Nuevo motín en un Centro de Internamiento de Extranjeros de Barcelona
Los proletarios inmigrantes, inasequibles a la farsa parlamentaria



Tan sólo cinco días después de que el Parlamento haya designado a Mariano Rajoy para ser el próximo presidente de España, ha estallado otro motín en un CIE, mostrando que detrás de la normalidad democrática que alaba la burguesía y sus secuaces se esconde la verdadera cara del mundo capitalista: prisiones ilegales, deportaciones y una brutal represión policial a los proletarios que, según la burguesía, “sobran” en el país.

Esta vez ha sido en Barcelona, donde según informan los medios burgueses, 50 inmigrantes se habrían amotinado durante la noche del 1 al 2 de este mes después de haber realizado durante los días previos protestas simbólicas en solidaridad con los amotinados del CIE de Madrid. Siempre según estos medios, los inmigrantes encarcelados en el CIE de Barcelona se habrían enfrentado a la policía nacional que les custodia justo después de la cena. Posteriormente se hicieron fuertes en el patio principal, donde resistieron hasta las 11 de la noche. Parece ser que este motín no ha sido el único acto de lucha de los encarcelados en el CIE: el día 7 de octubre hubo una protesta en el patio; el 16 de octubre un intento de fuga mediante una avalancha y el 22 del mismo mes una huelga de hambre de 24 horas.

En esta ocasión, como ya sucedió en Madrid, los inmigrantes han abandonado el motín después de pasadas unas horas y acto seguido los equipos antidisturbios de la policía nacional han intervenido para restablecer la normalidad. Igual que en Madrid, cabe suponer que los presos habrán sido víctimas de una represión salvaje.

Estos actos de rabia espontánea, que se transmiten a través de las rejas de una a otra prisión, son consecuencia de la situación desesperada que sufren los proletarios inmigrantes encarcelados en los CIE. Pero aunque respondan a una situación desesperada, no son actos desesperados que debieran evitarse, son la única salida que los proletarios inmigrantes retenidos en cárceles ilegales tienen para responder a los abusos de que son objeto a diario. Lejos de ver en estos motines, huelgas y fugas actos condenables, los comunistas vemos en ellos la respuesta natural a una situación en la cual el Estado burgués utiliza la represión abierta para controlar a la población inmigrante. Y decimos abiertamente que es la vía que, cada vez con más frecuencia y arrostrando la represión que sin duda se cebará con los revoltosos, todos los proletarios, inmigrantes o españoles, deberán tomar para luchar contra la situación que padecen, fuera y dentro de los centros de internamiento, en el puesto de trabajo, en los barrios obreros, como reacción contra la represión y la opresión cotidiana que sufren en todos los ámbitos de la vida.
Los proletarios del CIE de Barcelona se han amotinado, como hace pocos días los del CIE de Madrid, porque hasta sus celdas no llega el estúpido circo parlamentario que exige a la clase obrera que la papeleta de voto, la confianza en los representantes en las Cortes y el respeto al gobierno sea su única arma para luchar. En los CIE está la verdadera naturaleza de la democracia: una guerra continuada contra las condiciones de existencia del proletariado. Para los proletarios encerrados esta es una verdad que resulta evidente. Para los proletarios que son explotados en sus puestos de trabajo o que están en el paro, todavía no. A estos últimos durante los últimos años se han dirigido todas las medidas anti obreras de la burguesía y sus distintos gobiernos. Han sido despedidos, han visto sus salarios disminuir, sus prestaciones sociales desaparecer y la represión caer sobre quienes han intentado luchar. Pero también han recibido la fuerza concentrada de toda la propaganda democrática, que busca identificar los intereses de la clase proletaria con los intereses de la burguesía, la suerte de los trabajadores con las necesidades de la economía nacional y el orden de los negocios. Han sufrido la presión continua de los partidos y sindicatos oportunistas, que ejercen de auténticos agentes burgueses entre las filas obreras, llamando a estas a mantener la confianza en los mecanismos democráticos y obligándoles a renunciar a la lucha directa en favor de medidas contemporizadoras que han resultado ser completamente nocivas. 
 
Los proletarios inmigrantes padecen la versión más extrema de una situación que es común a todos los proletarios, cualquiera que sea su origen, sexo, religión o edad, en el mundo capitalista. Durante los tiempos de bonanza económica son explotados en el trabajo, sometidos a ritmos infernales que cuando no causan enfermedades que padecer en la vejez, acaban directamente con la vida de muchos trabajadores. Todo ello para alimentar la buena marcha de la economía, para que el país pueda competir en esa Champions League del capitalismo internacional a la que cínicamente se refería el gobierno socialista de Zapatero. Y cuando la crisis económica para bruscamente el curso del mercado, cuando las empresas ya no son rentables, llegan las exigencias más duras para los proletarios: prescindir del trabajo, es decir, de su único medio de vida hasta que la tasa de ganancia se recupere; ver recortadas las prestaciones sociales para que el Estado no quiebre; soportar mil y una penurias en nombre de la nación. Y los proletarios inmigrantes, doble ración: detenciones arbitrarias, encarcelamiento “administrativo”, deportaciones… Ellos son la mano de obra más fácilmente prescindible, y las fuerzas de seguridad del Estado se encargan de deshacerse del excedente. Pero esta situación que padecen es, simplemente, la versión más avanzada de la que padecen los proletarios españoles, que deben ver en ella una advertencia respecto de cuál será su futuro. 
 
