Ceuta muestra el futuro
En el frente externo el ataque por parte de Marruecos a la frontera española es el enésimo movimiento en una pugna cada vez menos soterrada entre las potencias imperialistas (la primera de ellas, España) por el control del apetecible bocado que es el norte de África, de Libia a Mauritania. La utilización de decenas de miles de migrantes como carne de cañón en el frente da cuenta de la verdadera magnitud del conflicto: masas de desheredados, desposeídas hasta de lo más mínimo, maltratadas durante meses en las montañas de la frontera o traídas como ganado desde los pueblos rifeños, son lanzadas, al precio de decenas de muertos -contabilizados sólo en el momento de cruzar la frontera-, como una especie de batallón de la miseria contra el que se espera que se descarguen los primeros golpes del enemigo.
En la jerga militar moderna se habla de guerra híbrida para referirse a los movimientos hostiles que no se desarrollan sobre el campo de batalla tradicional, pero el nombre no debe esconder qué realidad hay detrás: es un episodio más en el camino hacia el enfrentamiento militar que tarde o temprano llegará.
No tendrá por qué ser entre Marruecos y España, países que a fin de cuentas son socios entre sí y, al mismo tiempo, socios de la gran potencia norteamericana -más que probablemente, la fuerza que está detrás de estos sucesos-, pero sí entre algunas de las fuerzas imperialistas que pelean por cada terreno en el mundo. Seguramente, el Magreb no sea uno de estos terrenos que se sitúan directamente en disputa, pero desde luego juega un papel de catalizador de otros enfrentamientos de mayor escala. En cualquier caso, el resultado inmediato es visible para todo el mundo. No se trata sólo de que se incremente la hostilidad contra Marruecos, porque esta es una reacción inducida, cuyo fin no es tanto el odio al vecino del sur sino extender a través de ello un sentimiento nacionalista generalizado, basado por supuesto en el odio a todos los rivales nacionales de la burguesía española. Se trata, pues, de un primer episodio de movilización nacionalista y militarista en un país como España, para el que ni el Medio Oriente ni Ucrania son motivos suficientes como para la movilización bélica, donde hasta ahora no había tenido lugar.
Se equivocan -interesadamente o no- quienes pretenden minimizar el problema reduciéndolo a algún tipo de “crisis migratoria” o problema de tipo humanitario. Los miles de migrantes lanzados sobre Ceuta son carne de cañón en una estrategia bélica. Nuestra solidaridad, la solidaridad de clase que el proletariado debe levantar como única respuesta ante quienes quieren hacerles pasar por “invasores”, no va dirigida a ellos en cuanto simples migrantes, sino como víctimas de una movilización militarista que se debe combatir en ambos lados de la frontera, pero sobre todo desde España donde el proletariado debe rechazar toda llamada a la solidaridad nacional contra Marruecos, todo discurso de país agredido que se defiende del agresor y, en fin, todo intento de utilizar este incidente como un paso más en la pendiente nacionalista y militarista que anima gustosa la burguesía española.
Hoy es la “Ceuta agredida”, mañana será la integridad de cualquier socio de la OTAN que se vea comprometida en Medio Oriente, Europa del Este o Asia… España forma parte de un entramado de relaciones y alianzas interimperialistas impuestas por las potencias vencedoras de la IIª Guerra Mundial, con Estados Unidos a la cabeza, que hoy está puesto en cuestión por el crecimiento de otras potencias imperialistas, fuerzas antes menores que hoy ya son una amenaza al dominio norteamericano. En esa situación se enmarca tanto el episodio de Ceuta del pasado julio como la respuesta dada por todas las fuerzas de la burguesía española: con él se llama a la defensa de la “españolidad” de la ciudad, como vía para una movilización nacionalista de más amplio alcance, que se manifestará con mucha más fuerza en futuras ocasiones en las que los intereses del imperialismo español, directa o indirectamente, se pongan en riesgo.
