza campañas “contra la invasión” con el fin de crear un caldo de cultivo propicio para imponer condiciones laborales y sociales aún más penosas para los trabajadores sin papeles.

El gran logro de esta política de deportaciones masivas, que hoy vemos en Estados Unidos pero que mañana llegará de nuevo a Europa, con la misma crudeza, será hacer creer a los proletarios “legales”, a los que para poder ser explotados no han tenido que saltar ningún muro o jugarse la vida en una embarcación, que las leyes excepcionales, la represión y la explotación desmedida son algo que sólo padecerán los inmigrantes. Los proletarios inmigrantes viven hoy el futuro de toda la clase proletaria. La burguesía siempre necesita, para poder existir como clase, la explotación de la fuerza de trabajo. Mantener en pie el sistema capitalista de explotación de la fuerza de trabajo asalariada y preservarlo a lo largo del tiempo depende y a ha dependido siempre de lograr que los proletarios luchen unos contra otros, que entren en una competencia cada vez más intensa entre ellos, aceptando salarios cada vez más bajos, tolerando condiciones peores de trabajo, etc. en lugar de unirse y enfrentarse contra la propia burguesía. En tiempos de crisis, cuando la explotación del trabajo asalariado debe ser particularmente intensa, la burguesía trata de imponerla en primer lugar a los sectores más débiles de la clase obrera, pero el objetivo final es exigir condiciones idénticas a todos los proletarios. Al degradar las condiciones de vida y de trabajo de los sectores más explotados y evitando cualquier reacción inmediata por parte de los trabajadores mejor tratados, la burguesía prepara todas las medidas sociales y legales con las que extenderá también a las demás capas proletarias un futuro similar, con condiciones de vida y de trabajo peores que las actuales, lo que será posible gracias a la competencia entre los proletarios.

En un futuro no muy lejano, los vientos de la guerra volverán a soplar sobre las grandes naciones capitalistas. Entonces, la clase proletaria, ya sea autóctona o extranjera, tendrá que afrontar con toda su dureza la realidad de un mundo en el que su perspectiva es ser carne de cañón, explotada brutalmente en tiempos de paz y masacrada en tiempos de guerra. Entonces, la burguesía exigirá sacrificios impensables y, para imponerlos, utilizará esta competencia, esta rivalidad entre proletarios, esta costumbre de los proletarios que disfrutan de una mejor situación social de colaborar con la burguesía.

 Para evitarlo, la clase proletaria solo tiene un camino: la lucha de clases, la defensa intransigente de sus intereses, contra toda forma de «unidad nacional», contra toda forma de frente unido con su propia burguesía en nombre de orígenes, etnias o religiones comunes...

 Esta lucha de clases implica la ruptura con la política de colaboración con las clases dominantes, la ruptura de la solidaridad con sus políticas nacionalistas basadas en la represión de los sectores más débiles del proletariado. Sin duda, los acontecimientos de Los Ángeles no pondrán fin, por sí solos, a décadas de aceptación de la política de colaboración interclasista, pero muestran que la única alternativa existente para el proletariado de todos los países es luchar en defensa de los intereses exclusivos del proletariado, rompiendo drásticamente con la costumbre de mendigar un salario de miseria a la pequeña o gran burguesía.

 


 

NOTAS:

(1) https://cnnespanol.cnn.com/2025/06/12/eeuu/video/ice-redadas-coches-sector-carnico-ush-trax

 


 

 

 

 

 

14 de junio de 2025

Partido Comunista Internacional

Il comunista - le prolétaire - el proletario - proletarian - programme communiste - el programa comunista - Communist Program

[recibimos y publicamos]
 
 

 Manifestaciones espontaneas contra la policía en Los Ángeles: oponerse y combatir las expulsiones y despidos masivos de trabajadores


Las redadas policiales de las últimas semanas para detener a trabajadores inmigrantes y expulsarlos del
país forman parte de un ataque contra todos los trabajadores de Estados Unidos. No pueden permanecer
indiferentes ante las reacciones y manifestaciones espontáneas que la población mayoritariamente
proletaria del barrio Paramount de Los Ángeles ha llevado a cabo en los últimos días.
Al igual que los despidos de la noche a la mañana en los servicios públicos [los trabajadores federales], la burguesía estadounidense, bajo la dirección del equipo Trump que eligió, está intensificando sus ataques abiertos contra el conjunto de la clase obrera del país. Esto ocurre en un momento en el que la inflación vuelve a aumentar, haciendo así bajar los salarios en todos los sectores. Y en un momento en que la desaceleración de la economía, agravada por las políticas anti-obreras del gobierno de Trump, anuncia despidos en todos los sectores y una mayor explotación para los que conservan su empleo.

Las manifestaciones espontáneas del 6 y 7 de junio en Los Ángeles para oponerse a la redada policial y a las detenciones de jornaleros que buscaban trabajo en un taller de herramientas son una primera reacción que todo proletario debe saludar y con la que debe solidarizarse. Pero si se quedan como están, serán rápidamente derrotados por la represión que la burguesía norteamericana ya ha empezado a utilizar. 

Apenas dos días después de los primeros enfrentamientos con la policía, el gobierno decidió enviar a la
guardia nacional y a los marines contra los obreros. La represión estatal es sólo un aspecto del peligro al que se enfrentan. El otro es la recuperación de su lucha por parte del aparato del Partido Demócrata y su desvío hacia las urnas y el campo electoral. Seamos claros, la izquierda demócrata y la derecha trumpista trabajan juntas para desviar a los trabajadores de su lucha. Una es el yunque y la otra el martillo. 

Sólo hay dos vías paralelas para hacer frente con eficacia a la represión y las deportaciones: la primera es organizar las mayores manifestaciones y concentraciones posibles en los barrios y buscar la solidaridad activa, e incluso la participación masiva, de los trabajadores de las empresas de los barrios para oponerse a la policía y paralizar su acción. Esta lucha contra la represión y la deportación será mucho más eficaz si las manifestaciones callejeras están respaldadas por acciones de huelga de los trabajadores. Además, los trabajadores y los barrios de otras ciudades del país deberían emprender acciones similares siempre que sea posible, porque las deportaciones masivas no sólo afectarán a los trabajadores californianos. 

