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Elecciones en Castilla y León

Las elecciones contra el proletariado

 

 

 

España, desde principios de año, ha iniciado un periodo electoral, con diversos episodios de elecciones regionales que deberán conducir al próximo enfrentamiento por el gobierno del estado en 2027. Han coincidido elecciones autonómicas que decían darse por fecha (como las de Castilla y León), con otras que han sido adelantadas por los gobiernos regionales del PP (partido conservador) como forma de desgaste del gobierno de la nación presidido por Pedro Sánchez.

Primero han sido las elecciones en Extremadura, después en Aragón, ahora en Castilla y León y el próximo mes de junio tendrán lugar las de Andalucía. Estas comunidades autónomas están siendo actualmente gobernadas por el Partido Popular en solitario, pero con la necesaria participación de VOX. El movimiento del PP iba encaminado a soltar lastre (frente a VOX) y a minar los apoyos y el poder del partido en el gobierno, el PSOE de Pedro Sánchez. Sin embargo, la maniobra parece no estar sirviendo para lo primero. Si el PSOE ha perdido en Aragón y Extremadura, no ha ocurrido lo mismo con VOX que ha seguido aumentando sus apoyos. El PP, lejos de conseguir convertirse en la única fuerza del cambio, se hace cada vez más dependiente de la extrema derecha. Pero al menos tiene una llave para llegar a la Moncloa.

Actualmente, Castilla y León es la región más extensa de Europa. Tiene 2.248 de los 8.131 municipios españoles y por extensión ocupa el 18,6% del país, pero solo vive el 4,8% de la población. El PIB de Castilla y León supone el 4,7% del total nacional, lo que la sitúa en séptimo lugar entre todas las regiones.

En términos demográficos, es la sexta región más poblada, con casi 2,4 millones de habitantes, el 4,9% de la población total; pero es la segunda región más envejecida, solo por detrás de Asturias y hasta hace bien poco ha sido una región principalmente emigrante (300.000 jóvenes en lo que va de siglo). Solo en los últimos años parece estar cambiando ligeramente la tendencia con la venida de inmigrantes que ya suponen una parte importante de la población en ciertas ciudades y comarcas. La región, que partía en el siglo XX con niveles económicos muy por debajo de otras regiones del Estado, ha ido convergiendo en los últimos años, con este contexto de estancamiento demográfico y crecimiento económico modesto. El paro es inferior a la media española, situándose en el 8,7%.

La emigración castellana y leonesa se ha dirigido durante todo el siglo XX hacia el exterior: a América antes de la guerra, a Europa durante el franquismo... al País Vasco, Madrid y otras zonas industrializadas durante los últimos 120 años. Este es el “problema de la despoblación”, un problema que ha servido al capital español para dar vida a sus polos industriales. Un problema que ha sido la oportunidad de algunos: en los 70, 80 y 90, los pueblos que iban perdiendo población vieron el crecimiento de las propiedades de ciertos empresarios agrarios con nuevas tierras compradas a los que se iban, arrendadas a los que ya no vivían, hasta convertirse en grandes poseedores. Los agricultores que hoy dominan el campo son principalmente esta burguesía agraria que ha crecido desde el franquismo. Estos empresarios agrarios se ven inmersos en el círculo de la productividad capitalista. Desde este punto de vista, el éxodo rural tuvo efectos realmente positivos para el capitalismo: los campesinos encontraron tierras, se convirtieron en empresarios agrarios, los emigrados les vendieron las parcelas que les quedaban... la reforma agraria largamente dilatada y la concentración son ya un hecho incontestable.

En cuanto a su estructura productiva, Castilla y León destaca por un mayor peso relativo de la agricultura (5,8% vs. 2,7% en España) y la industria, tanto extractiva (6,9% vs. 4,2%) como manufacturera (15,3% vs. 11,9%), donde sobresalen las ramas agroalimentarias, de automoción y química-farmacéutica.  En 2024, exportó bienes por valor de 20.010 millones de euros, lo que supone el 5,2% de las exportaciones españolas. Los principales sectores exportadores son automoción (39,3% del total), alimentación (16,5%), sobre todo carne, y productos químicos (9,7%). La industria de Castilla y León ha crecido por encima del crecimiento de otras regiones, y viene impulsada por capital autóctono (automoción y agroalimentaria), nacional (madrileño, vasco y catalán) y extranjero (principalmente europeo). Su especialización como gran área de producción energética (antes térmica, siempre hidroeléctrica, ahora también solar y eólica) la convierte en la principal productora de España... al servicio de su propia industria, pero fundamentalmente de Madrid, del País Vasco y de otras regiones circundantes.

 

La clase trabajadora en Castilla y en León se concentra en las zonas urbanas; en las zonas rurales (que son la mayoría) existe, en diversas formas, desde el proletariado agrícola e industrial migrante, al autóctono que trabaja en alguno de los talleres, obras o factorías de la región. Pero el peso dominante lo lleva, en la calle, el “partido agrario”. Las rebeliones en las que ha participado el proletariado de lo que hoy es la Comunidad Autónoma, que han sido importantes (1856,1905,1917,1934...), han sido salvajemente derrotadas y la represión se ha cebado sobre ella. Pero esa clase ha vuelto siempre a organizarse, a resistir y a luchar. Lo demostraron fábricas como Renault o Cyfisa en los 70. Lo demostraron, en este siglo XXI, los mineros en Cistierna (en León), los jóvenes obreros de Gamonal (en Burgos).

Los problemas a los que se enfrenta el proletariado en estas tierras son los mismos, exactamente los mismos, que en cualquier región desarrollada: la emigración, el paro, la pobreza, la muerte en accidentes de trabajo, la carestía de la vivienda, el deterioro de los servicios asistenciales y públicos (sanidad y educación), la pérdida de salario real... El problema mayor de este proletariado es el mismo que el del resto, pero acrecentado, porque es escaso y suele estar muy solo frente a todas las fuerzas del oportunismo. Necesita reconocerse como clase, luchar unido contra los diversos poderes burgueses y pequeñoburgueses que dominan en muchos pueblos y pequeñas ciudades.

 Las elecciones regionales son el circo con el que los acróbatas entretienen a la población, para que el final de la función sea cómo gestionar la explotación a todos los niveles. Y esto parece ser lo que se dirime en estas próximas elecciones. Si la región sigue con la práctica del diálogo social, la concertación sindical, será la comunidad tranquila que ha venido siendo durante la época democrática... pero quizá están llegando las zozobras que en todo el mundo sacuden las relaciones entre las grandes potencias y a las mayores economías. La guerra está cerca, que no a la puerta. Y eso es lo que parece significar el papel de partidos expresamente reaccionarios y autoritarios (pro-fascistas) como es VOX.

VOX entró en el gobierno regional en las pasadas elecciones. Propuso alguna medida destinada a romper el diálogo social, oficinas antiokupación, toros y muchas banderas de España. El PP lo aceptó, hasta que el propio VOX pensó que no quería ser muleta de las políticas del PP. Porque el PP tenía claro que estaba con VOX en un gobierno que... gobernaba el PP. 

Las expectativas de este bloque, el bloque conservador, parecen las mismas que en las anteriores elecciones o con muy pequeños cambios. En el otro supuesto bloque, el del PSOE, parece haber un cambio en la región y unas mejores expectativas que en las últimas elecciones en Aragón o Extremadura. Pero la llegada de VOX supone un nuevo clavo que fortifica el poder conservador. Y sin embargo la ruptura del gobierno de ambos augura que las cosas no están fáciles. Los grupos de la izquierda (IU, Podemos) y los partidos regionales (UPL) o provinciales (Por Ávila, Soria ya) pueden sacar algún procurador, pero es difícil que puedan llegar a pactar por el gobierno regional.