La verdad que cada vez es más evidente para los proletarios inmigrantes no tardará en volverse igualmente obvia para los proletarios españoles. Entonces estos se verán empujados, irremediablemente, a romper con las bridas democráticas y a tomar ellos también el camino de la lucha. Una lucha que será tildada por la burguesía como incivilizada, violenta, antidemocrática… y que efectivamente es todo esto, pero que sobre todo es la respuesta natural a la presión que la misma burguesía ejerce y ejercerá sobre el proletariado.

Los proletarios inmigrantes no tienen aliados. En sus cárceles no entran las promesas del gobierno, ni los brotes verdes, ni los circos parlamentarios de la oposición. Tienen, eso sí, falsos amigos que dicen colocarse de su parte para así poder trabajar mejor para la burguesía y su Estado. Se trata de aquellos que, como Podemos, los Ayuntamientos de Madrid y de Barcelona, llaman con ocasión de los motines de los CIEs en estas dos ciudades a un hipócrita “Cerrar los CIEs”, afirmando que estas cárceles extra legales son un “problema administrativo” que puede ser solucionado con “medidas administrativas”. Pero pensar que los CIEs vayan a desaparecer es tanto como pensar que lo vayan a hacer las cárceles. Los CIEs, al margen del lugar que ocupan en el ordenamiento jurídico-legal español, son medidas represivas que la burguesía toma para poder llevar a cabo sus medidas de control de la mano de obra, para mantener a raya mediante la represión y el terror a la población proletaria sobrante. Y esto no es un “problema administrativo”, sino político, de la política que inevitablemente mantiene el conjunto de la burguesía para imponer su dominio de clase. Cerrar los CIEs no significará nada, si es que alguna vez esto llega a suceder. Lo saben perfectamente los ayuntamientos de Carmena y Colau, partidarios de este cierre pero que mandan a su Policía Municipal contra los vendedores ambulantes, inmigrantes, que acaban en los CIEs. Cerrar los CIEs, sin que desaparezca la Ley de Extranjería, sin que desaparezcan las decenas de medidas represivas contra los inmigrantes, etc. significará abrir otro tipo de mecanismo represivo.

Hace más de una década, las luchas de los presos sociales en las cárceles españolas tuvieron como objetivo prioritario el cierre de los módulos FIES, creados ex profeso para reprimir y asesinar a los presos más combativos que, durante la década de los años ´90 habían participado en los motines y protestas colectivas contra las pésimas condiciones de existencia en las prisiones. El FIES, Fichero Interno de Especial Seguimiento era una cárcel dentro de la cárcel y estaba instituido por la vía del reglamento interno de prisiones sin ningún respaldo legal. Cuando finalmente el FIES se cerró, simplemente se suprimió del reglamente interno y se le dio carta de naturaleza en la legislación penitenciaria. Los FIES siguen existiendo y aniquilando a los presos que más se destacan por defender sus condiciones de vida.

Lo mismo quieren que suceda, los Ayuntamientos del Cambio, con los CIEs: proponen su cierre, pero callan acerca de la realidad de los proletarios inmigrantes y su explotación cotidiana. Y es esa realidad la que hace necesaria los CIEs.

Frente a esta realidad, frente a la opresión cotidiana que cada vez padecen más intensamente, los proletarios inmigrantes no deben confiar en ninguna de las mentiras que les ofrece el los partidos del nuevo oportunismo político. Deben invocar la vía de la lucha cotidiana, buscando la unión con los proletarios autóctonos, rompiendo las correas que pretenden atarles al respeto a los medios democráticos. Sólo esta vía puede garantizarles alguna posibilidad de éxito.

¡Viva la lucha de los inmigrantes amotinados en Madrid y Barcelona!
¡Por el retorno del proletariado al terreno de la lucha de clase, sin distinción de raza, sexo, edad o nacionalidad!
¡Por la defensa intransigente de las condiciones de existencia de la clase proletaria!

2/11/16

Partido Comunista Internacional
Il Comunista-Le Proletaire-Programme Comuniste-Proletarian-El Proletario-El Programa Comunista




Valladolor no admite comentarios
La apariencia como forma de lucha es un cancer
El debate esta en la calle, la lucha cara a cara
Usandolo mal internet nos mata y encarcela.
Piensa, actua y rebelate
en las aceras esta el campo
de batalla.

si no nos vemos
valladolorenlacalle@gmail.com















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Contrainformacion internacional

"Las prisiones son una parte más de la esencia represiva de todo Estado, no hay que olvidar la parte que nos toca a lxs que aún seguimos en la calle.

No podemos ver las cárceles como algo ajeno a nuestras vidas, cuando desde temprana edad hemos sido condicionadxs a no romper las normas, a seguir una normalidad impuesta; el castigo siempre está presente para lxs que no quieren pasar por el aro.

En el trabajo, en la escuela... domesticando y creando piezas para la gran máquina, piezas que no se atrevan a cuestionar o que no tengan tiempo para hacerlo.

Hemos sido obligadxs a crecer en un medio hostil donde es dificíl desarrollar nuestros propios deseos.

La rebeldía brota de algunxs, otrxs simplemente se acomodan en la mierda, tapando sus frustraciones con lo que le dan quienes antes les despojaron de todo. O viendo sus problemas como algo aislado, único y personal.

Para lxs que no tragan o no se adaptan al gran engaño ahí tienen sus cárceles, reformatorios, psiquiatrícos ... creados por los que no quieren ver peligrar las bases de su falsa paz.

No podemos ignorar la lucha de lxs compañerxs presxs.

Su lucha es nuestra lucha."