Alfredo Cospito está en huelga de hambre desde octubre en una cárcel italiana (más de 140 días a estas alturas), contra la nueva ley del Gobierno de Giorgia Meloni que endurece la cadena perpetua, una decisión del Gobierno de Giorgia Meloni que ha provocado muchas polémicas y convertido a Cospito en tema constante de discusión en Italia.
Los hechos de su detención
Los tres hechos que han llevado a Cospito a la cárcel son, en resumen, los siguientes: dinamitó un tramo del TAV en Umbria, promovió un atentado contra un cuartel de carabinieri, sin muertos, y disparó en las rodillas a un peso pesado de una multinacional.
De todos ellos, el episodio que le ha cambiado la vida se produjo en 2012, cuando disparó en las rodillas a Roberto Adinolfi, uno de los pesos pesados de la multinacional Ansaldo Nucleare. Durante el juicio declaró sin ápice de arrepentimiento: «Aquellos disparos fueron una gozada».
Ahí el Estado italiano se calzó el puño de hierro y lo condenó a 9 años y 6 meses, más otros 20 años por el atentado de Fossano. Además, tuvo que entrar en la cárcel bajo el régimen más duro, el llamado 41 Bis.
Cadena perpetua absoluta
Es una historia un poco complicada, pero por resumir se puede decir que en 2022 Italia, ya con el nuevo Gobierno de Giorgia Meloni, cambió la ley sobre la cadena perpetua, endureciendo aún más las condiciones carcelarias. El objetivo de esta medida, llamada en italiano ergastolo ostativo, una especie de «cadena perpetua total y absoluta», era obstaculizar (ostare, en italiano) cualquier contacto entre la prisión y el exterior, sobre todo en los casos de aquellos presos que nunca hubieran mostrado arrepentimiento. Con la reforma de Meloni, se le ha aplicado el 41 Bis en su versión más dura y lo que era «atentado simple» ha pasado a ser «intento de masacre contra la seguridad del Estado».
Es lo ocurrido con Cospito, que ha visto con ello cambiar su pena por el Tribunal Supremo desde los casi 30 años debidos a los dos atentados de Fossano y de Adinolfi a cadena perpetua absoluta con aislamiento: es decir, el 41 Bis en su versión más dura. «Es un peligro para la comunidad y tiene que quedarse en su celda sin ninguna posibilidad de redención», fue la decisión del Supremo, que ha modificado las acusaciones desde «atentado simple» a «intento de masacre contra la seguridad del Estado»
Una reforma, la del Gobierno de Giorgia Meloni, que ha levantado ampollas a nivel de derechos humanos, en un país como Italia que además es uno de los más atrasados en el tema de la tortura. Y eso que la Constitución del Belpaese dice claramente en su artículo 27 que «las penas no pueden consistir en tratos contrarios al sentido de humanidad y deben tener por objeto la reeducación del condenado».
Todo ha empeorado desde octubre, cuando el anarquista emprendió la huelga de hambre, rechazando cualquier tipo de comida en la cárcel donde se encontraba, en el pueblo de Opera, a pocos kilómetros de Milán. El caso de Alfredo Cospito ha levantado polémicas y acusaciones cruzadas entre las derechas de la dupla «ley y orden» y una izquierda que no sabe realmente dónde ir. Cuando unos parlamentarios del Partido Demócrata (incluso Ilaria Cucchi, hermana de Stefano, muerto torturado en una cárcel de Roma) fueron de visita a Opera para hablar con Cospito y verificar sus condiciones de salud, el bando derechista empezó a chillar hablando de «complicidad con los terroristas». Se le añadió un durísimo debate en el Parlamento donde los del PD tuvieron que defenderse con fuerza de las acusaciones de «cercanía a la mafia».
Junto a ello, en las últimas semanas han tenido lugar manifestaciones en ciudades italianas (Milan, Roma, Turín...) y extranjeras (por ejemplo, en las embajadas en Berlín y Barcelona), solidarias con Cospito, así como ayunos y otros métodos de lucha en las prisiones de Chile o el estado español. Unos episodios que han encendido ciertas alarmas, sobre todo por los disturbios y los desórdenes consiguientes, con detenciones incluidas. Para hoy, 9 de marzo, están convocadas concentraciones de URGENCIA en varias ciudades por la situación de extrema gravedad en la que se encuentra el compañero anarquista.