Porque este es el problema de estas y de otras elecciones también: la extensión del virus de la burguesía, de la mentalidad democrática y la práctica del poder democrático: el municipalismo, el provincianismo, el localismo de la burguesía local y sus intereses. Las distintas facciones del capital se pelean por el reparto del pastel... el proletariado debe aprender a pelear por sí mismo, por sus intereses como clase, fuera del politiqueo personal y electoral. Para resistir primero, antes de tener la fuerza para poner fin a este sistema que vive de la miseria, la injusticia y la explotación, los proletarios y las masas pobres tendrán que tomar el camino de la lucha de clase contra los capitalistas, sus políticos y sus lacayos de toda especie.

El terreno electoral es un terreno minado de engaños. No es por medio de la papeleta electoral que se puede resistir a los ataques de los capitalistas, y de oponerse a los intereses dominantes. El único terreno sobre el cual es posible resistir a los capitalistas es el de la lucha abierta, ¡la lucha de clase!

Con su trabajo los proletarios crean todas las riquezas de la sociedad, y por ello tienen una fuerza revolucionaria potencial inmensa. Pero para que esta fuerza pueda concretarse, los proletarios tienen que organizarse sobre bases de clase, uniéndose por encima de todos los límites de empresa, corporación, profesión, sexo, raza, religión, provincia o nacionalidad. Primero, para emprender la lucha cotidiana de defensa, y después para llegar a la terrible hora de decidir entre democracia reformista y revolución proletaria, antes de poder lanzarse a la lucha revolucionaria para abatir el poder burgués e instaurar su poder dictatorial de clase, instrumento indispensable para extirpar al capitalismo.

 

¡ Contra la defensa de la economía nacional, por la defensa exclusiva de los intereses de la clase proletaria !

¡ No al circo electoral, sí a la lucha de clase !

 

 

23 de febrero de 2026

 

 

Partido Comunista Internacional

Il comunista - le prolétaire - el proletario - proletarian - programme communiste - el programa comunista - Communist Program

    www.pcint.org

 

 

Fotografía realizada a la entrada del pueblo de Buenavista de Valdavia (Palencia)



 

La clase obrera europea tendrá que organizarse para impedir que la lleven a la guerra


 

Tras los resultados de este 9J, toca -como siempre o más aún- resistir y organizarse, para afrontar los retos sociales e internacionales. 

La sociedad europea ha votado claramente por apoyar a las opciones capitalistas y ultracapitalistas que pueden conducir a Europa, una vez más, a la guerra y a su autodestrucción.
La acción intoxicadora llevada a cabo durante décadas por el reformismo, el pacifismo, el legalismo, dificulta y en buena medida paraliza el movimiento de clase del proletariado. Y este es el objetivo de toda la cuestión electoral.

Las formaciones capitalistas europeas, de derechas, ultraderecha y socialdemócratas apuestan por una escalada belicista en los conflictos internacionales, en la propia Europa y en el Mediterráneo. Mientras, Palestina se desangra con la complicidad de la UE. 

Reorganizarse para detener el genocidio, la guerra y trabajar desde la solidaridad internacionalista, deberá ser la opción estratégica prioritaria para el conjunto de la clase trabajadora europea.

Cabe recordar que los bloques conservador (Partido Popular Europeo) y social-liberal (Grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas y Renovar Europa) ya han venido gobernado durante los últimos años en una gran coalición. Esta ‘gran coalición’ parece decidida ahora a apoyarse aún más en una de las dos ultraderechas, o en las dos, que se han reconfigurado en Europa, y que también podrían unirse entre ellas, a pesar de sus diferencias. Una de estas facciones de la ultraderecha, es la de Marine Le Pen, la líder de Rassemblement National que ha arrasado en Francia, obligando a Macron a convocar elecciones legislativas para el 30 de junio y el 7 de julio. En este bloque está Matteo Salvini -líder de La Liga y viceprimer ministro de Italia-. La otra familia ultraderechista es la de Fratelli d'Italia de Georgia Meloni -heredera de los camisas negras de Mussolini-, junto con el españolista Vox y el Fidesz húngaro de Viktor Orban.

Derechas y ultraderechas acabarán entendiéndose. Todas tienden la mano a Meloni. El viernes lo hizo Le Pen. Antes ya lo habían hecho la actual presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el líder del PP español, Alberto Núñez Feijóo. Como ya dijo el periodista Ibai Azparren, la UE ya viene aplicando la agenda migratoria de la extrema derecha.



EL "AUGE" DEL FASCISMO ES PRODUCTO DE LA BURGUESÍA EUROPEA Y DE SU POLÍTICA BELICISTA
 

El fascismo, esta tercera fase capitalista, ha sido interpretado por el estalinismo y por sus múltiples variantes como si fuese una vuelta atrás de la historia, un intento de restauración precapitalista contra el cual estaba más que justificada la lucha y la guerra para restaurar la modernidad y las formas políticas típicas de la democracia. Pero antes del estalinismo, ya Gramsci había teorizado el fascismo tanto como un movimiento de «regresión histórica» como un movimiento «independiente» de las clases medias empujadas a hacer «su revolución». Sin embargo, el fascismo constituye un método de gobierno al que apela la burguesía cada vez que las masas, radicalizadas por la crisis del capitalismo, no se dejan ya engañar por fórmulas mentirosas... Por tanto, el fascismo no es un tumor patológico, un germen extraño al régimen burgués, o peor, un retorno al régimen que precedió el triunfo de los «principios sagrados» de la revolución francesa. Es uno de los métodos de gobierno que puede utilizar la burguesía cada
vez que el método democrático no logra asegurar ya su dominación de clase.

Su crecimiento está fundamentado en varios factores: 

- en primer lugar, El Estado: La burguesía ha podido construir su organización fascista precisamente en la medida en la cual su aparato estatal se reforzaba.

- en segundo lugar, la gran Burguesía: «Los capitalistas de la industria, de la banca, del comercio y
los grandes propietarios de tierras, tienen interés natural en que se funda una organización de combate que apoye su ofensiva contra los trabajadores»

- en tercer lugar, las clases "medias": Hacía falta atraer elementos diferentes de aquellos que la clase alta dominante podía proporcionar desde sus filas. Se obtuvieron dirigiéndose a los estratos de las clases medias que ya hemos citado, y atrayéndolos con la defensa de sus intereses. Esto es lo que el fascismo trató de hacer y que, hace falta reconocerlo, resultó exitoso. Obtuvo partisanos en los estratos más cercanos al proletariado, como entre los insatisfechos de la guerra, entre todos los pequeño-
burgueses, semi-burgueses, tenderos y mercaderes y, sobre todo, entre los elementos intelectuales de la juventud burguesa.

El movimiento de las clases medias lleva dominando el escenario político desde hace tiempo (desde el 15 M, probablemente). Y el proletariado, en muchos sentidos, sigue ausente (mayoritariamente en la abstención, pero raramente activa). Ante esta situación, y rechazando el antifascismo democrático, nos acordamos de unas palabras que se decían en una charla de hace algunos años con el objetivo de "hacer del antifascismo un arma ofensiva dentro de la lucha de la clase trabajadora anticapitalista", y de algunas de sus conclusiones: 

- Entender la lucha antifascista como un aspecto de la lucha general y enmarcarla siempre en la lucha por la revolución proletaria.

- Rechazo de la discusión democracia/dictadura, que son dos métodos de gobierno de una misma burguesía.

- Violencia revolucionaria y lucha ofensiva: es necesario hacer de la acción (fuerza, violencia) y del rechazo del pacifismo y el legalismo una de las bases de la práctica.

- Ocupar las calles, los barrios, las plazas para dar cabida a las luchas de la clase trabajadora y a la lucha central anticapitalista y por la revolución proletaria.


