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ALGUNAS VERDADES incómodas...


Las tractoradas de los agricultores españoles contra el acuerdo de "mercosur" se repiten en estos días en nuestras ciudades. Los agricultores salen a la calle en teoría para protestar contra la política agraria de la Unión Europea (UE), que consideran perjudicial para sus intereses. Las movilizaciones, que incluyen tractoradas, cortes de carreteras y manifestaciones en las ciudades, se han extendido por todo el territorio nacional, siguiendo la estela de otros países europeos como Francia, Alemania o Bélgica.
 
Los motivos de la protesta son diversos, pero tienen un denominador común según los profesionales manifestados: la falta de rentabilidad de las explotaciones agrarias, que se ven afectadas por los bajos precios de los productos, los altos costes de producción, la sequía y la competencia desleal de las importaciones de terceros países. Los agricultores reclaman un cambio en la regulación del sector, que garantice unos precios justos, unas ayudas suficientes y unas normas sanitarias y medioambientales homogéneas.
Las organizaciones agrarias mayoritarias, Asaja, COAG y UPA, han convocado un calendario de movilizaciones para el mes de febrero, en el que piden la paralización de los acuerdos comerciales que negocia la UE con países como Nueva Zelanda, Chile, Kenia, México, India o Australia, que, aseguran, suponen una amenaza para el modelo agrario europeo. De igual forma, los agricultores exigen una flexibilización y simplificación de la actual Política Agraria Común (PAC).  

Ante estas "informaciones", la población tiende a pensar que los "pobres" agricultores y ganaderos se manifiestan porque el sector (primario) está siendo atacado y las explotaciones agrarias no pueden sobrevivir. Pero ¿es esto cierto?
 
La realidad, como siempre, parece más compleja de lo que dicen "los interesados".
El campo, tal y como es hoy en día, poco tiene que ver con la imagen del "campo" que muchos tenemos. El campo es una industria, la industria agraria. Y los agricultores no son otra cosa que "empresarios agrarios". El campesinado, en Europa, ya casi no existe. El jornalero no es el jornalero del siglo XIX, sino el peón agrario. De aquí se deriva que el "sector productivo" sea un sector totalmente dependiente de las condiciones económicas establecidas por el capitalismo internacional.
 
La realidad es que las explotaciones agrarias están sufriendo la evolución lógica en el capitalismo: una concentración creciente en pocas manos que lleva a la eliminación progresiva de los pequeños productores. ¿Es esto, acaso, algo malo en sí? Desde una perspectiva reaccionaria, desde la perspectiva pequeño burguesa que domina entre los agricultores, se denuncia esto como el fin del mundo agrario. Pero no es verdad. Lo que pasa es algo propio del capitalismo: el gran capital se come al pequeño y el pequeño burgués se mueve entre dos extremos: o crece y se vuelve gran capital (si puede) o desaparece absorbido por la dinámica del mercado y acaba perdiendo su propiedad y proletarizandóse en su caso (aunque ideológicamente estén a años luz del proletariado que tienden a engrosar).

La mayor parte de estos "pequeños y medianos agricultores" que protestan en sus tractores (que valen millones) son agricultores endeudados y totalmente dependientes del gran capital, ya porque dependan de las semillas y la compra de las multinacionales del sector, ya porque actúen a modo de franquicias, etc. Un ejemplo: el productor ganadero tiene unas instalaciones para criar cerdos, pero los cerdos se los da una gran empresa para criarlos (lechones) y la misma gran empresa se los compra una vez criados. La dependencia es total: ¿pero alguien ha visto alguna vez que los agricultores se quejen por ello? No, se quejan de que los gobiernos hacen acuerdos comerciales (porque son gobiernos al servicio de intereses comerciales imperialistas) pero se olvidan del gran capital que está detrás de todo esto.

Y qué decir de la PAC: los mismos que se quejan de las "paguitas" llevan lustros recibiendo las mayores ayudas de dinero público para un sector que sin las ayudas difícilmente sería productivo.
 
Como se ve, la realidad es que el modelo agrícola capitalista está en plena expansión. Pero contra el capitalismo no hay ni una queja por parte de los sindicatos agrarios y quienes se movilizan. Y es esto el punto central, la verdad de todo esto: mientras los agricultores sigan metidos en (y sometidos por) la rueda del capital no tienen solución posible a su situación. Solo abrazando la causa de la clase trabajadora, de la verdadera clase productiva, podría ponerse fin a esta situación: expropiación de los medios de producción y puesta a disposición de la producción social de alimentos. Esto es, COMUNISMO o barbarie.
 
 
 

 


 Desde la B. S. Antorchas, os invitamos a participar en este encuentro sobre la situación actual de las personas trabajadoras por cuenta ajena en el sector agrario este viernes 5 de julio a las 19:30h en el Lokal de Pajarillos (c/Pingüino).

Las relaciones laborales en el campo empezaron a cambiar mucho desde hace décadas. Ahora es un mercado donde los grandes fondos de inversión y la industria alimentaria controlan buena parte de la cadena alimentaria, así como las empresas de transformación y comercialización de los productos. La tierra está y estará cada vez más concentrada. Apenas aumenta la tierra trabajada, pero sí las grandes concentraciones de esta, mientras que las pequeñas explotaciones agrícolas pequeñas van en declive.

Como reflejo de la organización de la propia sociedad, la estructura y gestión de la tierra reproduce la misma escala de valores y poder entre unas personas y otras. Evidentemente, todas sus fórmulas de gestión ya sean más grandes o más pequeñas en cuanto a la tierra trabajada (propiedad y/o renta) son netamente capitalistas, creando una clase media burguesa de empresarios agrícolas. Aunque es cierto que este sector (como la gran mayoría) ha potenciado su producción debido a una progresiva mecanización y tecnificación, que han mejorado las formas en que se cultiva la tierra y se cría el ganado, aun así, hay muchas labores imprescindibles que se siguen realizando a mano por parte de trabajadores asalariados. Es en ese grupo humano donde ponemos el foco. Ese primer peldaño de la pirámide de la producción capitalista agroalimentaria en nuestro entorno más cercano, el de las personas jornaleras o trabajadores por cuenta ajena.

Las condiciones laborales fluctúan mucho, no es lo mismo la flexibilidad y garantía que en muchos casos ofrece una empresa familiar pequeña a la explotación y el abuso de las grandes empresas agrarias. El campo precisa de unos tiempos muy específicos para realizar las labores, pero la temporalidad tampoco puede ser una excusa para reducir los derechos laborales.

La patronal agraria (grande y pequeña) se aprovecha de la situación de necesidad que viven nuestros hermanos foráneos para explotarles hasta las entrañas. Pues en su precaria situación vital no buscan otra cosa que ganar dinero para sobrevivir, lo que predispone en ocasiones a tragar con peores condiciones. Pero no sólo es responsable la patronal como parte contratante (junto a los sindicatos que firman los convenios), sino que la administración juega el papel de facilitadora, como en todos los ámbitos económicos, del lado de la empresa privada a través de subvenciones, tratos de favor, reformas laborales, falta de control en el cumplimiento de la norma o estableciendo el marco legal propicio. Perpetuando de esta manera la explotación de la clase obrera migrante.

A pesar de que se han convertido en pieza clave para el sostenimiento de las sociedades capitalistas del primer mundo, estamos viviendo la propagación de duros discursos punitivistas, criminalizadores, xenófobos y racistas no sólo entre la clase capitalista, sino aún más preocupante, entre la propia clase trabajadora. Debemos luchar y dejar de morder la zanahoria de la competitividad social, el individualismo y el nacionalismo en favor de la unidad de clase sin importar diferencias raciales, de género, de sexo o de nacionalidad.

Este encuentro es otro paso que se encamina en esa dirección. 

Salud y rebelión.