Oponerse a la deportación de inmigrantes, así como a los despidos en el sector público y otros sectores,
puede permitir a los proletarios del país reagruparse y establecer una línea de defensa contra los ataques
actuales y los graves que se avecinan a medida que la clase dominante y su Estado se preparan para la
guerra generalizada y nos hacen pagar por ella. Es en este terreno “de clase”, el de los trabajadores y sus intereses, y no en el de la defensa de los derechos democráticos o de otro tipo, donde es posible resistir a la ofensiva de la burguesía norteamericana. Es también en el terreno de los aumentos salariales en todos los sectores, industriales o no, sindicales o no, de trabajo legal o no, donde el conjunto de la clase obrera puede y debe reagruparse.

¡No a las detenciones y deportaciones! ¡No a los despidos! ¡Aumento general de los salarios al ritmo de la inflación!

Sólo hay una “comunidad”: la de los trabajadores asalariados, sea cual sea su pasaporte, color de piel, sexo o lengua.

Para resistir a los ataques y frustrar la represión de la policía y el ejército :
- ¡no quedarse aislados!
- ¡buscar la solidaridad en cada barrio!
- manifestaciones y concentraciones masivas, ¡todos juntos, todos unidos!

 

 

Il GIIC, 11 de junio de 2025


 

La América de Trump saca músculo


El desorden mundial, en el cual las potencias imperialistas se han visto colocadas –desde el hundimiento del imperio ruso en 1989-91, pasando por una sucesión insistente de guerras locales y regionales en las cuales cada potencia imperialista buscaba extraer el mayor beneficio posible para sus propios intereses-, no es otra cosa que el nuevo estado de salud del imperialismo.

Las contradicciones de la sociedad burguesa, sobre cualquier plano, económico, político, social, financiero, cultural y, naturalmente, militar, están explotando desde hace tiempo con una frecuencia cada vez más breve, en el tiempo y en el espacio. El imperialismo, es decir, la política de rapiña y de bandidaje que cada país capitalista avanzado utiliza para acaparar y controlar, en el mundo, porciones de mercado y de territorios económicos, no ha logrado, y no logrará jamás “resolver” las contradicciones de la sociedad capitalista si no es llevándola al nivel del enfrentamiento mundial entre las potencias que se dividen el mundo en zonas de influencia y de colonización. La Primera Guerra Mundial (1914-1918) y la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) son una demostración, tanto en el sentido de que a través de ellas las potencias imperialistas han rediseñado el orden mundial, como en el sentido de que el nuevo orden mundial apenas establecido a través de una victoria militar portaba los gérmenes de un nuevo desorden mundial. La burguesía de un país lucha siempre, constantemente, contra las burguesías competidoras y adversarias de los otros países; y cuanto más se desarrolla la economía capitalista, más las burguesías nacionales que representan los intereses y disfrutan todos los beneficios y los privilegios económicos, políticos y sociales, se hacen aguerridas, codiciosas, insaciables.
La competencia económica y financiera sobre el mercado mundial eleva inevitablemente, en un cierto punto del desarrollo capitalista, el nivel del enfrentamiento: los competidores más fuertes, más organizados, más agresivos tienden a repartirse el mercado en zonas de influencia y de control. Pero el desarrollo capitalista y el desarrollo de sus contradicciones forman al tiempo a otros actores que entran en el mercado volviéndose a su vez competidores, menores en términos de fuerza económica y financiera, pero importantes desde el punto de vista “estratégico”, gracias a sus recursos naturales, a su posición geográfica y a su actividad político-militar en sus regiones.
El cuadro internacional que se representaba desde la mitad del siglo XIX hasta los primeros decenios del XX, con el mundo dividido entre las potencias coloniales europeas, dueñas del mundo, entre las cuales la primera era Inglaterra, después de la Primera y, sobre todo, después de la Segunda Guerra Mundial, ha cambiado del todo. Tras la decadencia de las potencias coloniales de un tiempo emergieron nuevas potencias imperialistas: los Estados Unidos de América y Rusia, grandes vencedores de la Segunda Guerra Mundial, que se repartieron el mundo en dos grandes zonas de influencia –el Occidente euroamericano, (del cual dependían Europa Occidental, el continente africano, América Latina, el Medio Oriente y una parte no pequeña del Extremo Oriente) y el Oriente euro-ruso (del cual dependían Europa Oriental, China y parte de Indochina) en el interior de las cuales había lugar para la continuidad “colonial” de los más viejos países colonialistas, Inglaterra y Francia en particular. Y es gracias a la experiencia histórica de estas dos grandes potencias coloniales que algunas grandes regiones del mundo, como el Próximo y el Medio Oriente, han visto sus confines rediseñados siguiendo los intereses de rapiña y piratería de Londrés, París y Washington.
 