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Ver más:
> ¿Antifascismo? ¡Anticapitalismo!
https://valladolorenlabiblioteca.blogspot.com/2021/11/antifascismo-anticapitalismo.html

> El partido comunista de Italia frente a la ofensiva fascista (1921-1924):
https://www.pcint.org/18_publication/Es/BES_07_partido-frente-ofensiva/partido-frente-ofensiva.htm
https://www.pcint.org/40_pdf/18_publication-pdf/ES/07_Partido-di-fronte-w.pdf




 

ELECCIONES EN EUSKADI

LA DEMOCRACIA DE IZQUIERDA Y DE DERECHA, GARANTÍA DE LA EXPLOTACIÓN DEL PROLETARIADO


El País Vasco es uno de los puntales del orden político en España. Por el lado del gobierno, la coalición en el poder requiere del concurso de los dos grandes partidos nacionalistas, PNV y Bildu, para mantenerse como mayoría parlamentaria. Por el lado social, el concurso de ambos grupos en todas las medidas “excepcionales” que el Estado central ha tomado desde 2020 ha sido vital para que estas se pudiesen imponer al conjunto de la población.

Hasta tal punto esto es así que el predominio electoral de PNV y Bildu en las elecciones autonómicas y su peso decisivo en las generales se entiende por parte de los expertos en cálculo político como el elemento central (junto con el predominio nacionalista en Cataluña) para impedir que la derecha de PP y Vox llegue al poder. De esta manera se conforma un bloque que va desde la derecha tradicionalista de PNV hasta la izquierda de SUMAR, pasando por todos los matices del arco electoral para mantener la coalición gubernamental que ha sostenido, en España, las normas más abiertamente anti proletarias de la historia reciente del país.

Sin duda, el elemento que podría ser más desconcertante, para quien crea a pies juntillas en los discursos más que en los hechos y su significado histórico, es la presencia de Bildu como pivote de ese eje estatal español y como firme candidato a la lehendakaritza. Esta formación nació en parte de la antigua Herri Batasuna, brazo político de ETA, y sirvió para capitalizar la confluencia política de sectores nacionalistas disconformes con la lucha armada cuando aquella dejó las armas. Pero tardó poco tiempo en abandonar los restos de su retórica “anti-española” y en 2020 se le pudo ver apoyando un Estado de alarma que implicaba, de facto, la militarización del País Vasco y la supresión de libertades elementales de “sus” ciudadanos. Poco después dejó caer también su careta social y anti capitalista para apoyar la legislación laboral que ha impuesto el Ministerio de Trabajo y que ha implicado, siempre con la ayuda de la patronal y las organizaciones sindicales, un retroceso en condiciones laborales y salariales para el proletariado similar al que supusieron los Pactos de la Moncloa de 1977. Los miembros de Bildu han pasado de aplaudir el asesinato de militares y policías a manos de ETA a garantizar que el gobierno mandase las tanquetas a Cádiz frente a los huelguistas del metal, diese permiso para disparar a los manifestantes con fuego real en Linares o, recientemente, encarcelase a huelguistas de Acerinox.

Tanto la lucha de ETA como el irredentismo de HB han resultado finalmente en un apoyo para el Estado burgués, que por su parte no ha escatimado en medios para reintegrarlos al juego democrático y en utilizarlos como banderín de enganche contra los sectores más combativos del proletariado del País Vasco. Esa es, justamente, la fuerza de la democracia: su capacidad para ejercer como fuerza centrípeta para todas las facciones burguesas y para el propio proletariado, al que la dinámica social capitalista arroja hacia los márgenes de la sociedad pero al que, por su parte, la fuerza social que representa el sistema democrático impide romper con la burguesía y la pequeña burguesía. En este orden democrático entran todas las corrientes políticas, desde la derecha más reaccionaria hasta aquellas que, como ETA, encarnaron el reformismo armado durante décadas. Cabe todo, a excepción de la lucha de clase proletaria, y eso una organización como Bildu, que lleva en su historia la imposición nacionalista ante la tendencia anti localista e internacionalista de las capas proletarias más avanzadas, lo sabe bien.


El resultado electoral será justo el que debe ser. Las variantes tienen poca importancia. Si gana Bildu y es apoyada para formar gobierno por el PSOE, se acelerará el proceso de integración de la base social que vincula a esta organización con el pasado de movilización que caracterizó a Euskadi. El ciclo se habrá completado y veremos a los familiares y amigos de los represaliados por la policía nacional y autonómica dar orden a esta última para reprimir. Si gana el PNV y se mantiene el status quo vigente, la falsa oposición de izquierdas cumplirá con su papel cuatro años más a la espera de un nuevo giro en la política nacional que le aproxime más a su objetivo. En cualquier caso, el rumbo no se interrumpe y ambas fuerzas, nacionalistas de derecha y nacionalistas de izquierda, seguirán dando su apoyo al gobierno central, garantizando la estabilidad del Estado, la defensa de los intereses imperialistas en Ucrania y Palestina de la burguesía española, la destrucción apresurada de los restos del “bienestar” que no soportarán la excesiva carga presupuestaria que implicará el rearme militar que tendrá lugar en los próximos años, etc. Esta es y será la “excepción vasca”, piedra de toque del orden español.

Fuera de Euskadi por supuesto permanecerá la demonización de todo lo vasco, con el recuerdo permanente de ETA como vertebrador de la política interior del país durante treinta años, como eje de la solidaridad nacional y justificante de cualquier tipo de represión.


La burguesía vive porque logra mantener la competencia entre proletarios y la cuestión nacional es un terreno fértil para exacerbarla. Mientras que cualquier corriente política, precisamente defendiendo esa política de integración social, sabe que HB, Bildu, etc. han sido y son indispensables para mantener el orden en el País Vasco, también es consciente de que la xenofobia, la exaltación localista, el nacionalismo español, son elementos de cohesión social igualmente efectivos. Toda vez que el proletariado del País Vasco ha sido uno de los más combativos de España, por ello todavía es necesario agitar el espantajo nacionalista para impedir que su lucha dé ejemplo a los proletarios del resto del país.

Porque en Euskadi la clase obrera ha tenido una gran fuerza, sobre todo en el terreno de la defensa económica de las condiciones de vida. Basta con recordar que fue la huelga de Bandas (de noviembre de 1966 a mayo de 1967) la que agitó, más allá de límites locales, de fábrica, etc. a la clase obrera española por primera vez desde el mayo de 1937. O que acontecimientos como el Proceso de Burgos (1970) en el que se juzgó y condenó a miembros de ETA fueron entendidos por los sectores más combativos del proletariado como algo que concernía a toda la clase obrera…


El nivel de movilización proletaria (y social en términos más amplios) ha sido, casi siempre, mucho más elevado que en el resto de España y la fuerza de la clase obrera local se ha hecho sentir muy lejos de la zona industrial vasca. Recordemos, por ejemplo, la reciente lucha de los trabajadores de Tubacex, que permanecieron en huelga durante 235 días en 2021 y que, cuando los trabajadores de las empresas auxiliares del metal en Cádiz se pusieron en huelga corrieron a prestarles su apoyo y a compartir su experiencia…


La fuerza de la clase proletaria debe levantarse por encima de todo particularismo regional, por encima de toda política nacionalista y dirigirse contra la colaboración con la clase burguesa. Sobre todo cuando estos particularismos, este nacionalismo se ha usado una y otra vez contra los proletarios de uno y otro lado. Cuando las organizaciones que, incluso con un gran coste de sangre y vidas como es el caso, se erigieron en adalides de la lucha nacional han mostrado su verdadera cara integrándose en el aparato del Estado, aceptando la defensa de las instituciones burguesas, de la primera a la última, colocándose frente a la clase proletaria en auxilio de la burguesía que requiere sus fuerzas para imponerle sus exigencias.


