DE AQUELLOS POLVOS, ESTOS LODOS
Este año 1926, concretamente en este mes de junio, se cumplen 100 años de la DERROTA del movimiento comunista revolucionario frente al estalinismo. El vuelco en la dirección de la Internacional Comunista, con el paso de Zinoviev a la Oposición junto a Trotsky, y el ascenso de Stalin, suponen el declive del periodo revolucionario y el triunfo de la idea del "socialismo en un solo país" que determinará la dirección contrarrevolucionaria de los partidos comunistas desde entonces.
La Izquierda Comunista de Italia, cuyo exponente principal entonces era Amadeo Bordiga, participó en la IC, aceptando desde el principio la disciplina interna y la táctica del Frente Único. Pero ya desde los Ejecutivos ampliados de 1926 fue una de las primeras corrientes en criticar y combatir la idea del "socialismo en un solo país". Para la Izquierda Comunista, la tesis formulada por Stalin y Bujarin de construir el "socialismo en un solo país" representaba una degeneración y el abandono del marxismo revolucionario y del internacionalismo proletario. Sostenía que, al adoptar esta política nacionalista, los intereses del naciente Estado soviético comenzaron a prevalecer sobre la lucha de la clase trabajadora internacional. Esto supeditaba los partidos comunistas del mundo a servir como instrumentos de la diplomacia de la URSS, un proceso que la izquierda italiana databa de sus derrotas en Alemania en 1923.
[Reproducimos a continuación la carta de A. Bordiga a K. Korsch como recuerdo de aquella batalla y homenaje al comunismo revolucionario].
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Carta de Amadeo Bordiga a Karl Korsch
Nápoles, 28 de octubre de 1926.
Querido camarada Korsch,
Las cuestiones son hoy tan graves, que sería verdaderamente necesario poderlas discutir cara a cara, amplia y detenidamente: pero esta posibilidad por ahora no la tendremos, desgraciadamente. Ni siquiera la de escribirnos detalladamente sobre todos los puntos de su plataforma, algunos de los cuales podrían dar paso a una útil discusión entre ambos.
Por ejemplo su "modo de expresarse" sobre Rusia no me parece correcto. No puede decirse que "la revolución rusa es una revolución burguesa". La revolución de 1917 ha sido una revolución proletaria, aunque sea un error generalizar las lecciones "tácticas". Ahora se plantea el problema de en que cosa pueda convertirse la dictadura proletaria en un país, si no se produce la revolución en los demás países. Quizás una contrarrevolución, o quizás una intervención extranjera, o bien un curso degenerativo del que habría de descubrirse y definirse los síntomas y sus reflejos en el partido comunista.
No puede decirse simplemente que Rusia es un país en el que se desarrolla el capitalismo. La cuestión es mucho más compleja: se trata de nuevas formas de la lucha de clases que no tienen precedentes históricos. Se trata de mostrar que toda la concepción de las relaciones con las clases medias, sostenida por los estalinistas, es una renuncia al programa comunista. Parecería que usted excluyese la posibilidad de una política del partido comunista ruso que no equivaliese a la restauración del capitalismo. Esto equivaldría a dar una justificación a Stalin, o a sostener la inadmisible política de "dimitir del poder". Sin embargo es necesario decir que una política correcta y clasista en Rusia habría sido posible sin la serie de graves errores de, política internacional cometidos por toda la "vieja guardia leninista" conjuntamente.
Tengo además la impresión - me limito a vagas impresiones – que en sus formulaciones tácticas, aun cuando son aceptables, otorga un valor demasiado preponderante a la sugestión de la situación objetiva, que hoy puede parecer haber girado a la izquierda. Debe saber que nosotros, la izquierda comunista italiana, hemos sido acusados de negarnos a examinar las situaciones: esto no es cierto. Siempre hemos intentado la construcción de una línea de izquierda verdaderamente general y no ocasional, que se fortalece a sí misma a través de fases y desarrollos de situaciones distantes en el tiempo y variadas, probándolas todas en el buen terreno revolucionario, sin ignorar las distintas características objetivas.
Voy sin más a su táctica. Para expresarme con fórmulas coloquiales y no… oficiales, diré que me parece todavía, en las relaciones internacionales del partido, demasiado elástica y demasiado… bolchevique. Todo el razonamiento con el que justifica la posición respecto al grupo Fisher, esto que contaba con empujarlo hacia la izquierda, o, si rehusaban, desvalorizarlo a ojos de los obreros, no me convence y me parece que tampoco en los hechos ha dado buenos resultados. En general, creo, que en primer lugar, hoy, más que la organización y la maniobra debe emprenderse un trabajo previo de elaboración de ideología política de izquierda comunista internacional, basada en las elocuentes experiencias atravesadas por el Comintern. Estando muy atrasados en este punto, cualquier iniciativa internacional se hace muy difícil. Son escasas las coincidencias en nuestras posiciones respecto a la cuestión de la izquierda comunista rusa. Es significativo que hayamos visto las cosas de forma muy distinta: vosotros que desconfiabais de Trotsky, habéis aceptado rápidamente el programa de la solidaridad incondicional con la oposición rusa coincidiendo más con Trotsky que con Zinoviev (comparto esta preferencia). Hoy, que la oposición rusa ha tenido que "someterse, habláis de una declaración en la que debería atacársela por haber abandonado la bandera, cosa que yo no sería partidario de hacer ya que antes nosotros no hemos creído oportuno "fundirnos" bajo esta bandera internacional cuando era sostenida por la oposición rusa.
Zinoviev y Trotsky son sobre todo hombres que tienen un gran sentido de la realidad; y han comprendido que es necesario encajar golpes sin pasar a una ofensiva abierta. No estamos en el momento de la clarificación definitiva, ni de la situación exterior ni de la interior.
1. Compartimos las críticas de la izquierda comunista rusa a las orientaciones de la política estatal del partido comunista ruso. La dirección emprendida por la mayoría del Comité central es combatida por nosotros porque prepara la degeneración del partido comunista ruso y de la dictadura del proletariado, y les conduce fuera del programa del marxismo revolucionario y del leninismo. En el pasado no combatimos la política de estado del partido comunista ruso mientras ésta se limitó al campo delimitado en el discurso de Lenin sobre el impuesto en especie y el informe de Trotsky al IV Congreso mundial. Aceptamos las tesis de Lenin en el III Congreso.
2. Las posiciones de la izquierda comunista rusa sobre la táctica y la política de la Comintern, a parte de la cuestión de la responsabilidad pasada de muchos de sus miembros, son insuficientes. Ni siquiera se aproximan a cuanto dijimos desde el inicio de la Internacional Comunista sobre las relaciones entre partido y masa, entre táctica y situación, entre partidos comunistas y el resto de partidos también llamados obreros, sobre la valoración de las alternativas de la política burguesa. Se acercan algo más, pero no del todo, a las cuestiones sobre el método de trabajo en la Internacional y a la interpretación y funcionamiento de la disciplina interna y del fraccionalismo. Son satisfactorias las posiciones de Trotsky sobre la cuestión alemana de 1923, como suficiente es su juicio sobre la presente situación mundial. No puede decirse lo mismo de las rectificaciones de Zinoviev sobre la cuestión del frente único y de la Internacional Sindical Roja, y sobre otros puntos que tienen valor ocasional y contingente y que no dan fe de una táctica que evite los pasados errores.
3. Dada la política de presión y provocación de los dirigentes de la Internacional y de sus secciones, todo intento de organización de los grupos nacionales e internacionales contra la desviación derechista presenta peligros escisionistas. No hay que desear la escisión de los partidos y de la Internacional. Hay que dejar que madure la experiencia de la disciplina artificiosa y mecánica, siguiéndola en sus absurdos procedimientos hasta donde sea posible, sin renunciar jamás a las posiciones de crítica ideológica y política, y sin solidarizarse nunca con la dirección que hoy prevalece. Los grupos ideológicos que poseen una posición de izquierda tradicional completa no podían solidarizarse incondicionalmente con la oposición rusa, pero no pueden condenar su reciente sumisión, que no supone una conciliación, sino que es sólo consecuencia de unas condiciones que no tenían más alternativa que la escisión. La situación objetiva y externa es aún tal que ser expulsado de los cuadros del Comintern significa disminuir la capacidad, no solo en Rusia, de modificar el curso de la lucha de la clase obrera respecto a la que se tiene si se permanece en el interior de los partidos.
