Rescate financiero a España

Publicado por valladolor jueves, 5 de julio de 2012


Las burguesías española e internacional prometen a los proletarios más explotación, más sufrimiento y más miseria con el fin de sanear su economía.


Cínicamente el Ministro de Economía, Luis de Guindos, ha afirmado este fin de semana pasado que la intervención del Eurogrupo en el sector financiero español no es un rescate, ni una salvamento sino un préstamo en condiciones ventajosas del cual el conjunto de la economía española podrá beneficiarse y que las principales economías europeas conceden gustosamente a un socio en problemas. Obviamente en esta afirmación hay  tanta verdad como casualidad en que el anuncio de las medidas de rescate se haga el mismo día en que la selección nacional de fútbol juegue su primer partido en la Eurocopa. En primer lugar porque, aunque de hecho las condiciones de la inyección de dinero que los países del Eurogrupo han puesto pueden parecer mejores que las que el mismo sector financiero privado otorgaría (3% de interés según algunas fuentes, mientras que el Tesoro español paga por los bonos a diez años un 6%) pero la realidad es que junto con el préstamo, al cual se llega a llamar irónicamente línea de crédito, llegan una serie de exigencias relativas tanto al sistema tributario (aumento de los impuestos mediante la ampliación de la base impositiva de los directos e incremento de los indirectos) como al mercado laboral (nuevas reformas laborales que contribuirán a limitar aún más las condiciones ventajosas para los proletarios en lo que se refiere a contratación, despidos…) y, en general, a las garantías sociales que aún existen (pensiones, subsidios por desempleo…) Además los ministros de Finanzas de los países implicados en el rescate ya han advertido de que prestarán especial atención a las cifras macroeconómicas de España, exactamente igual que se está haciendo con Grecia, Irlanda y Portugal que, prácticamente, han cedido parte de su soberanía nacional en materia económica a los países interventores. En segundo lugar, de la misma manera que el rescate no va a resultar gratuito, los países que lo conceden, que son tanto los principales imperialismos europeos involucrados directamente en el crédito, como aquellas potencias que con EE.UU. a la cabeza y el FMI como catalizador han participado en el diseño del plan de rescate, no son buenos hermanos de la burguesía española que corren a socorrerla ante una mala racha de manera desinteresada. En el mundo capitalista la competencia, ya sea entre patrones aislados o entre estados nacionales que representan a la burguesía patria, es el demiurgo que determina las condiciones de existencia de cualquiera. Si las burguesías alemana o francesa, principalmente, pero también la estadounidense, intervienen en la economía española es debido a que el nivel de complejidad del capitalismo súper desarrollado que domina el planeta implica que no existen unidades económicas aisladas del resto, que la suerte de todas se encuentra ligada en la medida en que cualquier empresa americana o alemana tener sus activos financieros en forma de bonos o letras del tesoro españoles. La relativa importancia del sector financiero español, que domina no sólo en España sino también en América Latina, implica que una quiebra del sistema bancario en este país podría arrastrar consigo a cualquier otro, que el pánico podría lastrar el ciclo del crédito también en algunos países de Europa no tan duramente golpeados por la crisis económica capitalista.
El rescate financiero a España es, sin duda, un regalo envenado para la burguesía española, que no tiene más remedio que aceptarlo porque la presión que ejercen sobre ella el resto de burguesías que son sus competidoras más directas, no le deja otra salida. Pero este rescate no es otra cosa que otro peldaño subido en la escalera de la crisis que arrasa el país desde hace cuatro años.  El capital financiero, en la época del imperialismo, es el resultado del ensamblaje entre el capital industrial y el capital bancario, unidos para afrontar el nivel de complejidad que la competencia capitalista genera. El desarrollo del sector financiero en España, que ha pasado de una situación más que precaria a principios de los años ´90 a adquirir una notable importancia a nivel mundial al cabo de veinte años, es el resultado por tanto del gran desarrollo productivo que vivió el país desde al menos 1997 guiado por la desmesurada expansión de la construcción inmobiliaria, que llegó a mover en créditos bancarios una cantidad equivalente al 102,6% del PIB en su momento de mayor auge. No existe desarrollo financiero independiente de la producción y la misma caída del sector financiero en el último año, que ha culminado este fin de semana con la declaración de la intervención, es resultado de la caída de la producción española, que ha caído casi un 5% en los últimos cuatro años. Por el mismo motivo ni el rescate financiero, ni una intervención más dura y profunda, ni ninguna medida que se limite a transferir recursos para tapar los agujeros que existen en la economía nacional tendrá ningún efecto mientras que el sector real de ésta no remonte y, de hecho, el FMI prevé un descenso del PIB de un 4,1% en 2012 y de un 1,6% en 2013, es decir una caída en sólo dos años de prácticamente la misma cuantía que la habida en el último lustro.