El virus democrático, inoculado en el cuerpo social proletario durante décadas, es un factor de primer orden en el retraso de la reanudación de la lucha de clase. Cada elección, cada Parlamento, cada ilusión de cambio en nombre de una u otra formación, ayudan a consolidar el orden social burgués. Las futuras convulsiones sociales, que sin duda deberán llegar, lanzarán a la clase obrera contra el edificio social burgués y, en ellas, la lucha contra la democracia será una conquista fundamental.



¡Contra la farsa electoral, por la defensa intransigente de la lucha de clase!

¡No a la solidaridad nacional!

¡Por el retorno del proletariado al terreno del enfrentamiento abierto con la burguesía!


17/04/2024

Partido Comunista Internacional - www.pcint.org






 

Argentina: la victoria de Milei sólo garantiza la continuidad de la miseria y el aumento de la represión para los proletarios

 

 

 

Las elecciones argentinas del pasado domingo día 19 dieron como vencedor a Javier Milei, candidato de La Libertad Avanza, que se había presentado como una especie de outsider de la política tradicional. Histriónico y bufonesco a partes iguales, Milei ha hecho de las redes sociales y sus intervenciones más que grotescas en los medios de comunicación una especie de emblema, una bandera que pretende evidenciar su rechazo incluso a las formas tradicionales de la política. Y en buena medida ha sido gracias a ello, gracias a una imagen más que a un programa, a un escándalo permanente más que a una perspectiva de gobierno a medio plazo, que ha conseguido derrotar primero a Patricia Bulrich, candidata de la derecha tradicional aglutinada en torno a la Unión Cívica Radical, y después al candidato oficialista Alberto Fernández, ex ministro de finanzas en el gobierno peronista de los últimos años.

 

Finalmente, los resultados no han sido tan extraños como la prensa quiere hacer creer: Milei contará con solo 38 escaños de 257 en el Congreso y dependerá en todo momento de formar un bloque con la derecha tradicional de Masa, Macri y Bulrich para poder aplicar su programa de gobierno. En un esquema que resulta familiar también en España, los partidos “del cambio” se apoyan en las viejas estructuras políticas, a las que sirven realmente para mantener su poder.

 

La situación en la que Javier Milei llega al poder es crítica para Argentina. Después de cuatro años de un gobierno peronista que ha garantizado la continuidad de la dinastía Kirchner (primero Néstor, presidente del país de 2003 a 2007, después su mujer, Cristina, presidenta ella también desde 2007 a 2015 y vicepresidenta con el gobierno saliente) y la estructura socio política del peronismo “de izquierdas”, corrupta hasta la médula y basada en extensas redes clientelares fraguadas con los sindicatos y otros organismos civiles, la realidad del país ha empeorado a ojos vista. Es por ello que la candidatura del Alberto Fernández, señalado por su actuación en el gobierno como uno de los responsables de tal situación, ha sido capaz de reunir en su contra tanto a La Libertad Avanza como a la parte de la Unión Cívica que controla el expresidente Macri, que ha cedido medios, dinero e infraestructura al pequeño partido “ultra-liberal”.

 

Desde el punto de vista económico, la situación es la peor que ha vivido Argentina en los últimos cuarenta años, lo cual es mucho decir. La inflación habrá experimentado, en diciembre de este año, una variación interanual del 210%; el bajo valor del peso encarece increíblemente las importaciones, fundamentales en un país que es un importador neto de productos industriales, tecnológicos e incluso agrícolas; la pobreza, en fin, ha crecido en todo el país y más del 20% de la población no alcanza a tener los productos mínimos indispensables para vivir, habiéndose reportado, en los últimos años fallecimientos de niños por hambre. Las medidas emprendidas por el gobierno peronista no han aliviado esta situación. Por un lado, la actuación del banco central colocando letras como compensación para que los bancos comerciales obtengan depósitos en pesos no ha hecho sino aumentar las tensiones inflacionarias debido a la expansión de su pasivo financiero y de los intereses que paga por él. Por otro lado, las obligaciones contraídas por el Estado con el FMI, constriñen la economía y obligan al propio FMI a señalar en su nota de julio de este año, que el país no está en condiciones de cumplir con las exigencias que impone el acceso al Servicio Ampliado del Fondo. Finalmente, la sequía, la peor en décadas, ha afectado con especial dureza a un país que basa buena parte de su economía en la exportación de productos agrícolas.

 

Ante esta situación política y económica, la aparición de Milei como una especie de figura rutilante de la política nacional, como alguien que venía de fuera de la “casta” (es profesor de economía de profesión y está ligado a la corriente austriaca, de por sí una corriente marginal dentro del propio pensamiento económico burgués) parece como el remedio radical que hacía falta. Y esto, en primer lugar, por un discurso anti casta, tan querido a los populismos de izquierda y derecha, y por la referencia al Estado profundo como el verdadero origen del malestar social, unido en este caso a una exigencia de corte ultra liberal acerca de la necesidad de reducir el propio Estado a su mínima expresión. Y en segundo lugar, por sus invectivas económicas, acerca de la necesidad de dolarizar la economía, de suprimir el propio Banco Central, de privatizar todas las empresas públicas, etc. Son estas salidas de tono respecto junto con el carácter bufonesco del personaje, las que han llamado la atención de la prensa internacional y las que han fraguado el aura de personaje providencial que el acompaña.

 

Pero ¿qué es lo que se puede esperar de Milei? Como en el resto de países donde una figura de este tipo ha triunfado (Brasil con Bolsonaro, EE.UU. con Trump, Italia con Meloni o Wilders en los Países Bajos), en primer lugar va el autoritarismo, la promesa de endurecer la ley, de perseguir el crimen y la subversión, etc. No en vano Milei, detractor del Estado en sus discursos, no ha tenido sino parabienes para la policía argentina, que, junto al ejército, tiene un larguísimo historial de asesinatos a sus espaldas. Esta llamada al orden, banderín de enganche de la pequeña burguesía que reclama paz contra la tensión social que las recientes crisis capitalistas han hecho aflorar, es la consigna principal y a ella se supedita el resto. Es por eso que, como segunda del nuevo Gobierno y más allá de las soflamas “anarco capitalistas” Milei ha puesto a Victoria Villarruel, un elemento vinculado a la extrema derecha nacional y defensora de la dictadura de Videla. También en este sentido marcha la crítica a la “casta” que el nuevo gobierno lleva en su mismo programa:  la idea de una reforma gubernamental que se base en el orden y en la mano dura es muy querida por esa pequeña burguesía que, aplastada por la gran burguesía y su Estado, fantasea con que son las tramas negras, las familias o los clanes políticos y no el implacable curso económico y social del capitalismo los que la destrozan y reducen a la miseria.

 

En segundo lugar, las reformas económicas propuestas por Milei se encaminan en el sentido de liberalizar el sector público (especialmente YPF, aerolíneas y la televisión pública) como manera de contener el gasto. En esto, el mensaje se ha suavizado nada más llegar al poder: de los excesos verbales de la campaña se ha pasado al “primero sanear, luego vender” que perfectamente puede significar no vender nunca, porque a esa “casta” que se corresponde con la alta burguesía nacional quizá no le interese hacerlo. En cualquier caso, la larga cadena de privatizaciones a la que hemos asistido en los últimos cuarenta años en todos los países capitalistas muestra que estas suponen una cesión de aquellos sectores o empresas rentables al capital nacional o internacional sin que, a medio plazo, el gasto del Estado se haya reducido en términos globales. El Estado burgués es, desde su nacimiento, el principal agente en términos de propiedad, capacidad de intervenir en el mercado, etc. del capitalismo. El incremento sistemático del gasto público, del presupuesto que consume, es un hecho inapelable que se deriva de su necesidad de intervenir en cada faceta de la vida social en el mundo burgués y no existe ni existirá un gobierno capaz de evitarlo, ni en el supuesto caso de que lo quisiera… algo que nunca sucede.