4. En todo caso sería inadmisible una solidaridad y unas declaraciones políticas comunes con elementos como Fisher y compañía que, incluso en otros partidos como el alemán, han tenido recientes responsabilidades de dirección del partido siguiendo la orientación derechista y centrista, y cuyo paso a la oposición ha coincidido con la imposibilidad de conservar la dirección del partido de acuerdo con la dirección central de la Internacional, y con las críticas hechas por la Internacional a su trabajo. Esto sería incompatible con la defensa del nuevo método y del nuevo curso de la Internacional comunista, que debe suceder al método maniobrero de carácter parlamentario y funcionarial.
5. Con cualquier medio, que no provoque la expulsión del partido, debe denunciarse a la dirección dominante como responsable de llevar al oportunismo y de traicionar la fidelidad a los principios programáticos de la Internacional, que incluso grupos distintos a los nuestros tienen el derecho de defender si se plantean la causa de las deficiencias iniciales – no teóricas, sino tácticas, organizativas y disciplinarias que han hecho que la Internacional sea aún susceptible de caer en peligros degenerativos.
Creo que unos de los defectos de la actual Internacional es el de ser "un bloque de oposiciones" locales y nacionales. Hay que reflexionar sobre esto, por supuesto sin llegar a exageraciones, pero atesorando estas enseñanzas. Lenin derrochó mucho trabajo en intentos de reagrupación material "espontánea" de varios grupos, para intentar sólo después fusionarlos homogéneamente, al calor de la revolución rusa. En gran parte no lo consiguió.
Comprendo perfectamente que el trabajo que propongo no es fácil en ausencia de medios organizativos, de prensa y propaganda, etcétera. A pesar de todo creo que aún debemos esperar. Llegarán nuevos acontecimientos externos, y en todo caso cuento con que el actual estado de asedio acabará por agotamiento antes de vernos obligados a responder a las provocaciones. Creo que no debemos, en esta ocasión, dejarnos arrastrar por el hecho de que la oposición rusa se haya visto obligada a firmar frases contra nosotros, aunque sólo fuera por ceder en algún punto en la tormentosa preparación del documento. También estos actos reflejos entran en el cálculo de los "bolchevizadores". Intentaré enviaros elementos de análisis sobre los temas italianos. No hemos aceptado la declaración de guerra constituida por los procedimientos de suspensión de algunos miembros directivos de la izquierda, y la cuestión no ha tenido continuidad de carácter fraccional. Las baterías de la disciplina han disparado hasta ahora con algodón. No es una línea demasiado hermosa y que nos plazca a todos, pero es la menos mala posible. Os mandaremos copia de nuestro recurso a la Internacional.
En resumen, no creo que sea el momento de hacer una declaración internacional como usted propone, y tampoco creo que podamos hacer nada en el plano organizativo. Sí creo que pueda ser útil hacer, en todos los países, manifestaciones y declaraciones ideológica y políticamente similares en su contenido sobre los problemas de Rusia y del Comintern, sin por ello llegar a caer en el extremo del "complot" fraccional, elaborando cada uno libremente su propio pensamiento y sus propias experiencias.
En esta cuestión interna insisto en que a menudo es mejor la táctica de dejarse llevar por los acontecimientos, que por supuesto en las cuestiones "externas" es muy dañosa y oportunista. Y aún más dado el juego especial del mecanismo del poder interno y de la disciplina mecánica que persisto en creer destinada a infringirse a sí misma.
Sé que he sido poco claro e insuficiente. Perdóneme y acepte mis cordiales saludos.
Traducido por Balance (octubre 2003)
Las protestas en Bolivia y la necesidad de
la lucha de clase independiente
Durante varias semanas, Bolivia ha enfrentado una ola de protestas, manifestaciones y bloqueos de carreteras. La capital, La Paz, se encuentra prácticamente paralizada por los bloqueos, que durante más de cuatro semanas han provocado escasez de productos básicos y han paralizado la actividad económica. Desde principios de mayo, las protestas se han extendido a gran parte del país, involucrando a diversos sectores: pequeños productores de coca, organizaciones indígenas, pequeños comerciantes, camioneros, mineros, maestros y otros.
El gobierno ha acusado al expresidente Evo Morales y a grupos del narcotráfico de ser responsables del movimiento, lo que constituye un intento flagrante de desacreditar a los manifestantes. Si bien es cierto que los partidarios de Evo Morales se enfrentaron con la policía en La Paz tras una marcha de varios días desde el departamento de Oruro (1), el descontento con la política gubernamental se extiende mucho más allá de los pequeños productores de coca.
Los vacuos llamamientos del gobierno al diálogo, sumados a la represión de las manifestaciones (hubo al menos cuatro manifestantes muertos), no lograron frenar el movimiento: a principios de junio había alrededor de un centenar de bloqueos de carreteras, y la renuncia del presidente, seis meses después de su elección, se convirtió en una de sus principales demandas.
Rodrigo Paz, quien asumiría la presidencia en noviembre de 2025, fue elegido bajo la consigna de “capitalismo para todos”. Aprovechó el rechazo al MAS (Movimiento al Socialismo), que había estado en el poder durante veinte años (con la excepción del golpe de Estado de 2019) y estaba manchado por escándalos de corrupción, dividido entre partidarios y opositores de Evo Morales, y sobre todo, incapaz de afrontar la crisis económica más grave que el país había experimentado en décadas: el año pasado fue la primera vez que el país entró en recesión en 40 años (excluyendo el año de la Covid): inflación cercana al 20% (anual), una caída del PIB del1,6%, que el FMI prevé que alcance el 3,3% en 2026. Los beneficios de la venta de materias primas, especialmente gas, habían impulsado durante años el crecimiento económico y garantizado la paz social mediante la redistribución de una parte de estos ingresos. Pero la caída en la producción de gas provocó un fuerte descenso de estos ingresos (de más de 6.000 millones de dólares en 2014 a 1.100millones de dólares en 2024), sumiendo las finanzas del país en números rojos y desencadenando la crisis económica. Paz había prometido rectificar la situación sin recurrir a medidas de austeridad drásticas, como exigían los partidarios de extrema derecha, y procurando no afectar desproporcionadamente a las clases pobres.
Pero una vez elegido, sus promesas de campaña se desvanecieron; el nuevo gobierno, integrado por figuras de extrema derecha (como el comandante policial responsable de las masacres durante el golpe de Estado de 2019) y con el apoyo de Estados Unidos y la Argentina de Milei, inevitablemente comenzó a servir abiertamente a los intereses de las grandes empresas; implementó una política de austeridad antisocial en consonancia con las recomendaciones del FMI. Se eliminaron los subsidios a los combustibles, provocando un repunte inflacionario, sin que mejorara la calidad de la gasolina importada (2). Se eliminó el impuesto sobre el patrimonio, etc. Para satisfacer una antigua demanda de los grandes terratenientes, una ley (1720) modificó los derechos sobre la tierra para permitir la apropiación de tierras por parte de la agroindustria. Pero la promulgación de esta ley 1720 en abril provocó una reacción inesperada: estallaron poderosas protestas de organizaciones campesinas e indígenas, obligando al gobierno a derogarla parcialmente tras 24 días de movilización. Este revés impulsó la expansión del movimiento contra las medidas de austeridad del gobierno.
El movimiento fue liderado por la COB (Central Obrera Boliviana) y los sindicatos campesinos. Sin embargo, la COB no es un sindicato de clase y solo busca evitar la radicalización del movimiento. Si bien una asamblea sindical votó el 1 de mayo a favor de una huelga general, la COB se negó a implementar esta decisión; prefirió organizar grandes manifestaciones “por la democracia” y la defensa de la patria, y apoyar la demanda de renuncia del presidente, es decir, la organización de nuevas elecciones. Si bien la dirigencia de la COB no se ha atrevido hasta ahora a responder positivamente a las ofertas de diálogo de Rodrigo Paz – en varias partes del país, los manifestantes desbordaron a las organizaciones sindicales, acusándolas de intentar obstaculizar la lucha –, es evidente que buscan una manera de poner fin al conflicto de la forma menos dolorosa para el orden establecido. Si fracasan, el gobierno se está preparando para recurrir a la fuerza: ha promulgado una ley que autoriza el uso del ejército.