Meloni se mantiene firme («El Estado no puede aceptar los chantajes de los terroristas»). Alfredo Cospito también. Alfredo ha estado tomando agua y azúcar, y ha sido trasladado al hospital recientemente, donde se teme por su vida. Los mensajes del anarquista de Pescara son de rechazo al 41 Bis y a este tipo de cadena perpetua, afirmando, como anarquista individualista que es, que él no es el jefe de nadie. La última carta de Alfredo Cospito, hecha pública por el abogado Flavio Rossi Albertini durante la rueda de prensa en el Senado el 1 de marzo de 2023, fue escrita antes de ser trasladado al servicio de asistencia intensificada (SAI) de la cárcel de Opera en Milan desde el hospital San Paolo también de Milán, donde se encontraba desde el 11 de febrero.
Hoy estoy listo para morir, para que el mundo conozca qué es realmente el 41 bis. 750 personas lo padecen sin mediar palabra, continuamente demonizados por los mass-media
Ahora me toca a mi. Primero me habéis demonizado como el terrorista sanguinario, luego me habéis santificado como el anarquista mártir que se sacrifica por los demás, ahora demonizado de nuevo como horrible (———) Cuando todo termine, no tengo dudas (——) llevado al altar del martirio. Gracias, no acepto vuestros sucios juegos políticos.
En realidad, el verdadero problema del Estado italiano es evitar que se conozcan todos los derechos humanos que son violados en este régimen, el 41 bis, en nombre de una “seguridad” por la cual sacrificar todo. Bueno, deberías haberlo pensado antes de meter a un anarquista aquí dentro. Desconozco las motivaciones reales o las maniobras políticas que hay detrás. El porqué me han usado como “cáliz envenenado” en este régimen. Era bastante difícil no prever cual habría sido mi reacción ante esta “no vida”. Un Estado, el italiano, digno representante de una hipocresía de un occidente que no deja de dar lecciones de moralidad al resto del mundo. El 41 bis a dado lecciones represivas bien acogidas por Estados “democráticos” como el turco (los y las compañeras kurdas saben algo de esto) o el polaco.
Estoy convencido que mi muerte será un obstáculo para este régimen, y que los 750 que lo sufren desde hace décadas puedan vivir una vida digna de ser vivida, con independencia de lo que hayan hecho. Amo la vida, soy un hombre feliz y no la cambiaría por la de otro, y precisamente porque la amo, no puedo aceptar esta no-vida sin esperanza.
Gracias a los compañeros y compañeras por vuestro amor.
Siempre por la anarquía.
Nunca doblegado.
Alfredo Cospito
FUENTE y otros textos:
> Derecha e izquierda en jaque por el anarquista Cospito: https://www.naiz.eus/eu/info/
> Disturbios en Turín en una manifestación contra el 41 bis: https://www.europapress.es/
> https://www.
Concentración en Solidaridad con Alfredo Cospito
[Madrid] domingo 12 de febrero. 13.00hrs. Plaza Tirso de Molina
El superdemocrático Estado burgués italiano, con la "Constitución más bella del mundo", no tiene ningún problema en dejar que se pudran en la cárcel quienes se rebelan contra su orden establecido. Un ejemplo de ello es el caso de los anarquistas Alfredo Cospito y Anna Beniamino
Alfredo Cospito y Anna Beniamino, dos anarquistas acusados de haber colocado dos artefactos explosivos de baja intensidad cerca de la antigua escuela de cadetes de los Carabinieri en Fossano (provincia de Cuneo) en 2005, llevan 10 años en prisión. Su acción fue totalmente demostrativa; llevada a cabo en plena noche, no pretendía herir ni matar a nadie, ni causar ningún daño concreto al edificio. En el juicio, celebrado en Turín, Alfredo fue condenado a cadena perpetua y encarcelado en la penitenciaría de Bancali (Sassari) y Anna a 27 años y un mes en Rebibbia.
El 5 de mayo, Alfredo fue trasladado a un régimen penitenciario duro (el "41-bis", normalmente impuesto a los miembros de la mafia culpables de masacres) hecho contra el que se ha presentado una denuncia. Pero desde julio de este año "el delito se ha reformulado y ha pasado a ser 'masacre en perjuicio del Estado' (antes era 'fines terroristas'), el más grave de nuestro ordenamiento jurídico que prevé la posibilidad de cadena perpetua incluso en ausencia de víctimas", un delito que también prevé la cadena perpetua hostil, ¡la llamada “condena sin fin”! (1). Frente a este auténtico empecinamiento judicial, Alfredo Cospito lleva más de dos meses en huelga de hambre; desde el 7 de noviembre, en señal de solidaridad, Anna Beniamino también está en huelga de hambre (el 9 de diciembre, su abogada, Caterina Calia, tras reunirse con ella, declaró que "ahora está en los huesos") y, en cualquier caso, como un signo más de protesta, se ha negado a ser ingresada en el hospital (2).