Pero de la gran crisis capitalista mundial de 1.973-75, de la que no se desarrolló una tercera guerra mundial por la combinación de una serie de factores económicos y político militares que alejaron la maduración, salió un cuadro internacional en el cual las grandes potencias imperialistas se enfrentaban más por sus puntos débiles que por sus puntos fuertes. La guerra en Vietnam que América perdió, la secuencia interminable de guerras de liberación nacional de las colonias en África y en el Extremo Oriente, los países del Medio Oriente (estratégicos por el petróleo) constantemente sacudidos por guerras locales e intestinas, una Alemania y un Japón militarmente debilísimos pero importantes en la clasificación de las potencias económicas mundiales al punto de representar no sólo competidores aguerridos a nivel mundial, sino, al mismo tiempo, mercados vitales para las mercancías americanas; y una Rusia con un desarrollo capitalista interno que tenía entonces gran necesidad de la explotación cuasi monopolística de los satélites euro-orientales y para nada propensa a enfrentarse militarmente con los Estados Unidos, con los cuales bastaba el equilibrio del terror dado por los armamentos atómicos. Demostración de que no todas las crisis internacionales de gravedad notable –como fue la guerra de Corea en 1950, o la guerra de Irak en 1991- desembocan en una guerra mundial. Esto no quita que cada crisis, regional o internacional, no haga sino acumular factores de enfrentamiento cada vez más agudos e “imposibles de resolver” si no es con el enfrentamiento militar abierto.
Desde dicho periodo del equilibrio del terror, el desarrollo del imperialismo ha pasado a un periodo en el cual el viejo equilibrio mundial, debido a aquella especie de condominio ruso-americano que “gobernó” el mundo durante treinta años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, no ha sido ya aceptable por parte de ninguna potencia imperialista; pero ninguna potencia imperialista actual está en condiciones, hoy, de dictar la agenda mundial de las relaciones recíprocas. Es uno de los motivos por los cuales cada potencia imperialista tiende a enmascarar sus propios intereses con los intereses locales de tal o cual país, no quitándose de intervenir –como en Libia- cuando este tipo de intervención no puede ser utilizada como una “declaración de guerra recíproca”
Esto es lo que sucede en Siria desde hace más de cinco años, país que habría debido ver la caída de Bashar al-Assad hace tiempo, gracias sobre todo a las presiones diplomáticas, económicas y militares de los Estados Unidos, cosa que no ha sucedido.
La población siria, en estos cinco años ha sufrido todo tipo de violencias, de humillaciones brutales, por parte de todas las fuerzas beligerantes: del ejército considerado regular de Assad, de las diversas milicias rebeldes, de las fuerzas militares del ISIS, de los bombardeos de los rusos, de los americanos, de los turcos y de todos los aliados de los Estados Unidos. Indiscutiblemente el ejército de Assad se ha manchado con todo tipo de violencia contra su pueblo, pero no lo han hecho menos las otras fuerzas militares presentes sobre el terreno o actuando mediante agentes en Siria.
Siria, mucho más que Libia, representa un nudo estratégico para las potencias imperialistas: para Rusia, gracias a la única base aérea y portuaria que tiene y que se asoma al Mediterráneo, y desde la cual son posibles acciones de presión y de acción militar en todo el área mediterránea y en toda el área meridional; para las potencias europeas, y en particular Francia, que tiene una tradición imperialista muy radicada en Siria; para los Estados Unidos, que desde el punto de vista del control imperialista del Medio Oriente no pueden aceptar perder a favor de una Rusia que está volviendo a ganar posiciones a despecho de la Alianza Atlántica, y por lo tanto en primer lugar a despecho de los Estados Unidos; para Irán, nueva potencia regional que ha encontrado afortunadamente para ella un nuevo aliado en la Rusia de Putin, y que tiene todo el interés en impedir que Israel y Arabia Saudita radiquen su influencia en el único país en el cual la afinidad religiosa chiita puede ser utilizada para sus propios intereses de potencia regional.

El ataque con agentes químicos (parece que con gas sarín) del 4 de abril por parte de la aviación de Assad en la pequeña ciudad siria de Idlib (pueblo de Khan Sheikhoun), en la zona de Homs, controlada por los rebeldes, matando a ochenta personas –tal y como afirman los medios locales- ha sido el pretexto que Trump ha utilizado para disparar sus misiles desde los portaaviones presentes en la zona. Los 59 misiles Tomahawk lanzados contra la segunda base aérea siria, Shayrat, de los cuales sólo 23 han hecho blanco, han hecho en realidad pocoo daño: han dado a algunos MIG, han matado a 5 personas y herido a 7 (según el gobernador de Homs). De hecho, el día después, desde la misma base han vuelto a salir los aviones sirios para otras operaciones militares. He ahí la “respuesta seria” americana, como ha declarado el presidente Trump: contra “civiles inermes” entre los cuales “hermosos pequeños asesinados brutalmente, ningún hijo de Dios debería sufrir un horror similar”(1) no ha tenido sino un efecto propagandístico, visto que la base, advertida por los rusos, a su vez advertidos previamente por los americanos, había sido evacuada de forma preventiva.

Frente a las innumerables masacres que ha sufrido la población siria, ¿para qué sirve este acto propagandístico de Trump? ¿Ha querido hacer ver al presidente chino Xi Jinping, presente en una cumbre con Trump precisamente ese día, que “América no bromea” advirtiéndole de que sería mejor para él dejsar su protección a Corea del Norte y dejar que los Estados Unidos “se las vean directamente con Pyongyang”? ¿Ha querido molestar a Rusia, la gran protectora de Bashar-al-Assad, y avisarla de que no bombardee más las posiciones de los rebeldes apoyados por los Estados Unidos? ¿Ha querido dar también un aviso a Turquía, que se estaba acercando a Rusia alejándose de los Estados Unidos, subrayando que forma parte de la OTAN y que por lo tanto no puede llevar un doble juego? ¿Ha querido dar a sus propios generales la idea de que los portaaviones americanos presentes en el Mediterráneo no están sólo de “guardia” sino que pueden actuar? ¿Ha querido dar la impresión a sus propios electores de que el nuevo presidente americano no se ocupa sólo de la minería y del carbón y del “Obama care” sino también de la política exterior? Probablemente todas estas cosas juntas, aún si es evidente para todas las cancillerías del mundo que los Estados Unidos no logran salir del impasse en el cual se encuentran en Siria (y no solo, vista la situación en Irak o en Libia) y que el presidente Trump no tiene ninguna “nueva” política externa que seguir, si no aquella que ya era la de Obama y que le viene dictada por los diversos lobbys que le tienen en su mano.
Dicho esto, es indudable que ahora América comienza a mostrar sus músculos, obviamente en defensa de sus intereses nacionales.
Por otra parte, Siria se ha convertido en el teatro en el cual las potencias imperialistas mayores y las potencias regionales juegan cada una su propia partida, cada cual con el objetivo de hacerse con una parte del botín representado por su territorio y, llegada la ocasión, de meter la mano en una parte de Irak, ya hoy subdividido en diversas partes con los Kurdos en el Norte (que en Siria son apoyados por los americanos), no obstaculizados por los occidentales pero combatidos por Turquía que quiere retomar Mosul; los sunníes en el centro, apoyados por las coaliciones occidentales; y en el sur los chiitas, apoyados por Irán. Rusia, Turquía, Irán, son las potencias que se disputan pedazos de Siria, y contra sus iniciativas los Estados Unidos intentan poner un freno y participar en la división del pastel.
De hecho la población siria, de igual manera que no tiene nada bueno que esperar de Bashar-al-Assad, de Rusia ni de Irán, tampoco tiene nada bueno que esperar tampoco de las milicias rebeldes o de los Estados Unidos y de sus aliados occidentales. Y mucho menos de los milicianos del ISIS. En esta guerra la población siria es la víctima a sacrificar, masacrada en su patria y humillada en la emigración; y tampoco puede contar con un movimiento obrero organizado mínimamente y dirigido a llevar a cabo su propia lucha contra todos los beligerantes, porque fue, ya antes, desviado e intoxicado de democracia durante años por las fuerzas estalinistas y después destruido por el nacionalismo y el confesionalismo.
Lo que puede dar a los proletarios sirios una esperanza en el mañana, es el encuentro en la emigración con proletarios clasistas y revolucionarios, entrenados en la resistencia a las ilusiones de la democracia burguesa y al nacionalismo, y tenazmente aferrados a las experiencias revolucionarias del pasado –no a aquellas de las resistencias y del antifascismo, que no han hecho sino volver a abrir la puerta a la conservación burguesa- sino a aquellas de los proletarios rusos, alemanes, italianos y serbios que durante y después de la primera guerra mundial marcharon contra todos los bandidos imperialistas en dirección a la revolución socialista, que no podía y no puede ser otra cosa que anticapitalista y antiburguesa.

