Huelga de los trabajadores de Movistar.
¡Es posible luchar contra las condiciones de explotación que impone la burguesía!
¡Es posible vencer si se utilizan medios y métodos clasistas!
 

Desde hace 55 días los trabajadores de las contratas,  las subcontratas y los falsos autónomos (trabajadores dependientes a los que se obliga a mantener una relación mercantil y no laboral con la empresa empleadora) de Movistar libran una dura huelga contra la que es una de las principales empresas del capital español. Sus reivindicaciones son:
 
Derogación del contrato bucle, que implica un sistema de puntos para percibir el salario según el cual los trabajadores pagan de su bolsillo los gastos acarreados por su trabajo y que, además, permite unas penalizaciones altísimas que reducen aún mes la nómina mensual.
Equiparación de los trabajadores de las contratas y subcontratas a aquellos que son fijos en la empresa matriz, con las mismas condiciones salariales y con contrato fijo.
40 horas semanales de trabajo con dos días de descanso, frente a la situación actual en la que se trabajan hasta 12 horas todos los días.
Un mes de vacaciones anuales.
Seguridad en el trabajo y herramientas y útiles de trabajo a cargo de la empresa, así como Equipos de Protección Individual, vehículos, combustible, etc.
Que todos los autónomos dependientes que lo soliciten pasen a ser personal de la empresa con la que están vinculados.
Garantía de que no haya represalias por la huelga.
 