Alfredo Cospito, sin haber matado a nadie, es el primer anarquista condenado al 41 bis. Es evidente, incluso en este caso, la venganza del Estado contra quienes se atreven a manifestarse violentamente contra la opresión y la violencia, directa e indirecta, de sus fuerzas del orden (basta recordar la larguísima serie de manifestantes asesinados, apaleados, torturados y torturadores, desde Portella della Ginestra el 1 de mayo de 1947 hasta el junio-julio de 1960, pasando por el G8 de Génova en 2001 o Stefano Cucchi en 2009) (3).
Ha habido varias manifestaciones anarquistas de solidaridad con Alfredo y Anna: el 5 de diciembre, en Turín, el día en que se celebró la vista de apelación en la que la fiscalía reiteró su petición de cadena perpetua y doce meses de aislamiento diurno; el 19 de diciembre, en Cagliari, cuando el Tribunal de Vigilancia de Cagliari confirmó el duro régimen penitenciario para Alfredo Cospito; y de nuevo el 29 de diciembre, en Milán, con una manifestación no autorizada, pero en la que participaron 400 personas, no sólo anarquistas, sino también de diversos sectores sindicales y sociales.
Pero, ¿puede un Estado burgués -que en sus ciento sesenta años de existencia nunca ha conseguido derrotar la corrupción, la desviación y la violencia en sus aparatos, la prevaricación, el crimen organizado, y que siempre encuentra la manera de hacer respetables a los delincuentes mientras sean multimillonarios o políticos poderosos- poner en práctica una aplicación coherente de los grandes principios de "igualdad" de los que alardean a diestro y siniestro, los grandes principios que inspiran los derechos civiles y humanos, proclamando que ante su ley "todos son iguales"? ¡Claro que no! La demostración concreta es que no se puede esperar del Estado y de sus instituciones otra cosa que la defensa de los intereses de la clase burguesa dominante; y esta defensa exige que la salvaguarda de los intereses generales de la clase dominante requiera, de vez en cuando, que incluso los miembros de las instituciones sean investigados, juzgados y condenados si son pillados in fraganti, pero sobre todo que los miembros de la clase proletaria sean sistemáticamente castigados y metidos en las celdas de las cárceles si se desvían un pelo de las sagradas leyes del Estado.
En un momento como el actual, en el que la clase burguesa dominante está reforzando su control social hasta tal punto que puede hacer frente a la competencia internacional y a la crisis de superproducción en la que vuelven a sumirse los países capitalistas cíclicamente opulentos, sin tener que hacer frente también a las fuertes tensiones sociales que genera inevitablemente el empeoramiento de las condiciones de vida de amplias capas de la población; en un momento en que la clase burguesa dominante, en defensa de sus beneficios, tiene que golpear cada vez más duramente las condiciones de vida de amplios sectores del proletariado, es natural que adopte medidas especialmente duras contra quienes no sólo no se pliegan al orden establecido, sino que se rebelan y podrían servir de ejemplo a muchos otros. En un momento, como éste, en el que el brote de la pandemia de Sars-CoV2 se tomó como pretexto para enjaular aún más a la población y sobre todo al proletariado -con encierros, mascarillas, Green Cards y obligaciones de vacunación, hasta el punto de suspender de empleo y sueldo a todos los trabajadores que, en Italia, se negaron a vacunarse-, al tiempo que se les obligaba a cumplir con las exigencias de la producción incluso cuando los entornos de trabajo no estaban desinfectados. Pues bien, en un momento en que la burguesía teme que el empeoramiento de las condiciones de vida de las amplias masas genere repentinas explosiones sociales, el gobierno que tomó posesión hace poco más de dos meses -en perfecta continuidad con los gobiernos anteriores- se ha encargado de intervenir en todos aquellos aspectos sociales que de alguna manera hasta ahora podían parecer insuficientemente controlados. El hacha ha caído sobre la masa de parados, a los que los gobiernos anteriores habían asignado una "renta de ciudadanía", sobre la masa de emigrantes que, huyendo de la guerra, la represión y la pobreza extrema, consiguen llegar a territorio italiano -si no mueren en el mar o cruzando el desierto o de hambre y frío en las montañas de la frontera con otras naciones- y sobre grupos políticos, como los anarquistas, que desde hace tiempo se enfrentan a la policía en el valle de Susa y en algunas ciudades. Al mismo tiempo, el apretón económico también está golpeando a las categorías de trabajadores consideradas más expuestas a posibles tensiones sociales, como los de los sectores de la sanidad y la educación pública, a la espera de golpear también al sector del transporte público, utilizando al personal de estos sectores, que normalmente están en contacto con todos los estratos sociales de la población, como la longa manus de las normas impuestas por las medidas gubernamentales. No es casualidad que muchos periódicos hablen de una maniobra gubernamental de lágrimas y sangre...