Partido Comunista Internacional (El Proletario)
10 abril 2017





NOTAS: 


[actualizado a las: 19:23 / 31/01]

VIDEO DE LA MANIFESTACIÓN COMBATIVA EN WASHINGTON D.C.:
http://valladolorenlosaudiosyvideos.blogspot.com.es/2017/02/video-eeuu-manifestacion-combativa.html

En las protestas contra TRUMP en Washington D.C.,  han sido arrestados más de 200 personas.
Las protestas no sólo se han sucedido en la capital, sino que tenemos constancia de protestas y manifestaciones contra Trump en muchas localidades de EE.UU:

En Seattle, en una protesta en la universidad ha sido tiroteado en el abdomen un manifestante (por los seguidores fascistas de Trump y Milo Yiannopoulos, que intervenía en dicha universidad). La víctima está fuera de peligro.

En Nueva Orleans un importance bloque de manifestantes que salían del distrito 'francés' han llegado hasta el centro de la ciudad provocando graves incidentes. Se han producido un gran número de arrestos. En Portland y otras ciudades como Los Ángeles, San Fracisco, Chicago o Denver, se han producido también importantes manifestaciones.


Las protestas contra la toma de la presidencia por el señor TRUMP... tanto en Estados Unidos como en buena parte del mundo se han producido desde primera hora del día contra la elección de TRUMP y lo que representa.

Más allá de una crítica al capital que se echa en falta (el capitalismo funciona bien con Trump y con su contrario), nos parece de gran importancia seguir las movilizaciones en la principal potencia económica del mundo -pues sus consecuencias nos afectan a todas-, así como apoyar a nuestrxs compas en lucha allí y en todo el globo.


Para un seguimiento de las protestas (en inglés): https://crimethinc.com/2017/01/20/j20-live-updates

Una crónica en castellano (en Sare Antifaxista): http://sareantifaxista.blogspot.com.es/2017/01/manifestantes-marcharon-por-las-calles.html

Más información de la convocatoria: http://valladolorinternacionalista.blogspot.com.es/2016/11/ee-uu-protestas-contra-la-eleccion-de.html

Significado de la victoria de Trump: EE.UU. Otra vuelta de tuerca: http://valladolorentodaspartes.blogspot.com.es/2016/11/usa-los-mismos-objetivos-imperialistas.html


Videos de la protesta y cargas policiales en Washington :



Protestas el día 19, antes de la toma de posesión:



La democracia americana se prepara 
para otra vuelta de tuerca.

Del democráta Obama al Republicano Trump,

diversos métodos para los mismos objetivos imperialistas.


La victoria electoral del republicano Trump ha sorprendido a gran parte de la inteligentsia americana y europea, que daba por cierta la victoria de Hillary Clinton, tanto por el apoyo que había obtenido no sólo del equipo del presidente saliente Obama sino, también, de los grandes medios de comunicación americanos.

Si se puede, ¿lo recordáis? Fue el eslogan que simbolizaba el ascenso del primer político negro a la presidencia de América. Y, si bien todos los sondeos, al margen de las oscilaciones coyunturales, daban continuamente a Clinton ventaja sobre Trump, finalmente –pese a no pronunciarlo nunca- ha sido el eslogan oculto de Trump: sí, se puede hacer, se puede vencer, pese a los sondeos y al propio partido que, hasta el final, ha tenido en su contra. El sistema electoral que rige las elecciones presidenciales americanas está hecho de manera que la democracia electoral (un voto por elector) se pliegue ante los intereses particulares (lobbys económico-financieros, etc.). El hecho de que sean determinados Estados los que, si bien cuentan con una población con derecho al voto inferior respecto al resto de Estados, pese en términos de “grandes electores” más que los otros, constituye un desequilibrio que puede cambiar totalmente el resultado final. El ejemplo más reciente es el de G.W. Bush, que le quitó la victoria a su adversario por una diferencia de votos irrelevantes, como la misma victoria de Donald Trump que ha derrotado a Hillary Clinton si bien esta última, en términos de votos individuales, tenía cerca de 1 millón de votos más que Trump. Bromas de la democracia burguesa... que no sólo engaña sistemáticamente a las grandes masas ilusionándolas con ser las verdaderas protagonistas de las decisiones políticas, económicas, financieras, sociales y militares que los gobiernos toman, sino que engaña y sorprende también a la gran burguesía habituada a tirar de los hilos de la política según sus conveniencias tanto en el corto como en el largo plazo.

El multimillonario Trump ha “salido al campo”, pero no es un empresario que sólo recientemente se ha dedicado a la política; desde finales de los años ´70 estaba entre los principales apoyos de Ronald Reagan en la campaña por las presidenciales y, después, según la conveniencia de sus negocios, formó parte del partido republicano, después del reformista, después del demócrata, para volver finalmente al partido republicano. Su reciente incursión en el ámbito político más importante, del cual sale el nuevo presidente de los Estados Unidos, ha revelado que en una América aún afectada por las consecuencias de la crisis de 2.007 (que, como detonador, tuvo la caída de las subprime precisamente en el sector inmobiliario al cual ha pertenecido siempre Trump), las violentas contradicciones que la caracterizan, y que han golpeado en particular a amplios estratos no sólo obreros sino también de las clases medias, se han abierto las puertas a las tendencias más reaccionarias. Tendencias que “piden” ser representadas por personajes ajenos al “establishment”, no relacionados directamente con las instituciones pero lo suficientemente conocidos como para poder obtener el favor de las grandes masas desilusionadas e insatisfechas por la gestión política de Obama.

