[recibimos y publicamos]

 

Atentados en París:

¡El capitalismo es responsable, 

Guerra de clase al capitalismo!

 

Instantes después de haber ocurrido los sangrientos atentados, el leit-motiv de los personeros del gobierno, así como el de otros políticos de los diversos partidos franceses, ha sido “estamos en guerra”.

Aun sin haber sufrido este golpe en carne propia y en el propio territorio, no es desde ayer que el imperialismo francés está en guerra,

Hace poco más de un año, el presidente Hollande anunciaba con bombos y platillos su decisión de participar, en el cuadro de la Otan, en el bombardeo a Iraq, hace varios meses decidía participar en los bombardeos a Siria, y hace varios días anunciaba el envío al Golfo Pérsico de un grupo aeronaval (con el respaldo de portaavione, submarino nuclear de ataque y navíos de guerra), a fin de intensificar su participación en la guerra en Iraq y Siria. Bajo el gobierno supuestamente "de izquierda", el imperialismo francés muestra un absceso de agresividad militar solo comparable a las que nos tuvo acostumbrado el socialista Miterrand durante sus dos mandatos.

Se trata siempre de una vieja y siniestra tradición imperialista francés. Bajo Sarkozy, los círculos imperialistas estuvieron detrás de la guerra en Libia, hoy hundida en un caos del cual no saldrá tan fácilmente. Desde el fin oficial de las colonias, son innumerables las intervenciones militares en África llevadas a cabo por Francia; basta recordar las responsabilidades francesas en el genocidio de los Tutsi en Rwanda, con un saldo macabro de cientos de miles de muertos, la mayor parte descuartizados. En cuanto a las guerras coloniales, las mismas causaron centenas y centenas de miles de víctimas.

El imperialismo francés es, qué duda cabe, uno de los más rapaces y sanguinarios representantes del imperialismo, sistema planetario en el cual domina un puñado de grandes centros capitalistas y de Estados a su servicio; pero, como sus hermanos en cofradía, también se encuentra en guerra contra sus propios proletarios, y no vacila en utilizar la violencia más brutal, con tal de mantener el orden burgués y las ganancias capitalistas.

Sin remontarse a las terribles masacres con que ha respondido el Estado francés a las revueltas obreras a lo largo del siglo XIX, recordemos la matanza de octubre de 1961 perpetrada por la policía gala contra cientos de trabajadores argelinos que manifestaban pacíficamente en París. Por otra parte, el gobierno viene de decretar el "estado de urgencia", una medida de excepción creada luego de la guerra de Argelia, ya utilizada en 2005, durante las revueltas juveniles de las periferias de las grandes ciudades francesas.

Luego de tomar la decisión de participar en los bombardeos en Iraq, el gobierno había llamado a la “union nacional” para sostener su participación en una guerra supuestamente para proteger a la población francesa así como la población iraquí contra los crímenes terroristas; estos llamados a la unión de todos los ciudadanos han sido reiterado desde entonces y hoy vuelven a repetirse.

En realidad se trata de llamados a los proletarios a solidarizarse con “su” imperialismo nacional, es decir, con los capitalistas que los explotan, que los oprimen, así como a las masas desheredadas de los países dominados, que saquean al planeta y que llevan a cabo guerras incesantes. La unión nacional sirve solo a la burguesía, los proletarios siempre han sido sus víctimas, vestidos de azul en sus puestos de trabajo, vestidos de caqui en el frente bélico.

Todas las llamadas medidas de seguridad, mes a mes, año por año, han sido continuamente reforzadas (plan vigipirate, movilización del ejército, espionaje masivo de las comunicaciones, etc.); jamás han servido para proteger a la población, tal como lo demuestran una vez más los recientes atentados; estas no sirven sino para proteger los intereses burgueses y defender al sistema capitalista, e intimidar a los “promotores de disturbios” potenciales y muy particularmente de los proletarios.