Entonces, ¿qué significa imponer a un anarquista, como Alfredo Cospito, que se atrevió a reivindicar la acción demostrativa de la que era responsable, subrayando esta reivindicación como "una cuestión de honor" (4), la pena más alta y dura prevista por el sistema penal vigente, como es la cadena perpetua hostil, a pesar de que los dos artefactos explosivos no causaron ni muertos, ni heridos, ni daños graves? Significa que no sólo los actos de este tipo corren el riesgo de ser considerados "crímenes de masacre contra la seguridad del Estado", sino que, a largo plazo, muchos otros actos demostrativos de represión también pueden ser considerados crímenes contra la seguridad del Estado.
Los comunistas revolucionarios estamos a mil kilómetros de distancia de las concepciones anarquistas del Estado y de la sociedad; y tenemos una concepción de la lucha de clases y de la lucha revolucionaria que es completamente diferente del pensamiento individualista e ilusorio que subyace a la ideología anarquista de la violencia. La historia ha demostrado ampliamente que la lucha por la emancipación del proletariado no pasa por grupos conspirativos que se encargan de "despertar las conciencias" hacia los más altos objetivos políticos, sino por un largo proceso de preparación de las masas proletarias para la lucha de resistencia al capital, de defensa de las condiciones de resistencia en el terreno económico e inmediato, y un trabajo igualmente y pacientemente largo de preparación clasista y revolucionaria por parte del partido comunista revolucionario en las filas proletarias, como hizo el partido bolchevique de Lenin en un país, Rusia, mucho más atrasado económica y socialmente que los países capitalistas occidentales.
No obstante, hay que reconocer el mérito de anarquistas como Alfredo y Anna -a quienes expresamos nuestra solidaridad- por haber tenido el valor y, de hecho, el honor, de no ocultar sus actos, de reivindicarlos frente al enemigo burgués, sabiendo muy bien que se arriesgaban a la tortura lenta y sistemática que representa el aislamiento y decenas de años de cárcel. Y hay que destacar, por otro lado, la actitud vengativa y cobarde de un Estado que -al servicio de una clase que nació y se sostiene sobre la opresión de la mayoría de sus muy queridos "ciudadanos", en su país y en los países económicamente más débiles, al servicio de una clase que lleva en su ADN el desprecio por la vida de los asalariados y las masacres de guerra- no duda en utilizar cualquier medio de represión con el único fin de mantener la dominación capitalista sobre la sociedad. La burguesía nunca se conmueve de verdad ante los muertos y heridos en atentados; lo ha demostrado mil veces, como por ejemplo en 1921 ante las víctimas de la "Diana" provocada por una bomba anarquista o en 1980 ante la masacre de Bolonia a manos de los fascistas: los habituales discursos solemnes contra el "terrorismo" van siempre acompañados de propaganda en defensa de la convivencia civil y la paz social con la que se disfraza, ayer como hoy y mañana, el verdadero interés burgués, a saber, la búsqueda del beneficio para el que "la burguesía, en lugar de desaparecer de la historia, quiere la ruina general de la sociedad humana" (5).
El proletariado, que hoy todavía sucumbe a las ilusiones de democracia, de coexistencia pacífica entre las clases, de cohesión nacional, tiene históricamente una tarea que ninguna otra clase social ha tenido antes: acabar con la división de clases de la sociedad, revolucionar la sociedad burguesa de arriba abajo destruyendo su dominación política y su economía basada exclusivamente en el mercantilismo y la explotación del hombre sobre el hombre; transformar, es decir, la producción para el mercado en producción para las necesidades de los seres humanos. Esta sociedad sin clases, que llamamos comunismo desde hace más de doscientos años, y que nos gusta llamar sociedad de especie, sólo se hará realidad mediante la revolución proletaria y comunista, internacional y dirigida por el partido comunista revolucionario. Los primeros ejemplos históricos de esta revolución fueron la Comuna de París de 1871 y la Revolución Rusa de 1917; en aquellos tiempos, el proletariado europeo y americano no estaba preparado para la revolución internacional porque, aunque existía, el partido comunista aún no era tan firme y fuerte internacionalmente como para poder asegurar la victoria de la revolución a escala mundial.
