CONVERTIDOS EN INFORMACIÓN -
CONTRA LA DIGITALIZACION DE NUESTRAS VIDAS
El objetivo de la tecnocracia es convertir todo lo que exista sobre el mundo en información. Reducir nuestra complejidad biólogica a meros códigos binarios. La informatización del mundo permite dos pasos delante de la dominación: por un lado al convertir todo en mera información permite su mercantilización y por otro lado permite la vigilancia y el control de todo lo informatizado desde nuestros cuerpos a cualquier objeto o ser vivo sobre la tierra. En estos tiempos de desorientación, guerras, crisis, catástrofes es necesario, para el capitalismo, tenerlo todo bajo control, que ningún movimiento se aleje de la regulación democrática.
La Comisión Europea está preparando su «Cartera Europea de Identidad Digital».. La digitalización del Estado y su corolario, la identificación digital, avanzan con la indiferencia de los habitantes de la Smart Cities, gracias a las fases agudas de la crisis (epidemia, guerra, colapso ecológico). En menos de veinte años se hicieron realidad nuestras peores expectativas de una sociedad de restricciones
El verano será seco. Los niveles freáticos están en mínimos históricos y las temperaturas en máximos históricos. Nos acostumbramos; cada año empeora. Del mismo modo que nos acostumbramos al tratamiento tecnocrático de la catástrofe, precisamente la que hemos intentado anticipar y describir con precisión durante los últimos años: una sociedad de restricciones, un tecnototalitarismo, la selección de ciudadanos «buenos» y «malos» (el nuevo enemigo).
Las infraestructuras digitales y físicas del mundo están convergiendo. Estamos incorporando capacidad de procesamiento a objetos que antes jamás hubiéramos reconocido como ordenadores. De hecho, casi cualquier cosa —ya sea una persona, un objeto, un proceso o un servicio, para una organización, pública o privada, grande o pequeña— puede adquirir conciencia digital y formar parte de una red.
Sin haber pedido jamás "concienciarnos digitalmente" ni "formar parte de una red", la tecnocracia nos obliga a hacerlo. Para los que detentan el poder y sus ingenieros, una masa humana conectada a la máquina central —atrapada en sus redes electrónicas— es más fácil de controlar, vigilar y coaccionar, facilita el camino a que esa masa sea guiada, es la dictadura suave de la digitalización.
Gestión automatizada del comportamiento
Se anima a los habitantes de las Smart cities a descargar las aplicaciones para registrar sus hábitos: uso del transporte público, consumo de energía, reciclaje, frecuencia de multas, etc. ¿Cuánto tardarán pasará hasta qué no sea una recomendación y se convierta en una obligación con cualquier excusa sanitaria, ecológica, climática? Gracias a la recopilación de todos estos datos, el “sistema de crédito social” chino se extiende sigilosamente por el viejo continente. El sistema otorga puntos por "buen comportamiento", que les dan derecho a descuentos en transporte o actividades culturales, como ya ocurre en algunas ciudades de Italia, o como practican diversas aseguradoras a la hora de concederte un crédito o un seguro. Ya existen compañías aseguradoras que en base a investigar tu “vida digital” no te conceden seguros o entidades bancarias que en base a tus comportamientos obtenidos de tu “vida digital” te deniegan créditos.. Como recompensas para ratas de laboratorio. Lo cual nos lleva a una gestión automatizada del comportamiento..
Esta es la restricción electrónica: moldear el comportamiento individual y colectivo en función de las necesidades de la Máquina y el estado de los recursos, mediante el control de las redes cibernéticas.. Quienes nos decían «aún no hemos llegado a ese punto» quizás no relacionaron esto con el pase de vacunación de 2021 y su código QR que distingue entre buenos y malos ciudadanos. Su adopción acrítica por parte de la mayoría de la población ha preparado sus mentes para su expansión. En un estado de emergencia permanente, las herramientas probadas durante la crisis están destinadas a consolidarse.
Los tecnócratas se inspiran en China, que lanzó su "Plan Maestro para la Construcción de un Sistema de Crédito Social" en 2014. Es sabido que los ciudadanos chinos son evaluados en tiempo real gracias al seguimiento electrónico de sus acciones: geolocalización, reconocimiento facial y macrodatos. Los buenos estudiantes obtienen descuentos, como en Roma y Bolonia. Quienes no cumplen con las normas (los que no pagan sus impuestos, los que se negaron a confinarse o a usar mascarilla, los que escupen en la calle, los que se saltan los semáforos en rojo, los críticos del régimen, etc.) son incluidos en listas negras y se les niega el derecho a viajar, acceder a crédito, a ciertos empleos, a la vivienda y al ocio. Sus fotos se muestran en pantallas gigantes, señalándolos con el dedo por implementar nuevas medidas restrictivas.