Para el proletariado y las masas pobres, la democracia no es más que una farsa. La crisis capitalista supone una ola redoblada de ataques antisociales y antiobreros, independientemente del gobierno de turno. Frente a estos ataques, solo una lucha decidida, basada en principios claramente anticapitalistas, puede ser efectiva. Esto implica una lucha y organización de clases independiente, para la defensa exclusiva de los intereses proletarios y no de los intereses de la “patria” o del “pueblo”, es decir, en última instancia, intereses burgueses; el interclasismo siempre implica el sacrificio de los intereses proletarios. El proletariado tiene el potencial de doblegar al poder burgués, siempre que luche desde posiciones de clase y con métodos de clase.
De este modo, puede atraer a la lucha a la pequeña burguesía y al campesinado rebeldes, en lugar de ser engullidos por un magma “popular” paralizante. Esta es la perspectiva que debe seguir, contraria a lo que defienden los diversos grupos de extrema izquierda que abogan por la democracia popular y son serviles al COB.
¡Por la lucha de clase independiente del proletariado!
¡Por la reconstitución del partido internacional de clase!
¡Por la revolución comunista internacional!
Partido Comunista Internacional, 6 de junio de 2026
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(1) Evo Morales se refugió en esta región para escapar de una condena judicial.
(2) Por razones económicas el Estado importa gasolina poco refinada que obstruye los motores.
Elecciones en Castilla y León
Las elecciones contra el proletariado
España, desde principios de año, ha iniciado un periodo electoral, con diversos episodios de elecciones regionales que deberán conducir al próximo enfrentamiento por el gobierno del estado en 2027. Han coincidido elecciones autonómicas que decían darse por fecha (como las de Castilla y León), con otras que han sido adelantadas por los gobiernos regionales del PP (partido conservador) como forma de desgaste del gobierno de la nación presidido por Pedro Sánchez.
Primero han sido las elecciones en Extremadura, después en Aragón, ahora en Castilla y León y el próximo mes de junio tendrán lugar las de Andalucía. Estas comunidades autónomas están siendo actualmente gobernadas por el Partido Popular en solitario, pero con la necesaria participación de VOX. El movimiento del PP iba encaminado a soltar lastre (frente a VOX) y a minar los apoyos y el poder del partido en el gobierno, el PSOE de Pedro Sánchez. Sin embargo, la maniobra parece no estar sirviendo para lo primero. Si el PSOE ha perdido en Aragón y Extremadura, no ha ocurrido lo mismo con VOX que ha seguido aumentando sus apoyos. El PP, lejos de conseguir convertirse en la única fuerza del cambio, se hace cada vez más dependiente de la extrema derecha. Pero al menos tiene una llave para llegar a la Moncloa.
Actualmente, Castilla y León es la región más extensa de Europa. Tiene 2.248 de los 8.131 municipios españoles y por extensión ocupa el 18,6% del país, pero solo vive el 4,8% de la población. El PIB de Castilla y León supone el 4,7% del total nacional, lo que la sitúa en séptimo lugar entre todas las regiones.
En términos demográficos, es la sexta región más poblada, con casi 2,4 millones de habitantes, el 4,9% de la población total; pero es la segunda región más envejecida, solo por detrás de Asturias y hasta hace bien poco ha sido una región principalmente emigrante (300.000 jóvenes en lo que va de siglo). Solo en los últimos años parece estar cambiando ligeramente la tendencia con la venida de inmigrantes que ya suponen una parte importante de la población en ciertas ciudades y comarcas. La región, que partía en el siglo XX con niveles económicos muy por debajo de otras regiones del Estado, ha ido convergiendo en los últimos años, con este contexto de estancamiento demográfico y crecimiento económico modesto. El paro es inferior a la media española, situándose en el 8,7%.
La emigración castellana y leonesa se ha dirigido durante todo el siglo XX hacia el exterior: a América antes de la guerra, a Europa durante el franquismo... al País Vasco, Madrid y otras zonas industrializadas durante los últimos 120 años. Este es el “problema de la despoblación”, un problema que ha servido al capital español para dar vida a sus polos industriales. Un problema que ha sido la oportunidad de algunos: en los 70, 80 y 90, los pueblos que iban perdiendo población vieron el crecimiento de las propiedades de ciertos empresarios agrarios con nuevas tierras compradas a los que se iban, arrendadas a los que ya no vivían, hasta convertirse en grandes poseedores. Los agricultores que hoy dominan el campo son principalmente esta burguesía agraria que ha crecido desde el franquismo. Estos empresarios agrarios se ven inmersos en el círculo de la productividad capitalista. Desde este punto de vista, el éxodo rural tuvo efectos realmente positivos para el capitalismo: los campesinos encontraron tierras, se convirtieron en empresarios agrarios, los emigrados les vendieron las parcelas que les quedaban... la reforma agraria largamente dilatada y la concentración son ya un hecho incontestable.
En cuanto a su estructura productiva, Castilla y León destaca por un mayor peso relativo de la agricultura (5,8% vs. 2,7% en España) y la industria, tanto extractiva (6,9% vs. 4,2%) como manufacturera (15,3% vs. 11,9%), donde sobresalen las ramas agroalimentarias, de automoción y química-farmacéutica. En 2024, exportó bienes por valor de 20.010 millones de euros, lo que supone el 5,2% de las exportaciones españolas. Los principales sectores exportadores son automoción (39,3% del total), alimentación (16,5%), sobre todo carne, y productos químicos (9,7%). La industria de Castilla y León ha crecido por encima del crecimiento de otras regiones, y viene impulsada por capital autóctono (automoción y agroalimentaria), nacional (madrileño, vasco y catalán) y extranjero (principalmente europeo). Su especialización como gran área de producción energética (antes térmica, siempre hidroeléctrica, ahora también solar y eólica) la convierte en la principal productora de España... al servicio de su propia industria, pero fundamentalmente de Madrid, del País Vasco y de otras regiones circundantes.
La clase trabajadora en Castilla y en León se concentra en las zonas urbanas; en las zonas rurales (que son la mayoría) existe, en diversas formas, desde el proletariado agrícola e industrial migrante, al autóctono que trabaja en alguno de los talleres, obras o factorías de la región. Pero el peso dominante lo lleva, en la calle, el “partido agrario”. Las rebeliones en las que ha participado el proletariado de lo que hoy es la Comunidad Autónoma, que han sido importantes (1856,1905,1917,1934...), han sido salvajemente derrotadas y la represión se ha cebado sobre ella. Pero esa clase ha vuelto siempre a organizarse, a resistir y a luchar. Lo demostraron fábricas como Renault o Cyfisa en los 70. Lo demostraron, en este siglo XXI, los mineros en Cistierna (en León), los jóvenes obreros de Gamonal (en Burgos).
Los problemas a los que se enfrenta el proletariado en estas tierras son los mismos, exactamente los mismos, que en cualquier región desarrollada: la emigración, el paro, la pobreza, la muerte en accidentes de trabajo, la carestía de la vivienda, el deterioro de los servicios asistenciales y públicos (sanidad y educación), la pérdida de salario real... El problema mayor de este proletariado es el mismo que el del resto, pero acrecentado, porque es escaso y suele estar muy solo frente a todas las fuerzas del oportunismo. Necesita reconocerse como clase, luchar unido contra los diversos poderes burgueses y pequeñoburgueses que dominan en muchos pueblos y pequeñas ciudades.
Las elecciones regionales son el circo con el que los acróbatas entretienen a la población, para que el final de la función sea cómo gestionar la explotación a todos los niveles. Y esto parece ser lo que se dirime en estas próximas elecciones. Si la región sigue con la práctica del diálogo social, la concertación sindical, será la comunidad tranquila que ha venido siendo durante la época democrática... pero quizá están llegando las zozobras que en todo el mundo sacuden las relaciones entre las grandes potencias y a las mayores economías. La guerra está cerca, que no a la puerta. Y eso es lo que parece significar el papel de partidos expresamente reaccionarios y autoritarios (pro-fascistas) como es VOX.
VOX entró en el gobierno regional en las pasadas elecciones. Propuso alguna medida destinada a romper el diálogo social, oficinas antiokupación, toros y muchas banderas de España. El PP lo aceptó, hasta que el propio VOX pensó que no quería ser muleta de las políticas del PP. Porque el PP tenía claro que estaba con VOX en un gobierno que... gobernaba el PP.