La Historia no se deja dictar por la voluntad ni de los grupos conspirativos ni de los partidos revolucionarios. Los factores objetivos (el desarrollo económico y político de la sociedad y el desarrollo del movimiento proletario independiente) y los factores subjetivos (el desarrollo del partido de clase) deben estar presentes y ser operativos en algún momento. Así como la clase burguesa, desde los primeros ejemplos históricos del capitalismo en la Italia del siglo XV, y luego en la Inglaterra del siglo XVII tuvo que llegar hasta finales de la Francia del siglo XVIII para imponer el salto histórico revolucionario del feudalismo al capitalismo, así la clase proletaria tendrá que reorganizarse -a pesar de las derrotas que ha acumulado en sus 175 años de existencia como clase social y política, pero extrayendo de esas derrotas todas las lecciones históricas necesarias- independientemente de cualquier aparato burgués al reconocerse como una clase que tiene su propia tarea histórica que no comparte ni puede compartir con ninguna otra clase. Esta tarea histórica está representada en realidad por el partido de clase, el partido comunista revolucionario, desde el Manifiesto del Partido Comunista de Marx-Engels de 1848. Por lo tanto, es el partido comunista el que "espera" la maduración de clase del proletariado y el que tiene la tarea de preparar mientras tanto a las vanguardias, y no al revés; la historia, de hecho, ha demostrado que si el proletariado avanza hacia el terreno revolucionario, pero el partido de clase no está preparado para conducirlo a la conquista revolucionaria del poder político -como ocurrió en 1919-1920 en la Alemania desarrollada-, entonces la revolución proletaria no triunfará internacionalmente.
El camino a seguir, para los proletarios conscientes de las tareas históricas de su clase, no es el de la violencia individual y vaga, en la falsa creencia de que "basta con dar ejemplo" para que despierten las "conciencias". El camino a seguir es el de la lucha por recuperar el terreno de clase en el que las reivindicaciones de los trabajadores no dependen de la "posibilidad o no" de los capitalistas, o del Estado, de satisfacerlas, y no son compartidas por el patrón, la empresa o el Estado porque el interés del capital es explotar al máximo, y durante el mayor tiempo posible, la fuerza de trabajo asalariada: en esto consiste el tan querido "crecimiento económico", la tan querida productividad del trabajo, tan amada por gobernantes y capitalistas.
Como en el pasado, serán las fuerzas objetivas de las contradicciones del capitalismo las que empujarán a las masas proletarias a chocar con las fuerzas organizadas del Estado burgués y las fuerzas del oportunismo y el colaboracionismo interclasista que lo apoyan, para defenderse incluso en los primeros niveles de organización de clase en el terreno inmediato. La lucha será extremadamente dura porque la clase burguesa no dejará piedra sobre piedra para mantener el poder, y ningún atajo individualista, aventurero o lucha-armadista podrá acelerar el proceso histórico de maduración de la lucha de clases. Los factores materiales contradictorios que el capitalismo desarrolla sin cesar están en la raíz de los antagonismos de clase y, por tanto, de la lucha de clases: la clase burguesa dominante lo sabe bien, por experiencia histórica, y no cesa de trabajar para que la cita histórica con la revolución proletaria se posponga el mayor tiempo posible. Pero la historia del desarrollo de las fuerzas productivas, y de la lucha entre clases, como dijimos, no se deja dictar ni por los grupos subversivos ni por la clase burguesa dominante. Como en 1871 y 1917, la revolución proletaria sorprenderá inevitablemente a la clase burguesa dominante con su fuerza imparable. Lo que no faltará será la dirección del partido comunista revolucionario, un partido que no puede nacer de la propia revolución, sino que tendrá que estar presente y activo mucho antes. Es por ese partido por el que estamos luchando y resistiendo a lo largo del tiempo.
En 1848, ante los intentos revolucionarios del proletariado en Berlín, Viena, París, Milán, Praga, y la respuesta contrarrevolucionaria del absolutismo y la burguesía unidos contra el proletariado, Marx escribió: "Nunca lo hemos ocultado. Nuestro terreno no es el de la ley; es el de la revolución. El gobierno, por su parte, ha abandonado por fin la hipocresía del terreno legal; se ha situado en el terreno revolucionario: porque el terreno contrarrevolucionario es también revolucionario" (6).