Telefónica, marca principal de Movistar, es la principal empresa española del sector de las telecomunicaciones y una de las más importantes a nivel mundial, estando presente en todos los países de Europa (principalmente en Reino Unido y Alemania, donde opera con el nombre de O2), Brasil (donde es la principal marca del mercado de la telefonía con el nombre de Vivo), Argentina y otros países americanos en los que tiene una relevancia menor. Se trata, además, de la principal empresa española por índice de capitalización bursátil y su beneficio reconocido en el año 2012 fue de 4.403 millones de euros. De hecho, Telefónica ha sido considerada durante muchos años la “joya de la corona” del capital español, a la altura de las principales entidades financieras y por encima de cualquier otra compañía de la llamada economía real. Desde que en los años 1.995 y 1.999, bajo los sucesivos gobiernos de Felipe González y Aznar, se privatizase a través de sendas ofertas públicas de acciones, ha constituido el emblema del pujante capitalismo español, capaz de extenderse a prácticamente todos los mercados desarrollados del planeta (a excepción de China) y de competir en ellos ventajosamente contra otros capitales nacionales y extranjeros. Capaz, también, de desarrollar sistemas de gestión de la mano de obra punteros que, desde su privatización, le han permitido aumentar vertiginosamente los beneficios por la vía de la reducción de los costes laborales, Telefónica ha prescindido, en España de gran parte de su plantilla que era de 80.000 trabajadores antes de la privatización y que ahora apenas suma 28.000, después de los sucesivos Expedientes de Regulación de Empleo que, bajo los gobiernos populares y socialistas, ha realizado en los últimos años.
Telefónica es un modelo para todo el capitalismo español, además, porque ha sido capaz de reestructurar su forma organizativa de manera que la central dispone de miles de empresas dependientes de ella pero con entidad jurídica propia que asumen todos los trabajos de instalación, reparación, mantenimiento, atención al cliente, etc. Se trata de una estructura productiva sumamente versátil que permite a la empresa minimizar los riesgos aminorando la carga de capital constante y capital variable que dependen directamente de ella. De esta manera, ante periodos de bonanza económica, como el llamado boom de las telecomunicaciones que comenzó a finales de los años ´90, Telefónica simplemente aumentaba el número de contrataciones de estas empresas dependientes y, llegado el momento de recesión, prescinde de ellas sin que esto suponga un gasto añadido como el que implicaría la sobre capacidad productiva y el exceso de mano de obra.
Para los proletarios, el incremento de la productividad y la excelencia empresarial de Telefónica ha tenido una versión bastante más amarga: la fragmentación en miles de empresas que son ahora las que realizan la contratación ha permitido a estas fijar las condiciones laborales en condiciones claramente desventajosas para los trabajadores. Imponiendo a apenas unas decenas de trabajadores una negociación en la que son, con mucho, la parte más débil, los salarios se han rebajado vertiginosamente, los horarios de trabajo se han ampliado a discreción, siempre según las exigencias de la producción y sin respetar ni siquiera los mínimos que la ley fija, se ha llegado, en fin, a una situación en la que muchas veces los trabajadores pagan a la empresa por realizar su labor. Todo esto, siempre, condicionado por las exigencias que Telefónica plantea a las empresas subcontratadas, que a su vez compiten entre ellas por mantener su relación con la empresa matriz y no desaparecer. Si en la crisis capitalista los proletarios pagan con el desempleo y la sobreexplotación el crimen que han cometido por no resultar rentables para el capital, en los tiempos de bonanza, los que hicieron del capital español un modelo en todo el mundo, se han levantado también sobre la miseria obrera. Entonces los proletarios vendían su vida a la empresa a cambio de subsistir, hoy la empresa acaba con su vida para ser ella la que sobreviva.
La huelga de los trabajadores de Telefónica se ha desarrollado, desde el primer momento, mediante una ruptura total con la dirección colaboracionista de las organizaciones sindicales. Estas, argumentando que los trabajadores no pertenecían a la empresa matriz, se han negado siempre a incluirlos en sus reivindicaciones, dirigidas únicamente para los empleados fijos de la empresa y, por otro lado, siempre condicionadas al respeto de las exigencias de esta. Es por esto que, desde el primer día, cuando la huelga de instaladores de las subcontratas comenzó en Madrid, los trabajadores constituyeron comités de huelga encargados de organizar y dirigir el conflicto. La exigencia básica de esta movilización ha sido, de hecho, que estos comités de huelga sean reconocidos como los únicos negociadores válidos por parte de los trabajadores ante la patronal. En el mes de abril CC.OO. y UGT convocaron una huelga dentro de la empresa matriz, dirigida a los trabajadores fijos en esta. Pocos días antes de comenzar esta huelga los mismos sindicatos decidieron desconvocarla dando por logradas todas las exigencias que habían planteado, lo que en la realidad se traducía en una oferta hecha por la empresa en la que la situación se mantenía exactamente igual que hasta el momento, sin que ninguna de las reivindicaciones que los trabajadores, a través de sus comités de huelga, habían planteado. La alianza entre empresa y sindicatos colaboracionistas trataba, sencillamente, de acabar con la organización independiente de la que los trabajadores se habían dotado y que era reflejo de sus exigencias, muy alejadas de la política de cesiones a que estos sindicatos están habituados.
A lo largo de toda la huelga los trabajadores subcontratados de Telefónica han utilizado medios y métodos consecuentes con sus exigencias para intentar vencer. De esta manera, han sido capaces de organizar piquetes para defender la huelga encargados de vigilar que la empresa no utilizase a esquiroles para romperla. Han colaborado con otros proletarios que mantienen conflictos  en sus empresas, han sacado su lucha fuera de los límites de la empresa para plantearla más allá de los estrechos límites de la acción corporativista, en definitiva, han luchado por plantear su lucha como una lucha de clase y no como un enfrentamiento ceñido exclusivamente a los cauces de negociación que el Estado burgués permite y con los que garantiza la rápida domesticación de todos los conflictos que los recorren. Esta forma de afrontar la lucha llevó a que, llegado cierto punto en el que la acción combinada de la empresa y los sindicatos colaboracionistas era incapaz de romperla, fuese el propio Estado burgués, representante colectivo de los intereses del capital nacional, el que tomase cartas en el asunto haciendo detener en los primeros días del mes de mayo a 13 huelguistas, a los que acusaba de sabotajes y coacciones contra los esquiroles. La llamada “operación Muro” de la Policía Nacional tenía como objetivo amedrentar a los trabajadores a los pocos días de que UGT y CC.OO. llamasen a poner fin a la huelga.  Nuevamente los trabajadores subcontratados de Telefónica demostraron que en la sociedad burguesa ley, orden y derecho significan únicamente mantener a los proletarios esclavizados a las exigencias del capital.
Finalmente, los trabajadores de las subcontratas de Telefónica han roto con la tónica habitual de las huelgas y de las luchas controladas por la política oportunista que tiene como punto básico el respeto escrupuloso de los intereses de la patronal a la hora de llevarlas a cabo. Efectivamente, no sólo la economía empresarial es mantenida al margen de estos conflictos sino también la misma marca empresarial, su imagen competitiva y su posición respecto a sus rivales en el mercado, convirtiendo así cualquier lucha en un simple gesto ineficaz.
La ocupación por dos veces de la sede de Telefónica en el World Mobile Congress ha supuesto un duro golpe para la imagen de la empresa asestado en pleno centro económico de Barcelona, capital a su vez del turismo en España. Estas ocupaciones han sido hasta ahora el punto culminante de una lucha que ha colocado las exigencias de los proletarios siempre por delante de las necesidades de la empresa y han provocado la intervención de la futura alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, de Guanyem, que ha debido recurrir a toda la fuerza política de su formación (versión local de Podemos) para lograr que los trabajadores de las subcontratas abandonasen la ocupación, ante la cual se habían concentrado varios centenares de familiares y trabajadores de otras empresas con el fin de evitar su desalojo, y renunciasen a su exigencia de que Telefónica negociase como parte implicada en el conflicto.
Los proletarios de las subcontratas de Telefónica han demostrado que si la burguesía, que lucha continuamente contra sus competidores nacionales e internacionales, pero también contra los trabajadores buscando obtener cada vez más beneficio y reorganizando para ello el proceso productivo de manera que la extracción de plusvalía del trabajo obrero pueda maximizarse, puede aislar a cada trabajador y hacerle competir con otros trabajadores, también puede sufrir duros reveses una vez que los proletarios se unen para hacer frente a esta competencia.
Los proletarios de las subcontratas de Telefónica han mostrado que, para vencer, los trabajadores deben tomar la lucha en sus propias manos, defendiendo únicamente sus intereses de clase frente a cualquier llamada a contemporizarlos con las necesidades económicas de la empresa. Han mostrado que los medios y los métodos clasistas son los únicos que, sin garantizar la victoria en ningún caso, pueden permitir alcanzarla. Los proletarios de las subcontratas de Telefónica se han enfrentado a la fuerza unida del oportunismo sindical y de la policía del Estado burgués, han sufrido la represión dando con sus huesos en comisaría acusados de graves delitos y con ello han evidenciado que cualquier tentativa de lucha proletaria que busque seguir el camino del enfrentamiento real con la patronal se enfrentará a todos los intentos posibles por parte de la burguesía para destruirla.
Por último los proletarios de las subcontratas de Telefónica han visto aparecer en escena la fuerza de este oportunismo renovado que conforman los partidos “renovadores” del tipo Podemos y Guanyem. Estos, apoyando verbalmente la lucha obrera, han actuado y actuarán como verdaderos agentes de la burguesía entre las filas del proletariado, defendiendo realmente los intereses generales de aquella, que les utiliza como mediadores que oponen siempre las pequeñas mejoras que se pueden obtener en una lucha a la verdadera naturaleza de esta, el conflicto entre proletarios y capitalistas, e impidiendo con la excusa de las “conquistas realmente posibles”, la gran conquista que es “la unión cada vez más extensa de los obreros” en palabras de El Manifiesto del Partido Comunista.
 