Trump, con su eclecticismo, su trivialidad, su sexismo, su racismo, unidos al éxito en los negocios y a la representación de un continuo reality show, apareció como “el hombre del momento” y su tenacidad para llegar hasta el final del duelo electoral con Clinton, verdadera representante del “establishment”, ha sido premiada con la victoria. En verdad ya había probado suerte en 2.012, pero como los sondeos no eran en absoluto positivos para su candidatura, lo dejó correr. En 2.016, por contra, las cosas fueron de otra manera. La pequeña burguesía arruinada por la crisis, rabiosa en su enfrentamiento con los inmigrantes clandestinos y celosa de sus armas para defender la propiedad privada, y los estratos obreros más cualificados junto con los pequeños agricultores, hartos del fisco, amenazados por la inseguridad en el puesto de trabajo y con perspectivas de vida miserables, llamados al circo electoral para “elegir” al nuevo presidente, han dado su favor a aquel que mejor hacía propaganda contra la presión fiscal, el rechazo al control de armas, el retiro de la reforma sanitaria de Obama, la repatriación de millones de clandestinos y, a nivel de política extranjera, el stop a las ayudas internacionales, la renegociación de los acuerdos con Irán y China y la lucha contra el terrorismo internacional identificado con el islam.

La burguesía imperialista americana ha encontrado en Trump al personaje que el teatro de su política necesitaba: es multimillonario, por lo tanto forma parte de la clase de los grandes burgueses; es suficientemente ecléctico para poder representar, según el momento, el papel de duro, de negociador, de generoso; habla como un estibador y usa argumentos de bar; es yankee en lo más profundo de su alma y está embebido por la ideología de la Gran América que, en un periodo en el cual los Estados Unidos sufren de un cierto declinar ideológico a nivel internacional, sirve para preparar al “pueblo americano” para sufrir, mañana, quizá más que hoy... pero por un gran ideal, el ideal de una América a la que todo el mundo debe temer.

No sabemos aún cuál será efectivamente el programa político y económico de Trump, una vez se instale oficialmente en la Casa Blanca, y es probable que ni siquiera lo sepa él. Está construyendo su gobierno y deberá realizar los compromisos necesarios con su partido para poder ser apoyado por el Congreso en las decisiones políticas, dado que lo ha tenido en contra durante la campaña electoral. Pero es cierto al mil por ciento que, junto a sus intereses personales de gran constructor, su gobierno defenderá los intereses de los lobbys económicos que lo apoyan, y que tendrán mayores concesiones en sus propios asuntos, y los intereses del imperialismo americano en cualquier parte del mundo. ¿Encontrará dificultades en Europa, Asia, América Latina y en Medio Oriente? Seguro, como por otra parte las encontró Obama no obstante los aparentes acuerdos y los grandes apretones de mano con Hollande y Merkel. ¿Se entenderá con Putin? Es probable porque pueden hallar intereses comunes en el Medio Oriente y en Asia. El cuadro internacional está destinado a cambiar, no tanto por invención del ecléctico Trump, sino porque con los actuales desórdenes mundiales, se están preparando las alianzas que se asumirán en la tercera guerra mundial, guerra que no parece aún inmediata, pero cuyo estallido las próximas crisis económicas internacionales podrían acelerar.



Hoy por hoy, el proletariado está ausente de la escena política y social americana (y, de hecho, no sólo americana). Ausente en términos de clase social que defiende sus propias reivindicaciones y que hace sentir su propio peso social. Las crisis capitalistas que han golpeado en los últimos cuarenta años no han sido suficientes para formar en la clase obrera americana núcleos consistentes de proletarios capaces de representar sus propios intereses de clase y de constituir la base para un desarrollo de la lucha de clase en el país capitalista más importante del mundo. Los proletarios americanos o bien se han desinteresado de las cuestiones sociales y políticas o se han dejado encantar, cada vez, por los predicadores de turno, ya fuesen estos religiosos o políticos, pero siempre envueltos en la falsa ideología burguesa según la cual cada uno “basta que lo quiera y lo demuestre”, y es autor de su propio destino. Nadie sabe cuánto tiempo hará falta para que los obreros americanos, blancos, negros, hispanos, asiáticos, se reconozcan como una clase en sí mismos, la clase explotada por excelencia por la clase burguesa capitalista (también ella blanca, negra, hispana, asiática), la clase que en lo más profundo de su existencia social vive un antagonismo permanente contra las condiciones de explotación y de esclavitud a las que está sometida, pero que reacciona contra ellas con métodos y medios exclusivamente burgueses: competencia entre proletarios, individualismo, adoración del dios dinero, respeto a la riqueza y a la autoridad que deriva de ella.



Sólo reconociéndose como clase proletaria en sí misma, clase que tiene una perspectiva histórica del todo opuesta a aquella de la burguesía, sólo reconociendo que únicamente con la lucha de clase anticapitalista, por lo tanto antidemocrática y antiburguesa, es posible combatir de manera decisiva contra las condiciones de explotación, de miseria, de hambre... es posible prepararse para resistir y combatir contra la presión burguesa para la movilización bélica; sólo reconociendo que a la lucha de clase que la burguesía conduce cada día contra la clase de los trabajadores asalariados se contrapone la lucha de clase del proletariado unido por encima de las diferencias de nacionalidad, raza, sexo, edad, cualificación laboral; sólo con esta condición la clase obrera americana podrá conquistar su dignidad humana, sublevarse contra la condición de bestia del trabajo y volverse protagonista de su propio futuro: un futuro en el cual está previsto el fin de toda opresión, tanto de la salarial como de la que afecta a la mujer, como la nacional y la racial.



La burguesía sostiene y, a su manera, demuestra, que a su propia sociedad, a la sociedad del dinero, del mercado, de la propiedad privada, de la competencia capitalista, del poder del más fuerte, no hay alternativa. En efecto, hoy, el capitalismo vence en todos los países del mundo. Pero vence y continúa en pie, no obstante las crisis devastadoras, con una condición: tener de su parte a las grandes masas proletarias, explotadas, pese a que estas están en la miseria, muertas de hambre y masacradas por todo el mundo, y América no es ciertamente un país donde no existan desocupados, marginados, hambrientos y donde no se asesine con gran facilidad.

Para que la clase obrera americana se despierte de un profundo aturdimiento y de una gran intoxicación de democracia e individualismo, ¿harán falta crisis peores que aquellas que han golpeado ya a América? Es muy probable; está escrito en la historia de la misma sociedad burguesa: “Con el desarrollo de la gran industria desaparece bajo los pies de la burguesía el terreno sobre el cual esta produce y se apropia de los productos. Ella produce a sus propios sepultureros [los trabajadores asalariados]. Su ocaso y la victoria del proletariado son ambos inevitables”. Estas palabras del Manifiesto de Marx-Engels hoy pueden hacer sonreír a muchos, como hacían sonreír las palabras de Lenin antes de la revolución de Octubre en Rusia. No está escrita la fecha del funeral de la sociedad burguesa; somos materialistas, no visionarios. Pero es por este funeral que nosotros, comunistas revolucionarios, trabajamos y combatimos, seguros de que el mismo capitalismo creará las condiciones objetivas para que el proletariado, no importa en qué país primero, levante la cabeza y tome el camino de la lucha de clase y revolucionaria.