 

Respecto a los ajustes financieros, encaminados a estabilizar la situación del peso frente al dólar para, desde ese momento, poder intervenir para paliar la inflación galopante que sufre el país, se les puede augurar un éxito relativo y temporal. Si bien las medidas de liberalización cambiaria (en Argentina hay varios tipos de cambio peso-dólar, con una diferencia de varios miles entre la oficial y la, mucho más realista, del mercado negro), incluyendo todos los ajustes necesarios encaminados a reducir las obligaciones del Estado que contribuyen a depreciar el peso, pueden tener el efecto deseado, la causa de la inflación en Argentina, que es un fenómeno crónico, está en la estructura productiva del país: la relativa ausencia de una industria nacional fuerza a importar casi todos los productos elaborados y obliga a depender, como contra parte, de las exportaciones agrícolas. Los ajustes fiscales y monetarios no van a modificar esa situación y la idea de que inaugurarán una especie de círculo virtuoso que incrementará la entrada de dólares al país y que esto supondrá un bálsamo para la situación que se vive será, en el mejor de los casos, una situación sumamente frágil y que se podrá revertir en cualquier momento.

 

¿Qué se puede esperar realmente de Milei y su gobierno? Los ajustes económicos se van a realizar contra el proletariado y contra la gran masa de población empobrecida que puebla la periferia del gran Buenos Aires y del resto de grandes ciudades del país. La “disciplina fiscal” va a significar, a medio plazo, grandes exigencias a la clase obrera, que verá como el gasto recortado es el de los miserables subsidios de los que hoy malvive una buena parte de ella. Además, la reforma financiera va a encaminarse, sin duda, a la contención salarial, sobre la que se intentará contener la devaluación del peso y la inflación. Y si finalmente las reformas se encaminan hacia la dolarización de la economía, este descenso de los salarios será aún mayor porque se fijarán en dólares forzosamente a la baja.

A esta situación, tal y como prometió Milei en campaña, va a acompañar un endurecimiento de la represión contra los sectores organizados de la clase proletaria, aún cuando lo estén bajo la batuta de las organizaciones sindicales colaboracionistas o del peronismo. Piqueteros, huelguistas, obreros organizados en torno a cooperativas… estarán en el punto de mira continuo del nuevo gobierno que dará ejemplo con ellos para que sus medidas no sean respondidas por el resto de los proletarios. Mientras tanto, que nadie lo dude, la “casta” política, sindical, etc. permanecerá intacta, presta a tomar el relevo en el gobierno cuando Milei caiga.

 

El gobierno de Milei es otro jalón en un camino que en cierto modo comenzó en 2001, con las revueltas sociales causadas por la crisis económica y el corralito. Estas revueltas tuvieron un marcado carácter interclasista, por tanto confuso y falto de perspectiva (recuérdese la imagen del Congreso asaltado por una masa que llevaba la bandera nacional a la cabeza), pero en ellas pudo expresarse, si bien de manera muy limitada, un sector de la clase proletaria que tendía, instintivamente, a romper tanto con la dirección democrática de las revueltas como con las organizaciones tradicionales del sindicalismo oficial (CGT) y con los partidos peronistas. Estas tendencias fueron rápidamente ahogadas tanto por el esfuerzo de la represión estatal como por la política de colaboración con la burguesía que desde la izquierda oficialista hasta la extrema izquierda trotskista impusieron. El kirchnerismo, forma especialmente aberrante de ese socialismo del siglo XXI que el oportunismo blandía en aquellos años, fue la salvación de una burguesía que no lograba, hasta entonces, mantener ni uno solo de sus gobiernos. Desde entonces, tanto la crisis estructural del país como la cada vez peor situación internacional, han ido desbrozando el camino para una salida como la que hoy propone Milei.

 

Los proletarios argentinos, para los que hoy se abre un periodo dificilísimo porque la burguesía ha pasado de la política del palo (cada vez más) y la zanahoria (cada vez menos) a la amenaza abierta, podrán sacar las lecciones de esta situación sólo si rompen con la terrible influencia que el nacionalismo y el democratismo ejercen sobre ellos a través de las organizaciones oportunistas políticas y sindicales. Si combaten contra la ofensiva burguesa no encuadrados en las organizaciones que hasta el día de hoy les controlan y que sólo garantizan la derrota ante cualquier exigencia por parte del enemigo, sino con sus propios medios y métodos, con su organización independiente sobre el terreno de la lucha inmediata, buscando romper no sólo con la inercia que en el momento actual les impide reaccionar sino con la gran fuerza que representa la contrarrevolución que domina desde hace décadas.

 


23 de noviembre de 2023 

Partido comunista internacional 

(El proletario) - https://www.pcint.org/

 






"...difícilmente habrá una filosofía reaccionaria en que no se contenga una cierta dosis de irracionalismo" 

(G. Lukacs, El asalto a la razón)






Solo unas pequeñas notas para "digerir" lo indigerible.

Las líneas políticas del nuevo ayuntamiento de Valladolid parecen estar marcadas por el retroceso social, la ideología de la derecha rancia y ultracatólica y una visión de la ciudad antigua, egoista e individualista.


El acuerdo que ha trascendido es un catálogo de los tópicos más rancios:

- Supresión de las políticas de igualdad, incluidas en las de "familia y derechos sociales" como algo totalmente residual.

- Reversión de las políticas de movilidad, favoreciendo de nuevo al vehículo privado, abogando por quitar carriles bici ya hechos y por reducir la zona de bajas emisiones al mínimo.

- Patada hacia delante del "proyecto de soterramiento" con la consiguiente paralización de pasos y túneles que ya se estaban ejecutando o se iban a ejecutar en breve.

- Apertura de una "escuela taurina" y fomento de los toros desde el área de Cultura dependiente de VOX...



Les recordamos solo un dato, antes de que nos vengan con estupideces: la abstención en Valladolid fue mayoritaria -sobre todo en las zonas obreras- y la "victoria" de las derechas es más bien cortita (y solo se ha producido en el centro y nunca en los barrios obreros del este y el norte). Los números son tozudos. Pero aún así parecen querer cambiar el rumbo de la ciudad completamente sin tener en cuenta a toda esa gente que no votamos o han votado en contra de ellos. 

Empezando por el final: una escuela taurina en una ciudad que no va a los toros... porque el coso municipal jamás se llena y el museo del toro se cerró por no tener visitantes. Pero ya sabemos, lo importante no es la realidad sino la apariencia. Más allá del apoyo a la economía dependiente del toro (que tiene su importancia) el asunto está inscrito en la potenciación de la imagen de "españa": una españa tradicional, casi carlista, en la que los héroes son los toreros... el problema no es solo este, el verdadero problema llegará cuando el dinero de la cultura se quede en los toros y no llegue a otros sectores: el teatro, el cine, la música... o sí, pero solo a un teatro (casposo, ¿qué será de la programación del LAVA o del TAC?), un cine (religioso, "como debe ser y no esos izquierdistas del cine español") y la música... de Taburete o cualquier otro de los "artistas" de la cuerda. La regresión en cultura puede ser brutal... si les dejamos. 


El soterramiento es, de nuevo, el gran engaño. Pero aún así nos tememos lo peor: aprobar el soterramiento llevará a muchas partes de la zona este de Valladolid al abandono progresivo a la espera de unas obras improbables y, si acaso y después de años, a otros 10 o 20 años de obras que separarían aun más a esta zona de la ciudad... solo la irracionalidad ligada a los intereses económicos de unos pocos puede defender que esta obra se hace por los barrios. La realidad es otra: la burguesía vallisoletana quiere ampliar el centro a costa de expulsarnos un poco más lejos... la inversión en infraestructuras sirve para dar soporte a sus propias empresas y para generar un negocio redondo a bancos y constructoras. O sea, "contigo avanza"... lo suyo, que es lo único importante: el interés económico de unos pocos pretende condicionar la vida de todos durante años. Pero los palmeros del soterramiento estarán felices de volver... a los años 80.