¡Por la reanudación de la lucha clasista del proletariado!
¡Por la defensa intransigente de las condiciones de vida del proletariado!


Partido Comunista Internacional
1 de Junio de 2015
www.pcint.org
 


Valladolor no admite comentarios
La apariencia como forma de lucha es un cancer
El debate esta en la calle, la lucha cara a cara
Usandolo mal internet nos mata y encarcela.
Piensa, actua y rebelate
en las aceras esta el campo
de batalla.

si no nos vemos
valladolorenlacalle@gmail.com















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Contrainformacion internacional

"Las prisiones son una parte más de la esencia represiva de todo Estado, no hay que olvidar la parte que nos toca a lxs que aún seguimos en la calle.

No podemos ver las cárceles como algo ajeno a nuestras vidas, cuando desde temprana edad hemos sido condicionadxs a no romper las normas, a seguir una normalidad impuesta; el castigo siempre está presente para lxs que no quieren pasar por el aro.

En el trabajo, en la escuela... domesticando y creando piezas para la gran máquina, piezas que no se atrevan a cuestionar o que no tengan tiempo para hacerlo.

Hemos sido obligadxs a crecer en un medio hostil donde es dificíl desarrollar nuestros propios deseos.

La rebeldía brota de algunxs, otrxs simplemente se acomodan en la mierda, tapando sus frustraciones con lo que le dan quienes antes les despojaron de todo. O viendo sus problemas como algo aislado, único y personal.

Para lxs que no tragan o no se adaptan al gran engaño ahí tienen sus cárceles, reformatorios, psiquiatrícos ... creados por los que no quieren ver peligrar las bases de su falsa paz.

No podemos ignorar la lucha de lxs compañerxs presxs.

Su lucha es nuestra lucha."