Las expectativas de este bloque, el bloque conservador, parecen las mismas que en las anteriores elecciones o con muy pequeños cambios. En el otro supuesto bloque, el del PSOE, parece haber un cambio en la región y unas mejores expectativas que en las últimas elecciones en Aragón o Extremadura. Pero la llegada de VOX supone un nuevo clavo que fortifica el poder conservador. Y sin embargo la ruptura del gobierno de ambos augura que las cosas no están fáciles. Los grupos de la izquierda (IU, Podemos) y los partidos regionales (UPL) o provinciales (Por Ávila, Soria ya) pueden sacar algún procurador, pero es difícil que puedan llegar a pactar por el gobierno regional.
Porque este es el problema de estas y de otras elecciones también: la extensión del virus de la burguesía, de la mentalidad democrática y la práctica del poder democrático: el municipalismo, el provincianismo, el localismo de la burguesía local y sus intereses. Las distintas facciones del capital se pelean por el reparto del pastel... el proletariado debe aprender a pelear por sí mismo, por sus intereses como clase, fuera del politiqueo personal y electoral. Para resistir primero, antes de tener la fuerza para poner fin a este sistema que vive de la miseria, la injusticia y la explotación, los proletarios y las masas pobres tendrán que tomar el camino de la lucha de clase contra los capitalistas, sus políticos y sus lacayos de toda especie.
El terreno electoral es un terreno minado de engaños. No es por medio de la papeleta electoral que se puede resistir a los ataques de los capitalistas, y de oponerse a los intereses dominantes. El único terreno sobre el cual es posible resistir a los capitalistas es el de la lucha abierta, ¡la lucha de clase!
Con su trabajo los proletarios crean todas las riquezas de la sociedad, y por ello tienen una fuerza revolucionaria potencial inmensa. Pero para que esta fuerza pueda concretarse, los proletarios tienen que organizarse sobre bases de clase, uniéndose por encima de todos los límites de empresa, corporación, profesión, sexo, raza, religión, provincia o nacionalidad. Primero, para emprender la lucha cotidiana de defensa, y después para llegar a la terrible hora de decidir entre democracia reformista y revolución proletaria, antes de poder lanzarse a la lucha revolucionaria para abatir el poder burgués e instaurar su poder dictatorial de clase, instrumento indispensable para extirpar al capitalismo.
¡ Contra la defensa de la economía nacional, por la defensa exclusiva de los intereses de la clase proletaria !
¡ No al circo electoral, sí a la lucha de clase !
23 de febrero de 2026
Partido Comunista Internacional
Il comunista - le prolétaire - el proletario - proletarian - programme communiste - el programa comunista - Communist Program
Sobre la “huelga por Gaza” del día 15:
Los sindicatos colaboracionistas lanzan gestos vacíos mientras la masacre continúa en Palestina.
Sólo la lucha de clase proletaria podrá liquidar la guerra imperialista.
El próximo día 15 de octubre las dos grandes organizaciones sindicales han convocado una “huelga” de dos horas en solidaridad, “contra el genocidio en Gaza”. Esta convocatoria viene después de una serie de actos y manifestaciones masivos que han llamado la atención por su gran capacidad de convocatoria, como el boicot a la participación de un equipo israelí en la Vuelta Ciclista, las huelgas estudiantiles o las grandes manifestaciones por el aniversario del inicio de la actual guerra en Gaza.
El objetivo de CC.OO. y UGT es evidente: colocarse al frente, en el terreno laboral y “social” en el que se desarrolla la huelga, del movimiento en solidaridad con el pueblo palestino y, con ello, dar su contribución para que éste tenga un carácter meramente simbólico, sin ninguna trascendencia, más allá de la protesta estéril y el pacifismo inútil. En septiembre del año pasado organizaciones sindicales como CGT o Solidaridad Obrera ya convocaron una huelga por los mismos motivos. ¿Cuál fue entonces la posición de CC.OO. y UGT? Negarse a participar en ella. Una muestra más de la hipocresía, no moral sino política, que esconde esta convocatoria.
Por su parte, los sindicatos minoritarios, como CGT o los nacionalistas en Cataluña y Euskadi, han lanzado sus propias convocatorias, de “huelga” total durante el día 15 y no limitada como la de CC.OO. y UGT. Sobre esta convocatoria, de mucho menor alcance, y que replica la fragmentación y el aislamiento a que los grandes sindicatos someten al proletariado, se puede repetir lo que dijimos hace un año: sin promover la huelga entre los trabajadores, basándose en una difusión publicitaria y efectista de la misma, esta huelga por decreto coloca a estas organizaciones en el mismo nivel que CC.OO. y UGT.
¡Proletarios!
La guerra de destrucción y devastación que Israel lleva a cabo en Gaza y que seguirá, más pronto que tarde, tanto en la Franja como en Cisjordania, pese a los planes de paz de Estados Unidos, muestra la violencia que es capaz de ejercer una potencia imperialista, contra poblaciones enteras, para imponer sus exigencias territoriales, étnicas o nacionales, detrás de las cuales siempre está el beneficio económico que espera lograr tras la guerra. En el caso de Israel, la situación resulta especialmente sangrante porque en Gaza se está exterminando a la población palestina, primer paso para la consolidación del Gran Israel, con el que tanto la burguesía hebrea como las principales potencias imperialistas de Occidente sueñan desde hace décadas. Como ha llegado a decir el nuevo canciller alemán Merz: Israel está haciendo el trabajo sucio para beneficio tanto suyo como de los occidentales.
La imposición no sólo en el territorio palestino sino en todo Oriente Medio (Siria, Líbano, Egipto…) de un orden imperialista de extrema dureza, capaz de contener en este territorio la amenaza para el comercio y los negocios de Europa y Estados Unidos que supone la presencia de potencias regionales como Irán, ahora aliado a China y a Rusia, es el objetivo primero que se persigue con esta matanza que dura ya dos años. Es por ello que, junto a los bombardeos en Gaza, hemos visto ataques continuos a territorio libanés, bombardeos sobre Damasco, etc. Y en medio, en el centro de ese objetivo, se encuentran las masas palestinas, inermes, desheredadas y machacadas, tanto por décadas de políticas criminales israelíes como por la dureza con que han sido tratadas por las potencias árabes que supuestamente les apoyaban. El orden imperialista mundial juega sus fichas en el tablero de Oriente Medio, como hace un siglo lo hizo en los Balcanes, y la destrucción que esto conlleva golpea a diario a los palestinos en forma de ataques militares y hambruna.
¡Proletarios!
La actual guerra en Gaza muestra el futuro que espera a los proletarios de Estados Unidos y de Europa. En aquel territorio, sus burguesías imponen sus exigencias y su régimen de terror sobre la población palestina, como un paso ineludible en la preparación de un enfrentamiento a mayor escala. Buscan asegurar una paz teñida de sangre y acompañada de la destrucción a escala de toda Gaza, con la que consolidar su posición en la región… para poder dedicar sus esfuerzos y sus recursos a preparar la guerra, de mucho mayor alcance, que está por venir. Controlando la región, buscan tanto el beneficio inmediato como expulsar de ella a las potencias imperialistas rivales (China, Rusia, etc.), porque saben que el enfrentamiento futuro deberá ser con ellas, cualesquiera que sean la alianzas que prevalezcan en un momento u otro.
Es por ello que la victoria de sus burguesías, el triunfo de la coalición internacional que alimenta y ayuda al Estado de Israel, supone un triunfo del militarismo, en el plano social, político y económico, con el que sus burguesías buscan forzar al proletariado a aceptar las exigencias que planteará la guerra de mañana. Con la guerra actual en Gaza, la burguesía no sólo extrae un beneficio a corto y medio plazo, sino que refuerza las cadenas con las que aprisiona a la clase trabajadora de Alemania, Francia, Estados Unidos o España.
¡Proletarios!
El proletariado de los países imperialistas, principales responsables de las iniciativas bélicas de Israel no sólo contra Hamás o la Autoridad Nacional Palestina, sino, en general, contra el pueblo palestino en su conjunto, tiene la tarea, como clase, de luchar contra su propia burguesía, contra sus intereses nacionales y extranjeros y, por lo tanto, contra el militarismo creciente que prepara principalmente sobre todo a las masas proletarias para la guerra (y no solo para la guerra mundial cuando estalle, sino también para las expediciones bélicas, aunque sean «locales») porque es algo que se lleva a cabo en el exclusivo interés burgués e imperialista.