Lo mismo sucede en la cuestión de la movilidad. No estamos a favor de una zona de bajas emisiones con multas e imposiciones... pero está claro que todo el centro de la ciudad debería ser peatonal y que hay que reducir el tráfico al mínimo para reducir la contaminación si queremos, al menos, sobrevivir... Y sin embargo su discurso del coche se impone. Y de nuevo, como en los toros, es la burguesía más reaccionaria la que impone su visión y su interés económico.

Llegamos, así, a extremos de absoluta irracionalidad y falta completa de conocimiento y de sentido histórico: el nuevo ayuntamiento quiere revertir el carril bici de Isabel la Católica y afirma que junto al río "hay mucho espacio". O sea, que quien tiene miedo a pasar por un túnel pretende que los que van en bici vayan por el lado más oscuro del río ... pero eso no da miedo (con la de palos que se dan en las moreras...). Y no solo eso: el antiguo "paseo del Espolón", señoros, es patrimonio cultural e histórico de los vallisoletanos. 

¿Van a cementar el paso junto al Pisuerga? 

¿Las "riberas del Pisuerga bellas" que cantó Cervantes se convertirán en pistas de cemento y hormigón? 


No son retrógrados sin más... SON IRRACIONALES. 

Y por supuesto: Nos tendrán en frente. 






 

Ante lo que se nos avecina, y viendo, la verdad, que las cosas no cambian más que lo justo (o cambian para no cambiar), rescatamos una reflexión del año 1982, sobre las elecciones:

 

 "Para el proletariado el problema no es 'derrotar a la derecha' en las elecciones, tal y como lo pregonan [la izquierda] y la 'extremaizquierda', que reduce su horizonte a los conflictos de la política electoral. Para la clase obrera el problema es derrocar al capitalismo, y para ello combatir todas las alternativas de la dictadura burguesa, de derecha, de centro y de izquierda. Para ella, el problema es de prepararse desde ya para enfrentar la ofensiva antiproletaria que el gobierno que saldrá de las elecciones (sea de derecha como de izquierda) no dejará de desencadenar, contra sus condiciones de vida y de trabajo, prolongando la ofensiva ya en acción desde hace años. Para ello no existe otra opción que no sea la de denunciar y combatir la política de colaboración de clase instrumentada -hoy desde la oposición y mañana desde el gobierno- por la izquierda parlamentaria y sus correas sindicales amarillas, desertar el terreno de la democracia burguesa y combatir, en el terreno de la acción directa, de la organización y movilización de las masas explotadas por la defensa de los intereses materiales de la clase trabajadora, y de ella sola, sorda a los cantos de sirena de una "izquierda" hundida hasta el cuello en el terreno de la colaboración de clases, del legalismo, del democratismo".

 

[El Comunista, año VII, nº 56, agosto-septiembre de 1982).

 

____________

FUENTE:  http://www.pcint.org/40_pdf/260_El_Comunista/elc-56.pdf

Aquí el texto completo del que está extraída la cita:






 

 

 

Con una nueva ronda de elecciones, la clase dominante burguesa renovará su gobierno llamado a gestionar los próximos años de lágrimas y derramamiento de sangre del proletariado italiano, en perfecta continuidad con los gobiernos anteriores.

¿La alternativa a las elecciones?

¡Reorganizar la lucha de clases antiburguesa, antidemocrática y, por tanto, antielectoralista!



El próximo 25 de septiembre, con la votación para renovar el parlamento y poner en marcha un nuevo gobierno, los proletarios están llamados a decidir una vez más qué partidos les oprimirán durante otros cinco años.

Que las elecciones parlamentarias, celebradas a lo largo de todas estas décadas de democracia parlamentaria para "elegir" qué partidos entrarían en el gobierno, no han servido para mejorar permanentemente las condiciones de existencia y de trabajo del proletariado, es un hecho que todo proletario ha comprobado por sí mismo.

El coste de la vida no ha dejado de aumentar, y últimamente se he vuelto intolerable para millones de proletarios; el paro no sólo se mantiene en porcentajes importantes, sino que tiende a aumentar; los salarios llevan años estancados, al igual que las pensiones; el ritmo de trabajo ha aumentado al tiempo que la jornada laboral diaria ha tendido a incrementarse; la inseguridad en el trabajo, en lugar de disminuir, aumenta, al igual que los accidentes y las muertes en el trabajo; cada vez hay menos contratos indefinidos, mientras que aumentan los contratos de duración determinada y toda la serie de contratos por los que los capitalistas administran el trabajo en función de las necesidades inmediatas de sus beneficios. Al mismo tiempo, en el mercado de trabajo, la patronal sigue fomentando la competencia entre proletarios, no sólo entre nativos, entre hombres y mujeres y entre jóvenes y adultos, sino también entre nativos e inmigrantes. Hoy en día, los jóvenes que buscan trabajo, cuando encuentran un empleo, nueve de cada diez veces, no duran en él ni está lo suficientemente remunerado como para permitir una existencia decente: ¡la inseguridad laboral es ahora la norma! Y si el trabajo es inseguro, la vida es insegura.


Ante la inseguridad laboral y vital de millones de proletarios, ¿qué dice la burguesía? ¿Qué dicen los gobernados y los representantes de los partidos ricamente pagados cómodamente sentados en los bancos del parlamento?

Todo el mundo se da golpes de pecho, proclamando que lo importante es que la economía empiece a girar de nuevo, es decir, que vuelva a producir beneficios para las empresas, porque si no hay beneficios, las empresas se ven obligadas a despedir a parte de su personal o incluso a cerrar. Todos declaman la voluntad de "resolver" los problemas con los que lucha Italia, algunos piden más miles de millones a la Unión Europea, otros sugieren más deudas a contraer en el futuro, otros cambian miles de millones de un sector a otro, otros anuncian peligros revanchistas y autárquicos. Y todos culpan a los impuestos que son demasiado altos, como si los impuestos no hubieran sido subidos por los mismos que ahora gritan que hay que bajarlos.

En un torbellino de declamaciones elevadas, pero totalmente vacías de contenido, los políticos de hoy vuelven a montar el teatro de marionetas con el mismo guión de las funciones anteriores. El gobierno cambiará, pero lo que no cambiará es la máquina que aplasta la existencia de la inmensa mayoría del proletariado, llamado por enésima vez a sacrificarse, quedándose sin trabajo y apretándose el cinturón, en favor de la recuperación económica, por tanto en favor de los capitalistas y su sistema económico.

Ningún parlamento burgués hará nada contra la opresión permanente que sufre el proletariado y contra el empeoramiento de sus condiciones de trabajo y de existencia, ningún parlamento burgués hará nada para transformar esta opresión y este empeoramiento en armonía social y bienestar. El único bienestar que les importa realmente a los representantes de la burguesía dominante es su propio bienestar privado, así como, por otro lado, a todo capitalista, a todo empresario le importa sobre todo el bienestar de su capital, de su empresa -de su propiedad privada- aunque tenga que explotar más intensamente su fuerza de trabajo o tenga que deshacerse de ella para asegurarla.

Los proletarios no deben esperar nada bueno de la democracia burguesa porque con ella la clase dominante burguesa enmascara una realidad social que es de opresión y explotación. Con la democracia, la burguesía tiende a reforzar la colaboración interclasista mediante la cual puede seguir explotando el trabajo asalariado a pesar de las tensiones que inevitablemente surgen debido al choque material entre los intereses burgueses y proletarios.

