El día 11 de agosto, a las seis de la mañana, un grupo de la policía autonómica catalana, los Mossos de Esquadra, irrumpieron en un piso donde vivían inmigrantes subsaharianos dedicados a la venta de discos y películas piratas en el pueblo de Salou. Según la versión oficial, dada por los propios Mossos y difundida a los cuatro vientos por todos los medios de comunicación, Mor, un mantero de los que habitaba el piso, “saltó” por el balcón situado a tres alturas del suelo resultando muerto al caer. Al saberse en la noticia los inmigrantes subsaharianos de la zona, dedicados en su mayor parte a este tipo de venta ambulante, salieron a la calle y se enfrentaron durante todo el día con la policía, llegando a cortar las vías del tren Cambrils-Tarragona con barricadas. La circulación en el centro del pueblo permaneció cortada por los disturbios desde las 11.50 de la mañana y durante más de cinco horas. A las pelotas de goma de los antidisturbios los inmigrantes respondieron con piedras, contenedores cruzados para evitar su avance y ataques contra las furgonetas de la policía. Los comercios de la localidad cerraron por la tensión que se vivía y, a última hora de la tarde, un miembro del consulado de Senegal, país de origen de Mor, fue agredido por los propios senegaleses cuando se presentó en el lugar de la muerte.

Los Mossos de Esquadra tienen una larga lista de muertes a sus espaldas. Mientras que los informes de ONG´s como Amnistía Internacional les colocan en el segundo puesto en el ranking nacional de torturas y agresiones en comisaría (sólo superados por la policía vasca, bien curtida en la represión contra ETA y el entorno abertzale) en el último año han asesinado a golpes, en plena calle, a dos personas. Previamente tanto los movimientos sociales de Catalunya como otros colectivos que se han manifestado en esta región han comprobado la eficiencia de sus materiales anti disturbios, que van desde la bocacha hasta el punzón para clavar en el cuerpo de los manifestantes y de los métodos represivos que utilizan para controlar a cualquier elemento subversivo. La burguesía catalana, que asumió las labores de seguridad a través de este cuerpo policial hace años, no sólo compite con el resto de la burguesía española por la recaudación impositiva y la gestión de los recursos públicos, sino que además la imita en lo referente a organización de las fuerzas represivas. El proletariado debe tomar nota de lo que le espera detrás del proyecto nacionalista cuya bondad, ahora, defienden todos aquellos que dicen estar de parte de la clase trabajadora.

Porque la primera función de la policía en la sociedad burguesa es garantizar el orden que permita el correcto funcionamiento de los negocios. Y este orden se garantiza, sobre todo, contra los proletarios. Así es el caso del inmigrante muerto estos días. En Salou, pueblo turístico de la costa de Tarragona, la afluencia de visitantes en verano es una de las primeras fuentes de ingresos para la industria local (comercios, hoteles, bares, etc.) Se trata de uno de los pueblos del famoso turismo “de borrachera” que, en las vacaciones de primavera de los estudiantes y en los meses de julio y agosto, invade las calles del pueblo en busca de alcohol y diversión con el beneplácito de las autoridades, que no ven ningún tipo de problema de orden público en esta situación, y de los comerciantes, que multiplican sus ingresos aumentando desmesuradamente los precios y vendiendo mercancías adulteradas o en mal estado. En este idílico marco de los negocios veraniegos, la presencia de inmigrantes dedicados a la venta de copias ilegales de DVD´s, música o ropa, supone un problema para la pequeña burguesía local dedicada ella misma a la venta de productos similares y de la gran burguesía del sector de la hostelería que ven cómo aparecen algunos problemas “de orden público y civismo” no causados directamente por ella y que afean la imagen del pueblo. Es por ello que actúa la policía autonómica que en el resto de situaciones permite que miles de turistas etílicos arrasen la playa, las calles y el entorno natural de la zona. Los inmigrantes subsaharianos son un problema para la burguesía legalmente establecida porque su pequeño negocio (que es muchas veces el único medio de supervivencia para quienes han huido de la miseria y la muerte en países afectados por continuos enfrentamientos armados, epidemias y hambrunas) hace la competencia a aquellos que cuentan con el beneplácito del Estado para ubicarse en el pueblo. La burguesía y la pequeña burguesía hacen valer sus derechos adquiridos para aniquilar cualquier tipo de merma en su beneficio y, de esta manera, utilizan a la policía para que expulse del mercado a sus potenciales rivales. Obviamente estos rivales no son exactamente sus competidores. Se trata de una población inmigrante imposibilitada por su situación irregular para optar a algún tipo de puesto de trabajo, que de hecho trabajan como vendedores ambulantes para las mafias dedicadas a la distribución de productos ilegales contra las que el Estado y su policía jamás intervienen (¿cuántos barcos son intervenidos en el puerto de Barcelona o en el de Valencia cuando traen estos productos desde China o desde Turquía? Ni tan siquiera uno por cada millar de inmigrantes detenidos por distribuir las copias ilegales). Se trata, en pocas palabras, de población sobrante para el capitalismo, de mano de obra que no puede explotar porque con ella no alcanzaría la ganancia mínima que le garantiza un beneficio aceptable. La única salida que le queda a esta población sobrante es trabajar en la economía sumergida corriendo el riesgo de ser deportada, encarcelada… o asesinada. Cuando esta población sobrante trabaja para la burguesía que hace sus negocios fuera de los márgenes legales, como sucede en la industria de las copias piratas de DVDs, entonces la ley interviene contra ellos con toda la brutalidad de la que es capaz su policía. En este caso, con una justificación tan manida como es la de “se cayó por una ventana”, ha dejado un muerto, sacrificado en los altares del beneficio capitalista.