 El Estado burgués es cien veces más eficaz para frenar a los trabajadores que la toman con su patrón, que para impedir que se produzcan atentados contra los habitantes de París: demostración que las víctimas civiles no son nunca “daños colaterales” en las empresas imperialistas, bajo las bombas en Siria e Iraq, o en las calles y salas de conciertos de la capital.

Ello no impidió la cínica utilización de los cadáveres de las víctimas para alimentar la campaña de unión nacional y de apoyo al Estado y a sus fuerzas de represión, buscando también suscitar la adhesión a las campañas militares actuales o por venir. Encima de los mismos cadáveres todavía regados en el suelo, los políticos de derecha e izquierda multiplicaron sus declaraciones marciales. Esto no es sorprendente: como fieles partidarios del imperialismo, ya habían aprobado las recientes intervenciones en Libia, África y Medio Oriente, igualmente expresaban su unanimidad en el apoyo a las acciones del gobierno y en el llamado a la unión interclasista.

Los proletarios no deben dejarse engañar por estos representantes o sirvientes de la burguesía; no deben tener ninguna confianza en el gobierno y las instituciones del Estado burgués, los cuales están al servicio exclusivo de sus enemigos de clase. Los sangrientos ataque de París y Saint Denis son el corolario de las acciones criminales de estos últimos, lo que ha hecho reaccionar a los djihadistas que han respondido por medio de actos terroristas individuales al terrorismo a gran escala de los imperialistas.

Querer protegerse del terrorismo djihadistas o combatirlo, cobijándose bajo el ala del Estado burgués, no solo significa para el proletariado aceptar ser cómplice del terrorismo imperialista, sino también aceptar permanecer eternamente como víctimas voluntarias de su verdugo, el capitalismo.

 Los atentados de París y Ankara, de Beirut o del Tchad, así como las guerras en Ucrania o Medio Oriente, son la prefiguración de un futuro de miseria, masacres y guerras generalizadas que el capitalismo en crisis propone al proletariado y a las masas del mundo entero como solución.

Escapar a esta lógica no es precisamente escoger un campo burgués contra otro, pues no hay otra solución que la destrucción del capitalismo, destrucción que solo puede llevarse a cabo mediante la revolución comunista mundial.

Por ser la clase social cuya explotación alimenta y nutre al capitalismo, el proletariado posee en sí mismo la capacidad de terminar con el modo de producción capitalista y la sociedad de injusticia y opresión, de guerras y masacres, edificada sobre sus bases: basta con que rechace seguir dejándose explotar para que se derrumbe este gigantesco edificio.

Es la vía de la reanudación de las luchas proletarias, de la guerra de clase revolucionaria contra todas las burguesías y todos los Estados burgueses; ello significa cortar los lazos pacientemente tejidos durante décadas para mantener encerrado al proletariado en el interclasismo, romper con sus múltiples fuerzas e instituciones de la colaboración de clase, abandonar las ilusiones en la unión nacional, la democracia y el Estado, instrumentos mantenidos por todo un conjunto de amortiguadores sociales, hasta conseguir las fuerzas y las armas de clase que permitan reconstituir la organización política que permita emprender el combate.

 No es una vía fácil, rápida o sin riesgos; pero no es la primera vez que el proletariado se ha lanzado al ataque de las ciudadelas capitalistas. Mañana deberá encaminarse de nuevo por esa vía, sobre la base de posiciones políticas, programáticas y teóricas marxistas, defendidas sin descanso por la Izquierda Comunista, sin dejarse frenar ni intimidar por los golpes del adversario.

De esta forma encontrará la fuerza para vengar a todas las victimas del capitalismo, poniendo definitivamente fin a este infame sistema.

 

¡No a la unión nacional!

¡No a las guerras capitalistas!

¡Por la reanudación de la lucha de clase!

¡Por la revolución comunista internacional!

 

 

Partido Comunista Internacional

14 de Noviembre de 2015
       www.pcint.org


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