Al igual que el virus, la guerra está acelerando la gestión digital del orden público. En Ucrania una aplicacion (llamada Diia) se ha mejorado con una función de "enemigo electrónico" que permite a cualquier ciudadano informar al ejército sobre el avance y las acciones de las tropas rusas. Práctico. De manera similar, el Ministerio de Defensa ucraniano utiliza el software de reconocimiento facial de Clearview AI, una empresa estadounidense financiada por el transhumanista Peter Thiel, para identificar a refugiados, muertos y soldados rusos. Clearview AI recopila fotos de todas las redes para alimentar su gigantesca base de datos y así "identificar a todos". Los carroñeros no han perdido la oportunidad de una buena guerra para extender sus redes digitales. Es probable que los rusos estén haciendo lo mismo. –. Pero sin duda Palestina es el laboratorio donde la starup Israel prueba todos los software de IA de reconocimiento facial y patrones de movimientos junto a “armas inteligentes” que luego venden en las grandes ferias de armas, con la verificación de que han sido probadas en población real y luego venden a todos los estados del mundo. Muchos de ellos realizando el mismo genocidio que Israel, como el caso de India sobre Cachemira. .
Por eso, las fases agudas de la crisis actual resultan tan útiles para los tecnócratas. Recordemos el informe sobre "Crisis sanitarias y herramientas digitales" que la Delegación del Senado francés para Estudios de Prospectiva publicó en junio de 2021, y sus innovadoras propuestas:
Cuanto mayor sea la amenaza, más dispuestas estarán las sociedades a aceptar tecnologías invasivas y mayores restricciones a sus libertades individuales, lo cual es lógico. […] En las situaciones de crisis más extremas, las herramientas digitales podrían permitir un control efectivo, integral y en tiempo real sobre el cumplimiento de las restricciones por parte de la población, con sanciones disuasorias si fuera necesario, y basado en un uso aún más perjudicial de los datos personales. [El paso decisivo hacia una identidad digital universal y obligatoria aún no se ha dado […].
Estamos trabajando en ello. El modelo de los senadores es Estonia, "un líder europeo en gobierno electrónico". Es el sueño de cualquier ingeniero: el 96 % de los trámites administrativos se realizan en línea (votación, presentación de quejas, consulta de boletines de calificaciones o historiales médicos, declaración de nacimiento o defunción, etc.). La mayor parte de la población tiene una identificación digital. El sistema es virtuoso porque todos pueden saber quién o qué administración ha accedido a qué datos en su "espacio personal". Los senadores estarían encantados de cambiar su mandato por un teléfono inteligente.
Los servicios públicos fueron concebidos originalmente como "aplicaciones", disponibles en una plataforma, como la App Store o Google Play, donde cada usuario tiene un identificador único.
El Estado , la “Máquina de Gobierno” Cibernética
El concepto de "estado plataforma" no fue relanzado por nuestros tecnócratas , sino por el empresario estadounidense Tim O'Reilly, autor de un artículo de 2011 titulado "El gobierno como plataforma". Esta idea ha sido promovida, entre otros, por los aceleracionistas Michael Hardt y Antonio Negri, quienes ven en este "conexionismo" institucional una oportunidad para su proyecto de una "multitud" descentralizada, desterritorializada y "rizomática".
En resumen: el Estado debe inspirarse en GAFAM, aprovechar el big data y actuar como intermediario entre la oferta y la demanda para ofrecer servicios públicos innovadores, cooperativos, inclusivos y, por supuesto, casi autogestionados, o mejor dicho, automatizados.
La idea está circulando, desde multinacionales hasta consultoras y la Unión Europea. Olvídense del hospital público y sus equipos médicos a pie de cama; den paso a los algoritmos del Health Data Hub. Esta plataforma francesa, como su nombre indica, recopila masivamente todos los datos sanitarios digitalizados (de ahí el término «salud digital») para alimentar su inteligencia artificial y automatizar la atención médica.
Lo mismo ocurre con la administración, que se ha reducido a servicios en línea y a «Clave o clave permanente”», la aplicación de autenticación para usuarios de internet. Si recientemente matriculaste tu coche o presentaste tu declaración de la renta, sabes de lo que hablamos. No hay ninguna persona que te informe, te asesore, te regañe o te haga reír. Simplemente introduces tus datos de acceso. que se ampliará para incluir servicios bancarios e historiales médicos compartidos. Los trámites no son más sencillos —como dicta la genialidad administrativa —, sino más complicados y deshumanizados.
El «Estado Plataforma» es el centro de control centralizado de la ciudad inteligente. Dado que la «desmaterialización» ha eliminado la figura de los ciudadanos y funcionarios públicos, la ciudadanía se está reduciendo a meros usos, incluso al consumo de servicios .La población ha pasado de ser pacíficos ciudadanos a anestesiados usuarios, ya no somos considerados como habitantes de un espacio sino como usuarios del mismo. Y la confrontación directa se disuelve en procedimientos virtuales. El resultado es la disolución de las relaciones sociales y humanas que muchos observan con diversos grados de frustración. Esta es la «máquina de gobierno» anunciada con entusiasmo en los albores de la cibernética, en 1948, por el columnista científico de Le Monde, Dominique Dubarle.