 

 

BASTA YA DE EXPLOTACIÓN LABORAL

EN EL CAMPO



La estructura general de la tierra es el resultado de años de liberalismo y caciquismo previos tras la derrota del movimiento libertario y revolucionario de las primeras décadas del siglo pasado por parte de la burguesía nacional e internacional. El campo ha dejado de ser “el campo”, el campo es una industria. La persona asalariada es la misma en el campo que en la ciudad: seis meses en Renault, tres meses en la fresa.

Existen muchas empresas familiares actuales, cuya previa generación colaboraba con el franquismo (razón por la que heredaron o compraron dichas tierras), así como grandes casas de títulos nobiliarios y gran poder económico de índole caciquil. Como reflejo de la organización de la propia sociedad en clases, la estructura y gestión de la tierra reproduce la misma escala de valores y poder entre unas personas y otras. Aunque evidentemente, todas sus fórmulas de gestión ya sean más grandes o más pequeñas en cuanto a la tierra trabajada (propiedad y/o renta) son netamente capitalistas, creando una clase burguesa de empresarios agrícolas.  

Como evidencian diferentes estadísticas y medios, con el paso del tiempo la tierra está y estará cada vez más concentrada. Apenas aumenta la tierra trabajada, pero si las grandes concentraciones de esta, mientras que las explotaciones agrícolas pequeñas van en declive. Ello se debe a la rentabilidad, la competitividad y la falta de relevo generacional.

Debemos detenernos en el primer peldaño de la pirámide de la producción capitalista agroalimentaria en nuestro entorno más cercano, el de las personas jornaleras, o campesinas que se decía antes, ahora somos peones agrícolas (en su mayoría) con contratos de obra y servicio (en extinción) y/o fijos discontinuos, pero pocos indefinidos dada la gran demanda de mano de obra temporal que se requiere en el mundo agrario, no así tanto el ganadero.

 

No hay organización obrera de ningún tipo en el sector agrícola de nuestro territorio. La sindicación brilla por su ausencia dada la gran temporalidad. Sólo se ha desarrollado una fuerte organización empresarial del sector (ASAJA, etc.). Es considerado un trabajo duro, precario y mal pagado que ningún padre o madre recomienda a su hija o hijo. Ese factor y la escasa combatividad de sus protagonistas asalariadas impide la negociación de un convenio digno, pero debemos exigir cualquier medida que redunde en unas mejores condiciones laborales en el sector agrario.

Las condiciones laborales fluctúan mucho, no es lo mismo la flexibilidad y garantía que en algunos casos ofrece una empresa familiar pequeña a las jornadas inhumanas de grandes empresas agrarias. Se puede cotizar por jornadas reales o por meses completos. En el primer caso el salario está sujeto a las horas que se trabajen, si no trabajas no cobras, pero en el segundo caso sería una modalidad de contrato ordinario con sus vacaciones y demás. Por desgracia, el primero es el más extendido. Por tanto, debemos exigir que se equiparen las dos fórmulas de cotización, o que se derogue la cotización por jornadas reales puesto que en ella no se contemplan horas extras ni se cobran pluses por festividades y las bajas así no existen, legalizando de facto el trabajo a destajo. Se extingue el contrato o te quedas en casa sin trabajar y sin cobrar. Cierto es que el campo precisa de unos tiempos muy específicos para realizar las labores, pero la temporalidad tampoco puede ser una excusa para reducir los derechos laborales. 

 

Actualmente es la población migrante la que soporta estos trabajos, la patronal agraria (grande y pequeña) suele aprovecharse de su situación de necesidad y de su escasa capacidad de reivindicación para explotarles hasta las entrañas. En algunos casos, la existencia de mafias de tráfico de trabajadores es evidente, como en el campo de Huelva. En otros, se han creado empresas de servicios agrarios a modo de ETT (Empresa de Trabajo Temporal), que tiene el mismo funcionamiento sólo que es legal. Donde el servicio se cobra más caro al agricultor que si les contratase ella misma y donde el trabajador también cobra menos, puesto que esa empresa se lleva parte de lo que le cuesta al uno y de lo que le paga al otro. Existen otros métodos como los convenios internacionales (Marruecos, Rumanía…) para traer a las personas exactas que se necesitan en un tiempo concreto y cuando terminan vuelven para su tierra. Estos contratos en origen son también denunciables y suponen la legalización de la ultraexplotación.

Cabe decir que la parte femenina migrante es muy alta, si no mayoritaria en estos curros, una tremenda fatalidad que se extiende a otros curros similares como el de la limpieza y los cuidados, duros y de baja cualificación que nadie prefiere realizar si pueden elegir otro mejor… El ministerio de trabajo del gobierno progre actual prometió acabar con la precariedad en el campo dentro del marco de su novedosa reforma laboral, pero lo único que ha hecho es intensificar un poco las inspecciones, previo aviso claro, (fiel a su estilo de perdona-vidas de los empresarios) con el objetivo de que todas las trabajadoras estén dadas de alta en la seguridad social. Ellos a lo suyo, a recaudar y las condiciones laborales les importan un bledo. 

En el campo, en la limpieza, en los cuidados, en el transporte, en la hostelería… Es una vergüenza cómo se desarrollan este tipo de trabajos considerados duros y detestados por el españolito de a pie y ver que a nadie le importa. De este modo, al factor de clase, se suman la nacionalidad y el género, lo cual es usado por algunos discursos políticos rancios tanto de izquierda como de derecha para pedir la regularización inmediata de las migrantes dado que hay una falta de mano de obra en ciertos sectores.

Esta situación, lejos de desaparecer, avanza hacia su crecimiento y potenciación, pues se está produciendo un cambio de modelo en el campo europeo unido al escaso relevo generacional en el sector agrícola, lo que aboca a la venta de las tierras de cultivo y la intensificación de la concentración en el sector. Un mercado donde los grandes fondos de inversión y la industria alimentaria tienen su parte del pastel, así como en el resto de la cadena alimentaria: transformación y comercialización.

 

Recordemos que en este sector no se producen balas, móviles o cosméticos, sino alimentos, lo más importante en la escala de necesidades básicas vitales de la humanidad. Por tanto, se debe defender su producción y un cambio en la producción y gestión, que ahonde en las condiciones de reparto y tenencia. Es necesaria una mejora de las condiciones laborales de la gente asalariada de dicho sector. Mientras estos curros considerados inferiores pero que en verdad representan la base de la sociedad (como tantos otros) no se dignifiquen, reflejándose en las condiciones, salario y demás, hasta que no llevemos a cabo una lucha de clase con y por ellas solidariamente, hasta que no seamos conscientes de que nada importan las diferencias de cultura, nacionalidad, sexo… la dictadura del capital frente a la clase trabajadora.

Para ello debemos generar un movimiento activo, internacionalista y antirracista, que luche para lograrlo, atacando a la vez el racismo y la xenofobia que impiden un apoyo amplio de la clase obrera, así como presionando a empresarios y gobiernos (regional y estatal) para provocar cambios en el estatus quo que siempre perjudica a las mismas personas, denunciando estos abusos, señalando a los responsables y apoyándonos entre nosotros. 


  • Eliminación de la cotización por jornadas reales.

  • Eliminación de las horas extras.

  • Medidas de prevención e incentivos para TODOS los trabajos que se realizan al aire libre a partir de 30 oC. A partir de 35 ºC, no trabajar. Máximo ocho horas/día.

  • Catorce pagas anuales con sus correspondientes vacaciones. Salarios dignos.

 

 

 Otoño 2023 

Comité de Solidaridad de los Trabajadores


 



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INFORMACIONES SOBRE EL SECTOR AGRARIO: 

> El campo como fábrica: https://valladolorentodaspartes.blogspot.com/2023/06/el-campo-como-fabrica.html

> El campo y sus miserias: https://valladolorentodaspartes.blogspot.com/2022/08/el-campo-y-sus-miserias.html

> MEMORIA: Organizaciones agrarias durante la transición: https://archivodelatransicion.es/archivo-organizaciones/movimientos-sociales-jornaleros


EL CAMPO COMO FÁBRICA. 
Intensificación agraria vs intensificación comunista


La agricultura y la ganadería, la domesticación de plantas y animales para su uso por la humanidad, están en el origen de algunas de las más profundas transformaciones de la historia, como el paso de las sociedades de cazadores-recolectores (necesariamente nómadas y con una densidad de población muy baja) a las sociedades agrarias origen del Estado. No solo eso: cada modo de producción tiene su propia agricultura, con sus especificidades técnicas y sobre todo sociales.