Esta lucha del proletariado contra su propia burguesía —que en esencia es una lucha contra la colaboración de clases— es la verdadera forma de solidarizarse con los pueblos oprimidos y masacrados en otros países, como es el caso de los palestinos y de cualquier otro pueblo reprimido por los poderes dominantes; es, al mismo tiempo, la forma de revelar ante los proletarios de todos los demás países y ante los pueblos dominados y oprimidos que la lucha de clases de los proletarios de los países imperialistas es la única lucha que puede influir en la política imperialista y en las iniciativas de las burguesías imperialistas, la única lucha que puede poner en dificultades a la burguesía imperialista y a la que pueden sumarse y unirse los proletarios de los demás países imperialistas y de los países en los que se lleva a cabo la represión más dura y la masacre por parte de los poderes burgueses nacionales, ampliando así el frente de la lucha de clases que, en perspectiva, transformará la guerra imperialista en guerra entre clases.
¡Proletarios!
Esta lucha de clase, a la que es llamada la clase trabajadora y que deberá asumir hoy o mañana, cuando los tambores de guerra ya hagan un ruido ensordecedor, pasa por la lucha contra las exigencias burguesas también dentro del propio país. La burguesía busca disciplinar política y socialmente al proletariado para que acepte sus imposiciones económicas y bélicas, que inevitablemente traerán (ya lo están haciendo) consecuencias nefastas para la vida de los trabajadores. La lucha contra la guerra imperialista es también la lucha por las condiciones de vida de los proletarios, la lucha por un salario que permita vivir, la lucha contra la carestía, la lucha contra los ritmos de trabajo imposibles de asumir, contra los accidentes laborales… porque en todos estos terrenos la clase burguesa busca extraer del proletariado hasta la última gota de beneficio y lo hace con el ojo puesto en reinvertirlo en nuevas y más dolorosas campañas bélicas.
Para afrontar este camino, la clase proletaria debe romper con la política de paz social, de conciliación con la clase burguesa, que existe desde hace demasiadas décadas. Debe retomar la lucha por medios y métodos clasistas y en defensa exclusiva de sus intereses. Y para ello debe romper con las políticas pseudocombativas que los grandes (y, tras ellos, los pequeños) sindicatos le imponen, con su intento de llevar el malestar social que ha creado la guerra en Gaza hacia el camino del pacifismo y la protesta vacía. Las huelgas simbólicas, incluso las de un día, no destruyen sino refuerzan, porque engañan y desvían la atención, los lazos que apresan a los proletarios en la red del frente interclasista. Los mismos sindicatos que fingen llorar por Gaza permiten cualquier medida anti obrera de la burguesía, sabotean huelgas ejemplares como las de los proletarios del metal de Cádiz o Cartagena, y brindan gustosos con la burguesía cada vez que se abre una fábrica de armas.
Aunque la paz social sea la tónica que prevalece hoy en día, el ejemplo dado por los estibadores de Génova, Turquía y otros países, negándose, en una acción coordinada internacionalmente, a cargar armas para Israel, muestra que es posible salir de la situación de derrota permanente, que la clase proletaria tiene una fuerza que puede hacer temblar los cimientos del orden burgués, a condición de que se dirija contra el enemigo de clase y que se ejerza con medios y métodos verdaderamente clasistas.
¡Por la recuperación de la huelga como arma de la lucha de clase del proletariado tanto para las reivindicaciones inmediatas como para las generales!
¡Por la reorganización clasista del proletariado!
¡Por la solidaridad internacionalista con los proletarios y las masas oprimidas palestinas, en Ucrania, en Rusia y en cualquier otro país! ¡Por la ruptura de los frentes nacionales!
¡Por la defensa intransigente de la lucha de clase proletaria!
09/10/2025 Partido Comunista Internacional (El Proletario) - www.pcint.org
Intento de pogromo y razias contra los inmigrantes en Torre Pacheco
Una única salida: la lucha de clase, por encima de toda división nacional, étnica o racial.
En Torre Pacheco, Murcia, después de varias semanas de supuestos incidentes violentos, siempre achacados a inmigrantes marroquíes (varios de ellos bulos propagados por grupos de extrema derecha en redes sociales) se ha asistido a un “estallido racista” en el que centenares de vecinos del pueblo, acompañados por otros centenares de elementos de extrema derecha desplazados hasta allí para participar en los disturbios, se han enfrentado a inmigrantes marroquíes, yendo a buscarles a sus barrios, apaleándoles por la calle, atacando sus establecimientos, etc. Por su parte, los inmigrantes, especialmente los jóvenes, han respondido con contundencia, enfrentándose con los manifestantes y con la policía, dejando varios heridos y algún detenido. De hecho, si se hace caso a la prensa burguesa y a las no menos burguesas redes sociales, los elementos de extrema derecha que prometían una especie de limpieza étnica exprés en el pueblo habrían pagado en sus propias carnes su bravuconería y ni siquiera la ayuda de la policía, la Guardia Civil y la cobertura mediática dada a su favor habría evitado que alguno de ellos haya sido hospitalizado.
Estos sucesos no tienen nada de espontáneos. Desde hace semanas algo similar se venía fraguando: primero fue el frustrado intento de un grupo neo nazi de concentrarse frente al centro de menores de Hortaleza (Madrid), luego las manifestaciones contra la violación de una mujer por parte de un maliense en Alcalá de Henares (también Madrid), finalmente Torre Pacheco. Y durante todo este tiempo en varios pueblos y pequeñas ciudades de España han aparecido carteles llamando a la defensa de la “seguridad ciudadana” y a “combatir” a unos supuestos agresores marroquíes… Todo tiene el tono característico de una campaña premeditada, para la cual, desde hace tiempo, se lleva buscando únicamente un pretexto con el que desencadenar algo como lo de este fin de semana pasado en Murcia.
Torre Pacheco es uno de los pueblos con menor renta per cápita de España. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, ésta era en 2022 de 9.016 euros. Un dato efectivamente muy bajo si se tiene en cuenta que es uno de los pueblos agrícolas más importantes de la Comunidad de Murcia y que tiene una próspera industria centrada en la transformación agrícola y el sector hortofrutícola (tanto productos para el consumo nacional como destinados a la exportación). ¿Cuál es la explicación para esta aparente discrepancia? Que en Torre Pacheco, como en todo el arco del Sur mediterráneo, desde Almería hasta Murcia, se concentra uno de los estratos del proletariado peor pagados del país; de manera que la pobreza estadística de la región refleja, en realidad, una fortísima polarización social, una distribución económica sustentada en que una clase poseedora, fundamentalmente medianos y pequeños agricultores propietarios de la tierra y del capital necesario para explotarla, emplea a los jornaleros a cambio de salarios de miseria y hambre. La estadística da una visión equivocada de pobreza generalizada, cuando lo que existe es miseria proletaria y riqueza burguesa.
Más allá de esto, Torre Pacheco, como el conjunto del campo español, tanto el de interior basado en la agricultura extensiva como el de la periferia donde predomina el ultra moderno cultivo de invernadero, pasa por una profunda crisis que está haciendo que muchas empresas dejen de ser rentables, como consecuencia de la entrada en el mercado mundial de nuevos productores africanos y latinoamericanos. Así, desde 2012, la superficie cultivada en el pueblo ha caído un 52%, de casi 15.000 Ha. a muy poco más de 7 mil. De acuerdo con los datos que proporciona la Consejería de Economía murciana, esta disminución del cultivo apenas ha implicado un descenso del empleo en la agricultura, que ocupa en el pueblo, aproximadamente, a 14 mil personas, también desde 2012. Pero fuera de la agricultura, los últimos años han implicado un incremento considerable del nivel de ocupación y, por lo tanto, de descenso del desempleo: un 70% más de empleo en la industria, un 45% más en la construcción y un 50% en el sector servicios. Es por ello que el paro ha caído, en el municipio, un 60%.