Y así, llegará de nuevo el momento -como en 1919-1920 frente al fascismo- en que, frente al proletariado en movimiento en el terreno de la lucha de clases y revolucionaria, el gobierno burgués abandonará la hipocresía del terreno legal y actuará abiertamente en el terreno de la violencia contrarrevolucionaria; el terreno contrarrevolucionario es, dialécticamente, también revolucionario. Hoy, estamos todavía en medio de un largo período de fuerte depresión del movimiento proletario de clase; pero los factores de crisis del capitalismo trabajan objetivamente por una solución de la crisis general del capitalismo a través de una guerra futura, por tanto por una apertura objetiva de la lucha entre las clases, pero en el terreno de una contrarrevolución preventiva. Este es el terreno en el que debe establecerse y fortalecerse el partido de clase, y no importa si este partido está representado por un puñado de militantes, porque lo esencial e imprescindible es la continuidad teórico-programática con el marxismo, gracias a la cual será posible -cuando el movimiento proletario de clase vuelva a levantar cabeza reorganizándose en el terreno de la independencia de clase- que el partido de clase esté en estrecho contacto con las masas proletarias, que encontrarán en el partido su dirección, como la encontraron en el partido bolchevique de Lenin no sólo en Rusia sino en todo el mundo.
Partido Comunista Internacional
30 de diciembre de 2022
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NOTAS:
(1) Véase https://www.rainews.it/articoli/2022/12/alfredo-cospito-ricorso-in-cassazione-entro-41-bisdda1bed1-5f87-4285-b704-3a01b2cac90.html - y https://www.milanotoday.it/cronaca/manifestazione-anarchica-alfredo.html de 29 de diciembre de 2022
(2) Véase https://torino.corriere.it/notizie/cronaca/22_dicembre_09/processo-agli-anarchici-anna-beniamino-rifiuta-il-ricovero-e-in-sciopero-della-fame-da-un-mese-2e3a4d37-88ac-457b-a35f-793931fc3xlk.shtml
(3) El 1 de mayo de 1947 se celebró el "Día del Trabajador" en el valle llamado Portella della Ginestra, en Piana degli Albanesi (Palermo) unos 4.000 campesinos y jornaleros se habían reunido para manifestarse contra el latifundismo. Apenas había comenzado el mitin cuando desde el monte Pelavet, desde donde se divisaba todo el valle, dispararon las ametralladoras de la banda de Salvatore Giuliano que, de acuerdo con los terratenientes latifundistas, los políticos del independentismo siciliano y los americanos de la CIA, pretendían cortar de raíz el movimiento campesino influido por el Partido Comunista de Togliatti. Hubo 11 muertos y muchos heridos, algunos de ellos graves, que fallecieron más tarde. Del 2 al 4 de julio de 1960 se iba a celebrar en Génova el congreso nacional del Movimento Sociale Italiano (MSI, partido político de la derecha fascista). Contra este desaire a la ciudad "medalla de oro de la Resistencia antifascista", el 30 de junio la CGIL, el PCI y la ISP convocaron manifestaciones en las calles de la ciudad para impedir dicho congreso. El MSI, fundado en 1946, era un partido formado por hombres de la República fascista de Salò y otros procedentes directamente del régimen fascista, y pretendía celebrar su sexto congreso en Génova como una provocación evidente; tras las manifestaciones y los duros enfrentamientos con la policía, dicho congreso fue cancelado. Pero la tensión social que se había creado anteriormente y, en particular, bajo el gobierno del democristiano Tambroni, apoyado exclusivamente por el MSI, siguió teniendo sus efectos en julio. En todas las ciudades de Italia se celebraron manifestaciones sindicales contra el coste de la vida y manifestaciones políticas contra el gobierno; la policía y los carabineros intervinieron fuertemente en todos los lugares, cargando contra las procesiones, disparando, hiriendo y matando. Al final, murieron 11 personas: el 5 de julio, 1 murió en Licata (en la provincia de Agrigento), el 7 de julio, 5 murieron en Reggio Emilia, el 8 de julio, 4 murieron en Palermo, 1 murió en Catania. Ningún miembro de las fuerzas de seguridad fue condenado, muchos manifestantes fueron detenidos, juzgados y encarcelados. En cuanto a Stefano Cucchi, se trató de un asesinato a manos de los carabinieri que lo tenían bajo custodia tras detenerlo y acusarlo de posesión y distribución de drogas; el "caso Cucchi" también causó mucho revuelo porque ya se habían producido casos similares con anterioridad (Federico Aldrovandi, Giuseppe Uva) y porque sus familiares, en particular su hermana Ilaria, nunca dejaron de buscar las causas reales de su repentina e inexplicable muerte. Al final resultó que Stefano Cucchi fue duramente golpeado con porras y pateado mientras estaba en régimen de aislamiento, hasta el punto de que se redujo a la muerte. Pero los casos ahora recordados y más conocidos no fueron los únicos; otros les precedieron y otros les siguieron, y casi siempre los policías y carabineros responsables salieron indemnes.
