Una cosa quedó clara el verano del año pasado: el operativo de incendios forestales fue insuficiente y se vio sobrepasado por la oleada de incendios que arrasó 144.000 Ha y dejó 5 personas muertas. Un operativo compuesto mayoritariamente por fijos discontinuos e interinos, contratados por alguna de las 35 empresas privadas que operan en la Comunidad y entre las que destaca Tragsa.
La
parte pública está formada por lxs agentes medioambientales, las
charlis o carrocetas con conductor y peón manguerista y lxs vigilantes
de incendios: soy unx de ellxs.
En verano somos los ojos del monte, pero
de un tiempo a esta parte, diversos estudios oficiales cuestionan esta
labor, afirmando que son los particulares, a través del 112, quienes dan
la mayor parte de avisos de incendios. Presentan como irrefutables unos
resultados que ni siquiera tienen en consideración que el 112 es un
servicio que funciona 24 horas al día los 365 días al año, mientras que
lxs vigilantes trabajamos 10 horas diarias, 6 meses al año. Da igual
cual sea la realidad. Ya han decidido que estamos amortizadxs y la
prueba más clara es la implantación definitiva, en todas las provincias,
de los sistemas de videovigilancia que nos sustituirán. El señor
Quiñones, Consejero de Medio Ambiente, niega este extremo, pero todos
los hechos apuntan en esta dirección.
El incendio
de la Sierra de la Culebra de 2022, con 65.600 Ha quemadas y cuatro
muertos, le puso en el punto de mira y obligado por las circunstancias
reconoció con la boca pequeña la necesidad de aumentar recursos
económicos y humanos para proteger las masas forestales, por lo que la
prevención era fundamental. Todavía humeaba Zamora, cuando reunidos el
Consejero, los representantes de CCOO y UGT y el presidente del sector
privado acuerdan en la Mesa del Diálogo Social (sic), del 27 de
septiembre de 2022, "en relación con los escuchas de incendios en
puestos de vigilancia de montes (...) acometer un proceso de análisis de
la eficacia del sistema de vigilancia en sus vertientes humana y
telemática para formular una propuesta de modernización, restructuración
y adaptación que optimice las capacidades de ambos planificando una
prestación a 12 meses en 2025 con el personal necesario para
compatibilizar ambos sistemas". Esa optimización vino de la mano del
Director de Patrimonio Natural y Política Forestal, mediante una
resolución de diciembre de 2022 y según la cual, unas 60 torretas de las
164 existentes solo trabajarían a 6 meses porque se instalarían cámaras
de video vigilancia, justificando esta medida en que "la mayor parte de
estos puestos se concentran en áreas con menor peligro de incendios".
Solo
en Palencia la medida afectó a 5 puestos de los 14 existentes, tres
situados en pleno parque de la montaña palentina y los otros dos en
zonas forestales de gran riqueza. Al resto de lxs vigilantes nos
enviaron a las bases de las charlis para realizar "otras funciones
complementarias propias de su grupo". Un cajón de sastre donde cabe
todo, desde limpiar a pico y pala los pasos de ganado, arrojar
neumáticos en una supuesta escombrera en Brañosera, dar de comer a los
ciervos de la reserva del Monte El Viejo, que no cumplen ni los más
mínimos controles veterinarios (30 de ellos murieron por comer hierba
contaminada procedente de La Nava), trasladar cientos de EPI's de un
lugar a otro, mientras lxs trabajadores no disponían de lo fundamental
para trabajar, pintar puertas, verjas...y tocarnos las narices hasta
aburrirnos.
Los trabajos preventivos realizados son mínimos. No hay
vehículos, no hay maquinaria, no hay herramientas, no hay organización,
ni saben qué hacer con nosotrxs, bueno, sí saben, somos un grupo a
extinguir, somos lxs invisibles.
El resto del
operativo no está mejor. Lxs compañerxs denuncian contratos precarios,
jornadas interminables en época de alto riesgo, donde la hora extra
diurna se paga a 14€ y la nocturna a 17€, avituallamientos escasos y en
ocasiones en malas condiciones, coordinación nefasta, comunicaciones
pésimas, formación inexistente...
Así las cosas y
dado que nada nuevo se espera para la campaña de 2026, porque nada han
hecho, salvo vender humo y lanzar las consignas propias de época
electoral, la asociación de trabajadores de incendios forestales de
Castilla y León (ATIFCYL), convocó unas marchas con el nombre El monte
no olvida, para recorrer parte de las zonas arrasadas por el fuego del
verano pasado, recordar a los que dejaron la vida en ellos, denunciar
las condiciones laborales de lxs que se enfrentan a los incendios,
señalar a los responsables de semejante desastre y recordar al conjunto
del operativo, que no han secundado las marchas, que, aunque pocxs, no
dan la batalla por perdida, conscientes de que solo la perseverancia en
la lucha da resultados.
LA LUCHA ES EL ÚNICO CAMINO