19 noviembre 2016    
Partido Comunista Internacional

  www.pcint.org



Ferguson, USA: Un episodio de la guerra entre clases




El 9 de agosto, en Ferguson, una pequeña localidad estadounidense de la periferia de Saint Louis, un policía asesinaba de seis disparos a Michael Brown, un joven afroamericano desarmado, de apenas 18 años, que alzaba las manos después de haber cometido el error de no responder a la orden policial de caminar por la acera. Su cadáver estuvo tirado en la calle varias horas, como un perro, sin que sus parientes pudieran al menos acercarse a él.




La indignación de la población frente a este crimen se generaliza y las manifestaciones violentas se repetirán durante una decena de días. Las autoridades locales responderán con un despliegue de policías fuertemente armados, la imposición de un toque de queda y el envió de la Guardia Nacional – cuerpo militar formado por reservistas –, igual que en las revueltas de los años '60.   Los sacerdotes locales o nacionales (Jesse Jackson...), los “peacekeepers” – guardianes de la paz” voluntarios (compuesto por miembros del clero, responsables comunitarios, etc.) que colaboran con la policía – y su nuevo jefe, negro (que se había unido a una manifestación pacifista de conmemoración organizada por las iglesias) no lograrán calmar los ánimos. La policía de Ferguson y los peacekeepers (que aprobarán el toque de queda) acusarán a “elementos criminales” foráneos de ser responsables de las reacciones violentas de la población; actitud clásica en estos casos, pero desmentida por el hecho de que la centena de manifestantes arrestados eran, en su aplastante mayoría, habitantes de la localidad o de sus alrededores.   Miles de personas asistirán a los funerales de Michael Brown, luego de los cuales un familiar de la víctima llamó a los habitantes a que se inscribieran para las próximas elecciones de noviembre (1), llamado que fue  retomado por los peacekeepers y demócratas locales; hay que recordar que el porcentaje de participación electoral de la población negra y pobre es muy bajo, justo cuando las elecciones que se avecinan serán decisivas para la administración Obama.   En las semanas siguientes, demócratas, curas de diversas religiones y supuestos “líderes comunitarios” pondrán gran empeño en calmar la cólera irreductible de las masas, organizando manifestaciones pacifistas y acciones de “desobediencia civil”, tales como el ridículo “Moral Monday” (lunes moral). Más adelante, el 22 de octubre, la rabia de los jóvenes y de la población estalla de nuevo, seguida de enfrentamientos con la policía, después que “fugas” del informe oficial de la autopsia fueron reveladas, con las que se trata de acreditar la versión oficial del asesinato, según la cual el agente de policía habría disparado para defenderse.   LA ELECCIÓN DE OBAMA NO HA HECHO DESAPARECER EL RACISMO   La elección de un presidente demócrata de piel negra no ha cambiado la situación social en los Estados Unidos, tampoco ha hecho desaparecer el racismo que es una de sus consecuencias. Ferguson no es lo que se pueda llamar un gueto; pero más de 1/5 de la población, proletaria en su mayoría, vive por debajo del nivel de pobreza, negros en su mayoría. Los burgueses por el contrario son en su mayoría blancos, como los políticos locales y los agentes de policía encargados de que reine el orden; para ellos los negros forman parte integral de las “clases peligrosas”, como se les llamaba a los proletarios en el siglo diecinueve, blanco preferido de los atropellos e intimidaciones policiales, elemento importante de la dominación burguesa en la “América Libre”.   El drama de Ferguson, en efecto, no es un caso aislado, causado por una policía particularmente feroz y racistas (posteriormente varios agentes han sido suspendidos por actos o propósitos racistas); según las estadísticas, en Estados Unidos, un negro es asesinado cada 28 horas (2). Las víctimas de la policía no son todas de origen afroamericano (42% son blancos, 31,8% negros, 19,7% latinos, etc.) (3), aun cuando son los más numerosos en proporción al número total de afroamericanos; pero son todos proletarios en su mayoría. En gran parte de los casos, los agentes del orden salen airosos y, en general, cuando son condenados, sus penas son leves; con ello se demuestra que el carácter brutal de la policía norteamericana forma parte del orden burgués y de la “Justicia” que lo hace respetar. Los Estados Unidos gozan de los porcentajes de encarcelamiento más elevados del mundo (730 prisioneros por cada cien mil habitantes) (4) y, a partir de la edad de 30 años, un hombre negro de cada diez ya ha pasado por la prisión.  Desde los años '70, esta tasa de encarcelación se ha incrementado fuertemente (casi diez veces, pasando de 240 mil en 1972 a cerca de 2,3 millones en 2014) y con tendencia a aumentar (5), al mismo tiempo que se endurece el régimen interno de las prisiones. El presupuesto para la construcción de prisiones se ha vuelto más importante que el presupuesto consagrado a la construcción de viviendas sociales; hasta se puede decir que la construcción de prisiones se ha convertido en el principal programa de viviendas de interés social del país. (6)   La prensa ha notado particularmente el acoso policial que reina en Ferguson; este se manifiesta por una avalancha de multas donde los más pobres son los más golpeados (en 2013, 24.500 multas por 21 mil habitantes), y, cuando no son pagadas, pueden llevar directamente a la cárcel. Esta es una de las prácticas utilizadas por las municipalidades de la región para conseguir dinero, cosa que responde perfectamente a los principios de funcionamiento del capitalismo: ¡arrancar un máximo de plata a los proletarios!   LA MILITARIZACIÓN DE LA POLICÍA ES EL REFLEJO DE LA AGRAVACIÓN DE LAS TENSIONES SOCIALES   A propósito de los eventos ocurridos en Ferguson, las buenas almas demócratas se han alarmado por la militarización de las fuerzas policiales y su “uso excesivo de la fuerza”. Luego de las revueltas de Watts, en 1968, en Los Ángeles, fue creada una unidad policial llamada SWAT (Special Weapons and Tactics); al año siguiente se le asignará el combate a muerte contra un grupo de Black Panthers. Desde los años '80 estas unidades especiales de guerra civil han crecido lentamente, acelerando su expansión luego de los atentados de 2001. Estas se encuentran presente en 80% de las ciudades con más de 25.000 habitantes y pasan a la acción más de 50 mil veces al año (contra 3.000 en 1980), un 80% consiste en operaciones normales de policía. Solo en 2011 más de 500 comisarías habían sido equipadas con vehículos blindados iguales a los que han sido utilizados en Ferguson. El informe de la ACLU (American Civil Liberties Union) sobre “la excesiva (sic) militarización de la policía”) deplora que “la militarización de la policía norteamericana es manifiesta, tanto en el entrenamiento recibido por sus oficiales que la obliga a adoptar una mentalidad de 'guerrero' y a considerar a la población, a cuyo servicio se supone que están, como enemigos, así como en el hecho de dotarlas de palas mecánicas, granadas aturdidoras y vehículos blindados. Este cambio de cultura ha sido apoyado por la Corte Suprema de los Estados Unidos (...)” (8).   