Estas son las cifras oficiales, que sirven para mostrar, tomando como aproximación los datos de empleo, que la economía de Torre Pacheco padece dos influencias contrapuestas: por un lado, un ajuste entre sectores productivos que caracteriza desde hace años a buena parte del campo español, que hace poco rentable la pequeña producción agraria y que está liquidando empresas de este sector cada año. Por otro lado, una recuperación de la producción no agraria desde los niveles de la crisis de 2012 y como consecuencia, un aumento del empleo y de la consiguiente importación de trabajadores, vía inmigración legal y/o ilegal. Es una situación generalizada en todo el país: la recuperación económica, la supuesta “bonanza” capitalista, no se produce sin desequilibrios. Aparecen las fricciones entre sectores productivos que se reflejan en enfrentamientos entre diferentes estratos burgueses y pequeño burgueses. Por otro lado, la exigencia por parte del capital de una mano de obra muy barata, que padece unos salarios que son los únicos que permiten la rentabilidad de la inversión realizada, incrementa las tensiones sociales porque la burguesía logra aumentar así la competencia entre proletarios, dirigiendo hacia ese fin todos sus esfuerzos y recursos, propagando los enfrentamientos, dando cobertura a todas las corrientes nacionalistas, racistas y xenófobas… con el fin no de expulsar a esos inmigrantes, a los que tanto necesita, sino de disciplinar a los nuevos proletarios y hacer caer sobre ellos el peso del malestar social que el propio desarrollo capitalista genera.
¿Se quiere una explicación acerca de la violencia de estos últimos días? Ahí se tiene. La burguesía, sobre todo una burguesía como la española que históricamente sólo ha logrado mantener las bases de su competencia en el mercado internacional gracias a los bajísimos salarios del proletariado al que explota, requiere mano de obra importada con el fin de garantizar esos bajos salarios. La importa en contingentes legales o ilegales y, dentro del país, la priva de cualquier derecho, excepto el de ser explotada.
En los puntos más crueles y abyectos de este proceso, separa a niños de sus padres, encierra a menores con adultos, da vía libre a las organizaciones criminales dedicadas a la trata de blancas, a la extorsión y al asesinato para que hagan negocio… En definitiva, trata a los inmigrantes como animales. ¿Se extraña alguien, después, de cualquier tipo de violencia? Un solo grupo social es culpable: la burguesía, clase criminal por excelencia. Y esto vale tanto para la burguesía española, que hacina, reprime, maltrata y asesina a los proletarios migrantes como para cualquier otra, particularmente la marroquí, que desde hace décadas trata de mantener un control estricto sobre sus “súbditos en el extranjero” desarrollando un amplio sistema de espionaje y represión a través de las mezquitas y los elementos de la pequeña burguesía comerciante: ambas juegan un papel en el mercado de la explotación proletaria.
Los sucesos de Torre Pacheco han sido buscados y casi programados. Porque incluso en los momentos de relativo auge económico, de cierta -limitadísima- estabilidad, el capitalismo sólo puede existir creando desorden, caos y sufrimiento. Necesita este tipo de situaciones, estas razias alentadas y televisadas, para, por un lado, dejar salir la presión que se genera irremediablemente en su sociedad y que se trata de encauzar siempre hacia cualquier forma de violencia contra los proletarios; mientras por otro lado, necesita utilizar ese enfrentamiento, esa violencia, para disciplinar y someter por el miedo a los miles de nuevos proletarios que llegan a España para ser explotados en el campo y en la ciudad. Torre Pacheco les muestra su destino: trabajar en condiciones penosas y estar siempre sometidos a que, con cualquier excusa, se desencadene la violencia contra ellos. En este caso, ha sido una violencia “popular” (la de los hijos de la pequeña burguesía), pero siempre, en toda ocasión, es la violencia institucional y policial. Y esta política no es propia de uno u otro sector de la burguesía.
Toda la clase burguesa está de acuerdo con ella y la promueve jugando su correspondiente papel en su desarrollo. Los grupos nacionalistas tipo VOX y sus satélites callejeros, azuzan abiertamente los intentos de pogromos. Pero el gobierno de coalición PSOE – SUMAR deja hacer, permite la movilización de los grupos de extrema derecha, se niega a enviar a la policía y, cuando lo hace, les ordena reprimir a los inmigrantes que se defienden y no a los fascistas que pretendían “cazarles”. La confluencia, e incluso la coordinación técnica, entre todas las fuerzas de la burguesía es un hecho: los sucesos de Torre Pacheco no habrían tenido lugar si el Ministerio del Interior de Grande Marlaska (del PSOE), el mismo que ha mandado detener a más de 25 obreros del metal en Cádiz, no lo hubiera querido.
Los sucesos de Torre Pacheco se parecen, como dos gotas de agua, a los que tuvieron lugar en El Ejido hace 25 años. Entonces, un caso de violencia similar al de la semana pasada desencadenó días de persecuciones de trabajadores magrebíes, incendios de sus casas, intentos de asesinato… todo bajo la expectación cómplice de las autoridades, que también entonces veían necesario dar una lección a un proletariado al que querían enseñar qué significa realmente “convivir”. Pero entonces, hace 25 años, los proletarios de El Ejido y parte del Campo de Níjar respondieron con una fuerza que nadie esperaba: convocaron una huelga salvaje en toda la zona, abandonaron los puestos de trabajo y cortaron de raíz la violencia, al menos temporalmente. A la agresión que sufrían por parte de la pequeña burguesía local, dueña de tierras, fábricas y comercios, respondieron con el arma proletaria por excelencia: la huelga.
Por supuesto, la victoria de los trabajadores no fue permanente. Pararon las razias, cierto, pero la violencia siguió y sigue presente. Periódicamente llegan noticias de incendios de campamentos de chabolas donde viven los trabajadores, de violaciones a mujeres migrantes, de palizas a jóvenes… todos ellos actos de disciplinamiento ejercidos por la burguesía local para sembrar el terror sobre las masas proletarias.
Los proletarios de Torre Pacheco, como los de todas partes, ya sean nacionales o extranjeros, sólo tienen una vía para afrontar sucesos como los de estos días: la lucha de clase. Esta lucha significa reconocer que existen unos intereses comunes, por encima de raza, nacionalidad, sexo, edad… que unen a toda la clase trabajadora: la necesidad de resistir al capital, de imponerse ante sus exigencias, que siempre serán de más explotación y peores condiciones de vida. Pero también significa entender que la solidaridad de clase, el rechazo a colaborar con la clase burguesa dominante, con la patronal, con sus partidos, con sus fuerzas represivas, es un deber al que el proletariado nativo, el que disfruta de unas condiciones económicas y sociales mejores que sus hermanos de clase inmigrantes, no puede negarse. No puede (¡no debe!) solidarizarse en ningún caso con los intereses de “su” burguesía, no puede hacer frente común con “sus” empresarios, contra aquellos trabajadores que se encuentran en peores condiciones, esperando con ello mantener una situación algo mejor a costa del sufrimiento del resto de proletarios.
Lamentablemente, esta política de colaboración entre clases ha sido moneda común para el proletariado durante demasiado tiempo. Es por ello que algunos proletarios llegan a secundar las consignas racistas y xenófobas, en las que ven la continuación de esa solidaridad interclasista, de movilización junto a elementos de otras clases sociales, a las que están tan habituados. Es por ello, también, que la clase burguesa teme al proletariado migrante, que engrosa las filas de la clase trabajadora española pero que no disfruta de las ventajas de esa colaboración que se ha dado durante décadas: eso le hace más susceptible de revolverse contra las consecuencias de la explotación salvaje que padece y dar ejemplo de cuál es la vía al retorno de la lucha de clase.
¡Solidaridad de clase entre proletarios, nacionales y extranjeros!
¡Contra las razias y la violencia burguesa de todo tipo, una única vía: la lucha de clase!
13/07/2025
Partido Comunista Internacional
- Il comunista - le prolétaire - el proletario - proletarian - programme communiste - el programa comunista - Communist Program
Sobre la “huelga general” de Valencia el 29 de mayo
La huelga es un arma de lucha de la clase proletaria, no un reclamo publicitario para la política parlamentaria
El próximo día 29 de mayo, las organizaciones sindicales CGT, CNT y COS han convocado una “huelga general” en la Comunidad Valenciana con el objetivo de hacer dimitir al presidente de la Generalitat, Carlos Mazón, por su actuación durante las inundaciones del pasado mes de octubre y por la política de reconstrucción seguida durante los meses posteriores.