En el frente interno, han aparecido todas las escorias del sistema: las bandas ultra nacionalistas que recorren la ciudad a la caza del inmigrante, los grupos fascistas que han desembarcado en Ceuta a lo largo de estas semanas para participar en los pogromos, el ejército -con sus nada disimulados soldados de paisano- y la inteligencia militar, dirigiendo con tácticas militares las razias nocturnas... Pero también las turbas del populacho, convertido en chusma a las órdenes de verdaderos asesinos. Esa es la realidad de la guerra, esa es la fuerza de la clase burguesa, que en pocas semanas ha sido capaz de crear un clima de odio al inmigrante y que organiza la movilización nacionalista y subordina, mediante la violencia, toda una ciudad a las órdenes del ejército. Porque, que no se tenga duda, detrás de esa basura humana que bloquea los camiones de la Cruz Roja que van a dar agua a los migrantes, detrás de los asaltos a los campamentos de las playas o detrás de los linchamientos nocturnos de todo aquel que parece moro, sea español o no, está una fuerza organizada y estructurada a través del ejército y la policía que responde a los intereses de la clase burguesa española y de su Estado.
A la movilización bélica contra el enemigo externo le corresponde, dentro del país, la movilización contra el enemigo interno. Y este enemigo interno es cualquiera que ponga en duda, por activa o por pasiva, las exigencias nacionalistas y militaristas que están sobre la mesa. La borrachera racista y xenófoba se alienta desde los medios de comunicación, se difunde a través de la soldadesca de Ceuta y sus familiares, y llega hasta los barrios populares, donde prende en esa pequeña burguesía siempre dispuesta a cualquier impulso inhumano: esta es la verdadera cara de la democracia, del orden y de la civilización capitalista cuando entra en juego la defensa de los intereses nacionales.
Esto debe tomarse como lo que es: una advertencia para la clase proletaria. Hoy es Ceuta, un reducto relativamente poco importante de la antigua grandeza imperial española, que la propia burguesía nacional cederá a Marruecos si una fuerza mayor así lo exige. Pero mañana será cualquier otro de los miles de motivos que una situación internacional sumamente inestable y convulsa crea a cada momento. Entonces el Estado requerirá de una movilización interna aún más potente e intensa, que se extienda por las grandes ciudades del país, que discipline a millones de personas… Y lo que hoy vemos en Ceuta aparecerá en una versión multiplicada por mil.
Esa fuerza disciplinante no se dirigirá contra la población en general. Se dirigirá contra la clase proletaria, que es la que tendrá que soportar las exigencias bélicas y aguantar las imposiciones militaristas en nombre de los intereses nacionales. Al proletariado se le obligará a los mayores sacrificios porque sobre sus espaldas descansa la vida social, la producción de la riqueza y la fuerza necesaria para luchar en cualquier guerra. Lo vemos ya hoy, cuando a los trabajadores de todas partes se les exige que acepten unas condiciones de vida cada vez peores, salarios más bajos, horarios más largos… Ahí está el caso de Airbus, principal proveedor de aviones de guerra para todos los Estados europeos, que exige a sus obreros que soporten sin rechistar la subida del coste de la vida, manteniendo salarios que no cubren ni de lejos la inflación… y lo hace en nombre de la defensa europea. Como antes lo hiciera Navantia y como en el futuro lo harán todas las empresas que exigen un aumento sin freno de la explotación para que el negocio de la guerra y de la muerte resulte rentable.
Frente a ello, los proletarios solo tienen un camino: defender sus condiciones de vida y luchar, pese a las exigencias burguesas, pese a las necesidades de la economía nacional, contra el creciente militarismo, contra todas las tendencias nacionalistas… La burguesía saca a las calles sus bandas ultra nacionalistas, utiliza a sus soldados, etc., porque sabe que debe disciplinar al proletariado, porque es perfectamente consciente de que debe neutralizarlo, antes de enviarlo a luchar por sus intereses imperialistas. Y que lo debe hacer preventivamente, como está haciendo con la situación de Ceuta hoy. Porque a la vez que crece la tensión bélica en todo el mundo, crece la presión sobre el proletariado y este reaccionará buscando y tratando de defenderse, de mantener, al menos, sus condiciones de vida.
La vía para hacerlo es la solidaridad de clase, la lucha internacionalista que ponga, delante de cualquier diferencia de raza, nacionalidad, religión, sexo, etc., la lucha por unos intereses que son comunes a los proletarios de todos los países.
Solidaridad de clase por encima de cualquier frontera. Unidad proletaria contra toda discriminación.
Contra sus guerras, contra el nacionalismo, contra el capital.
UNÍOS, HERMANOS PROLETARIOS