Hasta el primer tercio del siglo XX la agricultura se mantuvo con métodos tradicionales, esencialmente los mismos que en la Edad Media. Básicamente, en el plano técnico, un empleo masivo de fuerza de trabajo (antes sierva, ahora asalariada), tracción animal en todas las operaciones agrarias y muchas de transformación. El antiguo señor (nobleza o clero) era ya en el primer tercio del siglo XX capitalista, por mucho que el origen de su capital estuviera en modos de explotación precapitalistas.

La intensificación agraria, particularmente la ultraintensificación de los últimos 20 años, convierte el campo en una sucesión de fábricas (aunque subsistan aún formas de explotación arcaicas), algo que es observable a simple nivel paisajístico en muchas comarcas de Iberia, de los invernaderos almerienses al viñedo manchego, de los frutales de Aragón a las plantaciones tropicales malacitanas o las fresas onubenses.

El “campesino” no es más que el pequeñoburgués dependiente completamente del gran capital para su producción agraria: mantiene formalmente la propiedad de la tierra y la maquinaria, recibe las subvenciones europeas, explota directamente la fuerza de trabajo necesaria, pero está atado (incluso contractualmente, en el caso de los ganaderos) a la industria y las comercializadoras, que fijan el precio y las condiciones de entrega.

La industrialización de la agricultura, por las características mismas de la actividad (dependencia del suelo, de la tierra, aunque haya intentos de sustraerse a esta dependencia como el cultivo hidropónico -en bolsas de sustrato artificial inerte, en el que se aportan los nutrientes disueltos en agua de riego - o las macrogranjas de cerdos de varias plantas) tiene unos límites internos que no son fácilmente superables.

 



La industrialización de la agricultura tiene varias fases o aspectos:

-Mecanización. Introducción de los tractores y cosechadoras, inicialmente volcados en la producción cerealística, eliminando la necesidad de jornales en las tareas de labrar la tierra, sembrar, abonar y cosechar.

-Intensificación química: generalización de los abonos compuestos, herbicidas y fitosanitarios (insecticidas, fungicidas, acaricidas, nematicidas, etc.).

-Intensificación genética: búsqueda de variedades o híbridos, ya sea mediante métodos tradicionales de selección a escala industrial, bien mediante ingeniería genética, mejor adaptados a los procesos industriales bien del cultivo (mecanización, uso de herbicidas) bien de la comercialización (transporte, refrigerado en cámaras, embalaje, etc.)

-Intensificación “climática”: hablamos de la creación artificial de un microclima apto para el cultivo intensivo en un área determinada. Lo que llamamos “invernaderos”. Mediante el cierre plástico se crea una atmósfera de mayor temperatura y humedad que el exterior circundante. Obviamente requiere de riego adicional, en determinadas ocasiones calefacción y toda una serie de técnicas que buscan optimizar la producción de las variedades cultivadas (incluyendo aporte adicional de CO2). Esta intensificación del cultivo bajo plástico, la más obvia y aberrante a nivel ambiental (siendo paradigmático el caso de Almería, Campo de Cartagena, etc.) no ha podido sustraerse aún al empleo de mano de obra, siendo patente la explotación salvaje a la que son sometidos proletarios de todo el mundo en los invernaderos del Sur de Europa.

-Intensificación hídrica: o, en otras palabras, puesta en regadío. Desde los años 50 del siglo pasado la superficie regada en España se ha triplicado, a la vez que se ha ido pasando sucesivamente del tradicional riego ‘a manta’ o por inundación al riego por aspersión y de ahí al goteo. Esto ha ido acompañado, como es lógico, de unos cambios tecnológicos que nos llevan de norias, albercas, acequias…a bombas de gasoil o eléctricas (últimamente alimentadas cada vez más por placas solares que proliferan en los campos), conducciones de plástico y hormigón (como el espantoso acueducto del trasvase Tajo-Segura) y, por último, la modificación de la propia estructura física de los cultivos para adecuarlos al riego y la mecanización.

Modificación de la propia estructura física de los cultivos, sí. Es en esta última etapa donde nos encontramos. Particularmente llamativo es el cambio paisajístico a que ha dado lugar en lugares como la Mancha, donde los paisajes habituales hace 20 años dominados por viñedos de cepas bajas (podadas ‘en vaso’), campos de cereal y pequeños olivares tradicionales (olivos a tres pies) han dado paso a interminables extensiones de viñas en espaldera, guiadas por kilómetros y kilómetros de alambres; a campos de cebada, cada vez menos, regados por gigantescos pivots; a olivares primero a un solo pie (lo que facilitaba una primera mecanización artesanal de la recolección) y posteriormente a los llamados olivares en superintensivo: en espaldera, en regadío y con una vida útil efímera, ridícula si la comparamos con los olivares tradicionales centenarios.



 

El proceso de intensificación descrito ha provocado profundas transformaciones en el campo y estas a su vez han acelerado el proceso de intensificación. La más notable de estas transformaciones es la desaparición del campesinado como clase independiente, y muy particularmente los campesinos pobres. Impelidos a la búsqueda de rentabilidad y empujados por una feroz competencia, los pequeños propietarios de tierras hubieron de abandonar la actividad agraria, proletarizándose totalmente. Sus tierras, mantenidas en algunos casos como “ayuda” a la economía familiar asalariada (viñas, azafrán…); en muchos otros, abandonadas tras la migración a las ciudades o vendidas directamente a campesinos más económicamente capaces de hacer frente a las inversiones necesarias para la mecanización y la progresiva mecanización. Estos campesinos más pudientes, fuertemente subvencionados por la Unión Europea en su búsqueda de “profesionalización del sector”, con líneas de crédito a su disposición por parte de las cajas y bancos, han podido afrontar la “modernización” de la actividad agrícola, acaparando en sus manos cada vez más hectáreas y convirtiéndose en una burguesía agraria pequeña y mediana, con todas las taras ideológicas que la burguesía arrastra.

La desaparición (casi completa) del campesinado como clase por el proceso de intensificación agraria y la mecanización de cada vez más procesos ha supuesto obviamente una drástica reducción del proletariado rural, hasta su desaparición en muchas zonas (aquellas donde la actividad está totalmente mecanizada, como las cerealistas). Sólo en aquellas actividades donde aún es necesaria una mano de obra abundante (y barata, dada la escasa capacidad de la pequeña burguesía para incrementar salarios sin que peligre su propia existencia, dependiente como es del gran capital comercial) subsiste en cierto número un proletariado agrícola relativamente concentrado: frutas, ajos, invernaderos de hortalizas, envasado de verduras y, cada vez menos, olivar y viña.

La última de estas modificaciones viene con el aterrizaje de fondos de inversión (https://elpais.com/economia/negocios/2022-12-31/los-fondos-son-los-nuevos-terratenientes-del-campo-espanol.html). Los escasos restos de campesinado pobre y sobre todo la pequeña burguesía agraria que no ha sido capaz de soportar las crecientes necesidades de inversión venden sus tierras a estos fondos, que obviamente no emplean las tierras en cultivos de baja rentabilidad o tradicionales como podría ser el cereal de secano (que a la escasa rentabilidad por hectárea le suma una fuerte dependencia del tiempo atmosférico), sino que se vuelca en aquellos que, tras una fuerte inversión inicial, les ofrece una rentabilidad asegurada (viña y olivar intensivo, frutos secos…)

 

Una agricultura cada vez más antihumana

La agricultura que estamos tratando de describir, como parte de todo el tejido productivo del capitalismo, no puede sino mostrar las mismas señas de identidad del capitalismo en su fase actual, la del imperialismo y una ya muy evidente decadencia como sistema.