(4) Véase https://www.radiondadurto.org/2022/12/05/torino-giornata-di-lotta-contro-il-carcere-e-solidarietà-ad- alfredo-guest-and-anna-beniamino.
(5) Véase Per i funerali delle vittime del 'Diana', Il Comunista, 30 de marzo de 1921, en 'Manifesti ed altri documenti politici, 21 de enero-31 de diciembre de 1921', del Partido Comunista de Italia, Reimpresión Feltrinelli .
(6) Véase K. Marx, La burguesía y la contrarrevolución ('Neue Rheinische Zeitung', nº 165, 10 de diciembre de 1848), Marx-Engels, Las revoluciones de 1848, Fondo de Cultura Económica, México 2006.
Partido Comunista Internacional . www.pcint.org
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[Madrid] Concentración: No permitamos que el compañero anarquista italiano Alfredo Cóspito sea asesinado
CONCENTRACIÓN EN SOLIDARIDAD CON ALFREDO COSPITO ANARQUISTA PRESO EN HUELGA DE HAMBRE.
- DOMINGO 6 DE NOVIEMBRE
- A LAS 13:00H.
- PLAZA TIRSO DE MOLINA, MADRID.
El compañero lleva en huelga de hambre en una cárcel italiana desde el 20 de octubre de 2022, contra el régimen penitenciario del 41 bis, al que fue trasladado el 5 de mayo y que contempla un aislamiento extremo como castigo por su clara consciencia y acción revolucionaria.
Esta semana los presos Juan Sorroche e Ivan Alloco han iniciado una huelga de hambre en solidaridad con Alfredo Cospito.
Por Alfredo y todxs lxs anarquistas y revolucionarixs represaliadxs del mundo.
[Madrid] Charla: Solidaridad con Alfredo Cospito, preso en huelga de hambre.
Charla informativa: Solidaridad con Alfredo Cospito, anarquista preso en huelga de hambre.
- Domingo 6 de noviembre.
- 11:30h
- Local Anarquista Magdalena. C/Dos Hermanas, 11. Madrid.
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NO PERMITAMOS EL ASESINATO DE ALFREDO COSPITO EN HUELGA DE HAMBRE DESDE EL 20 DE OCTUBRE
El pasado 20 de octubre el anarquista Alfredo Cospito, durante la audiencia que tuvo lugar en el Juzgado de vigilancia de Sassari, intentó leer una articulada declaración en la que anunciaba que ha empezado una huelga de hambre en contra del régimen carcelario del 41 bis en el que se encuentra actualmente y contra la cadena perpetua sin posibilidad de ser revisada. Una batalla que Alfredo no tiene intención de parar, hasta su muerte. El compañero, que se encuentra en 41 bis desde el pasado 5 de
mayo por un decreto firmado por la que en aquel entonces era la ministra de justicia, Marta Cartabia, está actualmente encarcelado en la cárcel de Bancali, Cerdeña.
Alfredo Cospito es un anarquista que ha estado siempre en primera línea de la lucha, jamás dispuesto a pactar o rendirse. Un compañero que lucha desde finales de los años ochenta, periodo en el que fue encarcelado por insumisión al servicio militar obligatorio y que, después de ser detenido en 2012, durante el juicio , reivindicó el disparo en la pierna contra el dirigente de Ansaldo Nucleare Roberto Adinolfi, acción realizada por el Núcleo Olga/Federación Anarquista Informal- Frente Revolucionario Internacional el 7 de mayo del mismo año en Génova. Alfredo siempre ha estado activo en la defensa de los compañeros golpeados por la represión, en cada esquina del mundo...
Alfredo ha permanecido ininterrumpidamente sus últimos 10 años en la cárcel en las secciones de Alta Seguridad hasta su traslado al 41 bis.
En 2016 estuvo envuelto en la operación Scripta Manent, acusado de asociación subversiva con finalidad de terrorismo y de múltiples ataques explosivos. Después de la sentencia definitiva emitida por la Corte Suprema de Casación (tribunal de última instancia) en julio del presente año, se reformuló la condena para Alfredo y Anna Beniamino a “masacre política”, delito que prevé únicamente la pena de cadena perpetua. El Estado italiano, que siempre protegió a los fascistas perpetradores de verdaderas matanzas (como las masacres de Bolonia o de Piazza Fontana en Milán), ahora quiere condenar por masacre a dos anarquistas por un ataque que no provocó ni víctimas ni heridos.