A los capitalistas les interesa explotar a la fuerza de trabajo asalariada porque de esa explotación obtienen la valorización de su capital; a los proletarios les interesa ser explotados lo menos posible (menos horas al día, ritmos de trabajo menos intensos, más descansos, más seguridad en el empleo, más tiempo para ellos y sus familias) y tener un salario más alto. Este choque de intereses de clase -típico de la sociedad capitalista- genera la lucha entre la clase burguesa y la clase proletaria. Y hablamos de clases y no de burgueses individuales o proletarios individuales, porque el capitalismo ha desarrollado el trabajo asociado y lo ha organizado para aumentar cada vez más la productividad del trabajo. Así, el interés de un proletario individual es en realidad el interés de todos los proletarios, porque están sometidos al mismo mecanismo de explotación, a las mismas relaciones burguesas de producción y de propiedad que rigen la vida social en todos los países. Y mientras el proletario individual, o el proletario asociado, se enfrenta a la fuerza de la clase dominante, que, dueña de los medios de producción y distribución, de las materias primas, de la tierra, se apropia de toda la riqueza producida por el trabajo asalariado, el burgués individual, el capitalista individual, mientras compite con todos los demás capitalistas, cuenta con el hecho de que detrás de él tiene la fuerza política, económica y militar del Estado central, que defiende su propiedad y las relaciones sociales capitalistas.

Los proletarios, por muchos votos que den a los partidos que dicen representarlos, nunca conseguirán dar la vuelta a la situación: no pasarán de explotados y oprimidos a productores sociales libres. Seguirán siendo la clase oprimida y explotada tanto en los periodos de crisis del capitalismo como en los de su expansión. Basta con echar la vista atrás un par de generaciones para darse cuenta de que el capitalismo progresa en una espiral de crisis económicas y guerras y breves períodos de paz. Así que la democracia no sirvió para asegurar la prosperidad de las masas proletarias, pero ciertamente sirvió para asegurar los privilegios y un gran bienestar a los capitalistas. La democracia tampoco sirve para asegurar la paz: la guerra, aunque no golpee en la puerta, ha estado y está presente en cada momento de la vida del capitalismo en todo el mundo. Y tal es la competencia y los enfrentamientos entre las potencias imperialistas, que a estas alturas la guerra, que estalló en Europa con las guerras yugoslavas en los años 90, está de nuevo en el patio trasero, en Ucrania, arrastrando a todas las potencias imperialistas de Europa en apoyo del gobierno ucraniano contra el ruso. Mañana, ¿para qué frente decidirá la burguesía italiana gastar miles de millones en armamento y enviar a sus propios soldados? Con el pretexto de la pandemia del Covid-19, la burguesía ha reforzado su control social sobre el proletariado. Con la guerra de Ucrania se refuerza la idea de que la guerra no está tan lejos y que hay que abordarla con la misma "unidad nacional": ayer para derrotar al enemigo "invisible", el virus Sars-CoV2, mañana para derrotar a un enemigo muy visible, identificándolo con el imperialismo adversario del momento. De ser una masa a explotar intensivamente incluso en tiempos de pandemia, el proletariado está condenado a convertirse en carne de cañón en tiempos de guerra. Para eso quiere la burguesía preparar a las masas proletarias y aprovecha la crisis económica en la que se ha sumido para acostumbrar al proletariado a sacrificarse, hoy por la recuperación económica, mañana para defender "la patria": en ambos casos para defender sólo los intereses burgueses y capitalistas.

Los proletarios tienen otro camino para defender sus intereses de clase, y no es el camino de la democracia, no es el camino del parlamentarismo y la colaboración de clases: es el camino de la lucha de clase, de la reanudación de una lucha que pone en su centro exclusivamente los intereses proletarios, empezando por los intereses económicos inmediatos, por los que debe luchar también contra el sindicalismo tricolor, y en perspectiva los intereses de la lucha revolucionaria porque sólo con la revolución el proletariado puede aspirar a su propia emancipación, a acabar con la explotación del trabajo asalariado. Lucha significa confrontación, no diálogo y compromiso. Choque significa organizar para el choque, adoptar programas y medios para vencer al enemigo de la clase burguesa. Pero ante la lucha independiente del proletariado, la burguesía dominante no se queda quieta; si incluso ahora, en ausencia de la lucha de clase independiente del proletariado, la burguesía pasa al ataque de sus condiciones de existencia y de vida, por tanto de sus condiciones sociales y políticas, con mayor razón pasará al ataque mañana ante un proletariado organizado no sólo para defenderse sino también para atacar, para ir a la conquista del poder político que es el primer gran objetivo de la lucha revolucionaria. El arma contundente de la papeleta habrá tenido el final que se merece: acabará en la cloaca de la historia. Abstenerse de las elecciones hoy tiene sentido si uno se prepara para la lucha de clases y sus objetivos revolucionarios.




Partido Comunista Internacional

20 de septiembre de 2022

www.pcint.org




 [tras los resultados electorales en Andalucía, publicamos este texto aparecido el pasado 17 de junio en el que ya se anunciaba lo sucedido:]

 

 

ELECCIONES EN ANDALUCÍA

HACIA UN GOBIERNO FUERTE DE LA DEMOCRACIA



Las elecciones autonómicas andaluzas del 19 de junio van a suponer un paso más en el declive del “bloque progresista” que gobierna el país en favor de la alianza, explícita o implícita, entre el Partido Popular y Vox. Después de Madrid, donde gobierna el PP con los votos de investidura de Vox, y de Castilla y León, donde el partido de extrema derecha incluso ha entrado en el gobierno autonómico (garantizando, eso sí, la absoluta continuidad con las políticas sostenidas por el PP en solitario), Andalucía será, con casi toda seguridad, el próximo paso hacia el fin del auge de las corrientes de la izquierda parlamentaria nacidas tras el 15M. Estas corrientes están conformadas tanto por la tendencia de Pedro Sánchez dentro del PSOE como por Podemos y las candidaturas locales surgidas junto a este partido tras su éxito en las elecciones europeas de 2014 y su existencia ha recorrido una línea que les ha llevado desde el auge inicial, con el triunfo en las elecciones municipales de ciudades como Madrid, Barcelona, Cádiz, Zaragoza, Valladolid, etc., un periodo de relativa incertidumbre en el que el propio gobierno de España estuvo condicionado por su negativa a participar en él hasta su descenso, que comenzó realmente en 2019 cuando Podemos aceptó formar un gobierno de coalición con el PSOE pero en condiciones notablemente peores que aquellas a las que pudo optar unos años antes.

Hay que recordar que Andalucía, junto con el cinturón industrial de Barcelona y algunas zonas de País Vasco, Asturias o Madrid, ha sido una zona que históricamente ha dado su apoyo al Partido Socialista de manera inequívoca. En el caso andaluz, tanto los proletarios industriales de Cádiz o Málaga como los jornaleros, agricultores pobres, etc. del valle del Guadalquivir, fueron una de las grandes fuerzas sociales del PSOE que gestionó, en estas áreas, la imposición de una serie de amortiguadores sociales frente a la crisis de los años ´80 y la reconversión del sector del metal con la que se desarrolló un gran sistema de relaciones clientelares que tenía como base la gestión del subsidio agrario, la creación de empleo público e incluso vías más oscuras como el reparto de subvenciones discrecionales para comprar la paz social en determinados sectores (caso de la empresa Delphi en 2007, por ejemplo). La finalidad de este sistema ha sido, siempre, comprar la paz social a base de privilegiar a determinados estratos de la burocracia sindical encargados, a su vez, de repartir dinero y algunas prebendas en la medida necesaria para suavizar las tensiones sociales existentes. Todos los escándalos de corrupción que mandaron a pique los gobiernos de Chávez, Griñán y Susana Díaz no han sido otra cosa que la salida a la luz pública de parte de los entresijos de esta densa red, que implicaba tráfico de influencias, prevaricación, etc.