No puede sino revelar asimismo las mismas contradicciones de este capitalismo “decadente”, que ya existían en el primer capitalismo pero que hoy se muestran en toda su crudeza. Hablamos de la contradicción, primeramente, entre las necesidades del propio capital (la acumulación, el “valor valorizándose”) y las de la humanidad como especie.

A nivel ideológico, el capital y sus hombres no pueden sino referirse a las necesidades humanas como pretendida justificación a su actividad (los agricultores, la burguesía agraria, serían “los que nos dan de comer”), cargada en muchas ocasiones de abierta nocividad; pero un rápido vistazo a la realidad productiva del campo español deja al descubierto que no se trata de “darnos de comer” sino de matarnos de sed y envenenarnos si es necesario para que el ciclo de acumulación de capital continúe.


ideología en vena

 

Un solo ejemplo, la viña. Y es un buen ejemplo porque es un subsector que ha sufrido una intensificación tremenda en los últimos 30 años.

De los casi 10 millones de hectolitros de vino producidos en España anualmente, tres cuartas partes se dedican a la exportación. Esto ya nos dice algo: no “nos dan de comer” ni de beber, sino que en todo caso le dan de beber a otros porque en la división internacional del trabajo una de las partes que le tocan al capital español es vender vino.

Para producir esos 7 millones de hectolitros destinados a exportación se necesitan, al menos, 1050 Hectómetros cúbicos de agua. El consumo de 5 años de una ciudad como Madrid. Y, curiosamente, la mayoría de esta producción se radica en comarcas con acuíferos sobreexplotados, comarcas secas, áridas o semiáridas.

En muchas de estas zonas, a la vez que se aumenta constantemente la superficie de regadío, se producen constantemente restricciones en el consumo de agua potable; bien porque ya no es potable (https://www.encastillalamancha.es/planeta-rural/un-85-del-agua-subterranea-del-guadiana-esta-en-contaminada-por-quimicos/), bien porque directamente ya no hay (https://www.europapress.es/castilla-lamancha/noticia-familias-negocios-campo-calatrava-rozan-hartazgo-falta-agua-potable-normalizan-convivir-garrafa-20230118085820.html).

Dicho de otro modo: hay agua para que unos señores hagan su negocio exportador pero no hay agua para que la gente beba, se lave la cara o cueza unos garbanzos.

Si además sabemos que la mitad de ese vino destinado a exportación se vende a 0.40€, menos que el agua embotellada, el asunto ya sobrepasa lo grotesco. Esto significa que cada litro de agua destinado a la producción de vino malo para la exportación se “vende” (en forma de vino) a 0,20 céntimos de euro. Mientras los ríos desaparecen, las lagunas se secan y la gente no tiene agua limpia para beber.

La contradicción es evidente.

 

Intensificación capitalista e intensificación comunista

La breve descripción que hemos acometido de la creciente intensificación agrícola bajo un capitalismo en crisis permanente y azuzado por la siempre presente necesidad de valorizar capital en un entorno de feroz competencia, con las graves consecuencias que tiene a nivel ambiental y humano, no sería completa sin intentar ver las posibilidades que la mecanización, la intensificación y las capacidades técnicas ofrecen a la humanidad si (y solo si) logramos liberarnos de los imperativos capitalistas de rentabilidad mercantil. Esto es: las posibilidades que tendríamos como especie una vez la economía mercantil quede abolida y superada, dada la capacidad técnica y tecnológica ya existente y por desarrollar en un futuro emancipado.

Pese a algunos delirios decrecentistas que sueñan con volver al arado con mulas y siega manual, es evidente que la mecanización de la agricultura supuso un gran avance. Sin embargo, constreñida por la propiedad privada, la competencia y la búsqueda de rentabilidad, las técnicas que posibilitan simultáneamente una gran producción (dando satisfacción a las necesidades de alimentación), la conservación de los recursos (agua, el propio suelo, la diversidad vegetal y animal, tanto silvestre como cultivada) y la liberación de los trabajos más pesados es irrealizable bajo el capitalismo.

Las miras ciegas, siempre puestas en la rentabilidad a corto plazo, del capitalismo son incapaces de pensar qué es necesario producir y cómo es necesario producirlo para poder seguir produciéndolo mañana. Se produce lo que se vende, y se produce más si se vende bien (como ejemplifica perfectamente el “boom del pistacho”), de la manera que sea necesaria para ello; si en el proceso se desecan, contaminan, salinizan acuíferos; si se destruye el suelo fértil, si se produce una nitrificación más que excesiva, si se ocasiona una erosión aberrante que imposibilita el cultivo…tanto peor para el que venga detrás.

 

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maquinaria agrícola adaptada al monocultivo y la gran propiedad


En cambio: en una sociedad basada en la propiedad colectiva de los medios de producción (incluida, obviamente, la totalidad de las tierras), con un conocimiento preciso de las necesidades de la población (algo que es perfectamente posible tener hoy) y una capacidad tecnológica hoy constreñida por la propiedad y la competencia, es perfectamente posible producir aquello que es necesario producir, con el mínimo trabajo humano posible, en el lugar donde sea necesario y del modo menos destructivo posible. Los gigantescos monocultivos de hoy en día (concentración de capital para la máxima rentabilidad) son impensables en un futuro emancipado como impensables son las gigantescas megaurbes, y solo sería necesario adaptar y mejorar la maquinaria que el capitalismo creó acorde a sus necesidades, sustituyéndola por maquinaria acorde a las nuevas necesidades.

Es fácil pensar sin caer en la ensoñación utópica que los paisajes en mosaico, tan queridos por los ecólogos del paisaje y tan en riesgo por la agricultura del capitalismo decadente, resurgirán. Que la “alimentación de proximidad”, que hoy en día no puede ser sino un concepto esnob para pequeñoburgueses con complejo de culpa, se hará una realidad palpable. Que la “agroecología”, que hoy no puede ser sino un modelo experimental antieconómico, encontrará su lugar a gran escala en la nueva sociedad. Que se desarrollarán tecnologías hoy en pañales, como la captación de agua atmosférica. Que ecosistemas hoy destruidos por la voracidad del capitalismo, serán restaurados y recuperados, porque tan necesario humanamente hablando es un tomate como un río, un pan de a kilo y un bosque.


 
EL CAMPO Y SUS MISERIAS

 

[...] Tierra , tierra de pinares, tierra de solares, / tierra de ejemplares, el pino piñonero ya no da dinero, /  aquí los que se forran son todos los ajeros, / trabajamos mas horas que Paquito lechero [...]

 Tierra de Pinares, Monóxido.

 
 

En la zona de Tierra de Pinares (Segovia norte y Valladolid sur), así como en cualquier comarca rural del estado español, la estructura general de la tierra es el resultado de años de liberalismo y caciquismo previos y tras la derrota revolucionaria del movimiento libertario y revolucionario de las primeras décadas del siglo pasado. Hay diferencias entre la mitad sur y la mitad norte, donde se aprecia una diferencia en la tenencia del terreno, dado que en la primera se desarrolla mayoritariamente el latifundismo y en la segunda el minifundismo, lo que se traduce en grandes y pequeños propietarios respectivamente. Familias cuya previa generación colaboraba con el franquismo (razón por la que heredaron o compraron dichas tierras) y grandes casas de títulos nobiliarios y gran poder económico de índole caciquil. Ello provocó que en el sur se desarrollara de manera más extendida un modo de vida jornalero, de lo más bajo en la escala social pero con gran tendencia a la organización insurreccional y más tarde revolucionaria mediante huelgas, motines y ocupaciones de tierras.


La pequeña propiedad proporcionaba un modo de vida algo más modesto, pero también pobre, era un complemento a otras actividades económicas (de tipo comunal por ejemplo) para poder subsistir. Economías familiares de subsistencia que con el tiempo, cuando su posición se mejore y el capital les vuelva empresarios agrarios, gozará de trabajadores temporales y/o fijos como en la actualidad.