En absoluto pensamos que haya habido un “cambio de cultura” en la policía estadounidense, como así creen o quieren hacer creer los demócratas. El papel fundamental de la policía, en Estados Unidos y en cualquier parte, no es el de servir o proteger a la población, sino el de servir y proteger a un orden político, económico y social bien preciso – el capitalismo. Demas está decir que la militarización de la policía no es un fenómeno especifico a los Estados Unidos.   Cierto es que en ciertos momentos, en ciertas épocas y en ciertos países, la policía presenta un rostro más “humano”,  muestra estar “cercana a la población” (como por ejemplo el tradicional “bobby” londinense desprovisto de armas), pero siempre estará para actuar y servir a los mismos intereses burgueses. La dominación de la clase burguesa y del modo de producción capitalista descansa en la violencia, incluso cuando esta violencia se encuentra en “estado potencial”, es decir, cuando no aparece abiertamente (o solo en los llamados “sucesos”) pero se expresa en la ley y en el aparato jurídico y policial necesarios para hacerla respetar.   La “cultura” policial varía en función de las tensiones sociales: hemos visto que las primeras unidades SWAT fueron creadas en los años 60' luego de la serie de revueltas en los barrios negros de la época. Sin duda alguna que las reformas emprendidas, buscando eliminar las formas más intolerables de segregación racial y crear una clase media negra, han hecho bajar la tensión, pero estas no han podido hacer desaparecer el racismo, el cual está ligado históricamente al desarrollo del capitalismo estadounidense, ni mucho menos las desigualdades sociales engendradas por el capitalismo. Estas no han cesado de profundizarse desde la época de Reagan, y el fenómeno se ha acelerado desde la última crisis. Los burgueses, que están muy al corriente de esta situación, han utilizado el pretexto de la “guerra contra el terrorismo” para implementar medidas de guerra contra los proletarios.   Según la OCDE, los Estados Unidos son, después de Chile, el país en que las desigualdades son las más escandalosas (9). Según el economista Thomas Piketty “la desigualdad de los ingresos en Estados Unidos es probablemente más grande que en cualquier otra sociedad, en cualquier momento de la historia, en cualquier parte del mundo” (10). La tasa de pobreza es la más elevada de los países capitalistas más desarrollados (17,1% contra 11% en Alemania, 8,3 en Gran Bretaña, 7,1% en Francia, etc.); y, si en cifras absolutas los blancos pobres son más numerosos, en cifras relativas los negros están por encima (11). Los salarios reales del 20% de los trabajadores menos bien pagados, hoy son inferiores al salario que tenían en 1973 (12), y la distancia del ingreso promedio entre blancos y negros (proporcionalmente más numerosos entre los trabajadores mal pagados) la cual se había reducido a lo largo de los años, se acerca a la que existía hace 50 años (13). La tasa de desempleo en los negros es netamente superior a la de los blancos: 12,2% contra 5,6% hasta julio del presente año. En Ferguson, que desde hace una década el número de pobres se ha duplicado, y que desde el estallido de la crisis de 2007 los trabajadores que todavía tienen un empleo han visto sus salarios disminuir de 1/3, esta tasa llega a 26%.   Los demócratas de toda laya lamentan que el uso “excesivo” de la fuerza por parte de la policía ahonde el abismo entre esta y la población, estos proponen diversas medidas para que la policía esté efectivamente al servicio y bajo el control de los ciudadanos, al mismo tiempo que llama a los manifestantes a obedecer a esta policía criminal, buscando desviar la cólera de las masas y de los jóvenes hacia el callejón sin salida electoral; con ello no hacen sino servir al capitalismo cuyo instrumento es la policía.   Pero en Ferguson no pudieron impedir que los manifestantes se enfrentaran a la policía. Hablando de estos demócratas, un joven manifestante declaraba a un periodista: “Vinieron con sus 'Oh, conservemos la paz. Recemos, marchemos, votemos'. Pero nosotros tenemos unas malditas ganas de alzarnos, hasta obtener lo que deseamos. De presionarlos hasta obtener lo que queremos. De prepararnos para morir si es preciso. (…). De combatir hasta la muerte porque igual nos están matando. (…) Voten por quien voten, opten por un candidato diferente, el sistema no cambiará. Es el sistema mismo que hay que cambiar” (15).   Los trágicos acontecimientos de Ferguson son un episodio en la guerra de clase que en forma permanente la clase dominante lleva a cabo contra los proletarios y masas explotadas, en Estados Unidos y el mundo entero. Los jóvenes de la ciudad han dado el ejemplo de que era posible responder por la revuelta; de golpe han transformado lo que hubiese podido recordarse como un trágico suceso en una lejana ciudad periférica, en un evento de política nacional. Ello demuestra que los burgueses temen que la inexorable agravación de las tensiones sociales poco a poco conviertan a los Estados Unidos en un barril de pólvora. Los jóvenes manifestantes de Ferguson han comprendido que el camino de la resignación, de las protestas pacificas y las elecciones no conducen a nada. Son los hechos quienes lo demuestran y que demuestran la necesidad de la revuelta.   Son los hechos también quienes demostrarán la necesidad de la organización de clase y del partido revolucionario para organizar y dirigir la lucha por cambiar el sistema. Cuando los proletarios se convenzan, pues, ya no será la hora de las revueltas, sino de la revolución la que sonará. Todavía no nos encontramos en esa situación, pero es esa perspectiva la que Ferguson indica.       Partido Comunista Internacional 23 / 10 /2014 www.pcint.org