Como ha mostrado el ejemplo griego a las burguesías de todos los países, ni siquiera sus esfuerzos financieros por intentar salvar los casos más estridentes de la crisis en algunos países tienen posibilidades de éxito si la producción  se reanuda a nivel general y esto sólo sucederá cuando la tasa de ganancia del capital, que la competencia entre burgueses ha hecho caer en picado (y ésta es la causa primera y más relevante de la crisis capitalista mundial), se restablezca en niveles aceptables. Para lograrlo, el programa de la burguesía es claro y nítido: aumentar exponencialmente la explotación que sufren los proletarios de tal manera que la plusvalía que se les extorsiona en el proceso productivo resulte suficiente para que el beneficio capitalista vuelva a  cuotas en las que la producción resulte rentable. Ése es el sentido de las reformas estructurales, los recortes y las legislaciones “de emergencia” que hoy afloran en todos los países y que ya están arrastrando a los proletarios griegos o portugueses a unas condiciones de existencia que en absoluto distan de aquellas que se sufren en los países del capitalismo menos desarrollado.
Para el proletariado la resistencia ante estas medidas, que no han acabado todavía y que van a colocarle en una situación sumamente crítica, no ha sido posible aún, al menos de manera eficaz. Atrapado por las fuerzas de la colaboración entre clases, de la defensa de la nación como interés común con la burguesía, de la defensa, en última instancia de la misma competencia burguesa, sea en la versión de la competencia entre naciones o en aquella de la competencia entre proletarios, el proletariado no tiene ninguna posibilidad de manifestar e imponer sus propios intereses de clase frente al súbito deterioro de sus condiciones de existencia. El oportunismo político y sindical postra al proletariado ante las necesidades de la burguesía limitando sus protestas al marco democrático en el cual los medios y los métodos de la lucha de clase se encuentran completamente ausentes de manera que las huelgas, convocadas con preaviso y llevadas a cabo con servicios mínimos, se vuelven ineficaces, las manifestaciones se reducen a actos simbólicos en los que no se trata de atacar a los intereses de clase de la burguesía, en el que la verdadera lucha proletaria, en fin, está completamente ausente del mapa.
La crisis capitalista no tiene solución pacífica en ningún país. La guerra de competencia que caracteriza las relaciones económicas, financieras, políticas y diplomáticas entre las empresas, trust y estados a nivel mundial, no finaliza con la crisis sino que se agudiza impulsando a los centros capitalistas más fuertes a aplastar a los más débiles. La guerra comercial y financiera que marca la vida misma del capitalismo bajo cualquier cielo no puede hacer otra cosa que desarrollar los factores de enfrentamiento que desembocan, antes o después, en la guerra abierta. La solución capitalista a la crisis económica únicamente puede preparar las condiciones para crisis aún más graves hasta llegar a la crisis de guerra entre los estados, guerra que puede ser acabada únicamente con la revolución proletaria. ¡A la guerra entre estados se debe oponer la guerra entre clases!
Es el proletariado el que debe salir de su crisis, el que debe romper la situación de indefensión en la que sobrevive y organizar su lucha de clase a gran escala. Sólo mediante la reanudación de ésta, no sólo por los objetivos inmediatos más acuciantes que hoy se le plantean, sino también por la constitución de su partido político de clase, el partido comunista internacional e internacionalista, que constituye el órgano de la revolución proletaria que deberá desterrar para siempre de la faz de la tierra, la crisis, la miseria, la explotación… para colocar en su lugar la sociedad de especie del mañana.

¡La crisis capitalista no tiene solución pacífica! ¡Que el proletariado salga de su crisis política y organizativa y vuelva a luchar sobre el terreno del enfrentamiento entre clases!
¡Por la reanudación de la lucha de clase proletaria! ¡Por la revolución proletaria y comunista!
¡Por la reconstitución del Partido Comunista Mundial!
 
 
Partido Comunista Internacional
15 de junio de 2012
www.pcint.org

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