La gran propiedad siempre ha mantenido un cierto carácter señorial (aunque no estrictamente) en donde unas personas trabajan para otras con cierta dependencia y una diferencia de renta abismal.

Como reflejo de la organización de la propia sociedad, la estructura y gestión de la tierra reproduce la misma escala de valores y poder entre unas personas y otras. Podríamos hablar de los precios de los productos, de los costes de producción para la labor agrícola, de los abusos de la cadena de producción alimentaria, de la extensión de la tecnología, del poder de los intermediarios y las cadenas de distribución, del sindicalismo agrario de autónomos, de la relación entre el mundo agrícola y el medio natural, de las macrogranjas, de la racionalidad en el uso del agua, de la pantomima de las interprofesionales agroalimentarias, del segundo trasvase del río Cega al acuífero de la comarca del Carracillo debido a la sobreexplotación del regadío, de los chanchullos entre las grandes empresas agrarias y de transformación con la Junta de CyL[1], del verdadero significado de los sellos de garantía y calidad alimentaria para repartirse el pastel entre los 5 empresarios de turno gracias al beneplácito de sus colegas del gobierno regional, de la transición del campesino al empresario agrario… pero no, en este caso vamos a detenernos en el primer peldaño de la pirámide de la producción capitalista agroalimentaria en nuestro entorno más cercano (y lejano), el de las personas jornaleras o campesinas que se decía antes, ahora somos peones agrícolas (en su mayoría) con contratos de obra y servicio (en extinción) y/o fijos discontinuos, pero pocos indefinidos dada la gran demanda de mano de obra temporal que se requiere en el mundo agrario, no así en el ganadero. Sobre el contrato de fijo discontinuo en un texto anterior hablamos sobre sus características fiscales[1].

En nuestra zona (como en tantas otras) el oficio de jornalero/a siempre ha sido muy común en las zonas rurales, ya que el sector primario ha sido el más importante a nivel rural (en esta zona se puede añadir el oficio de resinero). Tanto a nivel de paisanas dedicadas al oficio como migraciones interregionales dentro del estado. A principios del siglo pasado fue un sector organizado en sindicatos y muy combativo sobre todo en el sur y levante peninsular (UGT y CNT respectivamente con la filiación mayoritaria), puesto que en el centro y norte tenía más peso el sindicalismo católico. El primero intentó crear puntos de ruptura para materializar las ideas anarquistas y socialistas de colectivización de la tierra a través de huelgas y ocupaciones de tierra, conflictos que chocaban con la represión. En nuestra región, muchas de las personas encarceladas por el franquismo tenían de oficio el de jornalera[2]. El franquismo es el último régimen español que reprimió duramente esas prácticas y en la actualidad ya no es así tampoco, no hay organización obrera de ningún tipo en el sector agrícola. La sindicación brilla por su ausencia dada su gran temporalidad. Es considerado un trabajo duro, precario y mal pagado que ningún padre o madre recomienda a su hija o hijo. Ese factor, impide la negociación de un convenio de sector u otro tipo, pero debemos exigir cualquier medida que redunde en unas mejores condiciones laborales.

Las condiciones laborales fluctúan mucho, depende del empresario (pequeño agricultor/a, empresa agraria, grandes sociedades de plantación y transformación…) para el que trabajes. No es lo mismo la flexibilidad y garantías que en algunos casos ofrece una empresa familiar pequeña a las jornadas inhumanas de grandes empresas agrarias (en el Carracillo tenemos varios ejemplos que todo el mundo conoce). Pero la regulación laboral es la misma en ambos casos bajo el paraguas del Sistema Especial de Trabajadores Agrarios por Cuenta Ajena. Se puede cotizar por jornadas reales o por meses completos. En el primer caso el salario está sujeto a las horas que se trabajen, sino trabajas no cobras, pero en el segundo caso sería una modalidad de contrato ordinario con sus vacaciones y demás. Para los periodos de actividad establece una base de cotización mínima en el peor de los casos de 1.166,70 euros/mes. Para los periodos de inactividad establece un tipo de cotización opcional del 11,50% sobre su base[3]. Por tanto, debemos exigir que se equiparen las dos fórmulas de cotización, o que se derogue la cotización por jornadas reales puesto que en ella no se contemplan horas extras ni se cobran pluses por festividades y las bajas así no existen, se extingue el contrato o te quedas en casa sin trabajar y sin cobrar. Cierto es que el campo precisa de unos tiempos muy específicos para realizar las labores, pero la temporalidad tampoco puede ser una excusa para reducir los derechos laborales. No somos autónomos, así que no se nos puede exigir esa parte de autoexplotación.

Pero una cosa es lo que dice la ley y otra lo que hagamos, por eso las jornadas varían, muchas son muy largas y sin apenas tiempo de descanso, solo el justo para no desfallecer. Los salarios son de miseria, desde 4 €/h hacia arriba, pero no mucho más, pero cuando la jornada es a destajo el sueldo varía en función de la producción que hagas. Así que ni hablemos de trabajar con estas olas de calor sin ningún tipo de prevención, como afirman lxs compañerxs que trabajan en los campos de Huelva, a cuyas condiciones habitacionales de mierda (chavolismo), falta de suministros básicos (agua, luz), jornadas extenuantes, trabajos a destajo, muchos en B…[4] se suman las altas temperaturas con que deben desempeñar su trabajo[5]. En nuestro entorno cercano contamos con las situaciones que se dan en la zona del Carracillo y aledaños, donde se da el cultivo de multitud de hortícolas y sobre todo la fresa (cuyo consumo de agua es brutal, lo que ha conllevado problemas de abastecimiento de agua del acuífero de dicha zona), donde se dan casos similares entre los trabajadores del campo. En muchos casos viven hacinados en barracones y naves al lado de la empresa hortícola de turno (vete a saber cómo están, hay cierto hermetismo en el asunto) y en otros casos más extremos viven en campamentos en medio del pinar sin agua corriente y durmiendo al raso o en alguna nave del entorno viviendo a escondidas. Decimos vivir por decir algo, porque a esta pobre gente poco le da el día para vivir.

Actualmente es la población migrante la que soporta estos trabajos, la patronal agraria (grande y pequeña) se aprovecha de su situación de necesidad y de su escaso nivel reivindicativo para explotarles hasta las entrañas. Pues en su precaria situación vital no buscan otra cosa que ganar dinero para sobrevivir. En algunos casos, la existencia de mafias de tráfico de trabajadores es evidente, son los que se encargan de suministrar al empresario el número de trabajadoras que demanden en los tajos llevándose un tanto por ciento correspondiente. En otros, se han creado empresas de servicios agrarios a modo de ETT (Empresa de Trabajo Temporal), que tiene el mismo funcionamiento sólo que es legal. Existen otros métodos como los convenios internacionales (Marruecos, Rumanía…) para traer las personas exactas que se necesitan en un tiempo determinado y cuando terminan vuelven para su tierra, ya no hace falta ni que residan aquí.

Cabe decir que la parte femenina migrante es muy alta, sino mayoritaria en estos curros, una tremenda casualidad que se extiende a otros curros similares como el de la limpieza y los cuidados, duros y de baja cualificación que nadie prefiere realizar si pueden elegir otro mejor.

El ministerio de trabajo del gobierno progre actual prometió acabar con la precariedad en el campo dentro del marco de su novedosa reforma laboral, pero lo único que ha hecho es intensificar un poco las inspecciones previo aviso claro, (fiel a su estilo de perdona-vidas de los empresarios) con el objetivo de que todas las trabajadoras estén dadas de alta en la seguridad social. Ellos a lo suyo, a recaudar y las condiciones laborales les importan un bledo.