Esta convocatoria no puede ser tomada, de ninguna manera, como un intento de movilización real del proletariado valenciano. En primer lugar porque ya el mismo lanzamiento del llamado a la huelga, circunscrito únicamente a la Comunidad Valenciana, como si el resto de la clase obrera no tuviese ningún interés en lo que sucede, siguiendo la política provinciana y chovinista que acepta las divisiones burguesas incluso dentro de un mismo país como algo a respetar, tiene un objetivo meramente efectista: continuar con la idea de una “tragedia valenciana”, de un hecho singular y aislado que no tiene mayor importancia para el resto del proletariado.
En segundo lugar, porque evidentemente ninguna de las tres organizaciones convocantes tienen fuerza suficiente como para convocar una movilización de este tipo, ni siquiera limitándola a los confines de la Comunidad Autónoma. Ninguna, de hecho, tiene esperanza de que su llamamiento tenga repercusión más allá de los liberados sindicales y de algunos simpatizantes más o menos estrechos. De nuevo, cuentan con la repercusión mediática no ya para sacar a los trabajadores de sus puestos de trabajo, sino para ganar unos minutos en las noticias y presentar su jornada como un éxito.
Finalmente, porque ni siquiera las secciones sindicales de las organizaciones convocantes se plantean hacer ningún tipo de fuerza en el sentido de imponer la huelga. Para CGT, CNT y COS se trata de un acto simbólico, no de una convocatoria de lucha, y no tratarán de romper los límites de la convocatoria formal.
Esta “huelga” se suma a la ya larga serie de aquellas convocadas con el único interés de generar algo de ruido mediático, arrastrar a sectores sociales no proletarios (como los estudiantes de universidad, principalmente) siempre susceptibles de participar en estas movilizaciones y dar a sus convocantes la pátina de radicalidad que el distanciarse de las grandes organizaciones CC.OO. y UGT les permite: las “huelgas feministas” del 8 de marzo, la “huelga por Palestina” del pasado mes de septiembre… son los ejemplos que anteceden a este engendro.
Las inundaciones que arrasaron la zona sur de Valencia el otoño pasado fueron una de las mayores catástrofes que han tenido lugar en la historia reciente de España. Pero no fueron una “tragedia”, no fueron algo inevitable de lo que no se podía escapar… Desde hace cientos de años se sabe de la fuerza de las riadas en la zona, de la importancia de fenómenos meteorológicos como la gota fría y de las consecuencias que la construcción desaforada de viviendas, urbanizaciones, etc. así como del asfaltado de las ramblas o de la proliferación de un inmenso parque automovilístico tendrían como potenciador de los efectos desastrosos de esos eventos naturales. El culpable de lo sucedido no fue el clima, pero tampoco fueron ninguno de los políticos, altos cargos, etc., involucrados en la gestión de los acontecimientos: fue la burguesía en su conjunto, que ha creado en el sur de Valencia una auténtica trampa mortal para los proletarios que hacina en los pueblos de la zona y que, llegado el momento de la riada obligó a mantener el ritmo normal de trabajo a todos los empleados. Mazón, su gobierno, la oposición y todos los agentes sociales que intervinieron (e intervienen todavía) en retrasar la alarma o en la reconstrucción posterior, son culpables en cuanto miembros de esa clase burguesa que es criminal en su conjunto y de la que no se puede separar ni a grupos, ni a facciones ni a individuos para señalarlos como más responsables o más asesinos que el resto.
CGT, CNT y COS tienen el objetivo declarado de favorecer un cambio de gobierno en la Comunidad Valenciana, tratando de que éste pase de las manos de Mazón y el Partido Popular a algún tipo de coalición amplia que incluya a PSOE y a partidos de la izquierda parlamentaria como Compromis. Quieren, por lo tanto, un cambio de cara que alivie la presión, que dé la impresión de que unos nuevos gestores, más a la izquierda, serán suficientes para mejorar las terribles condiciones de vida que padecen los habitantes (mayoritariamente proletarios) de los pueblos devastados.
Hoy sabemos que después de la riada del 29 de octubre, después de la destrucción y el caos que causó el agua al desbordarse de las ramblas que atravesaban los pueblos de la región, fue cuando empezó la verdadera pesadilla para sus habitantes. Tanto el gobierno local como el nacional les dejaron aislados, permitiendo que los agonizantes acabasen de morir, que las infecciones cundiesen, etc. para garantizar, antes de intervenir, que podían controlar el peligro social que implicaba un desastre de esta magnitud. Fueron únicamente los voluntarios, miles de personas de Valencia y de otras ciudades, quienes acudieron a ayudar a los vecinos que vivían en una verdadera zona de guerra. Porque, que se recuerde esto, mientras que en Paiporta tantos y tantos luchaban por salir de la mezcla de fango y residuos tóxicos que anegaba el pueblo, a pocos kilómetros, en Valencia, la vida seguía su curso normal. Mientras en pueblos como Benetusser faltaba el agua potable y los víveres más básicos, en Valencia los supermercados hacían negocio como de costumbre. La policía se dedicaba a controlar a los voluntarios en vez de a socorrer a los heridos.
La respuesta que la clase proletaria debió dar en ese momento, la única válida, hubiera sido la convocatoria inmediata de una huelga general e indefinida para forzar a la burguesía a hacerse cargo de la ayuda inmediata a los damnificados con todos los recursos a su disposición. Pero, evidentemente, tanto las grandes organizaciones sindicales como las pequeñas, entre las cuales CGT, CNT y COS, prefirieron mantener la habitual política de paz social a cualquier precio y mantener a los trabajadores en sus casas. Se conformaron con promover esa versión humanitaria pero igualmente perniciosa de la colaboración entre clases que fueron las columnas de voluntarios. En ellas, dirigiendo a los proletarios que sentían a flor de piel la necesidad de la solidaridad de clase a hacer el trabajo que la burguesía no quería hacer, consumieron las mejores fuerzas del momento. Mientras Valencia funcionaba a pleno rendimiento, los jóvenes hacían lo que podían para hacerse cargo de la ayuda, el ejército acampaba a las afueras de la zona, siempre más pendiente de su función de guardián que de intervenir en favor de la población.
La huelga es un arma de lucha de la clase proletaria. Es una de las más elementales, pero también una de las más efectivas. Con ella puede golpear directamente en el bolsillo de la patronal, puede dañar a sectores enteros de la burguesía e imponer sus exigencias. Pero para que sea así, debe dirigirse hacia la consecución de reivindicaciones realmente clasistas, que tengan como fin la defensa de las condiciones de vida y lucha de la clase proletaria. Las “huelgas” como las que veremos el próximo 29 de mayo son otro instrumento más para favorecer la colaboración de clase, para presentar un interés común entre el proletariado y los sectores progresistas de la burguesía. Sirven para educar al proletariado en la defensa de un falso interés común con la clase dominante y en la creencia de que son los medios parlamentarios y democráticos los únicos en los que puede confiar para obtener una mejora en su existencia.
Las condiciones de vida de los proletarios de las zonas afectadas por la riada han sufrido un duro golpe. Miles de despidos, trabajo negro, etc., se suman a las dificultades vitales más básicas como conseguir regularmente alimentos o agua o al hecho de que cientos de niños no pueden ir todavía a la escuela con normalidad, a que no haya centros de salud, etc.
La responsable de esta situación es la clase burguesa que, incapaz de hacer otra cosa que amplificar las catástrofes naturales convirtiéndolas en verdaderos dramas sociales, tiene siempre el ojo puesto en el negocio que supondrá la reconstrucción y no en la ayuda a los necesitados. Pero no es la única responsable. Sus aliados, sus agentes que imponen sus exigencias y consignas entre la clase proletaria, que trabajan por desviar la rabia y el impulso a la lucha y la solidaridad ante estas situaciones hacia exigencias de “cambio de gobierno” o cuestiones parlamentarias, son igualmente culpables. Contra ambos, contra la burguesía y sus socios, deberá levantarse la clase proletaria si quiere poner fin a la verdadera catástrofe que rige el mundo: el capitalismo
26 de mayo de 2025
Partido Comunista Internacional
Il comunista - le prolétaire - el proletario - proletarian - programme communiste - el programa comunista - Communist Program
Ante el apagón del 28 de abril:
La burguesía garantiza la explotación de los proletarios, no su vida.
Todavía es pronto para saber si el apagón que sufrió la práctica totalidad del país ayer día 28 fue consecuencia de un ciber ataque, de una maniobra de guerra híbrida como la que venía anunciando la burguesía europea desde hace meses, o de un fallo en las instalaciones (red y generadores) de magnitud nunca antes vista.