Los inmigrantes, tanto aquellos que trabajan en negocios con patrones legales como aquellos que se ven arrojados en manos de los que la burguesía denomina ilegales y que realmente ejercen el mismo papel de explotadores de la fuerza de trabajo, saben bien qué les espera en su huida hacia Europa. Lo saben cuando se convierten en mercancía en manos de las mafias de negreros que les transportan por el Magreb; lo saben cuando la policía de Marruecos les hacina en montes insalubres para presionar al Estado español; lo saben cuando se juegan la vida saltando la valla de Melilla o cruzando el Estrecho en barcas más que precarias; y lo saben finalmente cuando la policía, ya en España, ejerce una presión continua sobre ellos para mantenerlos controlados y que no sean conflictivos ni en sus puestos de trabajo, para aquellos que los consiguen, ni en las calles de las ciudades, para aquellos que son arrojados a la delincuencia. Y precisamente porque los inmigrantes de Salou, que vienen de tener la muerte presente en su día a día desde sus países de origen, también saben cuál es su lugar en la sociedad capitalista, han respondido con violencia ante la enésima agresión sufrida por la policía. Para estos inmigrantes la civilización capitalista y su democracia han sido, desde el primer momento, un arma vuelta contra ellos, en cuyo nombre se les ha tratado como auténticos esclavos modernos. Es por ello que, a la hora de protestar por la muerte de su compañero, han utilizado métodos nada cívicos ni democráticos como son los cortes de calle y de las vías férreas. Para ellos el conjunto de resortes que la burguesía utiliza para integrar a los proletarios en el sistema de la colaboración entre clases no funciona, precisamente porque están completamente excluidos de esta colaboración desde el momento en que han sido arrojados al margen de la sociedad. Es por ello, porque están fuera de cualquier ámbito de “negociación” con los “agentes sociales”, por lo que su reacción se ha salido fuera de los cauces de solución de los problemas sociales con que la burguesía aleja a los proletarios del terreno de la lucha de clase. En este sentido, los inmigrantes subsaharianos de Salou han mostrado a los proletarios españoles e inmigrantes que hoy ven rebajarse sus condiciones de existencia y para los que la burguesía ya no reserva ninguna posibilidad de revertir esta situación cuál es el futuro que les espera y cuál es la verdadera naturaleza de la lucha que deberán llevar a cabo si quieren evitarlo.

Si hoy los proletarios, tanto empleados como desocupados pero que aún pueden disfrutar de un mínimo de garantías sociales, no se ven reflejados en la situación que padecen los inmigrantes apaleados y asesinados por la policía, es porque la fuerza de las ilusiones burguesas, que son unas ilusiones bien materiales basadas en la inercia de décadas de colaboración interclasista, aún pesa demasiado en ellos. Pero, lentamente, de la misma manera en que la crisis económica mina las bases de esa colaboración entre clases, la ilusión que pesa entre los proletarios acerca de una posible solución indolora a la situación a que la burguesía les somete, irá desapareciendo. Entonces, colocado de nuevo sobre el terreno de la lucha abierta contra la clase que detenta la propiedad de los medios de producción y que decide sobre el destino de la vida de millones de personas en todo el planeta, los proletarios encabezarán una lucha que tendrá como objetivo final acabar con todo rastro de explotación del hombre por el hombre y, por lo tanto, con todas las humillaciones y vejaciones que acompañan a esta y que seguirán existiendo mientras que el capitalismo siga en pie.


12.8.15
Partido Comunista Internacional (El Proletario)

Valladolor no admite comentarios
La apariencia como forma de lucha es un cancer
El debate esta en la calle, la lucha cara a cara
Usandolo mal internet nos mata y encarcela.
Piensa, actua y rebelate
en las aceras esta el campo
de batalla.

si no nos vemos
valladolorenlacalle@gmail.com















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Contrainformacion internacional

"Las prisiones son una parte más de la esencia represiva de todo Estado, no hay que olvidar la parte que nos toca a lxs que aún seguimos en la calle.

No podemos ver las cárceles como algo ajeno a nuestras vidas, cuando desde temprana edad hemos sido condicionadxs a no romper las normas, a seguir una normalidad impuesta; el castigo siempre está presente para lxs que no quieren pasar por el aro.

En el trabajo, en la escuela... domesticando y creando piezas para la gran máquina, piezas que no se atrevan a cuestionar o que no tengan tiempo para hacerlo.

Hemos sido obligadxs a crecer en un medio hostil donde es dificíl desarrollar nuestros propios deseos.

La rebeldía brota de algunxs, otrxs simplemente se acomodan en la mierda, tapando sus frustraciones con lo que le dan quienes antes les despojaron de todo. O viendo sus problemas como algo aislado, único y personal.

Para lxs que no tragan o no se adaptan al gran engaño ahí tienen sus cárceles, reformatorios, psiquiatrícos ... creados por los que no quieren ver peligrar las bases de su falsa paz.

No podemos ignorar la lucha de lxs compañerxs presxs.

Su lucha es nuestra lucha."