En el campo, en la limpieza, en los cuidados, en el transporte, en la hostelería… Es una vergüenza cómo se desarrollan este tipo de trabajos con total impunidad considerados duros y detestados por el españolito de a pié y ver que a nadie le importa. De este modo, al factor de clase, se le suma el de la nacionalidad y el de género en muchos casos, creando nacionalidades de primera, de segunda, de tercera… lo cual es usado por algunos discursos políticos rancios tanto de izquierda como de derecha para pedir la regularización inmediata de los migrantes dado que hay una falta de mano de obra en muchos sectores, sectores de mierda que nadie quiere cubrir claro, porque unas podemos elegir mientras otros no. Una desfachatez en toda regla hablar de este modo, pues evidencia un puro interés económico y no una sincera solidaridad entre personas que se apoyan entre sí. Que el poder adopte estos discursos y los practique no nos sorprende, pero que las personas de abajo que pertenecen a una misma clase (obrera) los defiendan, da cuentas de cuán perdida esta la gente gracias al gran poder de des-información del estado y el mercado que necesariamente debemos combatir si queremos provocar algún cambio en contra de este mercantilismo de vidas.

Mientras estos curros considerados inferiores pero que en verdad representan la base de la sociedad no se dignifiquen, reflejándose en las condiciones, salario y demás, hasta que no se lleven a cabo los cambios legislativos oportunos, hasta que no les veamos realmente como compañeras de clase sin importar su cultura, nacionalidad, género… la dictadura del capital vence una vez más sobre la clase trabajadora. Hasta que la mierda no nos llegue un día al cuello no nos daremos cuenta de su importancia.

Por ello debemos generar un movimiento organizado activo que luche para lograrlo, atacando a la vez al racismo y la xenofobia que impide un apoyo amplio de la clase obrera, así como presionando a empresarios y gobiernos (regional y nacional) para provocar cambios en su estatus quo que siempre perjudica a las mismas personas. Denunciando estos abusos, señalando a los responsables y apoyándonos entre nosotras.

 

¡NO A LA EXPLOTACIÓN LABORAL, NI EN EL CAMPO NI EN NINGÚN SITIO!

¡NATIVA O EXTRANJERA LA MISMA CLASE OBRERA!

 

 

Exigimos las siguientes medidas para frenar esta situación:

       1.    Salarios más justos.

       2.    Condiciones de vivienda y abastecimiento dignas.

       3.    Derogación de la cotización por jornadas reales.

       4.    14 pagas anuales.

       5.    Altas temperaturas como factor de riesgo laboral.

       6.    Máximo 9 h/día de trabajo.

       7.    Retribución de horas extras (mínimo 50%) y festividades (mínimo 70%).

       8.    Medidas de prevención e incentivos para TODOS los trabajos que se realizan al aire libre a partir de 30 oC.

       9.    Descansos dignos.

       10.  No trabajar a partir de 35º C.

 

 Jornaler@s en LUCHA  

https://tierradepinaresantifa.blogspot.com/2022/08/laboral-el-campo-y-sus-miserias.html






El próximo día 22 de junio vamos a celebrar en Pobladura de Sotiedra el II Foro Social Libertario, continuación del encuentro que tuvo lugar el año pasado en Villalar de los Comuneros. El año pasado, la coincidencia con la celebración de la batalla de Villalar entorpeció los debates y la
fluidez de la jornada, si bien sirvió para atraer a más gente y distintas procedencias. Este año hemos decidido promoverlo para mantener un espacio de encuentro que pueda servir para trazar alianzas más allá de la localidad y el espacio de lucha de cada cual. Tras lanzar la convocatoria, hemos recibido respuesta de varios colectivos de Valladolid, Burgos, Salamanca, Zamora, Palencia…además de otras personas que se han interesado desde más lugares
En la propuesta de este año decidimos que sería bueno acotar la temática de los debates para que pudieran ser más concretos y así facilitar el transvase de experiencias y reflexiones. La temática que, hablando con más gente, creíamos más interesante es la que se esconde tras la problemática de la “despoblación”: la contradicción campo-ciudad, los conflictos en el territorio, las particularidades del campo: cuestiones agrarias, cuestiones ambientales… Sobre todo nos interesa el acercamiento a estas cuestiones que se tiene desde las sensibilidades libertarias, las posibilidades de intervención y las reflexiones de las luchas que se han llevado a cabo. Este año hemos tenido movilizaciones
importantes a este respecto, como el caso de Fraguas o la manifestación de la “españa vaciada” de marzo, mientras que resuenan las luchas contra el fraking, la minería de uranio o las macrogranjas iniciadas años antes. Creemos positivo tener un espacio en el que compartir nuestras valoraciones al respecto.
A continuación, remitimos una propuesta para la jornada y los documentos que se nos han remitido* para servir de sustento para los debates. No vamos a proponer por ahora el orden del día de los debates. Sí que creemos que viendo que no ha habido mucha afluencia de ponencias, el
tiempo de debate quede más limitado y la jornada sea más distendida.
Por otro lado, respecto a cuestiones de intendencia y ocio, nos parecerá bien toda aportación (comida, bebida, cante, danza…) que se quiera traer a compartir.

El lugar es Pobladura de Sotiedra, un pueblo junto a Tiedra, siguiendo por la A6 entre Villardefrades y Villalar . Si necesitáis ayuda para llegar contactadnos Una vez allí es complicado perderse, pero el foro será junto al arroyo, en la zona arbolada.


Como plan para el día proponemos lo siguiente:

11 – Recepción de participantes
11 30 – Presentación de participantes
12-14 Ronda de debates (basados en las ponencias)
14 – 17 Comida
17 – 18:30 Ronda de debates y conclusiones
18:30 – Conciertos y música (Provisional: Guille Jové)
Salud y encuentro

Grupo Anarquista Cencellada



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 *también nos han remitido por si sirve para el debate el siguiente comunicado, aunque entendemos que no va dirigido particularmente a este foro:
https://portaloaca.com/articulos/mundo-natural/14357-el-pastoreo-los-bosques-y-la-libertad.html