Alfredo desde hace años contribuye con artículos, proyectos editoriales y propuestas al debate anarquista internacional. Por esta razón, más de una vez ha sido objeto de censura en su correspondencia y se le ha prohibido la comunicación con el exterior, siendo condenado por la
publicación del folio anarquista revolucionario “KNO3” y la última edición de “Croce Nera Anarchica” y estando actualmente investigado por la publicación del periódico anarquista “Vetriolo”. Después de estas disposiciones legislativas, durante el pasado mes de mayo se le aplicó el régimen de 41 bis y fue inmediatamente trasladado desde la cárcel de Terni a la de Bancali, en Sassari. De esta manera se le ha negado cualquier tipo de contacto con el exterior.
El 41 bis sirve para aislar completamente al preso. Esta medida se aplica y renueva cada 4 años, pero de hecho la única manera para poder salir de esta situación es la de arrepentirse y colaborar con las
fuerzas represivas. En otras palabras, el 41 bis es tortura, en cuanto está planeado para inducir sufrimiento con la intencionalidad de extorsionar confesiones o declaraciones. Este régimen carcelario
conlleva una hora de visita al mes a través de un cristal, con vigilancia electrónica y la grabación de audio y vídeo. Si los familiares no tienen la posibilidad de asistir a la visita mensual, como posibilidad alternativa está prevista una llamada mensual de 10 minutos, pero para efectuarla el familiar del preso tiene que desplazarse a una comisaria de los carabinieri o al interior de una cárcel. Además, solo
está permitida una hora de patio y otra hora de sociabilidad dentro del módulo, que se hace en grupo de un mínimo de dos a un máximo de cuatro presos: la división de los grupos de presos que están juntos durante esta hora se decide directamente desde las oficinas de los burócratas en Roma y tarda algunos meses. El 41 bis es un régimen carcelario destinado a la aniquilación del preso, en cuanto está estudiado para provocar daños físicos y mentales a través de la técnica de privación sensorial; se trata de una condena a la muerte política y social, que busca romper cada forma de contacto con el exterior.
El trato reservado para Alfredo nos recuerda las palabras atribuidas a Benito Mussolini sobre Gramsci: ”debemos impedir que este cerebro trabaje durante veinte años” " Ejemplo del agujero negro en el que se termina una vez se entra al 41 bis es justo lo que ocurrió el pasado 20 de octubre durante la audiencia en el Juzgado de Vigilancia de Sassari. Se impidió la entrada en el juicio de los solidarios, el compañero
estaba conectado en videoconferencia desde la cárcel como prevé la normativa del 41 bis y cuando intentó leer su propia declaración le quitaron la voz apretando un botón. La declaración está sellada por los jueces y no puede ser publicada, si los abogados la difundieran se arriesgarían a una pesada condena penal. Lo que está pasando con el compañero
Alfredo Cospito se entrelaza con un clima represivo generalizado en este país. Más allá del movimiento anarquista, asistimos a una represión contra obreros, estudiantes y movimientos sociales. Mencionamos el caso más llamativo: este verano la fiscalía de Piacenza abrió una investigación contra algunos sindicalistas acusándoles de “extorsión” porque pedían, mediante una lucha “radical” (piquetes y cortes de carreteras), un aumento de sueldo al jefe. Queremos que se entienda también en el extranjero que el avance represivo que está tomando el
Estado italiano afecta a todo el mundo del mismo modo ya que un precedente de esta magnitud en el corazón de Europa podría ser el presagio de nuevos saltos represivos en otras latitudes. Todo esto
ocurre mientras la diferentes crisis (económicas, energéticas, sanitarias, climáticas… se agravan día a día. Sabemos que estos son los contextos ideales para los giros autoritarios de los gobiernos.
Tenemos unas semanas para salvar la vida de Alfredo Cospito, para evitar su asesinato, pero sobre todo para dar una señal de contraataque a lo que está ocurriendo. Hacemos responsable al Estado de la vida y la salud de nuestro compañero. Movilicémonos en todo el mundo, presionemos al Estado italiano para que Alfredo pueda salir del 41 bis.
Esta semana los compañeros presos Juan Sorroche y Ivan Alloco han iniciado una huelga de hambre en solidaridad con Alfredo.
CONTRA EL RÉGIMEN 41 BIS.
CONTRA LA SOCIEDAD CÁRCEL.