El hecho de que el “bloque progresista” vaya a sufrir el enésimo varapalo precisamente en Andalucía es sintomático. Por un lado, el gobierno del Partido Popular ha sido capaz, en los últimos 4 años, de mantener intacto el sistema de corruptelas puesto en pie por el PSOE, demostrando que la utilización por parte del Estado de este tipo de métodos, que requieren del concurso de las grandes organizaciones sindicales y de la participación de una parte de la clase proletaria (aquella que está más directamente vinculada con estas burocracias sindicales) que recibe dinero y determinadas ventajas mientras que mantiene estable cierto colchón social, es una cuestión que interesa de manera general al conjunto de la burguesía, una manera de gobernar para la que no hay alternativa y con la que continuarán todas las corrientes políticas, cualesquiera que sean, que alcancen el poder. Por otro lado, el hecho de que este sistema de reparto de prebendas con el que se busca favorecer la política de colaboración entre clases que defienden los grandes sindicatos de concertación y los partidos de la izquierda parlamentaria (y extraparlamentaria) no requiera de aquellas corrientes que, como el PSOE y Podemos, podrían ser más adecuadas para garantizar su funcionamiento, muestra que ese recambio en el flanco izquierdo de la política parlamentaria que fueron estas tendencias surgidas en los años posteriores al 15M van agotando su papel.

En primer lugar, el PSOE que pretendía renovarse con el liderazgo de Pedro Sánchez (enemigo del IBEX, como le gustaba decir en televisión) ni tan siquiera es capaz de jugar ya el papel de la gran corriente de izquierda que garantizaba la estabilidad política nacional: si a nivel estatal requiere de todas las corrientes regionalistas del Parlamento, a nivel local su fuerza parece completamente minada y posiblemente las elecciones andaluzas sean un hito en la consolidación de esta situación de debilidad. En segundo lugar, Podemos y las candidaturas locales que le acompañan como parte de su marca o desde fuera, nacieron tras la explosión social que supuso el 15M como vía para encauzar por la vía parlamentaria de las corrientes pequeño burguesas que expresaban una tendencia a la ruptura con el PSOE y como manera de reforzar el dominio de estas sobre la clase proletaria que acusaba los golpes más duros de la crisis y que, lentamente, amenazaba con salir del letargo en el que permanecía sumida. El hecho de que previsiblemente no vayan a ser capaces ni siquiera de jugar el papel de muleta del PSOE, indica que probablemente su función, por ahora, no tiene sentido. Casi diez años después de su nacimiento, el régimen político levantado sobre la base de la colaboración entre dos grandes partidos políticos, no necesita más refuerzo por el lado izquierdo.

Frente a este declive de la izquierda, se lanza la consigna antifascista: la llegada de un gobierno del PP y Vox a la Junta de Andalucía se proclama como el peor de los males posibles, como una involución prácticamente al año ´39 y un peligro para la misma democracia. Pero Vox no es un partido fascista ni representa tan siquiera a otras fuerzas sociales que aquellas que encontraron su acomodo en el PP hasta que la incapacidad primero de este y luego de Ciudadanos para hacer frente a las corrientes nacionalistas de Cataluña, les forzaron a escindirse definitivamente y consolidar una plataforma de presión intensa desde fuera de la organización tradicional de la derecha. Ni Vox, ni mucho menos el PP, tiene el más mínimo interés en tocar siquiera los problemas de detalle que atañen a la gobernabilidad general del Estado. Sus charlotadas contra los “chiringuitos”, los sindicatos, etc. son sólo bravuconadas que esconden que la base del marco general de la colaboración entra clases, aquella sobre la que se levanta la capacidad de la burguesía de mantener sometida a la clase proletaria mediante el sistema de amortiguadores sociales y participación democrática, requiere de la existencia de las grandes organizaciones estatales directamente vinculadas al Estado, de las organizaciones sociales de la izquierda burguesa, etc. Vox no representa ningún tipo de amenaza para el Estado constitucional salido de 1978, ni para el ordenamiento jurídico territorial basado en las autonomías: sus posibilidades de participar en cualquiera de los gobiernos, autonómicos o nacional, pasan por que sean capaces de reforzar la gobernabilidad del Estado ayudando a constituir un gobierno fuerte capaz de prescindir de algunas de las servidumbres que la extrema fragmentación del actual Parlamento impone. Andalucía, como antes Castilla y León o Madrid, son pruebas para medir esta capacidad: en la medida en que las pase, mostrará que es válido para esta tarea a la vez que evidenciará que no representa ninguna amenaza para el régimen democrático.


La clase proletaria, en Andalucía y en el resto del país, permanece presa de esta política de colaboración con la burguesía que todos los partidos, las organizaciones sindicales, sociales, etc. defienden y llevan en el centro de su programa. Desde 2008 ha padecido la dureza extrema de una crisis económica que minó incluso los escasos recursos de que disponían los estratos proletarios más pobres, las políticas de ajuste económico que han logrado mantener los salarios a niveles de hace dos décadas, una crisis sanitaria que ha dejado casi 100.000 muertos y un inmenso despliegue de las exigencias represivas del Estado y, ahora, de nuevo, unas medidas posteriores a la crisis que sin duda repercutirán en una drástica caída de sus condiciones de existencia.

La amenaza de la llegada del fascismo con Vox, es sólo el intento de reverdecer la consigna democrática de defensa de las instituciones para lograr, en cualquier caso, vincular a los proletarios a la defensa del Estado burgués. Los proletarios de Cádiz saben perfectamente que el verdadero orden democrático de la burguesía no llega con el caballo de Abascal, sino con las tanquetas policiales del PSOE, con los disparos indiscriminados de balas de goma sobre los colegios de las barriadas obreras, con la traición de CC.OO. y UGT durante la pasada huelga del metal.

La clase proletaria, tarde o temprano, deberá ser capaz de romper con esta tendencia histórica a la subordinación ante la burguesía y retomar el camino de su lucha de clase independiente, fuera y contra las instituciones democráticas, sean estas de izquierda o de derecha, y contando sólo con sus propias fuerzas para ello.


¡Por el retorno de la lucha de clase proletaria!

¡Por la ruptura del frente común con la burguesía!

¡Contra el circo electoral y la defensa del Estado burgués!


Partido Comunista Internacional (El Proletario)

www.pcint.org

17/06/2022

 

Las movilizaciones por los represaliados en la Huelga del Metal en Cádiz continúan

 

Valladolor no admite comentarios
La apariencia como forma de lucha es un cancer
El debate esta en la calle, la lucha cara a cara
Usandolo mal internet nos mata y encarcela.
Piensa, actua y rebelate
en las aceras esta el campo
de batalla.

si no nos vemos
valladolorenlacalle@gmail.com















ARCHIVO

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Contrainformacion internacional

Anticarcelario / contra la sociedad cárcel

"Las prisiones son una parte más de la esencia represiva de todo Estado, no hay que olvidar la parte que nos toca a lxs que aún seguimos en la calle.

No podemos ver las cárceles como algo ajeno a nuestras vidas, cuando desde temprana edad hemos sido condicionadxs a no romper las normas, a seguir una normalidad impuesta; el castigo siempre está presente para lxs que no quieren pasar por el aro.

En el trabajo, en la escuela... domesticando y creando piezas para la gran máquina, piezas que no se atrevan a cuestionar o que no tengan tiempo para hacerlo.

Hemos sido obligadxs a crecer en un medio hostil donde es dificíl desarrollar nuestros propios deseos.

La rebeldía brota de algunxs, otrxs simplemente se acomodan en la mierda, tapando sus frustraciones con lo que le dan quienes antes les despojaron de todo. O viendo sus problemas como algo aislado, único y personal.

Para lxs que no tragan o no se adaptan al gran engaño ahí tienen sus cárceles, reformatorios, psiquiatrícos ... creados por los que no quieren ver peligrar las bases de su falsa paz.

No podemos ignorar la lucha de lxs compañerxs presxs.

Su lucha es nuestra lucha."