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Ponencia para el foro libertario de la CNT de Valladolid.
Introducción.
La despoblación del interior peninsular se extiende por amplios territorios -aunque en algunos con un dramatismo excepcional- y es el desenlace fatal al que han llevado durante decenios, las políticas de corte liberal, el modelo productivo, el modelo de estado y por supuesto el sistema económico. A este último siempre le intereso la mano de obra del mundo rural y por otro, la nula protesta que con la que se encuentran tras vaciar ese mundo en la nefasta gestión que hacen de nuestro medio ambiente.
Los pueblos, comarcas y regiones que otrora fueron el motor económico y político de la vieja Iberia, languidecen en una macabra procesión de personas de la clase obrera, que ven imposibilidad total de poder llegar a tener una vida digna y plena en la tierra que sus ancestros levantaron con el sudor de su frente.
A pesar de que este problema parece haberse colado en la agenda política en los últimos tiempos, no ha supuesto que desde el poder político se hayan puesto encima de la mesa soluciones para una situación que en algunos lugares ya parece irreversible.
Con el éxodo no solo se pierde una oportunidad de cambiar este caduco mundo. Se acaba de un plumazo con un modo de vivir sostenible, con una cultura enraizada en valores universales y humanos y sobre todo con una sabiduría que durante cientos de años sirvió para dejar un legado a todos los niveles a las generaciones que les han ido precediendo.
Es necesario antes de abordar los porqués y las posibles soluciones, entender, que jamás podrá haber ningún atisbo de transformación social si se abandona a su suerte el mundo rural, sino entendemos que la explotación de la clase trabajadora en la ciudad está íntimamente ligada a la despoblación. Nuestra salud, la armonía con
el entono, el bienestar social y mental de las personas depende en buena parte de ello.
El apego a la tierra que nos da de comer no tiene bandera, no tiene frontera, es parte inseparable de nuestra condición humana.
Antecedentes.
Siempre se ha dicho que tras las guerras con los reinos árabes y al dejar abandonadas a su suerte las tierras que servían de frontera entre los dos mundos, la organización social que se crea a partir de esa repoblación se organiza una de manera comunal.
Este modo romántico de mirar al pasado está plagado mitos y falsedades, aunque no por ello hemos de ver que en numerosos concejos o comunidades de villa y tierra, la gestión de los vecinos de las cosas importantes se hacía de una manera bastante más respetuosa que en la actualidad. No hay más que ojear los fueros por ejemplo de la villa y tierra de Cuellar o de Sepúlveda, para entender la protección que llevaban a cabo con la naturaleza y su apego a la tierra como forma de agradecimiento a quien les proveía de todo lo necesario para sus vidas.
Este modo de vida como hemos apuntado antes, con sus fallos y aciertos, ha llegado incluso hasta nuestros días. Aún quedan ejemplos importantes en las provincias de León, Burgos o Palencia e incluso en otras zonas distantes donde aún se conserva patrimonio del común.
Las desamortizaciones quisieron frenar en un principio el poder sobre el territorio que ejercía el clero. A partir del año 1836 y hasta el 1900 diversos estudios señalan que son los municipios los principales afectados del cambio de propiedad común a manos privadas, llegando a desaparecer para el bien colectivo 10 millones de ha de fincas rusticas que suponen el 20 % del territorio del estado español. También varios historiadores señalan a las desamortizaciones como el fin del antiguo régimen y la victoria del capitalismo.
Las desamortizaciones fueron parejas a la primera y segunda revolución industrial en el estado español, un proceso precoz pero bastante más lento que en otras zonas europeas. Este proceso se encontró – salvo en el caso de Cataluña- con una falta de mercado interior, una agricultura de subsistencia, un estado deficitario y una falta de instituciones financieras que ralentizaron este proceso.
A partir de 1833 se acelera este proceso, debido a la financiación exterior. Se van delimitando las primeras zonas industriales a finales
del siglo XIX y principios del siglo XX en torno a la ya potente industria textil y siderometalúrgica catalana, así como en toda la franja cantábrica basada en el comercio, en la incipiente minería del carbón y en la transformación del mineral del hierro.
Tras la guerra social de 1936, el franquismo desarrolla sus planes económicos y sociales que provocan a partir de 1959 un potente desarrollismo que concentra mano de obra en ciudades como Vigo, Valladolid, Vitoria, Puertollano, La Coruña, Zaragoza, Sevilla, Burgos, Huelva y más tarde Granada, Córdoba y Oviedo.
La crisis del petróleo y el inicio de la transición en el estado español a mediados de los 70, hacen que otros sectores económicos paulatinamente vayan ganado peso en la economía, dejando atrás (aunque no del todo) el pasado primero agrícola, ganadero e industrial.
Consecuencias de estos procesos.
Las desamortizaciones como hemos abordado antes, suponen una acumulación de tierras en manos de la especulación. La labor de estos después de usurpar la tierra a sus legítimos dueños, se basa en la explotación total de los recursos de la tierra realizando grandes roturaciones –eliminando con ello importantes extensiones de bosque en ambas mesetas--. Esto da paso -como apuntaban los regeneracionistas-, a una economía subyugada a los intereses de la ciudad. Se entra en una espiral de trabajo semiesclavo, basado en el monocultivo de cereal en propiedades en las que el beneficio no daba ni para pagar la renta que imponen los propietarios. En Andalucía al contrario que en el resto de la península, la propiedad comunal es inexistente y el duro trabajo a jornal en el campo es el único horizonte para una clase trabajadora que empieza poco a poco a adquirir conciencia de clase.
Estos ejemplos de campesinos sin tierra, de jornaleros explotados, significan el grueso del primer éxodo a la urbe para escapar de una situación de miseria absoluta. Éxodo que se va acrecentando según diversas zonas de la península entran de lleno en la era industrial.
Grandes bolsas de inmigración se agolpan en torno a la potente industria textil catalana y a la minería asturleonesa a finales del siglo XIX procedentes del sur de la cuenca mediterránea, Andalucía y el interior peninsular. Estos trabajadores abrazan pronto las ideas sociales. No es de extrañar que sean las bolsas de inmigración en Cataluña y los jornaleros del campo andaluz, donde las ideas
colectivistas adquieran pronto gran relevancia en la sociedad y son puestas en práctica años después, tanto en el campo –sobretodo aragonés- como en la industria –catalana-.
Las ideas sociales de las masas trabajadoras empiezan a tener gran incidencia y son clave para el advenimiento de la II República. La Republica intenta modernizar el estado y su modelo productivo, aunque con diferentes grados de éxito. También intenta llevar la sanidad y la educación a todas las capas sociales y a todos los rincones del estado. Ese esfuerzo se pagara a sangre y fuego durante la dictadura, siendo el magisterio el ejemplo más doloroso por ser uno de los colectivos que sufre mayor represión tras la guerra.
Ni que decir tiene las repercusiones demográficas de la guerra civil con 440.000 exiliados y medio millón de muertos --de los cuales 200.000 asesinados en la represión--. Pero no solo la contienda supuso una purga y desplazamientos masivos en toda la península. En los primeros años tras la guerra, miles de personas fueron usurpadas de todos sus bienes, son vigiladas, represaliadas y se las niega cualquier atisbo de supervivencia en sus lugares de origen. Los supervivientes de este holocausto llegan a las ciudades donde contener esas ansias de venganza del nuevo estado, buscando el anonimato y huyendo de la represión y el hambre. A partir de 1945 terminada la II guerra mundial una media de más de 300.000 trabajadores salen a trabajar fuera de la península en diversas hornadas, muchos de ellos ya nunca volverán a la península.
La colonización de la dictadura, mas conocido como Plan Badajoz, y que a Castilla también llegó, como por ejemplo San Bernardo. Lejos de ser decisión comunal, como se proponía en los planes de la reforma agraria de la república, se hizo de forma vertical, donde los mayorales puestos por el régimen ordenaban a los nuevos colonos que sembrar, cuanto ganado deberían tener... Lo que llevo a una esclavitud invisible sobre todo de niños y niñas, que lo que tardaron en cumplir la mayoría de edad, huyeron de los pueblos en busca de un futuro mejor para sus hijas en la industria de la ciudad
Los planes de desarrollo franquista --después de la autarquía del inicio del régimen-- hacen que varias ciudades concentren buena parte de las inversiones exteriores, necesitando mano de obra que vuelve a salir del ya esquilmado demográficamente mundo rural -- produciéndose el gran exilio interior--. Aquí en Valladolid tomemos como ejemplo Fasa Renault que en sus plantas llego a tener más de 20.000 trabajadores manuales.
Los pueblos más alejados de esos ejes industriales van poco a poco sufriendo una pérdida de infraestructuras como el ferrocarril a principios de los años 80, cierre de colegios y de centros de atención primaria. Abandono total del modelo productivo tradicional por no poder competir en la moderna industria agroalimentaria.
Actualidad
Son muchas las voces en la comunidad científica que alertan sobre el colapso medioambiental en un corto espacio de tiempo. Estos cambios en los ciclos de la vida ya se están empezando a notar en el clima y en todos los elementos de nuestro planeta. Una economía que prima el beneficio individual a cualquier coste, que vende un crecimiento continuo obviando que los recursos se agotan, que son finitos y que este falso progreso nos hará elegir entre supervivencia o barbarie.
Nada diferente sucede en las zonas despobladas de la vieja Iberia. Un campesinado que --aunque dueño de la tierra en muchos casos-- es dirigido --por las grandes corporaciones y la banca-- a una producción, que en la mayoría de los casos sirve para saciar el hambre de la potente industria alimentaria. Esta última, basa su modelo en la ganadería intensiva --muy contaminante-- y en el monocultivo que daña la biodiversidad.
Los productores en este tipo de sistema son meros títeres. Las cadenas de estos esclavos de la tierra del siglo XXI son la producción, los créditos en forma de maquinaria y abonos o semillas para poder mantener el nivel exigido. Desde luego, con estas condiciones de trabajo, de despoblación, de falta de servicios, es difícil que alguien se pueda plantear volver a sus raíces y recuperar los oficios tradicionales que hicieron crecer a generaciones de personas.
La falta de oposición vecinal que deja tras de sí la despoblación, sirve de trampolín para proyectos como macrogranjas, pelotazos urbanísticos en espacios protegidos, proyectos agresivos basados en la minería a cielo abierto o la fractura hidráulica. Todos buscan rendimientos dejando de lado el grave impacto ecológico que generan.
El excedente de mano de obra en los núcleos urbanos, la falta de conciencia de clase --que podría paliar estos problemas desde el asociacionismo entre iguales--, la carestía de la vida en las necesidades básicas, un sistema laboral que no regula las nuevas formas de trabajo y que es extremadamente precario, cierran el circulo de una forma macabra y hace harto complicado buscar soluciones.
Propuestas para combatir estas amenazas
Está claro que una economía de resistencia y subsistencia como la que existe actualmente en las zonas más despobladas de este estado, no va a ser capaz por si misma de llevar a cabo las transformaciones que cada día se hacen más necesarias.
Aun así, planteamos una serie de medidas que desde una óptica libertaria podrían incidir y dar visibilidad a estos problemas. Es entendible que algunas de estas medidas son simples reformas que palian pero no son definitivas al grave problema de la despoblación. Otras se habran repetido hasta la saciedad y son difíciles de llevar a cabo. Desde la CNT de Valladolid entendemos que solo desde la organización y la coordinación de los distintos colectivos pueden ser eficaces las soluciones que compartismo. Para eso entendemos que debe
A corto plazo:
- Defensa de derechos básicos en cada uno de nuestros pueblos sea educación, sanidad, transporte, cultura, mediante campañas de concienciación. Seria interesante que estas campañas tuvieran un fondo anticapitalista y que recojan todas las reivindicaciones que nuestro movimiento lleva décadas promoviendo.
- Defensa de las estructuras democráticas tradicionales, basada en la gestión comunal que aún perviven en amplias zonas del interior.
- Defensa de la agricultura y ganadería tradicional.
- Defensa del medio ambiente.
- Apoyo físico y material ante las agresiones que sufre el medio
rural por las organizaciones e individualidades de este foro.
- Realizar charlas en pueblos, poniendo en valor el consumo de cercania, y dejar al margen los supermercados y centros comerciales, e introducir poco a poco la idea de los grupos de consumo.
- Hacer charlas en barrios de ciudades, de las misma manera que en los pueblos e incidir mas en los grupos de consumo existentes e indicar que la contaminación de las ciudades seguirá subiendo si las personas de las zonas rurales siguen huyendo hacia las grandes urbes.
A medio plazo.
- Coordinar proyectos en el medio rural con los grupos colectivistas organizados en las ciudades en grupos de consumo o de trabajo mediante este foro.
- Contacto continuo con experiencias de economía social y con
proyectos de producción sostenible.
- Apoyo a nivel legal en defensa de los bienes del común en todos los espacios que se puedan liberar- incluso en las ciudades-.
- Conocimiento del volumen de propiedad comunal que aún
existe en el estado español.
- Apoyo a nuevas iniciativas que bajo parámetros anticapitalistas
se implanten en el mundo rural.
A largo plazo:
- Expropiación de tierras comunales para proyectos campesinos y ganaderos basados en una economía al servicio de las personas y no de los mercados.
- Control de la producción a manos de la colectividad y crear un tejido asociativo que permita estructuras de intercambio fuera de los círculos del comercio capitalista. Con
- Proyectos de recuperación de pueblos enteros para dar la vuelta al proceso de siglo y medio de políticas basadas en la despoblación del mundo rural.
Breve conclusión
Desde la CNT de Valladolid entendemos que solo desde la organización y la coordinación de los distintos colectivos pueden ser eficaces las soluciones que compartimos. Entendemos que este foro debe además de servir para poner en consenso ideas, sea una herramienta útil para aglutinar esa respuesta reivindicativa necesaria y fuente de ideas que se lleven a la consecución en el terreno práctico. Entendemos la complejidad de todo esto, aun así tampoco vemos otra alternativa para enfrentarnos a la dura realidad que nos espera.
Compañeros y compañeras, que este texto sirva para todo ello. Salud, acierto y libertad.
Valladolid. Final de la insólita primavera de 2019. 