El retorno de las libertades
Hablamos, hablamos, y los tecnócratas actúan. La Comisión Europea está preparando su «billetera digital europea». Esto permitirá a los ciudadanos usar servicios públicos, abrir una cuenta bancaria, presentar declaraciones de impuestos, matricularse en la universidad, solicitar recetas médicas, acreditar su edad, alquilar un coche con permiso digital, registrarse en un hotel, y mucho más.
¿Qué harán quienes no tengan un teléfono inteligente? Esto no se especifica en la convocatoria de propuestas. Pero excluirlos de toda la vida social y parece la solución más racional.
El proyecto europeo se basa en la solución "Digital ID wallet" de Thales. Thales, grupo formado en el año 2000 a partir de la fusión de las divisiones de defensa de Thomson-CSF, Alcatel y Dassault Électronique, lleva dos décadas promoviendo la "identidad digital" mediante sus herramientas biométricas. Su sitio web celebró que la pandemia de Covid-19 ofreciese "una oportunidad para el cambio sistémico", es decir, que acelere el proceso general. Al igual que el exdirector de IBM, Thales se esfuerza por "acercar el mundo digital al físico". La interfaz entre ambos, que conecta al usuario con sus documentos digitales, su cuenta bancaria, sus "espacios personales" en línea y demás, se compone de sus datos biométricos (reconocimiento facial, huellas dactilares) almacenados en su teléfono inteligente. Esto representa un salto cualitativo: ya no tendrá que someterse a una cámara "inteligente" o a un terminal de identificación; usted mismo realizará la lectura biométrica.
La «billetera de identidad digital» no es nada nuevo. En junio de 2005, Isère fue designada como «departamento piloto para la futura tarjeta única de identidad y servicios» denominada Libertys. Según Le Monde en aquel momento: "La tarjeta Liberty contiene los datos biológicos de su titular, digitalizados y cifrados en su chip: huellas dactilares, iris e imagen facial. Sustituirá de forma ventajosa a todos los documentos actuales: documentos de identidad, permisos de conducir, documentos de matriculación de vehículos, tarjetas de identificación de votante, tarjetas sanitarias, tarjetas de transporte público, etc".
El visionario André Vallini, entonces presidente del Consejo General de Isère, lo explicó en el folleto “Libertades, vuestra nueva carta de vida”, distribuido en los buzones de correo de los ciudadanos de Grenoble: La tarjeta Libertys está totalmente en línea con el desarrollo de la administración electrónica, para mejorar la eficiencia de los servicios públicos y simplificar la vida de los usuarios.
Grenoble siempre va un paso por delante. O mejor dicho, sus raíces tecnológicas —ingenieros, industriales, funcionarios electos— están inmersas en la carrera por la innovación. En 2005, Grenoble-Isère fue designada como clúster de competitividad para tecnologías digitales bajo el nombre de Minalogic (Micro-Nano-Logiciel).
Entre las empresas y laboratorios que forman parte de este entramado financiado por el Estado se encuentran Thales y Atmel, expertos en biometría e identificación electrónica.
No se puede utilizar el mismo enfoque para lograr la aceptación de las tecnologías de vigilancia y control; probablemente se requerirá persuasión y regulación, demostrando cómo estas tecnologías contribuyen a la tranquilidad de las personas y minimizando las molestias que causan. En este sentido, la electrónica y la informática también pueden desempeñar un papel importante.
Los archivos son valiosos. En su momento, lo que más indignaba era la educación básica sobre tecnologías biométricas. Dos décadas después, podemos medir la eficacia de los tecnócratas. Lograron que estas "violaciones de las libertades individuales" fueran aceptables mediante "bienes de consumo y comodidades" y "electrónica", concretamente, el teléfono inteligente. Al fin y al cabo, el reconocimiento facial no es más que un selfie, tomado por el usuario promedio sin siquiera pensarlo. La desconfianza hacia la vigilancia biométrica es un recuerdo lejano.
Corresponde a los ancianos y a los nostálgicos preservar la memoria de lo que hacía la vida libre y humana. Hoy, digámoslo así: el control de las máquinas, este cómodo totalitarismo, no solo ataca la libertad , como denuncian los pocos opositores a la "sociedad de control" o la "vigilancia generalizada". Destruye otra libertad íntima y fundamental: la libertad de sentirse responsable de uno mismo y, por lo tanto, de experimentar la sensación de existir. Contra toda nocividad. Por la anarquía.
CHIMPANCES DEL FUTURO, MADRIP, JULIO 2026
chimpancesdelfuturo@proton.me
