martes, 24 de febrero de 2026

Mansilla de las Mulas: La rueda del infierno

 

¡¡¡¿ Hay alguien ahí?!!! Es el grito desesperado de un preso que no puede más.

 
En Mansilla de las Mulas ni dios atiende a razones. Desde verano del año pasado, al menos una docena de presos tenía sarna. Se denunció esta situación a la Gerencia de Salud de León, al Servicio Territorial de Sanidad de la Junta de Castilla y León, al Juzgado de Vigilancia Penitenciaria de León, a la dirección de la cárcel... Unos por incompetentes, otros porque hacen oídos sordos o directamente lo niegan, lo cierto es que ocho meses después en este estercolero hay personas que, desazonadas, se rascan sin parar y sin obtener alivio ni respuestas ni medidas que palíen su dolor. Han entrado y salido de enfermería en numerosas ocasiones. El personal sanitario les niega el acceso a sus expedientes médicos. Remitida la sarna, los devuelven a las celdas donde les esperan los mismos colchones putrefactos, infectados por la plaga maldita. Y vuelta a empezar en la rueda del infierno.
 
¿Qué broma macabra es esta? ¿Lleva aparejada la pena de prisión esta tortura? ¿Quién responderá de tanto sadismo, de tanta crueldad?
 
Hace escasamente un mes fue destituida la anterior directora, esa señora que negaba la evidencia y ordenaba al fiel perro del Diario de León que "informara" de que todo se debía a un bulo que un preso despechado había hecho correr. Su destitución se produjo después de un altercado del que solo se supo que el hacinamiento está provocando grandes tensiones en la cárcel. Fue un carcelero el que denunciaba la insostenible situación en la que se encuentran "los trabajadores", en la necesidad de incorporar más carceleros y que se les reconozca, de una vez por todas, como agentes de la autoridad, porque licencia para matar ya cuentan con ella y siempre salen indemnes. Están convencidos de que otorgándoles más poder, podrán matar más y mejor y su salario se verá recompensado. No les basta con el sobresueldo que obtienen de la venta de móviles, drogas y demás objetos y sustancias de dudosa legalidad. Siempre quieren más. ¡¡¡Pero ellos son las víctimas!!! Los presos no existen, sino para sufrir. Y todavía quieren hacernos creer que las cárceles son hoteles de cinco estrellas, que los que entran algo habrán hecho, que si vuelven a entrar es la constatación de que no tienen arreglo, ¡con lo que la cárcel hace por ellos! Sí, matarlos o dejarlos morir. Y mientras llega el fatal desenlace, machacarlos, despersonalizarlos,  atiborrarlos a drogas, desquiciarlos...
 
Así funciona la justicia en este estado social y democrático de demencia.
 
 
 



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