Durante los primeros momentos del apagón, la primera hipótesis tuvo más fuerza: incluso el presidente de la Junta de Andalucía apareció en la prensa asegurando que esa era su convicción y medios de comunicación como La Sexta se aprestaron a difundir esta versión de los hechos. A medida que transcurría la tarde y sin que el Gobierno nacional dijese nada claro, fue la hipótesis de la avería, del fallo a gran escala, la que ganó fuerza. A última hora de la noche del 28 esta parecía ser la versión si no oficial sí oficiosa y a ella se añadía una explicación, también sin confirmar, que habla de una debilidad estructural de la red eléctrica española agravada por las condiciones que la inclusión de las energías renovables como fuentes generadoras de electricidad estarían imponiendo. Ya durante la mañana del 29 Red Eléctrica y el Gobierno señalan esta como la única causa posible.
La burguesía no es una clase especialmente amiga de la verdad. Es un hecho que vive en guerra continua, la mayor parte de las veces soterrada y a veces abierta, y que se comporta siempre, tanto contra el enemigo externo como contra su propia población, contra la clase explotada, el proletariado, al que siempre considera como un enemigo interno potencial, siguiendo las normas de la guerra. La mentira, el engaño, el bulo… son sus armas de guerra en el terreno de la información y por ello no se puede tener ninguna confianza en las noticias que va filtrando, sobre todo en los primeros momentos.
Está claro que, se trate de un ataque o de un accidente, la situación creada por el apagón supone un riesgo potencial para la propia clase burguesa, una amenaza para sus negocios, para la gestión de sus infraestructuras, para la defensa nacional, para el control que ejerce sobre el proletariado, etc. ante la que se comporta con las armas propias de la guerra.
Pero, sea cual sea la realidad detrás del black out de ayer, éste evidencia que la burguesía es una clase incapaz de garantizar la seguridad de la población, especialmente la de la clase proletaria que constituye la inmensa mayoría de ésta. La guerra, que es consustancial a la propia existencia del mundo capitalista y que ahora se coloca en un horizonte no muy lejano como guerra generalizada siguiendo la estela de las dos grandes carnicerías imperialistas del siglo XX y de la miríada de enfrentamientos entre potencias localizados en determinadas regiones del mundo (sudeste asiático, amplias regiones de África, la antigua Yugoslavia o la Ucrania de hoy en día), es una amenaza bien real para la vida de los proletarios. Y son los intereses de la clase dominante, interesada siempre en extender sus mercados, en controlar cada vez más áreas de influencia, en enfrentarse a sus rivales económicos, etc. los que están detrás de esta amenaza, porque, llegado a cierto punto, el enfrentamiento arancelario, comercial, etc. deriva en un enfrentamiento armado que requiere de los proletarios que sean su carne de cañón, tanto para batirse en el frente de guerra como para soportar las consecuencias de todo tipo que tiene el enfrentamiento.
Pero la vida de los proletarios también está continuamente amenazada en tiempos de paz. El mundo capitalista es esencialmente un mundo de violencia y destrucción. Todas las supuestas conquistas de la civilización burguesa, toda su espléndida vida económica y social… está continuamente salpicada por dramas que causa precisamente esa civilización y una esa vida económica, que tienen como única razón de ser la búsqueda desaforada de beneficios, el sacrificio de todo aquello que sea necesario para aumentar la tasa de ganancia, con tal de garantizar la explotación de la clase proletaria, cuyo trabajo es la única fuente de verdadera riqueza. Hace unos meses, las riadas que arrasaron el sur de Valencia dejaron un espectáculo de desolación que mostró la realidad de la vida proletaria en el capitalismo. Ayer fue un apagón que no por limitado dejó de causar importantes daños… ¿qué será mañana? No podemos saberlo, pero sí que, de una manera u otra, las tragedias, perfectamente evitables, volverán a darse. Y que serán los proletarios quienes pagarán con su vida y su salud las consecuencias.
Para entender esto basta con ver qué ha sucedido el día después del gran apagón. Sin que la propia burguesía, sin que su Estado, su ejército o sus servicios de inteligencia hayan sido capaces de determinar aún la causa del black out, es decir, sin que todavía sea posible saber si se va a repetir o no, la orden dada ha sido clara: vuelta inmediata al trabajo, reanudación sin dilaciones de la actividad productiva… con o sin seguridad la explotación de la fuerza de trabajo proletaria debe continuar su marcha. El día después de un evento como el padecido, cuando es imposible saber si la llamada normalidad está restablecida, la industria ya funcionaba a pleno rendimiento, las construcciones reanudan su marcha, el transporte y el comercio continúan como si nada hubiera pasado. Esto significa que el propio día 28, cuando ni siquiera se habían resuelto los problemas más inmediatos causados por el apagón, las empresas, públicas y privadas, ya estaban ordenando a sus trabajadores que el día siguiente deberían ir al trabajo… ¡sin saber tan siquiera si se podría circular o los riesgos que comportaría el transporte público!
Esto significa un peligro innegable para la clase proletaria. Sin duda el día 28 el número, de por sí altísimo, de accidentes laborales se habrá disparado. Los heridos y aún los muertos en el trabajo o en el camino de vuelta a sus casas habrán aumentado como consecuencia del apagón, aunque evidentemente los medios de comunicación no hablarán nunca de ello. Ordenar la vuelta al trabajo el día 29 implica asumir que la situación pueda repetirse y, con ello, poner en juego la vida de los trabajadores.
En esta tarea de disciplinar a los proletarios la burguesía no ha estado sola. Las organizaciones políticas y sindicales, las corrientes oportunistas que dicen representar a los proletarios (entre ellas las primeras la socialdemocracia y el estalinismo que forman la coalición de gobierno) han permanecido mudas frente al peligro que supone la repetición de sucesos como los de ayer. Los sindicatos colaboracionistas, habituados a imponer las exigencias de la patronal entre los proletarios, en lugar de responder a la orden de vuelta al trabajo con la consigna de huelga hasta que se garantizasen las condiciones de seguridad mínimas, han dado un ejemplo de su verdadera naturaleza anti proletaria aceptando el juego macabro de la burguesía. Detrás de ellos, por supuesto, han ido las organizaciones sindicales alternativas (CGT, CNT, LAB, etc.) que únicamente han emitido comunicados lastimosos exigiendo… “la defensa de lo público”
Los proletarios deben aprender de esta situación: ni la burguesía es capaz de evitar el caos que su propio orden social, encaminado únicamente ha incrementar sus ganancias y su poder a costa de la vida de los proletarios, ni los llamados “agentes sociales”, supuestamente encargados de garantizar al menos las condiciones mínimas para que los proletarios puedan ser explotados, ven en ellos algo más que mano de obra que explotar, la fuente de sus beneficios, sobre la que toda la sociedad se levanta y que es sacrificada tan pronto como es necesario. El día 28 por la tarde, en un momento en el que aún no se sabía si los niños, los ancianos o los enfermos podrían comer caliente los próximos días, se pudo ver a la policía desplegarse en los barrios proletarios de las grandes ciudades para evitar disturbios y saqueos. Antes que proporcionar siquiera alimentos de emergencia para los más vulnerables, se garantizó que el ejército intervendría para imponer el orden. Todo ello auspiciado por el gobierno de PSOE y PCE y con el apoyo explícito de las organizaciones sindicales.
Este es el futuro que la burguesía depara a los proletarios. Hoy ha sido un apagón, ayer un temporal o una pandemia… mañana seguramente una guerra a gran escala. Es la realidad de la vida en el mundo capitalista la que pone a los proletarios, cotidianamente, en la obligación de luchar si quieren romper con esta dinámica criminal. Hoy la burguesía todavía es capaz de circunscribir los efectos de los daños que crea su sistema a sectores restringidos del proletariado, pero mañana, cuando esa guerra que hoy ya se intuye entre de golpe en el escenario de la historia, será toda la clase la que se enfrentará al dilema de dejarse matar o luchar.
Pero para luchar, para poder siquiera empezar a luchar, deberá salir del marasmo que décadas y décadas de una política de colaboración entre clases, de estar sometida a los designios de la burguesía, para volver al terreno del enfrentamiento directo, de la lucha clasista, contando únicamente con sus propias fuerzas… precisamente las que hoy parecen dormidas pero que en un futuro, quizá no muy lejano, volverá a hacer temblar el mundo.
29 de abril de 2025
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