PONENCIA PARA EL FORO SOCIAL LIBERTARIO

La centralización de la actividad política en la ciudad y la carente implicación en las luchas del rural 
por parte de las organizaciones urbanas hace que muchas personas se trasladen abandonando sus 
pueblos y junto con ello una cultura de comunidad asentada en ellos durante años. Aunque bien es 
cierto que existen barrios con un gran nivel organización vecinal, véase Gamonal, la comunidad 
rural es sustituida por el individualismo que se asienta en las ciudades reflejado en el desconocimiento 
que se suele tener de las compañeras de trabajo o de las vecinas, con las cuales nuestra relación 
suele limitarse al encuentro en el ascensor, lo cual dista bastante de la creación de lazos que nos permitan 
resistir ante cualquier peligro.
Haciendo un recorrido de las luchas que triunfaron en los últimos años, tales como Gamonal y la lucha 
contra la fractura hidráulica, observamos que gran parte de su triunfo radicó en que quienes participaron 
las tomaron como comunes, rompiendo así con los intereses individuales. Además ambas tuvieron 
el apoyo de los pueblos, en el caso de Gamonal el de todas aquellas que se desplazaron hasta allí 
para defender el barrio y en el caso de la fractura hidráulica dado que la fuerza se encontraba en ellos, 
que se llenaron de carteles y banderas en repulsa de una práctica que destruiría nuestra tierra 
y que protagonizaron movilizaciones multitudinarias gracias a las redes que había tejidas entre las 
diferentes zonas.
Por otra parte, al tomar la ciudad como espacio de vida, las gentes volvemos al pueblo durante el verano 
con intención de llevar a cabo acciones políticas en él topándonos con la imposibilidad de que estas sean 
a largo plazo ligada a la falta de la disponibilidad de quienes las realizan por el hecho de no vivir 
allí y siendo como consecuencia, insuficientes.
Finalmente, al estar llevando la mayor parte de nuestro tiempo a la ciudad se produce un enorme 
alejamiento de nuestros pueblos, donde la liberación  es algo mucho más tangible, donde aunque quizá 
cada vez menos se encuentra como eje principal la reproducción de la vida y no la producción 
capitalista, y donde aún se conserva de algún modo la comunidad que tejieron nuestras abuelas.

Valladolor no admite comentarios
La apariencia como forma de lucha es un cancer
El debate esta en la calle, la lucha cara a cara
Usandolo mal internet nos mata y encarcela.
Piensa, actua y rebelate
en las aceras esta el campo
de batalla.

si no nos vemos
valladolorenlacalle@gmail.com















ARCHIVO

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Contrainformacion internacional

Anticarcelario / contra la sociedad cárcel

"Las prisiones son una parte más de la esencia represiva de todo Estado, no hay que olvidar la parte que nos toca a lxs que aún seguimos en la calle.

No podemos ver las cárceles como algo ajeno a nuestras vidas, cuando desde temprana edad hemos sido condicionadxs a no romper las normas, a seguir una normalidad impuesta; el castigo siempre está presente para lxs que no quieren pasar por el aro.

En el trabajo, en la escuela... domesticando y creando piezas para la gran máquina, piezas que no se atrevan a cuestionar o que no tengan tiempo para hacerlo.

Hemos sido obligadxs a crecer en un medio hostil donde es dificíl desarrollar nuestros propios deseos.

La rebeldía brota de algunxs, otrxs simplemente se acomodan en la mierda, tapando sus frustraciones con lo que le dan quienes antes les despojaron de todo. O viendo sus problemas como algo aislado, único y personal.

Para lxs que no tragan o no se adaptan al gran engaño ahí tienen sus cárceles, reformatorios, psiquiatrícos ... creados por los que no quieren ver peligrar las bases de su falsa paz.

No podemos ignorar la lucha de lxs compañerxs presxs.

Su lucha es nuestra lucha."