(1) Después de este llamado, la prensa anunciaba que, en un mes, más de 3 mil personas se habían inscrito en las listas electorales. Pero las cifras verdaderas revelaran que solo se habían inscrito … 123! Las sirenas democráticas no han logrado convencer a la población proletaria de Ferguson que la solución a sus problemas esta en las urnas y los demócratas de Obama son sus amigos.
(2) cf “Operation Ghetto Storm”, www.mxgm.org. Los autores de este informe afirman que la cifra real puede ser de un muerto cada 24 horas, ya que en decenas de otros homicidios no se ha logrado confirmar la responsabilidad de la policía.
(4) cf http://www.hrw.org/fr/world-report-2010/tats-unis
(5) El incremento del número de personas encarceladas se debe a la creciente agravacion de la legislacion. En 1995, según una nueva ley aprobada en California (“Three Strike Law”), Leandro Andrade fue condenado a 50 años de cárcel por el robo de 9 video-casetes; y abundan estos ejemplos irritantes, incluyendo aquellos donde las condenas pronunciadas van hasta la cadena perpetua (cuyo número ha sido multiplicado por cuatro en veinte años, concerniendo a los negros en un 80%). 
Este tipo de juicios nada tiene que ver con los principios clásicos de “justicia”, según los cuales toda pena debe ser proporcional al delito; se trata pura y simplemente de aterrorizar a la población pobre en el cuadro de la “guerra contra el crimen”, que forma parte en realidad de la guerra de clases.
El aumento del encarcelamiento es una fuente de ganancias para una serie de empresas especializadas en la construcción y gestión de prisiones privadas, etc. (llegando al extremo de casos en que jueces corrompidos han sido groseramente pagados por estas sociedades para enviar un máximo de gente a la prisión!), pero cuesta caro a las finanzas públicas. Es por eso que  recientemente en varios estados se han firmado algunas decisiones de justicia a fin de disminuir el número de personas encarceladas, cosa que, en 2013, había provocado una ligera baja en el porcentaje de encarcelamientos; pero estas decisiones han sido rechazadas por la Corte Suprema, como en California. Ver: http://www.bjs.gov/content/pub/pdf/jim13st.pdf
(6) http://www.persee.fr/web/revues/home/prescript/article/arss_0335-5322_1998_num_124_1_3261
(7) cf “Coupables d'être pauvres”, Le Monde, 8/10/2014. El primero de octubre, luego de lo ocurrido en Ferguson, el tribunal municipal de St Louis decidió suprimir 220 mil ordenes de arresto por infracciones al código de la circulación...
(8) «War comes home. The Excessive Militarization of American Policing», ACLU, 1/06/2014.
 www. aclu.org/ sites/ default/ files/ assets/ jus14-warcomeshome- report-web-rel1.pdf
(9) Según el coeficiente Gini (el índice más utilizado para medir las desigualdades), de los 31 países pertenecientes a la OCDE. cf http:// www. pewresearch.org/ fact-tank/ 2013/ 12/ 19/ global-inequality-how-the-u-s-compares/
(10) http://scalar.usc.edu/works/growing-apart-a-political-history-of-american-inequality/index.
(11) La tasa de pobreza es más alta que en los años 70' y, si bien la distancia se ha reducido, esta continua siendo 2 veces más elevada en los negros que en los blancos. En particular para los niños, donde esta tasa más elevada se debe a la poca ayuda social y la precariedad de las medidas sociales en Estados Unidos. Si se deja a un lado esta medidas provenientes del “Estado-Providencia”, la tasa de pobreza alcanza fácilmente la de los otros países.. Cfr: http:// www. ssc.wisc.edu / ~wright/ ContemporaryAmericanSociety/ Chapter%2012 %20--%20Persistent %20poverty%20--%20Norton %20August .pdf
(12) http://scalar.usc.edu/works/growing-apart-a-political-history-of-american-inequality/index
(13) El ingreso promedio de un hogar negro, en 2011, correspondía al 59% del ingreso medio de un hogar blanco, contra 55% en 1967, esta diferencia se ha profundizado a partir de la última recesión. 
Cf. http://www.pewsocialtrends.org/2013/08/22/kings-dream-remains-an-elusive-goal-many-americans-see-racial-disparities/4/#chapter-3-demographic-economic-data-by-race
(14) http://fortune.com/2014/08/15/ferguson-income-inequality/
(15) http://www.truth-out.org/news/item/26043-between-the-peacekeepers-and-the-protesters-in-ferguson
El año pasado, la madre de un joven acribillado de 21 (de 28) balazos por la policía de St. Louis, estando manos arriba, se lamentaba de que no hubieran motines luego de la muerte de su hijo: todas la protestas fueron pacificas y ordenadas – y no se logró nada.

 


 

Valladolor no admite comentarios
La apariencia como forma de lucha es un cancer
El debate esta en la calle, la lucha cara a cara
Usandolo mal internet nos mata y encarcela.
Piensa, actua y rebelate
en las aceras esta el campo
de batalla.

si no nos vemos
valladolorenlacalle@gmail.com















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Contrainformacion internacional

Anticarcelario / contra la sociedad cárcel

"Las prisiones son una parte más de la esencia represiva de todo Estado, no hay que olvidar la parte que nos toca a lxs que aún seguimos en la calle.

No podemos ver las cárceles como algo ajeno a nuestras vidas, cuando desde temprana edad hemos sido condicionadxs a no romper las normas, a seguir una normalidad impuesta; el castigo siempre está presente para lxs que no quieren pasar por el aro.

En el trabajo, en la escuela... domesticando y creando piezas para la gran máquina, piezas que no se atrevan a cuestionar o que no tengan tiempo para hacerlo.

Hemos sido obligadxs a crecer en un medio hostil donde es dificíl desarrollar nuestros propios deseos.

La rebeldía brota de algunxs, otrxs simplemente se acomodan en la mierda, tapando sus frustraciones con lo que le dan quienes antes les despojaron de todo. O viendo sus problemas como algo aislado, único y personal.

Para lxs que no tragan o no se adaptan al gran engaño ahí tienen sus cárceles, reformatorios, psiquiatrícos ... creados por los que no quieren ver peligrar las bases de su falsa paz.

No podemos ignorar la lucha de lxs compañerxs presxs.

Su lucha es nuestra lucha."